Mostrando las entradas con la etiqueta Derrotismo revolucionario. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Derrotismo revolucionario. Mostrar todas las entradas

17 de febrero de 2026

Precisiones sobre la guerra de clases y el internacionalismo proletario en el actual contexto de guerra imperialista y revueltas

 

Comunismo internacionalista contra imperialismo y contra socialdemocracia antiimperialista

Hace un mes, en nuestra cuenta de Instagram, publicamos un breve comunicado de Trabajadores anticapitalistas de Irán en el cual estos compañeros afirman que lo que está ocurriendo en ese país es una guerra de clases; que tanto el gobierno islámico como su oposición monárquica son capitalistas; y, que la única solución radical es la lucha proletaria autónoma y antagonista por la revolución comunista en Irán y en todo el mundo. La publicación fue bien recibida por la mayoría de nuestros lectores.

Sin embargo, algunos izquierdistas del Capital nos comentaron las siguientes perlas de la burguesía: “es un conflicto geopolítico, no de clases”, “son protestas violentas financiadas y dirigidas por EE.UU. e Israel contra el gobierno popular, antiimperialista y revolucionario de Irán”.

Ante lo cual, respondimos reivindicando la lucha del proletariado de la región iraní contra el Estado burgués iraní y con una crítica radical del antiimperialismo en tanto que apéndice de la misma guerra imperialista y la pugna interburguesa. Así como también, que no es un conflicto entre naciones sino entre clases; por lo que, en el análisis comunista, el análisis de clases tiene prioridad sobre el análisis geopolítico.

Entonces, los izquierdistas del Capital nos lanzaron más perlas de la burguesía: “si ustedes critican el antiimperialismo, el antisionismo y el islamismo, entonces son proimperialistas, prosionistas e islamofóbicos”, “ustedes idealizan al proletariado y a las revueltas”, “ustedes confunden proyecto con slogan”, “es una lucha religiosa, no de clases”, etc.

Contra toda esa bosta socialdemócrata, y a fin de que quede claro y no se nos malinterprete de ninguna forma, consideramos necesario manifestar que nosotros nos posicionamos en contra del imperialismo, el colonialismo, el sionismo, el islamismo, el fascismo, etc. desde una posición proletaria, comunista e internacionalista. Posición revolucionaria que precisamos a continuación.

7 precisiones sobre la posición comunista internacionalista hoy

1.      Estamos con el proletariado internacional contra la burguesía internacional y, por tanto, contra todos los Estados sin excepción hasta su abolición.

En el sistema mundial capitalista, todos los Estados sin excepción (Irán, Israel, EE.UU., China, Rusia, Ucrania, Autoridad Nacional Palestina, Venezuela, etc.) son capitalistas o burgueses. Todos los Estados sin excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que, con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—, compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros, repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del planeta.

Lo cual es así porque, junto con la explotación de la fuerza de trabajo y el intercambio mercantil, la competencia es uno de los principales motores del modo de producción y reproducción social capitalista en tanto que totalidad o sistema histórico-mundial. De hecho, la lógica y dinámica de funcionamiento de los Estados capitalistas, tanto “puertas adentro” como “puertas afuera”, es una combinación entre la competencia y la connivencia entre sus fracciones.

En este marco, no existe un solo imperialismo, sino varios imperialismos en competencia y, hoy, en guerra: principalmente, el imperialismo estadounidense y su bloque donde están Israel y Ucrania vs. el imperialismo chino y su bloque donde están Rusia, Irán y Palestina.

La competencia interimperialista, a su vez, sólo es posible sobre la base de la explotación y la masacre del proletariado internacional, pero también de su resistencia (contrario a lo que rebuznan algunos dizque “marxistas” y “anarquistas”, en Irán, Palestina, Venezuela, etc. sí existe burguesía, proletariado, plusvalía y lucha de clases).

La base de las relaciones internacionales son las relaciones de clase, que son conflictivas por naturaleza, porque donde hay explotación hay conflicto, donde hay dominación hay resistencia.

En el fondo, entonces, más que un “conflicto geopolítico” o entre naciones, la guerra es un conflicto entre clases ―y fracciones de clases― a escala internacional.

Sintetizando, la base del imperialismo es la explotación capitalista y, por tanto, la lucha de clases, el motor de la historia de la sociedad de clases.

Más claro ―y esto es lo determinante y, además, lo demarcatorio entre los revolucionarios y los reformistas de todos los países con respecto a la guerra―: en última instancia, toda guerra capitalista e imperialista es una guerra contra el proletariado: ya sea para destruirlo como "población sobrante" y reactivar la economía mundial en crisis ya sea para destruirlo en tanto que "clase peligrosa" para el orden burgués, más aún si participa en revueltas e insurrecciones, como lo ha hecho durante todo el siglo XXI, “la era de los disturbios”.

Y viceversa: las luchas del proletariado contra “su propio Estado” en “su propio país” son batallas locales de la guerra global contra la burguesía internacional, contra el sistema mundial capitalista o, si se prefiere, contra el imperialismo.

Sí: capitalismo, imperialismo, guerra, contrarrevolución y lucha de clases son inseparables… e inestables; conforman una totalidad indivisible… pero también dinámica y cambiante, por lo que se puede transformar, no sólo en su contrario, sino en un mundo nuevo, en una forma social superior, mediante —y sólo mediante— la guerra de clases y la revolución comunista mundial.  

Por lo tanto, nuestra posición al respecto como comunistas internacionalistas es: el proletariado mundial contra todas las potencias y bloques imperialistas y, por implicación, contra todos los Estados-nación. El proletariado mundial contra el Estado capitalista mundial hasta su abolición y sustitución por la Comuna mundial. 

 

2.      Estamos por la derrota de todos los Estados-nación en guerra, mejor dicho, por la transformación de la guerra imperialista en guerra de clases revolucionaria. En pocas palabras, esto es lo que significa el derrotismo revolucionario y el internacionalismo proletario.

Otra forma de expresar esta posición es: "Ninguna guerra salvo la guerra de clases" dentro del "propio país" contra la "propia burguesía" y el “propio Estado” hasta abolirlos de raíz.

Lo contrario es el defensismo de uno u otro Estado-nación burgués en guerra (por ejemplo, Ucrania, Palestina, Irán, Venezuela) bajo la bandera del "antiimperialismo" por parte de muchos socialdemócratas, chovinistas y contrarrevolucionarios disfrazados de "marxistas" y "anarquistas". A esta posición también se le conoce como “campismo”, debido que defiende uno de los campos o bloques estatales e imperialistas en guerra.

Pues bien, los internacionalistas y derrotistas consecuentes somos antidefensistas o anticampistas. Afirmando claro y fuerte que sólo la revolución comunista mundial puede abolir la guerra imperialista o el capitalismo y sus guerras.

En este marco, estamos por la lucha del proletariado de la región iraní contra el Estado burgués iraní, la lucha del proletariado estadounidense contra el Estado burgués estadounidense, la lucha del proletariado de la región venezolana contra el Estado burgués venezolano, y así sucesivamente en todos las regiones o países sin excepción.

En consecuencia, estamos por la unificación y radicalización de la guerra de clases global hasta la abolición de la sociedad de clases global. Porque, dado que hoy no sólo es la clase del trabajo sino la clase del capital, el proletariado sólo se va a unificar realmente cuando luche por su propia abolición como clase; es decir, al calor de la revolución comunista, la cual será mundial o no será.

Una sola clase: una sola lucha hasta la revolución comunista mundial. 

 

3.      Afirmamos que sólo aboliendo la sociedad de clases capitalista mundial se puede abolir el imperialismo, el colonialismo, el sionismo, el islamismo, el fascismo, etc.

No se trata de cortar sólo uno o varios tentáculos, sino de cortar la cabeza de todo el pulpo capitalista. No se trata de cortar sólo una o varias ramas, sino de extirpar la raíz misma del árbol podrido.

Lo propio aplica para sus falsos críticos y opositores o para sus tentáculos o ramas del lado izquierdo: el antiimperialismo, el anticolonialismo, el antisionismo, el antifascismo, etc. Porque la revolución social es anticapitalista, total y global o no es. Todo lo demás, no sólo es parcialización y desviación de la lucha de clases, sino contrarrevolución capitalista con diferentes disfraces.

 

4.      Estamos en contra del capitalismo, sus defensores de ultraderecha y, en especial, de sus falsos críticos de izquierda.

La izquierda del Capital o la socialdemocracia histórica e internacional es el falso crítico y opositor del capitalismo, porque su programa es reformarlo desde el Estado, no abolirlo y superarlo; es decir, ser la nueva clase explotadora y dominante.

En consecuencia, siempre se posiciona a favor de una u otra fracción estatal-nacional de la clase dominante mundial en la pugna interburguesa y la guerra imperialista; en este caso, a favor del bloque imperialista China-Rusia-Irán en contra del bloque imperialista EE.UU.-OTAN-UE-Israel. Todos éstos, sobre y en contra del proletariado de dichos países. Para muestra, un botón: estalinistas-antiimperialistas criollos expresando públicamente su “solidaridad con la República Islámica de Irán” contra la “revolución de colores impulsada por la CÍA y el Mossad” que “busca destruir el progreso social alcanzado por Irán en 5 décadas de Revolución” (sic.). Simplemente repudiable.

La historia de la lucha de clases del siglo XX demuestra que, paradójicamente, el antiimperialismo, la liberación nacional, la soberanía nacional, etc., siempre han sido el apéndice de un campo o bloque imperialista en guerra contra otro y, al mismo tiempo, el promotor de la modernización capitalista a través del Estado-nación en las periferias del capitalismo mundial. Eso mismo es la socialdemocracia o la izquierda del Capital en su versión “tercermundista” o antiimperialista y nacionalista. En pocas palabras, el antiimperialismo y el nacionalismo contra el proletariado y la revolución.  

Por eso, al igual que fascismo/antifascismo, imperialismo/antiimperialismo es una falsa dicotomía o una fórmula de confusión. Muy por el contrario, el verdadero antagonismo en el plano histórico-mundial es entre proletariado y burguesía, revolución y contrarrevolución, comunismo y capitalismo.

Dentro de este verdadero antagonismo, a su vez, se encuentra el antagonismo entre comunismo y socialdemocracia. Porque la socialdemocracia coopta o encuadra al proletariado para desviar su lucha de clase contra clase hacia la pugna interburguesa y la guerra imperialista. Porque —no se olvide— el objetivo principal de la socialdemocracia es ser la nueva clase capitalista dentro de cada Estado nacional, ya sea mediante las urnas (electoralismo) ya sea mediante las armas (reformismo armado). La socialdemocracia es la contrarrevolución con apariencia de "revolución" en el seno del proletariado. La socialdemocracia es, pues, el principal enemigo en el seno del propio proletariado.

Por lo tanto, como comunistas internacionalistas o minorías revolucionarias del proletariado internacional, estamos en contra de todas las fracciones o variantes de la socialdemocracia histórica e internacional: antiimperialistas, anticolonialistas, nacionalistas, islamistas, antisionistas, antifascistas, estalinistas y "marxistas"-leninistas en general, "anarquistas" campistas o defensistas de un Estado en guerra (Ucrania, Palestina), izquierdistas posmodernos anticoloniales, etc., porque en realidad ninguno de ellos es anticapitalista, sino procapitalista y, por tanto, contrarrevolucionario.

 

5.      No idealizamos o romantizamos al proletariado y sus luchas. El proletariado no tiene una "esencia comunista" e internacionalista. Ser clase explotada no lo hace mecánicamente clase revolucionaria. El proletariado es una contradicción viviente o en proceso.

De hecho, el proletariado sintetiza en su seno todas las contradicciones y luchas que atraviesan el entramado social capitalista, dado que constituye su base y su mayoría. Más aún en un período histórico-mundial de carácter contrarrevolucionario como todavía lo es el actual ―aunque ya comienzan a despuntar en el horizonte unos cuantos elementos y tendencias de una época pre-revolucionaria, por ejemplo, en Irán y EE.UU., debido a sus “guerras internas” o de clases―.

En este marco, el proletariado está dividido y hay fracciones de él que luchan por intereses de a, b o c fracciones burguesas nacionales e internacionales para sobrevivir o seguirse reproduciendo como clase explotada y dominada.

Más claro: si tal o cual fracción del proletariado en tal o cual país (por ejemplo, Irán y Venezuela) lucha a favor de tal o cual gobierno y/o de tal o cual potencia imperialista, es por sobrevivencia material, tal como en la antigüedad o en los albores del capitalismo algunos esclavos luchaban por sus amos, por la misma razón.

Al contrario, cuando el proletariado lucha por la revolución social mundial (1848, 1871, 1917-1923, 1936-1937, 1968-1977, ¿2026-2037-2049?) es porque ya no le queda otra alternativa histórica para satisfacer sus necesidades colectivas. La revolución es un hecho material o físico porque está determinada por necesidades materiales o físicas.

Son las condiciones materiales de existencia las que determinan los intereses, las luchas y el carácter del período histórico de la lucha de clases en todo el mundo, no la voluntad, la consciencia ni el activismo de sus participantes. (Este es un ABC de la concepción materialista de la historia que, de vez en cuando, toca recordar a propios y ajenos.)

Bajo las condiciones actuales, el proletariado está dividido y enfrentado entre sí porque es débil como clase revolucionaria. Y esta debilidad del proletariado como clase revolucionaria hace que la burguesía, la ultraderecha y la socialdemocracia sean fuertes en tanto que personificaciones sociales y políticas diferentes de la misma contrarrevolución capitalista. Es más: en un período o contexto contrarrevolucionario como el actual, la mayoría del proletariado es contrarrevolucionario.

Sin embargo, el propio desarrollo contradictorio y desigual del capitalismo y la lucha de clases también producen fracciones del proletariado que luchan por dejar de sobrevivir en el infierno social capitalista y empezar a vivir de otro modo. Más precisamente, fracciones proletarias que luchan contra el Trabajo/Capital y el Estado, contra todas las fracciones de la burguesía, contra la ultraderecha y la socialdemocracia, y, sobre todo, contra su propia condición de clase trabajadora. El capitalismo produce su propio sepulturero: el proletariado revolucionario. (Este es un ABC de la dialéctica materialista que, de vez en cuando, también toca recordar a propios y ajenos.)

Ahora bien, la lucha revolucionaria en realidad es impura, contradictoria y contingente. Esto no quiere decir que la extrema izquierda del Capital, autodenominada “izquierda revolucionaria”, sea realmente revolucionaria, ni mucho menos que le hagamos concesiones al activismo reformista y oportunista, en lo absoluto. Significa que la lucha revolucionaria inevitablemente se mezcla y se enfrenta con las luchas no revolucionarias y antirrevolucionarias de otras fracciones del proletariado (por ejemplo, en las actuales protestas masivas en Irán, donde en las calles de manera involuntaria se mezclan proletarios anticapitalistas y pro consejos obreros con proletarios pro monárquicos, y ambos se enfrentan con proletarios pro régimen islámico, etc.).

Lo cual genera que las luchas del proletariado en general sean más contradictorias, complejas y limitadas en el período histórico actual o en "la era de los disturbios". En suma, un caos, cuyo desenlace es contingente, porque puede devenir tanto en ruptura revolucionaria como en restauración del orden capitalista, según sean las condiciones concretas y la correlación de fuerzas.

Sí, la lucha de clases hoy es un caos, porque emerge del caos sistémico en el que se encuentra el capitalismo histórico y mundial.

Por consiguiente, la contradicción y el caos también existen dentro del internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario, tanto en la práctica (por ejemplo y sobre todo, en la lucha del proletariado gazatí tanto en contra de la ocupación del ejército israelí como en contra de los aparatos armados de la burguesía palestina; y, en menor medida, en la lucha del proletariado en uniforme que deserta de la guerra en la frontera ruso-ucraniana y las redes de solidaridad con los desertores allí y en toda Europa) como en la teoría (posiciones diferentes y polémicas al respecto entre las minorías radicales del proletariado internacional).

Aun así, con todas sus contradicciones, complejidades y limitaciones actuales en medio del caos sistémico, la lucha de clases existe, la guerra de clases existe, las revueltas existen, y la necesidad y posibilidad de revolución social existe.

Es más: dada la catástrofe capitalista global como contexto actual, la revolución social del futuro también adoptará una forma catastrófica. A golpes y a tientas, la sociedad comunista brotará desde el subsuelo y entre las ruinas de la sociedad capitalista.

El comunismo no es una utopía, una ideología ni mucho menos ese capitalismo de bandera rojiamarilla que fue la URSS y sus países satélites. El comunismo es el movimiento real y anónimo de los explotados y oprimidos que subvierte las condiciones capitalistas de existencia, que se desarrolla ante nuestros ojos, y que interrumpe por la fuerza pero a tientas la historia de la sociedad de clases. Su claroscuro caldo de cultivo es el antagonismo, la guerra de clases. Por eso el comunismo es un movimiento contradictorio, pero es.

Irán 2026 es un ejemplo concreto de ello. Sí, con todas sus contradicciones, la revuelta actual en la región iraní es una guerra de clases, no un "conflicto geopolítico" ―aunque tenga implicaciones geopolíticas― ni una "lucha religiosa" ―aunque parezca tener tintes religiosos―, como rebuznan algunos izquierdistas del Capital.

Es más: por su posición estratégica en el sistema mundial capitalista ―petróleo, industrias, mercados, relaciones internacionales, etc.― y por sus continuas revueltas de masas ―a saber, 5 levantamientos desde el 2017 hasta la fecha―, incluso si esta revuelta es derrotada, Irán será uno de los epicentros de la revolución social mundial del futuro. 

 

6.      No afirmamos que la lucha de clases conduce de manera "inevitable" a la revolución comunista y que la socialdemocracia es la "culpable" de que ésta no haya triunfado hasta la fecha. El proletariado es sus luchas, tanto contra la burguesía como en su propio seno. Lo cual incluye las luchas del proletariado revolucionario contra la socialdemocracia y, sobre todo, contra su propia condición de clase. La reproducción ó la ruptura de la relación capitalista de clase depende del contexto, el contenido, la intensidad y la extensión de tales luchas.

Esta disyuntiva se hace visible en situaciones de abierto antagonismo de clases como son las revueltas. Las revueltas son contradictorias por naturaleza porque emergen de las contradicciones y antagonismos de clase de la sociedad capitalista. Por lo tanto, el resultado o desenlace de una revuelta, como la actual revuelta en Irán, depende de cómo se resuelvan estas contradicciones de clase y, en especial, las contradicciones internas o en el seno del proletariado y sus luchas.

A esto nos referimos cuando decimos el contenido de las luchas. Y si ponemos énfasis en el contenido y no en la forma de las luchas, es porque la revolución es una cuestión de contenidos y fuerzas reales ―las relaciones y fuerzas sociales comunistas vs. las relaciones y fuerzas sociales capitalistas―, no de formas de organización ―autónomas o heterónomas, horizontales o verticales, etc.―. De hecho, en las revueltas actuales hay autoorganización, pero no hay revolución. Siendo que la revolución comunista es la única solución o superación de la contradicción viviente que es el proletariado mediante su abolición como clase y, por tanto, de todas las clases. Este, y no otro, es el contenido de la revolución comunista en el período histórico actual en el que el capital ha subsumido real o totalmente al trabajo y, por tanto, al proletariado. Esto, y no otra cosa, es la revolución concebida como comunización.

Autoabolición del proletariado que, a su vez, sólo es posible mediante la producción del comunismo y la reproducción social comunista; es decir, mediante la producción de relaciones sociales comunistas entre los proletarios que se asocian y luchan para dejar de ser proletarios y para reproducir todos los aspectos de sus vidas ―desde la alimentación hasta las relaciones de género, pasando por los servicios básicos y el uso del tiempo libre― de otro modo: en comunidad humana real o libre asociación de individuos que ponen bajo su poder y uso comunes todas sus condiciones materiales de existencia para la satisfacción de sus necesidades colectivas y el libre desarrollo de sus potencialidades y sus relaciones humanas, así como también de sus relaciones con la naturaleza.

Eso sí: teniendo claro que, si bien es necesaria y posible, la revolución comunista no es "inevitable". Desde la perspectiva materialista histórica y revolucionaria, hoy la consigna "Comunismo o Extinción" es realista, pero contingente: puede ser lo uno como lo otro. Depende del devenir del antagonismo o la guerra de clases en el contexto de la catástrofe capitalista en curso.

 

7.     No confundimos “proyecto con eslogan”, expectativa con realidad o consigna con movimiento real. La crítica comunista o las posiciones revolucionarias que mantenemos, desarrollamos y precisamos de manera minoritaria, con intransigencia y a contracorriente tanto de la ideología dominante como de la izquierda del Capital, son el fruto agridulce de la lucha concreta y ardua del proletariado revolucionario contra la sociedad de clases en el plano histórico-mundial. Son su producto y, en determinado contexto, su factor.

En efecto: en el contexto contrarrevolucionario actual, las posiciones revolucionarias del proletariado ciertamente son minoritarias, fragmentarias y defensivas, pero necesarias contra la contrarrevolución fuera y dentro de su seno para la resistencia, el aprendizaje de las derrotas y la previsión-preparación de futuras batallas.

En cambio, en un contexto revolucionario, nuestras posiciones pasan a ser masivas, unitarias, ofensivas e igual de necesarias, pero para contribuir a la "inversión de la praxis" (Bordiga) y la victoria de la revolución social. Pasan de ser producto a factor de la historia; es decir, sólo en la revolución la teoría revolucionaria se convierte en fuerza material y hace historia.

Junto con la aceleración de la catástrofe de la civilización capitalista, el devenir del antagonismo de clases es el único que puede transformar lo primero en lo segundo. Más precisamente, el devenir de un período de contrarrevolución a un período de reanudación revolucionaria, en el cual la apropiación y el uso de la teoría comunista por parte de las masas proletarias se convierte en una necesidad material o, mejor dicho, en una exigencia de su práctica revolucionaria.

En todo caso, la crítica comunista o la teoría revolucionaria es necesaria: no es "sólo teoría" o "sólo palabras", sino tanto una forma de relación crítica —aunque abstracta— del proletariado con el capital como, y sobre todo, “las armas de la crítica” (Marx) o un arma teórico-práctica que los proletarios de todo el mundo precisamos apropiarnos, afilar y poner en común hasta que sea sustituida por "la crítica de las armas" (Marx) para sepultar la sociedad de clases y alumbrar la sociedad sin clases.

Dicho de otra manera, la teoría revolucionaria o la crítica comunista es una forma (abstracta) y un momento de la práctica revolucionaria del proletariado hasta la posible abolición/superación revolucionaria de sí mismo como clase del trabajo/capital y, por tanto, de la relación social capitalista. Por eso, aunque no son idénticas, teoría y práctica revolucionarias son inseparables. La teoría revolucionaria es una práctica consciente de crítica y ruptura revolucionaria que, según sea el contexto o período de la lucha de clases, es un producto histórico y un arma defensiva ó un arma ofensiva y un factor histórico.

Cabe aclarar que, si bien reivindicamos lo que en un texto anterior denominamos “práctica teórica comunista” en contra y más allá del activismo reformista en tiempos de contrarrevolución capitalista, entendemos pero no compartimos la idea de que “la práctica del proletariado es la teoría” (Théorie Communiste), ya que la consideramos unilateral e incluso teoricista. Subrayamos: tanto en un período de reanudación revolucionaria como, y sobre todo, en un período de contrarrevolución, la teoría revolucionaria es una forma y un momento de la práctica revolucionaria, ni más ni menos. Pero, “las armas de la crítica no pueden sustituir a la crítica de las armas” y “cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas” (Marx).

Por eso agregamos: para que la teoría revolucionaria se convierta en un arma material, hay que vincularla a la estrategia revolucionaria y a la organización revolucionaria al calor de un ciclo de luchas de clase concretas y, por implicación, a su dinámica y su devenir. Lo cual ya es tema para otros textos, debates, experimentaciones y aprendizajes como revolucionarios.

 

Proletarios Hartos de Serlo

Quito, febrero de 2026

 

____________________________________________________________

 

Agradecemos a los camaradas de Tridni Valka (Grupo Guerra de Clases), de la región checa, por traducir nuestro texto al francés y al inglés. 

6 de enero de 2026

Notas sobre Venezuela

🔎 Lo que está aconteciendo hoy en Venezuela ya lo preveímos, analizamos y nos posicionamos en el 2015: https://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2015/05/notas-sobre-venezuela-2015.html
 
Ahora bien, frente a toda la basura al respecto que está circulando en medios de comunicación y redes sociales, nos parece necesario destacar y actualizar 3 puntos de este artículo: 
 
📌 1. La teoría comunista prioriza el análisis de clase sobre el análisis geopolítico e incluso sobre el análisis económico y político:
 
EE.UU. está invadiendo Venezuela principalmente para prevenir una revuelta incontrolable del proletariado tanto en Venezuela como en el propio EE.UU., dadas sus cada vez peores condiciones materiales de existencia y los antecedentes de revueltas que existen en los dos países durante los últimos años. Contrarrevolución preventiva a escala global por parte del que todavía es el máximo líder, gerente y policía del Capital-Estado mundial. Dialéctica entre la guerra de clases y la guerra imperialista en acción. La guerra capitalista es siempre una guerra contra el proletariado. Este es el piso o la base real de este conflicto de clases, no de naciones.
 
Luego de lo cual, ahí sí vienen otras razones, a saber: usar la industria de la guerra y apoderarse del petróleo venezolano para reactivar la economía estadounidense en crisis y compensar la caída de la tasa de ganancia y la desvalorización (análisis económico); derrocar al gobierno de izquierda o del "socialismo del siglo XXI" porque fracasó en su tarea histórica de administrar eficazmente la actual crisis capitalista desde el Estado en ese territorio estratégico y, en cambio, poner a un gobierno de derecha, talvez "neofascista", para que lo haga (análisis político); y, claro está, obtener más recursos y mejor posición estratégica dentro de la competencia interimperialista contra China, Rusia e Irán (análisis geopolítico).
 
En síntesis: la teoría comunista prioriza el análisis de clase sobre el análisis geopolítico, económico y político. 
 
📌 2. La posición invariante del internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario:
 
El análisis de clase en este tipo de coyuntura fundamenta la posición comunista internacionalista de que sólo la lucha revolucionaria del proletariado internacional puede derrotar a la burguesía internacional en guerra. 
 
Lo que, en este caso, implica que el proletariado de la región estadounidense debe luchar contra la burguesía y el Estado estadounidenses, y que el proletariado de la región venezolana debe luchar contra la burguesía y el Estado venezolanos. Lo propio aplica para Palestina, Ucrania, etc. Los dos bandos burgueses y estatales deben ser derrotados mediante la transformación de la guerra imperialista en guerra de clases revolucionaria a escala mundial. 
 
Lo que implica, a su vez, rechazar toda posición "antiimperialista", soberanista, patriótica o nacionalista ―típica de la rancia izquierda del capital latinoamericana― que siempre defiende a uno de los dos bandos burgueses y estatales en guerra, los cuales siempre están, conjuntamente, en contra del proletariado internacional. 
 
En síntesis: esta es una lucha de clases, no de naciones. Por lo tanto, sólo la revolución proletaria mundial puede derrotar la guerra imperialista, mejor dicho, el capitalismo y sus guerras. 
 
📌 3. El carácter previsor y preparatorio de la teoría comunista:
 
Si nuestro artículo del 2015 ya previó lo que está pasando hoy, en el 2026, entre Venezuela y EE.UU., es porque la previsión es parte de la naturaleza de la teoría comunista. Obviamente, desde entonces hasta la fecha han cambiado los datos y los personajes en escena, etc.; pero, las estructuras, las dinámicas y las tendencias del capitalismo y la lucha de clases se mantienen. 
 
Sin embargo, eso sólo es la mitad, por así decirlo. La otra mitad es la preparación. Junto con explicar y criticar radicalmente y sin piedad todo lo existente, la teoría comunista prevé para preparar al proletariado internacional para la guerra de clases y la revolución social mundial. 
 
Históricamente hablando, hoy de nuevo es el turno del proletariado de la región latinoamericana para ello, ya que en esta región hoy la guerra está a la vuelta de la esquina, literalmente (EE.UU. no sólo está invadiendo Venezuela, sino que ya amenazó con invadir a Cuba, Colombia y Brasil). Por lo tanto, más pronto que tarde aquí tocará posicionarse, organizarse, armarse y accionar. No para "defender la soberanía de la patria grande contra el imperialismo yanqui", sino para combatir y derrotar a la burguesía internacional y todas sus fracciones nacionales. Usando el análisis de clase, el internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario como armas materiales. Contribuyendo desde esta región a la revolución comunista global. 
 
En síntesis: la teoría comunista prevé para preparar al proletariado internacional para la guerra de clases y la revolución social mundial.

24 de agosto de 2025

Carteles internacionalistas contra la guerra (agosto 2025)

Protestar, Desertar, Sabotear - Panopticon (región alemana)

 
[𝗣𝗮𝗻𝗳𝗹𝗲𝘁𝗼] 𝗜𝘀𝗿𝗮𝗲𝗹/𝗣𝗮𝗹𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗮/𝗜𝗿á𝗻 𝘆 𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗹𝘂𝗴𝗮𝗿𝗲𝘀: ¡𝗲𝗻𝗲𝗺𝗶𝗴𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗮𝘁𝗿𝗶𝗮! ¡𝗦𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗽𝗼𝗿 𝘁𝗿𝗮𝗶𝗰𝗶ó𝗻 𝗮 𝗹𝗮 𝗽𝗮𝘁𝗿𝗶𝗮!
 
"[...] Contrariamente a lo que proclama la izquierda (radical) del capital, son los traidores, los desertores y las acciones contra la guerra a quienes debemos apoyar, por pocos o muchos que sean. Cada individuo, cada grupo que se rebela y lucha contra la dominación del capital es una expresión de la tendencia a la negación del capitalismo. Como el absentismo, la ociosidad, el vagabundeo, etc. en el trabajo asalariado. Quienes hacen esto no están necesariamente a favor del comunismo o el anarquismo, pero hacen lo que hay que hacer. Es importante ampliar estas luchas y concienciar sobre esta práctica. Anarquistas como Malatesta iban a los cuarteles del ejército para agitar a los soldados, precisamente para plantear estas cuestiones. Por supuesto, Malatesta fue expulsado inmediatamente.
 
Ya sean los habitantes de Gaza que se manifiestan en las calles coreando consignas contra Hamás e Israel, o los habitantes de Israel que se manifiestan en las calles coreando consignas contra Israel, los ayatolás y Hamás, o los habitantes de Ucrania que protestan contra el reclutamiento forzoso en las calles (que en realidad se asemeja a secuestros), o los sabotajes contra los centros de reclutamiento en Rusia, por no hablar de las revueltas y enfrentamientos que se han producido regularmente en Irán durante las últimas décadas, no debemos olvidar el valor que demuestran todas estas personas; como parias, son más odiados que el enemigo, porque son el verdadero enemigo. Si, como anarquistas, luchamos verdadera y realmente contra todos los Estados-nación, ENTONCES SIEMPRE SOMOS los que cometemos TRAICIONES. Porque luchamos por la vida y no por la muerte, como hacen el capitalismo y el Estado. [...]"
 
Gráficas de Agitación (región mexicana) / Grupo Comunista Internacionalista (GCI)

22 de agosto de 2025

De Gaza al conflicto global: guerra capitalista y solidaridad internacionalista

Asamblea Internacionalista Contra la Guerra. Región griega. Agosto de 2025
Traducido por y tomado de Biblioteca Autónoma Laín Díez. Región chilena
 
[...] 
Contra el “campismo”: una respuesta de clase internacionalista a la guerra capitalista

Si no resistimos ahora por todos los medios posibles a esta escalada bélica, pronto nos encontraremos entre la espada y la pared. Desde la perspectiva de los intereses proletarios, no existen guerras “justas” o “defensivas”. Tales distinciones son una mistificación que oculta el conflicto entre capitales nacionales y bloques imperialistas por el control de los mercados de capitales y materias primas, esferas de influencia y mano de obra barata. Cada parte envuelta en una guerra presenta su propio papel como “defensivo” y “justo”. Una victoria del Estado más débil lo hace más fuerte, reiniciando de nuevo el círculo vicioso, como lo ha demostrado la experiencia histórica. La derrota de un poder estatal más fuerte implica necesariamente el fortalecimiento del Estado-nación oponente y la movilización de la población en torno a él. Cualquier resistencia de clase debe ser aplastada para imponer la paz social y la unidad nacional.

En el pasado, el apoyo a los nacionalismos “débiles” y a sus respectivos Estados se disimulaba tras el fortalecimiento del llamado campo socialista. Hoy, ausente incluso esta pretensión, se abandona la crítica al capitalismo en favor de las distinciones culturales entre Occidente y Oriente o Norte y Sur, proclamadas por la ideología “anticolonial” y las políticas identitarias contemporáneas. Esta distinción es claramente irracional, mítica y reaccionaria, ya que el capitalismo es un sistema universal y global: “[ha] convertido todo el planeta en su campo de operaciones”, aunque la opresión religiosa, étnica y nacional obviamente sigue existiendo y no es “privilegio” de Estados específicos. La antigua y espectacular pseudo dicotomía, capitalismo versus “socialismo”, ha sido reemplazada por una nueva, desprovista de toda pretensión de emancipación social, como lo ejemplifica el apoyo “antiimperialista” a Irán, Rusia o China, salvo por la invocación de una hueca “teoría de las etapas”.

El apoyo a un campo imperialista, o campismo, es inherente a la ideología antiimperialista porque proporciona un análisis de arriba hacia abajo enfocado en los conflictos entre Estados, en lugar de una perspectiva proletaria arraigada en el conflicto global entre el capital y el proletariado. El apoyo a las fuerzas del “otro bando” y a los movimientos de liberación nacional asociados a ellas ni siquiera puede provocar el derrocamiento del imperialismo, que es inherente al capitalismo. Objetivamente, la posición política de apoyar a un bando imperialista allana el camino para la militarización más amplia de la sociedad y la guerra capitalista. Los antiimperialistas llegan incluso a apoyar los programas nucleares de supuestos “Estados débiles”, lo que puede conducir a la culminación de la guerra capitalista y a la destrucción total.

La única salida a la espiral bélica es la acción proletaria internacionalista con un claro carácter anticapitalista. Nos negamos a ser cómplices de cualquier ejército y de cualquier Estado. No apoyaremos a ninguno de los bandos en guerra. La única solución frente a la guerra es la organización autónoma de clase que lucha contra el capital y el Estado en nuestro propio país y el apoyo práctico a los que se niegan a hacer el servicio militar. También implica el apoyo a los desertores y objetores de conciencia del “otro bando”, así como la solidaridad práctica con los colectivos políticos y sociales que luchan contra la guerra capitalista en Rusia, Ucrania, Israel, Palestina, Irán y en todas partes. En lugar de esta práctica, que es la condición mínima necesaria para no convertirnos en carne de cañón del capital, presenciamos calumnias inaceptables sobre el “colaboracionismo” y la “traición nacional” contra los camaradas anarquistas y comunistas y, más ampliamente, contra los colectivos de la clase trabajadora (por ejemplo, en Irán).

Precisamente en este contexto, debemos expresar nuestra solidaridad con los —ciertamente escasos— objetores de conciencia en Israel, así como con aquellas fuerzas dentro de Israel que se resisten al genocidio que se está llevando a cabo en Gaza. La identificación de toda la población con su Estado es falsa, como demuestra el hecho de que 100.000 reservistas no se presentaran a filas tras la ruptura del alto el fuego por parte del Estado israelí. Hay que confrontar los incidentes de odio nacionalista israelí cuando ocurran. La lógica de los ataques indiscriminados contra turistas israelíes es racista, ya que atribuye la responsabilidad colectiva a toda la población, a la vez que debilita la ya débil corriente de oposición a la guerra dentro de Israel.

Estamos en contra de la guerra capitalista y de cualquier implicación del Estado griego en ella, en contra de la militarización de la sociedad y del aumento del gasto militar que se produce a expensas del salario social. Luchamos por la creación de un movimiento proletario internacionalista que no se someta a los intereses nacionales, al Estado y al capital, expresando solidaridad práctica con los colectivos proletarios y políticos —comunistas y anarquistas— que luchan en los países devastados por la guerra. Nuestro objetivo es construir lazos y comunicación con los proletarios internacionalistas. Sólo a través de la unidad global del proletariado podremos derrocar esta barbarie impuesta por los Estados y el capital. No debemos dejarnos arrinconar, sino acabar con la guerra capitalista luchando contra quienes la provocan. Nuestra guerra no es nacional ni religiosa. Es una guerra de clases social y antiestatal.

Leer texto completo

--------------------------

Relacionados:

Israel/Palestina/Irán y otros lugares: ¡enemigos de la patria! ¡Siempre por traición a la patria! - Panopticon. Región alemana. Agosto de 2025

De Vinnytsia a Berlín. Contra los “anarco”-militaristas y su propaganda bélica - Konvulsismo y sus amigos. Región alemana. Agosto de 2025

14 de julio de 2025

Ni Tsahal ni Artesh*. Apoyamos a nuestras tropas… ¡cuando disparan a sus oficiales!

  

 |PDF|

Hace más de 20 meses que comenzó la masacre en Gaza. La campaña de exterminio, similar a la liquidación del gueto de Varsovia, está en pleno apogeo. Bombas “inteligentes”, bombas “tontas”, fósforo blanco, gas nervioso, ejecuciones sumarias, marchas de la muerte, torturas, violaciones… sistemas controlados por inteligencia artificial como “Lavender” o “Where’s daddy?” – un algoritmo diseñado para localizar a presuntos miembros de Hamás cuando están en casa con sus familias- eligen objetivos para que los operadores de drones militares reduzcan a polvo todo el edificio donde se encuentran. El hambre y las epidemias de cólera y polio provocadas deliberadamente por Israel terminan el trabajo entre las ruinas extremadamente superpobladas de la Franja de Gaza. Todo en aras de los sueños de un futuro desarrollo capitalista, una vez eliminados el proletariado sobrante y molesto. Como cantan los niños israelíes en el himno de exterminio orwellianamente apodado la «canción de la amistad» – «…volveremos a arar nuestros campos…».

Pero además de campos fértiles, estas quimeras también incluyen lujosos complejos turísticos costeros para Trump, prospecciones de gas para ENI y un tren de alta velocidad de Tel Aviv a El Cairo para Siemens. Por supuesto, será difícil crear este paraíso capitalista en una zona plagada de explosivos, profundamente envenenada por el amianto de los edificios destruidos, metales pesados, fósforo blanco, uranio empobrecido… y con los acuíferos saturados de agua de mar inyectada deliberadamente por el ejército israelí.

Mientras tanto, miles de muertos y decenas de miles de soldados mutilados que visten los uniformes israelíes ya se han unido a las víctimas de la masacre del 7 de octubre, y muchos más están por venir, ya que las fracciones burguesas dirigidas respectivamente por Irán y Estados Unidos están tratando por todos los medios de arrastrar a los proletarios que viven en sus territorios/países a esta carnicería. Israel, donde la unidad de la guerra y la paz capitalista siempre ha sido evidente, ya se está convirtiendo en un importante «teatro» de la catástrofe militar global en gestación.

En el momento de escribir estas líneas, todos estos preparativos militares están empezando a dar frutos envenenados, con Israel lanzando su largamente planeado ataque contra las instalaciones nucleares iraníes el 13 de junio, con bombas, misiles y drones causando estragos en ciudades iraníes e israelíes. Mientras tanto, los portaaviones de la Armada estadounidense rodean Irán y se posicionan en el Mar Rojo contra los hutíes, y las bases del ejército estadounidense en el Golfo Pérsico están en alerta máxima, al igual que los ejércitos de muchos países de la región. Trump se prepara para bombardear Irán; Khamenei se prepara para atacar las bases del ejército estadounidense.

En los últimos meses, sin embargo, el número de refuseniks** y desertores en Israel, antes pequeño, ha empezado a aumentar. Hasta el momento, cientos de reservistas se han negado públicamente a servir en el ejército, negándose a participar en la masacre de los proletarios en Gaza por parte del Estado israelí y denunciándola, aunque ello signifique ir a la cárcel. Unos 100.000 reservistas, alrededor de un tercio de todos los reservistas, simplemente no se han presentado. También hay «rumores» de que ya se están produciendo “fragging”*** en el seno del FDI…

La propaganda de nuestros enemigos burgueses intenta restar importancia a este movimiento para ocultar las crecientes grietas en la unidad nacional interclasista israelí.

Insisten en que los protagonistas de estas acciones no se preocupan realmente por los palestinos y que su negativa se debe «sólo» a que están agotados, a que no quieren morir o quedar lisiados o a que son despedidos de sus trabajos cada vez que son reclutados y se encuentran sin recursos en un contexto de aumento vertiginoso del coste de la vida. ¡Como si estas cuestiones no estuviesen unidas con la realidad material de la lucha por los intereses de nuestro enemigo de clase! ¡Este no es más que otro de sus intentos de impedir que reconozcamos que lo que nos une a ambos lados de la línea de trinchera es nuestra posición como clase explotada, como fuerza de trabajo movilizada o desechada según las necesidades de nuestros amos capitalistas! Impedir que nos veamos, a ambos lados de la línea de trinchera, ¡como hermanos y hermanas en la lucha de clases!

Desde mayo ha habido varias marchas hacia la frontera de Gaza en protesta contra la guerra, una de las cuales terminó en enfrentamientos con la organización Tzav 9, un despojo nacionalista que acudió a bloquear la entrada de alimentos en Gaza. Entre los manifestantes que exigían un «alto el fuego» y la liberación de los rehenes de Hamás, también se extiende la conciencia de los horrores que se están produciendo en Gaza. Al mismo tiempo, los hambrientos proletarios dentro de Gaza han organizado recientemente varias protestas furiosas, como hicieron en numerosas ocasiones antes del 7 de octubre, a pesar de lo que nos digan los propagandistas burgueses, pidiendo el fin de la masacre, ¡exigiendo comida y denunciando tanto a los carniceros del Estado israelí como a los capos de Hamás! Por supuesto, los falsos amigos del proletariado del bando de la «liberación nacional palestina» denuncian a estos manifestantes como «traidores» y «quintacolumnistas».

En cuanto a Irán, en los últimos meses ha estallado en muchas partes del país una nueva oleada de huelgas combativas de trabajadores del petróleo, camioneros y profesores, mientras que bajo la superficie hierve la ira proletaria y el deseo de venganza contra la burguesía por la brutal represión de los movimientos de la última década. Movimientos que, en su momento álgido, vieron cómo algunos soldados del ejército e incluso algunos miembros de la milicia Basij cambiaban de bando y se unían a la protesta. No olvidemos que los soldados iraníes saben cómo organizarse, cómo desobedecer órdenes, cómo desertar, cómo volver sus armas contra sus oficiales… ¡como demostraron durante la llamada guerra Irán-Irak!

El programa burgués es siempre el mismo:

– Masacrar a los proletarios en Gaza y Cisjordania… La voluntad del Estado israelí de masacrar a quien sea, siguiendo la «directiva Aníbal» tal y como demostró el fuego de ametralladora desde helicópteros militares el 7 de octubre.

– Enviar a proletarios a matar a otros proletarios o a morir en Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria o en cualquier otro lugar… por los intereses del Capital y de su Estado…

– La explotación sin fin y la espiral de miseria en la región de Oriente Medio y en el propio Israel…

Al proletariado no le queda más remedio que contraatacar y desarrollar su propia perspectiva, la práctica del derrotismo revolucionario:

– El proletariado lucha contra su propia burguesía, contra las fuerzas burguesas que lo explotan y reprimen directamente. Por eso, el proletariado en Gaza protesta contra Hamás y el Estado israelí, mientras que los proletarios israelíes se manifiestan contra su gobierno.

Podemos ver una creciente resistencia de clase contra la guerra en Gaza y Cisjordania, en Israel, en forma de innumerables manifestaciones y disturbios en todo el mundo, en forma de huelgas de trabajadores que se niegan a suministrar armas a Israel…

– Recientemente han estallado huelgas en la región de Oriente Medio – en Turquía, Irán y el propio Israel…

– Todas estas acciones constituyen orgánicamente un ataque contra la dominación burguesa en su conjunto. Expresar solidaridad con el proletariado en «Oriente Medio» significa luchar contra «nuestra propia» burguesía aquí y ahora.

Desarrollemos esto más:

– Los proletarios con uniforme del Estado de Israel y del Estado de Irán tienen que poner el último clavo en el ataúd del mito burgués de la “unidad nacional judía” y de la “revolución islámica”, inspirándose en los soldados norteamericanos en Vietnam y recientemente en los soldados rusos y ucranianos, ¡girando sus armas contra “sus propios” oficiales y explotadores, y sus esbirros!

Todos los mandos del FDI, todo político israelí y propagandista militar a sueldo del gobierno, todo operario leal de drones o piloto de caza ansioso por seguir arrasando Gaza, todo torturador en una prisión militar, todo policía militar encargado de aplicar el reclutamiento… merece temer por su vida…

Toda infraestructura militar o gubernamental, sea oficina, almacén… merece ser objeto de sabotaje, ocupación, saqueo… y ser reducida a cenizas.

Contra todos los ideólogos burgueses -ya sean de la «Hasbara» o de los «Liberadores Nacionales de Palestina» o del «Eje de la Resistencia»- tracemos la perspectiva del proletariado como clase mundial unida por sus intereses, sea cual sea el uniforme, la nacionalidad, el color… Resistamos todos los intentos burgueses de llevarnos a la masacre, de convertirnos en carne de cañón, de imponer sacrificios de economía de guerra…

¡Desertores y refuseniks de Israel, resistid con las armas en la mano al encarcelamiento!

Proletarios en Israel, compañeros – ¡la única alternativa a la actual catástrofe capitalista es levantarse en insurrección contra el Estado con vuestros hermanos y hermanas proletarios, palestinos, árabes, iraníes, turcos, americanos, europeos…!

¡Apoyamos a las tropas israelíes, iraníes y estadounidenses… cuando disparan a sus oficiales!

Contra la guerra capitalista y contra la paz capitalista… ¡afirmamos la insurrección proletaria mundial por el comunismo!

Tridni Valka / Grupo Guerra de Clases - Región checa, 21 de junio de 2025

________________________________

* Tsahal: Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Artesh: Ejército de la República Islámica de Irán.    

** Refuseniks: Proletarios de Israel, generalmente jóvenes, que se rehúsan a hacer el servicio militar obligatorio en ese país, es decir, que no se dejan reclutar por el ejército israelí para ir a matar a sus hermanos de clase palestinos, teniendo que soportar represión y cárcel por ello. Esta es una práctica derrotista concreta y actual dentro del propio Estado de Israel... y un ejemplo para los proletarios de todo el mundo, sobre todo de los países en guerra. 

*** "Fragging es el asesinato o intento de asesinato de un oficial por parte de un soldado de la misma unidad. El término se originó en el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam [1955-1975], donde las granadas de fragmentación (conocidas como "frags") eran a menudo utilizadas en estos actos, simulando accidentes o muertes en combate. 

El término "fragging" se utiliza ahora para describir cualquier acto de asesinato deliberado de un miembro de las fuerzas armadas por otro miembro, independientemente del arma utilizada. 

En el contexto de la guerra de Vietnam, el fragging era un fenómeno relativamente común debido a la falta de disciplina, el agotamiento de los soldados y el malestar generalizado con la guerra. Se cree que muchos incidentes de fragging ocurrieron en unidades de retaguardia, donde los soldados se encontraban en un ambiente menos peligroso y tenían acceso a armas y explosivos. 

El fragging puede ocurrir por diversas razones, como la incompetencia o abuso de autoridad por parte de los oficiales o el estrés del combate.

Es importante diferenciar el fragging de las muertes accidentales o bajas amigas, que son incidentes en los que soldados son heridos o asesinados por fuego amigo. 

A pesar de que el fragging se asoció principalmente con la guerra de Vietnam, también ha habido incidentes en otros conflictos y contextos militares." (Tomado de Gemini) 

"En la guerra de Vietnam se contabilizaron más de 700 ataques a mandos militares poco populares; sin embargo, la mayoría de las fuentes no dan crédito a este cálculo por demasiado bajo." (Tomado de Wikipedia)

9 de julio de 2025

Comunicados internacionalistas desde Irán contra la guerra

La guerra entre las bestias capitalistas es una guerra contra todos nosotros

  1. Dos regímenes genocidas están ahora en guerra: el gobierno israelí y la República Islámica. Como todos los Estados capitalistas, ambos son asesinos de trabajadores, criminales y belicistas. 
  2. Israel nació de la coalición imperialista que surgió de la Segunda Guerra Mundial: un puesto estratégico para las potencias capitalistas. Durante casi 80 años, ha llevado a cabo un genocidio continuo contra los trabajadores palestinos y de Oriente Medio. Sus acciones cuentan con el pleno consenso del capital mundial. La República Islámica, por el contrario, surgió de la derrota del movimiento obrero revolucionario de Irán a finales de la década de 1970. Fue la solución de emergencia del capital para aplastar los levantamientos obreros y preservar la explotación. Aunque sus orígenes son diferentes, ambos regímenes sirven a los intereses del capital mediante la guerra, la represión y la expansión. Su confrontación actual es un choque por la influencia, no por la justicia: una lucha entre facciones capitalistas rivales.
  3. Israel, con el apoyo incondicional del capital estadounidense y europeo, ya ha dañado gravemente la infraestructura militar de Irán. Sin embargo, esto no significa que el régimen islámico se derrumbe. Luchará para preservarse, utilizando todos los recursos disponibles. Sus recientes derrotas, aunque significativas, no bastan para asegurar su rendición. El régimen resistirá hasta que su propia supervivencia se vea amenazada.
  4. La guerra no es por las armas nucleares. La cuestión nuclear es un pretexto. Durante 45 años, el conflicto central ha sido el desafío de Irán al orden capitalista mundial liderado por Estados Unidos, su exigencia de una mayor cuota de poder y su negativa a someterse. Esta guerra pretende zanjar esa disputa de forma decisiva, aunque no permanente. Aunque la República Islámica se vea obligada a transigir, sus rivales no tienen un sustituto viable para ella. Los exiliados monárquicos, los que quieren revivir la monarquía de los Pahlavi y los restos que defienden a [Maryam] Rajavi no tienen una base real. El régimen no caerá: capitulará y negociará para minimizar sus pérdidas.
  5. Aunque esta guerra termine, la siguiente fase de explotación y represión continuará. Mientras exista el capitalismo, también existirán la guerra, la crisis, el genocidio y la competencia por la plusvalía, el capital y el poder. Creer que Netanyahu, Estados Unidos o el régimen islámico «liberarán» a los 60 millones de trabajadores de Irán es una ilusión peligrosa. A cualquier trabajador arrastrado a esta creencia se le ha robado la conciencia. Esta ilusión debe ser destrozada por una crítica de clase contundente y basada en principios.
  6. Nadie puede predecir las consecuencias económicas de la guerra. Pero el resultado probable será la pobreza masiva, el hambre, el colapso de la producción, la represión y la muerte, solo para llevar a Irán a la mesa de negociaciones. Las clases dominantes estadounidense e israelí no dudarán en convertir a Irán en otra Libia si ello sirve a sus objetivos. Pero Irán no es la Libia de Gadafi ni el Iraq de Sadam. El régimen islámico luchará para evitar el colapso total.
  7. Es probable que esta guerra se intensifique. Las condiciones —hambruna, falta de medicinas, falta de vivienda, desempleo masivo— empeorarán. Todos los bandos cargarán el coste de la guerra sobre la clase trabajadora. Debemos invertir esta tendencia. Debemos redirigir la crisis hacia el propio capital. Esto no es imposible. Nuestra clase tiene la capacidad de hacerlo. El capitalismo estampa la palabra «imposible» en cada sueño de liberación, pero eso es parte de su poder ideológico, su deshumanización del trabajo y la mistificación de las mercancías. Debemos romper estas ilusiones. Hacer recaer el coste de la guerra sobre el capital. Intensificar la lucha de clases anticapitalista, con claridad, estrategia y determinación.
  8. Esta no es nuestra guerra. Es la suya. Estamos en guerra con ambos regímenes, con ambos bloques, con todo el sistema capitalista mundial. Cualquier alineamiento con un bando es una traición. La actividad contra la guerra solo tiene sentido si promueve un programa revolucionario y anticapitalista. Las manifestaciones contra la guerra deben estar vinculadas a la lucha de clases: no como una protesta vacía, sino como un desafío a los dos polos del poder imperialista. De lo contrario, se convierte en un llamamiento al régimen islámico para que se rinda ante sus rivales más poderosos y genocidas. Debemos rechazar esta narrativa. Nuestra lucha es contra todos los Estados y todos los capitales.
  9. Un punto crucial: la lucha contra la guerra debe ser anticapitalista. Sin esto, nos vemos reducidos a ser soldados de infantería de uno de los dos bandos de asesinos. Por ejemplo, oponerse a la política de guerra de la República Islámica es necesario, pero solo si se combina con la oposición al Estado genocida israelí y al imperialismo occidental. Lo mismo ocurre con las armas nucleares. Debemos rechazar toda financiación de la guerra por parte de nuestro trabajo, pero no de forma que sirva a facciones capitalistas rivales. Nuestra crítica debe caer por igual sobre todos los belicistas, todos los estados, todas las alas de la burguesía global.
  10. Dondequiera que estemos —fábricas, escuelas, hospitales, puertos, barrios— debemos unirnos. Construyamos consejos obreros. Unámoslos, no como sueños, sino como herramientas materiales de resistencia. ¿Por qué llamar a esto utópico? ¿Es porque el régimen utiliza la represión brutal para impedirlo? ¿No hacen lo mismo con todas las huelgas? ¿No han intentado aplastar todas las protestas, especialmente las de las mujeres, los jóvenes y los desempleados? Aun así, hemos luchado. ¿Por qué dudar ahora? Esta vacilación no es nuestra, nos la ha implantado la ideología capitalista. Debemos rebelarnos contra ella.
  11. Hacer de los consejos nuestra arma. En tiempos normales, las huelgas y los paros son poderosos. Pero en tiempos de guerra, las huelgas pueden ser cooptadas por un bando. Debemos ir más allá: tomar los medios de producción. No solo parar el trabajo, sino tomar el control. Esto aterroriza tanto al régimen islámico como al capital occidental más que cualquier otra cosa. Sí, seremos reprimidos. Pero debemos empezar. Hacer contactos. Coordinar. Construir. Unir nuestros consejos en un movimiento capaz de tomar el control del trabajo, la vida y la producción.
  12. ¿Qué pasa con nuestras necesidades inmediatas: medicina, vivienda, energía, alimentos? No pueden asegurarse en el marco del comercio capitalista. Nuestra consigna debe ser: Ocupar. Preparar. Expandir. Cuanto más preparados estemos para tomar y organizar la vida colectivamente, más poder tendremos para imponer demandas y asegurar la supervivencia.
  13. Debemos actuar como clase. Hemos pasado generaciones evitando este camino, engañados por falsas esperanzas: sindicalismo, democracia, ONGs, revoluciones de colores, antiimperialismo, federalismo. Nos han llevado al agotamiento, a la traición, a la ruina. Un día debemos empezar. Ese día ya debería haber llegado hace mucho. hagamos que sea ahora. 

15 de junio de 2025
Trabajadores Anticapitalistas (Irán)

[Tomado de Grupo Barbaria. Negritas nuestras] 

Comentario de PR: 

Muy al contrario de la socialdemocracia mundial que apoya y hasta celebra al régimen de la burguesía ayatola contra el régimen de la burguesía sionista -llegando incluso al delirium tremens de proponer "un socialismo con características nucleares"-, esta es una voz proletaria e internacionalista desde el propio Irán contra "su propia" burguesía y "su propio" Estado, sin dejar de condenar a Israel y EE.UU. en tanto que Estados capitalistas y genocidas. Más claro: "Estamos en guerra con ambos regímenes, con ambos bloques, con todo el sistema capitalista mundial". Un ejemplo concreto y actual de derrotismo revolucionario desde esa región del planeta azotada por la guerra. Un ejemplo a seguir y un llamado para el proletariado mundial, porque sólo la guerra de clases por la revolución social mundial puede acabar con la guerra imperialista y el capitalismo.

Ahora bien, la única crítica que nos permitimos hacerles a estos compañeros iraníes (comunistas de consejos) es que no sólo se trata de tomar el control de la producción mediante consejos de trabajadores como base material de la lucha anticapitalista y la supervivencia contra la guerra, sino de abolir el valor en tanto que relación social mercantil y de clase mediante medidas comunizadoras que expropien, produzcan y distribuyan todo gratis para satisfacer las necesidades humanas y no las del capital.

Asimismo, es fundamental destruir el aparato armado del Estado mediante medidas insurreccionales del proletariado autoorganizado y armado comunalmente. En Irán y en todo el mundo. Por la Comuna mundial.
 
_____________________________________________________________________________________________________
  

La guerra y la estrategia de nuestra clase

 

1. Tras la caída del bloque capitalista soviético, Estados Unidos se vio a sí mismo como el polo único dominante del mundo capitalista. Pero no pasó mucho tiempo hasta que encontró un poderoso rival en China. El sueño de los gobernantes estadounidenses de establecer un mundo unipolar se convirtió en pesadilla. China alcanzó con una velocidad asombrosa la cima del crecimiento industrial y se convirtió en el gigante del capital global. Lo que sin duda ayudó a China en este proceso fue el precio extremadamente bajo de la fuerza de trabajo de sus cientos de millones de trabajadores. Desde hace tiempo, China ha superado a Estados Unidos en volumen de exportación de capital. Europa y EE.UU. se han convertido en mercado para la venta de mercancías chinas, incluidas mercancías-capital de este país. Más de la mitad del comercio total de los países latinoamericanos es con China. La inversión de capital chino en África crece a una velocidad vertiginosa y con un volumen enorme. Según un informe de la Universidad de Harvard, China ha superado a EE.UU. en algunos campos como la inteligencia artificial, ciencias computacionales, biotecnología, energía verde, redes y semiconductores.

Estados Unidos ha comprendido que ha quedado rezagado frente a su polo rival. El mensaje de EE.UU. es que su supremacía es una condición necesaria y obligatoria para la supervivencia del mundo; de lo contrario, hay que prender fuego al planeta y recurrir a la guerra, como lo hicieron los fascistas hitlerianos. Las ofensivas de la OTAN en Europa, el apoyo total e incondicional al holocausto israelí en Gaza, la provocación de guerras en África y el sudeste asiático, la combustión de Oriente Medio, el caso nuclear iraní, la guerra arancelaria, las amenazas de ocupar Groenlandia, Canadá y Panamá… todo forma parte de esta línea.

El mundo, en lugar de ser el campo de batalla de nuestra clase, la clase trabajadora internacional contra el capitalismo y todos los  Estados capitalistas, se ha convertido en el escenario del salvajismo de los belicistas capitalistas por el reparto del mundo. Los estados capitalistas de EE.UU., China, Rusia, Irán, Europa, India y el resto del mundo juegan este papel, y lo hacen para proteger la existencia del capitalismo. Sus guerras son por el reparto de las acciones de beneficio, poder, propiedad y soberanía.

2. La cuestión esencial en la guerra entre Irán e Israel también se enmarca en la presión sobre los gobernantes islámicos del capital para que se sometan al orden diseñado por EE.UU. Ni Estados Unidos, ni Israel, ni sus aliados tienen un sustituto para el régimen iraní. Saben perfectamente que ninguna parte de la oposición tiene capacidad para jugar un papel en este proceso. Desde su punto de vista, no se trata de hacer caer a la República Islámica, sino de hacerla rendirse. Los gobernantes religiosos del capital, conscientes de esta realidad, luchan hasta el último aliento por reducir costes y minimizar la magnitud de su retirada.

No se puede prever con qué grado de colapso económico del capitalismo iraní, con qué transformaciones internas del régimen, con qué nivel de hambre, miseria, desplazamiento y masacre de las masas trabajadoras se acompañará esa rendición. Lo que sí está claro es que el sector dominante del capital estadounidense no tiene ningún reparo en convertir a Irán en una nueva Libia, Siria o Gaza.

Nuestra clase, de millones, es la única fuerza verdaderamente anti-guerra. Pero nuestro pacifismo solo podrá tener un impacto real y decisivo si se expresa en un movimiento organizado contra el capitalismo. De lo contrario, será débil e ineficaz, o bien será reprimido por la República Islámica o absorbido por una oposición sedienta de poder.

Allí donde estemos, unamos nuestras manos. Construyamos consejos obreros anticapitalistas.

En condiciones donde la guerra aún no ha estallado, la huelga es el arma más eficaz para obligar a los capitalistas y a los estados a aceptar nuestras demandas, siempre que las huelgas salgan de los límites de los centros de trabajo y se extiendan como una lucha simultánea y nacional de toda nuestra clase.

En condiciones de guerra, esta táctica ya no es necesariamente adecuada y puede ser usurpada por la oposición y los gobiernos de EE.UU. e Israel.

Hay que ir más allá de la huelga. Debemos poner en el orden del día la ocupación de los centros de trabajo.

La acción más correcta y urgente hoy es dejar de pedir aumentos salariales irrelevantes y ficticios, y exigir que las necesidades básicas –alimentación, medicinas, atención médica, educación, vivienda, agua, electricidad y gas– sean completamente excluidas de cualquier forma de intercambio mercantil o monetario. Estas necesidades deben ser totalmente gratuitas y accesibles para todos.

Una exigencia que desarmará tanto a EE.UU., a Israel y al conjunto del mundo capitalista como a la propia República Islámica del capital.

Trabajadores Anticapitalistas – Julio de 2025

[Tomado de Materiales por la Emancipación. Negritas nuestras]

Comentario de PR:

De este comunicado no sólo destacamos su correcto análisis de fuerzas desde la perspectiva internacionalista y derrotista, sino principalmente que propone una estrategia revolucionaria como clase frente a la guerra imperialista: luchar por "que las necesidades básicas –alimentación, medicinas, atención médica, educación, vivienda, agua, electricidad y gas– sean completamente excluidas de cualquier forma de intercambio mercantil o monetario. Estas necesidades deben ser totalmente gratuitas y accesibles para todos." Estamos totalmente de acuerdo porque esto es precisamente lo que planteamos en nuestro anterior comentario crítico a los compañeros iraníes: la base material de la lucha anticapitalista del proletariado contra la guerra no sólo debe ser la toma de los medios de producción, sino la abolición del valor o la desmercantilización de las relaciones sociales. ¿Cómo? Yendo más allá de la huelga. Expropiando u ocupando los centros de trabajo. Creando consejos obreros anticapitalistas y otras formas de autoorganización y solidaridad revolucionaria. 

Pero, en la parte en que no estamos de acuerdo es cuando dice que "nuestro pacifismo solo podrá tener un impacto real y decisivo si se expresa en un movimiento organizado contra el capitalismo." Si bien entendemos la reivindicación de vivir en paz en un contexto de guerra, la realidad es que la paz capitalista ya es un estado de guerra social latente y permanente contra el proletariado, que sólo prepara el terreno para cuando estalla una coyuntura de guerra abierta entre potencias capitalistas... también contra el proletariado. Tanto en momentos de paz como de guerra capitalistas, todos los Estados le hacen la guerra al proletariado internacional de múltiples formas: desde arrojarlo al desempleo y la miseria hasta destruirlo en las guerras del narcotráfico y los ejércitos, reprimirlo brutalmente cuando se "atreve" a hacer revueltas e insurrecciones, etc. Más claro: siempre estamos en guerra de clases, lo que cambia es la intensidad o el nivel de la misma según la coyuntura histórica y la región geográfica. 

Partiendo de ese hecho, la lucha revolucionaria jamás puede ser pacifista. Necesariamente debe hacerle la guerra al Estado y al Capital hasta destruirlos produciendo el comunismo. Transformar la guerra imperialista en guerra de clases revolucionaria. Sin esto, el derrotismo revolucionario está perdido. "De lo contrario, será débil e ineficaz, o bien será reprimido por la República Islámica o absorbido por una oposición sedienta de poder." De lo contrario, el proletariado revolucionario será destruido. La experiencia duramente adquirida durante décadas de guerra de clases así lo demuestra. Más aún si la propuesta estratégica es expropiar, ocupar, autoorganizar, comunizar o desmercantilizar los centros de trabajo, la producción y, en consecuencia, la distribución, para que todo sea gratis, o sea, que las necesidades básicas ya no sean mercancías sino que sean satisfechas sin que intermedie el dinero en ninguna forma. Esto sería golpearle a la burguesía donde más le duele -la producción de valor y de ganancia-, y por eso reprimirá con toda su violencia o terror estatal al proletariado que "ose" hacerlo. En consecuencia, el proletariado en lucha de la región iraní -huelgas de trabajadores del petróleo, del acero, del sector minero, de la industria textil, del transporte, de la salud, de la educación, protestas en las cárceles, de los migrantes, contra la guerra, etc.- tarde o temprano tendrá que armarse y organizar la insurrección para destruir al Estado y al Capital produciendo el comunismo. Más aún en un contexto de guerra como el de Irán y el Medio Oriente en general hoy en día. Y esta insurrección comunista en Medio Oriente, a su vez, fracasará o será derrotada si es que no se internacionaliza.

Nota sobre un error importante de traducción en este comunicado (julio de 2025): 

Camaradas de otras regiones nos acaban de informar que la traducción correcta del persa al español no es "nuestro pacifismo solo podrá tener un impacto real y decisivo si se expresa en un movimiento organizado contra el capitalismo", sino "nuestra lucha solo podrá tener un impacto real y decisivo si se expresa en un movimiento organizado contra el capitalismo". Esta sola palabra cambia por completo el sentido del texto y haría innecesario nuestro comentario crítico al respecto. Sin embargo, decidimos dejarlo porque es importante recordar al lector que los comunistas internacionalistas no somos pacifistas; que estamos tanto contra la guerra capitalista como contra la paz capitalista; en suma, que somos partidarios de transformar la guerra imperialista en guerra de clases revolucionaria a escala global o, lo que es lo mismo, de la insurrección proletaria mundial por el comunismo. 

------------------------------------

Relacionados:

[Audio] Voces desde Irán - Temperamento Radio nro. 72 (julio 2025)

[Fanzine] Teherán bajo las bombas: testimonio de un compañero anarquista - Biblioteca Autónoma Laín Díez (junio 2025)

¡Parar la guerra! ¿Anti-imperialismo o lucha de clases? - Instituto de Balística / Portal de Insurgencia Magisterial (junio 2025)