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11 de abril de 2020

Covid-19 y más allá

Il Lato Cattivo
Marzo 2020
Traducido por: Antiforma

«La Tempestad» de Shakespeare
«Mientras tanto, el objeto de la teoría comunista sigue siendo el mismo de siempre: la relación social capitalista como portadora de su propia superación o de su reproducción a un nivel superior. Relación de explotación entre clases antagónicas que, de todas las que han existido a lo largo de la historia, es la más contradictoria y por lo tanto la más dinámica. En medio de la algarabía de hechos y discursos sobre los hechos, de lo que se trata es de comprender la recaída que los acontecimientos actuales introducen en esta relación, tanto a corto como a largo plazo. Lo que, dicho sea de paso, es exactamente lo opuesto a la ligereza con la que algunas personas celebran el "colapso del capitalismo" -truco que lo vuelve todo muy fácil porque hace desaparecer la realidad, que en cambio está hecha de declives socioeconómicos e institucionales desiguales, de tasas divergentes de incidencia y temporalidad de la propagación viral, de diversas estrategias desplegadas frente a la emergencia sanitaria. Sin olvidar la desigual distribución de las pérdidas entre todos los capitales individuales, en lo concerniente a la crisis económica. Ahora y siempre, el desarrollo desigual es la regla en el proceso histórico. Las siguientes notas -apenas algo más que un borrador- son sólo un modesto intento de poner todo esto en perspectiva, para nuestro uso y para uso de quienes que nos leen. [...]

Desde un punto de vista teórico y práctico, la aparición del Covid-19 plantea un problema mucho más profundo que el de la moralidad individual o la solidaridad entre generaciones, y que, si se lo mira bien, los subyace a ambos: ¿qué es la sociedad? Esta pregunta no es del todo peregrina, y exige que vayamos a la raíz de las cosas. En este sentido, el buen Karl nos dejó algunos párrafos esclarecedores. Aquí un par de ellos:
«El hecho de que la vinculación social, que surge de la colisión de los individuos autónomos, aparece a la vez como una necesidad objetiva y como un vínculo que les es exterior, representa precisamente su independencia, para la cual la existencia social es ciertamente una necesidad, pero sólo un medio, de modo que a los individuos mismos se les presenta como algo extrínseco, y, en el dinero incluso como una cosa tangible. Producen en y para la sociedad como seres sociales, pero esto a la vez se presenta como mero medio de objetivar su individualidad. Como no están subsumidos en una entidad comunitaria de origen natural, ni, por otra parte, subsumen a ellos, como seres conscientemente colectivos, la entidad comunitaria, ésta debe existir frente a ellos -los sujetos independientes- como un ente que para esos sujetos es como una cosa, igualmente independiente, extrínseco, fortuito.» (Karl Marx, "Fragmento de la versión primitiva de la Contribución", en Contribución a la crítica de la economía política, Siglo XXI Ed., 1980. Págs. 234-235)
«Cuanto más lejos nos remontamos en la historia, tanto más aparece el individuo -y por consiguiente también el individuo productor- como dependiente y formando parte de un todo mayor: en primer lugar y de una manera todavía muy enteramente natural, de la familia y de esa familia ampliada que es la tribu; más tarde, de las comunidades en sus distintas formas, resultado del antagonismo y de la fusión de las tribus. Solamente al llegar el siglo XVIII, con la “ sociedad civil” , las diferentes formas de conexión social aparecen ante el individuo como un simple medio para lograr sus fines privados como una necesidad exterior. Pero la época que genera este punto de vista, esta idea del individuo aislado, es precisamente aquella en la cual las relaciones sociales (generales según este punto de vista) han llegado al más alto grado de desarrollo alcanzado hasta el presente. El hombre es, en el sentido más literal, un ζῷον πολῑτῐκόν (animal político), no solamente un animal social, sino un animal que sólo puede individualizarse en la sociedad.» (Karl Marx "Introducción" de 1857 a la Contribución a la crítica de la economía política, Siglo XXI Ed., 1980. Pág. 283)
Lo que llamamos "sociedad" no es otra cosa que la conexión mutua entre individuos en tanto autónomos unos de otros, la comunidad que producen y reproducen fuera de ellos mismos, y que se impone sobre cada cual como una fuerza coercitiva externa. Esta comunidad independiente de los individuos se prolonga en el Estado, pero no se agota en él. Este último no se articula con la sociedad como un cuerpo externo, como un parásito: simplemente materializa la alienación, entendida aquí sin ningún matiz humanista, esencialista o psicológico, sino como la brecha entre la actividad individual y la actividad social en general. Una brecha que los grandes pensadores de la burguesía moderna, desde Mandeville a Max Weber pasando por Hobbes, Vico, Smith y Hegel, nunca han dejado de problematizar, ya sea concibiéndola optimistamente como vicios privados capaces de transmutarse en virtudes públicas, o bien de forma pesimista como buenas intenciones que pavimentan el camino al infierno.
A diferencia de la relación entre el proletariado y el capital, la oposición entre el individuo y la sociedad no constituye una contradicción, no es el motor de nada, y no socava los cimientos de su propia reproducción; pero eso no significa que no tenga efectos concretos. De esta conexión entre los individuos que trasciende a los individuos, hay que subrayar en primer lugar la irresistible presión que puede ejercer sobre ellos mismos. La mejor representación que hasta hoy se ha hecho de esta fuerza restrictiva de la sociedad es la famosa imagen del Leviatán, cuyo cuerpo está compuesto por una multiplicidad de individuos. Para Hobbes, el Leviatán es el poder más grande porque "viene de todos" y nadie puede escapar de él porque todos, lo quieran o no, participan en él. Contrariamente a las brumosas concesiones contractualistas posteriores, en Hobbes el pacto social (completamente ficticio) no es un pacto entre el Estado y los individuos, sino un pacto que los individuos suscriben entre ellos, que precede lógicamente al Estado y funda su existencia. ¿Qué es este pacto imaginario si no la traducción ideológica -el pacto como resultado de una "libre elección"- de una conexión objetiva que el individuo encuentra siempre ya hecha? Por más que este último pueda utilizarlo -a decir de Marx- como un simple medio para materializar su existencia individual, más allá de cierto límite este uso instrumental se vuelve contraproducente. Tal es el núcleo de verdad contenido en el reproche que nuestros padres solían dirigirnos cuando éramos niños: «...¿y si todo el mundo hiciera lo mismo que tú?» Ciertamente nos encogíamos de hombros, desistiendo -so pena de un par de bofetadas- de la única respuesta que se nos venía a la cabeza («¡a quién le importa!»). Pero si quisiéramos tomar en serio la pregunta, tendríamos que responder que la sociedad ha de defenderse. Allí donde la presión social sobre el individuo (a través de prohibiciones, costumbres, normas, etc.) se afloja, lo que en principio se había ganado en autonomía individual, en cuanto empieza a generalizarse tiende a transmutar en su opuesto, porque la convivencia se degrada hasta el punto de impedir los fines privados de cada uno. Y es en este punto que se activa un mecanismo de defensa destinado a restaurar un ambiente en el que la autonomización del individuo vuelva a ser posible. Estos, por supuesto, son los límites dentro de los que discurre la producción -siempre parcial- del individuo social dentro de las formaciones sociales clasistas, en particular dentro del capitalismo en tiempos de relativa paz civil. Este discurso no cuestiona ni la división de la sociedad en clases ni el carácter de clase del Estado, pero explica por qué los individuos, y por cierto los individuos proletarios, pueden bajo ciertas condiciones verse empujados a reforzar la presión social, es decir, a reducir los márgenes de autonomía individual (admitidos socialmente y/o permitidos legalmente) con tal de reafirmar la eficacia de su conexión recíproca. ¿Existe acaso otra manera, para los más débiles, de contrarrestar el neo-malthusianismo, cuando la libertad individual es la libertad para liberar... un virus en el gallinero?
De la conexión que estamos examinando, debemos finalmente subrayar su extraordinaria resiliencia. Los adeptos al "derrumbe del capitalismo" y otros colapsólogos no sólo tienen mala memoria, sino que demuestran tener una visión totalmente reificada de las relaciones sociales. En China, en 1961, se hundió casi el 40% de la producción industrial; en 1992, en Rusia, el colapso alcanzó el 25%. En los Estados Unidos, entre julio de 1929 y marzo de 1933 dicha cifra llegó al 52%. ¿Por qué esas catástrofes, que con frecuencia provocaron grandes hambrunas y mortandades, no bastaron para desintegrar las relaciones de producción existentes? Simplemente, porque la sociedad no es una mera agregación de individuos y/o cosas (ni siquiera fábricas). Esto debería ser suficiente para que nos convenzamos de dos cuestiones obvias:
Primero, que las relaciones sociales son tan invisibles e indescifrables como pueden serlo, y la reproducción de las relaciones capitalistas a veces exige enormes sacrificios de sus soportes materiales (cosas y gente);
Segundo, que por la misma razón, dichas relaciones no pueden modificarse ni deshacerse a voluntad, ni se desintegran por la acción de un automatismo de la historia (un "colapso", por ejemplo). Esto no significa que el modo de producción capitalista sea eterno, sino que el problema de cómo se le puede superar es una cuestión teórica en sentido fuerte, que debe ser tomada en serio y tratada de forma sistemática. Quien se limita a difundir consignas no sólo hace el ridículo, sino que evade la pregunta en vez de responderla. [...]
El ingreso en una etapa histórica particularmente convulsa y decisiva, cuyo resultado está abierto y dependerá en última instancia de la lucha de clases (a ambos lados del Pacífico, sobre todo). Cuanto más nos adentremos en la tempestad, más se verá reducida nuestra "visibilidad". Y en la medida en que las certezas "revolucionarias" acumuladas o transmitidas tendrán que ceder el puesto a la exploración cotidiana, reflexiones como ésta, y la existencia misma de "polos" teóricos como el nuestro, irán perdiendo su razón de ser. Se trata más bien de un cambio general de "atmósfera", que de un asunto de elección: los tiempos de tranquilidad han terminado.»

9 de abril de 2020

Contra la Pandemia del Capital ¡Revolución Social!

Barricada 29M 2020 Chile

El capitalismo está instalando el terror y la represión en todo el mundo en una operación sin parangón en la historia de la humanidad. Confinamiento de regiones, ciudades y países enteros, confinamiento masivo de seres humanos que son obligados a permanecer encarcelados en sus propias viviendas, suspensión de los miserables derechos ciudadanos, vigilancia, seguimiento y procesamiento de los movimientos de la población a través de todo tipo de tecnologías (smartphones, big data, inteligencia artificial…), despidos masivos, aplicación de Estados de emergencia, de alarma, de sitio, etc. Por todo el globo vemos extenderse una militarización de las calles para controlar y reprimir todo movimiento no autorizado. También vemos multiplicarse los ojos del Estado por medio de ciudadanos sumisos y atemorizados que vigilan cualquier pequeño incumplimiento o cuestionamiento de los decretos del mismo.1
Para apuntalar este escenario, los voceros del Estado nos ahogan con datos sobre la expansión de lo que la OMS ha denominado como “Pandemia del COVID–19”. La retransmisión de las cifras de infectados, hospitalizados y muertos, así como de las tasas de mortalidad y de las previsiones de contagio, acompañadas de imágenes de hospitales saturados y caravanas de coches fúnebres haciendo cola en la morgue, se suceden frenéticamente ante nuestros ojos con todo lujo de detalles mientras un constante desfile de políticos, científicos, milicos y periodistas nos introducen en una guerra contra un enemigo externo llamado coronavirus, presentado como el gran mal de la humanidad, como una pandemia que pone en peligro la vida de los seres humanos.
Queremos dejar claro que con esto no tratamos de decir que lo que se denomina COVID–19 no exista o sea una pura creación ideológica del Estado. Lo que tratamos de explicar a lo largo del texto es que la pandemia está siendo utilizada como herramienta contrainsurreccional y de reestructuración del capitalismo, que lo que nos venden por solución es mucho peor que el problema. En este sentido, si bien es evidente la incidencia social de esta pandemia como resultado del despliegue terrorista desarrollado por los Estados, no tenemos elementos sobre los que valorar aún la incidencia directa del COVID–19 a nivel biológico sobre nuestra salud. Los datos que manejamos son los que ofrecen los diversos aparatos del capitalismo mundial (OMS, Estados, organismos científicos…), que evidentemente para nosotros no tienen ninguna fiabilidad pues tal o cual Estado puede inflar o tapar sus estadísticas. Claro que también los proletarios de residencias de ancianos, cárceles, psiquiátricos… denuncian que esos centros se están convirtiendo, más que nunca, en centros de exterminio. Ahora bien, la cuestión fundamental a tener en cuenta es que el capitalismo mundial nunca tomó semejantes medidas pese a la catástrofe generalizada que materializa y se expresa en miles de terrenos (pandemias, enfermedades, hambrunas, catástrofe ecológica…).2
Para nosotros no hay nada de humanitario en las medidas contra el coronavirus. El Estado siembra el miedo y la impotencia entre una población atomizada para presentarse a sí mismo como el protector omnipotente de la humanidad. Llama a la unidad de todos para asumir juntos la lucha contra ese enemigo, a realizar los sacrificios necesarios, a colaborar con todo lo que las autoridades dicten, a someterse a las directrices y órdenes de los distintos aparatos del Estado.
Todo este despliegue espectacular crea una cobertura imprescindible. No cuela el cuento de la defensa de la salud. Sabemos que la muerte y catástrofe generalizadas son la esencia de este modo de producción y reproducción, donde la vida humana y el planeta son meros medios para la valorización, y al capital le importa un carajo su bienestar. Aunque las diferentes formas de gestión burguesas diseñan límites para no destruir totalmente el sostén material de la valorización, la depredación de esos medios, su deterioro y destrucción acaban franqueando todo límite, pues esa es la forma natural bajo la que se desarrolla la vida en el capitalismo. La destrucción del planeta y sus habitantes, la muerte imparable, y en crecimiento, de millones de humanos por hambre, por guerras, por pandemias, por la toxicidad, por el trabajo, por inanición, por suicidios y un largo etcétera, nunca han sido un problema a solucionar para el capitalismo, sino daños colaterales o, mejor dicho, su modo específico de desarrollarse.
Las campañas de “solidaridad”, la investigación y el desarrollo científico–médico o alguna que otra medida legislativa, son las formas como el capital aplica las “soluciones” a todas las preocupaciones que generan esos grandes problemas que sufre la humanidad bajo la tiranía del valor. Incluso si utilizamos el mismo criterio restringido y tramposo que utiliza la ciencia para justificar las medidas tomadas hoy de forma generalizada,3 es decir, la existencia de un virus que amenaza la salud de la sociedad, sabemos que en todos y cada uno de los países donde se despliegan esas “medidas de contención del coronavirus” la existencia, según los propios datos oficiales, de otros virus con una gran incidencia para la salud nunca ha sido motivo de gran preocupación. Eso no quiere decir que el Estado no se vea obligado a intervenir con motivo de alguna catástrofe concreta, como ha hecho en diversas ocasiones, lo que aprovecha siempre para introducir medidas que en otro momento supondrían resistencias y revueltas.
Por consiguiente, para nosotros es claro que todas las medidas que el capital está desplegando para “luchar contra la pandemia del coronavirus” no tienen como objeto nuestra salud, nuestro cuidado y bienestar. Cabe preguntarse por qué el capitalismo ha creado este estado de guerra en este caso concreto y, más importante aún, qué hacemos como proletarios y revolucionarios en esta situación.
No tenemos dudas. La guerra contra el coronavirus es una guerra contra el proletariado mundial. Las medidas estatales justificadas por la pandemia del coronavirus son un salto cualitativo decisivo y homogéneo en la contrainsurrección mundial y en las tentativas burguesas por tratar de iniciar un nuevo ciclo de acumulación de capital. Y frente a esa guerra el proletariado sólo tiene dos caminos: o sacrificar su vida en ella o contraponerse a la misma para defender sus necesidades humanas.
Es cierto que vivimos en un sistema social acostumbrado a confinar. A confinar los alimentos, las necesidades básicas, a confinarnos en pisos, en coches, en centros comerciales, en centros de domesticación para los niños, en centros de trabajo, en centros de mayores (geriátricos), en centros de salud, en centros carcelarios, en centros de ocio o vacacionales… y estas medidas dan una vuelta de tuerca más a este sistema de aislamiento y privatización, transformando el mundo en un gran campo de concentración.4 Pero no se puede obviar que todo esto sucede precisamente cuando la catástrofe capitalista alcanza nuevas cumbres, cuando el antagonismo entre la vida y el capital llega a niveles todavía más insostenibles que en el pasado. La destrucción de la Tierra, la depredación de sus recursos, el envenenamiento de todo lo que existe, la agudización de todos los mecanismos de explotación y expoliación del ser humano y todo el medio natural, que son aspectos inherentes a este modo de producción de la especie determinado por la economía, están alcanzado niveles insoportables para la mera existencia de seres vivos. La propia dinámica de valorización del capital, en la que éste tiene cada vez más dificultades para renovar sus ciclos reproductivos por la creciente desvalorización que le es congénita, está llevando las contradicciones de este sistema social a sus límites. Caminamos hacia una desvalorización sin precedentes. El desplome del capital ficticio, que sostenía con alfileres los ciclos de reproducción capitalistas, se prefigura en el horizonte. La crisis financiera de los últimos años, cuya primera gran explosión se desarrolló en el año 2008, expresa el agotamiento del mecanismo de respiración artificial que mantenía con vida la economía mundial. Hoy, cuando todo el capital se sostiene en base a la reproducción incesante de capital ficticio, de toneladas de deudas y toda clase de inyecciones financieras que permiten que el capital siga succionando la sangre del proletariado mundial, la burguesía comienza a ser consciente que la ficción no puede escapar a la propia lógica sobre la que se ha edificado, no puede desembarazarse de la ley del valor y toda esa gigantesca acumulación de capital se precipita hacia su desmoronamiento.
Claro que, ante todo, no podemos obviar otra cuestión todavía más decisiva. Toda esta “guerra contra el coronavirus” sucede precisamente cuando la catástrofe que la burguesía hacía cargar sobre las espaldas del proletariado proyectaba grandes sacudidas auguradas ya por las oleadas de luchas que confluyeron en el año 2019 y principios de 2020 en decenas de países.5 El desencadenamiento de un incendio que arrase con todo el orden capitalista es un problema que vuelve a estar al orden del día en los círculos de la burguesía y una esperanza que vuelve a los corazones de los proletarios.
De ahí que desde hace años las operaciones contrainsurreccionales se multipliquen por el mundo. Si bien, todo manual contra la insurrección tiene como fundamento destruir la autonomía del proletariado, las formas como se ha materializado a lo largo de la historia han sido múltiples. La guerra imperialista, que no ha dejado de desarrollarse, siempre ha sido el recurso por excelencia para transformar el antagonismo de clases en una pelea entre fracciones burguesas, restableciendo la unidad nacional frente a un enemigo exterior, destruyendo a los irreductibles, dando una vuelta de tuerca más a las condiciones miserables del proletariado —imponiendo sacrificios bélicos y posbélicos— y generando una destrucción, material y humana, lo suficientemente amplia para dinamizar el proceso de reproducción capitalista abriendo una nueva fase de expansión.
La pandemia del coronavirus presenta todas las características propias de la guerra imperialista: el enemigo exterior, la unidad nacional, la economía de guerra, los sacrificios por la patria o el “bien común”, los colaboradores, las muertes, la reestructuración económica, etc.6
Como toda guerra imperialista supone pérdidas generales a corto plazo (aunque ciertos sectores disparen sus beneficios), pero contiene las bases materiales para generar una nueva fase de acumulación. El proceso de reanimación del moribundo capital, que está aplicándose bajo la cobertura de la guerra al coronavirus y que implica el ataque a las condiciones de vida del proletariado, conlleva el impulso de una nueva fase de acumulación que sólo puede desarrollarse sobre una destrucción de capital de dimensiones y consecuencias inéditas y desconocidas. Claro que en una dinámica donde el capital ficticio representa el eje donde se sustenta la acumulación, la destrucción partirá de ese terreno. La actual paralización parcial y temporal de la producción y circulación de mercancías requiere cantidades insólitas de capital ficticio para mantener el tejido social, además de centralizar gran parte del capital en los sectores militar y sanitario. Sin embargo, esa inundación de ficción para aliviar la parálisis del mercado, que ya contenía una sobreacumulación insostenible de capital ficticio pero que circulaba en gran parte exclusivamente por los mercados financieros, implica volcar masas enormes de ficción desde esos mercados financieros al intercambio mercantil efectivo, lo que expone todo ese capital a su destrucción por la corrección coercitiva que, más pronto que tarde, realizará el mercado respecto al signo de valor. Es decir, la devaluación de la moneda, la imposición despótica de una ley que la burguesía creía haber burlado, creará una desvalorización sin precedentes que implicará la quiebra generalizada de empresas, de Estados, la cancelación masiva de deudas y, por supuesto, la tentativa burguesa de reestructuración global de todo el capital (centralizándose en nuevas esferas, purgándose otras, consolidando nuevos mecanismos de circulación…), tratando de reemprender un nuevo ciclo de acumulación.
Claro que, sobre todo y ante todo, este contexto sólo puede desarrollarse haciendo tragar al proletariado un sacrificio que le invitará a reventar masivamente, que generalizará en todas partes unas condiciones cada vez más imposibles para la supervivencia. Por otro lado, también le empujará a rebelarse, a defender sus necesidades frente a la catástrofe del capital. Ese es el futuro que nos reserva a la humanidad el capitalismo mundial: agudización de la catástrofe o revolución.7
En ese contexto se comprenden mejor el accionar de todos los Estados, se comprende el confinamiento, la salida del ejército a las calles, el control, la vigilancia de la población, el ajuste de cinturones de todos los proletarios y el anuncio de los Estados de peores sacrificios a venir. El Estado evalúa cómo reacciona el proletariado ante estados de emergencia y consigue replegar momentáneamente protestas y revueltas en desarrollo como en Francia, Irán, Irak, Líbano, Argelia, Hong–Kong, Chile, etc. En Chile, antes de que los números oficiales del Estado aporten si quiera una sola muerte, y antes de que se implemente alguna medida sanitaria, el Estado ha declarado el estado de emergencia. De esa forma los Estados utilizan la pandemia para recuperar la paz social en zonas con protestas y revueltas estos últimos años, a la par que despliegan en otras partes un entorno propicio para la represión de las protestas a las medidas de empeoramiento que se preparan, comprobando la capacidad de control social que posee sobre su territorio, dónde se concentran los focos rebeldes, qué aspectos mejorar para asegurar la vigilancia y el dominio del territorio, etc.
A lo largo de la historia del capitalismo, a medida que éste iba imponiendo nuevos ajustes y vueltas de tuercas a la explotación, se fueron sucediendo resistencias más o menos colectivas, revueltas e insurrecciones. Por eso fue sorprendente, en un primer momento, la masiva aceptación del proletariado a las medidas aplicadas por los Estados, facilitada, sin duda, por la situación novedosa en que se encontraba y la fuerza mediática de los aparatos del Estado. Sin embargo, algunos proletarios anuncian por medio de sus primeras contestaciones a todas estas medidas, su rechazo a seguir el sonido de las trompetas del Estado, a someterse al régimen de terror y a aceptar el empeoramiento de sus condiciones de vida. Poco a poco vemos como los gestos, gritos, movilizaciones y protestas comienzan a reproducirse.
Pese a las difíciles condiciones que impone el Estado a través del confinamiento y el aislamiento, nuestra clase trata de organizar su respuesta al ataque lanzado por el Estado. No sólo se reproducen pequeños actos de desobediencia, que el Estado reprime con multas, detenciones y acusaciones de insolidarios (como los ancianos que se pasean con la barra de pan, los padres que juntan a niños en casa de los que tienen el jardín más grande, los jóvenes que pasean por los bosques con la excusa de buscar leña, los que cuestionan la versión oficial en cuanto a temas de salud, los que avisan dónde hay controles y señalan a los soplones, los que inventan todo tipo de tretas y artimañas… actos todos que expresan nuestra necesidad más humana de romper el encarcelamiento e invitan a romper el aislamiento), sino que también se suceden protestas y enfrentamientos en las calles.
La provincia de Hubei, primer lugar a ser sometido al estado de emergencia, está viviendo protestas y enfrentamientos en diversas ciudades. En Filipinas se desafía el confinamiento realizando manifestaciones que reclaman alimentos y otros productos básicos. En Argelia, los proletarios se niegan a suspender manifestaciones que se encadenan una tras otra desde antes del confinamiento. En la India, los trabajadores inmigrantes se enfrentan a la policía. En Italia se organizan acciones al grito de “¡Noi! A recuperar lo que nos quitan”. Los motines en las cárceles y en los centros de detención de inmigrantes ilegales viajan de país en país. Los saqueos y el llamado a no pagar alquileres, junto a las huelgas de los que siguen trabajando comienza también a instalarse en algunos lugares. Como las redes de apoyo mutuo y cajas de resistencia.
Los diversos Estados nacionales tratan de zanjar o contener estas protestas utilizando las ventajas que les permite el estado de emergencia. El presidente de Filipinas fue claro al respecto al afirmar que se ejecutará a todo el que se salte el confinamiento. Por otro lado, anuncian pequeñas concesiones como la liberación temporal de 100.000 presos en Irán, o la creación de bonos sociales para la alimentación en Italia. Otros Estados, intentando anticiparse a las protestas, lanzan miserables zanahorias que estamos convencidos que no servirán para aplacar ni el hambre ni las amplias necesidades reprimidas durante siglos por un capitalismo a las que hoy se les da una nueva vuelta de tuerca.
Estas primeras escaramuzas que se organizan contra el estado de emergencia mundial avanzan que el proletariado no se quedará encerrado en su casa viendo cómo le llevan al matadero ni aceptará sacrificarse por la economía. Pero necesitamos organizar internacionalmente toda esa contestación y profundizarla hasta atravesar el corazón de la bestia capitalista. Cambiar el miedo de lado, que el pánico se traslade para el lado de la burguesía. Que el miedo por la pandemia del coronavirus se transforme en miedo por la pandemia de la revolución.
¡La guerra contra el coronavirus es una
guerra contra el proletariado mundial!
¡Impongamos nuestras necesidades humanas
a las necesidades del capitalismo mundial!
2 de abril de 2020
Proletarios Internacionalistas
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Notas
1 Aclaremos que a pesar del estado de emergencia y el confinamiento, declarado en decenas de países en el mundo, el capital sigue manteniendo en funcionamiento los sectores productivos que considera necesarios, obligando a los proletarios de esos sectores a ir a trabajar y recluyéndolos en su vivienda en cuanto termina. Incluso en los países de mayor parálisis de producción y circulación, el decreto de “sólo trabajos imprescindibles”, creando la apariencia de que son para nuestras necesidades humanas, es tan ambiguo y flexible justamente para no obstaculizar las necesidades del capital.
2 No creemos relevante profundizar en este texto en cuestiones relacionadas con el origen concreto del COVID–19. En primer lugar, porque no podemos afirmar nada con claridad al no tener los elementos suficientes para hacerlo, y en segundo, porque lo más importante es comprender que la producción y difusión de las pandemias actuales son un resultado del modo de producción y circulación capitalista. Ver al respecto: Contagio social, del grupo Chuang (https://lazoediciones.blogspot.com/2020/03/chuang-contagio-social-guerra-de-clases.html) y Las pandemias del Capital (http://barbaria.net/2020/03/20/las-pandemias-del-capital/) del Grupo Barbaria.
3 Queremos aclarar, aunque no podamos profundizar en este pequeño texto, que no sólo negamos que la curación de una enfermedad sea un acto médico, como el sistema de salud del capital y la medicina “oficial” nos quieren hacer creer, sino que nuestra concepción de lo que es una enfermedad, un virus y, más en general, nuestra concepción de lo que es el cuidado de la salud, están en las antípodas de la ciencia. Desde luego, la ciencia, si está para algo, es para desarrollar las condiciones necesarias para que el capitalismo siga funcionando, siga aniquilando y aplastando todo, saltando obstáculos, sobrepasando límites, etc. Sus distintas articulaciones permiten al capital la adaptación y la fagocitosis.
Esto no quiere decir que avalemos o propongamos un sistema o enfoque “alternativo”. El sistema tecnocientífico condena rápidamente a sus críticos bajo el rótulo de “seudociencia”, pero nuestra crítica del sistema dominante y totalitario de conocimiento bajo la sociedad capitalista también apunta a los fenómenos catalogados de esa forma. Además, estas “terapias alternativas” cada vez actúan más como válvulas de escape y técnicas que complementan a la “medicina oficial”.
4 Claro que ese gran campo de concentración no es igual para todos. No sólo se refleja en aspectos como decíamos en una nota anterior en relación con el trabajo, sino que también el propio confinamiento se vive totalmente diferente. Recordemos la campaña “yo me quedo en casa”, impulsada por medio de vídeos en los que algunos famosos arengaban desde sus “pequeños jardines” o el interior de sus “modestos palacetes” a quedarse en casa, y que fue mimetizada por miles de ciudadanos desde las cajas de cerillas en las que viven.
5 Ver nuestro texto Revuelta internacional contra el capitalismo mundial en www.proletariosinternacionalistas.org.
6 No sólo nos referimos a las muertes asociadas por los Estados al COVID–19, sino que incluimos las generadas por el Estado con sus medidas. Entre algunos compañeros se discute si caracterizarla también como una guerra química directa contra el proletariado (lo que no implica hablar de premeditación —aunque sepamos que nuestro enemigo ya la usó en el pasado y no ha dejado de desarrollar la investigación en ese campo— sino de su efecto objetivo), en concreto contra los sectores que el capital considera improductivos y que suponen fuertes cargas a las arcas de los Estados y que es precisamente donde está golpeando el coronavirus: ancianos, presos, inmunodeficientes…
7 No estamos afirmando que este proceso se desarrolle inmediatamente, pero sí afirmamos que bajo “la pandemia del coronavirus” ese proceso ha iniciado un salto cualitativo hacia su desenvolvimiento.

8 de noviembre de 2019

Apuntes críticos sobre la coyuntura actual en Ecuador un mes después del Paro Nacional, desde los dos bandos de la lucha de clases

Desde el bando del Gobierno o del Estado burgués: 

1. Existe represión selectiva, tanto legal como policial y mediática, contra dirigentes indígenas, sindicales y estudiantes, brigadistas médicos incluidos, que participaron en el Paro, a modo de venganza y “castigo ejemplar”. 

2. Las FF.AA. de este país se están preparando para la Contrainsurgencia: se trata de una declaración de guerra del Estado contra los luchadores sociales arriba mencionados y, en especial, contra los supuestos “19 grupos violentos” y “células anarquistas” (inexistentes), a las cuales están rastreando y van a erradicar, dicen. Al igual que ha pasado en otros países, el Estado ecuatoriano se está inventando un nuevo enemigo interno para justificar su brutal e hipócrita terrorismo y para atemorizar a la población, porque en el fondo tiene miedo de las masas proletarias después del Paro, de lo que son capaces de hacer y de que vayan a hacerlo de nuevo. Para lo cual, pide que se cambien algunas leyes y que les den más dinero y equipamiento. Para colmo, Presidencia le rinde homenaje a policías y militares en el Palacio de Carondelet por su “excesiva generosidad” en el “uso progresivo de la fuerza” durante el Paro; Palacio que, por cierto, sigue rodeado con rejas y alambres de púas. Además, les está dando “terapia” a los policías que se quedaron “traumados” por haber sido “secuestrados” durante el Paro… sí claro, pobrecitos. Lo dicho: brutal e hipócrita terrorismo de Estado. 

3. Económicamente hablando, la semana anterior se ratificaron las reformas laborales en clave precarizadora de la clase patronal y el gobierno contra la clase trabajadora urbana y rural de este país, con la complicidad de los sindicatos: recortes o despidos de personal; reducción de sueldos, vacaciones y pensiones jubilares; modificación de la jornada de 40 horas semanales; contratos flexibles, etc. 

4. Se va a reducir el presupuesto estatal para la Universidad pública, lo cual significa empeorar las condiciones de estudio de las y los estudiantes, así como también las condiciones de trabajo de las y los docentes y del personal administrativo. 

5. El gobierno acaba de plantear una "ley de crecimiento económico" que consiste principalmente en la eliminación de impuestos y aranceles para beneficiar directa y exclusivamente a la burguesía importadora, exportadora, agroindustrial y de la construcción. Tratando de compensar esto con la eliminación y la reducción de otros impuestos menores a ciertos artículos de consumo que beneficiarían a la "clase media".

6. También acaba de plantear algunas medidas para "reactivar el agro" que, en realidad, son un pretexto para "focalizar" la eliminación de los subsidios a los combustibles y la administración de los créditos en ese sector. Tratando de compensar esto con migajas insostenibles y demagógicas tales como nuevas escuelas rurales, ingreso de bachilleres a la universidad pública, entre otros. Sin duda, se trata de un intento desesperado, vergonzoso y en vano para engañar, dividir, comprar y apaciguar al movimiento indígena y campesino.

7. Sigue avanzando silenciosamente el proceso de privatizaciones de algunas empresas públicas: Corporación Nacional de Telecomunicaciones-CNT, hidroeléctricas, banco del Pacífico, refinería de petróleo de Esmeraldas, empresas de distribución de electricidad, cementera nacional, etc. Para los burgueses, estas privatizaciones representarán grandes negocios y ganancias; pero, para la mayoría de la población, para el proletariado, las mismas se traducirán en un aumento del costo de la vida o, lo que es lo mismo, en un mayor empobrecimiento. 

8. Los medios de comunicación oficiales (uno de los cuales, Teleamazonas, pertenece a uno de los mayores bancos de este país, Banco Pichincha) siguen desinformando y mintiendo todos los días, obviamente a favor del gobierno burgués y asesino de Moreno y en contra de las protestas de lxs de abajo, quejándose todavía de "las pérdidas que generaron al país" (es decir, a las empresas), y a quienes siguen tachando de "vagos, vándalos, insurgentes, terroristas". 

9. Frente a todas estas acciones de ofensiva por parte del gobierno, es posible que pronto se reactive la movilización social en Ecuador. A las calles nuevamente. 

Desde el bando de los movimientos sociales o del proletariado en lucha: 

1. Se está luchando por los 1192 detenidos (incluidos menores de edad), los 1340 heridos y los 11 muertos del Paro. Se exige libertad, solidaridad, justicia y reparación concretas para todos estos compañeros, y que este gobierno asesino de Moreno no quede en la impunidad, sobre todo sus ministros Jarrín y Romo. 

2. No cabe duda de que el movimiento indígena encabezó el Paro Nacional (no fue el único ni el primero en salir y tomarse las calles, pero luego de unos días sí fue el actor principal). Sin embargo, en las tres últimas semanas, el movimiento indígena y el movimiento sindical han oscilado entre el diálogo con el gobierno y el anuncio de nuevas medidas de hecho o movilizaciones. Por lo cual, es necesario hacer su respectiva crítica desde un punto de vista autónomo y radical de base. 

3. Crítica a la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador-CONAIE: al onceavo día del Paro se sentó a dialogar y negociar con el Gobierno, formalizó la derogación temporal del Decreto Ejecutivo 883 lograda gracias a la lucha callejera, pero al mismo tiempo desmovilizó el Paro Nacional. Luego están las acciones y declaraciones ambiguas y oportunistas de su presidente Jaime Vargas (llama a tomar medidas de hecho luego al diálogo con el gobierno y luego otra vez a las medidas de hecho, le dice patojo de mierda al patojo de mierda de Moreno y luego le pide disculpas, habla de formar un “ejército indígena” y luego de colaborar con la fuerza pública, cuando habla en ruedas de prensa fantasea electoral y presidencialmente, pues ya está hablando de gobierno, ministerios, etc.). Hace dos semanas, la Conaie convocó a las organizaciones sociales a conformar un “Parlamento de los Pueblos” (en la práctica: Conaie-Fut-Frente Popular [ésta última es una organización estalinista, electoralista y oportunista] más otras organizaciones menores) para construir una propuesta de “nuevo modelo económico” y entregársela al gobierno a fin de "evitar un nuevo paquetazo". El problema con esto es que lo primero es una forma política capitalista, democrática-burguesa y representativa que imita al Parlamento, Congreso o Asamblea Nacional del Estado de los ricos y poderosos; y lo segundo, es el típico programa reformista reciclado por enésima vez, es decir: un programa estatista (plantea que el Estado sea el principal actor y rector económico), redistribucionista (ya que pone especial énfasis en la redistribución de los impuestos y los salarios), asistencialista (tanto con el sector rural como urbano de la economía y la sociedad), neodesarrollista (habla de un "nuevo y verdadero desarrollo de nuestro país") y plurinacionalista (recordemos que el programa de la Conaie se reduce al “Estado Plurinacional”). La crítica radical, en este caso, es que no se trata de cambiar de modelo económico (y mucho menos por la vía electoral, como de seguro lo hará en el 2021) sino de cambiar de sistema social en su totalidad y de raíz, porque el problema de fondo no es el “neoliberalismo” ni el FMI sino el capitalismo; el cual, hoy en día se encuentra en una situación de crisis y catástrofe tal que amenaza con extinguir nuestra especie y devastar aún más nuestro planeta. Sí: así de grave está la cosa. Además, en las últimas tres décadas todos los modelos y gobiernos tanto de derecha como de izquierda en todo el mundo no han hecho más que administrar la crisis y evidentemente han fracasado, no por tal o cual error de política económica ni por culpa de tal o cual dirigente en el poder, sino porque el capitalismo y su crisis son ingobernables, y actualmente están al borde del colapso. Así pues, el llamado “realismo político” y económico de la socialdemocracia es una utopía reaccionaria, porque no pretende destruir y superar al sistema capitalista, y porque le exige a éste algo que ya no puede hacer. Por lo tanto, la única salida o alternativa real y radical frente a la crisis y la catástrofe capitalista es la revolución social mundial, el comunismo y la anarquía; es decir, la abolición y la superación de la propiedad privada, el trabajo asalariado, el valor, el mercado, las clases sociales, los Estados, las patrias, las razas y toda otra forma de opresión. Y esto, por supuesto, no se hace desde el Estado burgués y sus elecciones, sino sólo mediante la lucha autónoma y antagonista de lxs explotadxs y oprimidxs de la ciudad y del campo por nuestras necesidades, intereses y demandas de clase, precisamente en contra del capitalismo y su Estado hasta abolirlos y superarlos de una vez por todas, sustituyéndolos por la comunidad humana mundial. 

4. Crítica al Frente Unitario de Trabajadores-FUT: después del Paro anuncia nuevas movilizaciones para el 30 de octubre contra las últimas reformas laborales pero, como el gobierno no le da permiso, depone tal medida de hecho y acto seguido se va a negociar con los empresarios y el gobierno, y termina ratificando esas mismas reformas o el paquetazo laboral contra la clase trabajadora de este país, mencionado anteriormente (ver arriba el punto nro. 3 de la 1ra parte de estos apuntes). Nada nuevo o sorprendente, al fin y al cabo: se trata de los sindicatos cumpliendo su sempiterno rol de negociadores de la explotación de la clase proletaria y de colaboracionistas con la clase dominante. Vendidos y arribistas. Órganos del Capital-Estado en el seno de la clase trabajadora, órganos de la contrarevuelta y la contrarrevolución. Lxs trabajadorxs (formales e informales; empleadxs, desempleadxs y subempleadxs) debemos organizarnos y luchar por nuestras necesidades materiales e intereses inmediatos de clase, sí, pero afuera y en contra de los sindicatos. Existen otras formas de organización y, sobre todo, otros contenidos de la lucha proletaria contra el Capital. 

5. Existen diferencias, tensiones, conflictos y desbordamientos entre bases y dirigentes, en la Conaie y en otras organizaciones, antes, durante y después del Paro. Este no es un hecho menor. Al contrario. El desbordamiento de las dirigencias por parte de las bases es clave para la radicalización de la lucha social. 

6. Existen nuevas organizaciones y procesos tales como asambleas de bases autoconvocadas en Quito (por ejemplo, la Asamblea Anticapitalista de Quito en la cual participamos actualmente), Cuenca, Loja, Cotopaxi, Chimborazo, que a su vez proponen formar, fortalecer, articular y empoderar asambleas territoriales en todas partes (barrios populares, universidades públicas, comunas indígenas, lugares de trabajo, etc.), las cuales discutan y tomen decisiones sobre todas las necesidades de la lucha y de la vida colectivas. Sí: ¡Todo el Poder a las Asambleas! Aunque también hay que decir que este sector asambleario del movimiento social local es minoritario y débil, inclusive marginal entre las masas y entre las mismas minorías proletarias activas. Sin embargo, esto no es poca cosa, porque antes del Paro algunas de estas minorías no existían y ahora ya existen, están sacando las lecciones de las jornadas de octubre y preparándose para nuevas batallas. La mejor escuela de formación es la lucha y nuestra clase aprende para seguir luchando cada vez mejor por su autoemancipación. 

7. La prensa digital contrahegemónica o los medios de contrainformación siguen haciendo lo suyo todos los días en redes sociales. Recomendamos seguirlos (en la última página del fanzine “Somos Pueblo” N° 1 consta una lista de estos medios). 

8. A modo de conclusión: el Paro terminó pero la lucha social sigue y debe seguir hasta las últimas consecuencias. La clave para ello está en agitar y fortalecer la autoorganización, la movilización y la radicalización de las bases proletarias de la ciudad y del campo, las bases indígenas y mestizas, afuera y en contra de instituciones estatales, sindicatos, partidos, representaciones, negociaciones y elecciones. La lucha por nuestras necesidades vitales es directa, autónoma y radical o no es. Y tiene por base la solidaridad y la combatividad de clase, el apoyo mutuo y la acción directa, o no es. Decir que la lucha sigue y debe seguir hasta las últimas consecuencias, significa que la lucha es por tomarlo y cambiarlo todo, por la revolución social total e internacional y no por reformas estatistas, populistas y “pluri”nacionalistas. Y mientras tanto, a luchar con cabeza y mano propias por mejorar nuestras condiciones de vida e ir más allá. El anticapitalismo, el antiestatismo, el internacionalismo y la autonomía proletaria no son "principios abstractos, extremistas e infantiles", como suelen decir los reformistas. Son una necesidad concreta para mantener y hacer avanzar la lucha concreta de nuestra clase por su reivindicación y emancipación, aquí y en todas partes. Los últimos acontecimientos en Ecuador, Chile y algunos otros países de todo el mundo han demostrado que la revuelta proletaria está a la orden del día y que la revolución social es posible. Obviamente falta mucho para ello, pero algo se empieza. Luchemos por hacerla realidad o, al menos, demos los primeros pasos y semillas, porque esto recién ha empezado como tal. Por lo pronto, a pesar de la vuelta a la normalidad, algunas minorías anticapitalistas seguimos activas y esperamos atentas a que hayan nuevas movilizaciones de masas (independientemente de quienes las convoquen) para salir a las calles a luchar junto a ellas, como parte de ellas, para así poder contribuir a desarrollar su autonomía y su radicalización; a generar agitación, tensión, desbordamiento, ruptura y salto cualitativo o elevar su nivel de lucha, organización y consciencia; en fin, para poder contribuir a construir una fuerza social realmente revolucionaria, lo cual implica construir previamente una “corriente” realmente revolucionaria al interior del proletariado que lucha, así sea de forma minoritaria en un inicio, pero es necesario hacerlo. 
Hablando más concretamente, esto aplica para todas las luchas actuales y futuras por reivindicaciones específicas de diversos sectores explotados y oprimidos (reivindicaciones económicas, antirrepresivas, educativas, culturales, sexuales, etc.), porque estas no se mendigan a los ricos y poderosos que nos matan de hambre, depresión y a bala, sino que se arrancan de sus manos, se generalizan, se unen y se radicalizan hasta devenir revolución social. La insurrección también exige la unificación y centralización de todas estas fuerzas para poder golpear y derrotar realmente al enemigo común: el Estado capitalista, mediante un autogobierno asambleario, antiestatal, antimercantil e internacionalista de las masas proletarias. Lo cual obviamente no ocurre de la noche a la mañana, es un proceso histórico e internacional, pero sin etapismos, representaciones, negociaciones ni males menores o migajas. De lo contrario, la lucha social es cooptada y anulada por nuestro enemigo de clase a través de quienes dicen representarnos pero que en realidad la trafican y la traicionan. Por esta razón, el reformismo de la izquierda es tan o más peligroso y nefasto que la represión estatal. Aquí y ahora, pues, es necesario separar aguas, enfrentar y superar el reformismo al interior de las propias filas de las organizaciones de la clase trabajadora urbana y rural, en la práctica y en la teoría (y también en el discurso), al calor de la misma lucha de clases real o desde "donde las papas queman". Autoorganización, movilización y radicalización de las bases proletarias para tomarlo y cambiarlo todo, debe ser nuestra consigna en este momento. Lxs explotadxs y oprimidxs de este país no nos lanzamos a las calles ni nos jugamos el pellejo en el Paro Nacional para luego conformarnos con las mismas migajas de siempre. Estamos hartxs de todo este sistema de mierda que sufrimos a diario. Somos lxs nadies y lo queremos todo. Vamos hacia la vida y no negociaremos con la sangre de nuestros muertos. La lucha sigue y debe seguir hasta las últimas consecuencias, es decir hasta hacer la revolución social y no una reforma económica y política. 

9. Queremos finalizar estos apuntes con un hermoso mensaje que fue escrito con marcador en un bus de esta ciudad el día 3 de noviembre, que dice: “¡Feliz Cumplemes del Paro! Volveremos cuando así lo decidamos.” 


Un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial
Quito, 8 de noviembre del 2019