1. Con o
sin elecciones, la esclavitud asalariada y la tiranía estatal existen. Con o
sin elecciones, la lucha de clases existe. Los políticos cambian, la
explotación y la opresión siguen. Los políticos cambian, la lucha entre
burgueses y proletarios sigue. A los revolucionarios no nos interesa lo
parcial, lo superficial, lo pasajero ni los falsos debates o trampas políticas
de la clase dominante y sus falsos opositores. Nos interesa transformar todo lo
existente desde la raíz. No nos interesa cambiar de amos, sino dejar de
tenerlos. Nos interesa apropiarnos de nuestras vidas y decidir sobre ellas en
común, apropiándonos de las condiciones materiales que las hacen posibles.
2. La política es el poder separado y
alienado/alienante de la gente sobre su vida, dentro de una sociedad basada en
la separación y la alienación de todo y de todos: el capitalismo. Por lo tanto,
la política no es parte de la solución. Es parte del problema: la reproducción
de la sociedad capitalista, con o sin elecciones.
3. Sólo lo que está separado y alienado, puede ser
representado. De allí la existencia de los representantes políticos. Quien
delega el poder sobre su vida a un representante político cualquiera —no
importa si es de derecha o de izquierda—, lo pierde. Esto es la enajenación o
alienación política.
4. En tiempo de elecciones, la gente en realidad no
elige. Las elecciones son un espectáculo de la decisión: eso es el circo
electoral. Quienes ponen a “decidir” al resto de la población cada tantos años,
son quienes realmente ejercen el poder o poseen el monopolio de la decisión
sobre toda la sociedad: eso es el Estado. De la misma manera, quienes realmente
ejercen el poder no son quienes responden las preguntas (ej. consulta popular),
sino quienes las formulan o plantean: eso es la dominación política de los
propietarios sobre los desposeídos, de los patrones sobre los trabajadores, de
la burguesía sobre el proletariado, de los amos de la sociedad sobre los
esclavos modernos. El circo electoral cumple la función de legitimar esta dominación
de clase cada tantos años. Es el “cambio de aceite” o el engrasamiento de esta
máquina capitalista de alienación política.
5. La democracia es la dictadura social,
invisibilizada, normalizada y legitimada de la burguesía sobre el proletariado.
Y la "ciudadanía" es el membrete ideológico también normalizado —por
los políticos, los medios de comunicación y la academia— para ocultar la
existencia, diferencia y antagonismo de clases. No en vano el voto es
obligatorio, y las elecciones son vigiladas por los militares y los policías.
Pero, la democracia va más allá de las elecciones: la democracia es tener la
"libertad" y la “igualdad” mercantiles de ser explotados trabajando
de lo que sea ó morir de hambre, deudas y depresión, todos los días en todo el
mundo.
6. La experiencia histórico-mundial contemporánea
demuestra que, después de elecciones y de nuevas autoridades políticas electas
—de derecha y de izquierda, al final resulta igual—, las condiciones materiales
de existencia de la mayoría de la población que los "elige" no
mejora. Al contrario, empeora.
7. El empeoramiento de las condiciones materiales
de existencia de la mayoría de la población (ej. desempleo, inflación,
inseguridad, etc.) se debe a la actual crisis económica, histórica e
internacional del capitalismo o de las relaciones de producción —y de
reproducción social— capitalistas en todo el mundo, no a tales o cuales
políticas públicas, no a tales o cuales gobiernos, ni mucho menos a tales o
cuales gobernantes, políticos o caudillos de tal o cual país ni de tal o cual
ciudad. La sociedad capitalista no funciona así, sino al revés. Las relaciones
sociales son impersonales, y los cambios sociales son procesos históricos
protagonizados por masas anónimas.
8. La base material del poder político es el poder
económico: las relaciones de propiedad y de producción entre las clases
sociales. Por lo tanto, el poder de clase radica y se juega realmente en el
terreno de la producción social, no en el terreno de la política.
9. La política cambia lo aparente para que lo
fundamental no cambie: las relaciones de explotación y dominación capitalistas.
Si "todos los políticos son ladrones" o "todos los políticos
roban" es porque son representantes del robo diario, invisibilizado,
normalizado y legalizado que comete la clase capitalista contra la clase
trabajadora: el trabajo no remunerado que se disfraza de trabajo remunerado
bajo la forma salario. Sin trabajo asalariado no hay Capital. Y el Estado, con
los políticos y los policías en primera línea, es el Estado del Capital. Por lo
tanto, la acumulación de capital es inseparable de la acumulación de poder, y
viceversa. Todo esto, mediante la explotación del proletariado. En pocas
palabras: los políticos cambian, la explotación y la miseria siguen.
10. La política es la representación y la gestión de
los diferentes intereses materiales de clase. Quien diga lo contrario, o no
entiende lo que realmente es la política o esconde sus intereses económicos. La
competencia entre diferentes partidos políticos en realidad es una competencia
entre diferentes fracciones de la clase capitalista: son pugnas interburguesas
o peleas entre patrones. Peleas por la repartición del botín de la economía y
del Estado (hoy en día, incluido el narcotráfico), donde hacen pasar sus
intereses particulares como si fuesen intereses generales o de toda la
población; pero, en realidad no lo son, porque sólo son intereses capitalistas
en competencia, para la cual utilizan a los proletarios con y sin trabajo como
carne de urna y de cañón.
11. La sociedad no se transforma desde arriba, con
otra gestión o administración del Estado y sus instituciones; es decir, no se
transforma desde la política. La sociedad se transforma desde abajo, desde sus
bases o sus raíces. Transformando las relaciones de propiedad y de producción.
Creando y desarrollando nuevas relaciones sociales entre los individuos,
relaciones no mercantiles y no jerárquicas, relaciones entre iguales sin jefes
ni vanguardias, en todos los aspectos de la vida. En una palabra: mediante la
revolución social. Esto no es "la verdadera democracia"
(“participativa, directa, popular, socialista”, etc.), ya que la democracia es
y sólo puede ser la dictadura de las relaciones mercantiles-capitalistas, la
dictadura social del mercado y del Estado, la dictadura de la burguesía sobre
el proletariado. Por el contrario, las nuevas relaciones humanas entre los
individuos son un poder social revolucionario, que es la única palanca real
para transformar la sociedad, como lo demuestra la experiencia histórico-mundial
de la lucha de clases.
12. Creer que la sociedad se transforma desde la
política es como creer que un drogadicto se recupera consumiendo drogas
diferentes o cambiando de “brujo”. La política no es parte de la solución. Es
parte del problema. Y los políticos, todos los políticos o “brujos” de la
política sin excepción, también.
13. Los electores que dicen sobre los políticos
"que roben, pero que hagan obra", es porque se resignan a recibir
migajas de la clase explotadora y dominante, a seguir siendo explotados y
oprimidos, representados y pastoreados… en fin, faenados como ganado. El
clientelismo político es una relación enferma de doble vía: no sólo es de
arriba-abajo, sino también de abajo-arriba, porque es una forma de síndrome de
Estocolmo (simpatía y hasta enamoramiento con el secuestrador) y de masoquismo
(gozar con el dolor infligido por el maltratador) de los esclavos modernos con
respecto a sus amos capitalistas. Los electores no son víctimas. También tienen
su parte de responsabilidad en el problema de la dominación política. Pero,
cuando la miseria y la opresión apremien aún más, también pueden tener su parte
de responsabilidad en la solución: rebelarse contra sus pastores políticos y
autoorganizarse para apropiarse de sus vidas.

14. Lo mismo aplica para el caudillismo, no importa
si es de derecha o de izquierda, blanco-mestizo o indígena, de la costa o de la
sierra, hombre o mujer, viejo o joven, etc. El problema es creer en un caudillo
y delegarle el poder sobre la propia vida. El caudillismo y el clientelismo son
los dos lados de la misma moneda manchada de sudor y sangre. El populismo y la
demagogia son harina podrida del mismo costal.
15. Los partidos de izquierda que participan en
elecciones y las ganan —no importa si solos o mediante alianzas oportunistas
con partidos de centro y de derecha—, son las vanguardias… pero del
colaboracionismo de clases y de fortalecer el Estado burgués, que es el poder
concentrado del Capital y el enemigo mortal del proletariado. Trabajan para el
enemigo, aunque digan lo contrario. Por lo tanto, no son fuerzas
revolucionarias, sino fuerzas contrarrevolucionarias disfrazadas de
revolucionarias. Es la izquierda del Capital o el tentáculo izquierdo del
Estado capitalista. “Izquierda y derecha: la misma mierda”.
16. Votar nulo sigue siendo votar; es decir, sigue
siendo participar en el circo electoral o una forma de "protesta
ciudadana", "voto protesta" o "voto castigo" a los
políticos. A lo sumo, puede ser un síntoma del malestar social y nada más. El
voto nulo no golpea a la dictadura burguesa llamada democracia. Ni siquiera le
hace cosquillas. El voto nulo es políticamente irrelevante o, mejor dicho,
inefectivo para fines revolucionarios reales. Votar nulo o votar por cualquier
partido —o candidato— político es un falso debate o trampa política de la clase
dominante y sus falsos opositores.
17. Lo mismo aplica para votar “sí o no” en las
preguntas de la consulta popular, porque quienes realmente deciden no son
quienes responden las preguntas, sino quienes las formulan o plantean: la clase
de los capitalistas y sus políticos, mismos que seguirán lucrando y gobernando
en medio de la actual catástrofe.
18. No
votar tampoco es una opción que beneficie a la clase trabajadora en la
coyuntura actual, porque si no votas te multan. De hecho, la mayoría de gente
vamos a votar para que no nos multen y nos den ese papel para poder hacer todo
tipo de trámite. Es una obligación ciudadana de la dictadura democrática del
Capital sobre el proletariado. Votes por quien votes, gane quien gane, respondas “sí o no”,
votes o no votes, nada fundamental cambiará, porque votando no se cambia la
sociedad; y, después de este circo electoral, todo seguirá de mal en peor.
Votar o no votar es otro falso debate o trampa política de la clase dominante y
sus falsos opositores.
19. Abstenerse de participar en elecciones es
necesario, pero no es suficiente. Rechazar y boicotear la asquerosa campaña
electoral (arrancar pancartas de los candidatos, robarse la papeleta, etc.) es válido, pero no es suficiente. Con o sin elecciones, hay que
luchar y organizarse como clase por fuera y en contra de las instituciones y
las lógicas del Capital, del Estado, de la nación o la patria, del gremio y del
colaboracionismo de clases (todo lo cual incluye a partidos, sindicatos,
fundaciones, iglesias, etc.), para desarrollar y ejercer un poder social
revolucionario (autoorganizado masivamente en asambleas, comités, consejos,
etc.), al calor de la profundización y la extensión del antagonismo de clases.
20. Anti-política no significa desentenderse de la
política, ser indiferentes ni mucho menos ser "neutrales", porque en
la sociedad de clases nada ni nadie es "neutral". Dialécticamente
hablando —esto es, asumiendo la contradicción viviente de todo lo existente
para su superación—, anti-política significa que el único "programa
político" de los revolucionarios es la abolición de la política, entendida
como el poder separado y alienado/alienante de la gente sobre su vida,
precisamente para que la gente se apropie de sus vidas o pueda decidir
realmente sobre ellas en común. La base material de ello es la apropiación colectiva
de todos los medios de producción, así como de todos los bienes y servicios, en
todos los espacios sociales y territorios, ya no para producir y poner a
circular mercancías con las cuales lucrar, sino para satisfacer las necesidades
colectivas directamente, sin intermediación del mercado ni del Estado. Esto es
desarrollar y ejercer un poder social revolucionario, porque —insistimos— el
poder de clase radica y se juega realmente en el terreno de la producción
social, no de la política.
Proletarios:
21. Hasta que no aprendamos todo esto en la práctica
—a punta de golpes de realidad— y actuemos en consecuencia, la historia seguirá
repitiéndose y empeorándose, obviamente para la clase de los desposeídos,
explotados y oprimidos; porque, en cambio, la clase capitalista y sus políticos
de derecha y de izquierda seguirán acumulando capital y poder, cueste lo que
cueste y digan lo que digan.
22. Dejemos de creer y de confiar en el Estado, los
gobiernos, la democracia, su circo electoral y sus payasos los políticos tanto
de derecha como de izquierda. Tratémoslos como lo que realmente son: enemigos
de clase, con todo el repudio que se merecen.
23. Confiemos solamente en nuestras propias fuerzas
para cambiar nuestras vidas. Al fin y al cabo, somos millones y somos mayoría
social… No permitamos que los políticos, en especial los políticos de
izquierda, nos “representen” y se apropien de nuestras luchas (ej. los Paros
Nacionales del 2019 y del 2022) o que hagan de ellas parte de su "capital
político". Una vez que ganan y administran el Estado y la crisis
capitalistas, no son "traidores": son representantes de las
relaciones y los intereses capitalistas contra el proletariado, son enemigos de
clase. Tratémoslos como tales, y confiemos solamente en nosotros mismos.
24. No se trata de cambiar de amos, sino de dejar de tenerlos. Ni por la derecha ni
por la izquierda del Capital. La lucha es clase contra clase hasta apropiarnos
de nuestras vidas en Comunidad humana real.
25. Si con nuestras manos y nuestros cerebros
nosotros producimos todo lo que existe en este mundo, entonces todo debería
pertenecernos en común para vivir bien. Pero, como no nos pertenece, entonces
hay que apropiárnoslo.
26. Mediante la autoorganización y la acción directa
de masas, apropiémonos de la producción social para apropiarnos de la decisión
sobre nuestras vidas. Esto es desarrollar y ejercer un poder social
revolucionario. La autoorganización es el primer paso de la revolución.
27. Apropiémonos de la producción social para dejar
de ser proletarios e instaurar la sociedad sin clases, Estado ni mercado, donde
todo sea de todos y nadie sea patrón, jefe ni representante de otros y nadie
sea mercader o comerciante de nada: la Comunidad humana real, aquí y en todas
partes, sin patrias o fronteras nacionales.
28. Hasta entonces, sólo puede y debe haber guerra
de clases, entendida como guerra social y no como guerra militar, en la cual la
solidaridad es y será nuestra mejor arma. Aunque en determinado momento de la
guerra social, también será inevitable y necesaria la violencia revolucionaria
o la ruptura insurreccional.
29. Hasta entonces, que el malestar diario se
transforme en protesta, las protestas en revuelta, y las revueltas en
revolución social mundial.