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27 de octubre de 2021

[Ecuador] Balance crítico de la jornada de protestas del 26 de Octubre del 2021

(Imágenes tomadas de la prensa burguesa)

Resultados de la actual correlación de fuerzas:
Violenta y absurda normalidad del Capital y el Estado: 10 – Protestas populares: 1
Realidad: 10 – Expectativas de las organizaciones de izquierdas: 0
Como goleada de barrio mismo.

Lo peor que se puede hacer al respecto es no ver las cosas tal como son o hacerse ilusiones con cabeza caliente, como lo suelen hacer en estas situaciones las izquierdas y las ultraizquierdas (nosotros incluidos).

Por más que las protestas de ayer sólo hayan sido el primer día de estas jornadas de movilización, y por más que haya nuevas protestas y hasta un verdadero paro nacional-popular contra el gobierno de Lasso, e incluso si este llegase a caer, el panorama de fondo no es muy alentador, porque la causa del actual malestar social no es tal o cual gobierno, sino el sistema capitalista que nos destruye a diario en todo sentido, pero que todavía no se lo critica en la práctica y de raíz.

Y, sobre todo, porque la clase proletaria −de todos los sectores, ocupaciones, "razas", sexos, generaciones, etc.−, que en su mayoría no está autoorganizada ni movilizada, brilla por su ausencia como fuerza antagonista y autónoma con capacidad para apropiarse de la producción social e imponer las necesidades humanas sobre las necesidades del Capital, así como su poder social sobre la dictadura de la burguesía y la mercancía llamada democracia. Por ejemplo, mediante una oleada ascendente de huelgas generales y salvajes que produzcan una situación realmente revolucionaria. No para afirmarse y perpetuarse como clase trabajadora, sino para negarse y abolirse como tal. No para "mejorar las condiciones de vida de los trabajadores" −demanda cuyo resultado real es lo contrario después de cada revuelta de los últimos años en todas partes−, sino para abolir y superar las condiciones que nos hacen ser una clase explotada y dominada −dado que se encuentra totalmente integrada e implicada recíprocamente con el Capital−.

Mientras tanto, las condiciones de trabajo y de vida de nuestra clase siguen y seguirán empeorando, con y sin protestas populares. Aquí concretamente, sólo por mencionar tres ejemplos inmediatos: el Estado burgués va a subir los pasajes y la luz eléctrica; va a imponer la "ley de oportunidades" (mayor precarización y superexplotación laboral); y va a mantener el estado de excepción, la represión y la criminalización de la protesta. Si esta democracia no es una dictadura burguesa, ¿qué es? Si esto no es una contrarrevolución, ¿qué es? (Preguntas retóricas, obviamente.)

Ahora bien, ¿por qué el proletariado aún brilla por su ausencia como fuerza revolucionaria real? ¿Y por qué sigue predominando el interclasismo, el populismo y el reformismo de izquierda en las luchas contemporáneas? (Preguntas serias) 1) Porque la gran mayoría de nuestra clase está trabajando de lo que haya, comprando y vendiendo mercancías, delinquiendo y/o matándose entre sí. En otras palabras, sobreviviendo de manera alienada y autodestruyéndose. Porque el proletariado, que en su mayoría ya no es fabril sino de servicios y excedentario, no está militando para la revolución y ni siquiera para la revuelta, sino que es un ejército en activo y de reserva para la reproducción de las relaciones capitalistas y sus diferentes mafias empresariales con sus pugnas interburguesas, en Ecuador y en todo el mundo. Las recientes masacres en las cárceles y la violencia entre bandas de los suburbios de Guayaquil son el ejemplo más brutal de ello.

Y 2) porque las organizaciones y dirigencias que hegemonizan las protestas actuales, en última instancia, representan los intereses materiales de una pequeña burguesía rural y urbana que ha sido golpeada por la crisis y teme ser más golpeada. Lo mismo aplica para las burocracias sindicales que pelean por no perder sus privilegios como tales. Por eso es que las protestas actuales de la masa interclasista llamada "pueblo" se posicionan a favor de una fracción y forma del Capital-Estado ("las empresas públicas", "los derechos constitucionales", etc.) en contra de otra ("las privatizaciones", "el paquetazo neoliberal", etc.), pero no en contra y más allá de su totalidad profunda.

La relación de clase en la vida cotidiana es lo realmente determinante en esta sociedad. Su reproducción o su ruptura es, por tanto, lo realmente determinante en la lucha de clases y la correlación de fuerzas. Lo demás es andarse por las ramas y las nubes, incluido el culto a la legítima violencia de algunos jóvenes proletarios contra la brutal represión de los policías. Porque esto no es una cuestión de forma (la violencia) sino de contenido (la relación de clase): de hecho, la represión estatal sólo es una forma violenta para mantener a raya la reproducción de la fuerza de trabajo y el orden mercantil. No sólo la teoría comunista, sino principalmente la realidad social de la misma calle es la que se encarga de bajarnos a golpes de esas alturas. Un ejemplo concreto del día de ayer en Quito que pudimos observar con nuestros propios ojos después de recibir bombas lacrimógenas de la policía: la abismal y simultánea diferencia entre la marcha del Centro Histórico y la normalidad mercantil de La Marín y del resto de la ciudad. En otras partes del país, también hubo marchas y cierre de carreteras. Hoy día también. Y tal vez los próximos días también. Pero la producción y la circulación de mercancías, de plusvalía y de capital continuaron, continúan y continuarán su curso normal. No es ni será la primera vez que esto ocurra, excepto hasta que la relación de clase y la normalidad capitalista sean subvertidas por los proletarios en sus propios lugares de trabajo y de vida cotidiana. Excepto hasta que, como dijimos anteriormente, el proletariado se apropie de la producción social y ejerza su poder social sobre la dictadura social y cotidiana del Capital y su Estado. Sólo entonces temblarán de terror los burgueses, sus políticos, sus sicarios uniformados, sus medios de desinformación masiva y sus lacayos de "clase media" que despotrican en redes sociales contra las protestas de "los vagos" y "los violentos", cuando en realidad violencia es tener que elegir entre el pasaje y el pan o entre el arriendo y la comida. La burguesía lo sabe. Ya es hora de que el proletariado también lo sepa.

Si bien como ínfima minoría de proletarios anticapitalistas tenemos más preguntas incómodas que respuestas (auto)complacientes, mismas que sólo se pueden responder con el tiempo y la praxis de clase y no de grupúsculos políticos, no nos queda más que seguir luchando por sobrevivir y apoyándonos mutuamente entre los más cercanos, al igual que todos los desposeídos y explotados, al igual que todos los nadies... hasta que la realidad sea tan insoportable para la mayoría de la gente de a pie que no tenga otra opción real que luchar, de manera organizada y consciente con cabeza y mano propias, por transformarlo todo de raíz por la necesidad concreta de vivir de verdad. Pero para ello, para vencer a la contrarrevolución vigente, aún falta mucho: aún faltan muchas crisis, golpes, luchas, derrotas y lecciones que aprender en la práctica.

A pesar del malestar social y las protestas, el putrefacto orden capitalista reina en la mitad del mundo.

Algunos proletarios desempleados y cabreados de la región ecuatoriana
27 de Octubre del 2021
 
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26 de octubre de 2021

[Ecuador] ¡Octubre vive, la lucha sigue!... Pero no cometamos los mismos errores del 2019. Aprendamos y apliquemos las lecciones de la historia

Dialogar y negociar con los explotadores y asesinos del proletariado −indígena y mestizo−, fue la derrota de la revuelta.
Confiar en “representantes y salvadores del pueblo”, aunque se vistan de rojo y se digan “compañeros”, pero que en realidad sólo velan por sus propios intereses de poder y de dinero, es una derrota.
Confiar en las instituciones, las elecciones, los gobiernos −tanto de derecha (ej. Moreno y Lasso) como de izquierda (ej. Correa)−, las leyes y las reformas de la clase dominante, es una derrota.
Luchar por migajas y no por todo el pastel (la riqueza social) que las y los trabajadores hacemos con nuestras propias manos y herramientas, es una derrota.
No protestar contra tanta miseria y opresión que sufrimos todos los días, es una derrota.
 
Proletarios:
Confiemos en nuestras fuerzas y sólo en nuestras fuerzas.
Confiemos en la organización autónoma y la acción directa de masas (desde ollas comunes y asambleas autoconvocadas hasta barricadas y enfrentamientos con las fuerzas represivas) para satisfacer nuestras necesidades y reivindicaciones inmediatas.
Confiemos en la inteligencia y la creatividad colectivas.
Confiemos en el apoyo mutuo y la solidaridad de clase.
Porque la emancipación de las y los proletarios −con trabajo y sin trabajo− será obra de nosotros mismos o no será obra de nadie.

Y entre nosotros, dejemos a un lado los egos, los resentimientos, las diferencias ideológicas, las apariencias, las jerarquías, el aislamiento y la competencia.
Construyamos nuevas relaciones humanas entre nosotros desde ya, basadas en la igualdad, la honestidad y el apoyo mutuo entre hermanas y hermanos de clase, sin que intermedie la mercancía ni la autoridad.
Construyamos un tejido comunitario fuerte, autónomo, horizontal y combativo de los nadies que lo queremos y lo merecemos todo.
Porque Todo es de Todos (las y los proletarios hemos producido todo lo que existe en este mundo, por lo tanto, todo debería pertenecernos en común).
Y porque, contra la explotación capitalista y la represión estatal, nuestras mejores armas son la autoorganización y la solidaridad.

Proletarios:
Luchemos juntos y sin jefes por recuperar y transformar radicalmente nuestras vidas.
Luchemos, no sólo contra la nueva ley de precarización y superexplotación laboral, el aumento del costo de la vida, la evasión empresarial de impuestos mediante paraísos fiscales, los proyectos mineros, y el actual estado de excepción y la impunidad de los aparatos de represión so pretexto de “combatir la delincuencia y el narcotráfico”, pero que en realidad es para combatir las protestas de los explotados y oprimidos; es decir, no sólo contra este gobierno de un banquero ladrón, empresarios políticos mafiosos y policías asesinos, y no sólo por lograr mejores condiciones de existencia, sino que luchemos contra toda la burguesía y su dictadura llamada democracia, aboliendo sus condiciones de explotación y dominación. Aboliendo la misma relación de clase.
Luchemos contra su derecha y su izquierda, ya que, a fin de cuentas, ambas terminan siendo la misma mierda cuando “toman el poder”, alternándose en la administración del Estado y la crisis capitalistas, con diferentes medidas y discursos. Sin embargo, de la izquierda actual que no está en el poder sólo han de interesarnos sus bases cuestionando y desbordando a sus dirigentes en situaciones de revuelta e insurrección. Sí, sólo han de interesarnos el desborde y la ruptura revolucionaria desde las bases de las organizaciones de masas.
Luchemos contra el capitalismo −la raíz de todos los problemas actuales−, el cual incluye a toda forma de explotación y dominación entre seres humanos y sobre la naturaleza.
Luchemos contra todo lo que nos hace esclavos miserables de la propiedad privada, el trabajo, el dinero, las mercancías y las apariencias, aunque creamos que no lo somos.
Luchemos contra todo lo que nos hace muertos vivientes en las calles, las oficinas, los locales, las aulas, los buses, las casas y detrás de unas máscaras y unas pantallas digitales, aunque creamos que no lo somos.
Destruyamos lo que nos destruye en todo sentido; ataquemos las causas sociales de nuestras enfermedades físicas y mentales, esas que negamos u ocultamos a todo mundo, pero que nos destruyen día tras día, a solas y en silencio.
Creemos embriones de un mundo nuevo dentro del cascarón de este viejo mundo que se está pudriendo; creemos nuevas relaciones entre los individuos, para preservar, sanar y cambiar nuestras vidas rotas.
Impongamos por la fuerza las necesidades humanas y de la naturaleza sobre las necesidades de las empresas y de los Estados. Usando todos los medios que estén a nuestro alcance para ello. Yendo a las raíces de los problemas que nos aquejan a diario, para así tener objetivos y métodos claros, radicales y contundentes, no a medias tintas, de modo que nuestras luchas no sean en vano ni hagan más fuerte a nuestro enemigo, como pasó con la revuelta del 2019 hasta la fecha.
Luchemos juntos y sin jefes por recuperar y transformar radicalmente nuestras vidas.

Desde esta semana, salgamos todos a las calles para sumarnos a las movilizaciones de la clase trabajadora del campo y la ciudad contra la clase capitalista, para que estas vayan en aumento y se intensifiquen; para que las protestas se conviertan en revuelta.
Durante este mes, en otros países (Chile, Brasil, EE.UU., Francia, Argelia, Líbano, Corea del Sur, Australia) nuestros hermanos proletarios también se están levantando nuevamente, porque la crisis capitalista, el malestar generalizado y la lucha de clases son mundiales.
Participemos, pues, en las protestas locales, desbordando a sus convocantes y sus pacificadores o bomberos. Sí, las bases desbordando a sus dirigentes y reconociéndose con otros nadies en la acción directa.
Confiando sólo en nuestras fuerzas como clase, sin representantes ni salvadores.
Perdiendo el miedo a la represión estatal y a la calumnia de propios y extraños. Al mismo tiempo que cuidándonos los unos a los otros para salir sanos y seguros de los combates en las calles.
Organizando en el acto y entre iguales la digna rabia proletaria contra tanta miseria y opresión diarias.
Desplegando e incrementando nuestra potencia común, así como nuestra rebeldía y alegría de vivir.
Interrumpiendo violentamente la violenta normalidad capitalista. Golpeando donde realmente le duele a este sistema. Reapropiándonos masivamente de los medios de producción y distribución, los servicios y los bienes de consumo. Imponiendo la gratuidad y la abundancia de todo para todos. Creando nuestros propios órganos asamblearios de poder revolucionario para tomar estas medidas comunizadoras. Creando nuevas relaciones no mercantiles ni jerárquicas entre las personas y con las cosas. En fin, usando la autoorganización y la solidaridad de clase como nuestras mejores armas para recuperar el control sobre nuestras luchas y vidas.
Porque esto es una guerra de clases y hay que asumirla como tal hasta las últimas consecuencias; es decir, no sólo hasta arrancharle a la burguesía y su Estado mejores condiciones de existencia para nosotros los desposeídos, explotados y oprimidos, sino hasta abolir la sociedad de clases e instaurar la comunidad humana real, aquí y en todas partes.
Aunque todo esto nos lleve varias generaciones, hay que empezar a hacerlo desde ya, antes de que la actual catástrofe y descomposición del capitalismo nos extinga como especie de la faz de la Tierra. 
 
¡Viva el paro nacional y la lucha proletaria internacional!
¡Por una nueva revuelta sin jefes ni medias tintas!
¡En comunidad y con organización, de la revuelta a la revolución!


Algunos proletarios desempleados y cabreados de la región ecuatoriana
Octubre del 2021

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*Se agradece difusión, traducción y discusión*