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22 de agosto de 2025

De Gaza al conflicto global: guerra capitalista y solidaridad internacionalista

Asamblea Internacionalista Contra la Guerra. Región griega. Agosto de 2025
Traducido por y tomado de Biblioteca Autónoma Laín Díez. Región chilena
 
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Contra el “campismo”: una respuesta de clase internacionalista a la guerra capitalista

Si no resistimos ahora por todos los medios posibles a esta escalada bélica, pronto nos encontraremos entre la espada y la pared. Desde la perspectiva de los intereses proletarios, no existen guerras “justas” o “defensivas”. Tales distinciones son una mistificación que oculta el conflicto entre capitales nacionales y bloques imperialistas por el control de los mercados de capitales y materias primas, esferas de influencia y mano de obra barata. Cada parte envuelta en una guerra presenta su propio papel como “defensivo” y “justo”. Una victoria del Estado más débil lo hace más fuerte, reiniciando de nuevo el círculo vicioso, como lo ha demostrado la experiencia histórica. La derrota de un poder estatal más fuerte implica necesariamente el fortalecimiento del Estado-nación oponente y la movilización de la población en torno a él. Cualquier resistencia de clase debe ser aplastada para imponer la paz social y la unidad nacional.

En el pasado, el apoyo a los nacionalismos “débiles” y a sus respectivos Estados se disimulaba tras el fortalecimiento del llamado campo socialista. Hoy, ausente incluso esta pretensión, se abandona la crítica al capitalismo en favor de las distinciones culturales entre Occidente y Oriente o Norte y Sur, proclamadas por la ideología “anticolonial” y las políticas identitarias contemporáneas. Esta distinción es claramente irracional, mítica y reaccionaria, ya que el capitalismo es un sistema universal y global: “[ha] convertido todo el planeta en su campo de operaciones”, aunque la opresión religiosa, étnica y nacional obviamente sigue existiendo y no es “privilegio” de Estados específicos. La antigua y espectacular pseudo dicotomía, capitalismo versus “socialismo”, ha sido reemplazada por una nueva, desprovista de toda pretensión de emancipación social, como lo ejemplifica el apoyo “antiimperialista” a Irán, Rusia o China, salvo por la invocación de una hueca “teoría de las etapas”.

El apoyo a un campo imperialista, o campismo, es inherente a la ideología antiimperialista porque proporciona un análisis de arriba hacia abajo enfocado en los conflictos entre Estados, en lugar de una perspectiva proletaria arraigada en el conflicto global entre el capital y el proletariado. El apoyo a las fuerzas del “otro bando” y a los movimientos de liberación nacional asociados a ellas ni siquiera puede provocar el derrocamiento del imperialismo, que es inherente al capitalismo. Objetivamente, la posición política de apoyar a un bando imperialista allana el camino para la militarización más amplia de la sociedad y la guerra capitalista. Los antiimperialistas llegan incluso a apoyar los programas nucleares de supuestos “Estados débiles”, lo que puede conducir a la culminación de la guerra capitalista y a la destrucción total.

La única salida a la espiral bélica es la acción proletaria internacionalista con un claro carácter anticapitalista. Nos negamos a ser cómplices de cualquier ejército y de cualquier Estado. No apoyaremos a ninguno de los bandos en guerra. La única solución frente a la guerra es la organización autónoma de clase que lucha contra el capital y el Estado en nuestro propio país y el apoyo práctico a los que se niegan a hacer el servicio militar. También implica el apoyo a los desertores y objetores de conciencia del “otro bando”, así como la solidaridad práctica con los colectivos políticos y sociales que luchan contra la guerra capitalista en Rusia, Ucrania, Israel, Palestina, Irán y en todas partes. En lugar de esta práctica, que es la condición mínima necesaria para no convertirnos en carne de cañón del capital, presenciamos calumnias inaceptables sobre el “colaboracionismo” y la “traición nacional” contra los camaradas anarquistas y comunistas y, más ampliamente, contra los colectivos de la clase trabajadora (por ejemplo, en Irán).

Precisamente en este contexto, debemos expresar nuestra solidaridad con los —ciertamente escasos— objetores de conciencia en Israel, así como con aquellas fuerzas dentro de Israel que se resisten al genocidio que se está llevando a cabo en Gaza. La identificación de toda la población con su Estado es falsa, como demuestra el hecho de que 100.000 reservistas no se presentaran a filas tras la ruptura del alto el fuego por parte del Estado israelí. Hay que confrontar los incidentes de odio nacionalista israelí cuando ocurran. La lógica de los ataques indiscriminados contra turistas israelíes es racista, ya que atribuye la responsabilidad colectiva a toda la población, a la vez que debilita la ya débil corriente de oposición a la guerra dentro de Israel.

Estamos en contra de la guerra capitalista y de cualquier implicación del Estado griego en ella, en contra de la militarización de la sociedad y del aumento del gasto militar que se produce a expensas del salario social. Luchamos por la creación de un movimiento proletario internacionalista que no se someta a los intereses nacionales, al Estado y al capital, expresando solidaridad práctica con los colectivos proletarios y políticos —comunistas y anarquistas— que luchan en los países devastados por la guerra. Nuestro objetivo es construir lazos y comunicación con los proletarios internacionalistas. Sólo a través de la unidad global del proletariado podremos derrocar esta barbarie impuesta por los Estados y el capital. No debemos dejarnos arrinconar, sino acabar con la guerra capitalista luchando contra quienes la provocan. Nuestra guerra no es nacional ni religiosa. Es una guerra de clases social y antiestatal.

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Relacionados:

Israel/Palestina/Irán y otros lugares: ¡enemigos de la patria! ¡Siempre por traición a la patria! - Panopticon. Región alemana. Agosto de 2025

De Vinnytsia a Berlín. Contra los “anarco”-militaristas y su propaganda bélica - Konvulsismo y sus amigos. Región alemana. Agosto de 2025

14 de julio de 2025

Ni Tsahal ni Artesh*. Apoyamos a nuestras tropas… ¡cuando disparan a sus oficiales!

  

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Hace más de 20 meses que comenzó la masacre en Gaza. La campaña de exterminio, similar a la liquidación del gueto de Varsovia, está en pleno apogeo. Bombas “inteligentes”, bombas “tontas”, fósforo blanco, gas nervioso, ejecuciones sumarias, marchas de la muerte, torturas, violaciones… sistemas controlados por inteligencia artificial como “Lavender” o “Where’s daddy?” – un algoritmo diseñado para localizar a presuntos miembros de Hamás cuando están en casa con sus familias- eligen objetivos para que los operadores de drones militares reduzcan a polvo todo el edificio donde se encuentran. El hambre y las epidemias de cólera y polio provocadas deliberadamente por Israel terminan el trabajo entre las ruinas extremadamente superpobladas de la Franja de Gaza. Todo en aras de los sueños de un futuro desarrollo capitalista, una vez eliminados el proletariado sobrante y molesto. Como cantan los niños israelíes en el himno de exterminio orwellianamente apodado la «canción de la amistad» – «…volveremos a arar nuestros campos…».

Pero además de campos fértiles, estas quimeras también incluyen lujosos complejos turísticos costeros para Trump, prospecciones de gas para ENI y un tren de alta velocidad de Tel Aviv a El Cairo para Siemens. Por supuesto, será difícil crear este paraíso capitalista en una zona plagada de explosivos, profundamente envenenada por el amianto de los edificios destruidos, metales pesados, fósforo blanco, uranio empobrecido… y con los acuíferos saturados de agua de mar inyectada deliberadamente por el ejército israelí.

Mientras tanto, miles de muertos y decenas de miles de soldados mutilados que visten los uniformes israelíes ya se han unido a las víctimas de la masacre del 7 de octubre, y muchos más están por venir, ya que las fracciones burguesas dirigidas respectivamente por Irán y Estados Unidos están tratando por todos los medios de arrastrar a los proletarios que viven en sus territorios/países a esta carnicería. Israel, donde la unidad de la guerra y la paz capitalista siempre ha sido evidente, ya se está convirtiendo en un importante «teatro» de la catástrofe militar global en gestación.

En el momento de escribir estas líneas, todos estos preparativos militares están empezando a dar frutos envenenados, con Israel lanzando su largamente planeado ataque contra las instalaciones nucleares iraníes el 13 de junio, con bombas, misiles y drones causando estragos en ciudades iraníes e israelíes. Mientras tanto, los portaaviones de la Armada estadounidense rodean Irán y se posicionan en el Mar Rojo contra los hutíes, y las bases del ejército estadounidense en el Golfo Pérsico están en alerta máxima, al igual que los ejércitos de muchos países de la región. Trump se prepara para bombardear Irán; Khamenei se prepara para atacar las bases del ejército estadounidense.

En los últimos meses, sin embargo, el número de refuseniks** y desertores en Israel, antes pequeño, ha empezado a aumentar. Hasta el momento, cientos de reservistas se han negado públicamente a servir en el ejército, negándose a participar en la masacre de los proletarios en Gaza por parte del Estado israelí y denunciándola, aunque ello signifique ir a la cárcel. Unos 100.000 reservistas, alrededor de un tercio de todos los reservistas, simplemente no se han presentado. También hay «rumores» de que ya se están produciendo “fragging”*** en el seno del FDI…

La propaganda de nuestros enemigos burgueses intenta restar importancia a este movimiento para ocultar las crecientes grietas en la unidad nacional interclasista israelí.

Insisten en que los protagonistas de estas acciones no se preocupan realmente por los palestinos y que su negativa se debe «sólo» a que están agotados, a que no quieren morir o quedar lisiados o a que son despedidos de sus trabajos cada vez que son reclutados y se encuentran sin recursos en un contexto de aumento vertiginoso del coste de la vida. ¡Como si estas cuestiones no estuviesen unidas con la realidad material de la lucha por los intereses de nuestro enemigo de clase! ¡Este no es más que otro de sus intentos de impedir que reconozcamos que lo que nos une a ambos lados de la línea de trinchera es nuestra posición como clase explotada, como fuerza de trabajo movilizada o desechada según las necesidades de nuestros amos capitalistas! Impedir que nos veamos, a ambos lados de la línea de trinchera, ¡como hermanos y hermanas en la lucha de clases!

Desde mayo ha habido varias marchas hacia la frontera de Gaza en protesta contra la guerra, una de las cuales terminó en enfrentamientos con la organización Tzav 9, un despojo nacionalista que acudió a bloquear la entrada de alimentos en Gaza. Entre los manifestantes que exigían un «alto el fuego» y la liberación de los rehenes de Hamás, también se extiende la conciencia de los horrores que se están produciendo en Gaza. Al mismo tiempo, los hambrientos proletarios dentro de Gaza han organizado recientemente varias protestas furiosas, como hicieron en numerosas ocasiones antes del 7 de octubre, a pesar de lo que nos digan los propagandistas burgueses, pidiendo el fin de la masacre, ¡exigiendo comida y denunciando tanto a los carniceros del Estado israelí como a los capos de Hamás! Por supuesto, los falsos amigos del proletariado del bando de la «liberación nacional palestina» denuncian a estos manifestantes como «traidores» y «quintacolumnistas».

En cuanto a Irán, en los últimos meses ha estallado en muchas partes del país una nueva oleada de huelgas combativas de trabajadores del petróleo, camioneros y profesores, mientras que bajo la superficie hierve la ira proletaria y el deseo de venganza contra la burguesía por la brutal represión de los movimientos de la última década. Movimientos que, en su momento álgido, vieron cómo algunos soldados del ejército e incluso algunos miembros de la milicia Basij cambiaban de bando y se unían a la protesta. No olvidemos que los soldados iraníes saben cómo organizarse, cómo desobedecer órdenes, cómo desertar, cómo volver sus armas contra sus oficiales… ¡como demostraron durante la llamada guerra Irán-Irak!

El programa burgués es siempre el mismo:

– Masacrar a los proletarios en Gaza y Cisjordania… La voluntad del Estado israelí de masacrar a quien sea, siguiendo la «directiva Aníbal» tal y como demostró el fuego de ametralladora desde helicópteros militares el 7 de octubre.

– Enviar a proletarios a matar a otros proletarios o a morir en Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria o en cualquier otro lugar… por los intereses del Capital y de su Estado…

– La explotación sin fin y la espiral de miseria en la región de Oriente Medio y en el propio Israel…

Al proletariado no le queda más remedio que contraatacar y desarrollar su propia perspectiva, la práctica del derrotismo revolucionario:

– El proletariado lucha contra su propia burguesía, contra las fuerzas burguesas que lo explotan y reprimen directamente. Por eso, el proletariado en Gaza protesta contra Hamás y el Estado israelí, mientras que los proletarios israelíes se manifiestan contra su gobierno.

Podemos ver una creciente resistencia de clase contra la guerra en Gaza y Cisjordania, en Israel, en forma de innumerables manifestaciones y disturbios en todo el mundo, en forma de huelgas de trabajadores que se niegan a suministrar armas a Israel…

– Recientemente han estallado huelgas en la región de Oriente Medio – en Turquía, Irán y el propio Israel…

– Todas estas acciones constituyen orgánicamente un ataque contra la dominación burguesa en su conjunto. Expresar solidaridad con el proletariado en «Oriente Medio» significa luchar contra «nuestra propia» burguesía aquí y ahora.

Desarrollemos esto más:

– Los proletarios con uniforme del Estado de Israel y del Estado de Irán tienen que poner el último clavo en el ataúd del mito burgués de la “unidad nacional judía” y de la “revolución islámica”, inspirándose en los soldados norteamericanos en Vietnam y recientemente en los soldados rusos y ucranianos, ¡girando sus armas contra “sus propios” oficiales y explotadores, y sus esbirros!

Todos los mandos del FDI, todo político israelí y propagandista militar a sueldo del gobierno, todo operario leal de drones o piloto de caza ansioso por seguir arrasando Gaza, todo torturador en una prisión militar, todo policía militar encargado de aplicar el reclutamiento… merece temer por su vida…

Toda infraestructura militar o gubernamental, sea oficina, almacén… merece ser objeto de sabotaje, ocupación, saqueo… y ser reducida a cenizas.

Contra todos los ideólogos burgueses -ya sean de la «Hasbara» o de los «Liberadores Nacionales de Palestina» o del «Eje de la Resistencia»- tracemos la perspectiva del proletariado como clase mundial unida por sus intereses, sea cual sea el uniforme, la nacionalidad, el color… Resistamos todos los intentos burgueses de llevarnos a la masacre, de convertirnos en carne de cañón, de imponer sacrificios de economía de guerra…

¡Desertores y refuseniks de Israel, resistid con las armas en la mano al encarcelamiento!

Proletarios en Israel, compañeros – ¡la única alternativa a la actual catástrofe capitalista es levantarse en insurrección contra el Estado con vuestros hermanos y hermanas proletarios, palestinos, árabes, iraníes, turcos, americanos, europeos…!

¡Apoyamos a las tropas israelíes, iraníes y estadounidenses… cuando disparan a sus oficiales!

Contra la guerra capitalista y contra la paz capitalista… ¡afirmamos la insurrección proletaria mundial por el comunismo!

Tridni Valka / Grupo Guerra de Clases - Región checa, 21 de junio de 2025

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* Tsahal: Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Artesh: Ejército de la República Islámica de Irán.    

** Refuseniks: Proletarios de Israel, generalmente jóvenes, que se rehúsan a hacer el servicio militar obligatorio en ese país, es decir, que no se dejan reclutar por el ejército israelí para ir a matar a sus hermanos de clase palestinos, teniendo que soportar represión y cárcel por ello. Esta es una práctica derrotista concreta y actual dentro del propio Estado de Israel... y un ejemplo para los proletarios de todo el mundo, sobre todo de los países en guerra. 

*** "Fragging es el asesinato o intento de asesinato de un oficial por parte de un soldado de la misma unidad. El término se originó en el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam [1955-1975], donde las granadas de fragmentación (conocidas como "frags") eran a menudo utilizadas en estos actos, simulando accidentes o muertes en combate. 

El término "fragging" se utiliza ahora para describir cualquier acto de asesinato deliberado de un miembro de las fuerzas armadas por otro miembro, independientemente del arma utilizada. 

En el contexto de la guerra de Vietnam, el fragging era un fenómeno relativamente común debido a la falta de disciplina, el agotamiento de los soldados y el malestar generalizado con la guerra. Se cree que muchos incidentes de fragging ocurrieron en unidades de retaguardia, donde los soldados se encontraban en un ambiente menos peligroso y tenían acceso a armas y explosivos. 

El fragging puede ocurrir por diversas razones, como la incompetencia o abuso de autoridad por parte de los oficiales o el estrés del combate.

Es importante diferenciar el fragging de las muertes accidentales o bajas amigas, que son incidentes en los que soldados son heridos o asesinados por fuego amigo. 

A pesar de que el fragging se asoció principalmente con la guerra de Vietnam, también ha habido incidentes en otros conflictos y contextos militares." (Tomado de Gemini) 

"En la guerra de Vietnam se contabilizaron más de 700 ataques a mandos militares poco populares; sin embargo, la mayoría de las fuentes no dan crédito a este cálculo por demasiado bajo." (Tomado de Wikipedia)

6 de abril de 2025

[Revista] Revolución N° 3

Proletarios Internacionalistas ― Marzo 2025


Sumario

  • Presentación... p. 1
  • Precisiones sobre el derrotismo revolucionario... p. 3
  • Oriente Medio. La lógica de los Estados y el proletariado... p. 13
  • [Volante de la comunidad de lucha... p. 25]
  • Palestina. Una historia de miseria, masacres y sublevaciones... p. 26
  • El colonialismo y sus críticos... p. 38 

***
 

Presentación 

 
El desarrollo de la guerra imperialista sigue desarrollándose y generalizándose avistando nuevas escaladas a nivel mundial. A la persistencia de las decenas de guerras, con Ucrania como centro de atención internacional, se ha sumado durante el último año una nueva masacre en Palestina, la más brutal desde que el Estado de Israel asume la función de gendarme en esa zona del planeta. A su vez, los discursos altisonantes de dirigentes burgueses y las tensiones diplomáticas que se acumulan entre gobiernos no son una mera sobreactuación para nutrir el espectáculo de la esfera política, sino que manifiestan un clima de beligerancia real, determinado por las necesidades actuales de acumulación capitalista que exigen de forma cada vez más acuciante, una destrucción masiva de fuerzas productivas para seguir reproduciendo las relaciones sociales existentes. 
 
Las causas de las guerras se encuentran en el mismo capital, en su propia composición orgánica contradictoria, constituida por átomos de valor que sobreviven a costa competir y valorizarse constantemente en un ciclo infinito, el cual incorpora una limitación en su propia capacidad de valorización como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas. La apropiación de la riqueza social a través de la guerra, la destrucción violenta de las fuerzas productivas de sus competidores, etc., se le presenta a la burguesía como una forma ineludible de atacar los límites de valorización del capital que personifica. Esa es la forma fenoménica bajo la cual se materializa la necesidad del capital global de reproducir nuevos ciclos de valorización.

Quien dice destrucción de fuerzas productivas no sólo dice destrucción de cosas, sino también de seres humanos, en concreto de proletarios. La proletarización del mundo corre pareja a una mayor composición orgánica del capital creando serias perturbaciones, pues no sólo se amontonan masas de seres humanos cada vez más amplias que dejan de ser útiles para la acumulación capitalista como consecuencia del desarrollo tecnológico, sino que son una fuente de desvalorización y una amenaza de subversión. Los niveles actuales de exterminio de seres humanos por innumerables guerras localizadas, revelan esa necesidad destructiva del capital.
 
Para colmo, esa realidad catastrófica no es suficiente para saciar la voracidad de la tasa de ganancia, pues sólo otorga pequeñas reactivaciones económicas al interior de un ciclo de valorización agotado. La dictadura de la tasa de ganancia exige más, pide un salto cualitativo en esa dirección para reiniciar un nuevo ciclo de acumulación “saneado”. Si la situación es catastrófica a todos los niveles, la perspectiva lo es aún más. La contraposición entre las necesidades de la economía y las necesidades humanas adquiere un nuevo peldaño cada día. Los esfuerzos de guerra se suceden por todas partes, lo que precisa enrolar a los proletarios en los diferentes frentes de la guerra imperialista. La escalada bélica ocupa directamente el nivel de la vida cotidiana.

Sin embargo, esta realidad desoladora tiene otra cara. El aumento e intensificación de la guerra y de la explotación del proletariado no acontece sin convulsiones. El enrolamiento masivo de proletarios como carne de cañón, el sacrificio por la economía nacional, aunque refleja el sometimiento del proletariado a las necesidades reproductivas del capital, exacerba al mismo tiempo las contradicciones sociales. El matadero imperialista, los esfuerzos de guerra con los planes anticrisis y los paquetes de austeridad hacen cada vez más insostenible la existencia del proletariado y lo espolean a luchar para defender sus necesidades materiales de vida. La carnicería imperialista genera diferentes momentos y materializaciones de rechazo que erigen una práctica social que los comunistas denominamos derrotismo revolucionario. Esa práctica, esa respuesta elemental, primaria, de los que son condenados a reventar como carne de cañón por los intereses de sus amos, contiene en su interior la única perspectiva para el género humano. En su despliegue no sólo se contrapone a la guerra, sino también a la paz de los cementerios de esta sociedad, lo que supone la negación del capital. La perspectiva en última instancia siempre ha sido guerra o revolución. La transformación social no es un sueño utópico, es una realidad social sustentada en la lucha del proletariado contra su condición de paria.
 
Ante ese peligro para el orden dominante, constatado históricamente en innumerables insurrecciones y levantamientos, algunos de los cuales hicieron tambalearse la relación social capitalista, la burguesía se desdobla. Los mismos que nos hacen la guerra nos hablan de paz, los mismos que nos explotan nos llaman a mejorar nuestras condiciones de vida, los mismos que aplican medidas de austeridad exigen su retirada. Se presentan con otro ropaje y bajo un discurso de oposición que encubre precisamente que su práctica social parte de las necesidades de reproducción del capital, son alternativas al interior de la gestión de la explotación.

El mantenimiento del orden social y la organización misma de la clase burguesa están determinados por la capacidad de dividir y dominar al proletariado para su explotación y llevarlo, si es necesario, al matadero, lo que implica ese desdoblamiento de la burguesía. Izquierda y derecha, proteccionistas y liberales, fascistas y antifascistas, imperialistas y “antiimperialistas”, etc. Si es necesario, la burguesía recubre su política criminal bajo la bandera de la revolución. Pero ninguna fracción burguesa ni ninguna política económica puede evitar el desarrollo de la explotación, el antagonismo entre clases e inevitablemente la confrontación.

Guerra o revolución, esa es la perspectiva que cada clase social contiene como consecuencia de sus propias condiciones de reproducción en esta sociedad. Pero no se trata de perspectivas separadas en el tiempo o en el espacio, sino de polos contrapuestos de una misma realidad. Esas perspectivas existen, se desarrollan y se enfrentan. Es interés de los revolucionarios poner ese antagonismo en evidencia. Como lo es organizar, estructurar e impulsar la contraposición al orden social existente para alcanzar sus últimas consecuencias, es decir la resolución a través del comunismo, de la revolución social.
 
Por eso no es casualidad que la cuestión del derrotismo revolucionario vuelva a retumbar hoy entre minorías militantes del proletariado. Nada más natural que grupos y militantes revolucionarios de diversas latitudes sientan hoy de nuevo la necesidad de organizar, estructurar y centralizar la práctica derrotista. Grupos que a contracorriente asumen la difusión de informaciones de las luchas y resistencias a la guerra, ponen a la orden del día la organización de las deserciones y otras acciones contra la maquinaria bélica, constituyen redes de apoyo a desertores y refugiados, discuten los diversos aspectos programáticos inherente a esa práctica social, así como de las tácticas a llevar a cabo. Todos ellos son parte de una misma comunidad de lucha internacional e internacionalista que surge del seno del proletariado, de su lucha, que busca romper la dispersión localista que nos debilita. 

A todos ellos, y, en general, a todos esos proletarios que resisten como pueden el avance de la trituradora de carne capitalista, dirigimos el actual número de Revolución y el siguiente. El presente número, además de abordar el contenido material y programático del derrotismo revolucionario, se centra en lo que viene sucediendo en Oriente Medio. No sólo en cuanto a los últimos años, sino desde la instauración del Estado israelí. Al respecto, lejos de clamar como víctimas indefensas ante la brutal masacre que sufrimos, y confrontados a la lógica de los Estados que se reproduce por todas partes, nos colocamos en el terreno del combate de clases, en la lucha del proletariado en Oriente Medio, especialmente en Palestina, verdadero vector de lo que sucede en la región.

La próxima revista la dedicaremos íntegramente a la guerra en Ucrania. Aunque nos hubiera gustado unificar todos estos materiales en una misma revista, la densidad de los mismos, así como el retraso que tenemos con los materiales sobre Ucrania por un cúmulo de motivos, nos han convencido de que era la mejor opción.
 
Nuestro objetivo con estos materiales es contribuir a las tareas derrotistas. Profundizar, fortalecer y estructurar esa práctica, esa perspectiva que nuestra clase trata de imponer contra todas las fracciones burguesas, luchando allí donde está contra “su propia” burguesía, transformando la guerra imperialista en guerra revolucionaria del proletariado mundial contra la burguesía mundial.
 
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Relacionado:
 

8 de noviembre de 2023

[Gaza] «Los antagonismos se desarrollan siempre y son actuales»

Entrevista a E. Minassian por Le serpent de mer (30 de octubre de 2023)

Tomado de Mapas y Huellas

Nota de PR: A nuestro criterio, este es, hasta el momento, el mejor análisis sobre lo que está aconteciendo en Gaza, desde la crítica de la economía política y las relaciones de clase en ese territorio. Por eso lo publicamos y alentamos su difusión y discusión para la clarificación al respecto.

Más concretamente, lo publicamos y comentamos porque este texto expone de manera bien informada, con conocimiento de causa, claridad y detalle los intereses materiales específicos que movilizan y enfrentan militarmente al Estado israelí y al aparato proto-estatal de Hamás como lo que en realidad son: diferentes fracciones del Capital internacional en Medio Oriente. De donde se desprende la tesis de que no se trata de una guerra inter-imperialista propiamente dicha, sino de una gestión militar y genocida de la crisis de valorización y, sobre todo, del proletariado supernumerario o excedentario en esa región del planeta. Porque para el modo de producción y reproducción social capitalista todo lo que no produce valor debe ser destruido. Sí, matar proletarios sobrantes para dejar de mantenerlos y que no se conviertan en una clase subversiva. He ahí el quid de "la cuestión palestina", desde la crítica de la economía política y el análisis de las relaciones de clase.
 
Evidentemente, este proletariado es reclutado, ideologizado y usado como carne de cañón de lado y lado, porque cada bando nacional ya lo hace "puertas adentro": mientras la burguesía israelí –representada por el partido de Netanyahu que hoy está en el poder– explota, reprime y destruye al proletariado de la región israelí, la burguesía palestina –representada por Hamás, Al Fatah, la ANP, la OLP y el FPLP– explota, reprime y destruye al proletariado de la región palestina. Ahora lo están haciendo "puertas afuera". Más que la internacionalización de un conflicto nacional, este es, desde sus orígenes, un conflicto internacional que hoy se vuelve a revelar como tal: un conflicto de intereses entre un polo de gestión de fuerza de trabajo y acumulación de capital dominante (Israel) y un polo de gestión de fuerza de trabajo y acumulación de capital subordinado o, como demuestra Minassian, «subcontratista» (Palestina). El capitalismo y sus contradicciones de clase no tiene patria; pero, usa la patria como fantasía con fuerza material o como comunidad ilusoria para que los proletarios sobrantes de diferentes territorios se maten entre sí y el único ganador sea el Capital y sus representantes. 
 
Contradictoriamente, también hay luchas proletarias que, por múltiples factores, se encuentran subsumidas bajo banderas nacional-populares. De hecho, ese es el caso de las luchas del proletariado de la región palestina bajo el manto de "la resistencia del pueblo palestino". Sí, lo ponemos entre comillas, porque "el pueblo palestino" en realidad incluye y confunde de manera interclasista, frentepopulista, nacionalista y, para colmo, étnica ("árabe") y religiosa ("musulmán") a la burguesía palestina y al proletariado de la región palestina; es decir, a explotadores y explotados, donde los segundos son sacrificados en beneficio de los primeros so pretexto de "Palestina libre", "la liberación nacional", "el antiimperialismo/antisionismo" o "la descolonización"... y el islam. ¿Premodernidad o alternativa a la modernidad capitalista y colonial? Al contrario: postmodernidad capitalista galopante de la mano de la contrarrevolución burguesa internacional. No en vano tanto estalinistas y nacionalbolcheviques como postmodernos de izquierda e islamistas apoyan "la causa palestina".

Por lo pronto, entonces, allí no existe síntomas ni atisbos de una lucha proletaria autónoma, internacionalista y revolucionaria, de acuerdo con Minassian. Mejor dicho, aparte de luchar por mercados y flujos de circulación y acumulación de capital en tiempos de crisis, eso es precisamente lo que busca prevenir el actual conflicto militar entre la burguesía israelí y la burguesía palestina: la emergencia de un proletariado revolucionario e internacionalista en los hechos, como ya ha ocurrido en anteriores guerras en Irak y en Irán; sobre todo, por parte de los proletarios no tanto de la Franja de Gaza cuanto de Cisjordania, dadas las características geoeconómicas y las relaciones de clase específicas de dicho territorio, según Minassian. En cualquier caso, esta es una guerra contra el proletariado.

Y por eso mismo, la posición revolucionaria invariante de internacionalismo proletario y derrotismo revolucionario necesita este tipo de análisis materialista de clase para "aterrizar" o reafirmarse y afinarse de manera realista sobre el terreno como perspectiva comunista en el presente y el futuro. Situada en el actual ciclo histórico-mundial todavía contrarrevolucionario, la posición del internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario ciertamente no es una táctica inmediata pero tampoco un "radicalismo abstracto", sino una perspectiva histórico-materialista de las minorías comunistas 
–y anarquistas internacionalistas– del proletariado mundial. Porque esta no es nuestra guerra como clase para dejar de serlo, sino una guerra localizada entre fracciones de la burguesía internacional contra nuestra clase que en realidad no tiene patria y está siendo usada como carne de cañón. 
 
En otras palabras: el hecho de que lo que está aconteciendo en Gaza sea una guerra contra el proletariado y de que éste no se encuentre en condiciones de actuar como clase autónoma y antagonista –al menos no en Gaza–, no invalida, sino que más bien ratifica la posición internacionalista de estar en contra, o a favor de la derrota (derrotismo revolucionario), tanto del Estado burgués llamado Israel como del Proto-Estado burgués llamado Palestina. 
 
Así como también, en contra y más allá del confusionismo reinante en la izquierda mundial bajo la bandera de "antiimperialismo, antifascismo/antisionismo y liberación nacional o autodeterminación de los pueblos". Izquierda que, por enésima vez, se revela como la izquierda del Capital-Estado, sobre todo en este tipo de coyunturas parteaguas entre el terreno de la burguesía y el terreno del proletariado. Ejemplo: "anarquistas" a favor del Estado en gestación llamado Palestina.
 
Frente a tal confusionismo, la clarificación es una praxis revolucionaria, entre otras como, por ejemplo, las acciones directas de solidaridad con "la resistencia del pueblo palestino" en todo el mundo. “Resistencia” bajo la cual, en realidad, subyacen luchas del proletariado palestino contra la burguesía palestina, no tanto en Gaza cuanto en Cisjordania. Por lo tanto, los comunistas y anarquistas internacionalistas no nos solidarizamos con ese Estado en gestación llamado Palestina, sino con el proletariado de la región palestina que lucha como y cuando puede contra su propia burguesía, además de luchar contra el Estado burgués y terrorista de Israel tal como "David y Goliat". 
 
Todo esto, sin hacerse ilusiones ni haciendo grandes declaraciones, sino teniendo presente que todavía nos encontramos en un período histórico-mundial contrarrevolucionario y que, en consecuencia, aún no existen las condiciones para “transformar la guerra imperialista en guerra de clases y revolución mundial”, ni siquiera para instaurar una comuna antiestatal y apátrida entre proletarios palestinos e israelíes. Al contrario, es una época y un territorio donde se impone el terror del Estado y del Capital para matar como cucarachas a proletarios sobrantes, porque –vale subrayarlo– ya no producen valor y para evitar que devengan una clase subversiva, como aconteció en la guerra del Golfo.   

Que quede claro también que no somos indiferentes o indolentes frente al asesinato diario de miles de proletarios en Gaza, niños incluidos, por parte del Estado de Israel. Tampoco nos interesa conformarnos con tener la razón frente a los reformistas y reaccionarios viscerales de ambos bandos nacionales. No es una cuestión ideológica, moral ni mucho menos sentimental. Es una cuestión de método y perspectiva, en el marco del determinismo de la historia mundial de las sociedades de clases, en general, y de los ciclos históricos de la lucha de clases, en particular. Marco dentro del cual tanto el activismo voluntarista como el teoricismo contemplativo son impotentes. Por lo tanto, junto con aportar a la autoclarificación de los proletarios de todas partes, lo que nos interesa es hacer y/o usar un análisis materialista cuyo núcleo-motor es el antagonismo de clases real y su potencia histórica para abolirse/superarse en medio de la actual catástrofe capitalista global. Decimos usar porque, a través de la propaganda, la agitación y la acción colectiva, la teoría revolucionaria es un arma práctica de la lucha proletaria o no es.
 
Si es verdad que el capitalismo produce su propio sepulturero y que la guerra simplifica los conflictos sociales, entonces es posible que la actual guerra interburguesa contra el proletariado tarde o temprano produzca las condiciones objetivas y subjetivas para que éste le haga la guerra al capitalismo y a todos sus Estados y fronteras nacionales, étnicas, religiosas y de todo tipo; en fin, la guerra a la sociedad de clases, hasta abolirla y arrojarla al basurero de la historia. Sustituyéndola por una Comunidad humana real y mundial que sea gestada al calor de esa misma lucha, y organizada de tal modo que la explotación y la opresión sean ya imposibles o cosas del pasado. Decimos que todo aquello es posible porque no se trata de una "fatalidad", sino de una posibilidad histórica entre otras en medio de la actual catástrofe capitalista global. Porque, como bien dice el autor del texto, «los antagonismos se desarrollan siempre y son actuales». Y porque el comunismo, entendido como el movimiento real que subvierte las condiciones existentes, sólo se desarrolla al calor de los antagonismos de clases, en contra y más allá de sus límites nacionales.


«[...] Lo que está ocurriendo no es una guerra inter-imperialista. Es esencialmente un «asunto interno», en el que los campos «nacionales» son una cortina de humo. No hay lucha proletaria en los acontecimientos actuales. La militarización de los antagonismos, producida concertadamente por Hamás y la clase dirigente israelí, produce una “resistencia” que no contiene ninguna lógica de lucha proletaria autónoma ni siquiera incipiente.

No es una guerra, sino una gestión del proletariado supernumerario con medios militares que son los de la guerra total, por parte de un Estado democrático, civilizado y perteneciente al bloque central de la acumulación. Estos miles de muertos me parecen tener un significado particular. Pintan un cuadro aterrador del futuro, de las crisis del capitalismo que se avecinan.

Pero una gestión del proletariado supernumerario por medio de bombardeos en alfombra que, en la forma en que es vista como legítima por todos los Estados centrales del espacio capitalista, hace que lo que está ocurriendo ahora forme parte de una ofensiva global. En Francia, este carácter global es particularmente sobresaliente: hemos entrado en una fase en la que incluso las formulaciones políticas detrás de consignas humanistas son reprimidas -ahí donde podrían producir encuentros con una actividad callejera de las clases peligrosas. No hay una “importación” del conflicto, hay una ofensiva global. En este sentido, para nosotros en Francia, la lucha se está librando realmente aquí, contra Francia. Tenemos que traicionar a nuestra propia nación, siempre que sea posible. [...]
 
La guerra es siempre, creo, un intento de resolver la crisis de valorización capitalista, como una operación de desacumulación. Pero también es la expresión de la ruptura del equilibrio que preside la relación Estado-capital. Es un momento de crisis en el que el control del capital, del capital global, sobre el Estado se afloja en beneficio de la monopolización del Estado por determinados sectores capitalistas particulares, o incluso clanes y políticos. La guerra entre capitalistas no es sólo una guerra entre imperialismos. Enfrenta a múltiples actores que, en ausencia de salvaguardias, harán a veces apuestas arriesgadas, jugándoselo todo a una carta para intentar sacar provecho de una convulsión de las fuerzas presentes. Este es el tipo de espiral al que asistimos desde la guerra de Ucrania. Los frentes congelados están resurgiendo: hemos tenido Karabagh, ahora es Gaza. [...]
 
Hamás es un movimiento interclasista, lo que explica sus movimientos erráticos. A mediados de la década de 2000, la burguesía comercial de Cisjordania llegó a identificarse masivamente con él: el movimiento ganó las elecciones legislativas de 2006 como el partido del orden: prometía poner fin al caos de seguridad, silenciar las armas, luchar contra la corrupción y desarrollar un aparato estatal de probidad, que garantizara el orden social, con una redistribución social basada en la caridad. Paradójicamente, parecía ser el partido anti-Intifada, y la mayoría de las personalidades influyentes de los dos centros económicos de Cisjordania, Naplusa y Hebrón, se pusieron de su lado en aquel momento, mientras seguían vinculados a los intereses económicos jordanos. Hamás ganó las mismas elecciones legislativas en Gaza, pero presentando las consignas de resistencia y reclutamiento militar dirigidas al lumpenproletariado de los campos de refugiados. La lógica no era de levantamiento ni de movimiento social, sino de clientelismo militar. A diferencia de Cisjordania, en Gaza no existe una burguesía mercantil urbana.

Desde entonces, el interclasismo no ha estallado. Hamás sigue utilizando lógicas de movilización opuestas. El jefe de su brazo armado, Mohammad Deif, es una especie de icono mítico, superviviente de numerosos intentos de asesinato selectivo. Se disfraza de James Bond para hablar con los adolescentes de los campos de refugiados, mientras los dirigentes en traje y corbata pasan su tiempo en hoteles de 5 estrellas de Qatar y comen todo tipo de delicatessen con ministros y capitalistas del mundo árabe y turco. Y si es la franja de Mohammad Deif la que lanza una operación como la del 7 de octubre, la franja de traje y corbata lo deja pasar porque tiene esperanzas secretas de cosechar los frutos en los pasillos diplomáticos. [...]

«Supernumerarios», en el sentido de que el trabajo en Gaza no permite casi ninguna acumulación capitalista. El capital que circula en Gaza procede esencialmente de rentas (y aun así, son rentas muy pequeñas): rentas de la ayuda exterior (Irán y Qatar), rentas de situaciones de monopolio (los túneles). Los beneficios generados no son el resultado de la explotación del trabajo por los capitalistas. La reproducción de los proletarios y la valorización son dos procesos distintos, como diría el otro. La inmensa mayoría de los patrones son pequeños y el Estado no regula nada.
 
Gaza es una zona completamente al margen de los circuitos de valorización capitalista, como muchas otras periferias del mundo. No existe una «burguesía nacional», porque no existen capitales gazatíes. Tampoco existe una «burguesía tradicional», como en Cisjordania o Jerusalén: viejas familias basadas en un capital mercantil y propietario retógrado pero todavía eficaz en las relaciones sociales. En Gaza, en cambio, existe una nueva forma de burguesía «compradore», basada en las rentas de circulación. No se trata de una clase en sentido estricto, sino de una formación social que obtiene ingresos masivos de su posición de intermediario en los intercambios con capitalistas extranjeros (en contraposición a una burguesía con intereses en el desarrollo de la economía nacional).

Parte de esta burguesía coincide con el aparato político de Hamás, porque el capital que circula procede en gran medida de una renta de carácter geopolítico, proveniente de Estados como Qatar o Irán. Pero también hay otras rentas, vinculadas al tráfico fronterizo con Egipto, por ejemplo. Se han creado fortunas en torno a los túneles de contrabando, y aquí nos encontramos más bien en el ámbito de lo feudal globalizado, típicamente una relación patrones-trabajadores. En 2007, se produjeron intensos enfrentamientos armados entre formaciones sociales basadas en clanes y el aparato político-militar de Hamás en Rafah, en el sur de la Franja, por la fiscalidad de la circulación de mercancías.

Hamás, a diferencia de la Autoridad Palestina (AP), no se encarga de los servicios públicos, ni paga los salarios: éstos los paga siempre la AP. Además, se trata de un chantaje permanente: la AP recorta o reduce regularmente los salarios de los funcionarios de Gaza para debilitar a Hamás.

También con cierta regularidad, y sin duda en parte como consecuencia de ello, se producen movilizaciones «sociales» en demanda de dignidad: normalmente agua, electricidad y salarios. Hamás las reprime, de forma más o menos violenta, pero con una cierta moderación que sugiere que se cuida de no echar leña al fuego. La actual ofensiva militar está en continuidad con un episodio similar que tuvo lugar este verano. Es fácil imaginar que existe un vínculo, o al menos una lógica, entre estos dos tipos de acontecimientos.

Desafiar a Hamás como gestor y apoyar a Hamás como combatiente no son en absoluto antagónicos. El primero atenta contra tu dignidad, mientras que el segundo la vengará. Sin Hamás-combatiente, Hamás-gerente probablemente tendría que enfrentarse a un desafío mayor en Gaza. [...]

La Franja de Gaza ha sido durante mucho tiempo el «vertedero» de supernumerarios que he mencionado antes. Un territorio minúsculo al que se empujó una avalancha de refugiados en 1947-1948, sumergiendo a la población local, que era esencialmente campesina. Allí no hay recursos. En Cisjordania, la estructura de clases es diferente, con ciudades y notables. Y hay recursos agrícolas e hídricos, que Israel monopoliza. Los salarios son el doble y hay algunas industrias, éstas descansan en una integración relativa entre la clase compradore de la AP y el capital israelí. Al Fatah, que gobierna las ciudades, es un partido que ya no tiene ninguna coherencia social. En 2006 perdió las elecciones frente a Hamás. En 2007, dio un golpe de Estado, apoyado por Israel y Estados Unidos, para conservar los resortes del poder público en las ciudades de Cisjordania, «abandonando» Gaza a Hamás. Desde entonces, carece de legitimidad basada en cualquier forma de procedimiento democrático. Su poder se basa en la cooperación con Israel, oculta tras una retórica nacionalista que suena hueca. Gobierna enclaves separados entre sí, cada vez más cercados por asentamientos, los que son regularmente penetrados por el ejército israelí. En cuanto al proletariado de Cisjordania, está más integrado en el capital israelí que el de Gaza. Muchos trabajadores palestinos de Cisjordania trabajan, legal o ilegalmente, en territorio israelí o en los asentamientos. Tienen vínculos económicos con los palestinos de 1948, aquellos que tienen la ciudadanía israelí; a menudo hablan hebreo.

La Franja de Gaza me parece perdida por el momento desde el punto de vista de una posible actividad proletaria. La situación es diferente en las ciudades de Cisjordania, donde la lucha interpalestina por el control político se desarrolla desde hace años con manifestaciones autónomas de lucha de clases. El control social está garantizado conjuntamente por un aparato de seguridad dirigido por capitalistas compradore dependientes de Israel y baronías urbanas vinculadas a Jordania. La coherencia de esta clase sigue desintegrándose, Al Fatah ya no regula nada y cada cual intenta labrarse su propio feudo a costa de los demás. El acontecimiento esperado que debía aclarar todo esto era la muerte del dinosaurio paranoico Mahmud Abbas, pero las cosas están destinadas a acelerarse. [...]}
 
Pase lo que pase, las cosas van a cambiar. La AP tendrá dificultades para mantener el control de la seguridad. La coherencia del estamento político y de seguridad se verá seriamente puesta a prueba. [...]
 
Sin embargo, siento cierta expectación ante la idea de que el peso nocturno de represión e inmovilidad producido por la AP durante los últimos 15-20 años será barrido, y que el colapso de la policía permitirá la explosión social que tanto se ha esperado. Las relaciones de clase en Cisjordania son excepcionalmente violentas. La burguesía cisjordana se ha beneficiado durante mucho tiempo de esta situación de cooperación con Israel, se ha saciado hasta el hartazgo. Sería bueno que se aprieten un poco las nalgas. [...]
 
La guerra también me parece un síntoma de la pérdida de coherencia de la clase capitalista; y al mismo tiempo la unidad militar oculta esta pérdida de coherencia. El colapso militar israelí del 7 de octubre parece derivarse en gran medida de la lucha que atraviesa a la clase capitalista israelí y que, por primera vez, ha alcanzado a la institución militar. En los últimos meses, la lucha ha sido intensa y se ha extendido a las calles. El viejo Israel, askenazí, burgués, laico y militar, que se acumula verticalmente en Tel Aviv, ha chocado con la extrema derecha en el poder, sefardí, revanchista y que se acumula horizontalmente en las colinas de Cisjordania. Pero nada proletario ha desborado en estas manifestaciones. Peor aún: nada democrático, en el sentido «civil», como tú dices. El proletariado en Israel, que sin embargo sufre un alto nivel de explotación, está amordazado por su integración existencial en el Estado militar. [...] 
 
Nos encontramos en una situación en la que lo que está en juego no es tanto la explotación de una mano de obra autóctona como la gestión de una población proletaria excedente, en proporciones únicas dentro de los centros de acumulación capitalista. Por cada trabajador con un contrato de trabajo en Israel, hay otro mantenido en uno de los grandes suburbios cerrados que constituyen los centros de asentamiento bajo jurisdicción palestina: la Franja de Gaza y las ciudades de Cisjordania. Son casi cinco millones de proletarios aparcados a pocos kilómetros de Tel Aviv, invisibles, viviendo de la venta de su fuerza de trabajo día a día, vigilados por soldados para que no salgan de sus jaulas.

Este gran confinamiento, esta operación de separación entre proletarios útiles y proletarios supernumerarios sobre una base étnico-religiosa, comenzó al mismo tiempo que el proceso de paz, que era en realidad un proceso de externalización del control social de los supernumerarios. Anteriormente, en las décadas de 1970 y 1980, los palestinos eran empleados masivamente por el capital israelí.

En este sentido, el término «colonial» es algo inapropiado para describir la relación social que ha prevalecido desde principios de los años noventa en Israel-Palestina. También tiene el inconveniente de confirmar una oposición entre dos formaciones nacionales, que de hecho se producen y reproducen juntas. Los trabajadores palestinos e israelíes son segmentos de un mismo todo. Lo que está ocurriendo desde el 7 de octubre debe considerarse como una negociación mediante la violencia entre el subcontratista de Gaza y su empleador israelí. En este sentido, debe distinguirse claramente de la lucha de los proletarios palestinos, contra la que los subcontratistas de Hamás y la AP están en primera línea. Una lucha que nunca ha cesado, pero a la que el reclutamiento nacionalista asestará un duro golpe, al menos en Gaza.

Más allá de cualquier consideración moral, el término «resistencia», que remite al imaginario colonial, me parece inadecuado para describir la operación militar del 7 de octubre: los intereses de Hamás no son los de los proletarios, no son los -por utilizar el término actual- del «pueblo palestino». Sea cual sea el resultado de estas negociaciones, los proletarios de Gaza serán los sacrificados: ya lo son. En este momento, si Israel tuviera ganas de deshacerse de su subcontratista, eso significaría que tendría ganas de deshacerse de sus proletarios sobrantes. Una cosa no puede ir sin la otra. [...]
 
 
A partir de los años 1990, cuando Israel quiso deshacerse de la gestión de la mano de obra palestina en los Territorios, la confió a un subcontratista, la Autoridad Palestina. Pero Israel no respeta el contrato que debía conducir a una forma de soberanía simbólica. Maltrata a su subcontratista. Así que el subcontratista se rebela: es la segunda Intifada, en la que se mezclan una lucha de la AP contra su patrón y una lucha proletaria total, contra Israel y contra el subcontratista, pero que resulta sofocada por la triangulación. Al final de esta secuencia histórica, los subcontratistas de la AP se dividen. Un subcontratista maltratado pero dócil en Cisjordania; otro subcontratista maltratado y bullicioso en Gaza. Hamás puede ser tratado como un enemigo, pero el hecho es que Israel no puede prescindir de un subcontratista en este contexto. [...] 
 
La idea del «pueblo palestino» como categoría opuesta a «Israel» es evidentemente eficaz en muchos lugares: en los documentos de identidad, y en la mente de la mayoría, también como medio de legitimación de las luchas proletarias.

Pero la etnización de las relaciones sociales tiene una historia, que es ante todo la de las clases dominantes: es la historia de la formación de una burguesía capitalista judía para erradicar a una burguesía feudal-mercantil árabe; la fusión de esta burguesía con un Estado militar, etcétera. Los proletarios se ven atrapados en esta etnización de los antagonismos en el seno de la clase dominante.

Nunca debemos perder de vista que en la «lucha palestina», incluida la que se libra bajo la bandera de Hamás, hay que leer ante todo una lucha librada por las clases sociales dominantes árabes -o por quienes aspiran a invertirse en ellas- para su integración en el capital israelí. Los intereses de los proletarios, aunque a veces se encuentren bajo la bandera de la lucha nacional, son en última instancia contradictorios con los de su burguesía.

Creo que la solidaridad debe darse no a la «resistencia palestina», sino a las luchas libradas por los proletarios contra las condiciones de su existencia. Pero los proletarios luchan bajo las banderas que tienen a su disposición. No hay que fijarse en la bandera, sino en las propias luchas. Una bandera palestina, e incluso una bandera de Fatah o de Hamás, son potencialmente banderas de lucha que, según el contexto, escapan a los gestores políticos. Por cierto, no es porque sean islamistas por lo que hay que cagarse en Hamás, sino porque es un aparato de regulación del proletariado, un Estado en gestación. [...]»