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24 de septiembre de 2019

EXARCHIA [ATENAS]: OCUPACIÓN POLICIAL Y RESISTENCIA ANARQUISTA

¡Solidaridad internacionalista con Exarchia, epicentro de la revolución social mundial!

EXARCHIA EN ESTADO DE ALERTA













En pleno centro de Atenas, en el barrio de Exarchia —referente de movimientos anarquistas en todo el mundo—, existen decenas de edificios ocupados, muchos de ellos son los hogares de cientos de personas migrantes y refugiadas que quedaron atrapadas en Grecia debido al Reglamento Dublin III. En estos edificios, personas de todas las edades y distintas nacionalidades que quedaron fuera de los sistemas de protección gubernamentales han creado comunidades basadas en la autogestión y el trabajo cooperativo para sobrevivir y desarrollarse. Niños y niñas crecen entre asambleas semanales, entre culturas e idiomas distintos, bajo las normas del respeto y la convivencia pacífica. Personas europeas colaboramos desde la horizontalidad, trabajando con ellos y ellas, aportando lo que está en nuestras manos para mantener esos microuniversos al margen del sistema.

A principios de julio, el partido conservador Nueva Democracia ganaba las elecciones en el país heleno. Su líder, Kyriakos Mitsotakis, se proponía, entre otras reformas para endurecer las condiciones de migrantes y refugiados, “limpiar” el barrio de Exarchia. No han pasado ni dos meses y el barrio ya está sufriendo ataques y desalojos. Las activistas que allí residen denuncian que el propio gobierno destroza el barrio y después toma fotos para justificar las intervenciones. El pasado lunes, 26 de agosto, por la mañana, los squats de Spirou Trikoupi 17, Transito 15 y Gare, eran brutalmente evacuados.

Sobre las 5:00h a.m. la policía entraba en Trikoupi rompiendo las puertas del squat. Las personas del equipo de seguridad que vigilaban la entrada esa noche no pudieron hacer nada contra la avalancha de policías armados que subían piso por piso. Mientras ascendían, ordenaban a gritos que todo el mundo saliese de sus habitaciones. “Una de las mujeres que se encargaba de la seguridad empezó a temblar y no podía moverse”, explicaba un afgano que vivió el desalojo, y añadía: “Tenían pistolas en sus manos y parecía que estuviesen arrestando a criminales”. Comenzaron a destrozar objetos y mobiliario, a tratar a la gente con violencia, hasta el punto de que empujaron a una niña y le rompieron un diente. Reunieron a todo el mundo en la zona común, separaban a los hombres y mujeres que estaban solas de las familias y sobre las 8:15h se las llevaban en bus a la comisaría de Petrou Rali.

La conciencia social que desarrollan las personas refugiadas que habitan los squats supera la de muchas personas europeas que viajan como voluntarias a colaborar en Atenas. La capacidad crítica, la rabia contra las injusticias que les atraviesan, el empoderamiento del que son partícipes en comunidad, no tiene medida. Otro compañero, también afgano, que no fue detenido explicaba “es el momento que estábamos esperando, necesitamos ayudarles, tenemos que mostrarles cómo de fuertes somos, de lo contrario todo lo que hemos hecho será en vano”. En un contexto como este, no hay diferencia entre refugiadas y activistas, todas lo somos y todas actuamos unidas.

Tras tres horas en la comisaría, alrededor de 140 personas desalojadas seguían en la sala de espera sin haber recibido ningún tipo de información. En un momento dado, la policía empezaba a chequear la documentación de todas y a anotar sus datos, pero después de eso, todo el mundo seguía en el mismo lugar sin noticias.

Al medio día, cada persona recibía un plato de pasta para comer, pero si querían agua tenían que pagar 50 céntimos. Pasaban las horas y las niñas y niños empezaban a estar cansados, hambrientos, sedientos, sin espacio ni intimidad para dormir. Nadie sabía a qué estaban esperando, por qué estaban allí, hasta cuándo ni qué iba a pasarles. Ninguna persona externa podía acceder a esa sala de espera, ni siquiera para llevarles alimentos, agua o ropa. A las 22h, las personas documentadas fueron trasladadas a un alojamiento temporal a las afueras de la ciudad, sin comida ni agua, donde tampoco podía acceder ninguna persona externa; mientras que las no documentadas fueron directamente detenidas.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES NO DESCANSAN

La colaboración y la respuesta social es tan instantánea, que incluso algunas de las personas sin documentación fueron escondidas en el momento del desalojo y consiguieron salir. El sentimiento de unidad entre personas tan diversas no habría podido generarse sin la existencia de los squats y movimientos de solidaridad de Atenas.

Mientras las cerca de 140 personas eran retenidas como delincuentes en la comisaría, el resto de activistas se coordinaban. La principal tarea: informar. Una red de solidaridad internacional se articulaba para que nada de lo que sucede en Atenas y en Exarchia sea silenciado. Varias publicaciones de Facebook del squat Spirou Trikoupi 17 sobre el desalojo fueron eliminadas, pero las compañeras volvieron a publicarlas una y otra vez. Se convocó una concentración de urgencia en Notara, otro squat del barrio, para manifestarse en contra de la represión policial, las mentiras, la violencia y los desalojos.

Sin embargo, las acciones llevaban mucho tiempo preparándose. Kyriakos Mitsotakis prometió a sus votantes que antes de que acabase su legislatura, se tomaría un café en la plaza de Exarchia. Con esa simpleza, el líder de Nueva Democracia desafiaba a todo un barrio antiautoritario y a quienes colaboraron en convertirlo en un hito internacional. Con esas palabras se mofaba de las revueltas estudiantiles que iniciaron la resistencia antifascista en 1973 contra la dictadura de la Junta de los Coroneles, y también se reía del joven Alexandros Grigoropoulos, asesinado por un policía en 2008. Una muestra de poder, autoridad y prepotencia que fue suficiente para que los movimientos anarquistas comenzaran a prepararse.

El gobierno anunció a la prensa un plan para desalojar en 15 días un total de 23 okupas en Exarchia, 12 de los cuales albergaban refugiados e inmigrantes y otros 11, colectivos anarquistas. Entonces, diferentes grupos y casas okupas de Atenas se reunieron durante horas, dando forma a un nuevo colectivo más global, para debatir el modus operandi de una gran embestida. Se barajaron todo tipo de escenarios, tantos que era imposible preparase para todos. Por suerte, Exarchia siempre ha estado lista para resistir, pero la colaboración internacional es fundamental.

“NO PUEDEN DESALOJAR UN MOVIMIENTO”

Los movimientos anarquistas a nivel mundial ya están conectados, coordinando la ayuda necesaria para evitar que Exarchia deje de ser el epicentro revolucionario. Además, personas que, sin formar parte de colectivos tan organizados, quieren echar una mano, también se movilizan para denunciar los ataques al barrio, demostrando que los y las compañeras que se encuentran allí, no están solas, y que, como gritan sus consignas “somos semillas” y “no pueden desalojar un movimiento”.

En menos de 24h desde que comenzaron los desalojos, activistas que colaboramos allí durante mucho tiempo, personas refugiadas que pasaron por Atenas y que actualmente residen en otros países europeos, centros sociales y colectivos de diferentes partes del mundo hablábamos y nos manteníamos al corriente de las novedades para poder contarlo, siempre en concordancia con lo que las compañeras de Atenas nos transmitían y nos pedían.

Empezaba diciendo que la solidaridad está en crisis, no porque no la haya, sino porque parece que hay otra fuerza mayor encargada de eliminarla. Sin embargo, la resiliencia también se aplica a las acciones solidarias. La cooperación y la lucha social es agotadora en cuanto a que requiere de mucho tiempo para la planificación, toma de decisiones, división de tareas, etc. pero trabajar en equipo tiene la ventaja de permitir turnos de descanso muy necesarios que hagan que la fuerza no se debilite. El autocuidado en movimientos tan amplios es indispensable.

En Atenas ha comenzado una batalla, al igual que en el Mediterráneo, en el Amazonas, en México, en Argentina, y al igual que se llevan librando durante años en Palestina, Siria o Yemen, entre otras muchas zonas de conflicto. Sin embargo, allá donde haya violencia y represión, habrá resistencia y movimientos que traten de frenarlas.

Últimamente, en occidente, las ideologías machistas, racistas, xenófobas… fascistas, en resumen, parecen estar cobrando fuerza y las disidencias están siendo cada vez más castigadas. Por esta razón, es necesario visibilizar las resistencias, las acciones comunitarias, cooperativas y solidarias que se mantienen vivas, así como colaborar en la medida de lo posible con ellas. Como afirman las compañeras de Atenas: “¡No pasarán!”.

Por: "Eva Serós Quintero", Psicóloga Social y Activista
31 de Agosto de 2019


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Relacionados:



Anarquistas defendiendo Exarchia en las calles: fotos y video

Ver actualización de noticias de los hechos en curso en Exarchia en: Agencia de Noticias Anarquistas (página de facebook)

19 de agosto de 2019

SOBRE LAS PROTESTAS ACTUALES EN HONG KONG, FRANCIA Y OTROS PAÍSES (n + 1)

IMPULSOS ANTIFORMISTAS
Revista n + 1

Cada martes a las 21:30 hrs., se lleva a cabo en algún lugar de Italia una "tele-reunión" a través de Skype, en la que participa una decena de compañeros vinculados a la revista N+1. Mediante estas "tele-reuniones" se las arreglan para compartir informaciones y análisis sobre el desarrollo del capitalismo mundial y de la lucha de clases que necesariamente trae aparejado. Así dan cuenta de las posibilidades que este momento histórico nos ofrece para profundizar nuestra lucha.

*  *  *

Durante la teleconferencia del martes 6 de agosto, a la que se conectaron 10 camaradas, comentamos las últimas noticias de Hong Kong y otros lugares del mundo, extrayendo algunas consideraciones generales sobre los movimientos que han tenido lugar recientemente.

El lunes 5 de agosto en Hong Kong hubo una huelga general. El viernes anterior, en preparación para la posterior movilización, los empleados estatales habían ido a la huelga. El periódico Asia News cubrió el hecho en el artículo "Ley de extradición: empleados estatales y de la banca también se manifiestan", informando sobre la adhesión de trabajadores de más de 34 instituciones bancarias a la huelga general: "Entre ellos hay empleados de bancos locales, bancos internacionales e incluso bancos estatales chinos. Los sindicatos del mundo financiero se suman a los sindicatos de otros 95 grupos sociales en los sectores público y privado, incluidos maestros, pilotos de aviones, azafatas y mayordomos, abogados, artistas".

La huelga del lunes bloqueó el tráfico ferroviario y aeroportuario, provocando que se cancelaran más de 100 vuelos. La fuerte tensión social ha hecho al gobernador Carrie Lam afirmar que la ciudad está al borde del caos y que el gobierno está decidido a garantizar el orden público. Las manifestaciones, iniciadas en protesta contra la ley de extradición en China, se han extendido a toda la sociedad, y el gobierno de Beijing ha lanzado ya su advertencia: tengan cuidado de no confundir la prudencia con debilidad.

La lista de lugares en todo el mundo donde ocurren movilizaciones y movimientos de diversos tipos se extiende cada día más. En Rusia, en dos diferentes manifestaciones contra el gobierno, más de 1.700 manifestantes fueron arrestados, entre ellos muchos de corta edad. La razón que oficialmente se ha dado para estas movilizaciones parece ser la decisión de la comisión electoral de excluir a los candidatos independientes de las próximas elecciones municipales.

En algunas partes del planeta las manifestaciones han asumido un carácter recurrente, convirtiéndose en una especie de cita fija de cada semana. Esto es lo que sucede en Argelia todos los viernes o en Francia todos los sábados, donde el 3 de agosto tuvo lugar el trigésimo octavo día de protesta de los chalecos amarillos, con enfrentamientos muy duros en la ciudad de Nantes. En los últimos meses, la policía francesa ha intentado de todas las maneras posibles desalentar a los manifestantes, arrestando a cientos de personas y esparciendo una feroz represión que ha causado cientos de heridos, incluso graves. Pero las manifestaciones no se han detenido.

Donde quiera que estalle la protesta, se trata de "flashmobs" (manifestaciones relámpago) autoorganizados, potenciales precursores de automatismos que, tras exceder un cierto umbral, llevan a cientos de miles de personas a las calles. En Hong Kong los acontecimientos se sucedieron de tal forma que podríamos definirlos como de manual, con manifestaciones que empiezan de una manera para terminar de otra muy diferente. Las huelgas trascienden los propósitos para los cuales nacieron, pasando del nivel de la demanda sindical a un nivel político o, por el contrario, pasando desde un carácter político a una huelga general apoyada por los sindicatos.

Este tipo de eventos, los flashmobs autoorganizados, también tienden a sincronizarse. El 15 de octubre de 2011, en la oleada de Occupy Wall street, miles de manifestantes se coordinaron en mil ciudades y en ochenta países diferentes levantando carteles y pancartas con un mismo mensaje esencial y efectivo. Somos 99% pero es el 1% el que dicta la ley, se come todo y nos obliga al ciclo infernal de la necesidad insatisfecha. El modelo Occupy ha triunfado: de hecho, lo que sucede estos días en Hong Kong está relacionado con las manifestaciones de 2014, cuando nació Occupy Hong Kong. La segunda oleada no puede sino ser más radical que la anterior. Si bien Occupy Wall Street se ha disuelto, vemos su modus operandi en Turquía con la ocupación del Parque Gezi, en Sudán, en Rusia y en muchos países de Europa del Este. En comparación con la oleada del 2011, las noticias actuales muestran el fin de la recurrencia semanal de los eventos, que ahora van más allá de la ritualidad de una procesión que empieza en la mañana y termina en la noche. En Sibiu, Rumania, todos los días al mediodía durante más de 500 días consecutivos, un grupo de residentes ha venido organizando una protesta contra la corrupción en el frontis de la sede del Partido Socialdemócrata (PSD), que gobierna desde 2016.

En general, las situaciones de caos son cada vez más frecuentes. En Cachemira, India revocó el "estatus especial" que desde la década de 1950 otorgaba cierta autonomía al gobierno local, dividiendo la región en dos estados y poniendo en guardia al vecino Pakistán. En Estados Unidos dos tiroteos diferentes dejaron más de 30 muertes perpetradas por jóvenes asesinos.

Es la estructura material de la sociedad lo que ya no funciona. En la narración de Robert A. Heinlein El año del diagrama, un científico muestra, a través de un gráfico, los síntomas del absurdo del mundo: los altibajos de la curva señalan las catástrofes colectivas, que un día llegan al punto de que la curva alcanza una cumbre y el científico entiende que la civilización está a punto de terminar, lo que en efecto sucede a tiempo. Se puede establecer una conexión entre los eventos físicos y los eventos sociales y, de hecho, estamos presenciando un comportamiento global que va más allá de lo que los manifestantes dicen sobre sí mismos. Muchas manifestaciones se deben no tanto a razones ideológicas sino a causas materiales. The Economist es consciente de esto, tal como lo ha mostrado en un artículo en el que argumenta que la ingobernabilidad de los principales países occidentales corre paralela a la pérdida de energía de los estados debido a la multiplicación de las protestas. Sólo en Londres en marzo pasado un millón de personas salieron a las calles para decir no al Brexit, o por temor a las consecuencias de que Gran Bretaña abandone la UE.

Cuando tal caos social empieza a afectar simultáneamente a diferentes países, significa que algo se encuentra atascado a un nivel muy profundo. Y pese a todo, incluso en la peor situación de entropía, de desorden social, siempre hay un elemento que se autocataliza para encontrar un orden (Stuart Kauffman, En casa en el Universo: la búsqueda de leyes de autoorganización y complejidad).

Las manifestaciones en Argelia comenzaron contra el gobierno y la mafia que lo apoya. No hay un reclamo claro, pero hay una dirección muy precisa. El movimiento iraní, nacido en Mashhad en diciembre de 2017 debido al aumento del precio de los huevos, llegó al extremo de atacar oficinas de policía así como a políticos moderados y conservadores. Estas manifestaciones son impulsos antiformistas, tal como se explica en "El curso a seguir" (Prometeo N° 1, julio de 1946) [revista del Partido Comunista Internacionalista (bordiguista) de 1946 a 1952]. El modo de producción capitalista era antiformista respecto de las formas precapitalistas y las destruyó. La burguesía hizo estallar un cierto orden de la sociedad para liberar las fuerzas productivas encadenadas por las relaciones de producción anteriores. Hoy el capitalismo ya no tiene ninguna tarea destructiva que realizar contra el pasado y ha perdido todo ímpetu. La revolución burguesa se refería a la emancipación de una clase que no tenía la libertad política que necesitaba, mientras que la próxima revolución es humana y será llevada a cabo por una clase que, aboliendo todas las clases, también se abolirá a sí misma.

Otro aspecto interesante abordado en el "El curso a seguir" se refiere al posicionamiento del proletariado en la lucha contra el viejo modo de producción: cuando la burguesía era antiformista, se preveía que el proletariado lucharía a su lado en pos de sus propios fines (Manifiesto del Partido Comunista), favoreciendo de este modo el colapso del antiguo régimen. Ahora, cerrado para siempre el ciclo de la lucha revolucionaria burguesa, no se prevé ninguna lucha del proletariado junto a la burguesía, que representa por el contrario el antiguo régimen contra el cual luchar. La burguesía misma se niega a pasar de la fase revolucionaria a la de estabilización demo-fascista. Y dado que no podemos volver atrás, estamos avanzando rápidamente hacia la desintegración del mundo capitalista. La clase dominante, con el colapso del sistema de partidos y sindicatos, ya no puede mantener vinculada a sí misma al resto de la sociedad. La desafección hacia las instituciones, el aumento del abstencionismo, la crisis en la que se debaten todas las estructuras de control social, deben considerarse como una parte de la trayectoria histórica de la burguesía, que está llegando a su fin.

Las motivaciones que han dado origen a los movimientos recientes son producto de un modo de producción que inexorablemente pierde energía. El aumento en el precio de los productos básicos puede, por ejemplo, socavar una situación social ya de por sí frágil. En Egipto las protestas empezaron en la plaza Tahrir y desembocaron en una huelga en los distritos textiles, sin que se hubiese esparcido la  noticia de lo que estaba sucediendo, ante lo cual la policía reaccionó con una terrible violencia, al igual que en Mahalla, donde ocurrió una huelga general que el Gobierno puso bajo la acusación de terrorismo.

El vínculo entre la situación social y el hecho de que se manifieste de determinada manera resulta evidente en los disturbios de los suburbios franceses, donde se incendiaron automóviles, escuelas, estaciones de policía y, sobre todo, los centros de integración social que tenían la tarea de romper la comunitarización. El gran problema real que tienen que enfrentar los estados tiene que ver con que poblaciones enteras no tienen un futuro laboral (debido a la automatización de los procesos de producción), y es normal que salgan a la calle contra el estado actual de las cosas. Desde hace algunos años la clase media, que actuaba como amortiguador entre el proletariado y la burguesía, ha estado desapareciendo en Estados Unidos y en Europa. El sistema por su parte puede tolerar la polarización de los ingresos si es transitoria, pero el capitalismo no puede sobrevivir solo gracias a un Estado que estimule el consumo a través de ingresos de ciudadanía, o con los padres manteniendo a sus hijos desempleados. Si no se produce nuevo plusvalor, sectores enteros de la población no consumen y, por lo tanto, evitan que el capital pueda seguir reproduciéndose.

Traducido del italiano por: Carlos Lagos
[Tomado de Comunización]

3 de agosto de 2019

Postmodernidad o la impostura de una falsa radicalidad [Audio]

Audio de la Charla-debate: "Posmodernidad o la impostura de una falsa radicalidad", por el Grupo Barbaria (Madrid/París) en la Biblioteca Alberto Ghiraldo (Rosario), 26/07/2019

Abordaremos algunos de los lugares comunes ideológicos de nuestra época, lugares comunes que por comodidad llamamos post-modernos. De manera general, se pueden reconocer por la idea de que cualquier intento de buscar una emancipación radical sería un metarrelato, que buscar algún criterio de verdad u objetividad sería prueba de prepotencia y voluntad de dominio. Así, no existirían criterios generales y universales por los que definir la realidad del mundo y por tanto tampoco una búsqueda de una liberación general: todo es subjetivo, la única lucha posible es la que se da desde lo cotidiano, en la microfísica de poderes, sin el riesgo de caer en esencialismos y definiciones seguras siempre peligrosas.

Esta reflexión surge desde una práctica revolucionaria y la crítica la hacemos desde la influencia que este tipo de planteamientos y autores tienen dentro de los activistas radicales que tratan de luchar contra este mundo.





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Compartimos también el folleto de Barbaria que da nombre y sustento a esta charla: http://barbaria.net/…/posmodernidad-o-la-impostura-de-una-…/
«Esa guerra de todos contra todos, la reducción de la vida social a la de átomos en perpetuo conflicto mercantil, la postmodernidad tratará de llevarla a su máxima expresión. En efecto, la guerra de todos contra todos, se convierte en las posiciones postmodernas en un conflicto permanente entre identidades. Racializados contra blancos, queer frente a cisgéneros, trans frente a queers, etc. ¡Cuántas más opresiones mejor! ¡Quién da más en esta verborrea de privilegios que establece quién debe hablar y quién callar! De este modo se disuelve no solo cualquier crítica unitaria a este mundo, sino la posibilidad de transcenderlo y poder enfrentar las opresiones específicas que el capital reproduce en todo su abanico. Solo un proyecto de destrucción integral de este mundo por medio de la reconstrucción de la comunidad humana permite tal objetivo.
Cuando hablamos de postmodernidad nos referimos a una ideología y no a una época. La época sigue siendo la misma, aunque le pese a nuestros finos contrincantes: la del capital y sus invariantes categoriales, el trabajo abstracto y la mercancía, el Estado y la democracia. Nos referimos a una ideología porque se trata de una mirada distorsionada sobre la realidad que no permite aprehender su sentido auténtico y por ende las posibilidades de revolucionarlo en un sentido emancipador. Además su producción nos traslada de la Universidad de California a la Sorbona, de la Sapienza de Roma a la Complutense, de los campus de Buenos Aires a los de Calcuta. Por lo tanto, no es una simple ideología, sino una ideología cuyo agente evidente son las clases medias. Los académicos “radicales” de los campus traducen en su lenguaje profesional opresiones reales (patriarcales, raciales…) para lograr financiación para sus proyectos de investigación. Una multitud zombi de estudiantes universitarios, embelesados y entretenidos por el lenguaje esotérico de sus mayores, blanden con prepotente seguridad las armas de sus frases mágicas e incomprensibles, y pobre del que pretenda oponerse. La postmodernidad tiene algo de postmoestalinismo.
Por todo lo dicho, este texto es un texto de combate, de afirmación comunista y revolucionaria, un texto de negación. [...]
Tras recorrer la Santísima Trinidad postmoderna (género, raza y clase) aún nos quedaría por realizar nuevas críticas. Y es que la trilogía se puede transformar en una infinidad factorial de luchas y conflictos, cada uno desde su parcialidad (especista, vegana, etc.) Para nosotros el comunismo y la anarquía son un movimiento total desde el inicio. El hecho de que se empiece siempre desde algún lugar y desde algún conflicto inmediato no niega su generalización global e histórica. Los postmodernos tienden a negar este movimiento real rompiendo la unidad entre lo inmediato y lo global, lo particular y lo universal, para reconstruirlo a posteriori de un modo muerto. Así, la reconstrucción feminista acaba siendo una defensa de la igualdad de derechos en el capitalismo; la racializadora, una defensa de la integración y el reconocimiento entre las diferentes “razas”; la lucha obrera, una reivindicación para que el capital distribuya un poco de la pirámide de la renta… En la medida en que se separa cada lucha inmediata de una perspectiva global de superar este mundo, cada parcialidad es una parcialidad reformista y su suma también lo es. Y que conste que no estamos hablando de perspectivas ideales o de meros principios, son nuestras necesidades reales como proletarios lo que nos lleva a enfrentarnos globalmente con este mundo desde cualquiera de nuestras inmediateces.                                                                                                                       Obviamente, al igual que el patriarcado, el racismo fractura y divide a nuestra clase, y es un claro agente en la reproducción del mundo del capital. Lo que afirmamos permanente e invariantemente es que solo en un proceso unitario de constitución del proletariado en clase, en fuerza histórica, es como será posible superar real y materialmente estas divisiones que fracturan a nuestra clase y que impiden nuestra constitución en partido para la destrucción del capital y del Estado. El comunismo es un movimiento real y unitario que parte de las necesidades humanas y que desde ahí supera las divisiones y fragmentaciones. No es el resultado de alianzas y sumatorias de distintas parcialidades que negocian y se interseccionan entre sí. Solo el proletariado puede acabar con el capital, negándose a sí mismo como clase, en la medida que es el secreto oculto del capital, aquel que desvela que este no es una realidad natural sino una sustancia social. La clase no es, sin embargo, un hecho sociológico sino una constitución colectiva, partídica, como fuerza histórica, y para que sea tal tiene que romper con todas las divisiones que la atenazan (nacionales, raciales, patriarcales…) El proletariado es una clase que no es una clase, y en su movimiento real hacia el comunismo expresa la potencia de eliminar no solo la sociedad de clases sino la multiplicidad de opresiones que el capital reproduce consigo.»

2 de agosto de 2019

Sobre el movimiento de los "chalecos amarillos" en Francia. [Audio]

Audio de la Charla sobre el movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia, a cargo de compañeros del grupo Barbaria (Madrid/París), que estuvieron en la región argentina

«En cualquier caso, es indudable que el movimiento de los chalecos amarillos hace parte de un proceso de despertar de nuestra clase a nivel internacional, tras la derrota de la oleada de luchas de los años 70. Ante la perspectiva factible de que este movimiento se apague tarde o temprano, si no se produce una recuperación burguesa a la altura de la intensidad que ha vivido y luchado, dejará tras de sí nuevos lazos de solidaridad, quizá algunas estructuras, experiencias de lucha de las que extraer lecciones, un nuevo número de personas que, tras su radicalización en el movimiento, se sumarán a la actividad de las minorías revolucionarias pese a la vuelta a la normalidad. Nuestra clase aprende. Construye su propia memoria. Se despierta.»
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NUEVOS MATERIALES: SOBRE LOS CHALECOS AMARILLOS
  • No solo arde París... Anotaciones sobre los chalecos amarillos por Proletarios Internacionalistas.
  • Guerra de Clases Nro.9: Chalecos amarillos.
En ambos materiales se critica y se advierte sobre las debilidades expresadas por el movimiento, pero no se lo limita a ellas. Esta lucha manifiesta la confusión actual, nuestra debilidad como clase, la falta de memoria que los vencedores nos expropiaron a los vencidos. Pero también muestra la defensa instintiva, inevitable, de unas necesidades que el Capital niega para poder expandirse. La defensa de sus necesidades empuja al proletariado a negar a su vez al Capital y su dominio sobre nuestras vidas.
«Los chalecos amarillos son ―por si alguien lo dudaba todavía― un movimiento proletario. Como en todo movimiento proletario, en él se expresa a la vez el proletariado realmente existente y el mundo que éste anticipa. El primero parte de la confusión actual, de nuestra debilidad como clase, de la falta de memoria que los vencedores nos expropiaron a los vencidos. Pero parte también de la defensa instintiva, inevitable, de unas necesidades que el capital debe negar para poder reproducirse. Esta defensa de sus necesidades empuja al proletariado a negar a su vez al capital y su dominio sobre nuestras vidas, y no sólo, porque en ese proceso el proletariado también se niega, se reafirma como comunidad de lucha en contra de su propia existencia aislada, ciudadana, democrática. Esta contradicción esencial al capitalismo, inherente a su propia reproducción, es lo que determina la posibilidad de la revolución. Hace de ella algo material, físico, ajeno a nuestras voluntades y conciencias individuales. Es así como el proletariado anticipa en su combate otro mundo distinto, al mismo tiempo que sigue arrastrando una parte de la mierda de éste, que se constituirá en la base de su propia derrota si no consigue superarla en el proceso. [...] Por fortuna, el movimiento de los chalecos amarillos es otra cosa. Ahora bien, que afirmemos el carácter proletario del movimiento, pese a todas las ideologías y banderas que flotan entre sus protagonistas, no quiere decir que las mismas no tengan importancia o no sean finalmente determinantes. Al contrario, partiendo de la práctica real que determina el movimiento y le confiere su carácter de clase, percibimos y criticamos todas esas fuerzas del enemigo que actúan para atraparlo, neutralizarlo y darle una dirección que se contrapone a las mismas necesidades e intereses que determinan al propio movimiento. Sin esta comprensión de la realidad no se hace otra cosa que proyectar imágenes distorsionadas del movimiento para reducirlo a un movimiento pequeño burgués, de clase media, ciudadano, de defensa del “verdadero pueblo francés”, dirigido por grupos de derecha, etc. Desde luego nosotros no vamos a colaborar en esa proyección espectacular que se une a todos los esfuerzos de la burguesía por liquidar ese movimiento. Nuestra intención, justamente, es contribuir a impulsar la potencia proletaria que la lucha de los chalecos amarillos contiene y denunciar a todas las fuerzas que obstaculizan el desarrollo de la misma.» (Proletarios Internacionalistas. "No sólo arde París")
«Los “chalecos amarillos” son un movimiento contradictorio, pero no contrarrevolucionario. Anteriormente en este texto hablamos de la constitución del proletariado como clase y de un proceso de ruptura. Este proceso incluye necesariamente una serie eterna de choques entre la clase que se está afirmando, su conciencia reemergente obtenida en y a través de la lucha práctica y la falsa conciencia profundamente arraigada en la mente de cada individuo, la falsa conciencia que es la piedra angular de toda falsa comunidad de “ciudadanos”, “personas” o “naciones”. Sería una locura esperar que cualquier movimiento pueda saltarse este proceso de desarrollo de rupturas y tener una clara conciencia de clase desde el principio, y también sería una locura condenar a un movimiento porque no lo tiene en una cierta fase de su existencia. Lo importante es que existe esta dinámica de clarificación, que el programa proletario aparece cada vez más explícito en oposición a todos los intentos de recuperación política y sindical. Si el resultado de este choque está lejos de ser claro en esta etapa, es obvio que este conflicto existe, continúa y se desarrolla dentro del movimiento de los “chalecos amarillos”, como siempre aparece en todo movimiento proletario. [...] Por supuesto, también somos muy críticos con el movimiento de los “chalecos amarillos”. No es muy difícil describir las debilidades más evidentes del movimiento. Lo que nos da esperanza es que ninguna de estas debilidades es expresada por el movimiento en su conjunto, ni siquiera por su mayoría y que cada vez que aparece una u otra versión de la ideología burguesa, se enfrenta a una crítica proveniente del propio movimiento. Cada cuestión expresada por el movimiento es objeto de contradicciones, de discusiones, de crítica y de un conflicto más o menos violento entre el rechazo y la aceptación de la ideología burguesa. Ese es el proceso que mencionamos anteriormente: la línea de ruptura con el Estado no sólo existe en los enfrentamientos callejeros, sino que se expresa también dentro del movimiento.» (Tridni Valka-Guerra de Clases N° 9)