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1 de diciembre de 2019

Bloqueo - Carbure

Colectivo Carbure


¿Se puede considerar el bloqueo como una estrategia efectiva dentro de la actual correlación de fuerzas? ¿Cuál es la relación entre el movimiento que comenzó el 5 de diciembre y los que sacuden el Medio Oriente y América Latina? Una tentativa muy general de evaluar las formas que puede tomar una crisis global de capital.

En cierto modo, el Comité Invisible tiene razón: el poder es logístico, y es una tautología de escasa entidad, ya que el poder es el poder de hacer cosas. Pero de lo que da cuenta sobre todo señalar esto es de que el «poder» ya no negocia, que en tiempos de crisis renuncia incluso a presentarse como la síntesis neutral de los diferentes intereses de clase, para presentarse como lo que es: la dominación de una clase. La fábula del interés general —la democracia en sus diversas formas— se desvanece ante la realidad del interés superior de la economía (que sería, por tanto, la verdadera síntesis social), este otro fetiche de la dominación de clase. La gestión de la huelga se convierte entonces en una cuestión de mantenimiento del orden y, en la práctica, en una cuestión logística. Por tanto, quienes protestan ya no son adversarios con los que se dialoga, sino infractores: elementos radicalizados. Ya no hace falta negociar, hay que «desbloquear», físicamente. La represión es el corolario obligado de la ausencia de diálogo; lo justifica a la vez que lo pone de manifiesto.

Pero allí donde el Comité Invisible veía una debilidad, la prueba de que el Estado ya no podía producir legitimidad simbólica sino «solamente» controlar el territorio, también hay que recordar que, dentro de las actuales relaciones de fuerzas, la logística no sólo es el punto fuerte del Estado, sino también el medio a través del cual tiene planeado durar para siempre: le hicieron falta menos de tres semanas para evacuar las rotondas de chalecos amarillos y poner fin a los bloqueos. Precisamente porque el Estado ganó la batalla logística (en el sentido de la Dirección Departamental de Fomento), por lo que la disputa regresó a la calle, donde la policía también la trató de manera logística. Vista la manera en que funciona todo esto, hay que plantearse una vez más la pregunta: ¿podemos luchar contra el Estado en el terreno de la circulación? ¿Podemos realmente, en la práctica, no desde un punto de vista técnico, sino teniendo en cuenta el estado de las fuerzas en presencia, «paralizar el país»? Y de ser así, ¿para hacer qué?

Lo que sucede en esta situación es que cada vez que se produce un movimiento importante, quienes entran en conflicto se topan con un muro que reduce efectivamente su acción a un problema logístico. La gestión ideológica de la cuestión por parte del Estado se lleva a cabo, pues, bajo la perspectiva exclusiva del retorno a la normalidad fluida del orden circulante de las cosas: descalificación política de las posiciones, marginación bajo la calificación de extremismo, dispersión inmediata de cualquier manifestación tratada como una perturbación del orden público, «desbloqueo» instantáneo, movilización de personal no huelguista para restablecer el funcionamiento normal, etc. La «normalidad» se presenta aquí como lo que es, una violencia permanente, pero sólo se les presenta así a quienes han entrado en lucha porque padecen esta violencia. Para los demás, la normalidad es la normalidad, y punto. La pregunta, por consiguiente, es: ¿hasta qué punto puede el Estado, rodeado de aquellos para los que la normalidad sigue siendo deseable, continuar negando la existencia de aquellos para los que esta normalidad se vuelve cada vez más insoportable? Es esta dinámica de «desconexión» la que nos invita a pensar la guerra civil como algo siempre implícito en la situación actual, en cualquier parte del mundo, desde la peor de las dictaduras a las democracias más asentadas. Y aquí también, se tiembla ante la idea del deslizamiento hacia una guerra civil en la que el Estado conserve todos sus medios logísticos: la Siria de Bashar-el-Assad está allí para recordarnos de aquello de lo que es capaz de un Estado que logra reagrupar tras él a una parte de la población frente a la otra. Eso puede prolongarse, y en este caso la prolongación es un aplastamiento programado.

Ese es el motivo por el que, en la actualidad, cada movimiento que comienza a extenderse entre de lleno en una zona desconocida, cargada de incertidumbres y bastante aterradora, sin otras perspectivas que el retorno a una «normalidad» cada vez más insoportable, el aplastamiento o el caos de la guerra civil. Para el capital, el fin de la política nunca ha sido otra cosa que la guerra. Ver estas condiciones plasmarse en Francia, en el marco de un movimiento tan «clásico» como una lucha contra la reforma de las pensiones, ver cómo esta lógica destructiva despliega sus premisas en lo que hace veinte o treinta años se habría traducido en una especie de danza nupcial ritualizada entre los «interlocutores sociales» y el Estado, nos dice bastante acerca de la profundidad de la crisis en la que hemos entrado. Evidentemente, lo que se está preparando en Francia no tiene comparación alguna —cuantitativamente hablando— con lo que existe en estos momentos en Chile o en Irak, y cada situación debe ser comprendida en sus propios términos, pero, no obstante, forma parte de una situación general que sin lugar a dudas es global. Lo que hay en común entre la forma en que el Estado francés está considerando el movimiento contra la reforma de las pensiones, y movimientos como los que se producen en Medio Oriente o en América Latina, es esta situación en la que al Estado ya no le queda nada que dar (y en los casos anteriores la crisis del Estado rentista extractivista y redistribuidor no hace sino manifestar aún más violentamente esta situación) y en la que realmente ya no se espera nada de él, pese a que, sin embargo, siga siendo la única perspectiva de las luchas: «el pueblo quiere la caída del régimen» en todas partes, y al infinito. Quizás resida ahí el verdadero «bloqueo» de este interminable choque frontal con el Estado. En la actualidad sería una locura considerarlo desde otra perspectiva que como la de una crisis revolucionaria mundial, y no considerar la perspectiva comunista en este contexto sería nihilismo.

Desde esta perspectiva, las luchas evolucionarán como puedan; no hay una vanguardia que pueda imprimirles un rumbo. La radicalidad no está ni en las ideas ni en las personas; está en la situación. Sin embargo, también sería tan irresponsable no señalar este simple hecho: las «luchas sobre la circulación» y la estrategia del bloqueo, al igual que la perspectiva puramente alborotadora, están condenadas al fracaso. Su única perspectiva es la de llegar a desestabilizar al Estado para obligarlo a mejorar las condiciones de existencia de masas de proletarios excluidas o apartadas por el capitalismo de su «normalidad», pero esa perspectiva integradora ya no está en el orden del día. En ese caso, al Estado ya no le queda más que organizar el bloqueo y el retorno a la normalidad, tarea para la cual le sobran medios. Piensen lo que piensen ciertos soñadores, no se puede ser más eficiente que el Estado en el terreno logístico, ni mediante el bloqueo ni mediante los disturbios. En el mejor de los casos, si la crisis se generaliza, puede obtenerse un cambio del personal político encargado de organizar el retorno a la normalidad; en el peor, el aplastamiento. Eso es lo que nunca dice el eslogan «bloquearlo todo». ¿Para qué? ¿De cara a qué «victoria» exactamente? ¿Y con qué posibilidades de éxito? Ante la perspectiva de este fracaso programado, hay que decir que un movimiento revolucionario que comenzase a ponerse en situación de prevalecer no tendría otra opción que abordar la producción, apoderarse de elementos productivos y empezar a poner en práctica una producción sin intercambio, la gratuidad, a no bloquear la circulación, sino a apropiarse de ella para apoyar su lucha, etc., es decir, implementar de inmediato el comunismo. Solo en este marco, en el que el movimiento comenzara a hacer posible la vida fuera del capital, en el que la lucha ya no se limite al enfrentamiento homicida con el Estado, los disturbios y el bloqueo podrían desempeñar un papel positivo. Ni que decir tiene que aún estamos lejos de ello.

(Original francés en Des Nouvells Du Front traducido por Federico Corriente)

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Relacionado (lectura recomendada): "A nuestros amigos" del Comité Invisible (2014)

2 de octubre de 2019

[Ecuador] Breve análisis del "paquetazo" y las próximas protestas en este país desde la crítica radical

Las últimas medidas económicas del gobierno ecuatoriano son medidas de austeridad en tiempos de crisis capitalista, que las han aplicado y las aplican gobiernos de derecha o "neoliberales" y gobiernos de izquierda o "socialistas del siglo XXI" de todo el mundo por igual, porque eso es lo que les determina a hacer la lógica misma del modo de producción capitalista, el cual se fundamenta en, o vive a costa de, la explotación de la clase trabajadora. En efecto, en tiempos de crisis el Capital siempre aplica en todas partes la misma política económica contra nuestra clase: ajuste de cinturones o mayor empobrecimiento, y aumento de la explotación.
En el caso concreto del último "paquetazo" de Moreno, lo primero lo consigue aumentando el costo de la vida debido al aumento del precio de la gasolina (pues aquí se sabe que "si sube la gasolina, sube todo"); y lo segundo, con todas las reformas laborales flexibilizadoras y precarizadoras impuestas (reducción de sueldos, de pensiones jubilares, de vacaciones, de personal, contratos flexibles, teletrabajo, etc.).
Por lo tanto, el problema no es sólo el "paquetazo" ni el gobierno "neoliberal" de Moreno ni el FMI. El problema de fondo es cómo el Capital nos ataca directa y avasalladoramente a la clase trabajadora en tiempos de crisis, y cómo podemos responder. La lucha es el camino, sin duda. Pero también es necesario analizar autocrítica y estratégicamente la lucha de nuestra clase.
Así pues, cuando al calor de la misma lucha concreta el proletariado desborda el terreno democrático y ciudadano, que es el terreno de lucha de la burguesía y su Estado, así como también el encasillamiento por parte de los sindicatos y partidos de izquierda que sólo quieren cooptar y dirigir la lucha proletaria para poder negociar con la clase dominante sus propios fines particulares y arribistas; cuanto esto pasa, la respuesta más contundente y legítima de la clase trabajadora frente a estos ataques de austeridad del Capital-Estado ha sido, es y será la acción directa, autónoma y antagonista por defender e imponer nuestras necesidades vitales concretas, o al menos pelear por que los ricos y poderosos no empeoren aún más nuestras ya malas condiciones materiales de existencia.
Llegado este punto, las reivindicaciones y las protestas de la clase trabajadora se generalizarían y radicalizarían, y ya no sólo el gobierno sino que todo este sistema no podría cumplir esas demandas sociales "imposibles"; sólo el derrocamiento de este sistema, del Capital y el Estado, lo podría hacer, y entonces se lucharía por esa salida revolucionaria de la crisis capitalista. Pero todavía falta mucho para ello aquí y en todas partes, sobre todo en este país donde el acumulado histórico y el nivel de la lucha de clases, a pesar de ciertos episodios rescatables, ha sido en general bajo e inconstante.
Por lo pronto, salir a protestar con las consignas "abajo el paquetazo", "abajo Moreno" y "abajo el FMI", "construir afinidad en las calles", y hacer todo esto de manera colectiva, más o menos organizada, más o menos autónoma, más o menos combativa... es necesario y está bien; pero hay que ir más allá (como se dijo esta noche en una asamblea por ahí): "abajo el gobierno", "abajo los empresarios y los banqueros", "que se vayan todos, que no quede ni uno solo", "abajo el Capital, abajo el Estado, abajo los gobiernos y todos sus lacayos".
Revertir el "paquetazo" y derrocar a Moreno (como se ha derrocado a Bucaram, Mahuad y Gutiérrez en años anteriores) serían reales "victorias" para el posible y nuevo "movimiento" de protestas sociales en este país. Pero, siendo objetivos, aquí y ahora no existen las condiciones y las fuerzas sociales reales, el nivel de lucha de clases real para ello, aunque por algo se empieza. Puede ser que este gobierno de empresarios y banqueros se salga con la suya, pero la lucha de la clase proletaria en las calles tratará de impedírselo y no será en vano. La lucha es el camino y ahí mismo, luchando, se aprende, en especial de los golpes y las derrotas, a fin de transformarlas en su contrario en próximas batallas.
El hecho de que mañana se reactive la protesta social en este país que ha estado tan "dormido" en ese aspecto durante la última década no es poca cosa. Al contrario. Impulsadas por las fuertes y ejemplares protestas de las últimas semanas de septiembre en Bolívar y Carchi, mañana podrían comenzar las jornadas de octubre o jornadas octubrinas del 2019 en Ecuador. La protesta será creciente y es posible que haya saltos. Algunas organizaciones sociales ya declararon que el 3 de octubre es el día del inicio del "paro nacional". Y ya hay algunas protestas en algunos puntos del país. Veamos qué pasa desde mañana que se vuelven a calentar las calles...
Hay que salir a protestar, sí, pero teniendo claro que este es sólo el comienzo y que hay que ir más allá. Teniendo claro, en última instancia, que los ricos y poderosos no van a pagar la crisis; que ésta no es sólo nacional y "neoliberal", sino mundial y capitalista; que ésta no se eliminará de raíz y definitivamente sino es eliminando al capitalismo, el cual nos seguirá atacando y empeorando nuestras vidas con más crisis y medidas de austeridad; que falta mucho para ello, para un nuevo ciclo (internacional y local) de luchas proletarias que altere la correlación de fuerzas sociales y le imponga al sistema capitalista una situación de crisis revolucionaria; y que, al mismo tiempo, por algo se empieza en la lucha por defender las necesidades humanas de la clase trabajadora contra las necesidades de explotación y acumulación del Capital. Pase lo que pase, en términos de lucha, organización y consciencia, alguna lección y alguna llama encendida dejarán estas próximas protestas para la clase trabajadora en esta "mitad del mundo". Ya es hora. Veamos qué pasa desde mañana en las calles...

Un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial

Quito, 2 de octubre del 2019

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Versión panfleto repartido en Quito en medio de las fuertes protestas callejeras el 03/10/2019, 1er día del Paro Nacional y de la reactivación de la Guerra de Clases en este país: 



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Nota breve del 05/10/2019, 3er día del Paro Nacional: fuertes protestas sociales con acciones directas y brutal represión policial y militar en todo el país bajo estado de excepción. La lucha proletaria aquí y ahora sigue y seguirá al menos hasta que se derogue todo el paquetazo (no sólo el alza de pasajes) y que se vaya todo este gobierno burgués. Actualización de los últimos hechos en curso pendiente y apenas sea humanamente posible desde las calles.

Guerra de Clases en el centro histórico de Quito por las medidas de austeridad y la represión (03/10/2019)

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24 de septiembre de 2019

EXARCHIA [ATENAS]: OCUPACIÓN POLICIAL Y RESISTENCIA ANARQUISTA

¡Solidaridad internacionalista con Exarchia, epicentro de la revolución social mundial!

EXARCHIA EN ESTADO DE ALERTA













En pleno centro de Atenas, en el barrio de Exarchia —referente de movimientos anarquistas en todo el mundo—, existen decenas de edificios ocupados, muchos de ellos son los hogares de cientos de personas migrantes y refugiadas que quedaron atrapadas en Grecia debido al Reglamento Dublin III. En estos edificios, personas de todas las edades y distintas nacionalidades que quedaron fuera de los sistemas de protección gubernamentales han creado comunidades basadas en la autogestión y el trabajo cooperativo para sobrevivir y desarrollarse. Niños y niñas crecen entre asambleas semanales, entre culturas e idiomas distintos, bajo las normas del respeto y la convivencia pacífica. Personas europeas colaboramos desde la horizontalidad, trabajando con ellos y ellas, aportando lo que está en nuestras manos para mantener esos microuniversos al margen del sistema.

A principios de julio, el partido conservador Nueva Democracia ganaba las elecciones en el país heleno. Su líder, Kyriakos Mitsotakis, se proponía, entre otras reformas para endurecer las condiciones de migrantes y refugiados, “limpiar” el barrio de Exarchia. No han pasado ni dos meses y el barrio ya está sufriendo ataques y desalojos. Las activistas que allí residen denuncian que el propio gobierno destroza el barrio y después toma fotos para justificar las intervenciones. El pasado lunes, 26 de agosto, por la mañana, los squats de Spirou Trikoupi 17, Transito 15 y Gare, eran brutalmente evacuados.

Sobre las 5:00h a.m. la policía entraba en Trikoupi rompiendo las puertas del squat. Las personas del equipo de seguridad que vigilaban la entrada esa noche no pudieron hacer nada contra la avalancha de policías armados que subían piso por piso. Mientras ascendían, ordenaban a gritos que todo el mundo saliese de sus habitaciones. “Una de las mujeres que se encargaba de la seguridad empezó a temblar y no podía moverse”, explicaba un afgano que vivió el desalojo, y añadía: “Tenían pistolas en sus manos y parecía que estuviesen arrestando a criminales”. Comenzaron a destrozar objetos y mobiliario, a tratar a la gente con violencia, hasta el punto de que empujaron a una niña y le rompieron un diente. Reunieron a todo el mundo en la zona común, separaban a los hombres y mujeres que estaban solas de las familias y sobre las 8:15h se las llevaban en bus a la comisaría de Petrou Rali.

La conciencia social que desarrollan las personas refugiadas que habitan los squats supera la de muchas personas europeas que viajan como voluntarias a colaborar en Atenas. La capacidad crítica, la rabia contra las injusticias que les atraviesan, el empoderamiento del que son partícipes en comunidad, no tiene medida. Otro compañero, también afgano, que no fue detenido explicaba “es el momento que estábamos esperando, necesitamos ayudarles, tenemos que mostrarles cómo de fuertes somos, de lo contrario todo lo que hemos hecho será en vano”. En un contexto como este, no hay diferencia entre refugiadas y activistas, todas lo somos y todas actuamos unidas.

Tras tres horas en la comisaría, alrededor de 140 personas desalojadas seguían en la sala de espera sin haber recibido ningún tipo de información. En un momento dado, la policía empezaba a chequear la documentación de todas y a anotar sus datos, pero después de eso, todo el mundo seguía en el mismo lugar sin noticias.

Al medio día, cada persona recibía un plato de pasta para comer, pero si querían agua tenían que pagar 50 céntimos. Pasaban las horas y las niñas y niños empezaban a estar cansados, hambrientos, sedientos, sin espacio ni intimidad para dormir. Nadie sabía a qué estaban esperando, por qué estaban allí, hasta cuándo ni qué iba a pasarles. Ninguna persona externa podía acceder a esa sala de espera, ni siquiera para llevarles alimentos, agua o ropa. A las 22h, las personas documentadas fueron trasladadas a un alojamiento temporal a las afueras de la ciudad, sin comida ni agua, donde tampoco podía acceder ninguna persona externa; mientras que las no documentadas fueron directamente detenidas.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES NO DESCANSAN

La colaboración y la respuesta social es tan instantánea, que incluso algunas de las personas sin documentación fueron escondidas en el momento del desalojo y consiguieron salir. El sentimiento de unidad entre personas tan diversas no habría podido generarse sin la existencia de los squats y movimientos de solidaridad de Atenas.

Mientras las cerca de 140 personas eran retenidas como delincuentes en la comisaría, el resto de activistas se coordinaban. La principal tarea: informar. Una red de solidaridad internacional se articulaba para que nada de lo que sucede en Atenas y en Exarchia sea silenciado. Varias publicaciones de Facebook del squat Spirou Trikoupi 17 sobre el desalojo fueron eliminadas, pero las compañeras volvieron a publicarlas una y otra vez. Se convocó una concentración de urgencia en Notara, otro squat del barrio, para manifestarse en contra de la represión policial, las mentiras, la violencia y los desalojos.

Sin embargo, las acciones llevaban mucho tiempo preparándose. Kyriakos Mitsotakis prometió a sus votantes que antes de que acabase su legislatura, se tomaría un café en la plaza de Exarchia. Con esa simpleza, el líder de Nueva Democracia desafiaba a todo un barrio antiautoritario y a quienes colaboraron en convertirlo en un hito internacional. Con esas palabras se mofaba de las revueltas estudiantiles que iniciaron la resistencia antifascista en 1973 contra la dictadura de la Junta de los Coroneles, y también se reía del joven Alexandros Grigoropoulos, asesinado por un policía en 2008. Una muestra de poder, autoridad y prepotencia que fue suficiente para que los movimientos anarquistas comenzaran a prepararse.

El gobierno anunció a la prensa un plan para desalojar en 15 días un total de 23 okupas en Exarchia, 12 de los cuales albergaban refugiados e inmigrantes y otros 11, colectivos anarquistas. Entonces, diferentes grupos y casas okupas de Atenas se reunieron durante horas, dando forma a un nuevo colectivo más global, para debatir el modus operandi de una gran embestida. Se barajaron todo tipo de escenarios, tantos que era imposible preparase para todos. Por suerte, Exarchia siempre ha estado lista para resistir, pero la colaboración internacional es fundamental.

“NO PUEDEN DESALOJAR UN MOVIMIENTO”

Los movimientos anarquistas a nivel mundial ya están conectados, coordinando la ayuda necesaria para evitar que Exarchia deje de ser el epicentro revolucionario. Además, personas que, sin formar parte de colectivos tan organizados, quieren echar una mano, también se movilizan para denunciar los ataques al barrio, demostrando que los y las compañeras que se encuentran allí, no están solas, y que, como gritan sus consignas “somos semillas” y “no pueden desalojar un movimiento”.

En menos de 24h desde que comenzaron los desalojos, activistas que colaboramos allí durante mucho tiempo, personas refugiadas que pasaron por Atenas y que actualmente residen en otros países europeos, centros sociales y colectivos de diferentes partes del mundo hablábamos y nos manteníamos al corriente de las novedades para poder contarlo, siempre en concordancia con lo que las compañeras de Atenas nos transmitían y nos pedían.

Empezaba diciendo que la solidaridad está en crisis, no porque no la haya, sino porque parece que hay otra fuerza mayor encargada de eliminarla. Sin embargo, la resiliencia también se aplica a las acciones solidarias. La cooperación y la lucha social es agotadora en cuanto a que requiere de mucho tiempo para la planificación, toma de decisiones, división de tareas, etc. pero trabajar en equipo tiene la ventaja de permitir turnos de descanso muy necesarios que hagan que la fuerza no se debilite. El autocuidado en movimientos tan amplios es indispensable.

En Atenas ha comenzado una batalla, al igual que en el Mediterráneo, en el Amazonas, en México, en Argentina, y al igual que se llevan librando durante años en Palestina, Siria o Yemen, entre otras muchas zonas de conflicto. Sin embargo, allá donde haya violencia y represión, habrá resistencia y movimientos que traten de frenarlas.

Últimamente, en occidente, las ideologías machistas, racistas, xenófobas… fascistas, en resumen, parecen estar cobrando fuerza y las disidencias están siendo cada vez más castigadas. Por esta razón, es necesario visibilizar las resistencias, las acciones comunitarias, cooperativas y solidarias que se mantienen vivas, así como colaborar en la medida de lo posible con ellas. Como afirman las compañeras de Atenas: “¡No pasarán!”.

Por: "Eva Serós Quintero", Psicóloga Social y Activista
31 de Agosto de 2019


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Relacionados:



Anarquistas defendiendo Exarchia en las calles: fotos y video

Ver actualización de noticias de los hechos en curso en Exarchia en: Agencia de Noticias Anarquistas (página de facebook)

2 de agosto de 2019

Sobre el movimiento de los "chalecos amarillos" en Francia. [Audio]

Audio de la Charla sobre el movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia, a cargo de compañeros del grupo Barbaria (Madrid/París), que estuvieron en la región argentina

«En cualquier caso, es indudable que el movimiento de los chalecos amarillos hace parte de un proceso de despertar de nuestra clase a nivel internacional, tras la derrota de la oleada de luchas de los años 70. Ante la perspectiva factible de que este movimiento se apague tarde o temprano, si no se produce una recuperación burguesa a la altura de la intensidad que ha vivido y luchado, dejará tras de sí nuevos lazos de solidaridad, quizá algunas estructuras, experiencias de lucha de las que extraer lecciones, un nuevo número de personas que, tras su radicalización en el movimiento, se sumarán a la actividad de las minorías revolucionarias pese a la vuelta a la normalidad. Nuestra clase aprende. Construye su propia memoria. Se despierta.»
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NUEVOS MATERIALES: SOBRE LOS CHALECOS AMARILLOS
  • No solo arde París... Anotaciones sobre los chalecos amarillos por Proletarios Internacionalistas.
  • Guerra de Clases Nro.9: Chalecos amarillos.
En ambos materiales se critica y se advierte sobre las debilidades expresadas por el movimiento, pero no se lo limita a ellas. Esta lucha manifiesta la confusión actual, nuestra debilidad como clase, la falta de memoria que los vencedores nos expropiaron a los vencidos. Pero también muestra la defensa instintiva, inevitable, de unas necesidades que el Capital niega para poder expandirse. La defensa de sus necesidades empuja al proletariado a negar a su vez al Capital y su dominio sobre nuestras vidas.
«Los chalecos amarillos son ―por si alguien lo dudaba todavía― un movimiento proletario. Como en todo movimiento proletario, en él se expresa a la vez el proletariado realmente existente y el mundo que éste anticipa. El primero parte de la confusión actual, de nuestra debilidad como clase, de la falta de memoria que los vencedores nos expropiaron a los vencidos. Pero parte también de la defensa instintiva, inevitable, de unas necesidades que el capital debe negar para poder reproducirse. Esta defensa de sus necesidades empuja al proletariado a negar a su vez al capital y su dominio sobre nuestras vidas, y no sólo, porque en ese proceso el proletariado también se niega, se reafirma como comunidad de lucha en contra de su propia existencia aislada, ciudadana, democrática. Esta contradicción esencial al capitalismo, inherente a su propia reproducción, es lo que determina la posibilidad de la revolución. Hace de ella algo material, físico, ajeno a nuestras voluntades y conciencias individuales. Es así como el proletariado anticipa en su combate otro mundo distinto, al mismo tiempo que sigue arrastrando una parte de la mierda de éste, que se constituirá en la base de su propia derrota si no consigue superarla en el proceso. [...] Por fortuna, el movimiento de los chalecos amarillos es otra cosa. Ahora bien, que afirmemos el carácter proletario del movimiento, pese a todas las ideologías y banderas que flotan entre sus protagonistas, no quiere decir que las mismas no tengan importancia o no sean finalmente determinantes. Al contrario, partiendo de la práctica real que determina el movimiento y le confiere su carácter de clase, percibimos y criticamos todas esas fuerzas del enemigo que actúan para atraparlo, neutralizarlo y darle una dirección que se contrapone a las mismas necesidades e intereses que determinan al propio movimiento. Sin esta comprensión de la realidad no se hace otra cosa que proyectar imágenes distorsionadas del movimiento para reducirlo a un movimiento pequeño burgués, de clase media, ciudadano, de defensa del “verdadero pueblo francés”, dirigido por grupos de derecha, etc. Desde luego nosotros no vamos a colaborar en esa proyección espectacular que se une a todos los esfuerzos de la burguesía por liquidar ese movimiento. Nuestra intención, justamente, es contribuir a impulsar la potencia proletaria que la lucha de los chalecos amarillos contiene y denunciar a todas las fuerzas que obstaculizan el desarrollo de la misma.» (Proletarios Internacionalistas. "No sólo arde París")
«Los “chalecos amarillos” son un movimiento contradictorio, pero no contrarrevolucionario. Anteriormente en este texto hablamos de la constitución del proletariado como clase y de un proceso de ruptura. Este proceso incluye necesariamente una serie eterna de choques entre la clase que se está afirmando, su conciencia reemergente obtenida en y a través de la lucha práctica y la falsa conciencia profundamente arraigada en la mente de cada individuo, la falsa conciencia que es la piedra angular de toda falsa comunidad de “ciudadanos”, “personas” o “naciones”. Sería una locura esperar que cualquier movimiento pueda saltarse este proceso de desarrollo de rupturas y tener una clara conciencia de clase desde el principio, y también sería una locura condenar a un movimiento porque no lo tiene en una cierta fase de su existencia. Lo importante es que existe esta dinámica de clarificación, que el programa proletario aparece cada vez más explícito en oposición a todos los intentos de recuperación política y sindical. Si el resultado de este choque está lejos de ser claro en esta etapa, es obvio que este conflicto existe, continúa y se desarrolla dentro del movimiento de los “chalecos amarillos”, como siempre aparece en todo movimiento proletario. [...] Por supuesto, también somos muy críticos con el movimiento de los “chalecos amarillos”. No es muy difícil describir las debilidades más evidentes del movimiento. Lo que nos da esperanza es que ninguna de estas debilidades es expresada por el movimiento en su conjunto, ni siquiera por su mayoría y que cada vez que aparece una u otra versión de la ideología burguesa, se enfrenta a una crítica proveniente del propio movimiento. Cada cuestión expresada por el movimiento es objeto de contradicciones, de discusiones, de crítica y de un conflicto más o menos violento entre el rechazo y la aceptación de la ideología burguesa. Ese es el proceso que mencionamos anteriormente: la línea de ruptura con el Estado no sólo existe en los enfrentamientos callejeros, sino que se expresa también dentro del movimiento.» (Tridni Valka-Guerra de Clases N° 9)