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24 de agosto de 2026

Dejando el charco (o Para salir del pantano)

L’Ouvrier Communiste (agosto de 1929)
 
 

Sobre el texto:

Este es un artículo publicado en agosto de 1929 en L’Ouvrier Communiste [El Obrero Comunista] número 1, la revista de Groupes ouvriers communistes [Grupos de obreros comunistas] [ver abajo en Relacionados], en la que redactaron revolucionarios cómo Michelangelo Pappalardi y el comunista libertario André Prudhommeaux. Este grupo protagonizó uno de los primeros intentos de unir y de recoger de manera crítica la praxis y posiciones teóricas marxianas/marxistas de la izquierda italiana (“bordiguista”) con las de las izquierdas comunistas no leninistas (sobre todo del comunismo de consejos germano-holandés), y hasta con las de ciertas corrientes anarquistas.

Este grupo surge de una fractura con la revista Prometeo (el periódico de la corriente bordiguista) en varias cuestiones clave, como en el rechazo de los sindicatos al comprender que estos cumplían un rol contrarrevolucionario, y la caracterización de la URSS como un Estado capitalista (diferenciándolos de la crítica trotskista que lo consideraba un "Estado obrero degenerado"). La ruptura con el bordiguismo y por extensión con el leninismo en general, les llevó a un acercamiento con la línea del antiguo KAPD (Partido Comunista de los Trabajadores de Alemania). Este texto retrata cuán profunda fue aquella ruptura.

“[El “viejo topo” ya ha ejecutado su sentencia. Gorter tenía razón y Lenin estaba equivocado.] La línea leninista ha provocado las peores derrotas, la constitución de partidos de masas ha formado un nuevo baluarte oportunista y contrarrevolucionario en el campo del proletariado. La revolución mundial encontró saboteadores en estos partidos, no guías.”

Traducido por Colapso y Desvío a partir de la versión en inglés disponible en libcom. 

***

Las grandes luchas y derrotas de la clase trabajadora en los períodos de guerra y posguerra han creado la base para un renacimiento de las fuerzas proletarias, para un resurgimiento de la conciencia ideológica y la capacidad de lucha del proletariado. Sólo que esta elevación de la ideología proletaria se produce a expensas de un proceso de descomposición de las organizaciones en el que la clase trabajadora no pudo encontrar las armas para su victoria sobre el capitalismo, organizaciones representadas por la socialdemocracia y el bolchevismo.

Nuestro origen como grupo donde el arma de la crítica revolucionaria no teme ni a los líderes ni a los ídolos se debe a este proceso de descomposición, que se extendió rápidamente dentro de la Comintern poco después de la NEP (1921-1928). Pero nuestro desarrollo, nuestra libertad del barro del charco, no fue obra de un día. Fueron necesarias muchas luchas para alcanzar nuestro nivel ideológico actual. Y si hoy nuestra posición está libre de oportunismo se debe a una doble escisión.

En el terreno revolucionario sólo podemos alcanzar la claridad a ese precio; no hay otra manera posible de retener y difundir las posiciones que hemos ganado con tanto esfuerzo. Algunos deben quedarse, a veces un puñado debe quedarse solo. De lo contrario, no queda más que ocultar estas posiciones bajo un fango de concesiones y disciplina mecánica.

La primera escisión nos liberó del fanatismo disciplinario, donde esos lamentables centristas, los reformistas de la Comintern, todavía debaten. Pero esta primera escisión, que debemos a los elementos de Prometeo y lo que nos permitió ver el horizonte más amplio, no fue suficiente.

Entre nosotros había herejes vacilantes, asustados por nuestra tendencia iconoclasta y que se escondían en sus bolsillos imágenes descoloridas con la esperanza de que algún día pudieran ser fuente de un milagro. También hubo quienes quedaron a la deriva en una corriente de aristocracia obrera, permanentemente separada de la revolución. De todos aquellos de los que nos deshicimos, no nos arrepentimos porque nuestras ideas y posiciones revolucionarias valían más que su compañía recalcitrante.

Además, la perfecta homogeneidad ideológica que se puede lograr en un período de descomposición a expensas de la cantidad es mucho más preferible a una combinación más amplia de elementos heterogéneos. Hoy en día, el crecimiento de la calidad se ve afectado por una disminución de la cantidad. Las personas que, ante esta dura realidad, se aferran al mito de la unidad para defender sus falsas posiciones, no entendieron la necesidad de este proceso. Asustados por el aislamiento actual, flotan con el actual, habiendo olvidado que la realidad histórica no está limitada en la actualidad, sino que es un conjunto complicado de contingencias que, en última instancia, elimina elementos tan insignificantes.

¡Pero qué importa su pérdida después de nuestra liberación ideológica! ¿No nos regocijamos por romper un vínculo que tal vez nos habría devuelto a los charcos?

Comenzamos nuestro desarrollo negando el mito formal de la unidad, porque sabíamos bien que éste es un medio para preservar las organizaciones contrarrevolucionarias. La historia, los hechos que tenemos ante nosotros, demostraron la exactitud de esta verdad. Simplemente hicimos lo que nos dimos cuenta, ¡ay! Un poco tarde.

¿Era demasiado tarde? No. Además, ¿de qué otra manera se podría haber hecho este descubrimiento? Los elementos de la conciencia subjetiva (estas son expresiones de Lenin) no son una aceleración de la historia. No podemos construir sobre la arena. Lo subjetivo es sólo el reflejo de la continuación, incluso un aspecto, del objetivo mismo. Es la experiencia histórica la que desarrolla nuevas posiciones ideológicas, lo que crea nuevas formas de lucha a expensas de las viejas y anticuadas organizaciones.

El gran error de Lenin, que sin saberlo estaba en él; el reflejo de una situación en la que el elemento proletario no era el único que desempeñaba un papel significativo, fue precisamente esta tendencia a las construcciones artificiales, a la estrategia que, deseando avanzar los límites de la realidad mediante un plan predeterminado, acaba truncando los brotes de espontaneidad.

La Carta de Bordiga a Korsch publicada por Prometeo comentó sobre este fracaso de Lenin[1]. Lo que no logró señalar es que la culpa recae sobre todos aquellos que siguieron a Lenin en la experiencia de la Comintern, incluidos Bordiga y nosotros mismos. Esta falta de objetividad lleva a olvidar el mérito de quienes no siguieron a Lenin en su intento. Y la responsabilidad aumenta si elementos como Bordiga y muchos otros, sabiendo que la línea leninista conduciría a la quiebra de la Tercera Internacional, no lo hubieran dicho con suficiente claridad.

Hoy es doloroso observar que los representantes de la línea de Bordiga pretenden considerar esta línea como una tendencia original y específica de la izquierda dentro de la Internacional, mientras que es una rama bastante tardía de la verdadera izquierda marxista, la de 1919 y 1920 cuyos representantes fueron Sylvia Pankhurst en Gran Bretaña y los tribunistas[2] Gorter y Pannekoek en Holanda.

Il Soviet, el órgano de la fracción abstencionista del Partido Socialista Italiano, ¡incluso ha publicado un folleto de Pannekoek! Lo que finalmente encontró expresión en Alemania en el Partido Comunista Obrero, contra el cual se dirigen casi todos los ataques de Lenin en la Enfermedad Infantil[3].

No hay forma de ocultarlo, sólo los tribunistas y los radicales alemanes se negaron a seguir la línea de Lenin. Fue Herman Gorter en su carta abierta a Lenin, escrita para él y el Partido Comunista Alemán, quien denunció la línea falsa de Lenin.

El “viejo topo” ya ha ejecutado su sentencia. Gorter tenía razón y Lenin estaba equivocado. La línea leninista ha provocado las peores derrotas, la constitución de partidos de masas ha formado un nuevo baluarte oportunista y contrarrevolucionario en el campo del proletariado. La revolución mundial encontró saboteadores en estos partidos, no guías.

La línea de Lenin era la de la unidad, la línea de Gorter la de la división. Pero ¿cuál fue el resultado de la táctica de unidad? Derrota y luego decaimiento.

Hoy, teniendo en cuenta lo que hemos experimentado, ya no se trata de salvar a la Comintern aferrándose desesperadamente al leninismo, como lo hace la mayor parte de la oposición, sino de condenar, a la luz de la experiencia histórica, ese mismo leninismo. Y con esto nos referimos al oportunismo táctico, que no puede crear unidad artificialmente, sino que retrasa el proceso espontáneo de unificación revolucionaria. Al mismo tiempo, debemos girar hacia la línea de izquierda, hacia el “radicalismo infantil”, que Lenin ya había condenado en 1920.

Esto puede parecer una paradoja, pero el “viejo topo” fue el responsable de demostrar que no era el radicalismo la enfermedad infantil del comunismo. Era más bien el leninismo. La relación de las fuerzas sociales en Rusia, que estaban mucho menos desarrolladas que en Europa occidental y América, formó la base del infantilismo leninista. Así, Lenin y los leninistas pensaron que podían aplicar la misma estrategia en Rusia y en otros países, que ya no tenían una revolución burguesa que llevar a cabo. El leninismo, que no ha logrado extraer de la experiencia occidental los elementos de la maduración, se ha transformado en despotismo y reacción tanto en Rusia como en la escena internacional. Y así fue como el proletariado ha visto crecer el número de sus enemigos. El proletariado ya no se ocupa sólo de la democracia burguesa y de la socialdemocracia, sino también de esa falsificación del comunismo que es el bolchevismo.

El aspecto fundamental de la “enfermedad infantil leninista” fue el compromiso. De este modo se aplicó un compromiso en la formación de las partes de la Tercera Internacional. En 1919 y 1920, todos los elementos extremistas o ultraizquierdistas tendieron al antiparlamentarismo total; El leninismo participó en una lucha contra estos elementos, que se dejaron doblegar o fueron expulsados de las filas del comunismo oficial. El antiparlamentarismo radical fue una expresión general del grado de conciencia alcanzado por el proletariado a través de la experiencia de la guerra en los países capitalistas avanzados. No hubo confusión, como lo hizo Lenin, en esta manifestación del desarrollo revolucionario dentro de los países más avanzados con el otzovismo ruso. Pero ese modo de comparación es uno de los métodos (no siempre dialécticos) de la ideología leninista. Aceptaron demagogos parlamentarios en la Internacional, que invadió el Partido Socialista Independiente, en el ala izquierda del Partido Socialista de Francia y en el Partido Socialista de Italia. Fue así como los “líderes” fueron entregados a las masas de la Comintern

Por un lado, se luchó y persiguió el extremismo, por otro, se permitió que el oportunismo parlamentario echara raíces en las filas de la vanguardia proletaria. Así, el antiparlamentarismo de los extremistas —justificado históricamente por el conflicto entre el parlamento, el órgano político del capitalismo y los consejos, los órganos políticos del proletariado—, fue condenado por el leninismo y no tenía cabida en la Comintern.

Está claro que el primer paso del bolchevismo hacia el compromiso fue separarse de los mejores elementos revolucionarios y, por tanto, de la realidad revolucionaria real. A la luz de la experiencia histórica, hoy podemos decir que la cuestión parlamentaria no era secundaria, como lo demostró en la diferente interpretación de las tácticas comunistas la diferencia fundamental entre la revolución rusa y la Revolución Occidental. Hoy la estrategia leninista ha fracasado y ha llevado a la Internacional Comunista a unirse a las filas de la contrarrevolución. Está claro que si la Tercera Internacional hubiera tenido en su base ideológica la fuerza del antiparlamentarismo radical, este espantapájaros de oportunistas, el proceso de degeneración de la Tercera Internacional no habría sido tan fácil y que este organismo al menos habría retenido las posiciones revolucionarias del proletariado internacional.

Sin embargo, no fue suficiente para llegar a un acuerdo sobre la cuestión de los partidos de masas y el parlamentarismo. Después de la introducción de la NEP, el compromiso con la socialdemocracia internacional se produjo en la teoría y la práctica del frente único. Se intentó mediante una formulación diplomática ocultar el verdadero significado oportunista de esta táctica, que reflejaba la degeneración inicial de la dictadura proletaria en Rusia en la escena internacional.

[Gavriil] Miasnikov, en una polémica con Lenin en 1922, comentó con razón que habían intentado en vano ocultar la naturaleza claramente socialdemócrata de esta táctica bajo nuevas fórmulas (cuerda y ahorcamiento, etc.). Esta táctica que se aplicó simultáneamente con el lanzamiento del lema del gobierno obrero y campesino (un lema carente de significado en los países capitalistas avanzados) reveló en pocos años el carácter oportunista de la nueva Internacional. En poco tiempo, llevó al Comintern a las mismas posiciones que provocaron el colapso de la socialdemocracia en 1914.

En 1923, el Partido Comunista Alemán, bajo el liderazgo del Ejecutivo de Moscú, no sólo aplicó la táctica del frente único con la socialdemocracia, sino que intentó aplicarla incluso con los elementos fascistas dentro de Alemania. Con este fin, ensalzó a la Nación y sostuvo al mismo tiempo que sólo el proletariado afiliado a todos los elementos sanos de la población podía defender y salvar a la patria del peligro. Esta fue una abierta traición a los principios internacionalistas.

Hay quienes quieren hacer pasar la traición de 1923 en Alemania como un simple error. De hecho, se trata de las mismas personas que ahora quieren salvar al Comintern. Pero no olvidemos el discurso de Radek sobre Schlageter, los discursos de Bujarin y Zetkin sobre la posición de la Comintern frente a Alemania en 1923, y no ignoremos que en aquel momento se consideraba la colaboración entre el Ejército Rojo y la Reichswehr. Nadie dentro de las filas revolucionarias debería omitir lo que nunca lograron refutar: en 1922 y 1923, la Rusia soviética armó a la Reichswehr[4], contra quien el proletariado luchaba heroicamente.

La aplicación del compromiso impulsado a la traición encuentra su base teórica en el Enfermedad Infantil de Lenin e incluso en Contra la corriente [Pro tetseniyu] por Lenin y Zinoviev. Se ha dicho: “Lenin no habría llegado tan lejos”. Pero cuando hacemos la crítica del leninismo no podemos considerar este argumento. Lo que importa es que el leninismo ya lo haya hecho. En Contra la corriente Lenin adopta posiciones contradictorias sobre la cuestión nacional. Su razonamiento oscila entre una posición internacionalista muy razonable y la preservación de tácticas falsas (buscará “fuerzas revolucionarias”, históricamente muertas en luchas nacionalistas, en la autonomía de los pueblos, etc.), ofreciendo una amplia base teórica para la traición de 1923.

Thalheimer, el alma gemela de Brandler (de quien Souvarine era apologista en Francia), estaba bien atendida por la posición equívoca de Lenin de justificar, en un artículo publicado en Die Rote Fahne en 1923, el nacionalbolchevismo del Partido Comunista de Alemania (KPD).

Aquí, una vez más, la naturaleza de la ideología leninista se revela como comprometedora, en el antiguo estilo socialdemócrata, en contraste con la ideología de la izquierda marxista.

Esto es precisamente lo que pudo discernir Rosa Luxemburgo, que junto con la izquierda holandesa y polaca mostró las tendencias objetivas de la revolución en Occidente, en las desviaciones leninistas de Contra la corriente como las primeras manifestaciones del nacionalbolchevismo de 1923.

El apresurado compromiso que creó la Tercera Internacional en un momento de entusiasmo ocultó estas diferencias, cuya importancia quedó clara más tarde, bajo un velo. Y con admiración se leen las críticas que Rosa Luxemburgo hizo a la Revolución Bolchevique y su falsa estrategia nacional, crítica que se esbozó justo antes de la muerte de este gran teórico marxista. El entusiasmo y luego la complicidad que habían silenciado la pléyade de los líderes del Comintern no habían perturbado en lo más mínimo la objetividad de la heroína proletaria; Afortunadamente para ella, no encontró apologistas ni fieles en la escuela leninista-bujarinista.

Una vez más, el compromiso leninista sufrió otra derrota y nuevamente debe ser condenado. Sin embargo, la lección más profunda impuesta al leninismo por los hechos sigue siendo el fracaso de la conquista de los sindicatos. Sobre este terreno, el bordigismo, el brandlérismo, todos los matices y todas las tendencias de la Tercera Internacional siguieron la misma línea. Y es con este propósito que todos apoyaron la necesidad de permanecer en los mismos sindicatos reformistas para luchar contra el reformismo y reemplazar a los líderes reformistas por líderes comunistas para revolucionar los sindicatos. Hasta ayer éramos los “conquistadores”, creíamos en la utopía de la conquista sindical. Tuvimos que pensar detenidamente, presenciar el triunfo del arbitraje, tuvimos que recorrer las experiencias alemana, italiana y rusa para ver que el leninismo era infantil incluso allí. Lenin había olvidado, como mal dialéctico, que las formas de la lucha de clases no siempre son las mismas, que los órganos originalmente naturales pueden distorsionarse y volverse anticuados y reaccionarios. Hoy los “conquistadores” están varados en el arrecife del arbitraje obligatorio. Qué fruto amargo ha dado ese error al proletariado.

El conflicto histórico entre los consejos fabriles y los sindicatos quedó oculto bajo el velo de la teoría de la conquista, entre la revolución y la contrarrevolución. Las mentes de los trabajadores se han dejado llevar por la ilusión de que reemplazando hombres por hombres, funcionarios por funcionarios, era posible revolucionar órganos que la historia había condenado durante la guerra y durante el levantamiento revolucionario. El leninismo, que, contrariamente al reformismo, apoyaba con razón la necesidad de aplastar al Estado, no entendía que los sindicatos, que se habían integrado al Estado, también debían ser aplastados. En Alemania se ha intentado conquistar y se han dejado conquistar; en Rusia los sindicatos son, como en Italia, corporaciones; forman el vicio que se apodera de la clase trabajadora.

Y los organismos sindicales, que, además de la Internacional de Ámsterdam, afirman conservar la tradición de la lucha de clases, son inevitablemente empujados en la misma dirección que las organizaciones amarillas. Su naturaleza reformista prevalece y ya supera incluso su fraseología revolucionaria. Por un lado, está la influencia antiproletaria del Estado ruso, que los convierte en el juguete de la política contrarrevolucionaria, por otro lado, su esencia, que los limita dentro de los estrechos límites de demandas parciales, desarrollándose en ellos órganos de disciplina laboral, los convierte en obstáculos para el desarrollo de la conciencia revolucionaria del proletariado. Por estas razones nos negamos a ver en ellos formas más revolucionarias de lucha de clases. En cuanto a las organizaciones ajenas a la Sección Internacional de Amsterdam y a la Internacional Roja de Sindicatos, que buscan la solución a la lucha de clases en el mismo terreno, es decir, de la misma forma en que otros ya han revelado o están en proceso de revelar su impotencia, están destinados a correr la misma suerte. Ya sea en Alemania, donde optaron por dividirse, o en Francia, donde se aferran a la teoría de la conquista (simplemente eche un vistazo a la acción y la teoría de la Liga Sindicalista para ver que ya está en la rutina del colaboracionismo de clases), sólo demuestran esta realidad más plenamente.

No podemos conquistar los sindicatos para la revolución, no podemos crear sindicatos revolucionarios. La contradicción entre la lucha por el pan y la lucha por la revolución se resolvió históricamente en los consejos fabriles, los consejos revolucionarios que destrozarán el aparato del Estado burgués y con él los propios sindicatos.

En nuestra consideración, no hemos desarrollado completamente nuestra crítica. Hemos tenido que contentarnos con esbozar sólo el lado crítico de nuestro pensamiento. Para dar una base sólida a nuestra crítica debe haber un análisis exhaustivo del desarrollo de la lucha de clases en los años de la posguerra. Lo cierto es que existen los elementos de este análisis, que intentaremos desarrollar en nuestra actividad posterior. Por lo tanto, ahora podemos sacar conclusiones generales. Estos hallazgos no nos llevan simplemente a condenar el leninismo como ideología y práctica. Nos llevan a posiciones que deben consolidarse, pero que, dada la base objetiva de la lucha proletaria en la escena internacional, tienen un valor duradero. No se relacionan con pura contingencia, sino con todo el período de preparación y desarrollo de la revolución proletaria.

También debe haber una difusión entre los proletarios del contenido de estas posiciones y no por los métodos de agitación bolchevique, sino por la propaganda comunista, que no tiene objetivos inmediatos, sino un objetivo: la revolución proletaria.

Preparar desde una base muy limitada, desde una élite consciente, el espíritu de la masa trabajadora a la revolución o, para ser más precisos, la experiencia histórica de la que el proletariado recibe la mayor parte de su educación, su conciencia de su misión de rebelarse y para llevar a cabo la transformación económica y social: ésta es nuestra posición fundamental.

No se puede mantener esta posición mediante una estrategia de líderes. Por el contrario, sólo puede consolidarse condenando la política de los líderes (cabe señalarse que no podemos llamar líderes a los representantes de la clase proletaria que son controlados antes y durante la acción revolucionaria, ni a los miembros de los consejos y otros órganos revolucionarios, que son meros instrumentos de la acción proletaria), que han encontrado y aún encuentran refugio en organizaciones donde la masa básica no tiene conciencia de los problemas revolucionarios. Por eso no tenemos prisa por fundar un nuevo partido, por ampliar apresuradamente nuestra base organizativa. No queremos repetir estos errores; No queremos con nosotros a los que aún no nos han entendido. Al adoptar este método, estaremos protegidos contra la restauración de líderes políticos en nuestras filas. Nuestro objetivo es formar un partido verdaderamente revolucionario y es para ello que preferimos seguir siendo, durante mucho tiempo si es necesario, una secta[5].

Y nuevamente para mantener esta posición, para preservar su baluarte en la revolución, no bastará con desarrollar una conciencia proletaria a través de la propaganda, ni con separarnos de la política de los líderes. Para desgarrar esta posición de la antigua influencia de la cultura, del medio burgués, debe haber una ruptura definitiva con toda tradición burguesa. Será necesario entrar en una lucha abierta contra las formas que tienden a preservar y difundir las raíces de la influencia burguesa entre la clase trabajadora. Es necesario romper con parlamentarios y sindicalistas; es necesario preparar su destrucción. Es necesario incitar a la clase trabajadora a boicotear el parlamento y preparar su destrucción. Es necesario decirle al proletariado que la lucha por demandas parciales no puede resultar en la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora, que sólo tiene valor como elemento de preparación para la lucha revolucionaria lo que nos llevará al establecimiento de la dictadura del proletariado[6]; que los sindicatos no pueden ser la expresión de esta lucha revolucionaria, que conducen a la colaboración de clases, es decir, a una mayor esclavitud de la clase trabajadora.

No hace falta decir que la experiencia y proliferación de esta verdad tiene un valor enorme y fundamental para el desarrollo de la conciencia proletaria. Pero cuando nuestra propaganda, en lugar de apoyar esta verdad, en lugar de apoyar las lecciones de la historia, va en contra de la realidad histórica, nuestra actividad se vuelve contrarrevolucionaria; cuando el leninismo niega la existencia de un nivel superior de conciencia proletaria y trata de hacerla pasar por una enfermedad infantil, entra en conflicto con la historia, se vuelve contrarrevolucionaria. No queremos que el puñado de héroes que con sus acciones despierten revoluciones y creen nuevas bases sociales.

Simplemente manteniendo las posiciones que el proletariado ganó durante el período revolucionario de posguerra, aunque fuera a costa de mil derrotas, cumplimos nuestro modesto pero necesario papel.

Y para mantener y ampliar estas posiciones lucharemos incansablemente contra todos los enemigos de la revolución, contra la burguesía y sus afiliados, contra la socialdemocracia occidental y contra la socialdemocracia de Moscú.

 


Notas [de CyD]:

[1] Se refiere a la carta enviada por Bordiga a Karl Korsch en octubre de 1926 y publicada posteriormente en la revista Prometeo, en la que cuestiona la forma en la que Korsch caracteriza la revolución rusa cómo una “revolución burguesa”. Para Bordiga no era tan simple identificar lo que sucedía en Rusia como la reproducción del capitalismo, sino que se trataba de “nuevas formas de la lucha de clases que no tienen precedentes históricos”. Léase en: https://www.quinterna.org/lingue/espanol/historico_es/carta_karl_korsch.htm.

[2] Entiéndase por quiénes se agrupaban en el periodíco De Tribune y representaban el ala izquierda del Partido socialdemócrata de Holanda y que en 1918 participaron de la fundación del Partido Comunista de Holanda.

[3] Se refiere al folleto “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”, escrito por Lenin en 1920 contra la fracción abstencionista italiana y las disidencias de izquierda al interior del Partido Comunista Alemán, principalmente por su actitud antisindical, su crítica al Partido y al parlamentarismo. Este panfleto sería respondido por Herman Gorter en su “Carta abierta al camarada Lenin” del mismo año, las divergencias entre Gorter y Lenin llevarían a un intercambio epistolar que terminaría con la carta titulada “Las lecciones de las «Jornadas de Marzo» de 1921 en la que insiste en los errores de la táctica de Lenin para el resto de Europa. Posteriormente, Gorter resumiría el rol de Lenin y los bolcheviques de la siguiente manera:  “Lenín y sus colegas han jugado un papel extraño. Por un lado, han mostrado al proletariado mundial el camino al comunismo, por otro han ayudado a establecer el capitalismo mundial en Rusia y Asia (sin mencionar a los campesinos). Por nuestra parte, siempre consideraremos más importante el verdadero comunismo hacia el que se están esforzando los obreros ingleses, alemanes y norteamericanos”.

[4] Las Reichswehr fueron las fuerzas armadas oficiales de alemania durante la República de Weimar, las cuales colaboraron con las fuerzas paramilitares nacionalistas (Freikorps) para reprimir los levantimientos obreros que estallaron luego de la revolución Rusa, incluído el levantamiento espartaquista que terminaría con el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, y de la República de Baviera que llevó al aprisionamiento y asesinato del anarquista Gustav Landauer en 1919. Posteriormente también serían responsables de reprimir el Levantamiento del Ruhr de 1920 y el Octubre Alemán de 1923. La alianza estratégica con la URSS, permitió el rearmamiento secreto de Alemania a través de la instalación de fábricas de material militar en territorio soviético.

[5] Recomendamos leer la crítica a los rackets por Jacques Camatte y que nosotros hemos abordado también. Véase: J. Camatte, Sobre la organización, 1972 y CyD, Notas sobre la organización y la práctica para los siguientes ciclos de lucha, 2026.

[6] Al respecto, recomendamos la lectura de Dictadura del Proletariado, Revolución Permanente y Guerra Revolucionaria en donde se comprende la dictadura del proletariado no como un Estado obrero, sino que cómo una suerte de Anti-Estado, “una forma de organización que ya no es el Estado”. En donde ni el aparato burocrático del Estado ni la policía sobreviven. En sus propias palabras: “La policía no tiene nada que ver con la dictadura del proletariado: esta última no la necesita, hará su revolución, su revolución permanente, sin la colaboración de este órgano inútil y peligroso”. 

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Relacionados: 

L'Ouvrier Communiste N° 1 (agosto de 1929) - Periódico completo traducido por Colectivo Obrero Comunista (agosto de 2026)

¿Conquistar los sindicatos o destruirlos? (3 partes, agosto-noviembre de 1929) - Traducido por Escritos para la Emancipación (junio de 2021-abril de 2022) y compilado por Barbaria (noviembre de 2024)

Dictadura del Proletariado, Revolución Permanente y Guerra Revolucionaria (octubre de 1930) - Traducido por Colectivo Obrero Comunista (junio de 2026) 

4 de mayo de 2026

[DOSSIER] EL DOBLE CAMATTE

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PRESENTACIÓN

Jacques Camatte o «la parte maldita» y el «eslabón perdido» del comunismo

Nos complace publicar un Dossier de y sobre la obra de Jacques Camatte (Francia, 18 de febrero de 1935 – 19 de abril de 2025) por varias razones.

La primera razón es porque hace unas semanas se conmemoró el primer aniversario de su muerte y no queríamos dejarlo pasar por alto.

La segunda razón es porque en estas tierras y estos tiempos (Ecuador, segunda década del siglo XXI) se lo conoce muy poco o se lo desconoce por completo, igual que a Amadeo Bordiga. Por lo tanto, queremos darlo a conocer aquí y ahora, a contracorriente de la hegemonía de la derecha y la izquierda del Capital de estos lares.

La tercera razón es porque Camatte fue un continuador crítico, riguroso y fecundo de la obra de Bordiga y de Marx; y, al igual que ellos dos, fue un adelantado a su época. En efecto, Camatte fue tanto «ese bordiguista sui generis [que] anticipó gran cantidad de temas hoy candentes»[1] como «un marxista del y para el futuro».[2]

Y la cuarta y más importante razón es porque, al igual que Camatte, lo que nos mueve es «la pasión del comunismo».[3] Como diría Marx en su famosa Tesis XI sobre Feuerbach, lo que nos interesa no es la interpretación, sino la crítica y la transformación radicales de este mundo. La teoría comunista es un arma al servicio de la revolución social por venir o no es.

Bajo tales premisas, nuestro Dossier El doble Camatte está compuesto por:

  • el libro ¿Quién teme a Jacques Camatte? (2020), que es la transcripción de la entrevista a Federico Corriente en el podcast «Anábasis»−Radio QK, programas #139 y #140 (septiembre de 2018);
  • el artículo Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea (2014), del mismo autor, que se puede considerar como el antecedente de su libro;
  • todos los artículos de Invariance —la revista de Camatte y sus compañeros— que se han podido traducir al español y que se encuentran compilados en la Biblioteca de Cuadernos de Negación: desde «Origen y función de la forma partido» (1961) y «La revolución comunista. Tesis de trabajo» (1969) hasta «Instauración del riesgo de extinción» (2020) y «Bordiga y el devenir de la especie» (2020), etc.; 
  • una Reseña de Invariance (2003) de Francois Danel, militante de Théorie Communiste, también alojada en la Biblioteca de Cuadernos de Negación[4]; y,
  • una Entrevista con Jacques Camatte (2019) de Cercle Marx, que fue traducida al español por Materiales por la Emancipación —a partir de la versión en inglés de libcom— y que como tal no ha sido publicada hasta la fecha.

El libro y el artículo de Corriente constituyen una lúcida y potente introducción al pensamiento de Camatte. De hecho, ya sólo el índice del primero y el título del segundo son elocuentes acerca de lo que queremos dar a conocer: «la parte maldita» y «el eslabón perdido» del comunismo, «la línea herética» del comunismo o «el otro comunismo». Nombre puesto a propósito, porque esta corriente de pensamiento y acción revolucionaria está en contra y más allá de ese capitalismo de Estado mal llamado “comunismo” —y sus defensores—, como lo han sido la URSS, China, Yugoslavia, Albania, Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Burkina Faso, Venezuela, etc. 

Sí: la URSS, junto con todos sus países satélites, siempre fue capitalista, tanto porque nunca desmanteló las relaciones de producción y categorías fundamentales capitalistas, sino que, por el contrario, las desarrolló de manera acelerada y brutal mientras las tapiñaba de “revolución” y “construcción del socialismo”. Así como también, porque el comunismo sólo puede ser mundial y nunca “en un solo país”. 

Así pues, en abierto antagonismo con la ortodoxia marxista-leninista y de la mano de insurrecciones, comunas y periódicos, la línea herética —y subterránea— del comunismo que aquí reivindicamos en torno a Camatte va, específicamente, desde Marx y la Izquierda Comunista (italiana o «bordiguista» y germano-holandesa o «consejista») hasta la Teoría de la Comunización (Dauvé, Théorie Communiste, Endnotes, etc.), pasando por otras corrientes radicales como la Internacional Situacionista (Debord y compañía) y Ludd-Consigli Proletari (Cesarano y compañía), entre otras.[5] 

En este contexto, considerando que la llamada «corriente comunizadora» es la crítica compañera y superadora de la izquierda comunista y que Camatte fue quien inició esa tarea crítica de manera explícita y rigurosa, se puede afirmar sin duda que Camatte es el verdadero pionero de la teoría de la comunización. Antes incluso que Gilles Dauvé y compañía. 

En suma, el núcleo y la constante de la línea herética del comunismo es la ruptura y el salto cualitativo dentro la praxis revolucionaria o la «revolución en la revolución», en la que Camatte ha sido, es y será un referente obligatorio para quienes han seguido, siguen y seguirán este otro camino. De manera que de «eslabón perdido» pase a ser eslabón visible e imprescindible, ya sea para darle la razón ya sea para criticarlo y superarlo. Sea como fuere, lo cierto es que en la historia de «el otro comunismo» hay un antes y un después de Camatte.   

Contra el culto a la personalidad

Sin embargo, enunciar las virtudes y potencias de la obra de Camatte no significa hacer culto a su personalidad, por dos razones. 

La primera razón es porque el culto a la personalidad —de cualquier personalidad, p. ej. Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Guevara, etc., o también Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Flores Magón, Makhno, Durruti, Di Giovanni, etc.— es propio de la cultura y la historiografía burguesas e idealistas que endiosan a los “grandes hombres” por sus “grandes ideas” y sus “grandes hazañas”. 

Muy por el contrario, la premisa fundamental de la concepción materialista y comunista de la historia —reafirmada en varias ocasiones por Marx y más aún por Bordiga[6]— es que la historia está hecha por los procesos y las coyunturas detonadas por la «polarización social» que resulta del devenir y la estructura misma de las sociedades de clases, en la cual grandes grupos de hombres o masas anónimas se constituyen colectiva y físicamente como fuerzas o partidos en y por determinadas condiciones materiales de existencia ya sea para conservar ya sea para cambiar sus vidas. 

Por consiguiente, las personas que llegan a hacer historia —con acciones e ideas— sólo son productos accidentales y temporales de tales circunstancias concretas, históricas e impersonales. En este caso, Marx, Bordiga, Camatte y tantos otros camaradas no “crearon” idealmente el comunismo. Al contrario: entendido como «el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual» (Marx, La ideología alemana, 1845-46), el comunismo los produjo a ellos como sus teóricos durante coyunturas revolucionarias (1848, 1871, 1917-1923, 1936-1937, 1968-1977). 

La segunda razón es porque, si bien su teoría es original, rica y compleja, Camatte fue un compañero histórico altamente contradictorio, no sólo en estos últimos años (ver su Entrevista con Cercle Marx del 2019), sino ya desde los 70s (a saber: desde la serie 2 de Invariance, como se puede leer en la acertada Reseña de Danel). Por lo tanto, a Camatte hay que estudiarlo con atención, cuidado y selectividad. 

El doble Camatte 

Para ser más precisos, así como Robert Kurz sostiene la tesis de que hay un «doble Marx»[7] y Lucien Laugier[8] y el propio Camatte[9] sugieren que hay un «doble Bordiga», así mismo nosotros planteamos aquí la tesis de que hay un doble Camatte: el Camatte comunista, que corresponde a la oleada revolucionaria internacional antes, durante y un poco después de 1968, año uno de lo que los situacionistas denominaron el segundo asalto del proletariado a la sociedad de clases; y, el Camatte no comunista, que corresponde a la reestructuración/contrarrevolución capitalista triunfante o la derrota del segundo asalto proletario hasta la fecha, en especial a partir de 1975 en adelante. 

A continuación, pues, dejamos planteada nuestra tesis, empezando por criticar al Camatte no comunista para luego reivindicar al Camatte comunista. 

El Camatte no comunista

Por un lado, hay ciertos momentos y puntos de la obra de Camatte que, desde la perspectiva comunista, son muy criticables y prescindibles. A saber: 

  • el abandono de la teoría del proletariado y la lucha de clases;
  • la teoría de la “autonomización o fuga del capital”;
  • la teoría de la “antropomorfosis del capital”;
  • la teoría de “la revolución a título humano”;
  • la teoría de “dejar este mundo” y “estar en los márgenes”;
  • la deriva psicologista (“proceso inconsciente”, “retorno de lo reprimido”, etc.). 

Que quede claro: entendemos, incluso a nivel personal, por qué y cómo Camatte llegó a ese punto, pero discrepamos y mucho. Como proletarios revolucionarios, pensamos que aquello significa abandonar la concepción materialista de la historia, la teoría de la explotación y de la lucha de clases que van de la mano y, por tanto, abandonar las posiciones dinámicamente invariantes del proletariado revolucionario, mejor dicho, del «Partido Histórico» (Marx y Bordiga) para la abolición de la sociedad de clases —empezando por el propio proletariado en tanto que clase del trabajo/capital— y la producción del comunismo. Partido del que, años antes, el mismo Camatte hubo de escribir materiales tan valiosos y potentes —como «Origen y función de la forma partido», «La revolución comunista. Tesis de trabajo», entre otros—. También significa perderse en cualesquier especulaciones más o menos eruditas, novedosas e inofensivas contra la civilización capitalista. Este es el Camatte no comunista.[10] 

Entre paréntesis: algunos marxistas y anarquistas se han valido de tal “errancia” o extravío de Camatte para afirmar, a la ligera y a conveniencia, que él es “modernista”, “primitivista”, “metafísico”, “místico”, “hippie”, etc. Pues no lo es. Nosotros criticamos estas falsas acusaciones contra Camatte porque pretenden limar el filo comunista de la primera parte de la trayectoria de este compañero histórico o “botar al niño con el agua sucia de la tina”. 

El Camatte comunista 

Por otro lado, de hecho, hay momentos y aportes de la obra de Camatte que, de cara al presente y al futuro, resultan imprescindibles y potentes para la reapropiación y el afilamiento de las armas teóricas de la revolución comunista mundial. De allí que lo sigamos reivindicando como compañero histórico o camarada. A saber: 

  • la transición de la «dominación formal» a la «dominación real» del capital sobre el trabajo que, desde la crítica de la economía política, es el criterio clave para una periodización y caracterización críticas de los diferentes ciclos históricos del capitalismo, la lucha de clases y la revolución social en todo el mundo —sin desconocer el desarrollo desigual entre las diferentes regiones del planeta—;
  • el rechazo de un “período de transición” entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista y, en cambio, la afirmación de la autoabolición del proletariado de manera inmediata y simultánea con la abolición del capital, entendida como la médula de la revolución comunista, lo que es la tesis central de la teoría de la comunización, debido a la implicación recíproca capital/proletariado bajo la dominación real del capital;
  • la negación positiva o la abolición y superación de la democracia, entendida como la forma histórico-política por excelencia de la sociedad mercantil generalizada y su «mistificación» o fetichismo inherente, mediante la dictadura social del movimiento comunizador en el cual se liquidará el valor, el mercado, el Estado, las fronteras nacionales, la burguesía y el proletariado;
  • la crítica práctica y superadora del fascismo y del antifascismo por igual, ya que ninguno de éstos rompe realmente con la democracia y, por tanto, con el capitalismo, sino que es parte de su lógica y dinámica política, lo que hace de “fascismo o antifascismo” ―o, lo que es lo mismo, “fascismo o democracia”― una falsa dicotomía o una fórmula de confusión, propia de la socialdemocracia, con respecto al antagonismo fundamental entre proletariado y burguesía, revolución y contrarrevolución, comunismo y capitalismo;
  • la importancia de la teoría comunista entendida como actividad para «mantener la línea del futuro» (Bordiga) o la perspectiva revolucionaria a contracorriente de los períodos contrarrevolucionarios, esto es, la teoría como actividad de reflexión autocrítica de las luchas concretas así como de previsión y preparación de la revolución en actos;
  • el Partido Histórico y mundial como «prefiguración de la sociedad comunista» del futuro en el seno del presente, al calor del antagonismo de clases para la abolición de la sociedad de clases: el «Partido-Comunidad»;
  • la Gemeinwesen entendida como comunidad humana —criticando y superando el esencialismo humanista— donde, una vez desaparecidas las clases sociales y sus antagonismos, el individuo existe realmente y se desarrolla libremente, o sea, entendida como la abolición de la dicotomía individuo/comunidad y, por tanto, como la unidad entre individuación y comunización; y,
  • la dimensión biológica y cósmica de la revolución social o, lejos del primitivismo, la comunidad entre la humanidad junto con su tecnología y la naturaleza o el cosmos en devenir, como uno de sus resultados… un comunismo solarpunk[11] o del futuro.

Todas estas tesis de avanzada de la teoría comunista contemporánea ya se encuentran en Camatte, mejor dicho, en el Camatte comunista, el Camatte adelantado a su época, el Camatte del futuro. Y el futuro es hoy. Por eso, proletarios de aquí y de todos los países: ¡a leer y usar críticamente a Camatte para la lucha revolucionaria de esta época, para la revolución comunista universal del siglo XXI! 


Proletarios Hartos de Serlo
Quito, abril de 2025 y abril de 2026
 
 

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DOSSIER EL DOBLE CAMATTE

1.   [Libro] ¿Quién teme a Jacques Camatte? — Federico Corriente (2020)

2.   [Audios] Jacques Camatte. Entrevista a Federico Corriente — Anábasis (septiembre de 2018): Programa #139 y Programa #140.

3.   [Artículo] Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea — Federico Corriente (2014)

4.   [Artículo] Reseña de «Invariance» — Francois Danel/Théorie Communiste (2003)

5.   [Artículos] Invariance — Biblioteca de Cuadernos de Negación (2018)

6.   [Texto] Entrevista con Jacques Camatte — Cercle Marx (2019)





Notas 

[1] Albertani, C. (29 de mayo de 2025). Jacques Camatte, Amadeo Bordiga y el futuro de la especie humana. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/05/29/opinion/jacques-camatte-amadeo-bordiga-y-el-futuro-de-la-especie-shumana

[2] Basso, P. (11 de marzo de 2025). «Bordiga será redescubierto como un marxista del y para el futuro». Entrevista con David Broder. El Porteño. https://elporteno.cl/entrevista-a-pietro-basso-bordiga-fue-uno-de-los-ultimos-comunistas-en-desafiar-a-stalin/

[3] Ver Camatte, J. (1972). Bordiga y la pasión del comunismo. Biblioteca de Cuadernos de Negación. https://drive.google.com/file/d/1OL6vyI0v7SMTEsM-z86t0eGT3mqgrWba/view

[4] Por poseer más completitud, precisión y sobriedad, preferimos esta compilación y esta reseña de Biblioteca de Cuadernos de Negación (Rosario, 2018) que la compilación y los prólogos del libro Contra la domesticación: de este mundo debemos salir de Gemeinwesen Comunidad Ediciones (México D.F., 2018). Sin embargo, aquí dejamos su enlace para quien le interese: https://drive.google.com/file/d/1xwLM3obfaQ5y8JWHVLqiqYKrDq6s_oDA/view

[5] Apenas nos sea posible, a todas y cada una de estas corrientes radicales les dedicaremos sus respectivas publicaciones o entradas en este órgano de difusión digital.

[6] «Los obreros vencerán si comprenden que no tiene que venir nadie. La espera del Mesías y el culto al genio, explicables para Pedro y Carlyle, son para un marxista solo míseras tapaderas de la impotencia. La revolución se levantará tremenda, pero anónima.» Bordiga, A. (1953). Por la consigna del anonimato y el antipersonalismo. Fantasmas Carlyleianos en Il programma comunista n° 9.

[7] Ver Kurz, R. (1998). El doble Marx. Marx desde Cero. https://kmarx.wordpress.com/2017/08/03/el-doble-marx/. A saber:

Por un lado, el «Marx esotérico» es el que critica de raíz, y plantea la abolición de, las categorías fundamentales del modo de producción capitalista: trabajo abstracto, valor, mercancía, capital, dinero, salario, propiedad, división social del trabajo, burguesía y proletariado y, por tanto, el que es radical o directamente comunista, antiestatal, antiprogresista y adelantado a su época. Este es el Marx de La Ideología Alemana, los Grundrisse, El Capital y su Capítulo VI Inédito, Los Manuscritos de 1861-63, los Borradores inéditos de La Guerra Civil en Francia y el Cuaderno Kovalevsky, entre otros. El Marx menos leído, discutido, comprendido y divulgado.

El Marx esotérico critica el trabajo, no sólo el capital. La conclusión de esta «crítica categorial» o crítica radical es que para abolir el capital hay que abolir el trabajo y el proletariado como dos polos diferentes y antagónicos de una misma unidad o totalidad histórico-concreta (ver Grupo Krisis [animado por Kurz] (1999). Manifiesto contra el trabajo). En este punto, dirá Federico Corriente (2014), coinciden la crítica del valor y la teoría de la comunización.

Por el contrario, el «Marx exotérico» es el que sólo se enfoca en el desarrollo de las fuerzas productivas para la sucesión unilineal ―y eurocentrista― de los modos de producción y, por tanto, el que no es radical, sino progresista, estatal e incluso socialdemócrata, hijo de las limitaciones y contradicciones de su época. Este es el Marx del Manifiesto Comunista, Discurso sobre el libre cambio, La dominación británica en la India, los Estatutos de la Primera Internacional y la Crítica del Programa de Gotha, entre otros. El Marx más leído y divulgado por el marxismo y sus falsos críticos.

El Marx exotérico critica el capital desde el trabajo como “polo positivo” de la relación trabajo/capital. La conclusión de esta crítica no categorial o no radical es la afirmación del trabajo como “esencia humana” y del proletariado como clase dominante, no su negación y abolición; es decir, lo que la teoría de la comunización denomina «programatismo».

Tal contradicción fundamental dentro de la obra de Marx era inevitable en el siglo XIX, debido al grado de desarrollo del capitalismo, la lucha de clases y la praxis revolucionaria en ese entonces. Por lo tanto, sólo el ulterior desarrollo histórico del capitalismo, la lucha de clases y la praxis revolucionaria ha podido criticarla y resolverla, a saber: entre fines del siglo XX y en lo que va del siglo XXI. Lo que, dicho de paso, demuestra que, con todas sus contradicciones, la obra de Marx es una obra viva por vigente y potente.

[8] Laugier «realiza una crítica muy pertinente al mismo Amadeo Bordiga. Su radicalidad comunista a la hora de cuestionar el valor, el dinero, el mercado, la empresa, etc. no la traslada a la política, a la crítica del Estado ante todo [ya que, en este aspecto, Bordiga no logró romper con el leninismo y, por tanto, con la teoría del “Estado proletario” ni del “partido de vanguardia”]. Es importante tener en cuenta que el capitalismo se sustenta sobre una dualidad, economía y política, con la que tiene que romper conscientemente la revolución comunista.» Ver Grupo Barbaria (2018). El pasado de nuestro ser. Sobre los orígenes de la izquierda comunista, nota 16. https://barbaria.net/2018/05/27/el-pasado-de-nuestro-ser/

Esto permite «la comprensión de que el capitalismo es una totalidad que ha socializado y unificado economía y política, lo que hace imposible pensar una actividad revolucionaria alrededor del dualismo sindicato-partido, etc. Las consecuencias de esto son muy importantes, pues explicaría que el proletariado se constituye en clase y en partido superando ese dualismo, precisamente rompiendo con la paz social y con el sometimiento del proletariado al capital y a sus instituciones económicas, políticas y jurídicas.» Ver Grupo Barbaria (2024). Carta de Lucien Laugier a Werner Cohn del 17 de julio de 1988 sobre la crisis del PCInt en 1971-72 (extractos). https://barbaria.net/2024/09/19/carta-de-lucien-laugier-a-werner-cohn-del-17-de-julio-de-1988-sobre-la-crisis-del-pcint-en-1971-72-extractos/   

Lucien Laugier fue un militante de la izquierda comunista italiana (“bordiguista”) en Francia (Fraction Française de la Gauche Communiste – FFGC), amigo y a la vez crítico de Bordiga. Así que sabía perfectamente lo que estaba afirmando sobre él.

[9] Tras la muerte de Bordiga en 1970, este fue el balance crítico de su obra por parte de Camatte:

«[C]onsideramos que la obra de A. Bordiga, a pesar de su fuerza y grandeza, está obsoleta en el sentido hegeliano-marxista. Él logró una restauración parcial del marxismo, y como tal, hoy en día, aceptar su obra en su totalidad conduciría a un falso absoluto. El trabajo ulterior consistirá en presentar los puntos fundamentales a partir de los cuales se puede progresar en vistas a una reapropiación de la teoría. […]

Lo que nos interesa es comprender su obra en su especificidad, pues posee un carácter original (y, por lo tanto, una importancia innegable) vinculado a un momento bien definido en la historia del proletariado y de la lucha del comunismo contra el capitalismo. Es el representante más consistente de la última resistencia contra el acceso del capital a su dominación real, sin llegar a delimitarla ni describirla rigurosamente; la obra de A. Bordiga, aún inmersa en la posición teórica correlativa a la revolución bajo el dominio formal del capital, sienta ya las bases para la correcta formulación teórica de lo que será la revolución bajo el dominio real del capital, la revolución comunista pura, aquella en la que el proletariado puede negarse a sí mismo inmediatamente. Estas bases se deben a todo su trabajo para restituir la crítica de la economía política en los términos de Karl Marx. Repasó cada categoría una por una y demostró cómo el comunismo se diferenciaba del capitalismo y de los llamados socialismos. Toda su obra está determinada por su visión del comunismo.

Tampoco pretendemos refutar ciertas afirmaciones que el PCInt [Partido Comunista Internacional] extrae de A. Bordiga (por ejemplo, lo que escribió en Le texte de Lénine sur «La maladie infantile du communisme (le gauchisme)», escrito en 1960, que es su peor obra, al igual que el «texto» de V. Lenin es su obra más deplorable) con citas que digan lo contrario. No se trata de elegir un A. Bordiga propio, sino de demostrar que la ambigüedad inherente a toda su obra está vinculada al período histórico en el que vivió, un período completamente dominado, desde la catástrofe de 1914, por la pregunta: ¿cómo ser partido cuando las condiciones históricas son desfavorables? ¿Cómo separarse de la gangrena que asola a la clase y a su vez abogar por la unificación de esa clase?» Ver Camatte, J. (diciembre de 1970). «La izquierda comunista de Italia y el Partido Comunista Internacional». Invariance, serie I, nº 9. https://barbaria.net/2026/02/23/invariance-serie-i-no-9-diciembre-de-1970/

[10] Ver la matización de esta crítica en nuestro escrito posterior al presente: Sobre la contribución de Camatte a la teoría comunista. Una discusión compañera y un balance, que publicaremos en breve.

[11] Solarpunk es un movimiento cultural y un imaginario de la ciencia ficción, de carácter utópico, que proyecta futuros postcapitalistas, cooperativos y ecológicos donde, sobre la base de la posesión común y la desmercantilización de todo, así como también de la producción para la satisfacción de las necesidades colectivas y no para obtener lucro, la tecnología humana —especialmente basada en energías renovables— se integra de manera armónica con los ciclos de la naturaleza. Como horizonte histórico y político, el solarpunk propone relaciones sociales y formas de vida emancipadas y comunitarias en las que humanidad, técnica y biosfera coevolucionan de manera orgánica, equilibrada y bella, al contrario de los futuros (y presentes) distópicos que son catastróficos y horrorosos. Ejemplos populares y gráficos de solarpunk son: la película Nausicaä del Valle del Viento (1984) de Hayao Miyazaki (Studio Ghibli), y la novela Los Desposeídos (1974) de Ursula Le Güin.