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29 de julio de 2025

[Ecuador] Nuevo ataque de la clase capitalista contra la clase trabajadora: 5000 despidos en el sector público

  

¿Por qué? Marx, y no la socialdemocracia antineoliberal, lo explica en Trabajo Asalariado y Capital

Muy al contrario de las decenas de lloriqueos y rebuznos socialdemócratas que están circulando en redes sociales sobre el Decreto 60 en Ecuador, a saber: "neoliberalismo fascista", "desmantelamiento del Estado" y "vulneración de derechos laborales" ―y hasta estupideces tales como "descorreización del Estado" o "esto es culpa de los que votaron por Noboa y nulo en las últimas elecciones"―, los fragmentos de Trabajo Asalariado y Capital de Marx (1849) que citamos a continuación explican las causas reales y profundas de por qué el gobierno del burgués Noboa, mediante el mencionado decreto, acaba de despedir a 5000 trabajadores del sector público[1]:

«Más arriba, hemos descrito a grandes rasgos la guerra industrial de unos capitalistas con otros. Esta guerra presenta la particularidad de que en ella las batallas no se ganan tanto enrolando a ejércitos obreros, como licenciándolos [despidiéndolos]. Los generales, los capitalistas rivalizan a ver quién licencia más soldados industriales [trabajadores]. […]

Una mayor división del trabajo permite a un obrero realizar el trabajo de cinco, diez o veinte; aumenta, por tanto, la competencia entre los obreros en cinco, diez o veinte veces. Los obreros no sólo compiten entre sí vendiéndose unos más barato [salario más bajo] que otros [cuando están desempleados], sino que compiten también cuando uno solo realiza el trabajo de cinco, diez o veinte; y la división del trabajo, implantada y constantemente reforzada por el capital, obliga a los obreros a hacerse esta clase de competencia. […]

¿Cuál es la ley general que rige el alza y la baja del salario y la ganancia, en sus relaciones mutuas?

Se hallan en razón inversa. La parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta. […]

¿Qué acontece en el intercambio entre el capitalista y el obrero asalariado?

El obrero obtiene a cambio de su fuerza de trabajo medios de vida, pero, a cambio de estos medios de vida de su propiedad, el capitalista adquiere trabajo, la actividad productiva del obrero, la fuerza creadora con la cual el obrero no sólo repone lo que consume, sino que da al trabajo acumulado un mayor valor del que antes poseía [plusvalor]. El obrero recibe del capitalista una parte de los medios de vida existentes. ¿Para qué le sirven estos medios de vida? Para su consumo inmediato. Pero, al consumir los medios de vida de que dispongo, los pierdo irreparablemente, a no ser que emplee el tiempo durante el cual me mantienen estos medios de vida en producir otros, en crear con mi trabajo, mientras los consumo, en vez de los valores destruidos al consumirlos, otros nuevos. Pero esta noble fuerza reproductiva del trabajo es precisamente la que el obrero cede al capital, a cambio de los medios de vida que éste le entrega. Al cederla, se queda, pues, sin ella.» 

Para decirlo de forma sencilla y hasta gráfica:

Más despidos o más desempleo --> salarios más bajos --> más explotación de los trabajadores empleados --> más producción de plusvalor y ganancia para los capitalistas --> más acumulación de capital

Reducir el salario para aumentar el plusvalor y la ganancia es la tendencia general de la producción y la competencia capitalistas, principalmente mediante el desempleo. El desempleo masivo o lo que Marx (El Capital, Tomo I, 1867) denominó ejército industrial de reserva es, pues, una de las principales palancas de la acumulación de capital. El desempleo no es "voluntario", es estructural. Sin desempleo no funcionaría el capitalismo. 

Lo mismo aplica para la crisis del capital, cuya sustancia es la caída de la tasa de ganancia y, en última instancia, la crisis del trabajo, que hoy en día se manifiesta en forma de altas tasas de desempleo, subempleo e informalidad. La crisis es un modus operandi del Modo de Producción Capitalista para autorreproducirse y autorrenovarse constantemente. El Estado capitalista es quien administra la crisis, incluso la actual crisis catastrófica. De ahí que, como ya lo anticipó Walter Benjamin, en el capitalismo la catástrofe no es la excepción sino la regla. 

Con esta medida de austeridad, pues, la clase dominante de la región ecuatoriana compensa la caída de la tasa de ganancia en el actual contexto de crisis capitalista, aumentando la tasa de explotación de la cada vez más reducida clase trabajadora con empleo o ejército industrial activo. No sólo en esta pequeña hacienda narcobananera llamada Ecuador, sino en todo el mundo. Porque el capitalismo y su crisis son mundiales, no se olvide. Sí ―por enésima vez―, la causa general de lo que está pasando en el Ecuador es el capitalismo mundial en crisis, no “el neoliberalismo” ni “este gobierno de derecha”. 

Aumentar la tasa de explotación de la clase trabajadora para compensar la caída de la tasa de ganancia de la clase capitalista, es lo principal; el pago de la deuda externa al FMI, lo secundario. La relación de clase trabajo/capital es lo principal; las relaciones internacionales, lo secundario. Porque el capitalismo se basa en la relación de clase trabajo/capital y es mundial. Más precisamente: porque mediante estas medidas de austeridad como son los despidos masivos y los bajos salarios, la burguesía ecuatoriana, con su fracción narcobananera a la cabeza (personificada por el presidente Daniel Noboa), acumula más capital dentro del territorio nacional[2] y, al mismo tiempo, participa en la competencia capitalista internacional por la producción y el reparto del plusvalor mundial, en el actual contexto de crisis global. 

La respuesta de la clase trabajadora, los sindicatos, el “pueblo” y la izquierda del Capital 

Sin duda, el Decreto 60 del gobierno de Noboa es un nuevo ataque de la clase capitalista contra la clase trabajadora de este pequeño y devastado país. Pero la respuesta de ésta última y de otros “sectores populares”, bajo el actual período histórico contrarrevolucionario, no pasa ni pasará de pronunciamientos y marchas de los sindicatos y otras organizaciones de izquierda pidiendo "más Estado" o "defensa del trabajo y de los servicios públicos", así como también "unidad del pueblo y la izquierda contra el modelo neoliberal". Los plantones a las afueras de ciertos ministerios por parte de las y los activistas de la izquierda pequeñoburguesa y posmoderna de colores también forman parte de este repertorio. 

En realidad, lo que están pidiendo es más Capital y colaboracionismo de clases, respectivamente: porque en la época actual el trabajo es inseparable del capital; porque el Estado es Capital organizado políticamente o el capitalista colectivo que administra “desde arriba” la explotación y dominación de la clase trabajadora; porque los sindicatos no luchan por abolir la explotación capitalista, sino que negocian la tasa de explotación de la clase trabajadora con la clase capitalista, con lo cual son sus colaboradores “desde abajo” y, por tanto, son enemigos del proletariado[3]; porque, si bien conforman el salario social de la clase trabajadora, los servicios públicos (seguridad social, salud, educación) principalmente son negocios del Estado para la burguesía y migajas del Estado para el proletariado; porque el "pueblo" es interclasista, incluyendo a la pequeña burguesía, quien tiene intereses diferentes y opuestos a los del proletariado; porque la división de la clase trabajadora responde a la división técnica y social del trabajo por y para el Capital, no a tal o cual gobierno ni a tal o cual organización ni ideología políticas (si el proletariado está dividido, es porque es la clase del trabajo/capital, y sólo se unificará cuando luche por la revolución comunista, es decir, cuando luche por abolirse a sí mismo como clase y a todas las clases); porque la democracia, con todos sus derechos y “conquistas” sociales, en realidad es la dictadura social invisibilizada o normalizada del Capital sobre el proletariado; y, porque la izquierda es izquierda del Capital o socialdemocracia de todos los colores. 

Aun así, esas típicas demandas de la izquierda del Capital, con los sindicatos en primera fila, no sólo son una utopía reaccionaria o reformismo puro y duro, sino que hoy en día son materialmente imposibles, dado el actual contexto de crisis estructural del trabajo/capital o de agotamiento de la producción y reproducción del valor. En este caso concreto, habrá más despidos en el sector público (70.000 hasta el 2028, según los cálculos de un economista socialdemócrata), y no habrá más unidad sino más competencia entre trabajadores por conseguir un empleo. 

Asimismo, para decirlo de forma sencilla y hasta gráfica:

Más despidos o más desempleo --> más competencia y división de los trabajadores por conseguir empleo --> menos solidaridad, unidad y organización proletarias reales para luchar contra la clase capitalista y su Estado 

Lo que sí habrá, y de hecho ya hay, es más Estado para los capitalistas, precisamente porque es su Estado y de nadie más. No existe el tal "Estado ausente" que tanto lloriquean los socialdemócratas. El Estado está muy presente cumpliendo su función: defender a capa y espada los intereses de la clase capitalista y atacar a la clase trabajadora. 

Incluso en el hipotético caso de que se lograsen conservar algunos cientos de puestos de trabajo y “partidas presupuestarias” en el sector público o si un nuevo “gobierno popular” ―que tanto sueña la izquierda ecuatoriana― crease miles de nuevos puestos de trabajo y “partidas presupuestarias” en todos los sectores, la relación trabajo/capital no se vería afectada en cuanto tal; las cadenas de la esclavitud asalariada sólo serían más brillosas gracias al lustre democrático de los “derechos laborales”. Porque, en las claras y contundentes palabras de Marx en Trabajo Asalariado y Capital,

«Hemos visto, pues:

Que, incluso la situación más favorable para la clase obrera, el incremento más rápido posible del capital, por mucho que mejore la vida material del obrero, no suprime el antagonismo entre sus intereses y los intereses del burgués, los intereses del capitalista. Ganancia y salario seguirán hallándose, exactamente lo mismo que antes, en razón inversa.

Que si el capital crece rápidamente, pueden aumentar también los salarios, pero que aumentarán con rapidez incomparablemente mayor las ganancias del capitalista. La situación material del obrero habrá mejorado, pero a costa de su situación social. El abismo social que le separa del capitalista se habrá ahondado.

Y, finalmente:

Que el decir que la condición más favorable para el trabajo asalariado es el incremento más rápido posible del capital productivo, sólo significa que cuanto más rápidamente la clase obrera aumenta y acrecienta el poder enemigo, la riqueza ajena que la domina, tanto mejores serán las condiciones en que podrá seguir laborando por el incremento de la riqueza burguesa, por el acrecentamiento del poder del capital, contenta con forjar ella misma las cadenas de oro con las que le arrastra a remolque la burguesía.» 

Decimos en el hipotético caso, porque ese sueño de la izquierda del Capital hoy en día ya es histórica y materialmente imposible. El Modo de Producción Capitalista ya no es capaz de mantener a sus esclavos asalariados como en el siglo pasado. La relación de clase trabajo/capital y, por tanto, la relación salarial está en crisis, pero sigue funcionando de manera catastrófica. El desempleo, el subempleo y la informalidad en masa creciente son sus síntomas más visibles. El abismo social y el antagonismo de intereses entre el proletariado y la burguesía, de los que habla Marx, hoy son más grandes e insalvables que nunca antes. Sólo hay una solución: la revolución. 

La perspectiva comunista: de la reivindicación a la revolución mediante la ruptura en el seno de las propias luchas proletarias 

Entonces, ¿qué proponemos los comunistas? Dado que la causa raíz de toda esta catástrofe en curso es la relación social trabajo asalariado/capital y no “el neoliberalismo” ni “este gobierno de derecha”, proponemos lo mismo que Marx propone al final de Salario, precio y ganancia (1865): ¡abolición del sistema del trabajo asalariado! Abolición de la esclavitud asalariada, cuyo otro lado de la moneda es el desempleo. Lo que quiere decir que para abolir el desempleo ―y la miseria que éste conlleva― hay que abolir el trabajo asalariado. Y ello implica abolir también a sus administradores tanto desde arriba como desde abajo: abolir la burguesía, el Estado y los sindicatos, respectivamente. Y la base de todo ello, a su vez, es la abolición del propio proletariado en tanto que clase del trabajo/capital. Esta, y no otra, es la base de la revolución social para abolir el capitalismo con todas sus catástrofes, sus horrores y sus miserias en la época actual. 

Evidentemente, bajo el actual período histórico contrarrevolucionario, el proletariado sólo puede hacer luchas reivindicativas por "mejores condiciones de trabajo" o, en este caso, por no perder el trabajo o por conseguir trabajo. Pero, este tipo de luchas chocará contra sus propios límites ―principalmente, la crisis del trabajo y, por tanto, de la propia condición de clase trabajadora en la época actual―, los romperá y se transformará en lucha revolucionaria y autoorganizada por la abolición del trabajo asalariado. Las luchas reivindicativas preparan el terreno para la lucha revolucionaria; pero, no de manera gradual, sino mediante rupturas y saltos con ellas mismas. Se abrirá, así, un período histórico revolucionario. No porque la conciencia de clase del proletariado haya madurado, sino por el apremio histórico de no poder seguir viviendo bajo las condiciones materiales de producción y reproducción social capitalista. Entonces, al calor de la profundización y extensión del antagonismo de clases, la revolución social será una necesidad a satisfacer igual que cualquier otra necesidad humana inmediata. Haciendo posible, así, la producción inmediata del comunismo. La conciencia de clase en masa será un producto de tal proceso histórico concreto y, sólo entonces, un factor de la lucha revolucionaria.[4]

Desde la perspectiva comunista, la crisis actual del trabajo asalariado es una oportunidad histórica para su abolición. Todavía tendrán que pasar muchas crisis y luchas de clases para ello, es cierto. Pero, tarde o temprano durante este siglo XXI, mediante la ruptura revolucionaria en el seno de las propias luchas proletarias, ocurrirá. Y entonces, como anticipó Marx, la abolición del sistema de trabajo asalariado será la emancipación definitiva del proletariado, precisamente porque dejará de serlo, con cabeza y mano propias, usando la solidaridad, la autoorganización y la acción directa como sus principales armas. Y, como anticipó Pannekoek, la autoemancipación del proletariado será el derrumbe del capitalismo. 

Mientras tanto, a pesar de que hoy seamos minoría de las minorías o una voz solitaria dentro del proletariado, los comunistas no participaremos del activismo reformista que lideran los sindicatos, partidos y demás organizaciones de la izquierda del Capital, sino que mantendremos con intransigencia las posiciones revolucionarias y, en palabras de Bordiga y Camatte, la línea del futuro. Si los comunistas participamos en las luchas reivindicativas del presente, no lo hacemos como “moscas”, sino como detectores y anunciadores de la temperatura social en ascenso. Porque la historia de la lucha de clases nos demuestra que, “cuando la tortilla se vuelva”, estas posiciones revolucionarias serán una fuerza material o un arma empuñada por las masas proletarias autoorganizadas para dejar de serlo[5] y, en cambio, devenir comunidad real de individuos libremente asociados que producen y viven su vida como tales en todas partes. 

Lo que posibilita que este presente contrarrevolucionario y reformista se invierta en un futuro posiblemente revolucionario es la ruptura en el seno de las propias luchas proletarias. Esa ruptura es el comunismo, entendido como el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual, no como utopía ni ideología. Esa es la ruptura revolucionaria a la que le apostamos. Y como ya lo dijimos, todavía tendrán que pasar muchas crisis y luchas de clases para ello. Sin embargo, no se trata de “esperar a que se den todas las condiciones”, sino de contribuir intransigente y pacientemente a producir la ruptura revolucionaria de todas las formas posibles: entendida como producto y acompañante crítico de las propias luchas proletarias, la teoría comunista es una de ellas, sobre todo en tiempos contrarrevolucionarios como el actual.

 

Proletarios Hartos de Serlo
Quito, julio de 2025
 
 


[1] La industria de la que habla Marx (ver El Capital, Tomo III, 1895), en su más amplia acepción de fábrica social capitalista ―que produce, distribuye, circula, realiza y reproduce el plusvalor, en particular, y las relaciones sociales capitalistas, en general―, también involucra al sector público o la burocracia del Estado. La particularidad de esta “rama industrial” ampliada es que no produce, sino que administra la distribución del plusvalor socialmente producido en forma de “inversión pública” y “gasto público”.

Desde luego, la revolución comunista destruirá toda esta industria o fábrica social capitalista y la sustituirá por la producción y distribución colectivamente autoorganizadas para la satisfacción directa ―esto es, sin trabajo asalariado, dinero, mercado ni Estado― de las necesidades colectivas. 

[2] Para acometer este fin, la “Ley Orgánica de Integridad Pública” es complementaria al Decreto 60, ya que gracias a ella la Exportadora Bananera Noboa S.A., propiedad del presidente Daniel Noboa, redujo su deuda tributaria con el Servicio de Rentas Internas (SRI) de 98 a 21,7 millones de dólares en julio de 2025; es decir, 76 millones de dólares que el Grupo Noboa va a acumular a su favor en lugar de financiar al Presupuesto General del Estado. Entonces, ¿quién va a pagar esta millonaria deuda? La clase trabajadora de este país. ¿Cómo? Trabajando más y ganando menos, gastando más en su subsistencia diaria, y recibiendo menos cantidad y calidad de servicios públicos (salud, educación, seguridad social). Lo que se traduce en: bajando su salario relativo, su salario real, y su salario social, respectivamente.  

[3] Los sindicatos no luchan por abolir la explotación capitalista, sino que negocian la tasa de explotación de la clase trabajadora con la clase capitalista. Son sus colaboradores. Son el brazo sindical del Capital y el Estado en el seno de la propia clase trabajadora. Los sindicatos son los administradores “desde abajo” de la explotación de la fuerza de trabajo y, por tanto, son enemigos del proletariado. Por el contrario, para luchar contra la explotación capitalista el proletariado no necesita sindicatos, necesita otras formas de autoorganización ―asambleas, consejos, comunas, etc.― con otros contenidos: no sólo luchar contra el capital, sino también contra el trabajo, esto es, luchar contra la relación de clase trabajo/capital hasta abolirla, buscando apropiarse de toda la producción/distribución, abolir el trabajo asalariado, satisfacer las necesidades humanas sin dinero ni Estado, y liberar tiempo para la vida en comunidad real entre los individuos libremente asociados. (Ver VV. AA., Textos contra el sindicalismo, 2022.) 

[4] De acuerdo con Théorie Communiste, bajo la dominación real del capital o en la época actual donde el capital coloniza el trabajo y la vida, existe una implicación recíproca entre trabajo y capital o entre proletariado y capital. Más claro: en la época actual, trabajo y capital son inseparables. Así pues, el principal límite de las luchas actuales del proletariado es su propia condición de clase del trabajo/capital. Por lo tanto, para abolir el capital hay que abolir el trabajo y el proletariado. La autoabolición del proletariado es el núcleo de la revolución comunista en esta época.

Por su parte, bajo un período histórico contrarrevolucionario como el actual, la burguesía tiene el sartén por el mango en todos los aspectos de la lucha de clases: desde el aspecto económico hasta el aspecto ideológico. Por lo tanto, en un período contrarrevolucionario, el proletariado no actúa como clase revolucionaria sino como clase reformista con sus luchas reivindicativas por "mejores condiciones de trabajo". Pero, la dinámica de la propia lucha de clases, mejor dicho, la profundización y extensión del antagonismo de clases, que es inseparable del progreso catastrófico del capitalismo, produce las condiciones para, mediante la ruptura en su seno, transformar estas luchas reivindicativas en lucha revolucionaria por la abolición del trabajo, el valor, el capital, las clases sociales y el Estado; y, por consiguiente, transforma un período contrarrevolucionario en un período revolucionario, donde la revolución social se convierte en una necesidad a satisfacer igual que cualquier otra necesidad humana inmediata. Haciendo posible, así, la producción inmediata del comunismo.

Finalmente, las transformaciones materiales y sociales que tienen lugar en tal proceso histórico concreto son las que producen conciencia de clase en masa, no al revés. La conciencia de clase en masa no es causa, es consecuencia de ello, y sólo en un período revolucionario se convierte en un factor o fuerza material del mismo. Por eso es importante. Ni más ni menos. 

[5] Esto no significa espontaneísmo, que quede claro. Antes bien, cuando decimos autoemancipación del proletariado decimos también autoorganización revolucionaria del proletariado por fuera, en contra y más allá de sindicatos, partidos y parlamentos, para su autoabolición como clase del trabajo/capital. Autoorganización asamblearia y comunal de masas y minorías proletarias en lucha a muerte contra la clase capitalista y la socialdemocracia dentro y fuera de los centros de trabajo, en todos los espacios de la vida social y los territorios, a fin de expropiar a la burguesía y comunizar toda la producción y la distribución para poder satisfacer directamente las necesidades colectivas, al mismo tiempo que a fin de destruir el Estado de manera insurreccional. La revolución comunista es la “suma” de insurrección más comunización o no es. Todo lo cual, si no se internacionaliza o se estructura como Comuna mundial, será aplastado por la contrarrevolución capitalista mundial.

En un período contrarrevolucionario como el actual, estas posiciones revolucionarias del proletariado son defendidas de forma teórica por sus minorías revolucionarias organizadas y activas, a contracorriente de todo… y de todos. En cambio, en un período revolucionario, las posiciones revolucionarias se convierten en armas prácticas con las cuales el proletariado autoorganizado, incluidas sus minorías revolucionarias, pasa al ataque de forma masiva. La teoría revolucionaria es una forma y un momento de la práctica revolucionaria, es una fuerza material. Por eso es importante producir y difundir, al calor de la lucha de clases, teoría comunista concebida como arma de la revolución comunista. Y de esta forma, contribuir a producir la ruptura revolucionaria, sobre todo en el seno del propio proletariado.

30 de abril de 2024

[Boletín] RUPTURA REVOLUCIONARIA N° 1

RUPTURA REVOLUCIONARIA N° 1
 
Boletín comunista | Órgano de difusión de Proletarios Hartos de Serlo
Región ecuatoriana | 1° de Mayo de 2024 | Sale cuando puede | Aporte voluntario



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CONTENIDO

 
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EDITORIAL. ¿POR QUÉ RUPTURA REVOLUCIONARIA? 
 
La revolución es la ruptura radical y total del orden capitalista: desde sus condiciones materiales y sus instituciones más reaccionarias hasta sus ideas dominantes y sus falsas críticas y alternativas. No es la realización de un ideal. Es la producción de una nueva realidad o una nueva vida; mejor dicho, de nuevas relaciones sociales entre nuevos sujetos. Porque la historia es producción, no realización. Y la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. La revolución comunista es la interrupción abrupta de esta historia: es la abolición de la sociedad de clases, empezando por el propio proletariado como clase explotada y dominada por la burguesía. Abolido el esclavo, abolido el amo. Por lo tanto, lo que nos interesa a los proletarios revolucionarios es la producción de la ruptura revolucionaria para dejar de ser proletarios y devenir comunidad real de individuos libremente asociados que desarrollan y viven todas sus potencialidades; esto es, la producción del comunismo. Sólo en este sentido materialista histórico, la ruptura revolucionaria es el principio y el método de la revolución que reivindicamos y promovemos en este boletín que hoy, 1° de Mayo, sale a las calles. 

¿Por qué boletín comunista? Por un lado, porque el comunismo no es una utopía, una ideología ni mucho menos ese capitalismo de Estado mal llamado «comunismo» que fue la URSS (y todos los países que le siguieron). El comunismo es el movimiento real de los explotados que subvierte las condiciones capitalistas, y que produce nuevas relaciones sociales entre los individuos. En otras palabras, es el movimiento histórico y mundial que posee la potencia de destruir el capitalismo y de crear una sociedad sin clases ni Estado, mercado, trabajo asalariado, fronteras nacionales y ninguna otra forma de explotación y dominación (género, «raza», nacionalidad, etc.). Las condiciones materiales de este movimiento ya han sido producidas por el propio capitalismo y el antagonismo de clases. En cada lucha revolucionaria del proletariado, ahí ha estado, está y estará presente el comunismo.
 
Por otro lado, porque en la lucha revolucionaria se combinan la práctica y la teoría, la acción y la palabra: desde las huelgas salvajes, las okupaciones y las bombas molotov hasta los libros, los boletines y los panfletos subversivos, etc. Todas estas son formas de acción directa o sin intermediarios del proletariado revolucionario. Por lo tanto, este boletín en papel circulando por las calles de mano en mano, agitando mentes y cuerpos, provocando cuestionamientos y rupturas, creando nuevos lazos, también es una forma de acción directa de proletarios en lucha para proletarios en lucha. De hecho, la prensa proletaria siempre ha sido un organizador colectivo de nuestra clase y una herramienta para la producción de la ruptura revolucionaria. Hoy no es la excepción, a pesar del actual contexto contrarrevolucionario. Lo lanzamos, pues, con el objetivo de crear una red de acción, reflexión, comunicación, agitación, autoorganización y solidaridad de clase contra clase, alrededor de este órgano de difusión de la perspectiva comunista —que, para nosotros, comprende específicamente desde Marx y la Izquierda Comunista hasta la Teoría de la Comunización— y de las luchas concretas actuales en la región ecuatoriana. 

¿Por qué sale cuando puede? Básica y honestamente, porque los editores no tenemos los recursos suficientes para publicarlo de manera periódica. Unos no tenemos dinero porque no tenemos trabajo, y otros no tenemos tiempo porque nos la pasamos trabajando. A pesar de esta precariedad propia de la condición proletaria, hacemos el esfuerzo apasionado por sacarlo «contra viento y marea», no como un sacrificio militantista o religioso, sino más bien como un placer subversivo: el placer de robarle tiempo a la esclavitud asalariada y no asalariada para esta acción creativa y de combate por nuestra emancipación total. Lo hacemos porque, para nosotros, la rebeldía es la vida.
 
Sin embargo, esperamos que con el tiempo sí se pueda convertir en una publicación regular o periódica. Para lo cual, invitamos a los lectores a que asuman un papel activo: contactándonos; suscribiéndose; apoyando económicamente; enviando informaciones de situaciones y conflictos laborales, análisis de coyuntura, textos teóricos, o comentarios, críticas compañeras y sugerencias; difundiendo el boletín por todos los medios posibles. 
 
Esperamos también que las secciones y los artículos de este primer número sean lo suficientemente elocuentes como para que puedan hablar por sí mismos y, sobre todo, hacer-pensar y hacer-actuar desde y hacia la ruptura revolucionaria. 

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[ABC Comunista]
 

CONTRADICCIÓN TRABAJO–CAPITAL

«Capital–trabajo es la contradicción fundamental del capitalismo. […] El Capital hace del trabajo una parte de su ser en tanto capital variable, al mismo tiempo que como contraposición lo lanza constantemente al mercado como fuerza de trabajo […] con toda una serie de implicaciones brutales sobre el proletariado.

[…] El marxismo se constituyó bajo la premisa de que la defensa del polo del trabajo constituía el camino hacia el comunismo y, por tanto, otorgaba un carácter revolucionario a la contradicción capital–trabajo. La socialdemocracia en general asumió y asume esa perspectiva sacralizando al trabajo, haciendo de él su premisa fundamental. Nos llaman a defender el trabajo, incluso en nombre de la “revolución”.

Por el contrario, en la contradicción proletariado–Capital [la lucha de clases], o más aún entre el Capital y la vida, podemos hablar de un polo antagónico que contiene una salida revolucionaria.

«La práctica totalidad de los seres humanos alzándose contra la totalidad de la sociedad capitalista, la lucha simultánea contra el capital y el trabajo, dos aspectos de una misma realidad: es decir, el proletariado debe luchar contra su propia dominación para ser capaz de destruirse a sí mismo como clase y destruir el capital y las clases. Una vez que la victoria esté asegurada a escala mundial, la clase universal, que en realidad se constituye (formación del partido, según Marx) a largo de un proceso inmenso que precede a la revolución en la lucha contra el capital, que ha sido psicológicamente transformada y que ha transformado la sociedad, desaparecerá, ya que se convierte en la humanidad. No hay grupos fuera de ella. El comunismo se desarrolla entonces libremente. La fase inferior del comunismo [planteada por Marx y luego por Bordiga] ya no existe, y la fase de la dictadura del proletariado se reduce a la lucha por destruir la sociedad capitalista, el poder del Capital.» —Jacques Camatte (1976). Capital y Gemeinwesen

La perspectiva revolucionaria puede parecer un purismo imposible de asumir cuando hay que sobrevivir y luchar al interior del capitalismo en un contexto como el actual. Sindicalistas y reformistas en general dirán que a las contradicciones hay que asumirlas, que hay que meter los pies en el barro, que el proletariado solo puede luchar por lo inmediato, que no es momento de hablar de la revolución.

Se nos dice a quienes defendemos una perspectiva radical de separarnos del resto de la clase, de pretenciosos iluminados separados de la realidad social, que no entendemos lo contradictorio de la misma. Pero ese es justamente nuestro punto de partida por el cual luchamos por la revolución: superar nuestra realidad contradictoria como clase.» —Cuadernos de Negación N° 11: Contra la valorización de la vida (mayo de 2018)

 
COMUNISMO 

«Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente. Por lo demás, la masa de los simples obreros –de la fuerza de trabajo excluida en masa del capital o de cualquier satisfacción, por limitada que ella sea– y, por tanto, la pérdida no puramente temporal de este mismo trabajo como fuente segura de vida, presupone, a través de la competencia, el mercado mundial. Por tanto, el proletariado sólo puede existir en el plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos históricamente vinculada a la historia universal. […] 

Mientras que los siervos fugitivos sólo querían desarrollar libremente y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes, razón por la cual sólo llegaron, en fin de cuentas, al trabajo libre, los proletarios, para hacerse valer personalmente, necesitan acabar con su propia condición de existencia anterior, que es al mismo tiempo la de toda la anterior sociedad: con el trabajo. Se hallan también, por tanto, en contraposición directa con la forma que los individuos han venido considerando, hasta ahora, como sinónimo de la sociedad en su conjunto, con el Estado, y necesitan derrocar al Estado, para imponer su personalidad.» —Karl Marx y Friedrich Engels (1845-46). La ideología alemana

«El trabajo ya no será una mercancía. […] En la economía socialista ya no habrá mercado; mejor aún: la economía es socialista cuando ya no existe el mercado. […] ¡Para liberar el trabajo del hombre de la cualidad de mercancía, es necesario destruir todo el sistema del mercado! ¿No era ésta la primera palabra de Marx a Proudhon? […]

Se ha querido hacer pasar otra tesis peregrina muy difundida […]. Es necesario, dice, que todavía aumenten mucho las fuerzas productivas para poder abolir el mercado. Esto es falso: para el marxismo las fuerzas productivas ya están demasiado desarrolladas […]

Ya es más que tiempo de postrar las monstruosas fuerzas productivas capitalistas bajo la dictadura de la producción y del consumo. Y es sólo cuestión de fuerza revolucionaria para la clase que, aun si el bienestar aumenta (y Marx –lo hemos probado más arriba– nunca previó lo contrario), está bajo el peso continuo de la incertidumbre de la existencia que, por otra parte, domina la sociedad entera, y que dentro de algunos decenios tomará la forma de alternativa entre crisis mundial y guerra o revolución comunista internacional.» —Amadeo Bordiga (1957). Los fundamentos del comunismo revolucionario marxista

«El comunismo no es un ideal a ser realizado: existe ahora, no como modos de vida alternativos, zonas autónomas o comunidades anti-sistema que serían gestadas en esta sociedad para finalmente convertirla en otra, sino como un esfuerzo, como una tarea que preparar(se). Es el movimiento que tiende a abolir las condiciones de existencia determinadas por el trabajo asalariado, y que las abolirá solamente a través de la revolución. […]

El comunismo no es un conjunto de medidas que se aplicarán después de la toma del poder. Es un movimiento que existe desde ahora, no como un modo de producción (no puede haber un islote comunista en la sociedad capitalista), sino como una tendencia a la comunidad y la solidaridad irrealizables en esta sociedad […]

La revolución comunista es la continuación a la vez que la superación de los movimientos sociales actuales. El comunismo surgirá de las luchas, de intereses y deseos reales que al día de hoy tratan de afirmarse, pero no pueden ser satisfechos porque la situación actual lo impide. Hoy en día, numerosos gestos y actitudes comunistas expresan algo más que el rechazo al mundo actual: expresan la tentativa de crear un mundo nuevo. Cuando logran algún éxito, lo hacen dentro del margen social, siendo tolerados siempre y cuando no se opongan al trabajo asalariado y al Estado: cuando no, son “recuperados”, sofocados o reprimidos. La opinión pública solo ve los límites de estas luchas, solo su tendencia y jamás su posible desarrollo, mientras que el “extremismo” o el “alternativismo” presentan estos límites como los verdaderos objetivos del movimiento. En el rechazo al trabajo en la cadena de montaje, en las luchas de las ocupaciones ilegales, la perspectiva comunista está presente como la energía social usada para crear “otra cosa”, no para huir del mundo moderno, sino para transformarlo. En dichos conflictos, las personas intentan recuperar bienes de forma espontánea, o incluso fabricar e inventar nuevos, en contra de la lógica del intercambio mercantil, y este proceso contribuye a sus participantes a transformarse ellos mismos.» —Gilles Dauvé (1972, ed. 2015), Capitalismo y Comunismo

«En el curso de la lucha revolucionaria, la abolición del Estado, del intercambio, de la división del trabajo, de todas las formas de propiedad, la extensión de la gratuidad como unificación de la actividad humana —es decir, la abolición de las clases, de las esferas privadas y públicas, y de las categorías de hombres y mujeres— son «medidas» de abolición del capital impuestas por las necesidades mismas de la lucha contra la clase capitalista en un ciclo de luchas específicamente definido [el ciclo histórico actual]. La revolución es comunización, no tiene por proyecto y resultado el comunismo. El capital no será abolido para instaurar el comunismo, sino que será abolido mediante el comunismo o, mejor dicho, mediante su producción.» —Théorie Communiste (2015). De la ultraizquierda a la teoría de la comunización. Más allá del programatismo

 
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