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24 de abril de 2020

[Nueva página] Fever: Lucha de clases en tiempos de pandemia



Presentación


La pandemia del Covid-19 está poniendo a los trabajadores de todo el mundo frente a un problema común y simultáneo. La situación actual termina sirviendo, en la práctica, de laboratorio para que el capital y los gobiernos reestructuren las fuerzas productivas y mejoren sus tecnologías de explotación y control. Las medidas severas que se están llevando a cabo en la actualidad probablemente han llegado para quedarse. Esta suspensión de la normalidad intensifica los conflictos en torno al trabajo y la reproducción. Las noticias sobre las luchas proletarias aparecen en todo el mundo: protestando contra las condiciones sanitarias en su lugar de trabajo, negándose a trabajar a través de huelgas salvajes, motines en las prisiones, organizando una huelga de alquiler, etc.
Nuestro papel no es proponer soluciones para ayudar al capitalismo a resolver esta crisis. Toda solución capitalista significa mantener la explotación.
Nuestros esfuerzos deben centrarse en los conflictos relacionados con la explotación: ¿bajo qué condiciones seguimos siendo obligados a trabajar? ¿Qué pasa con nuestros salarios durante el encierro? ¿Tendremos que trabajar las horas debidas más tarde? ¿Habrá despidos? ¿Y qué pasa con los trabajadores autónomos, precarios o por aplicaciones? ¿Cómo vamos a pagar el alquiler al fin de mes? ¿Y los presos? ¿Y qué pasa con los migrantes, atrapados entre fronteras cada vez más militarizadas, centros de detención o campos de migrantes superpoblados?
Como es un tema global, parece urgente establecer una plataforma internacional de investigación e intercambio en torno a estas luchas. Una plataforma que nos permita mapear, investigar, difundir, discutir, poner en contacto y estimular las experiencias de confrontación proletaria durante la pandemia.
Nuestro objetivo es construir una formulación colectiva de intercambio entre grupos autónomos de trabajadores de diferentes países. Los principios de publicación de Fever se basan en este criterio mínimo común:
1) Fever se centrará en la lucha de clases. Nos posicionamos del lado de la clase obrera, comprometida en la lucha contra las divisiones que nos separan en los trabajadores cualificados y los manuales, en los empleados del sector privado y del público. Contra el Estado, que nos construye a unos como ilegales y a otros con papeles, pero desempleados y sin beneficios. Luchamos contra las divisiones que nos ven como nacionalidades u otra identidad. Por otro lado, no queremos seguir siendo trabajadores y creemos que sólo a través de nuestra participación en comunidades de lucha podemos abolir el mundo de las mercancías y el trabajo asalariado. Al mismo tiempo, es importante analizar los movimientos de nuestros enemigos – los capitalistas y el Estado – una vez que las pandemias los obliguen a reestructurar el proceso de producción. En esta crisis, como en general, el Estado está organizando la defensa del capital y la propiedad privada en detrimento de los intereses de la clase obrera. La victoria de nuestras luchas requiere la destrucción del Estado, que debemos pensar en términos prácticos. Estamos frente a mecanismos de contrainsurgencia preventiva y este sitio también será un espacio para pensar en esta cuestión estratégica para el movimiento.
2) A Fever no le interesan los programas abstractos o las listas de reivindicaciones desvinculadas de los procesos de lucha concretos.
3) Fever evita las tendencias conspirativas o negacionistas. Estamos realmente enfrentando una pandemia: miles de personas están muriendo en todo el mundo. Negar esta realidad es una locura. Por otro lado, celebrar el impacto “ecológico” o “revolucionario” de la masacre de Covid-19 no sólo es estúpido desde el punto de vista proletario, sino que también es el signo de un elitismo morboso.
Los textos se publican principalmente en inglés y luego se traducen al mayor número de idiomas posible. Aunque nos centramos en los informes de lucha, también nos interesan los artículos de análisis.
No esperamos un sitio web con una posición única. Los desacuerdos y controversias son importantes para la reflexión: dentro de estos principios básicos y generales, queremos estimular los debates públicos.

Crear nuevos lazos entre los camaradas proletarios de todo el mundo es también parte de nuestros objetivos. Si quieres enviar un texto o unir esfuerzos con Fever, ¡contáctanos!

30 de marzo de 2020

¿Colapso del sistema capitalista? Algunas notas sobre los acontecimientos actuales

Desde el año 2019 la economía mundial ha venido dando señas de desaceleración, augurando una inminente crisis para este 2020. Si esto no fuera suficiente, desde principios de este año se ha agudizado la guerra comercial por el precio del petróleo, fraguada entre EEUU y Rusia, desembocando en la caída estrepitosa del precio del crudo, beneficiando con esto a los países que tienen las suficientes reservas (Rusia y Arabia Saudita) para amoldar su producción a los precios bajos. Por otro lado, el brote de la nueva sepa de coronavirus “Covid-19”, que ha ocasionó estragos en China desde fines del año pasado, ha rebasado fronteras y ha impactado en el resto del mundo, con ello, la inminente crisis económica no ha hecho sino adelantarse. La economía mundial ya está en plena crisis, los gestores del poder están pendientes a los grandes rescates financieros, la burguesía comienza a cerrar fábricas y despedir empleados tomando como pretexto la dichosa “cuarentena”. El desastre es inminente.
No obstante, es importante saber que las pérdidas monetarias no significan la caída del sistema capitalista. El capitalismo buscará en todo momento reestructurarse con base en medidas de austeridad impuestas a los proletarios para paliar todas las catastróficas consecuencias que traerá consigo[1]. Y esto se debe a que los “golpes” que ha sufrido el capitalismo a causa de estos fenómenos, son simplemente pérdidas en su tasa de ganancia, pero tales pérdidas no alteran en lo absoluto su estructura y esencia, es decir las relaciones sociales que le posibilitan seguir en pie: mercancía, valor, mercado, explotación y trabajo asalariado. De hecho, es en estas situaciones cuando el capital reafirma más sus necesidades: sacrificar a millones de seres humanos a favor de los intereses económicos, haciendo que la polarización entre clases sociales se agudice y revelando con más fuerza en qué posición se encuentra la clase dominante, la cual realiza todos los esfuerzos a su alcance para preservar este estado de cosas.
Y no es que la burguesía “haya planeado con antelación toda esta situación en torno a la pandemia para beneficiarse” (como rezan los conspiranoicos) al permitir que el sector más vulnerable (los ancianos) fallezca en los hospitales, en sus casas o hasta en la calle… y así ahorrarse millonarias cantidades de dinero en pagar pensiones. Esta situación, así como muchas otras, solo se dio como una maniobra oportuna que el momento exigía. Las cuestiones geopolíticas, de competición de mercados y de guerra mediática que puedan resultar de esto, son solo la consecuencia, más nunca la causa de lo que va configurándose.
Es evidente que toda esta situación que ha ganado terreno mundialmente aún yace en una fase temprana, pues las carencias y desabasto que afrontan los hospitales y las casas funerarias, rebasados en capacidad, son solo la punta del iceberg, pues aún falta ver los efectos de la escasez de alimentos y el desempleo cuando todo llegue a tope, en resumen, los efectos más adversos están aún por ocurrir.
De hecho, no es de extrañar que a raíz de este recrudecimiento se han exacerbado la locura y la histeria social, y cuyo reducto deja por resultado mayor atomización e individualismo, imperando el “sálvese quien pueda”, así como el “chivateo” de los buenos ciudadanos que secundan las labores de la policía, delatando a cualquiera que transité por las calles a pie.
Y pese a lo anterior, la lógica del capital no ha podido materializarse de manera total y uniforme. La conciencia de clase resurge y se vislumbra como única perspectiva posible entre cientos de  escombros, tal vez de manera difusa, pero su desarrollo es latente. Cada vez se generaliza más la noción de que la burguesía ha sido la responsable de propagar el virus, no sólo “porque son los burgueses los que viajan más”, sino porque ellos descansan en cuarentena mientras nosotros nos exponemos a infectarnos debido a que estamos obligados a salir a la calle para buscar el sustento diario. Es aquí donde la solidaridad de clase reaparece poniendo en común algunos medios de subsistencia básicos, participando de los saqueos y colocando barricadas para cortar las vías al turismo (como en chile). Esos resquicios de comunidad humana son una base que será decisiva en las luchas que pudieran generarse cuando la catástrofe sobrepase sus dimensiones.
Sin embargo, no debemos conformarnos ni sentirnos complacidos con esos mínimos aspectos; por el contrario debemos plantearnos ir más allá de eso. Es vital entender que mientras como clase sometida a los designios de la burguesía, permanezcamos contemplando y afrontando esta situación bajo meros paliativos reformistas que evadan la necesidad de superar definitivamente este sistema[2], todos nuestros esfuerzos solo darán tiempo a nuestros enemigos para fortalecerse y continuarnos gobernando y explotando a su antojo.
¿Que los avistamientos de la fauna silvestre en las urbes citadinas que yacen en cuarentena, son un triunfo de la naturaleza que ahora reclama lo que es suyo?  Tal “triunfo”, aún así suponga la realización malthusiana de “acabar con la población excedente”, es solo una situación pasajera que está condenada a retornar a lo mismo de manera casi inmediata. Porque en el fondo, lo que seguirá dominando es un modo de producción que no puede prescindir de las metrópolis de concreto, asfalto y coches, de las industrias de monocultivos, las plantas de energía nuclear y de la industria pesada a base de combustibles fósiles.
Las contradicciones cada vez más agudas de este modo de producción (crisis, guerra, pandemias, destrucción ambiental, pauperización, militarización), que recrudecerán nuestras condiciones de supervivencia, no darán paso de manera mecánica ni mesiánica al fin del capitalismo. O mejor dicho, tales condiciones, aunque serán fundamentales, no bastarán. Porque para que el capitalismo vea su fin, es imprescindible la existencia de una fuerza social, antagonista y revolucionaria que logre direccionar el carácter destructivo y subversivo hacia algo completamente diferente de lo que presenciamos y conocemos ahora.
Querámoslo o no, no podemos dejar una cuestión tan importante como la revolución a rienda suelta, a la simple suerte.  Es necesario experimentar la resolución a ese problema con base en la organización de tareas que puedan irse presentando, es decir, el agrupamiento para la apropiación y defensa de las necesidades más inmediatas (no pagar adeudos, ni alquileres, ni impuestos), pero también, la ruptura con todas las ilusiones y espejismos que nos llevan a gestionar las mismas miserias bajo otra careta.
¿Fomentar la economía local?
¡Abolir el intercambio mercantil y el dinero!
¡Frente al reformismo, la ruptura radical!
¡Frente al inmediatismo, la perspectiva histórica!
¡Frente al localismo, el internacionalismo!

***
Nota apócrifa
La ideología dominante nos bombardea a través de todos sus aparatos con ilusiones que versan sobre una “posible” prosperidad bajo las condiciones existentes de explotación y miseria. La clase capitalista nos ideologiza para acatar dócilmente “un modo de vida” alienado, donde todo cuestionamiento a sus fundamentos esté fuera de todo raciocinio.
Pero lo cierto es que nada de ese paraíso en el “mejor de los mundos posibles” concuerda con los cientos de esclavos negros traficados en Libia; los ghetos copados de droga en Afganistán, la represión feroz en la franja de Gaza, los migrantes haitianos muriendo de inanición en Tijuana, la represión sangrienta contra los proletarios en Chile, los bombardeos en la frontera turco-siria o la hambruna que azota Yemen.
No es necesario esperar la distopía o las escenas hollywodescas del apocalypsis, porque estas ya se manifiestan materialmente en distintas partes del globo, y de hecho superan con creces cualquier intento de representación en la ficción cinematográfica.
La actual pandemia del covid-19 es una etapa más en la degradación a la que nos lleva esta sociedad productora de mercancías.
Etapa ante la cual solo se reafirma que el verdadero provenir solo pende de dos hilos:
¡Revolución comunista o perecer en la penumbra!
***

[1]  Medidas que de hecho ya están siendo llevadas a cabo del modo más brutal y ruin: cientos de miles (si no es que millones) de despedidos, echados sin más de sus puestos de trabajo, dejados a su suerte en mayor probreza y precariedad.
[2]  Se nos ha hablado mucho de que una alternativa es fomentar el comercio local por fuera de las multinacionales y grandes corporativos. El problema de este tipo de respuestas es que, por un lado, si bien resuelven momentáneamente el problema del abastecimiento de insumos para algunos proletarios, los reajustes que traerá consigo al crisis del capital, solo traerán más inflación y contingencias por periodos más breves de tiempo. Refugiarnos en intentos de economías más benevolentes, solo prolongan lo que inevitablemente en un futuro sin alternativas deberemos asumir: la guerra de clases, es decir el enfrentamiento contra la burguesía y el ejercicio de un programa revolucionario que tenga como objetivo concluir toda relación social mediada por el intercambio, el tiempo como medida de trabajo y la relación salarial.

25 de marzo de 2020

Breve informe de la distopía o catástrofe capitalista en Ecuador. 25 de marzo de 2020


- 1173 contagiados y 28 muertos por coronavirus (con tendencia a aumentar)
- Toque de queda a nivel nacional desde las 2 p.m. hasta las 5 a.m. (Estado policial y militar)
- Más de 1000 detenidos en los últimos días (menos la alcaldesa socialcristiana de Guayaquil Cynthia Viteri, por ser miembro de una de las mafias económico-políticas que son dueñas del país, igual que el vicepresidente Otto Sonnenholzner)
- 46% de la población en el subempleo y 4% en el desempleo (con tendencia a aumentar también)
- 38% de la población en la pobreza "multidimensional". Pobreza "extrema": 9% a nivel nacional y 42% en las zonas rurales (con tendencia a aumentar también)
- Los ingresos de los 270 grupos económicos del país (Corporación Noboa, Nobis, Banco Pichincha, Grupo Eljuri, La Favorita, Pronaca, Corporación El Rosado, Banco de Guayaquil, Grupo El Comercio, etc.) representan el 62% del PIB
- PIB 2019: - 0,18%. PIB 2020: 0,5% (recesión)
- Presupuesto 2020 para Salud: $3037 millones. Presupuesto 2020 para Fuerzas Armadas y Policía (sumado): $2587 millones + $50 millones adicionales otorgados en marzo para la Policía
- Pago Deuda Externa marzo 2020: $320 millones
- Suspensión de salarios "para no despedir gente": en análisis por parte del gobierno
- Salario básico unificado: $400
- Precio de la canasta básica familiar: $716
- Hogares con acceso a internet: 15%
- Población con celular y redes sociales: 92%
- Analfabetismo: 600000 personas. Tasa de analfabetismo digital: 11% de la población
- Femicidios: Más de 60 al año (2019)
- Deforestación: 60000 hectáreas de bosques al año (2019)
- Conflictividad social: Octubre 2019: Paro Nacional de 11 días. Marzo 2020: 1 protesta de médicos y enfermeras en hospital público de Machala.

Fuentes: Cadenas nacionales, noticieros y periódicos oficiales, Instituto Nacional de Estadísticas y Censos-INEC, Servicio de Rentas Internas-SRI, Banco Central del Ecuador-BCE, Revista Líderes (cifras aproximadas y algunas por actualizar)