Mostrando las entradas con la etiqueta Comunismo sin transición. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Comunismo sin transición. Mostrar todas las entradas

30 de noviembre de 2019

¿Qué es la comunización?

León de Mattis (2011)
SIC-Revue Internationale por la Communisation N° 1 (Noviembre de 2011)
Traducido al español por Federico Corriente


«¿Por qué la crisis y la “reestructuración” del capitalismo (i.e. los cambios que lo han afectado durante estos cuarenta últimos años) imposibilitan todo regreso de las condiciones anteriores de la lucha? ¿ Y qué podemos deducir de eso para la lucha de hoy? [...]

El capitalismo necesitó derribar la mayor parte de lo que había construido en el período anterior, por dos motivos, básicamente idénticos: la baja de la tasa de provecho y el aumento de la protesta social. La crisis y la reestructuración tuvieron este sentido, sobre telón de fondo social y político de una oleada “neoliberal”, conservadora y represiva, representada por personalidades como Reagan o Thatcher. Pero no fue el “neoliberalismo” que provocó esta reestructuración: sino la reestructuración necesaria para el proseguimiento la explotación capitalista que se acompañó de este decoro ideológico. En países como Francia por ejemplo, cuyos gobiernos fueran dirigidos por socialistas, tuvieron que cumplir también con las exigencias del capital. [...]

Pero ¿qué ocurre ahora? El debate entre “reforma” y “revolución” desapareció hace treinta años, porque la base social que le daba sentido desvaneció. La forma que, desde más de siglo y medio, hacía existir subjetivamente el proletariado, el movimiento obrero, se colapsó.. Partidos, sindicatos y asociaciones de izquierdas se mudaron “ciudadanos” y “republicanos”, ideologías vinculadas con la Revolución Francesa, es decir, un período anterior al movimiento obrero. Sin embargo obviamente, ni el proletariado ni el capitalismo, desaparecieron. Pues, ¿de qué se carece? [...]

Una nueva concepción de la revolución y comunismo brota del período actual, procedente de estas corrientes disidentes críticas que existían en el seno del anterior movimiento obrero. La evolución del capitalismo confirmó la validez de dichas concepciones y su adaptación a la lucha proletaria de hoy. Porque la experiencia cotidiana de la pertenencia de clase del proletario tiende a ser vivida como coacción externa, la lucha por defender su condición llega a confundirse en una lucha contra su propia condición. Surgen, siempre más a menudo, en las luchas, prácticas y contenidos que pueden ser analizados de este modo. No se trata de declaraciones necesariamente espectaculares o radicales. Sin embargo, son prácticas de fuga, luchas donde los sindicatos están desacreditados y abucheados, pero donde no se intenta sustituirlos por otra cosa, porque se considera que no hay nada que poner en su lugar, las reivindicaciones salariales llevan a destruir la herramienta de trabajo (como en Argelia, Bangladesh), luchas donde ya ni se pretende mantener los puestos de trabajo, pero se lucha para lograr indemnizaciones (Cellatex y todo lo que sigue), luchas en que no se reivindica nada, sino se rebela contra todo lo que constituye nuestras condiciones de vida (los “disturbios” en los suburbios franceses en 2005), etc. [...]

La superación de las condiciones existentes sólo puede ocurrir mediante una fase de intensa lucha e insurrección en que las formas de lucha y las formas de la vida futura plasmen juntas sincrónicamente, siendo las segundas nada sino el otro primero. Esta fase, y su actividad específica, proponemos llamarla comunización.

La comunización no existe todavía, pero toda la fase actual de la lucha que acabamos de mencionar nos permite hoy hablar de esta. En Argentina, durante la lucha tras los disturbios de 2001, las determinaciones del proletariado como clase de esta sociedad fueron trastornadas: propiedad, comercio, división del trabajo, relaciones hombres/mujeres… La crisis estaba circunscrita a este solo país, esta lucha nunca cruzó las fronteras: sin embargo, la comunización sólo puede existir en una dinámica de ampliación sin fin. Su interrupción significaría su muerte, al menos momentánea. Empero, las perspectivas del capitalismo desde la crisis financiera de 2008 – perspectivas mundialmente oscuras para él – sugieren que la próxima vez el colapso del dinero no se limitará a la Argentina. No por decir que el punto de partida será necesariamente una crisis monetaria, sino más bien que en la situación actual muchos puntos de partida son posibles, y que la grave tormenta monetaria, que en realidad ya está a punto de llegar, formará indudablemente parte de la crisis.

A nuestro modo de ver, la comunización será el momento en que la lucha posibilitará, como un medio para su continuación, la producción inmediata del comunismo. Con el término comunismo, hablamos de una organización colectiva libre de todas las mediaciones que, hasta ahora, la sociedad utiliza para vincular las personas : dinero, estado, valor, clase, etc. Estas mediaciones no tienen otro propósito sino permitir la explotación. Si se imponen a todo el mundo, sin embargo, sólo sirven a unos pocos. El comunismo será el momento en que las personas se relacionen entre sí directamente, sin que sus relaciones interpersonales estén dominadas por categorías a las que todos tengan que someterse.»

26 de junio de 2019

REVOLUCIÓN Y COMUNIZACIÓN ("L'Insecurité Sociale", 1985)

Extracto de un texto publicado en la revista Etcétera del grupo “L'Insecurité Sociale” en el año 1985. El nombre del artículo completo es “Comunismo. Elementos para la reflexión” [Tomado de Bravata Vandálica]


Entre el capitalismo y el comunismo no hay una especie de modo de producción mixta ni intermedia. El periodo de “transición”, o más bien… el período de ruptura es esa fase en la que un proceso comunista deberá enfrentarse a secuelas humanas y materiales de una era de esclavismo y neutralizar las fuerzas que las defiendan. No habrá en un primer tiempo revolución armada y a continuación, permitida por esta revolución, la transformación de la realidad social. Revolución y comunización están íntimamente unidas. La revolución es la comunización de las relaciones entre los hombres a través de movimientos de masa dirigidos contra las relaciones mercantiles y el Estado.
La revolución será una formidable conmoción social. Implica enfrentamientos y no excluye la violencia. Pero, si bien es una fuerza, su problema esencial no es el de la violencia, y la condición de su éxito no es esencialmente una cuestión de poder. No disputa el Estado y la Economía a los poderosos. La revolución comunista no persigue el poder, ni siquiera cuando se atribuye el poder de tomar sus medidas expresando el rechazo práctico del Estado y del capitalismo. Este rechazo práctico se expresará por la formación de comunidades de lucha independientes de las instituciones estatales (partidos, sindicatos, policía, ejército), permitiendo un verdadero compromiso de todos, la unidad y la transparencia efectiva de las decisiones y de sus aplicaciones, rechazando la división representantes-representados, por la instauración de relaciones no mercantiles que, en un primer tiempo, puedan servirse de ciertos aspectos de las actuales estructuras productivas reorientándolas en el sentido de la satisfacción de las necesidades humanas mediante la distribución de los productos.
La fuerza de la revolución será, de hecho, una relación social que cambie completamente las otras, que haga de los hombres los sujetos de su propia historia. Es rompiendo los vínculos de dependencia y de aislamiento como destruirá al Estado y la política, es aboliendo las relaciones mercantiles como destruirá al capitalismo.
La revolución comunista no es el choque entre dos ejércitos, uno a las órdenes de los privilegiados y explotadores y otro al servicio de los proletarios. No puede ser reducida a una guerra en la que lo que está en juego sea la toma de poder y el control territorial. Los proletarios resbalarían sobre el terreno del enemigo si se entregaran a un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, si ellos buscasen establecer una relación de fuerzas, preservar las “conquistas” para la construcción de otra estructura estatal. La revolución degeneraría entonces en guerra civil, fatalmente resbaladiza que no haría más que reproducir los fracasos del pasado. El enfrentamiento entre dos ejércitos, rojo y blanco, no será la revolución comunista sino la transformación de los proletarios en tropas de una vanguardia cualquiera.
Los proletarios deberán ser activos para triunfar, no teniendo ni patria que defender, ni estado que construir. Frente a ellos estará el ejército y la policía, así como todos aquellos que quieran que los seres humanos estén siempre dominados, explotados, o quienes no puedan vislumbrar la vida humana nada más que de esta forma. Para la transformación inmediata y radical de la organización social, es necesario que los militares y los conservadores actuales sean privados de cualquier cosa que defender. El ejército, los grupos paramilitares no pueden conseguirlo todo por ellos mismos en tanto que organizaciones de la violencia. Su acción puede expresarse directamente por la destrucción de hombres y cosas, o bien creando y manteniendo una situación de penuria adecuada para desarrollar el egoísmo, el miedo… Serán relevados en eso por aquellos para quienes lo que existe es el mejor de los mundos posibles, quienes tratarán de canalizar la violencia de los explotados. Preconizando las liquidaciones masivas de los oponentes reales o supuestos, dando a las frustraciones que empezarán a exteriorizarse, objetivos asesinos, apelarán al homicidio para evitar que se plantee la necesidad para los hombres de organizar ellos mismos su propia vida.
La revolución comunista no se sustenta ni del sabor de la sangre ni del espíritu de venganza. Su objetivo no es la masacre, sino la emergencia de una comunidad reconciliada. Los movimientos del pasado demuestran que la sangre derramada se debe generalmente en una débil parte a los sublevados. Son las fuerzas sociales conservadoras quienes han masacrado, encarcelado y deportado. La sangre ha corrido durante los combates, pero a menudo después de su victoria. Les es necesario destruir a aquellos en quienes parece radicar la revolución. A la inversa, la ética del movimiento comunista implica la posibilidad de cambio de vida para sus adversarios, actuando de tal forma que ellos comprendan, lo más ampliamente posible, que el gozo verdadero no reside en la humillación y la muerte, sino en la realización de la comunidad de los hombres sin amos ni esclavos. La guerra es, por encima de todo, destrucción y sumisión de los hombres. La revolución comunista tiene por meta barrer las estructuras materiales y mentales de la opresión y no destruir y someter a los hombres.
De lo que se trata, pues, es de rechazar el mundo de la dominación, rompiendo todas las relaciones en las que se basa: esto no es construir un ejército, sino abolir el ejército; no es conseguir que algunos sean ministros o comisarios del pueblo, sino de hacer inútil esta función.

24 de junio de 2019

COMUNIZACIÓN. MATERIALES PARA LA REVOLUCIÓN SOCIAL (VV. AA., 2009)



Contenido:

  • "Comunización: una 'llamada' y una 'invitación'" (2004) de la revista Troploin.
  • "Comunismo. Elementos para la reflexión" (1985) de La Insecurité Sociale.
  • "Hacia la comunidada humana" (1982) de La Guerre Sociale.
  • Extractos de "Capitalismo y Comunismo" (1972) de Jean Barrot (Gilles Dauvé).
  • "Colectivizar o comunizar" (1999) extraído de "Cuando las insurrecciones mueren" de Gilles Dauvé.
  • "Apéndice: Desenterrad a vuestros muertos" (2008) de la revista Endnotes.

***

Prólogo


El término “comunización” es prácticamente desconocido en castellano. De hecho no aparece en ningún diccionario en esta lengua, y es probable que si apareciera no reflejaría el uso que la gente común podría darle en su vida diaria. La razón es que el verdadero sentido de este término, el único sentido en que podemos hacerlo nuestro, es que describe el movimiento de subversión social que apunta a la destrucción de las relaciones capitalistas. Pero veamos la definición que nos ofrece de nuestro término un prestigioso diccionario (en inglés):

Comunización.-

1 a: poner en común -Esta acepción dice bastante a los que ya saben de qué se trata el asunto, pero en un contexto de ignorancia y manipulación generalizada, resulta tan vaga que prácticamente no dice nada.

1 b: convertir en propiedad estatal -Con esto se justifica el uso que le dan al término ciertos profesionales de la mentira, que por casi un siglo llamaron “comunismo” a los estados que administraban el capital burocrático, y que ahora llaman “des-comunización” a la implantación de la democracia burguesa en esos regímenes.

2: someter a principios comunistas de organización -Esto remite a la noción de que la práctica comunista es ante todo un asunto de control y coerción, ejercido por aparatos disciplinarios según el modelo leninista.

Contra estas versiones estúpidas y distorsionadas, oponemos la perspectiva de la Revolución Social, perspectiva en la que los términos comunismo y comunización tienen un significado muy claro que excluye y niega a los anteriores.

En esencia, la revolución no es ni política ni económica, sino social: es un proceso de comunización, de negación directa de las relaciones sociales capitalistas -especialmente de la empresa- y su reemplazo por relaciones humanas. Comunización no es el traspaso de la propiedad privada a manos de la colectividad, sino la abolición de la propiedad y del intercambio. Es un proceso en el cual el conjunto de la humanidad asume directa o indirectamente la organización de la producción de bienes para su uso (no para el intercambio) de acuerdo a las necesidades sociales. En el comunismo cada individuo tiene acceso a los bienes, sin que deba intercambiarlos por dinero ni por una cuota de trabajo. De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades: esta noción, aunque fue formulada en las colectividades campesinas rusas e ibéricas y en la Comuna de París, se remonta a los tiempos del comunismo primitivo.

Entonces, ¿por qué “comunización”? ¿Por qué añadir una nueva palabra al montón? Lo que el concepto ‘comunización’ pretende subrayar frente al de ‘comunismo’ es la naturaleza de proceso que tiene la destrucción de las relaciones sociales capitalistas. Tras la muerte de Marx, y seguramente en vida de éste, todos aquellos que se reclamaron marxistas e incluso muchos anarquistas, concibieron con demasiado facilidad el comunismo (libertario o no) como un estadio humano, como un ideal que alcanzar, la mayoría de las veces tras un largo período de transición. Se establecía una ruptura teórica y práctica entre la sociedad del mañana y las luchas del hoy. Así, aunque el fin fuese la abolición de la dominación y las jerarquías, era legítimo organizarse bajo la forma de partidos organizados de arriba a abajo, donde impera la autoridad de un comité central, con el objetivo de tomar el poder estatal. ¿Cómo pasaremos del partido-Estado al comunismo? Bueno, dejemos que un largo período socialista conteste esta pregunta… Hablando de comunización pretendemos acabar con esta ruptura entre presente y futuro, recogiendo la más valiosa experiencia de la práctica anarquista: los fines están hechos de medios. Unos medios nos acercan a unos fines (una sociedad comunista) y nos alejan de otros (un estado burocrático). Por medios no sólo entendemos unas formas de organizarse, las formas por sí mismas no aseguran nada, sino unos contenidos que sólo pueden expresarse a través de unas formas determinadas. La solidaridad, por ejemplo, solo se expresa verdaderamente en la horizontalidad, entre iguales.

Los materiales que presentamos en esta edición no son originales, ni novedosos, algunos de ellos habían sido editados anteriormente en castellano, otros han sido traducidos por los compañeros de "Comunización" [Chile, 2009]. Esperamos que ayuden a precisar nuestra concepción del movimiento comunista y la revolución social, así como la esencia del comunismo: el hecho de que cada uno de nosotros está ligado por naturaleza a todos los demás. Partiendo de aquí, de lo que se trata es de reunificar lo que ha sido artificialmente separado, y de separarnos por la violencia de aquellos que hacen imposible esta reunificación. Este es nuestro punto de partida. Aunque desde una perspectiva general se trata más bien del punto de llegada, de la finalidad y del sentido de toda una historia de luchas por la plenitud de la vida humana.

10 de junio de 2019

LA COMUNIZACIÓN COMO SALIDA DE LA CRISIS

Bruno Astarian
Francia, Agosto 2009

Traducido por Carlos Lagos P., del artículo “La communisation comme sortie de crise”, publicado en www.mondialisme.org/spip.php?article1438

Este texto, aparecido en Echanges nº 131, es una contribución a un debate sobre la crisis y sus salidas posibles. Se trata de un análisis deliberadamente resumido. No se desarrolla la crítica del programatismo –ya hecha abundantemente– y sólo se evocan aquellos aspectos del reciente movimiento social que confirman la tesis de la comunización.


1. Inmediatez del comunismo

1.1. Definición y origen

No debemos confundir inmediatez con instantaneidad. Cuando decimos inmediatez del comunismo, estamos afirmando que la revolución proletaria ya no tiene como objetivo crear una sociedad de transición, sino instaurar directamente el comunismo. O sea: algo más complicado que la conquista del poder político, que hacer alianza con otras capas sociales, y que llevar a cabo una transición sobre ese terreno (extinción gradual del Estado, etc.).

La noción de inmediatez del comunismo no ha salido de la nada. Apareció con la crisis de los años 1960-1970, a partir de la impotencia política de la izquierda y de la incapacidad de los izquierdistas para comprender el rechazo al trabajo. Hoy, todas las tentativas programáticas parecen irrisorias. En cuanto al anti-trabajo, hoy vuelve a manifestarse con más fuerza que en los años 70 (en China, Bangladesh y hasta en los países industrializados).

1.2. La comunización como proceso

Comunización no significa que el comunismo será insaturado mediante un golpe de varita mágica. Será un proceso de lucha, con avances y retrocesos de la revolución. Lo que esto significa es que las acciones que emprendan los revolucionarios apuntarán a la abolición del trabajo y del valor, y de todo lo demás (familia, patria), aquí y ahora. Cuando la revolución ataque la propiedad capitalista, no lo hará para entregarle al proletariado esa propiedad que antes no poseía, sino para ponerle fin a toda forma de propiedad, en seguida. Es imposible describir ahora tal proceso en detalle. Sin embargo hay que tratar de precisarlo, para tener una idea mejor de hacia dónde vamos y para saber, llegado el momento, distinguir entre revolución y contrarrevolución.

2. Respuesta a la crisis y comunización

Cuando la crisis estalla, el proletariado se subleva porque la no compra de su fuerza de trabajo le excluye de las relaciones sociales y de todo vínculo con la naturaleza. Al sublevarse, los proletarios despliegan una respuesta a la crisis que en sí constituye la matriz de todo lo posible, y que es el único lugar de donde puede surgir el comunismo. Si bien la teoría no siempre definió al comunismo del mismo modo, todas las definiciones y estrategias han partido de lo que el proletariado hace al responder a la crisis. Ahora bien, sólo podemos hablar de respuesta a la crisis en el caso de un levantamiento generalizado del proletariado, y no en el caso de un conflicto aislado en una o algunas empresas, por “ejemplar” que ese conflicto sea.

La respuesta a la crisis descansa en dos elementos esenciales:la individualización/desmasificación del proletariado, y la expropiación de la propiedad capitalista para suplir las necesidades de la lucha –no para volver al trabajo sin patrones. Si la crisis abierta en ese momento se profundiza hasta el punto de provocar una insurrección proletaria de proporciones, reencontraremos una vez más estos dos elementos, marcados por los rasgos históricos de nuestra época. La desmasificación del proletariado será tanto más nítida por cuanto es un proceso que ya ha sido puesto en marcha por el capital post-fordista. Desear un regreso a los buenos días del obrero masa es un sueño contrarrevolucionario. En cuanto a la propiedad capitalista, ésta tiene dos características:

·         Por una parte, nada se le escapa. El capital se ha apoderado de la vida entera al punto de que, haga lo que uno haga, siempre está en sus dominios. Cuando la crisis estalle, el proletariado no podrá hacer nada sin invadir la propiedad capitalista. Hasta una simple manifestación le obliga a ocupar el asfalto municipal. Hoy, se le deja hacer. Mañana eso mismo será ilegal. Toda acción del proletariado en su actividad de respuesta a la crisis le obliga a enfrentarse al capital para tomar posesión de una parte de la propiedad y dar así objetividad a su existencia, que no es sino la de un sujeto puro.[1] Y en la crisis actual el monopolio de la propiedad capitalista es tan total que hoy como nunca antes el proletariado no tiene ninguna posibilidad de repliegue. Está con la espalda contra la pared. El capital ha suprimido, por ejemplo, toda posibilidad de repliegue en el campo;

·         Por otra parte, los bienes de propiedad capitalista están poderosamente marcados, en su valor de uso, por las necesidades de valorización. Por esta razón, la respuesta a la crisis buscará sobre todo destruir y desviar. No hay que descartar que el proletariado se apodere de una cadena de montaje, pero sí que la use para producir automóviles.

2.1. « Producción » sin productividad y abolición del valor

Es a partir de la respuesta a la crisis, y para salir de la crisis, que va tomando forma la comunización. La comunización no responde a un ideal o a una consigna política. Es la solución de las dificultades que el proletariado encuentra para reproducirse en el transcurso de su actividad de crisis. Se trata de una lucha contra el capital para asegurar su propia supervivencia, nada más. 

Cuando las alternativas proletarias contrarrevolucionarias [como la autogestión] demuestren su ineficacia para salvar económicamente  al proletariado, la comunización producirá el salto hacia la no-economía. La paradoja es que cuanto más profunda es la crisis e inmensas son las necesidades de los proletarios, más la solución consiste en dar la espalda al productivismo. La «producción» sin productividad no es una función productiva propiamente tal. Es una forma de socialización comunista de los hombres, donde la producción ocupa por cierto un lugar, pero sin estar sujeta a una medida de tiempo ni de ninguna otra especie (ingresos, número de hombres implicados, resultado productivo). Según la correcta fórmula de Thèorie Communiste, se trata de una “radical no contabilización, sin importar de qué se trate”.

Tratemos de ver las cosas en dos fases:

·         Durante la fase de descenso a los infiernos de la crisis, la reproducción del proletariado queda asegurada principalmente por la recuperación indiscriminada de bienes. Incluso en una economía del tipo “justo a tiempo”, existen stocks en bodega. La respuesta a la crisis consistirá (entre otras cosas) en apoderarse de ellos. Ya en esta fase, podemos imaginar la divergencia entre una vía contrarrevolucionaria que pretenda contabilizar, reagrupar los bienes, coordinar su distribución, hacer respetar criterios de derechos y deberes, etc.; y una vía comunizadora, que rechace a la vez la economía del pillaje y la formación de entidades superiores de distribución, aun si son elegidas democráticamente, etc. Esta segunda vía insistirá en que la profundización local de la crisis, la gratuidad absoluta, valen más que la estabilidad de la nación;

·         En la segunda fase, la de salida de la crisis propiamente tal, la producción proseguirá. El problema consiste entonces en saber cómo puede reanudarse la producción sin trabajo, sin productividad ni intercambios. El principio de « producción » sin productividad supone que la actividad de los hombres y sus relaciones son más importantes que el resultado productivo. La producción puede proseguir sobre esta base porque ya no hay más “otros(as)”. Para poder desarrollar esta producción sin productividad, hay que abolir el valor en sus dos formas:

o   Valor de cambio: si no se contabiliza nada, si la actividad sólo se justifica por el producto que hace aparecer, entonces dicha actividad no tiene ningún contenido abstracto;

o   Valor de uso: el valor de uso se distingue de la utilidad simple porque posee, además, un contenido abstracto. En el caso de la mercancía la utilidad debe ser general, o acorde al promedio, para que pueda satisfacer a un usuario desconocido, cuya necesidad particular se ignora (producción en serie, estandarizada). La producción sin productividad es una actividad particular de individuos particulares, realizada para satisfacer unas necesidades expresadas personalmente. El mismo uso de los objetos producidos lleva en sí la marca de esa particularidad. Es la anti-normalización. El carácter necesariamente local de la comunización contribuye a eso.

En la revolución comunista, el acto de producción no será nunca solamente un acto productivo. Si unos cuantos individuos deciden instalar una panadería, no lo harán para producir un número determinado de panes, sino para socializar, para cultivar sus afinidades produciendo pan.[2]

Además, el pan que produzcan estos proletarios no corresponderá a una categoría general, sino que será el pan particular que se les haya solicitado tal o cual día. Finalmente, puede que el aprovisionamiento de harina para nuestros panaderos corra el riesgo de ser aleatorio, por lo menos en un primer momento, si los proletarios que están en el molino siguen estos mismos principios. Ciertos días no habrá harina porque los que estaban en el molino prefirieron discutir sobre el amor y el sentido de la vida. ¿Qué eso sería el caos? Digamos simplemente que ese día no habrá pan. Hay que asumirlo. Otra alternativa es que alguien fije un plan, con cantidades y plazos, y que otros(as) lo acaten. En tal caso no sólo se restablecería el Valor. De hecho una experiencia proletaria de ese tipo no tiene ningún futuro: si funciona los proletarios perderán rápidamente sus derechos (restauración del trabajo asalariado bajo una forma u otra); si no funciona se verán devueltos al viejo cuadro de desempleo y salarios impagos. Es probable, en todo caso, que la solución comunizadora no se presente sino hasta que hayan sido jugadas una o varias partidas de ajedrez de este género.

De modo general, retengamos que la comunización reemplaza la circulación de bienes entre “productores asociados” por la circulación de individuos entre diversas actividades. Esto implica sobre todo que:

·         Los “lugares de producción” no tendrán personal permanente, y producirán o no producirán según la motivación y el número de donaciones requeridas. La razón es que los “lugares de producción” serán ante todo lugares de encuentro y de vida;

·         Por lo menos en un primer período, la comunización se hará localmente, no porque la lleven a cabo unos “comunautas autárquicos”, sino porque consistirá en iniciativas totalmente controladas por los participantes. La comunización será una nebulosa de iniciativas locales. Es, me parece, a este nivel local donde la comunización puede demostrar que mejora en seguida la vida de los proletarios. Y este aspecto es fundamental: los proletarios harán la revolución para vivir mejor, no por lealtad a un ideal. Ahora bien, al querer entrar demasiado en detalles, acabaríamos por trazar el esquema de una economía tan vinculante como la de una sociedad de transición. Pero al mismo tiempo, cómo no intentarlo (mostrando de paso la pobreza de nuestra imaginación) para hacer palpable que todas las soluciones aportadas por la revolución comunista tienen como principio el poner por delante la actividad y no su resultado; para decir que el “resultado” más importante de la actividad humana es ella misma. Los individuos circularán entre diversas actividades en función de sus afinidades, y cada etapa de esta circulación será un momento de su reproducción. Los productos circularán con estos individuos, pero sin intercambio. Los que hagan salchichas se irán luego a una cantina local sin preocuparse de obtener algo a cambio, ya que esas salchichas no les habrán costado nada, ni siquiera trabajo.

2.2. «Consumo» sin necesidad

El reino de la necesidad no es aquel donde las fuerzas productivas son insuficientes para asegurar una abundancia que no se sabe exactamente dónde comienza. El reino de la necesidad es aquel donde la existencia de la propiedad impone a los que no son propietarios la amenaza continua de dessocialización y de muerte. Esta es la causa de que hoy en día la gratuidad o los bajos precios provoquen reacciones de acaparamiento y de sobre-consumo. En el comunismo, este miedo a la escasez desaparecerá junto con la propiedad. Cada uno estará seguro de poder comer, gratuitamente, lo que otros(as) hayan aportado y lo que otros(as) hayan preparado. En estas condiciones, ¿por qué iba uno a querer sobre-consumir y acaparar alimentos en su despensa bajo el pretexto de que son gratuitos? Todo será gratuito y seguirá siéndolo. Porque todo será producido por personas para quienes, en cierto modo, las salchichas serán sólo el subproducto de unos días de discusión sobre el sentido de la vida.

La gratuidad es una noción difícil de manejar. Me parece que, para hablar del comunismo, es mejor entender la gratuidad en el sentido de los « gestos gratuitos » y no tanto en el sentido de los “productos gratuitos”. Por una parte, es obvio que las iniciativas comunizadoras impondrán la gratuidad dentro de su campo de acción. Pero por otra parte y sobre todo, esta gratuidad significa más que “precio = cero”, y no hay que figurársela como la gratuidad de unas mercancías que se pueden obtener sin dinero. Lo que está en juego aquí es la no-remuneración de la actividad de los comunizadores. Por otra parte, es obvio que los proletarios que se lancen a la comunización lo harán sólo después de haber intentado, en vano, obtener un salario o una retribución por su actividad. La gratuidad, en el comunismo, es la del ser para sí, en una actividad totalizante que rompe las separaciones, por ejemplo, entre «producción» y «consumo».

Producción sin productividad, consumo sin necesidad… son dos expresiones, en el vocabulario limitado de que disponemos, para señalar una misma actividad unificada y libre.

3. Revolución, contrarrevolución, represión

La comunización avanzará ampliando progresivamente el área de las expropiaciones. La propiedad, ciertamente, no se quedará de brazos cruzados. Echará mano a las variadas cuerdas que tensan su arco. La contrarrevolución no es únicamente militar.

3.1 Sutilezas de la contrarrevolución

Una parte de la oposición a la comunización vendrá de las filas del proletariado mismo. En una situación dada, es posible que la opción autogestionaria y la opción comunizadora se vean enfrentadas.

Por ejemplo, el cuidado de los niños durante la actividad de crisis dará lugar seguramente a tentativas de autogestión de las escuelas. Frente a ello, una corriente comunizadora propondrá la abolición pura y simple de las escuelas – mientras que por otra parte, probablemente, los alumnos se encargarán de expresar su opinión directa y violentamente (como en Grecia).

Evidentemente, la abolición de las escuelas plantea de inmediato un montón de preguntas acuciantes: ¿Quién va a ocuparse de los niños? ¿Qué van a aprender? ¿Necesitan de establecimientos dedicados a ellos? ¿No es mejor que se instruyan jugando en las alamedas de la revolución?

Como todo problema de la revolución, éste existirá sólo locamente para los habitantes del barrio (¡nada de ministro de educación!). La solución que se lleve a cabo localmente, más o menos buena, no exigirá proezas de productividad (nada de construir escuelas, nada de formar profesores, nada de redactar programas), y se irá ajustando en función de cómo evolucione la situación. El éxito o el fracaso de tal iniciativa no se juzgará por su precisión teórica, sino por su capacidad o no de mejorar la vida de los proletarios (padres y niños) que la emprendan.

A pesar de nuestra dificultad para imaginarnos una vida sin trabajo ni valor, el análisis (y ciertas experiencias de respuesta a las crisis) nos permite afirmar que una vez que la crisis alcance cierto grado de desarrollo, la solución comunizadora será más apta para mejorar la vida que cualquier fórmula autogestionaria.

Y lo que se ha dicho aquí sobre la escuela, vale para todas las instituciones actuales.

3.2. Rehusar toda militarización

Si tal movimiento local se extiende como una mancha de aceite, si la autogestión no basta para impedirlo, se hará sentir, evidentemente, la más violenta represión. La historia nos muestra que la propiedad no retrocede ante ninguna masacre. Sin embargo creo que sería una grave incomprensión de los triunfos específicos del proletariado predicar la militarización, aunque sea « revolucionaria », del movimiento. No hay un solo ejemplo en la historia donde la militarización, hasta la más flexible y democrática, no haya abierto de par en par las puertas a la contrarrevolución. No es posible entrar aquí en detalles, pero podemos a pesar de todo indicar que, si la crisis alcanza una intensidad tal que haga avanzar la comunización, la propia burguesía se verá afectada y, por más mimado que esté, su personal represivo no será inmune a la crisis. No es que la policía vaya a sucumbir moralmente frente a la fuerza del ideal revolucionario, pero sí se verá empujada a amotinarse por razones muy materiales (como en África del Sur). Desde luego, el rechazo de cualquier atisbo de militarización no implica en absoluto un rechazo de la violencia en general.

Conclusión

La abolición del valor, la destrucción del capital y la auto-supresión del proletariado aparecen como momentos misteriosos o místicos sólo si se los contempla a la luz de un proceso insurreccional como el del antiguo movimiento obrero, que afirmaba la identidad “trabajadora” de la clase obrera y que se fijaba como meta llevar al proletariado (en realidad a sus representantes) al poder político. Hasta ahora los comunistas habían chocado con estos problemas sin poder resolverlos, y no habían encontrado otra solución que esgrimir la “sociedad de transición” con tal de esquivar el bulto. La sociedad de transición es una ilusión, lo mismo que la gradual extinción del Estado.

Desde la crisis de los años 60-70, el proceso mismo que enfrenta a las clases sociales ha empezado a clarificarnos este problema. La reciente evolución de las relaciones entre clases nos ha ayudado a comprender incluso mejor que el propio Marx la naturaleza más profunda de la sociedad capitalista, del valor, del trabajo, y por lo tanto de su abolición. Esto nos permite prever desde un punto de vista más próximo lo que será el comunismo y el proceso revolucionario de comunización que lo creará.

Cuanto más profunda se haga la crisis, más habremos avanzado en esta dirección.



[1] La expropiación tiene lugar como interacción entre individuos del proletariado. Ya no hay más automatismos de las relaciones de clase. Si el proletariado es forzado a sublevarse, harán falta, a pesar de todo, individuos para sacar los primeros ladrillos, para romper los primeros escaparates. Es decir, la actividad de crisis gana un grado de libertad en relación con la prosperidad. Todavía no es el reino de la libertad, pero sí es el grado que le da a los insurrectos el sentimiento de que todo es posible.

[2] Hicimos observar que, en la intensificación del desempleo en Argentina, algunos piqueteros tenían más o menos este discurso. Ver: Bruno Astarian, El Movimiento de los piqueteros, Argentina 1994-2006, en Echanges et Mouvement, mayo de 2007, especialmente las páginas 37 y 52.

_____________________________________________________________________________________________________

Relacionado:

Grecia: Expropiación de supermercado en Tesalónica [2015/07/20]

Los últimos años experimentamos una cotidianeidad dominada cada vez más por la miseria y la explotación extrema. A través de nuestra impotencia a cubrir nuestras necesidades, se hace obvia una conclusión atemporal: nuestra vida no se determina por nosotrxs mismxs, sino por las reglas del mercado y de la producción de lucro para los patrones griegos e extranjeros. Los últimos años vemos como el sistema ha desatado un ataque frontal para proteger a sus intereses. La policía se ha transformado en el ejército de ocupación de las ciudades, mientras que el miedo y el terror se han transformado en la propaganda principal de los medios de comunicación masivos. Bajo de un régimen de amenaza permanente, los patrones nos llaman a la tregua y la pasividad, sea mediante decisiones predeterminadas, o mediante métodos más sucios que nos ofrecen la ilusión de poder elegir, como por ejemplo el referendum.
  • Superemos la inercia y el miedo, más allá de los dilemas del Poder.
  • No deleguemos la solución de nuestros problemas a aquellos que los están creando.
  • Lxs oprimidxs tenemos que tomar las riendas de nuestras vidas.
  • Frente al dilema del memorando de los acreedores o el memorando de SYRIZA, respondemos con la auto-organización y la ruptura, tanto con los patrones extranjeros, como con los patrones griegos y con sus ejércitos.
  • Frente a la legalidad de los explotadores que nos mantiene esclavxs, respondemos con la ACCIÓN DIRECTA de lxs oprimidxs y la auto-organización de las vidas y la lucha.
  • Negación de obedecer a las órdenes de los patrones.
  • Negación de pagos (billetes, facturas, deudas a los bancos, tasas).
  • Creación de estructuras de cubrimiento colectivo de nuestras necesidades (okupas, cocinas colectivas).
  • Solidaridad entre lxs oprimidxs y creación de comunidades.
  • Recuperemos de los patrones todo aquello que hemos producido con sangre y sudor.
  • Expropiación de las riquezas acumuladas.
  • Armamiento de nuestras comunidades por la organización de nuestra autodefensa y del ataque contra nuestros opresores.
El sábado, 11 de julio, un grupo de compas realizó una expropiación de una tienda de la cadena de supermercados Afroditi en la zona Martiou, al este de Tesalónica. Los productos de necesidades básicas (aceite, pasta, legumbres) expropiados fueron repartidos a continuación al mercado popular del lado. La gente reaccionó de manera positiva, tomando los productos y aplaudiendo a la acción.