1 de septiembre de 2021

Algunos relatos sobre la comunización

Jasper Bernes

Traducido al castellano por: Non Lavoro [https://translatoriac.noblogs.org], 2021


[Serie | 8 partes]

Parte uno: Algunos relatos sobre la comunización
Parte dos: Fracaso | Comunización, la historia de una teoría del futuro
Parte tres: Socialisme ou Barbarie, la Internacional Situacionista y la teoría de la comunización
Parte cuatro: El comunismo es un libro abierto | Jan Appel y la historia del comunismo de consejos
Parte cinco: La autoeducación de Jan Appel | La comunización y su historia

Parte seis: Marcha a paso ligero por el mayo rampante
Parte siete: Explicaciones
Parte ocho: Fisuras y virajes

***

Parte uno

26 de noviembre de 2020

«Quiero hacer una serie de publicaciones sobre la teoría de la “comunización” tal como se ha desarrollado desde 1968, porque me parece que hay mucho más interés en el término, y más deseo de lo que hay comprensión. Son muchas las razones para el abuso que ha sufrido esta palabra, pero la principal es que, en un principio, en Francia, de donde deriva, la “comunización” nunca se usó para nombrar a una tendencia o una teoría coherente. Era simplemente un término en uso que una red vagamente conectada de proyectos comunistas utilizaba para explicar su visión de la revolución comunista.

Incluso cuando el término courant communisateur  —tendencia comunizadora, o corriente comunizadora— comenzó a aplicarse a estos grupos de manera retrospectiva, muchos cuestionaron y se resistieron el término, en atención a la forma en que con éste se confundía a los defensores de la comunización, que podrían existir en el mundo aquí y ahora, con quienes practicaran la comunización, es decir, con personas que aún no existen.

Acreditar un concepto como este a un solo autor o texto es peligrosamente cosificante, pues la mayoría de estos textos fueron escritos, editados y discutidos  en forma colaborativa, y con frecuencia fueron distribuidos por primera vez sin firmar. No obstante, podemos decir que la contribución fundamental fue el ensayo que escribió Gilles Dauvé en 1969, Sobre la ideología de ultraizquierda [“Sur l’ideologie ultra-gauche”], redactado para la reunión nacional del grupo comunista-de-consejos Informations et Correspondances Ouvières, y que pretendía llamar a debate a Paul Mattick. Más tarde, la librería y lugar de encuentro de París La Vieille Taupe [El viejo topo] volvería a publicar el ensayo como “Contribución a la crítica de la ideología de ultra-izquierda”. Dauvé reelaboraría este artículo para publicarlo, a principios de los 70, en Le mouvement communiste, la primera publicación donde se elaboró ​​la teoría de la comunización. Fredy Perlman, entonces editor estadounidense de la Internacional Situacionista y, por extensión, de la ultraizquierda, reunió estos artículos bajo el título Eclipse and Reemergence of the Communist Movement [“Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista”] que sigue siendo el texto en francés más conocido sobre la comunización y sin duda el punto cero para la discusión en inglés del término. Este es el primer punto: la comunización surge como una crítica, y en realidad no puede entenderse sin comprender el objeto de la crítica, razón por la cual la mayoría de los documentos de la comunización involucran un recuento de la historia de todo el movimiento obrero desde el siglo XIX en adelante.

Aún no les he dicho en realidad qué es la comunización porque creo que la mejor manera de entenderla, en un comienzo, es como el producto de un problema, un ambiente y una coyuntura, y que eventualmente se volverá lo suficientemente abstracta como para sostenerse por sí sola como teoría. Pero la teoría es imposible de entender sin esta historia, una historia que nos permitirá aproximarnos a la comunización en al menos una docena de formas diferentes.

  1. Síntesis

La comunización no es ante todo una crítica simplemente, sino una síntesis crítica, una especie de química irreversible de ideas, en la que la teoría de la revolución que se encuentra en el comunismo de consejos, es decir, en la ultraizquierda alemano-holandesa, se unió a las ideas de Amadeo Bordiga y el comunismo de izquierda italiano —del que hasta entonces había estado en gran parte separado— para producir una nueva construcción teórica, opuesta tanto al consejismo como al bordiguismo. El primer momento de esta síntesis es el texto que acabamos de nombrar, publicado en el principal órgano francés del consejismo y dirigido al comunista consejista vivo más significativo. Mientras que la ultraizquierda alemano-holandesa concebía  la revolución comunista formalmente, como la extensión de la autogestión obrera al control de la totalidad de la economía, Bordiga y sus asociados llevan la atención al contenido del comunismo, su definición lógica y axiomática:

Rechazando la teoría de la autogestión obrera [de los comunistas de consejos], el bordiguismo realiza una de las críticas más mordaces de la economía rusa [URSS], poniendo al frente no a la burocracia, como hacen los trotskistas y Socialisme ou Barbarie, sino a las relaciones de producción. La revolución, sugiere la prensa bordiguista, debe consistir en la destrucción de la ley del valor y el intercambio. [Recopilado en Rupture dans la theorie de la révolution: Textes 1965-75 ]

El término comunización no se utiliza en este ensayo pero está implícito en la síntesis, y todo lo que sigue bajo el nombre de comunización puede considerarse una extensión de esta síntesis.

¿Qué se está sintetizando? Bueno, el bordiguismo y el consejismo, pero eso es impreciso. Del consejismo Dauvé retiene la insistencia en la autoorganización proletaria, el compromiso radical con la lucha de clases proletaria como teoría. Pero esto no es suficiente, dice la crítica. No es suficiente simplemente tomar el poder, no es solo una cuestión de forma, sino de contenido. No basta con formar consejos y apoderarse de las fábricas, como hicieron parcialmente los trabajadores en el 68. También hay que hacer algo con ese poder tomado, y esto es lo que no sucedió en 1968 y lo que no pudieron explicar los grupos ultraizquierdistas con los que se le asocia: Socialisme ou Barbarie, la Internacional Situacionista, ICO y otras estrellas del más amplio renacimiento ultraizquierdista.

¿Qué es este contenido? Bueno, es la destrucción del valor y el intercambio, que para Dauvé es idéntico al comunismo. Espero mostrar en algún momento cómo es que esta definición se queda corta e introduce problemas para la teoría de la comunización, pero debe notarse primero que para los lectores familiarizados con la literatura bordiguista la frase es una abreviación y se refiere a algo bastante concreto: la distribución directa de los bienes sin el uso del dinero, los salarios u otros mecanismos. De lo contrario, la frase que describe el contenido del comunismo es simplemente otro formalismo: ¿cómo puede la destrucción de una forma ser el contenido del comunismo?

Estaban en juego las cuestiones prácticas de la organización revolucionaria. Bordiga había escrito extensamente sobre la importancia de tales medidas para la revolución comunista, y a manera de crítica de lo que él pensaba que era un capitalismo de estado operativo en Rusia. Esto nos lleva al punto final para estos autores: el vocabulario marxista crítico, en la teoría de la comunización, es a la vez una descripción del comunismo. En la categoría valor, heredada de Marx, encontramos la descripción (invertida) del núcleo del comunismo. En la crítica de Bordiga a la URSS, encontramos una teoría de la revolución como comunismo. La síntesis vincula al comunismo directamente con las categorías de la crítica de la economía política de Marx de una manera única y sin precedentes. [...]»

***

Parte seis

 19 de abril de 2021

«Un paso adelante y dos pasos atrás. Todas mis tentativas de hacer avanzar la historia de la comunización parecen haberme devuelto a sus antecedentes en la izquierda comunista y el comunismo de consejos, cuando no en Marx y la Segunda Internacional. Esto se debe a que la teoría de la comunización siempre se presenta de forma narrativa, según he podido aprender. Los ensayos de Gilles Dauvé y Francois Martin han sido traducidos y titulados en inglés como Eclipse and Reemergence of the Communist Movement, una narración del movimiento obrero y de su eclipse contrarrevolucionario, contada desde el punto de vista de un nuevo ciclo de luchas que avanzaba sobre bases nuevas. Aquí, la crítica de la ultraizquierda histórica es la consecuencia teórica de un desplazamiento real en la lucha de clases, visible por primera vez en el ‘68 pero confirmado en los años transcurridos desde entonces. El objetivo de la teoría de la comunización es hacer balance de lo que ha cambiado, y eso requiere como mínimo un entonces y un ahora. [...]

1968 fue un enigma, y sigue siéndolo, porque no surgió como respuesta a una crisis política o económica declarada. Surgió de un antagonismo producido por el crecimiento mismo, no por su interrupción, de la reorganización histórica de la sociedad francesa a lo largo de los Treinta Gloriosos. Llegar a la raíz del antagonismo no era fácil, pues parecía brotar de una mezcla de quejas cualitativas y existenciales, más visibles en los movimientos estudiantiles y juveniles de la época. Realización, sentido, dignidad, participación, expresión creativa. Entre estas reivindicaciones y los lugares de trabajo capitalistas, sin embargo, había una contradicción, por eso Martin sostiene que la ausencia de instituciones concretas de control obrero en el ’68 no se debe a la timidez de la clase trabajadora, sino a su intransigencia: los trabajadores ya no estaban interesados en asumir la responsabilidad de su reproducción como trabajadores, ahora claramente incompatible con sus necesidades como seres humanos. En el fragor de la lucha se reveló algo más, algo que quedó excluido por el momento de las negociaciones e incluso por la propia identidad obrera. Después del ‘68, en Francia y en Italia, donde esta subjetividad será aún más clara, pareciera que los grupos autoorganizados de trabajadores hacían huelga por hacer huelga y contra la finalización de la misma, encontrando en los medios un fin en sí, y exhibiendo indiferencia hacia la marcha de las negociaciones finales, que siempre conducían al desempoderamiento.

Los ultraizquierdistas de Censier perseguían lo que ellos creían que era el programa comunista máximo, fundado en la expropiación autoorganizada de los medios de producción por parte de comités de trabajadores. A los participantes les costó meses y años asumir el silencio del proletariado, su pasividad curiosamente agresiva; la teoría de la comunización es una forma de llegar a asimilar lo que surgió directamente de los debates de aquellos que continuaron reuniéndose para poder descifrar lo que había sucedido. Pero la explicación que da Martin en su libro no es tanto una explicación como una observación, una señal que indica el problema. Podemos entender la teoría de la comunización como una serie de intentos de asimilar este silencio, que habría de reaparecer, de una forma u otra, en cada lucha significativa desde entonces. Así es como Dauvé y otros lo describen en un documento posterior, que ofrece un relato mucho más completo y rico de 1968:

En las fábricas de 1968 apenas se encontraba el ambiente festivo de 1936. La gente sentía que había sucedido algo que podía ir más allá, pero evitaba hacerlo. La atmósfera de gravedad que reinaba iba acompañada de un resentimiento contra los sindicatos, un chivo expiatorio conveniente, mientras que sólo podían mantener el control a través del comportamiento de las bases. La alegría estaba en otra parte, en las calles. Por eso, mayo del 68 no pudo reproducir ni conducir a un retorno revolucionario durante los años siguientes. El movimiento generó un reformismo que se alimentó de la neutralización de sus aspectos más virulentos. La historia no pasa el plato por segunda vez.

Lo que 1968 expuso fue una profunda des-subjetivación, una desidentificación con el trabajo que a menudo era una desidentificación con el movimiento obrero como tal, una negatividad que se manifestaba en el rechazo del trabajo, en huelgas y sabotajes, pero también en su capacidad de volverse hacia el nihilismo, el cinismo y la pasividad:

Abandonar el control de las fábricas a los sindicatos era un signo de debilidad, pero lo era también del hecho de que eran conscientes de que el problema estaba en otra parte. Cinco años después, en 1973, en una gran huelga en Laval, los trabajadores simplemente abandonaron la fábrica durante tres semanas. Como la «despolitización» de la que tanto se ha hablado, esta pérdida de interés en la empresa, en el trabajo y en su reorganización, es ambivalente, y no puede interpretarse más que en relación con todo lo demás. El comunismo estaba ciertamente presente en 1968, pero sólo en relieve, en negativo. En Nantes en 1968, y más tarde en SEAT en Barcelona (1971) o Quebec (1972), los huelguistas se apoderaban de distritos o ciudades, llegaban a apoderarse de estaciones de radio, pero no hacían nada: la autoorganización de los proletarios «es posible, pero al mismo tiempo, no tienen nada que organizar» (Théorie Communiste, n° 4, 1981, p. 21) [...]

En Italia, entonces, podemos ver más claramente los límites a los que se enfrenta la autoorganización del lugar de trabajo como tal. El auto- de la auto-organización se ha vuelto problemático, fracturado por la remodelación de la industria de mediados de siglo. Los trabajadores luchan contra su propia posicionalidad en la división del trabajo, como mujeres, como migrantes, como trabajadores por pieza, como técnicos, etc. El auto- de la auto-organización debe hallarse en otra parte, ya sea en el proletariado como tal, independientemente de los medios de producción, o en alguna futura transformación comunista de esos medios de producción. Lo que se requiere para la revolución no es la autoorganización como tal, sino la autoorganización de la autoorganización, lo que significaría una otro-organización [N. del T., una organización de/del otro], una recodificación del sistema de lugares [system of places] heredado del capitalismo. Como lo escribe Theorie Communiste, resumiendo esta idea: “la autoorganización es el primer acto de la revolución; luego se convierte en un obstáculo que la revolución debe superar”. [...]

Entre piquetero y ocupante, sólo puede haber un tercer término que supere a ambos y que, por tanto, no pueda proceder de ninguno. Llamarán a esto l’écart, un término un tanto intraducible que puede presentarse en un lugar como “brecha” y en otro lugar como “viraje”. La autoorganización de la autoorganización, que supera su sistema de lugares. Esto es lo que hay que articular, como perspectiva comunista, como actividad comunizadora, con sus anticipaciones ubicadas en las luchas de clases más intensas de la época actual. Es lo que intentaré hacer en ensayos posteriores.»

18 de julio de 2021

Análisis de la actual crisis y revuelta en Cuba desde la perspectiva comunista radical

Los hechos y sus falsas versiones de derecha y de izquierda

Mediante acciones directas y espontáneas de masas que van desde hacer marchas y asambleas autoconvocadas hasta volcar a mano propia autos de la policía y saquear tiendas, el proletariado de la región cubana se está levantando en las calles contra el hambre y contra la tiranía estatal, es decir contra las miserables condiciones materiales de existencia impuestas por el capitalismo y su crisis actual, al igual que lo ha hecho el proletariado de las regiones colombiana, birmana, iraní y sudafricana durante este año, y al igual que lo hizo el proletariado de las regiones ecuatoriana, chilena, haitiana, francesa e irakí, entre otras, hace dos años.

Con todas sus debilidades, limitaciones y contradicciones internas (patriotismo, interclasismo, falta de autonomía revolucionaria, aislamiento, etc.), la revuelta proletaria de estos días en la región cubana es un eslabón o un episodio más de la tendencia hacia la recomposición de la revuelta proletaria internacional que se abrió en el 2018-2019 y se vio "interrumpida" por la pandemia y la dictadura sanitaria contrainsurreccional o la contrarrevolución preventiva del 2020-2021 por parte de todos los Estados de este planeta.

De entrada, entonces, un ABC anticapitalista al respecto: desde que existen hace ya varios siglos, el capitalismo, la crisis, el proletariado y la lucha de clases son mundiales. Las diferencias de estos en/entre cada época histórica y cada región geográfica sólo son de grado y de forma, no de naturaleza o de fondo en sus condiciones, relaciones y categorías fundamentales. Las cuales, principalmente el trabajo asalariado y la acumulación de capital, más bien se han extendido y profundizado con el pasar del tiempo en todas partes. De manera que tanto el “socialismo cubano” como la “restauración capitalista en Cuba después de la caída de la URSS” siempre han sido unos mitos: en realidad, lo que siempre ha existido en Cuba es capitalismo y lucha de clases, pero bajo otra forma y en otro grado, al igual que en la ex-URSS y en todo el mundo. Lo único que realmente ha cambiado desde la caída del bloque soviético hasta la fecha, es el predominio del capital privado con respecto al capital estatal sobre el proletariado, hoy en día más precarizado y explotado. 

Por lo tanto, los dos puntos que siguen a continuación en esta parte de nuestro análisis son las dos versiones de la falsa dicotomía entre la derecha imperialista del Capital y la izquierda antiimperialista del Capital, es decir entre los dos tentáculos políticos del mismo pulpo monstruoso y gigantesco que es el sistema capitalista histórico-mundial:

Por un lado, la derecha pequeñoburguesa cubana y el imperialismo estadounidense están capitalizando política y mediáticamente esta coyuntura emergente, sobre la base material de la actual crisis económica, ecológica-sanitaria y política, así como a falta de una situación histórica revolucionaria y por ende de una dirección revolucionaria autónoma de las propias masas en revuelta.

Por eso, su versión de estas protestas masivas es la versión dominante o de la fracción dominante de la clase capitalista en los medios de comunicación, a fin de posicionar públicamente que "el socialismo no funciona" y que Cuba debe ser intervenida militar, política, tecnológica y “humanitariamente” para "reestablecer la democracia, la libertad y la paz social", tal como en Haití o en Siria.

Por otro lado, el gobierno "socialista" cubano y la izquierda del Capital internacional sólo se enfocan a propósito en su oponente imperialista de derecha, a fin de ocultar el capitalismo y la lucha de clases realmente existentes dentro de Cuba, para así conservar su poder y su imagen de falsa revolución y falso socialismo/comunismo, al clásico estilo estalinista-orwelliano pero en versión latinoamericana.

Por eso, el gobierno de Díaz-Canel y la izquierda pro-Cuba descalifican o calumnian estas protestas masivas como "ordenadas y dirigidas por el imperialismo", "fríamente calculadas", "manipuladas", “vendidas”, “con agenda intervencionista”, “con proyecto golpista y colonialista”, "gusanas", "comemierdas", “mercenarias”, "reaccionarias", “fascistas”, "contrarrevolucionarias", etc. Lo cual, de hecho, es falso, absurdo, conspiranoico y cínico.

Y por eso, el Estado cubano enfrenta esta revuelta de masas combinando la represión policial y militar (a pesar del "apagón informativo" o cerco comunicacional existente, hasta el cierre de esta edición se sabe que ya hay 5 muertos, decenas de heridos y más de 150 detenidos y desaparecidos) con la movilización de las bases sociales ideologizadas y cautivas que todavía le quedan, así como también reclutando a la fuerza a jóvenes para que se sumen a las mismas. Haciendo contramarchas igual de represivas (policías de rojo) donde gritan las rancias consignas patrioteras de siempre y portan banderas nacionales y pancartas con fotos de Fidel Castro que recuerdan el culto a la personalidad en la Rusia estalinista, así como también declaraciones públicas de "antiimperialismo, soberanía nacional y socialismo".  

Pero los hechos son necios y, por más que los gobernantes y sus secuaces se esfuercen, el hambre y la rabia masivas no se pueden ocultar.

Las causas coyunturales y sus datos

Por un lado, es la actual crisis económica y sanitaria; más concretamente, la estrepitosa caída del PIB en un 11% −la peor en las últimas 3 décadas−, de la balanza comercial −déficit de 9 000 millones de dólares, considerando que el 80% de productos para el consumo son importados−, de las divisas por el turismo −la 2da fuente de ingreso de la economía y la población cubanas, después de la exportación de profesionales o "capital humano"− y de la producción y exportación de azúcar −por falta de combustible y avería de las máquinas−, debido a la pandemia, y también debido a la reforma monetaria y cambiaria que fue decretada a fines del año pasado por el gobierno de Díaz-Canel −llamada "Tarea Ordenamiento"− que, en lugar de contrarrestar la crisis, la empeoró (la cura le salió peor que la enfermedad).

El resultado de lo anterior es que actualmente hay desempleo, desabastecimiento e inflación: hay escasez de trabajo, de dinero, de alimentos, de medicamentos y de servicios básicos para la mayoría de la población en Cuba (decimos para la mayoría de la población, porque la burguesía burocrático-militar cubana y los turistas extranjeros gozan de todo tipo de privilegios). Como siempre ha sido bajo ese régimen, pero hoy más que ayer, con el agravante del rebrote del Covid-19 (muestra del fracaso del sobrevalorado y mistificado sistema médico cubano, por cierto) y su impacto altamente negativo en la salud, la economía y la vida cotidiana. 

Más en concreto todavía: en octubre de 2020, 8 de cada 10 cubanos sobrevivían con lo justo, el 67% de las familias calificaba la alimentación diaria como deficiente, mientras que a 6 de cada 10 familias la libreta de abastecimiento les cubría sólo de 5 a 10 días al mes. Después de la “Tarea Ordenamiento” en diciembre de 2020, tal situación empeoró: aumentó el desempleo en el sector público al mismo tiempo que la proletarización y la tasa de explotación ("mano de obra barata") en el sector privado, los servicios y bienes de la canasta básica subieron entre 500% y 600% (la luz, el agua y los medicamentos se volvieron prácticamente impagables), y tanto las remesas de familias en el exterior como los depósitos bancarios locales fueron "retenidos" o "congelados" parcial y temporalmente por el Estado. A todo esto, se suma el aumento de casos de contagio (más de 275 000 personas) y muerte (más de 1 800 personas) a causa del rebrote de Covid-19 en la isla. Así como también es muy posible que hayan aumentado los casos de depresión y suicidio.

En otras palabras, este es un malestar social que se viene acumulando a diario desde hace décadas, se agudiza desde el año anterior y termina explotando este año, por las razones mencionadas anteriormente. La mayoría de la población de ese país hoy está más hambrienta, enferma y desesperada que nunca antes.

Por eso hoy, al grito de “comida, electricidad y vacunas”, los desposeídos y hambrientos de Cuba salen a las calles a protestar masivamente, como no lo habían hecho hace décadas. Se podría decir, entonces, que se trata de una “revuelta del hambre” en lo que va del año en curso, tal como las que estallaron en todo el mundo durante el 2008, año de la crisis alimentaria. Todo esto, en el contexto de la crisis de valorización que caracteriza a la actual crisis del capitalismo, como telón de fondo.

Por otro lado, es la crisis política; más específicamente, la "falta de instituciones democráticas" o de “poder popular” que canalicen y amortigüen las demandas sociales. Esto no es un "error en la construcción del socialismo" o una “contradicción de la revolución”, porque en Cuba no existe tal revolución, sino que, incluso desde el punto de vista politológico y demócrata de la "gobernabilidad" y la “hegemonía”, el régimen cubano ya no es legítimo ni sostenible, si no es a punta de represión y mentira institucionalizadas (p. ej. mediante los "Comités de Defensa de la Revolución-CDR").

Ahora bien, desde una perspectiva anticapitalista y antiestatal, la otra causa coyuntural −con elementos de causa estructural− de esta revuelta es el poder totalitario que la burguesía estatal ejerce sobre la mayoría de la población en ese campo de concentración caribeño o gulag tropical que es Cuba; mejor dicho, la dictadura capitalista y burocrático-militar del Partido "Comunista" Cubano (PCC) de la adinerada y poderosa familia Castro y del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA) de otros caudillos militares −dueños y accionistas de más de la mitad de las empresas, ganancias e incluso “Panama Papers” de ese país− sobre el proletariado −cada vez más precarizado, explotado, enajenado y oprimido−, como en su tiempo lo fue la URSS de Lenin y Stalin, así como la China de Mao (ésta última hasta la actualidad, junto a Corea del Norte y Venezuela).

Las evidentes diferencias entre Cuba y Rusia o China es que a mediados del siglo pasado la primera se convirtió en la nueva y pequeña colonia azucarera, con un “carismático” caudillo militar a la cabeza, de aquellas grandes potencias capitalistas-imperialistas asiáticas que se disfrazaban de “comunistas”; y que, a diferencia de las segundas que hoy siguen siendo potencias pero ya hipermodernizadas, la primera se quedó petrificada u oxidada en ese pasado, de lo cual no obstante ha hecho su capital turístico para la clase media-alta europea y norteamericana, así como un fetiche de nostálgico apego emocional para la también clasemediera izquierda latinoamericana del Capital que defiende religiosa y visceralmente el mito del “socialismo cubano”.

Por el contrario, el proletariado anónimo de la región cubana está harto de malvivir de esa manera. Está harto de tanta miseria y opresión estatal. Por eso es que en estos días se ha volcado a las calles en masa gritando "abajo la dictadura" y "libertad".

En este sentido, ya no es sólo una “revuelta del hambre” sino también una revuelta política, en la que lamentablemente, en ausencia de una situación histórica e internacional revolucionaria, el instinto de clase y la espontaneidad no bastan. El proletariado cubano también ha sido subdesarrollado y reprimido en materia de lucha revolucionaria por parte del Estado cubano. Razón por la cual, esta revuelta está siendo capitalizada política y mediáticamente por la fracción derechista e imperialista del Capital mundial, mientras es reprimida física y simbólicamente por la fracción izquierdista y antiimperialista del mismo Capital mundial.

En otras palabras, el proletariado en revuelta de “La Isla” se encuentra literalmente aislado, desarmado y atacado en todo aspecto. Y, como demuestra la historia de la lucha de clases, el aislamiento condena a toda revuelta −y a toda revolución− a la derrota.  

Las causas estructurales y sus datos

NO es el “bloqueo imperialista” como repiten los fanáticos del régimen castroestalinista: EE.UU. es el 9no proveedor de artículos importados de la isla. Desde el año 2019, hay 32 grandes empresas yanquis (como Visa, Accor, Mastercard o Amazon) que invierten en ese país. Además, Cuba comercia con 170 países y actualmente el 40% de sus exportaciones está “asistido” por China. 

Tampoco es un inexistente “Estado obrero degenerado” ni una “restauración capitalista” en Cuba desde la década de 1990 −como arguyen los trotskistas−, porque no se puede restaurar el Capital entendido como relación impersonal y fetichista de producción y reproducción social, y no como simple propiedad jurídica o formal sobre los medios de producción donde nunca ha sido extirpado, y porque lo único que realmente cambió desde entonces es el predominio del capital privado con respecto al capital estatal sobre el proletariado cada vez más precarizado y explotado.

¿Entonces? Es la crisis económica, política y social del subdesarrollado Capitalismo de Estado [*] cubano que, a su vez, es dependiente del mercado mundial. Es el mito del "socialismo cubano" que se cae en los hechos por su propio peso o por sus contradicciones capitalistas y luchas de clases internas, no desde la caída de la URSS, sino desde que empezó en 1959 y más aún hoy en día en la segunda década del siglo XXI, a causa de la crisis general y multidimensional del capitalismo mundial, manifestada concretamente en la crisis económica y sanitaria actual, y acompañada de protestas y revueltas proletarias cada vez más frecuentes y explosivas pero, al mismo tiempo, efímeras y sin dirección revolucionaria autónoma y contundente de las propias masas, a falta de una situación histórica revolucionaria.

Este contexto histórico-estructural y global de catástrofe capitalista generalizada y lucha de clases no revolucionaria, signado por el desarrollo desigual, el caos, la turbulencia y la incertidumbre, es el que realmente explica las crisis, las protestas y las revueltas en todas las naciones del planeta durante los últimos años, de las cuales la revuelta actual en Cuba es sólo un episodio más, eso sí, con sus ya mencionadas particularidades.

Conclusiones y perspectivas de fondo

Dado el actual contexto mundial de catástrofe económica y ecológica-sanitaria, contrarrevolución preventiva y revueltas efímeras sin dirección revolucionaria autónoma de masas, que hoy en día se manifiesta de manera más aguda en países como Cuba, lo más probable es: que esta revuelta proletaria contra el hambre y la tiranía estatal siga siendo capitalizada política y mediáticamente por la derecha pequeñoburguesa de ese país, el imperialismo estadounidense y sus corifeos internacionales; que la burguesía estatal "socialista" la siga calumniando y reprimiendo hasta derrotarla, so pretexto de que es "contrarrevolucionaria", asimismo con el beneplácito de sus corifeos internacionales de izquierda; y, que las masas explotadas y oprimidas de la región cubana sigan acumulando hambre, enfermedad, desesperación, rabia, experiencia de lucha y lecciones de la misma hasta un nuevo ciclo de estallidos sociales del proletariado internacional contra el capitalismo mundial (lo cual, según el propio FMI, es posible que ocurra desde el 2022).

Pero, para quienes hacemos el esfuerzo de ver la realidad sin anteojeras ideológicas ni mistificadoras, esta revuelta proletaria espontánea se lleva al menos el mérito de destruir, en los hechos y en pleno siglo XXI, el mito del "socialismo cubano" y su base ideológica que es el marxismo-leninismo, porque en realidad no son otra cosa que capitalismo y socialdemocracia “radical”, respectivamente. En una palabra: no son la revolución, son la contrarrevolución. El régimen político-militar-empresarial del Partido "Comunista" Cubano y su holding GAESA no defiende ninguna revolución. Defiende la contrarrevolución capitalista y su dictadura sobre el proletariado de esa región. Es la fracción izquierdista, estatista y antiimperialista del Capital mundial en el Caribe. Quienes defienden este régimen son, por tanto, igual de contrarrevolucionarios, aunque crean y digan ser lo contrario.

Para que quede más claro aún y no se preste a burdas y malintencionadas tergiversaciones por parte tanto de derechistas como de izquierdistas del Capital: la causa de la actual crisis y revuelta en Cuba NO es que "el socialismo no funciona", y NO es tampoco "el bloqueo imperialista" de EE.UU. Frente a tanta noticia y análisis falsos de lado y lado, lo cual es propio de la falsa dicotomía izquierda/derecha, toca remarcar el ABC anticapitalista autónomo al respecto: lo que existe en Cuba NO es socialismo o comunismo, es capitalismo puro y duro; más específicamente, es un subdesarrollado Capitalismo de Estado que participa de manera subordinada y dependiente en el mercado mundial, y que hoy está en crisis porque el capitalismo histórico e internacional está en crisis.

¿Por qué? Porque no puede existir "socialismo en un solo país", ya que el capitalismo es mundial. Porque la estatización o nacionalización de la agricultura, la industria, el comercio y la banca no es lo mismo que la abolición real −no sólo formal o jurídica− de la propiedad privada sobre los medios de producción, distribución y consumo. Y, sobre todo, porque en el comunismo no existe producción de mercancías, trabajo asalariado, extracción de plusvalía, ley del valor, mercado, competencia, empresas, acumulación de capital, dinero, clases sociales, Estado, patriarcado, mafias, corrupción, prostitución ni fronteras nacionales. Por el contrario, en Cuba existe todo eso, no como categorías abstractas sino como realidades muy concretas y cotidianas. Sí, en Cuba existe clases sociales: explotadores y explotados, opresores y oprimidos, marginadores y marginados. Por eso es que existe lucha de clases en Cuba, muestra irrefutable de lo cual son las protestas de las masas proletarias de todos los sectores, sexos, “razas” y generaciones contra el Estado capitalista disfrazado de “socialista” en ese país, durante los últimos días.

En fin, en cualesquiera de sus versiones, formas o apariencias, el sistema que en realidad ya no funciona es el capitalismo. Sin embargo, éste todavía sobrevive en medio de su descomposición, debido a la falta de condiciones y situaciones revolucionarias que sólo las mismas contradicciones estructurales del capitalismo y las luchas de clases reales en proceso pueden producir las cuales son fenómenos materiales y espontáneos de masas, que además llevan varias generaciones, y no la conciencia, la ideología, la propaganda, la voluntad y el activismo político de unas cuantas organizaciones y personas de izquierda y ultraizquierda.

La perspectiva comunista radical contenida en este análisis de coyuntura es producto, no de unas cuantas mentes brillantes y delirantes, sino de la misma lucha de clases histórico-mundial y de nuestra situación concreta de vida y lucha. En ese marco, los comunistas antiestatales e internacionalistas estamos del lado de los explotados y oprimidos que luchan por sus vidas sin representantes ni intermediarios y sin importar su nacionalidad, porque los proletarios no tenemos patria. De hecho, una de las consignas más contrarrevolucionarias que puede haber es aquella de "patria o muerte", como la que repite automáticamente el actual gobierno izquierdista cubano y sus acríticos seguidores allá y en todas partes. En cambio, nosotros estamos en contra de toda forma de capitalismo y de Estado-nación, incluido el "Estado socialista" que en realidad es Capitalismo de Estado, determinado a su vez por el mercado mundial. Por consiguiente, estamos en contra tanto de la derecha como de la izquierda del Capital, ya que ambas no son contrarias sino competidoras complementarias y alternantes en la administración del Estado y la Economía capitalistas. En el caso cubano, la izquierda del Capital en el Estado es una burocracia político-militar-empresarial que explota o extrae plusvalía al proletariado, lo vigila y lo reprime brutalmente, hace jugosos negocios con empresas transnacionales, y ha apoyado a sangrientas dictaduras de otros países tanto de izquierda como de derecha.

En síntesis, estamos en contra del capitalismo, de sus defensores de derecha y de sus falsos críticos de izquierda. Al mismo tiempo, estamos a favor de la autonomía proletaria expresada en la acción directa y la autoorganización de masas, de la ruptura revolucionaria y de la revolución comunista mundial. Porque la emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores o no será. Porque sin ruptura con las falsas críticas y falsas alternativas al capitalismo no habrá revolución. Y porque la revolución será antimercantil, antiestatal e internacional o no será.

Por eso es que, en el actual contexto histórico y mundial que todavía es contrarrevolucionario, estamos a favor de las protestas y revueltas proletarias en todas partes contra las miserables condiciones materiales de existencia de nuestra clase y contra todos los gobiernos del Capital, como lo es la actual revuelta en Cuba, a pesar de todas sus debilidades, limitaciones y contradicciones. Porque la mejor "escuela de formación" para el proletariado es la misma lucha de clases, y ésta, a su vez, es el único modo de producir crisis revolucionarias y gérmenes de comunismo y anarquía. Sobre todo, estamos a favor de aquellas luchas que muestren gérmenes y tendencias de autonomía de clase y de ruptura con las condiciones capitalistas y, en especial, con su propia condición de clase explotada y oprimida. Gérmenes que se pueden atisbar en las revueltas de los últimos años. Sin dejar de ser objetivos y críticos de las mismas. Con la perspectiva de que las contradicciones y los conflictos sociales se agudicen, que la correlación de fuerzas se invierta, que la revuelta proletaria global retorne, y que ésta se critique y se supere a sí misma para que se transforme en revolución social −no política, social− internacional.

Revolución en la cual se insurreccione y se comunice todo lo existente, a fin de ponerle freno a la actual catástrofe capitalista y de crear una vida que merezca ser vivida por todos en todas partes, incluida la región cubana. Revolución que, sobre la base de la abolición del trabajo asalariado y el intercambio de mercancías, realice la abolición de la sociedad de clases, géneros, “razas” y nacionalidades. Sustituyéndola por nuevas y múltiples relaciones sociales no mercantiles, no cosificadas y no jerárquicas entre individuos libremente asociados sin separaciones o fronteras de ningún tipo, en equilibrio con la naturaleza.

Mientras tanto, el capitalismo y la lucha de clases seguirán desarrollándose desigual y catastróficamente en todo el planeta, hasta que a la humanidad no le quede más opción que comunismo o extinción. Y de esto, nada ni nadie quedarán a salvo. Cuba hoy sólo es un crítico episodio más de este drama histórico-mundial en proceso.

Proletarios Cabreados

Quito, julio 2021
 

[*] Aquí hay que precisar que «Capitalismo de Estado» es una expresión acuñada y usada por parte de algunos sectores de la izquierda comunista histórica para denunciar el carácter capitalista de los “países comunistas” como la URSS, mal llamados así tanto por la derecha como por la izquierda del Capital, ya que el capitalismo es mundial y, por consiguiente, el comunismo sólo puede ser mundial; y sobre todo, porque en esos países las relaciones y categorías capitalistas fundamentales (valor, mercado, empresa, trabajo asalariado, acumulación de capital, dinero, clases sociales, Estado, ideología…) nunca fueron extirpadas, sino que se mantuvieron intactas y se continuaron desarrollando. En realidad, Capital y Estado son inseparables: en esta sociedad, el Estado sólo puede ser el Estado del Capital, puesto que es el resumen o la cúspide institucional de las relaciones sociales capitalistas de base que, a su vez, administra con violencia y otros aparatos de dominación tales relaciones, por más que adopte formas, grados y administradores diferentes, como en este caso una burocracia autodenominada “comunista” o “socialista” sobre la base de la propiedad estatal de los medios de producción de mercancías y de plusvalía. Por lo tanto, desde la perspectiva comunista, en rigor lo correcto es hablar de capitalismo a secas y no de capitalismo de Estado. Pero, en este artículo usamos esta expresión imprecisa ateniéndonos a su mencionada carga histórica específica, así como también para enfatizar la crítica comunista de todo tipo de Estado. Considerando además que muchos lectores no están familiarizados con estos conceptos y estos debates. 

La misma lógica de fondo aplica, por cierto, para la expresión asimismo falsa de “neoliberalismo” o “capitalismo de libre mercado”, que en cambio es usada y abusada por la socialdemocracia antineoliberal y neokeynesiana, cuando en realidad «la mano invisible del mercado» no puede funcionar sin «el puño de hierro del Estado» y viceversa. Otro ejemplo de la falsa dicotomía izquierda/derecha que la perspectiva comunista critica y rompe afirmando que el comunismo es la contraposición viva y la abolición/superación tanto del mercado como del Estado. 

 

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Traducciones y debates pendientes de este texto (julio-agosto 2021):
 
Traducción al inglés por el Grupo Tridni Valka (Guerra de Clases, de la región checa)

Traducción al inglés por y debate pendiente con Tendencia Comunista Internacionalista (TCI) 
 
Traducción al francés por el Grupo Tridni Valka (Guerra de Clases, de la región checa)

Traducción al portugués por y debate pendiente con Crítica Desapiedada (grupo marxista autogestionista de la región brasileña)

 
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
 
Otros textos relacionados: