12 de marzo de 2021

Contra la dictadura democrática de la burguesía, el oportunismo electoralista-reformista y más allá del voto nulo

Análisis y posicionamiento comunista-anárquico sobre la coyuntura electoral actual en la región ecuatoriana

Contenido:
  • La izquierda indígena del Capital participa en la pugna política interburguesa y refuerza el Estado capitalista blanco-mestizo
  • La clase trabajadora de la ciudad y del campo: entre la sobrevivencia diaria, la desmovilización social, el "mal menor" y retomar las protestas contra toda la catastrófica situación actual
  • ¿"Defender la democracia"?
  • Más allá del voto nulo, las elecciones, la democracia, el Estado y el capitalismo: revuelta e insurrección proletaria, asambleas territoriales, "autogobierno" antimercantil de masas y comunización
Resumen:

«En este escenario electoral antecedido por las protestas sociales en plena pandemia del año pasado y la revuelta de octubre del 2019, la izquierda juega el papel de bombero o apagafuegos, como siempre: de allí que es la izquierda del Capital o el brazo izquierdo del Estado capitalista. En efecto, en esta coyuntura, Conaie-Pachakutik está participando de una pugna política interburguesa bajo el paraguas de “luchar contra el fraude electoral” y de “defender la democracia y el voto popular”. Por lo que, en términos estructurales, Conaie-Pachakutik está defendiendo y reforzando la dictadura democrática de la burguesía y el Estado capitalista: el enemigo mortal de siempre del proletariado, tanto mestizo como indígena, aquí y en todas partes. Esta es -vale recalcar- la izquierda del Capital siendo la izquierda del Capital, aunque se vista de poncho rojo o de wipala, aunque sea indigenista de partido leninista o pachamamista de ONG o de algún GAD, aquí y ahora, en la hacienda Ecuador o Absurdistán Ecuatorial del siglo XXI. Denunciarla y rechazarla como tal es lo mínimo que algunos proletarios en lucha sin partido de esta región podemos hacer. [...]

A pesar de esta situación de temporal reflujo de la lucha de clases, y de que seamos minoría a contracorriente, una fracción del proletariado de estas tierras tenemos claro que para luchar realmente contra el sistema no se trata de luchar “contra el fraude electoral”, sino de luchar contra toda la farsa electoral, contra las elecciones. ¿Por qué? Porque las elecciones son un show político (y mediático) donde la gente de a pie en realidad no elige ni decide ni cambia nada de lo fundamental: gane el candidato que gane (en este caso, Lasso o Arauz), los proletarios siempre perdemos, porque seguimos estando jodidos, seguimos siendo pobres, explotados y oprimidos, sin poseer el control real sobre nuestras propias vidas. Después de “elegir al nuevo presidente” y después de los cuatro años que dura el “nuevo gobierno”, por más de izquierda que sea, seguimos siendo esclavos asalariados y ciudadanizados, más precarizados, endeudados, enfermos y violentados que antes, pero aún creyendo que somos libres e iguales que los burgueses; mientras éstos, sus políticos y sus sicarios uniformados siguen gobernando la sociedad y burlándose de nosotros por seguir reproduciendo material e ideológicamente en la vida cotidiana su dictadura burguesa, mercantil y espectacular llamada democracia, de abajo arriba y de arriba abajo, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda por igual. 

Por lo tanto, para luchar realmente contra el sistema, no se trata de luchar por el “mal menor” ni por cambiar de amo (incluso si es de izquierda e indígena); es decir, no se trata de derrocar un gobierno para poner otro gobierno, como ya ha pasado en este y otros países en las últimas décadas. Al contrario y más allá de ello, se trata de luchar por no tener ningún gobierno y por recuperar el poder, no sobre el Estado -al cual hay que destruirlo-, sino sobre nuestras vidas, reapropiándonos de los medios de producción y de decisión de las mismas, y construyendo nuevas relaciones sociales y formas de vida. 

Lo cual, sin lugar a dudas, no se consigue mediante las urnas, las elecciones, los partidos, los representantes y los gobernantes, por más de izquierda que sean. (Tampoco se trata de reivindicar la lucha armada por la lucha armada, como hacen algunas organizaciones de “extrema izquierda”, ya que no es más que la otra vía hacia el mismo objetivo reformista de “tomar el Estado y redistribuir la riqueza”. La necesaria violencia revolucionaria es otra cosa y otro tema.) La recuperación del poder sobre nuestras vidas sólo se consigue mediante la acción directa y la autoorganización asamblearia de las masas, a fin de asumir y resolver todos los problemas de nuestra vida cotidiana, sin intermediación mercantil ni estatal, sobre la base de la propiedad, la decisión, la producción y la distribución comunes de todo para todos (desde la comida, la vivienda, los cuidados, la salud, la educación, la comunicación y la autodefensa hasta el tiempo libre, las relaciones amorosas, la ética, el arte y la ecología… la vida). [...]

Después de todo lo hasta aquí dicho, está claro que defender la democracia es defender la dictadura de los ricos y poderosos sobre nosotros los explotados y oprimidos de la ciudad y el campo. Sí: la democracia es la dictadura de la propiedad privada, la mercancía, el dinero, la explotación asalariada, el terrorismo patronal y el terrorismo de Estado, el patriotismo, la guerra y la paz de los cementerios, los hospitales y las cárceles, al mismo tiempo que de los centros comerciales, la publicidad y las “redes sociales”. [...]

 
Por lo tanto, quien defiende la democracia, como lo está haciendo Conaie-Pachakutik, defiende todo este sistema capitalista putrefacto pero reinante, que hoy más que nunca es un infierno y un mierdero. Y no se trata de cambiarle de apellido a la democracia (“democracia directa, obrera, socialista”, “revolución de nueva democracia”, etc.). Porque mientras no se destruya y no se supere las estructuras económicas, sociales, políticas e ideológicas capitalistas, la democracia sólo es y puede ser capitalista; sólo es y puede ser la dictadura del Capital y el Estado sobre el proletariado.  
 
En consecuencia, la lucha contra el capitalismo y el Estado implica la lucha contra la democracia. La anarquía o, lo que es lo mismo, la acracia comunizadora de las masas (ver abajo) no sólo es un fin, sino también un medio o método de lucha del proletariado para su autoemancipación. Método y objetivo que no nos acabamos de “inventar”, sino que realmente ha existido como hecho histórico en situaciones revolucionarias, y que hoy en día reaparece como posibilidad histórica al calor de las últimas revueltas. [...] 

Una manifestación a corto plazo de esto [la autonomía o independencia de clase] puede ser el voto nulo masivo. Pero sería una manifestación que todavía se encuentra encerrada en la lógica electoral, democrática, ciudadana o burguesa, además de todavía ser pasiva y dispersa (por cierto, la Conaie, en una nueva maniobra oportunista, dado que su candidato no pasó a segunda vuelta, acaba de declarar que va a “impulsar el voto nulo ideológico para la segunda vuelta electoral”). Por lo tanto, hay que ir más allá del voto nulo, masivamente también, aunque al inicio esto sólo comience por parte de unas minorías o fracciones de los oprimidos y explotados. ¿Cómo? Reactivando la agitación, la autoorganización y la acción directa tanto dentro del mismo proletariado como contra la burguesía y el Estado, contra sus medidas económico-políticas que atentan contra nuestras vidas, mediante protestas que a su vez sean el germen de un nuevo estallido social, de una nueva revuelta, y que ésta, a su vez, devenga insurrección y revolución. Autoagitación como clase para la autoorganización de las luchas contra el enemigo de clase hasta desbordarlo y derrumbarlo. 

Decir autoorganización no es poca cosa y no es sólo un principio abstracto. “La autoorganización es el primer paso de la revolución”. Porque la autoorganización rompe con la lógica de fondo de las elecciones, la democracia, los sindicatos, los partidos y los gobiernos, que es la lógica de la representación y la enajenación del propio poder sobre nuestras vidas y nuestras luchas. Practicar la autoorganización de clase, entonces, sería un paso hacia adelante para romper con las intermediaciones y representaciones de todo tipo (incluidas las de izquierda); para fortalecer la independencia de clase y su acción directa; y, en última instancia, para recuperar el poder sobre nuestras vidas, suprimiendo y superando nuestra condición misma de gobernados y explotados. 

El reto está, pues, en romper la desmovilización, la desorganización y la representación actuales, autoorganizándonos o autoasociándonos como proletarios, en nuestros espacios cotidianos concretos, para luchar por nuestras necesidades vitales. Y luego, en pasar de una autoorganización defensiva a una autoorganización ofensiva que dé un salto dialéctico en la lucha de clases y la revolución social, para poder detener la catástrofe capitalista en curso: la autoorganización proletaria -en forma de comunas, soviets, consejos o asambleas- para la autoabolición del proletariado y la sociedad de clases.

Claro está, todo esto sólo tiene lugar en situaciones de revuelta, insurrección y revolución. Por eso mismo hay que “preparar” la revuelta y la revolución, practicando desde ya la autoorganización en las luchas defensivas o reivindicativas frente al terror económico, sanitario y policial de la clase patronal y su Estado. Cuestionando, desbordando, rompiendo y superando todo lo que sea necesario cuestionar, desbordar, romper y superar en el camino, tanto del enemigo de clase como dentro de nuestra propia clase. [...]

“Defender la democracia” es defender la dictadura
de los ricos y poderosos sobre los explotados y oprimidos.
Defendamos la revuelta proletaria de octubre frente a la cooptación
oportunista, electoralista y reformista.
Combatamos la farsa electoral y vamos más allá del voto nulo.
Luchemos por recuperar el poder sobre nuestras vidas
mediante la autoorganización, la acción directa y el apoyo mutuo.
Por la reactivación de las protestas y el regreso de la revuelta,
la insurrección y la autoorganización asamblearia de masas
en contra y más allá de la democracia, el Estado y el capitalismo.»
 
Proletarios Cabreados
Quito, marzo 2021

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