4 de mayo de 2026

[DOSSIER] EL DOBLE CAMATTE

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PRESENTACIÓN

Jacques Camatte o «la parte maldita» y el «eslabón perdido» del comunismo

Nos complace publicar un Dossier de y sobre la obra de Jacques Camatte (Francia, 18 de febrero de 1935 – 19 de abril de 2025) por varias razones.

La primera razón es porque hace unas semanas se conmemoró el primer aniversario de su muerte y no queríamos dejarlo pasar por alto.

La segunda razón es porque en estas tierras y estos tiempos (Ecuador, segunda década del siglo XXI) se lo conoce muy poco o se lo desconoce por completo, igual que a Amadeo Bordiga. Por lo tanto, queremos darlo a conocer aquí y ahora, a contracorriente de la hegemonía de la derecha y la izquierda del Capital de estos lares.

La tercera razón es porque Camatte fue un continuador crítico, riguroso y fecundo de la obra de Bordiga y de Marx; y, al igual que ellos dos, fue un adelantado a su época. En efecto, Camatte fue tanto «ese bordiguista sui generis [que] anticipó gran cantidad de temas hoy candentes»[1] como «un marxista del y para el futuro».[2]

Y la cuarta y más importante razón es porque, al igual que Camatte, lo que nos mueve es «la pasión del comunismo».[3] Como diría Marx en su famosa Tesis XI sobre Feuerbach, lo que nos interesa no es la interpretación, sino la crítica y la transformación radicales de este mundo. La teoría comunista es un arma al servicio de la revolución social por venir o no es.

Bajo tales premisas, nuestro Dossier El doble Camatte está compuesto por:

  • el libro ¿Quién teme a Jacques Camatte? (2020), que es la transcripción de la entrevista a Federico Corriente en el podcast «Anábasis»−Radio QK, programas #139 y #140 (septiembre de 2018);
  • el artículo Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea (2014), del mismo autor, que se puede considerar como el antecedente de su libro;
  • todos los artículos de Invariance —la revista de Camatte y sus compañeros— que se han podido traducir al español y que se encuentran compilados en la Biblioteca de Cuadernos de Negación: desde «Origen y función de la forma partido» (1961) y «La revolución comunista. Tesis de trabajo» (1969) hasta «Instauración del riesgo de extinción» (2020) y «Bordiga y el devenir de la especie» (2020), etc.; 
  • una Reseña de Invariance (2003) de Francois Danel, militante de Théorie Communiste, también alojada en la Biblioteca de Cuadernos de Negación[4]; y,
  • una Entrevista con Jacques Camatte (2019) de Cercle Marx, que fue traducida al español por Materiales por la Emancipación —a partir de la versión en inglés de libcom— y que como tal no ha sido publicada hasta la fecha.

El libro y el artículo de Corriente constituyen una lúcida y potente introducción al pensamiento de Camatte. De hecho, ya sólo el índice del primero y el título del segundo son elocuentes acerca de lo que queremos dar a conocer: «la parte maldita» y «el eslabón perdido» del comunismo, «la línea herética» del comunismo o «el otro comunismo». Nombre puesto a propósito, porque esta corriente de pensamiento y acción revolucionaria está en contra y más allá de ese capitalismo de Estado mal llamado “comunismo” —y sus defensores—, como lo han sido la URSS, China, Yugoslavia, Albania, Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Burkina Faso, Venezuela, etc. 

Sí: la URSS, junto con todos sus países satélites, siempre fue capitalista, tanto porque nunca desmanteló las relaciones de producción y categorías fundamentales capitalistas, sino que, por el contrario, las desarrolló de manera acelerada y brutal mientras las tapiñaba de “revolución” y “construcción del socialismo”. Así como también, porque el comunismo sólo puede ser mundial y nunca “en un solo país”. 

Así pues, en abierto antagonismo con la ortodoxia marxista-leninista y de la mano de insurrecciones, comunas y periódicos, la línea herética —y subterránea— del comunismo que aquí reivindicamos en torno a Camatte va, específicamente, desde Marx y la Izquierda Comunista (italiana o «bordiguista» y germano-holandesa o «consejista») hasta la Teoría de la Comunización (Dauvé, Théorie Communiste, Endnotes, etc.), pasando por otras corrientes radicales como la Internacional Situacionista (Debord y compañía) y Ludd-Consigli Proletari (Cesarano y compañía), entre otras.[5] 

En este contexto, considerando que la llamada «corriente comunizadora» es la crítica compañera y superadora de la izquierda comunista y que Camatte fue quien inició esa tarea crítica de manera explícita y rigurosa, se puede afirmar sin duda que Camatte es el verdadero pionero de la teoría de la comunización. Antes incluso que Gilles Dauvé y compañía. 

En suma, el núcleo y la constante de la línea herética del comunismo es la ruptura y el salto cualitativo dentro la praxis revolucionaria o la «revolución en la revolución», en la que Camatte ha sido, es y será un referente obligatorio para quienes han seguido, siguen y seguirán este otro camino. De manera que de «eslabón perdido» pase a ser eslabón visible e imprescindible, ya sea para darle la razón ya sea para criticarlo y superarlo. Sea como fuere, lo cierto es que en la historia de «el otro comunismo» hay un antes y un después de Camatte.   

Contra el culto a la personalidad

Sin embargo, enunciar las virtudes y potencias de la obra de Camatte no significa hacer culto a su personalidad, por dos razones. 

La primera razón es porque el culto a la personalidad —de cualquier personalidad, p. ej. Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Guevara, etc., o también Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Flores Magón, Makhno, Durruti, Di Giovanni, etc.— es propio de la cultura y la historiografía burguesas e idealistas que endiosan a los “grandes hombres” por sus “grandes ideas” y sus “grandes hazañas”. 

Muy por el contrario, la premisa fundamental de la concepción materialista y comunista de la historia —reafirmada en varias ocasiones por Marx y más aún por Bordiga[6]— es que la historia está hecha por los procesos y las coyunturas detonadas por la «polarización social» que resulta del devenir y la estructura misma de las sociedades de clases, en la cual grandes grupos de hombres o masas anónimas se constituyen colectiva y físicamente como fuerzas o partidos en y por determinadas condiciones materiales de existencia ya sea para conservar ya sea para cambiar sus vidas. 

Por consiguiente, las personas que llegan a hacer historia —con acciones e ideas— sólo son productos accidentales y temporales de tales circunstancias concretas, históricas e impersonales. En este caso, Marx, Bordiga, Camatte y tantos otros camaradas no “crearon” idealmente el comunismo. Al contrario: entendido como «el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual» (Marx, La ideología alemana, 1845-46), el comunismo los produjo a ellos como sus teóricos durante coyunturas revolucionarias (1848, 1871, 1917-1923, 1936-1937, 1968-1977). 

La segunda razón es porque, si bien su teoría es original, rica y compleja, Camatte fue un compañero histórico altamente contradictorio, no sólo en estos últimos años (ver su Entrevista con Cercle Marx del 2019), sino ya desde los 70s (a saber: desde la serie 2 de Invariance, como se puede leer en la acertada Reseña de Danel). Por lo tanto, a Camatte hay que estudiarlo con atención, cuidado y selectividad. 

El doble Camatte 

Para ser más precisos, así como Robert Kurz sostiene la tesis de que hay un «doble Marx»[7] y Lucien Laugier[8] y el propio Camatte[9] sugieren que hay un «doble Bordiga», así mismo nosotros planteamos aquí la tesis de que hay un doble Camatte: el Camatte comunista, que corresponde a la oleada revolucionaria internacional antes, durante y un poco después de 1968, año uno de lo que los situacionistas denominaron el segundo asalto del proletariado a la sociedad de clases; y, el Camatte no comunista, que corresponde a la reestructuración/contrarrevolución capitalista triunfante o la derrota del segundo asalto proletario hasta la fecha, en especial a partir de 1975 en adelante. 

A continuación, pues, dejamos planteada nuestra tesis, empezando por criticar al Camatte no comunista para luego reivindicar al Camatte comunista. 

El Camatte no comunista

Por un lado, hay ciertos momentos y puntos de la obra de Camatte que, desde la perspectiva comunista, son muy criticables y prescindibles. A saber: 

  • el abandono de la teoría del proletariado y la lucha de clases;
  • la teoría de la “autonomización o fuga del capital”;
  • la teoría de la “antropomorfosis del capital”;
  • la teoría de “la revolución a título humano”;
  • la teoría de “dejar este mundo” y “estar en los márgenes”;
  • la deriva psicologista (“proceso inconsciente”, “retorno de lo reprimido”, etc.). 

Que quede claro: entendemos, incluso a nivel personal, por qué y cómo Camatte llegó a ese punto, pero discrepamos y mucho. Como proletarios revolucionarios, pensamos que aquello significa abandonar la concepción materialista de la historia, la teoría de la explotación y de la lucha de clases que van de la mano y, por tanto, abandonar las posiciones dinámicamente invariantes del proletariado revolucionario, mejor dicho, del «Partido Histórico» (Marx y Bordiga) para la abolición de la sociedad de clases —empezando por el propio proletariado en tanto que clase del trabajo/capital— y la producción del comunismo. Partido del que, años antes, el mismo Camatte hubo de escribir materiales tan valiosos y potentes —como «Origen y función de la forma partido», «La revolución comunista. Tesis de trabajo», entre otros—. También significa perderse en cualesquier especulaciones más o menos eruditas, novedosas e inofensivas contra la civilización capitalista. Este es el Camatte no comunista.[10] 

Entre paréntesis: algunos marxistas y anarquistas se han valido de tal “errancia” o extravío de Camatte para afirmar, a la ligera y a conveniencia, que él es “modernista”, “primitivista”, “metafísico”, “místico”, “hippie”, etc. Pues no lo es. Nosotros criticamos estas falsas acusaciones contra Camatte porque pretenden limar el filo comunista de la primera parte de la trayectoria de este compañero histórico o “botar al niño con el agua sucia de la tina”. 

El Camatte comunista 

Por otro lado, de hecho, hay momentos y aportes de la obra de Camatte que, de cara al presente y al futuro, resultan imprescindibles y potentes para la reapropiación y el afilamiento de las armas teóricas de la revolución comunista mundial. De allí que lo sigamos reivindicando como compañero histórico o camarada. A saber: 

  • la transición de la «dominación formal» a la «dominación real» del capital sobre el trabajo que, desde la crítica de la economía política, es el criterio clave para una periodización y caracterización críticas de los diferentes ciclos históricos del capitalismo, la lucha de clases y la revolución social en todo el mundo —sin desconocer el desarrollo desigual entre las diferentes regiones del planeta—;
  • el rechazo de un “período de transición” entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista y, en cambio, la afirmación de la autoabolición del proletariado de manera inmediata y simultánea con la abolición del capital, entendida como la médula de la revolución comunista, lo que es la tesis central de la teoría de la comunización, debido a la implicación recíproca capital/proletariado bajo la dominación real del capital;
  • la negación positiva o la abolición y superación de la democracia, entendida como la forma histórico-política por excelencia de la sociedad mercantil generalizada y su «mistificación» o fetichismo inherente, mediante la dictadura social del movimiento comunizador en el cual se liquidará el valor, el mercado, el Estado, las fronteras nacionales, la burguesía y el proletariado;
  • la crítica práctica y superadora del fascismo y del antifascismo por igual, ya que ninguno de éstos rompe realmente con la democracia y, por tanto, con el capitalismo, sino que es parte de su lógica y dinámica política, lo que hace de “fascismo o antifascismo” ―o, lo que es lo mismo, “fascismo o democracia”― una falsa dicotomía o una fórmula de confusión, propia de la socialdemocracia, con respecto al antagonismo fundamental entre proletariado y burguesía, revolución y contrarrevolución, comunismo y capitalismo;
  • la importancia de la teoría comunista entendida como actividad para «mantener la línea del futuro» (Bordiga) o la perspectiva revolucionaria a contracorriente de los períodos contrarrevolucionarios, esto es, la teoría como actividad de reflexión autocrítica de las luchas concretas así como de previsión y preparación de la revolución en actos;
  • el Partido Histórico y mundial como «prefiguración de la sociedad comunista» del futuro en el seno del presente, al calor del antagonismo de clases para la abolición de la sociedad de clases: el «Partido-Comunidad»;
  • la Gemeinwesen entendida como comunidad humana —criticando y superando el esencialismo humanista— donde, una vez desaparecidas las clases sociales y sus antagonismos, el individuo existe realmente y se desarrolla libremente, o sea, entendida como la abolición de la dicotomía individuo/comunidad y, por tanto, como la unidad entre individuación y comunización; y,
  • la dimensión biológica y cósmica de la revolución social o, lejos del primitivismo, la comunidad entre la humanidad junto con su tecnología y la naturaleza o el cosmos en devenir, como uno de sus resultados… un comunismo solarpunk[11] o del futuro.

Todas estas tesis de avanzada de la teoría comunista contemporánea ya se encuentran en Camatte, mejor dicho, en el Camatte comunista, el Camatte adelantado a su época, el Camatte del futuro. Y el futuro es hoy. Por eso, proletarios de aquí y de todos los países: ¡a leer y usar críticamente a Camatte para la lucha revolucionaria de esta época, para la revolución comunista universal del siglo XXI! 


Proletarios Hartos de Serlo
Quito, abril de 2025 y abril de 2026
 
 

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DOSSIER EL DOBLE CAMATTE

1.   [Libro] ¿Quién teme a Jacques Camatte? — Federico Corriente (2020)

2.   [Audios] Jacques Camatte. Entrevista a Federico Corriente — Anábasis (septiembre de 2018): Programa #139 y Programa #140.

3.   [Artículo] Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea — Federico Corriente (2014)

4.   [Artículo] Reseña de «Invariance»Francois Danel/Théorie Communiste (2003)

5.   [Artículos] Invariance — Biblioteca de Cuadernos de Negación (2018)

6.   [Texto] Entrevista con Jacques Camatte — Cercle Marx (2019)





Notas 

[1] Albertani, C. (29 de mayo de 2025). Jacques Camatte, Amadeo Bordiga y el futuro de la especie humana. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/05/29/opinion/jacques-camatte-amadeo-bordiga-y-el-futuro-de-la-especie-shumana

[2] Basso, P. (11 de marzo de 2025). «Bordiga será redescubierto como un marxista del y para el futuro». Entrevista con David Broder. El Porteño. https://elporteno.cl/entrevista-a-pietro-basso-bordiga-fue-uno-de-los-ultimos-comunistas-en-desafiar-a-stalin/

[3] Ver Camatte, J. (1972). Bordiga y la pasión del comunismo. Biblioteca de Cuadernos de Negación. https://drive.google.com/file/d/1OL6vyI0v7SMTEsM-z86t0eGT3mqgrWba/view

[4] Por poseer más completitud, precisión y sobriedad, preferimos esta compilación y esta reseña de Biblioteca de Cuadernos de Negación (Rosario, 2018) que la compilación y los prólogos del libro Contra la domesticación: de este mundo debemos salir de Gemeinwesen Comunidad Ediciones (México D.F., 2018). Sin embargo, aquí dejamos su enlace para quien le interese: https://drive.google.com/file/d/1xwLM3obfaQ5y8JWHVLqiqYKrDq6s_oDA/view

[5] Apenas nos sea posible, a todas y cada una de estas corrientes radicales les dedicaremos sus respectivas publicaciones o entradas en este órgano de difusión digital.

[6] «Los obreros vencerán si comprenden que no tiene que venir nadie. La espera del Mesías y el culto al genio, explicables para Pedro y Carlyle, son para un marxista solo míseras tapaderas de la impotencia. La revolución se levantará tremenda, pero anónima.» Bordiga, A. (1953). Por la consigna del anonimato y el antipersonalismo. Fantasmas Carlyleianos en Il programma comunista n° 9.

[7] Ver Kurz, R. (1998). El doble Marx. Marx desde Cero. https://kmarx.wordpress.com/2017/08/03/el-doble-marx/. A saber:

Por un lado, el «Marx esotérico» es el que critica de raíz, y plantea la abolición de, las categorías fundamentales del modo de producción capitalista: trabajo abstracto, valor, mercancía, capital, dinero, salario, propiedad, división social del trabajo, burguesía y proletariado y, por tanto, el que es radical o directamente comunista, antiestatal, antiprogresista y adelantado a su época. Este es el Marx de La Ideología Alemana, los Grundrisse, El Capital y su Capítulo VI Inédito, Los Manuscritos de 1861-63, los Borradores inéditos de La Guerra Civil en Francia y el Cuaderno Kovalevsky, entre otros. El Marx menos leído, discutido, comprendido y divulgado.

El Marx esotérico critica el trabajo, no sólo el capital. La conclusión de esta «crítica categorial» o crítica radical es que para abolir el capital hay que abolir el trabajo y el proletariado como dos polos diferentes y antagónicos de una misma unidad o totalidad histórico-concreta (ver Grupo Krisis [animado por Kurz] (1999). Manifiesto contra el trabajo). En este punto, dirá Federico Corriente (2014), coinciden la crítica del valor y la teoría de la comunización.

Por el contrario, el «Marx exotérico» es el que sólo se enfoca en el desarrollo de las fuerzas productivas para la sucesión unilineal ―y eurocentrista― de los modos de producción y, por tanto, el que no es radical, sino progresista, estatal e incluso socialdemócrata, hijo de las limitaciones y contradicciones de su época. Este es el Marx del Manifiesto Comunista, Discurso sobre el libre cambio, La dominación británica en la India, los Estatutos de la Primera Internacional y la Crítica del Programa de Gotha, entre otros. El Marx más leído y divulgado por el marxismo y sus falsos críticos.

El Marx exotérico critica el capital desde el trabajo como “polo positivo” de la relación trabajo/capital. La conclusión de esta crítica no categorial o no radical es la afirmación del trabajo como “esencia humana” y del proletariado como clase dominante, no su negación y abolición; es decir, lo que la teoría de la comunización denomina «programatismo».

Tal contradicción fundamental dentro de la obra de Marx era inevitable en el siglo XIX, debido al grado de desarrollo del capitalismo, la lucha de clases y la praxis revolucionaria en ese entonces. Por lo tanto, sólo el ulterior desarrollo histórico del capitalismo, la lucha de clases y la praxis revolucionaria ha podido criticarla y resolverla, a saber: entre fines del siglo XX y en lo que va del siglo XXI. Lo que, dicho de paso, demuestra que, con todas sus contradicciones, la obra de Marx es una obra viva por vigente y potente.

[8] Laugier «realiza una crítica muy pertinente al mismo Amadeo Bordiga. Su radicalidad comunista a la hora de cuestionar el valor, el dinero, el mercado, la empresa, etc. no la traslada a la política, a la crítica del Estado ante todo [ya que, en este aspecto, Bordiga no logró romper con el leninismo y, por tanto, con la teoría del “Estado proletario” ni del “partido de vanguardia”]. Es importante tener en cuenta que el capitalismo se sustenta sobre una dualidad, economía y política, con la que tiene que romper conscientemente la revolución comunista.» Ver Grupo Barbaria (2018). El pasado de nuestro ser. Sobre los orígenes de la izquierda comunista, nota 16. https://barbaria.net/2018/05/27/el-pasado-de-nuestro-ser/

Esto permite «la comprensión de que el capitalismo es una totalidad que ha socializado y unificado economía y política, lo que hace imposible pensar una actividad revolucionaria alrededor del dualismo sindicato-partido, etc. Las consecuencias de esto son muy importantes, pues explicaría que el proletariado se constituye en clase y en partido superando ese dualismo, precisamente rompiendo con la paz social y con el sometimiento del proletariado al capital y a sus instituciones económicas, políticas y jurídicas.» Ver Grupo Barbaria (2024). Carta de Lucien Laugier a Werner Cohn del 17 de julio de 1988 sobre la crisis del PCInt en 1971-72 (extractos). https://barbaria.net/2024/09/19/carta-de-lucien-laugier-a-werner-cohn-del-17-de-julio-de-1988-sobre-la-crisis-del-pcint-en-1971-72-extractos/   

Lucien Laugier fue un militante de la izquierda comunista italiana (“bordiguista”) en Francia (Fraction Française de la Gauche Communiste – FFGC), amigo y a la vez crítico de Bordiga. Así que sabía perfectamente lo que estaba afirmando sobre él.

[9] Tras la muerte de Bordiga en 1970, este fue el balance crítico de su obra por parte de Camatte:

«[C]onsideramos que la obra de A. Bordiga, a pesar de su fuerza y grandeza, está obsoleta en el sentido hegeliano-marxista. Él logró una restauración parcial del marxismo, y como tal, hoy en día, aceptar su obra en su totalidad conduciría a un falso absoluto. El trabajo ulterior consistirá en presentar los puntos fundamentales a partir de los cuales se puede progresar en vistas a una reapropiación de la teoría. […]

Lo que nos interesa es comprender su obra en su especificidad, pues posee un carácter original (y, por lo tanto, una importancia innegable) vinculado a un momento bien definido en la historia del proletariado y de la lucha del comunismo contra el capitalismo. Es el representante más consistente de la última resistencia contra el acceso del capital a su dominación real, sin llegar a delimitarla ni describirla rigurosamente; la obra de A. Bordiga, aún inmersa en la posición teórica correlativa a la revolución bajo el dominio formal del capital, sienta ya las bases para la correcta formulación teórica de lo que será la revolución bajo el dominio real del capital, la revolución comunista pura, aquella en la que el proletariado puede negarse a sí mismo inmediatamente. Estas bases se deben a todo su trabajo para restituir la crítica de la economía política en los términos de Karl Marx. Repasó cada categoría una por una y demostró cómo el comunismo se diferenciaba del capitalismo y de los llamados socialismos. Toda su obra está determinada por su visión del comunismo.

Tampoco pretendemos refutar ciertas afirmaciones que el PCInt [Partido Comunista Internacional] extrae de A. Bordiga (por ejemplo, lo que escribió en Le texte de Lénine sur «La maladie infantile du communisme (le gauchisme)», escrito en 1960, que es su peor obra, al igual que el «texto» de V. Lenin es su obra más deplorable) con citas que digan lo contrario. No se trata de elegir un A. Bordiga propio, sino de demostrar que la ambigüedad inherente a toda su obra está vinculada al período histórico en el que vivió, un período completamente dominado, desde la catástrofe de 1914, por la pregunta: ¿cómo ser partido cuando las condiciones históricas son desfavorables? ¿Cómo separarse de la gangrena que asola a la clase y a su vez abogar por la unificación de esa clase?» Ver Camatte, J. (diciembre de 1970). «La izquierda comunista de Italia y el Partido Comunista Internacional». Invariance, serie I, nº 9. https://barbaria.net/2026/02/23/invariance-serie-i-no-9-diciembre-de-1970/

[10] Ver la matización de esta crítica en nuestro escrito posterior al presente: Sobre la contribución de Camatte a la teoría comunista. Una discusión compañera y un balance, que publicaremos en breve.

[11] Solarpunk es un movimiento cultural y un imaginario de la ciencia ficción, de carácter utópico, que proyecta futuros postcapitalistas, cooperativos y ecológicos donde, sobre la base de la posesión común y la desmercantilización de todo, así como también de la producción para la satisfacción de las necesidades colectivas y no para obtener lucro, la tecnología humana —especialmente basada en energías renovables— se integra de manera armónica con los ciclos de la naturaleza. Como horizonte histórico y político, el solarpunk propone relaciones sociales y formas de vida emancipadas y comunitarias en las que humanidad, técnica y biosfera coevolucionan de manera orgánica, equilibrada y bella, al contrario de los futuros (y presentes) distópicos que son catastróficos y horrorosos. Ejemplos populares y gráficos de solarpunk son: la película Nausicaä del Valle del Viento (1984) de Hayao Miyazaki (Studio Ghibli), y la novela Los Desposeídos (1974) de Ursula Le Güin.

17 de febrero de 2026

Precisiones sobre la guerra de clases y el internacionalismo proletario en el actual contexto de guerra imperialista y revueltas

 

Comunismo internacionalista contra imperialismo y contra socialdemocracia antiimperialista

Hace un mes, en nuestra cuenta de Instagram, publicamos un breve comunicado de Trabajadores anticapitalistas de Irán en el cual estos compañeros afirman que lo que está ocurriendo en ese país es una guerra de clases; que tanto el gobierno islámico como su oposición monárquica son capitalistas; y, que la única solución radical es la lucha proletaria autónoma y antagonista por la revolución comunista en Irán y en todo el mundo. La publicación fue bien recibida por la mayoría de nuestros lectores.

Sin embargo, algunos izquierdistas del Capital nos comentaron las siguientes perlas de la burguesía: “es un conflicto geopolítico, no de clases”, “son protestas violentas financiadas y dirigidas por EE.UU. e Israel contra el gobierno popular, antiimperialista y revolucionario de Irán”.

Ante lo cual, respondimos reivindicando la lucha del proletariado de la región iraní contra el Estado burgués iraní y con una crítica radical del antiimperialismo en tanto que apéndice de la misma guerra imperialista y la pugna interburguesa. Así como también, que no es un conflicto entre naciones sino entre clases; por lo que, en el análisis comunista, el análisis de clases tiene prioridad sobre el análisis geopolítico.

Entonces, los izquierdistas del Capital nos lanzaron más perlas de la burguesía: “si ustedes critican el antiimperialismo, el antisionismo y el islamismo, entonces son proimperialistas, prosionistas e islamofóbicos”, “ustedes idealizan al proletariado y a las revueltas”, “ustedes confunden proyecto con slogan”, “es una lucha religiosa, no de clases”, etc.

Contra toda esa bosta socialdemócrata, y a fin de que quede claro y no se nos malinterprete de ninguna forma, consideramos necesario manifestar que nosotros nos posicionamos en contra del imperialismo, el colonialismo, el sionismo, el islamismo, el fascismo, etc. desde una posición proletaria, comunista e internacionalista. Posición revolucionaria que precisamos a continuación.

7 precisiones sobre la posición comunista internacionalista hoy

1.      Estamos con el proletariado internacional contra la burguesía internacional y, por tanto, contra todos los Estados sin excepción hasta su abolición.

En el sistema mundial capitalista, todos los Estados sin excepción (Irán, Israel, EE.UU., China, Rusia, Ucrania, Autoridad Nacional Palestina, Venezuela, etc.) son capitalistas o burgueses. Todos los Estados sin excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que, con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—, compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros, repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del planeta.

Lo cual es así porque, junto con la explotación de la fuerza de trabajo y el intercambio mercantil, la competencia es uno de los principales motores del modo de producción y reproducción social capitalista en tanto que totalidad o sistema histórico-mundial. De hecho, la lógica y dinámica de funcionamiento de los Estados capitalistas, tanto “puertas adentro” como “puertas afuera”, es una combinación entre la competencia y la connivencia entre sus fracciones.

En este marco, no existe un solo imperialismo, sino varios imperialismos en competencia y, hoy, en guerra: principalmente, el imperialismo estadounidense y su bloque donde están Israel y Ucrania vs. el imperialismo chino y su bloque donde están Rusia, Irán y Palestina.

La competencia interimperialista, a su vez, sólo es posible sobre la base de la explotación y la masacre del proletariado internacional, pero también de su resistencia (contrario a lo que rebuznan algunos dizque “marxistas” y “anarquistas”, en Irán, Palestina, Venezuela, etc. sí existe burguesía, proletariado, plusvalía y lucha de clases).

La base de las relaciones internacionales son las relaciones de clase, que son conflictivas por naturaleza, porque donde hay explotación hay conflicto, donde hay dominación hay resistencia.

En el fondo, entonces, más que un “conflicto geopolítico” o entre naciones, la guerra es un conflicto entre clases ―y fracciones de clases― a escala internacional.

Sintetizando, la base del imperialismo es la explotación capitalista y, por tanto, la lucha de clases, el motor de la historia de la sociedad de clases.

Más claro ―y esto es lo determinante y, además, lo demarcatorio entre los revolucionarios y los reformistas de todos los países con respecto a la guerra―: en última instancia, toda guerra capitalista e imperialista es una guerra contra el proletariado: ya sea para destruirlo como "población sobrante" y reactivar la economía mundial en crisis ya sea para destruirlo en tanto que "clase peligrosa" para el orden burgués, más aún si participa en revueltas e insurrecciones, como lo ha hecho durante todo el siglo XXI, “la era de los disturbios”.

Y viceversa: las luchas del proletariado contra “su propio Estado” en “su propio país” son batallas locales de la guerra global contra la burguesía internacional, contra el sistema mundial capitalista o, si se prefiere, contra el imperialismo.

Sí: capitalismo, imperialismo, guerra, contrarrevolución y lucha de clases son inseparables… e inestables; conforman una totalidad indivisible… pero también dinámica y cambiante, por lo que se puede transformar, no sólo en su contrario, sino en un mundo nuevo, en una forma social superior, mediante —y sólo mediante— la guerra de clases y la revolución comunista mundial.  

Por lo tanto, nuestra posición al respecto como comunistas internacionalistas es: el proletariado mundial contra todas las potencias y bloques imperialistas y, por implicación, contra todos los Estados-nación. El proletariado mundial contra el Estado capitalista mundial hasta su abolición y sustitución por la Comuna mundial. 

 

2.      Estamos por la derrota de todos los Estados-nación en guerra, mejor dicho, por la transformación de la guerra imperialista en guerra de clases revolucionaria. En pocas palabras, esto es lo que significa el derrotismo revolucionario y el internacionalismo proletario.

Otra forma de expresar esta posición es: "Ninguna guerra salvo la guerra de clases" dentro del "propio país" contra la "propia burguesía" y el “propio Estado” hasta abolirlos de raíz.

Lo contrario es el defensismo de uno u otro Estado-nación burgués en guerra (por ejemplo, Ucrania, Palestina, Irán, Venezuela) bajo la bandera del "antiimperialismo" por parte de muchos socialdemócratas, chovinistas y contrarrevolucionarios disfrazados de "marxistas" y "anarquistas". A esta posición también se le conoce como “campismo”, debido que defiende uno de los campos o bloques estatales e imperialistas en guerra.

Pues bien, los internacionalistas y derrotistas consecuentes somos antidefensistas o anticampistas. Afirmando claro y fuerte que sólo la revolución comunista mundial puede abolir la guerra imperialista o el capitalismo y sus guerras.

En este marco, estamos por la lucha del proletariado de la región iraní contra el Estado burgués iraní, la lucha del proletariado estadounidense contra el Estado burgués estadounidense, la lucha del proletariado de la región venezolana contra el Estado burgués venezolano, y así sucesivamente en todos las regiones o países sin excepción.

En consecuencia, estamos por la unificación y radicalización de la guerra de clases global hasta la abolición de la sociedad de clases global. Porque, dado que hoy no sólo es la clase del trabajo sino la clase del capital, el proletariado sólo se va a unificar realmente cuando luche por su propia abolición como clase; es decir, al calor de la revolución comunista, la cual será mundial o no será.

Una sola clase: una sola lucha hasta la revolución comunista mundial. 

 

3.      Afirmamos que sólo aboliendo la sociedad de clases capitalista mundial se puede abolir el imperialismo, el colonialismo, el sionismo, el islamismo, el fascismo, etc.

No se trata de cortar sólo uno o varios tentáculos, sino de cortar la cabeza de todo el pulpo capitalista. No se trata de cortar sólo una o varias ramas, sino de extirpar la raíz misma del árbol podrido.

Lo propio aplica para sus falsos críticos y opositores o para sus tentáculos o ramas del lado izquierdo: el antiimperialismo, el anticolonialismo, el antisionismo, el antifascismo, etc. Porque la revolución social es anticapitalista, total y global o no es. Todo lo demás, no sólo es parcialización y desviación de la lucha de clases, sino contrarrevolución capitalista con diferentes disfraces.

 

4.      Estamos en contra del capitalismo, sus defensores de ultraderecha y, en especial, de sus falsos críticos de izquierda.

La izquierda del Capital o la socialdemocracia histórica e internacional es el falso crítico y opositor del capitalismo, porque su programa es reformarlo desde el Estado, no abolirlo y superarlo; es decir, ser la nueva clase explotadora y dominante.

En consecuencia, siempre se posiciona a favor de una u otra fracción estatal-nacional de la clase dominante mundial en la pugna interburguesa y la guerra imperialista; en este caso, a favor del bloque imperialista China-Rusia-Irán en contra del bloque imperialista EE.UU.-OTAN-UE-Israel. Todos éstos, sobre y en contra del proletariado de dichos países. Para muestra, un botón: estalinistas-antiimperialistas criollos expresando públicamente su “solidaridad con la República Islámica de Irán” contra la “revolución de colores impulsada por la CÍA y el Mossad” que “busca destruir el progreso social alcanzado por Irán en 5 décadas de Revolución” (sic.). Simplemente repudiable.

La historia de la lucha de clases del siglo XX demuestra que, paradójicamente, el antiimperialismo, la liberación nacional, la soberanía nacional, etc., siempre han sido el apéndice de un campo o bloque imperialista en guerra contra otro y, al mismo tiempo, el promotor de la modernización capitalista a través del Estado-nación en las periferias del capitalismo mundial. Eso mismo es la socialdemocracia o la izquierda del Capital en su versión “tercermundista” o antiimperialista y nacionalista. En pocas palabras, el antiimperialismo y el nacionalismo contra el proletariado y la revolución.  

Por eso, al igual que fascismo/antifascismo, imperialismo/antiimperialismo es una falsa dicotomía o una fórmula de confusión. Muy por el contrario, el verdadero antagonismo en el plano histórico-mundial es entre proletariado y burguesía, revolución y contrarrevolución, comunismo y capitalismo.

Dentro de este verdadero antagonismo, a su vez, se encuentra el antagonismo entre comunismo y socialdemocracia. Porque la socialdemocracia coopta o encuadra al proletariado para desviar su lucha de clase contra clase hacia la pugna interburguesa y la guerra imperialista. Porque —no se olvide— el objetivo principal de la socialdemocracia es ser la nueva clase capitalista dentro de cada Estado nacional, ya sea mediante las urnas (electoralismo) ya sea mediante las armas (reformismo armado). La socialdemocracia es la contrarrevolución con apariencia de "revolución" en el seno del proletariado. La socialdemocracia es, pues, el principal enemigo en el seno del propio proletariado.

Por lo tanto, como comunistas internacionalistas o minorías revolucionarias del proletariado internacional, estamos en contra de todas las fracciones o variantes de la socialdemocracia histórica e internacional: antiimperialistas, anticolonialistas, nacionalistas, islamistas, antisionistas, antifascistas, estalinistas y "marxistas"-leninistas en general, "anarquistas" campistas o defensistas de un Estado en guerra (Ucrania, Palestina), izquierdistas posmodernos anticoloniales, etc., porque en realidad ninguno de ellos es anticapitalista, sino procapitalista y, por tanto, contrarrevolucionario.

 

5.      No idealizamos o romantizamos al proletariado y sus luchas. El proletariado no tiene una "esencia comunista" e internacionalista. Ser clase explotada no lo hace mecánicamente clase revolucionaria. El proletariado es una contradicción viviente o en proceso.

De hecho, el proletariado sintetiza en su seno todas las contradicciones y luchas que atraviesan el entramado social capitalista, dado que constituye su base y su mayoría. Más aún en un período histórico-mundial de carácter contrarrevolucionario como todavía lo es el actual ―aunque ya comienzan a despuntar en el horizonte unos cuantos elementos y tendencias de una época pre-revolucionaria, por ejemplo, en Irán y EE.UU., debido a sus “guerras internas” o de clases―.

En este marco, el proletariado está dividido y hay fracciones de él que luchan por intereses de a, b o c fracciones burguesas nacionales e internacionales para sobrevivir o seguirse reproduciendo como clase explotada y dominada.

Más claro: si tal o cual fracción del proletariado en tal o cual país (por ejemplo, Irán y Venezuela) lucha a favor de tal o cual gobierno y/o de tal o cual potencia imperialista, es por sobrevivencia material, tal como en la antigüedad o en los albores del capitalismo algunos esclavos luchaban por sus amos, por la misma razón.

Al contrario, cuando el proletariado lucha por la revolución social mundial (1848, 1871, 1917-1923, 1936-1937, 1968-1977, ¿2026-2037-2049?) es porque ya no le queda otra alternativa histórica para satisfacer sus necesidades colectivas. La revolución es un hecho material o físico porque está determinada por necesidades materiales o físicas.

Son las condiciones materiales de existencia las que determinan los intereses, las luchas y el carácter del período histórico de la lucha de clases en todo el mundo, no la voluntad, la consciencia ni el activismo de sus participantes. (Este es un ABC de la concepción materialista de la historia que, de vez en cuando, toca recordar a propios y ajenos.)

Bajo las condiciones actuales, el proletariado está dividido y enfrentado entre sí porque es débil como clase revolucionaria. Y esta debilidad del proletariado como clase revolucionaria hace que la burguesía, la ultraderecha y la socialdemocracia sean fuertes en tanto que personificaciones sociales y políticas diferentes de la misma contrarrevolución capitalista. Es más: en un período o contexto contrarrevolucionario como el actual, la mayoría del proletariado es contrarrevolucionario.

Sin embargo, el propio desarrollo contradictorio y desigual del capitalismo y la lucha de clases también producen fracciones del proletariado que luchan por dejar de sobrevivir en el infierno social capitalista y empezar a vivir de otro modo. Más precisamente, fracciones proletarias que luchan contra el Trabajo/Capital y el Estado, contra todas las fracciones de la burguesía, contra la ultraderecha y la socialdemocracia, y, sobre todo, contra su propia condición de clase trabajadora. El capitalismo produce su propio sepulturero: el proletariado revolucionario. (Este es un ABC de la dialéctica materialista que, de vez en cuando, también toca recordar a propios y ajenos.)

Ahora bien, la lucha revolucionaria en realidad es impura, contradictoria y contingente. Esto no quiere decir que la extrema izquierda del Capital, autodenominada “izquierda revolucionaria”, sea realmente revolucionaria, ni mucho menos que le hagamos concesiones al activismo reformista y oportunista, en lo absoluto. Significa que la lucha revolucionaria inevitablemente se mezcla y se enfrenta con las luchas no revolucionarias y antirrevolucionarias de otras fracciones del proletariado (por ejemplo, en las actuales protestas masivas en Irán, donde en las calles de manera involuntaria se mezclan proletarios anticapitalistas y pro consejos obreros con proletarios pro monárquicos, y ambos se enfrentan con proletarios pro régimen islámico, etc.).

Lo cual genera que las luchas del proletariado en general sean más contradictorias, complejas y limitadas en el período histórico actual o en "la era de los disturbios". En suma, un caos, cuyo desenlace es contingente, porque puede devenir tanto en ruptura revolucionaria como en restauración del orden capitalista, según sean las condiciones concretas y la correlación de fuerzas.

Sí, la lucha de clases hoy es un caos, porque emerge del caos sistémico en el que se encuentra el capitalismo histórico y mundial.

Por consiguiente, la contradicción y el caos también existen dentro del internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario, tanto en la práctica (por ejemplo y sobre todo, en la lucha del proletariado gazatí tanto en contra de la ocupación del ejército israelí como en contra de los aparatos armados de la burguesía palestina; y, en menor medida, en la lucha del proletariado en uniforme que deserta de la guerra en la frontera ruso-ucraniana y las redes de solidaridad con los desertores allí y en toda Europa) como en la teoría (posiciones diferentes y polémicas al respecto entre las minorías radicales del proletariado internacional).

Aun así, con todas sus contradicciones, complejidades y limitaciones actuales en medio del caos sistémico, la lucha de clases existe, la guerra de clases existe, las revueltas existen, y la necesidad y posibilidad de revolución social existe.

Es más: dada la catástrofe capitalista global como contexto actual, la revolución social del futuro también adoptará una forma catastrófica. A golpes y a tientas, la sociedad comunista brotará desde el subsuelo y entre las ruinas de la sociedad capitalista.

El comunismo no es una utopía, una ideología ni mucho menos ese capitalismo de bandera rojiamarilla que fue la URSS y sus países satélites. El comunismo es el movimiento real y anónimo de los explotados y oprimidos que subvierte las condiciones capitalistas de existencia, que se desarrolla ante nuestros ojos, y que interrumpe por la fuerza pero a tientas la historia de la sociedad de clases. Su claroscuro caldo de cultivo es el antagonismo, la guerra de clases. Por eso el comunismo es un movimiento contradictorio, pero es.

Irán 2026 es un ejemplo concreto de ello. Sí, con todas sus contradicciones, la revuelta actual en la región iraní es una guerra de clases, no un "conflicto geopolítico" ―aunque tenga implicaciones geopolíticas― ni una "lucha religiosa" ―aunque parezca tener tintes religiosos―, como rebuznan algunos izquierdistas del Capital.

Es más: por su posición estratégica en el sistema mundial capitalista ―petróleo, industrias, mercados, relaciones internacionales, etc.― y por sus continuas revueltas de masas ―a saber, 5 levantamientos desde el 2017 hasta la fecha―, incluso si esta revuelta es derrotada, Irán será uno de los epicentros de la revolución social mundial del futuro. 

 

6.      No afirmamos que la lucha de clases conduce de manera "inevitable" a la revolución comunista y que la socialdemocracia es la "culpable" de que ésta no haya triunfado hasta la fecha. El proletariado es sus luchas, tanto contra la burguesía como en su propio seno. Lo cual incluye las luchas del proletariado revolucionario contra la socialdemocracia y, sobre todo, contra su propia condición de clase. La reproducción ó la ruptura de la relación capitalista de clase depende del contexto, el contenido, la intensidad y la extensión de tales luchas.

Esta disyuntiva se hace visible en situaciones de abierto antagonismo de clases como son las revueltas. Las revueltas son contradictorias por naturaleza porque emergen de las contradicciones y antagonismos de clase de la sociedad capitalista. Por lo tanto, el resultado o desenlace de una revuelta, como la actual revuelta en Irán, depende de cómo se resuelvan estas contradicciones de clase y, en especial, las contradicciones internas o en el seno del proletariado y sus luchas.

A esto nos referimos cuando decimos el contenido de las luchas. Y si ponemos énfasis en el contenido y no en la forma de las luchas, es porque la revolución es una cuestión de contenidos y fuerzas reales ―las relaciones y fuerzas sociales comunistas vs. las relaciones y fuerzas sociales capitalistas―, no de formas de organización ―autónomas o heterónomas, horizontales o verticales, etc.―. De hecho, en las revueltas actuales hay autoorganización, pero no hay revolución. Siendo que la revolución comunista es la única solución o superación de la contradicción viviente que es el proletariado mediante su abolición como clase y, por tanto, de todas las clases. Este, y no otro, es el contenido de la revolución comunista en el período histórico actual en el que el capital ha subsumido real o totalmente al trabajo y, por tanto, al proletariado. Esto, y no otra cosa, es la revolución concebida como comunización.

Autoabolición del proletariado que, a su vez, sólo es posible mediante la producción del comunismo y la reproducción social comunista; es decir, mediante la producción de relaciones sociales comunistas entre los proletarios que se asocian y luchan para dejar de ser proletarios y para reproducir todos los aspectos de sus vidas ―desde la alimentación hasta las relaciones de género, pasando por los servicios básicos y el uso del tiempo libre― de otro modo: en comunidad humana real o libre asociación de individuos que ponen bajo su poder y uso comunes todas sus condiciones materiales de existencia para la satisfacción de sus necesidades colectivas y el libre desarrollo de sus potencialidades y sus relaciones humanas, así como también de sus relaciones con la naturaleza.

Eso sí: teniendo claro que, si bien es necesaria y posible, la revolución comunista no es "inevitable". Desde la perspectiva materialista histórica y revolucionaria, hoy la consigna "Comunismo o Extinción" es realista, pero contingente: puede ser lo uno como lo otro. Depende del devenir del antagonismo o la guerra de clases en el contexto de la catástrofe capitalista en curso.

 

7.     No confundimos “proyecto con eslogan”, expectativa con realidad o consigna con movimiento real. La crítica comunista o las posiciones revolucionarias que mantenemos, desarrollamos y precisamos de manera minoritaria, con intransigencia y a contracorriente tanto de la ideología dominante como de la izquierda del Capital, son el fruto agridulce de la lucha concreta y ardua del proletariado revolucionario contra la sociedad de clases en el plano histórico-mundial. Son su producto y, en determinado contexto, su factor.

En efecto: en el contexto contrarrevolucionario actual, las posiciones revolucionarias del proletariado ciertamente son minoritarias, fragmentarias y defensivas, pero necesarias contra la contrarrevolución fuera y dentro de su seno para la resistencia, el aprendizaje de las derrotas y la previsión-preparación de futuras batallas.

En cambio, en un contexto revolucionario, nuestras posiciones pasan a ser masivas, unitarias, ofensivas e igual de necesarias, pero para contribuir a la "inversión de la praxis" (Bordiga) y la victoria de la revolución social. Pasan de ser producto a factor de la historia; es decir, sólo en la revolución la teoría revolucionaria se convierte en fuerza material y hace historia.

Junto con la aceleración de la catástrofe de la civilización capitalista, el devenir del antagonismo de clases es el único que puede transformar lo primero en lo segundo. Más precisamente, el devenir de un período de contrarrevolución a un período de reanudación revolucionaria, en el cual la apropiación y el uso de la teoría comunista por parte de las masas proletarias se convierte en una necesidad material o, mejor dicho, en una exigencia de su práctica revolucionaria.

En todo caso, la crítica comunista o la teoría revolucionaria es necesaria: no es "sólo teoría" o "sólo palabras", sino tanto una forma de relación crítica —aunque abstracta— del proletariado con el capital como, y sobre todo, “las armas de la crítica” (Marx) o un arma teórico-práctica que los proletarios de todo el mundo precisamos apropiarnos, afilar y poner en común hasta que sea sustituida por "la crítica de las armas" (Marx) para sepultar la sociedad de clases y alumbrar la sociedad sin clases.

Dicho de otra manera, la teoría revolucionaria o la crítica comunista es una forma (abstracta) y un momento de la práctica revolucionaria del proletariado hasta la posible abolición/superación revolucionaria de sí mismo como clase del trabajo/capital y, por tanto, de la relación social capitalista. Por eso, aunque no son idénticas, teoría y práctica revolucionarias son inseparables. La teoría revolucionaria es una práctica consciente de crítica y ruptura revolucionaria que, según sea el contexto o período de la lucha de clases, es un producto histórico y un arma defensiva ó un arma ofensiva y un factor histórico.

Cabe aclarar que, si bien reivindicamos lo que en un texto anterior denominamos “práctica teórica comunista” en contra y más allá del activismo reformista en tiempos de contrarrevolución capitalista, entendemos pero no compartimos la idea de que “la práctica del proletariado es la teoría” (Théorie Communiste), ya que la consideramos unilateral e incluso teoricista. Subrayamos: tanto en un período de reanudación revolucionaria como, y sobre todo, en un período de contrarrevolución, la teoría revolucionaria es una forma y un momento de la práctica revolucionaria, ni más ni menos. Pero, “las armas de la crítica no pueden sustituir a la crítica de las armas” y “cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas” (Marx).

Por eso agregamos: para que la teoría revolucionaria se convierta en un arma material, hay que vincularla a la estrategia revolucionaria y a la organización revolucionaria al calor de un ciclo de luchas de clase concretas y, por implicación, a su dinámica y su devenir. Lo cual ya es tema para otros textos, debates, experimentaciones y aprendizajes como revolucionarios.

 

Proletarios Hartos de Serlo

Quito, febrero de 2026

 

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Agradecemos a los camaradas de Tridni Valka (Grupo Guerra de Clases), de la región checa, por traducir nuestro texto al francés y al inglés