24 de octubre de 2018

Arte y vida (esclavitud) cotidiana


El mundo del arte se ha creído tanto sus propios sueños de superioridad moral que 
se comporta como si su planeta arte fuera el mejor de los mundos posibles, 
algo que dista mucho de la realidad.
Santiago Sierra
  
Capítulo 1: Introducción. Escisión entre vida y creatividad

Tendemos a pensar que el mundo del arte es un lugar especial, místico o donde las cosas tienen un sentido más puro, con sentidos profundos, difícil de descifrar. Pero realmente está vacío. Cada artista busca una manera especial de ver e interpretar el mundo para posteriormente vender esta interpretación como obra de arte. Así, la obra deja de tener interés por su contenido y es simplemente un medio de cambio para obtener dinero. Por mucho que el arte quiera esconderse no deja de ser una mercancía.

Como ejemplo de idealización del mundo de arte, tenemos el libro De la obra de arte a la mercancía de Hans Heinz Holz. En él, se hace un recorrido histórico del proceso de abstracción al que se ve sometido aquello a lo que hoy llamamos arte, hasta llegar a ser pura mercancía, proceso que se agrava progresivamente conforme la comunidad humada se disgrega cada vez más.

El problema es que para Holz los primeros objetos rituales y otras formas primitivas son “obras de arte”. Nada más lejos de la realidad: estas manifestaciones formaban parte intrínseca de la vida de las personas. Las actividades no se diferenciaban, formaban parte de un todo y es por eso que en ese entonces el “arte” no existía, ya que no había esta separación que vivimos en el capitalismo. La historia burguesa intenta hacernos creer que las separaciones en las que vivimos en la época contemporánea siempre han estado allí, desde la prehistoria hasta nuestros días, es por eso que llaman a esas primeras manifestaciones “obras de arte”.

El arte nace con la separación, la separación de la creatividad del resto de actividades: es un ámbito escindido del resto de la vida, donde canalizamos todo lo que nos parece que es la creatividad, el GCI habla de esta manera:
El desarrollo del cambio ha operado facturas y separaciones cada vez más importantes en el seno de la actividad humana, y consecutivamente colocado cada uno de estos aspectos de la actividad bajo el dominio cada vez más omnipotente de la Ley del valor. El capital, al subsumir cada parcela de la praxis humana y al apropiarse y desviar toda la actividad creativa del hombre para la realización de sus propias necesidades de acumulación ha culminado dicho proceso. Al separar definitivamente la creatividad del resto de la actividad humana el capital definió el Arte como el único campo de la expresión y de la creación, como el lugar y el momento de todas las significaciones posibles, precisamente porque la vida ha perdido toda significación. El arte funciona, así, como exutorio, como guetto, como herida abierta del sistema capitalista por donde supura su podredumbre. El capital impulsa a escribir, a decir, a dibujar cualquier cosa, mientras esos productos artísticos queden en el dominio de la representación de lo vivido, del espectáculo, sin que superen las fronteras hacia la transformación de la vida. Dentro de esos límites, dichos productos no son otra cosa que mercancías como todas las otras.
Grupo Comunista Internacionalista. Tesis #42.
Capítulo 2: Un mundo dominado por la mercancía1

La teoría del valor nos dice que vivimos en una sociedad que desdobla los objetos en: valor de uso y valor. El valor de uso es el valor que tiene el objeto en sí, por ser ese objeto (y no otro) y por servir para lo que sirve (es un valor cualitativo). Por otro lado, el valor es una propiedad social que se le da al objeto para ser intercambiado, este valor no es intrínseco al objeto (no es natural, como podría ser su peso o su color) y es cuantitativo. Se materializa en la forma dinero y es el unificador por excelencia de todas las mercancías, ya que todo puede ser intercambiado por una cantidad de este. Esto conlleva un proceso de abstracción en el que las cualidades del objeto dejan de importar e importa más la rentabilidad del mismo. De esta manera el dinero juega un papel de abstracción de los objetos, cosificándolos, no porque sean cosas, sino porque se les vacía del contenido real que tienen; el dinero es el equivalente general, para mediar y medir todas las cosas.
La obra de arte convertida en mercancía participa ahora de todas las propiedades o características del comercio: se instituye un mercado del arte que depende del juego de la oferta y la demanda, en el cual los hábitos de la venta básicamente no son otros que aquellos que rigen en el mercado de bienes de consumo. Solamente que aquí la estrategia de venta tiene que tener en cuenta que los géneros que ofrece no poseen ningún provecho de uso inmediato, sino que representan para el mediador un mero valor ideal (aunque a menudo bastante sólido).
Hans Heinz Holz
No importa si la obra de arte se trata de un objeto, una acción, un proceso o una investigación; como tal puede ser vendido y subastado al mejor postor, porque en el capitalismo todo se puede vender y comprar. El dinero es el Dios que lo puede todo, el cientifismo, que lo reduce todo a cuestiones matemáticas, se encargó que matar todo lo mágico o místico que existía en el mundo y en los objetos, el aura, la esencia. Permitiendo de esta manera convertirnos en máquinas racionales. Así, el dinero es la tabula rasa de todo sobre la faz de la tierra (ciudades y selvas son arrasadas por su poder, incluso el futuro está en venta), todo se cosifica. Y, sin embargo, el dinero no es una cosa, un demonio terrible, sino una materialización de la relación social capitalista.

Por esto toda obra de arte es mercancía.

Capítulo 3: Un mundo dominado por la separación o por qué el arte nunca podrá ser la expresión máxima de la vida

El arte en la modernidad capitalista es representación como resultado de la separación entre teoría y praxis, entre forma y materia. No importa si este arte es un objeto, una acción o una investigación, el arte vive de esa separación. Esto se verá claramente en el período de las vanguardias artísticas, cuando el arte desea aproximarse a la vida y por tanto superar esta separación se hace explícito. Sin embargo el arte es en sí separado en la medida en que es una actividad productora de mercancías. Es el capitalismo el que separa la creatividad humana de la vida para convertirlo en un trabajo que debe venderse. Así el arte, al desear superar la contradicción, cae en la misma una y otra vez por no entender dónde radica su parcialidad. La separación sujeto-objeto es tal que no les queda más remedio que asumir la eterna tensión entre aquello que debe ser y aquello que se es.

El arte que pretende ser subversivo es incapaz de ir más allá, de romper las barreras de la representación, por lo que se somete a un limbo nihilista.

La crisis del arte se da cuando los artistas ya no les basta con representar cosas y quieren ir más allá, quieren alcanzar la vida misma. Los intentos de reformular el arte para ir más allá son constantes, pero no se cuestiona el carácter mismo de la obra de arte: todos los aspectos de nuestras vidas están mediados por la mercancía y en ese sentido, la expresión artística lo estará también. El arte se cosifica. No existe la autonomía de lo estético, esta inevitablemente subsumido a este mundo, obviar este hecho implica reproducir la separación.

Muchas personas creen que si no vendes lo que produces entonces estos productos no son mercancía. Por ejemplo, es sintomático el discurso que mantiene por ejemplo el Colectivo Desface sobre la obra de arte: intentan hacer que el arte sea algo distinto a la mercancía, idealizando el arte como esfera separada del resto de las actividades humanas. Creen que al no ponerle precio a las obras esta pierde su función mercantil, como si el capitalismo no fuera una relación social total que todo lo subsume, si no que se puede escapar de ello sin destruir la propiedad privada y la mercancía. Como bien expresa Santiago Sierra:
Mi desencuentro con las corrientes que ligan el arte y la vida como binomio inseparable se basa en el hecho de que quien tiene aquí más que perder es la propia vida podríamos aceptar esta postura, pero habría entonces que sustituir vida por trabajo. Los términos casarían perfectamente.
Sí, arte y vida se corresponderían en tanto y cuando ambas están igual de mutiladas. Como decíamos antes el discurso que mantiene el Colectivo Desface muestra una falta de entendimiento de cuál es la sustancia social que mueve el capitalismo. Este último no existe exclusivamente en las relaciones donde se intercambia dinero por objetos. Por el contrario, el capitalismo es una relación social que subsume casi todos los aspectos de nuestra vida, a través de la disección de la vida en diferentes fracciones, de lo cual el valor es un ejemplo palpable. De ahí que la crítica realizada por la Internacional Situacionista en torno al ocio y cómo este está subsumido por la mercancía sea tan acertada.
El arte, per se, es una actividad alienada, porque se realiza de manera separada de la comunidad humana, porque reproduce la separación. Si el arte se mantuviese fuera de la circulación de mercancías. En primer lugar, este arte se realizará con objetos que fueron comprados a partir de la venta de la fuerza de trabajo. En segundo lugar, se realizará en el tiempo de ocio del trabajador, limitado por el tiempo que dicta el trabajo. Esto reproduce la separación público/privado, porque el capitalismo no te permite eliminar la separación estructural que existe en nuestras vidas: las separaciones vida privada/vida pública, producción/reproducción, trabajo/ocio, ciudad/campo, propio/ajeno, etc. Todo esto elimina cualquier posibilidad de la existencia de una comunidad orgánica, por lo cual toda actividad artística está sujeta a las leyes del capital y no existe tal arte verdadero desligado de la mercancía, como querría el colectivo Desface. En el hipotético caso de que una persona realizara obras de arte en su casa que no venda, esta unión arte y vida es ficticia porque esa “vida” de la que se habla estará sujeta al tiempo dictado por el capital, estará encerrada y encapsulada por el tiempo de ocio de esa persona. De esta manera estará fragmentada del resto de la “vida”. El arte es una metamorfosis del capital porque es producto de las separaciones que éste implica como relación social y sólo puede vivir dentro de ellas.
Sin embargo, el arte tiene un valor de uso particular que lo distingue del resto de mercancías: como no responde a cuestiones utilitaristas, su valor de uso es ser en sí mismo y este aspecto es fundamental porque es la característica que permite que cualquier cosa se convierta en obra de arte. El objeto es en sí mismo cuando el artista dice que algo es arte. En la democracia del valor cualquier cosa puede convertirse en un objeto artístico, desde las concepciones más tradicionales, hasta llegar a todas las nuevas manifestaciones de arte postmoderno.


Capítulo 4: Después de la muerte del arte
El arte, como la economía, como sector separado ha llegado con la burguesía a su máximo desarrollo. El problema es que cuando ha empezado la descomposición del objeto arte, de este ámbito separado, no se da la liquidación del capitalismo y entonces esta descomposición sigue durando en el tiempo, se eterniza. Este es el problema; el arte ya ha muerto, pero nadie se ha encargado de enterrarlo.
(Anábasis, Radio QK #67: La sociedad del espectáculo)
De esta manera se perpetúa la existencia de las dos formas representativas: el reformismo o exaltación y el nihilismo o subversión.

Respecto a al arte de reformismo o exaltación poco hay que decir ya que veneran el sistema o hacen como si no existiera, brindando evasiones de la realidad o cosas parecidas. Por otro lado, el arte que apela al nihilismo o a la subversión “Todos vuelven a poner en escena una repugnancia dadaísta ante la vida contemporánea, pero su revuelta, por así llamarla, es puramente pasiva, teatral estética, desprovista de la furia apasionada, el horror o la desesperación que conducirían a una praxis realmente destructiva.” (Sección inglesa de la Internacional Situacionista, La revolución del arte moderno y el moderno arte de la revolución)

La única manera de romper son las separaciones y que la vida sea una, orgánicamente, es destruyendo el capitalismo que nos obliga a mantener una vida fragmentada. La lucha contra el capitalismo debe darse en todos los aspectos, no se puede hacer desde el arte. Debe ser una lucha total contra la mercancía, el trabajo y el estado.

El arte dejará de existir porque la creatividad dejará de estar sujeta por el marco de la mercancía, expresándose así en cualquier ámbito. Dejará de ser una especialización laboral para estar integrada en cada una de las actividades que se realicen socialmente.

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1 En este capítulo pretendemos explicar el proceso por el cual los objetos han dejado de serlo y se han convertido en mercancía. Creemos que este es un proceso complejo y extenso de explicar, por lo que para ahondar en este tema recomendamos los textos de Cuadernos de negación 9, 10 y 11 (disponibles en su página web).

6 de octubre de 2018

La RojiNegra Ediciones llega a su fin

Mediante la presente, queremos comunicar de manera “oficial” el fin de La RojiNegra Ediciones por razones de índole personal y económica. Posiblemente para algunas personas esta decisión sea sorpresiva y triste. Para nosotros también lo es, sobre todo porque nuestro proyecto, con sus tres líneas características (crítica social radical, antipsiquiatría y poesía), fue sui generis y algo así como “el corto verano de la anarquía” editorial, no como un membrete vacío sino en contenidos y formas reales, por estas tierras ecuatoriales. Sabemos además que, dada nuestra breve existencia, nos faltó mucho por editar, publicar, intercambiar, aprender, mejorar, crecer… en fin, nos faltó mucho por hacer. Pero en la vida hay rupturas y cambios que son necesarios, saludables, pertinentes y coherentes, más que nada humanamente hablando, porque “somos humanos y nada de lo humano nos es ajeno”. 

Agradecemos de la manera más sincera y co-razonada a todas aquellas personas y colectivos con los cuales compartimos una u otra situación, así como a quienes nos siguieron y apoyaron de una u otra forma. Por respeto y honestidad, pues, no les vamos a hablar del mito del ave fénix (que nos encanta), decirles que volveremos y todo eso porque, en este caso, no aplica y porque no se debe ofrecer lo que no se va a cumplir. Este es el fin de La RojiNegra Ediciones, nada más y nada menos. Por lo cual, si en un futuro incierto acaso retomamos la actividad editorial, será en otras condiciones materiales e inmateriales de existencia y con otras personas o, en su defecto, sólo a título individual. En cualquier caso, esperamos que al menos quede nuestra “filosofía de trabajo”, experiencia, aprendizaje y recuerdo, para nosotros y para otros, a presente y a futuro, aquí y en otras partes en que nos llegaron a conocer.

¡Pensamiento Crítico y Belleza al Alcance de Tod@s!
¡Pan y Poesía para Tod@s!
¡Salud y Anarquía, Siempre!

Kito-Ecuador, octubre de 2018

12 de julio de 2018

Novedad de La RojiNegra Ediciones: "Tesis de Orientación Programática" del GCI














“Tesis de Orientación Programática” del Grupo Comunista Internacionalista (GCI) es un importante pero poco conocido documento histórico de 1989 que fue publicado en Bruselas-Bélgica, en varios idiomas (francés, español, inglés, árabe) y en varios países. Por estas tierras ecuatoriales, nosotros tuvimos la oportunidad de conseguir un par de ejemplares hace aproximadamente unos diez años. Hoy, a pesar de que su tapa/contratapa de cartulina se haya amarillado un poco y sus grapas se encuentren completamente oxidadas por el paso de los años, y a pesar de que su lenguaje político a algunos talvez les pueda parecer denso, vetusto, limitado y hasta “marxista-leninista-bordiguista” (que no lo es y que quede claro que no lo es); a pesar de ello, el contenido de estas Tesis sigue siendo plenamente vigente porque su razón de ser también lo sigue siendo y de manera más monstruosa y catastrófica que nunca antes: el capitalismo, la dictadura social de la mercancía y el valor llamada democracia, la esclavitud asalariada y otras formas de dominación inseparables de ella (patriarcado, racismo, etc.), la lucha de clases, el Estado (y su “terror blanco”), la familia, la escuela, la iglesia, la cárcel, las patrias, la contrarrevolución burguesa/socialdemócrata y sus diferentes agentes (las ideologías parcializadoras y reformistas como el nacionalismo, el sindicalismo, el ciudadanismo, el ecologismo, el feminismo, etc.); la necesidad de la autonomía y el antagonismo proletarios, la necesidad humana de revolución social mundial, de comunismo y anarquía (sociedad sin clases ni Estados), la necesidad de libertad y comunidad humana real… y universal; en fin, las posiciones revolucionarias invariantes del proletariado de todas las épocas, países, colores, sexos, edades, etc… para dejar de serlo. Posiciones que no son “sólo teóricas” sino que han sido adquiridas, sintetizadas y transmitidas, a manera de lecciones y directrices prácticas, por parte de sus fracciones o minorías revolucionarias (tanto marxistas como anarquistas), a partir de sus propias luchas reales y derrotas históricas contra el Capital, el Estado y la socialdemocracia, en todo el mundo.

Es vigente también porque, al igual que todos los materiales teóricos del proletariado en lucha, y como dicen sus propios autores, son tesis inacabadas o “tesis de trabajo” que, de hecho, ya se han trabajado; es decir, ya se han asumido, difundido, discutido, criticado, precisado, desarrollado, profundizado desde su publicación hasta nuestros días, de manera minoritaria pero internacional, a través del mismo órgano central del Grupo (la Revista Comunismo) y, décadas después, a través de otros órganos de grupos compañeros de otras latitudes como, por ejemplo, Cuadernos de Negación (Rosario-Argentina). Además, porque ningún texto es ni debe ser una maldita biblia.

Dicho esto, desde “la mitad del mundo” La RojiNegra Ediciones se complace en publicar, como novedad dentro de su primera línea editorial (teoría revolucionaria), las “Tesis de Orientación Programática” del GCI tanto en su versión anarko-kartonera original de hace 29 años (en A5, color verde pálido, 84 págs., ejemplar único no disponible para la venta) como en su versión anarko-kartonera actual (en A5, color rojo oscuro, 28 págs., disponible). Sin duda, un material fundamental, un ABC para la formación de antiguas, presentes y futuras generaciones de la revolución a venir. Por lo cual, recomendamos vivamente su lectura, difusión y discusión… ¡Oh, el “hilo rojo” y negro del “partido histórico” e internacional del proletariado no ha muerto! ¡El “fantasma” del comunismo y la anarquía sigue vivo! ¡Salud y revolución social mundial!

28 de junio de 2018

Gulag 2018: ¡Mundial es la miseria! ¡Nada que festejar!

Nota de Un Proletario: desde Rosario, recibimos y publicamos este necesario panfleto a contracorriente del megaevento y opio capitalista internacional que es el mundial de fútbol Rusia 2018.

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 Panfleto: ¡Mundial es la miseria! ¡Nada que festejar!


Una vez mas, como cada 4 años, el Mundial de Fútbol nos invade. Otra vez la burguesía internacional hace correr a sus soldaditos del deporte y el comercio. Otra vez el deporte como disciplina de control de los cuerpos y como mejor camino hacia el bombardeo mediático de mercancías.

Cada país participante aprovechara mejor la actuación de su equipo. Empezando por Rusia, en el ojo del turismo mundial para tapar con dinero y fanatismo la sangre que derramó bombardeando Siria.

Del lado argentino la hiper-explotación del empresario Messi, como ejemplo del débil que se convierte en fuerte y tiene que hacer lo imposible para triunfar… y la exigencia constante de que gane un titulo para Argentina, la sed de tener un fundamento para sentirnos “los mejores del mundo”. Que más puede querer el Estado argentino... en estos años marcados por la expansión de la miseria y la represión. Nada mejor que una pelota de fútbol para complementar el palazo del policía. Aunque no tengamos que comer, brindaremos en unidad nacional con quienes nos cagan, en un éxtasis de patriotismo, xenofobia y machismo.

En el caso ruso, la apología de una masculinidad competitiva, agresiva, fundada en el individuo que todo lo puede y que siempre tiene que dar más es complementaria con la hostilidad hacia la comunidad gay y trans característica de la Federación Rusa. Esta llega a su punto máximo en Chechenia con sus campos de concentración, donde se encierra y se tortura e incluso, según algunas versiones, se ha llegado a ejecutar a disidentes sexuales. 

También en campos de concentración se hacina a los trabajadores nepaleses en Qatar- la próxima sede- durante la construcción de los estadios. Engañados para viajar, y una vez allí se les retiene pasaportes y documentos para mantenerlos cautivos entre larguísimas jornadas bajo un calor sofocantes. Ya son mas de 2000 las personas que han muerto construyendo esos estadios.

Contra los festejos de los explotadores gritamos bien fuerte: ¡Mundial es la miseria! ¡Nada que festejar!

Junio de 2018. Región argentina.

27 de junio de 2018

La Leonera N° 1. Contra el trabajo. A propósito del 1 de Mayo y el 8 de Marzo

Nota de Un Proletario: Desde Asturias, recibimos y publicamos un excelente y necesario texto en estos tiempos sobre capitalismo y patriarcado, trabajo asalariado y trabajo doméstico, el 1° de mayo y el 8 de marzo, la lucha de clase y la lucha de género, desde una perspectiva revolucionaria, comunista. 

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 La Leonera Nº1. Contra el trabajo


CMYK básico


A propósito del 1 de Mayo y el 8 de Marzo



Hoy la mayoría de los explotados y explotadas vivimos la explotación y la opresión siempre hayan existido, que no pueda existir otra forma de vivir, de relacionarnos entre seres humanos. Vivimos nuestras desgracias como un destino terrible que nos ha tocado vivir. Eso hace que, actualmente, busquemos las soluciones en algo ajeno a nosotros mismos (las promesas de políticos o sindicalistas, la autoayuda, la secta de moda, el psiquiátra…).
Nadie o casi nadie se atreve a día de hoy a hablar de revolución, de transformación radical… a lo sumo se aspira a la consecución de pequeñas reformas o a la solución de tal o cual problema particular, al reconocimiento de alguna identidad ya sea nacional o de cualquier otro tipo. Nosotros, como explotados y oprimidos, no queremos que se reconozca nuestra identidad como trabajadores, queremos dejar de serlo, negar lo que nos niega. Hablar de revolución puede sonar extremista o utópico (y fuera de moda), sin embargo, extrema es la violencia que sufrimos cada día, extrema es la amenaza que pesa más y más cada día sobre la vida misma. La guerra contra la vida, conflicto que no tiene fronteras, y sea cual sea el punto del capitalismo en que vivamos, en cualquier lugar del mundo en que nos encontremos, por mucho que nos digan lo privilegiados o lo desafortunados que somos, todos y todas estamos heridos y marcados por ella. Lo utópico es pensar que esta catástrofe, este absurdo vital cotidiano pueda solucionarse con pequeños parches que solo sirven para continuar apuntalando este sistema.
Han hecho falta siglos de represión y de violencia para que los explotados y explotadas aceptemos sin más la explotación. Desde los cercamientos de tierras y el ordenamiento del trabajo reproductivo históricamente feminizado a la parcelación de nuestras vidas según horarios y obligaciones, nos lo han quitado todo: los lazos que nos permitían sentir en común, los medios para hacernos cargo de nuestras necesidades y responsabilidades. Nos han convertido en sumisas, en personas dependientes, sin sueños, encadenadas a insoportables rutinas de extenuación física y psicológica, de explotación, de aislamiento, de consumo y de obediencia.
Recientemente hemos asistido a una nueva conmemoración del Primero de Mayo, la festividad del trabajo. Que con el paso del tiempo este evento (como ha pasado también con tantos otros) haya sido despojado totalmente de su contenido, se haya convertido (por lo general) en una farsa, en un ritual vacío y aburrido, en una ofrenda a la servidumbre voluntaria, no debemos olvidar lo que está en el origen de su conmemoración: la lucha por la revolución social, la lucha contra el trabajo, el antagonismo con lo existente.
Ha pasado más de un siglo desde aquellos sucesos de 1886. Se argumentará que han cambiado mucho las cosas, pero lo cierto es que no han cambiado para nada en lo fundamental: seguimos perdiendo nuestras vidas trabajando, camino del puesto de trabajo, reponiendo nuestras energías para volver a la carga, buscando trabajo o formándonos para el trabajo. Si se ha conseguido que hablar de trabajo equivalga a hablar de actividad es gracias al triunfo de la ideología dominante; muestra hasta qué punto hemos interiorizado el lenguaje del amo. Sin embargo, “trabajo” es la forma que ha adquirido la actividad humana en el capitalismo, una forma que vuelve al ser humano mercancía y lo obliga a relacionarse con el resto de personas y de las cosas a través de mercancías. Pensemos que incluso nuestras relaciones más íntimas con otros individuos se conciben tambien de una forma muy similar al trabajo, como un intercambio de intereses.
Pese a las diversas alucinaciones cibernéticas o de otro tipo, el trabajo sigue siendo central en la sociedad capitalista. Es central para el Capital porque de él depende. El capitalismo necesita ponernos a trabajar para crear valor, su más valioso combustible. A los proletarios se nos obliga a vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir: nuestra actividad humana está secuestrada por la economía, que la separa de nosotros. Esto nos hace olvidar que de hecho somos nosotros los que reproducimos este mundo. El Capital es un monstruo hecho por el ser humano, y no un misterioso fantasma que flota sobre nuestras cabezas, fuera de nuestro alcance. La creencia generalizada de que las personas no pueden cambiar el mundo tiene su origen en esta separación. La sensación de sinsentido y la apatía también pueden rastrearse en el hecho de que nuestra actividad está separada de nosotros y vuelta en nuestra contra como una fuerza extraña.
Los hechos aparentemente más normales: que cada cual no disponga más que de su fuerza de trabajo; que, para vivir, deba venderla a una empresa, que todo sea mercancía, que las relaciones sociales giren alrededor del intercambio, todo esto no es de hecho más que el resultado de un proceso violento y prolongado.
Hoy la sociedad, por su enseñanza, su vida ideológica y política, enmascara las relaciones de fuerza y la violencia pasada y presente sobre la que se ha establecido esta situación. Disimula a la vez su origen y el mecanismo de su funcionamiento. Todo aparece como el resultado de un contrato libre en que el individuo, portador y vendedor de su fuerza de trabajo, encuentra la empresa. La existencia de la mercancía es presentada como el fenómeno más cómodo y natural posible.
Esta sociedad mercantil generalizada esconde que tuvo un inicio para ocultar que puede tener un final. El trabajo tal como lo conocemos, el valor, la mercancía, el Capital… son procesos recientes teniendo en cuenta la larga historia del ser humano sobre la Tierra.
El trabajo no sólo aparece como algo natural, sino incluso como algo que dignifica a quien lo realiza, pero quienes sufrimos la explotación (cuando no estamos completamente alienados y el trabajo se ha convertido en nuestra vida), sabemos que no es así. Para quienes lo sufrimos es en realidad una tortura, y no es casualidad que el origen etimológico de la palabra venga precisamente del tormento. Sabemos que el trabajo nos machaca, nos destroza el cuerpo y la mente hasta convertirnos en seres pasivos y obedientes. El trabajo es imposición, es actividad forzada. Lo peor de todo es que no se limita al marco de la empresa: desde que suena el despertador comienza la angustia, el transporte hacia el trabajo es muchas veces otra tortura añadida… es toda nuestra vida la que vendemos al trabajo.
Esto se ve claro también en la forma en que la medicina funciona, no para sanar, sino para que podamos seguir trabajando. ¿Cuántas compañeras se hinchan de ibuprofenos y otras mierdas para poder volver a trabajar después de una jornada que nos ha dejado dolores por todo el cuerpo?¡Cuánto dolor provocan estas condiciones de explotación que se intentan tapar con psicofármacos! ¡Cuánto dolor y sufrimiento cuando no se tiene la posibilidad de trabajar, puesto que nuestra supervivencia e incluso el “derecho” a vivir dependen del trabajo! ¡Cuánta misería no sólo material, sino de todo tipo provocan estas relaciones sociales de mierda! Eso por no hablar de las muertes y accidentes en el trabajo o camino al mismo, ni de cuántos de los suicidios están directa o indirectamente relacionados con el trabajo. A este conteo de cadáveres se debe añadir las víctimas de la contaminación y la adicción al alcohol y drogas inducida por el trabajo. Tanto el cáncer como las enfermedades cardíacas son aflicciones modernas cuyo orígen se puede rastrear, directa o indirectamente, hacia el trabajo. La destrucción del planeta, las incesantes guerras, que obligan a millones de personas a desplazarse arriesgando sus vidas, no se pueden separar tampoco del trabajo.
Cuando hablamos de abolir el trabajo no estamos defendiendo el ocio mercantil: el tiempo libre existe porque el tiempo de trabajo lo define, no se puede en ningún caso contraponer las dos esferas. El tiempo libre es “ausencia” de “trabajo” por el bien del trabajo. El tiempo libre es tiempo gastado en recobrarse del trabajo, en un frenético y angustioso (pero inútil) intento de olvidarse del trabajo.
La resistencia al trabajo es una forma de recuperar parte de la “humanidad” de la que nos priva el trabajo: por lo tanto, hace que nuestra jornada laboral sea menos alienante. Lejos de la cantinela moralizante con la que cada uno solemos justificar nuestras acciones en este sentido, la mayoría de la peña huye del trabajo como de la peste, trabaja a desgana, roba material o pequeños instantes a la tarea, se escaquea… Actitudes que por sí solas no son panacea de nada ni el banderín de enganche de la nueva revolución, pero que son hechos reales de resistencia al Capital, actitudes que señalan que no todo está perdido.
Todo esto que tratamos de explicar no quiere apuntar a que simplemente dejemos de trabajar mañana para comenzar a vivir: uno puede buscarse la vida para trabajar lo menos posible o incluso robar, saquear… y esto está bien, pero no resuelve el problema. El trabajo es un mal social, abolir el trabajo significa abolir las relaciones sociales capitalistas.
Nos venden que la culpa es de tal o cual gobierno, de la forma de distribuir los beneficios, como si esto fueran algunos pequeños defectos que pudieran corregirse, cuando son por el contrario esenciales al capitalismo.
Entonces, si hoy tenemos trabajo tenemos que estar agradecidos, y si no lo tenemos, el único horizonte posible es reclamar el derecho al trabajo, o mejores servicios sociales.
Los políticos de cualquier color prometen trabajo para todo el mundo, como si eso fuera posible, ¡por no hablar de si es deseable! Políticos y sindicalistas se han esforzado a lo largo de la historia por imponer a los proletarios más decididos programas de reformas, para canalizar las reivindicaciones hacia peticiones que no pongan en cuestión la raíz de todos esos problemas. ¡Hablan de “derecho al trabajo”! Si el trabajo fuera algo bueno, los ricos se lo hubieran guardado para ellos.
El trabajo es nuestra actividad separada de nosotros, convertida en algo que alimenta a la economía y nos domina. Y este proceso puede cambiarse porque somos nosotros los que lo alimentamos.


Vale, pero ¿qué pasa con el trabajo doméstico y la opresión patriarcal?



Poner en cuestión el trabajo, la explotación, significa poner en cuestión el capitalismo, significa poner en cuestión una relación social que es totalitaria y abarca todos los aspectos de nuestra existencia. Significa poner en cuestión el progreso, la democracia, el Estado y todas las categorías que nos separan y nos reducen a objetos. Significa luchar contra todas las separaciones.
Por eso queremos compartir aquí algunas reflexiones en torno a la opresión de las mujeres y sobre el paro que tuvo lugar el pasado 8 de marzo. Reflexiones que no pretenden cerrar el tema, sino que son una contribución a la necesidad de transformar esta realidad.
La violencia y la opresión que sufrimos las mujeres no se puede entender de forma aislada de todo esto. Y si bien no es lo mismo ser un adulto explotado en Suecia que un niño en una fábrica en China, ni una proletaria en Europa que una en una fabrica de bebés en la India; si bien, mujeres y hombres, niños y niñas, adultos o ancianos, blancos o negros, europeos o migrantes no vivimos exactamente las mismas condiciones de opresión y explotación, esto no debe hacernos olvidar que es la misma relación social capitalista la raíz de todas esas situaciones.
No vivimos en un mundo de dominaciones, donde el capitalismo sería una entre tantas… La acumulación de Capital es el corazón de nuestro mundo. La doble necesidad que tiene el proletario de venderse y el burgués de extraer el mayor valor posible de la fuerza de trabajo que ha comprado, esta doble necesidad no lo explica todo, pero sin ella no se puede entender nada.
Si bien el patriarcado es anterior al capitalismo, al contrario de lo que se suele entender, la dominación masculina no desaparece con el progreso sino que se intensifica con él. Es con el desarrollo del capitalismo cuando se intensifica la opresión específica sobre las mujeres, al mismo tiempo que se intensifica la violencia contra la vida en general. El capital subsume, y esto quiere decir que lo hace parte de su ser, las relaciones de dominación basadas en el sexo. De hecho, mientras se siga identificando la dominación masculina con algo atrasado que se solucionaría con el progreso, no seremos capaces de ver hasta qué punto el progreso es nocivo para la especie humana en general. Si las religiones tienen un papel importantísimo en el desarrollo de la subordinación de las mujeres, y en general de la explotación y de la dominación, ya desde los inicios del capitalismo la razón y el progreso se hicieron cargo de dar un fundamento de religiosidad científica a la supuesta inferioridad femenina. El progreso ha traído muchos avances en estas materias: así, actualmente los abortos selectivos de niñas son habituales en algunos países como China, y mujeres encerradas en fábricas de bebés en la India producen niños y niñas que se venden en el mercado gracias a las virtudes de la ciencia.
Si el espirítu racionalista soñaba (y sueña) con un mundo en que las mujeres y los hombres fueran iguales e intercambiables, es en tanto que necesitó explotarlos a ambos por igual, igualarlos en tanto que mercancía fuerza de trabajo. Sin embargo, como esto no siempre es posible en tanto que las mujeres son las que pueden parir, la familia se convirtió en pilar fundamental de la producción y la reproducción de las relaciones capitalistas y del Estado; según el momento histórico y las necesidades del Capital se exaltó bién al ángel del hogar o bien a la mujer ruda capaz de cargar con un martillo neumático, como en el mítico cartel: We can do it! Y sí, ha quedado demostrado, ¡podemos hacerlo! Incluso podemos hacerlo a tiempo parcial mientras seguimos asumiendo las tareas de reproducción, o incluso a jornada completa haciendo malabarismos, o asalariando a otros probablemente mujeres, seguramente migrantes que vienen, no por casualidad, a sustituir a otras mujeres en esa tarea, o que provéen de fuerza de trabajo más barata desde sus lugares de origen para suplir la falta de nacimientos, sea por imposibilidad (es decir, imposición); o por decisión surgida como rechazo a ese tipo particular de explotación.
La verdadera pregunta es si queremos ser tenidas en cuenta en la misma medida que los hombres, igualadas en el mercado, en un sistema que nos roba la vida y hace que nos relacionemos como objetos. Probablemente las burguesas sí deséen ser iguales a los varones de su clase, pero para las proletarias, como ya algunas compañeras teorizaron al calor de las luchas de los años 60-70 en Italia, la autonomía salarial es ser individuo para el capital, no menos en el caso de las mujeres que en el de los hombres. Quienes pretenden que la liberación de la mujer proletaria estriba en la posibilidad de encontrar trabajo fuera de casa, no están descubriendo más que una parte del problema, no la solución. La esclavitud en la cadena de montaje no es ninguna liberación de la esclavitud del fregadero de la cocina. Las mujeres deben redescubrir por completo sus posibilidades, que no son ni hacer calceta ni ser capitán de altura.
La misma crítica del trabajo que hemos estado apuntando es aplicable al trabajo doméstico de las mujeres. Si afirmamos que es trabajo y que es explotación es porque queremos liberarnos de esa esclavitud a la que se nos ha condenado históricamente. Sin embargo, no queda muy claro en algunos eslóganes, que más bien lo exaltan como algo positivo. Si históricamente el obrerismo y gran parte de quienes se dijeron revolucionarios exaltaron el trabajo en la fábrica, afirmaron la identidad obrera masculina (y musculada) como algo positivo, no podemos seguir cometiendo el mismo error. Entonces, si decimos “¡Eh! ¡Que nosotras también estamos siendo explotadas y en muchas ocasiones fuera y dentro del hogar!”, que sea para luchar por acabar con la explotación porque, ¿para qué nos sirve el reconocimiento? ¿El reconocimiento de quién?
Desde sus inicios, el capitalismo se encontró con una contradicción: necesita explotar a las mujeres como reproductoras de la fuerza de trabajo pero también, en ocasiones y según las necesidades del mercado, en el trabajo asalariado. Esta contradicción se ha ido salvando de diversas maneras, con la incorporación de mujeres en el mercado laboral, susituyendo a éstas por el trabajo de personas migrantes, mediante las dobles jornadas, asumiendo el Estado una parte de estas tareas en el llamado “Estado del bienestar”, etc. En períodos de crisis como el que vivimos, al igual que otras, éstas contradicciones se agudizan. Y si bien esta contradicción es insalvable para el capitalismo, y por ello no se puede poner fin a la opresión sobre las mujeres bajo el reinado del Capital, no es insalvable para los explotados y las explotadas si luchamos para dejar de serlo, y no para continuar reproduciendo este sistema.
Para los obreristas y muchos de los que se proclamaron revolucionarios, proletario era igual a obrero varón y la revolución consistía en trabajar más. Puesto que defendieron una supuesta revolución que no abolía ni el trabajo ni el valor, defendieron también que el trabajo liberaría a las mujeres. Los proletarios no pueden hacer de su rol una herramienta para emanciparse, porque este papel les es dado por el Capital. Así pues, su única arma radical es su potencial negativo: los proletarios sólo pueden ganar luchando contra sí mismos, es decir, contra lo que son forzados a hacer y ser como productores. Y esto es impensable si no negamos al mismo tiempo lo que somos forzados a hacer y ser en función de nuestro sexo en beneficio del Capital y del Estado.
El problema de muchos de los debates y problemas que están surgiendo también al interior del feminismo, por ejemplo, en torno al tema de la prostitución, parte también de la falta de reapropiación de esta crítica del trabajo que ha elaborado nuestra clase en su conjunto, de todas las razas y de ambos sexos, a base de derrotas. Se debate acerca de si la prostitución es un trabajo o no lo es, partiendo unas del trabajo como algo positivo y reivindicable y otras de negarlo como trabajo en base a que se considera algo degradante, cuando el trabajo es sinónimo de degradación. Y si bien hay trabajos más degradantes que otros, esto no puede hacernos perder de vista (como ya hemos desarrollado) que lo necesario es abolir todos los trabajos. La clave para acabar con estas falsas dicotomías es la crítica del trabajo como prostitución.
Tampoco se puede esperar ninguna tranformación social pidiendo al Estado, que sólo puede poner parches a los problemas que él mismo genera. Este sistema se nos presenta como fragmentado, pero no se puede separar el Estado del Capital, ni de las relaciones patriarcales. Son parte de una totalidad. Entonces, cuando pedimos al Estado, por ejemplo, una educación no sexista, ¿no estamos pidiendo peras al olmo? ¡Como si la escuela pudiera ser una burbuja que no fuese penetrada por el resto de relaciones que la rodean, como si no fuese un pilar para sostener estas relaciones, para deformarnos como futuros explotados y explotadas serviles a este sistema que es en sí sexista!
El 8M se pudo escuchar también algo distinto a la mayoritaria atmósfera de recuperación estatal, una consigna brutal, hermosa y potente: yo sí te creo. Se alzaban miles de voces para decir: tranquila, hermana, aquí está tu manada. Y ahí, en esas voces cargadas de rabia y de dolor encontramos una fuerza distinta, distinta porque parte de una solidaridad directa por fuera y contra el Estado.
Necesitamos urgentemente dejar de ser violadas, golpeadas, tratadas como cuerpos-objetos y queremos luchar contra ello en lo inmediato. Pero necesitamos urgentemente superar de raíz este estado de cosas, por eso no podemos esperar que las mismas instituciones que son el origen de estos problemas nos aporten las soluciones. Por eso necesitamos tejer lazos por fuera y contra del Estado y de la política, para apoyarnos y defendernos de las agresiones, pero también para profundizar en el contenido de las luchas, y que éstas no sean recuperadas de forma que terminemos remando en contra de nuestra propia emancipación.
No se trata de esperar a un mañana revolucionario que llegará del cielo dentro de 500 años, se trata de lo que hacemos hoy para luchar contra estas condiciones que nos ha tocado vivir. Es necesario también luchar contra esa separación entre nuestras necesidades inmediatas y la urgente necesidad de revolución social. El Estado va a tratar siempre de canalizar todas las luchas que surgen de nuestras necesidades hacia reformas, que no hacen más que perpetuar el problema, y todo lo que hacemos ahora va en una u otra dirección.
No queremos cadenas más largas, queremos destruir este mundo que nos aprisiona. Y sólo mientras luchamos por destruirlo podremos generar unas relaciones humanas que no nos dañen, eso sí con mucha lucha de por medio, pero mejor eso que la pasividad y el aislamiento, mejor eso que seguir reproduciendo la enorme suciedad que es esta sociedad.

12 de junio de 2018

"El Trabajo es un Crimen" - Herman Schuurman (Holanda, 1924)

El trabajo es un crimen - Herman J. Schuurman, seguido de El grupo De Moker. La juventud rebelde en el movimiento libertario holandés de los locos años 20 - Els Van Daele [Libro]

Fuente y descarga: http://boletinlaovejanegra.blogspot.com.ar/…/dos-nuevos-lib…

De Moker, ppruiend blad voor jonge arbeiders (El Mazo, periódico de agitación para jóvenes trabajadores) fue publicado entre 1923 y1928 desde Holanda. Uno de sus fundadores redactó El trabajo es un crimen. Mientras participaban en todas las luchas contra el capitalismo vigente y el militarismo, dirigieron su crítica hacia los partidos y sindicatos, a los cuales veían más como un freno que un estímulo.

* * *
«El trabajo destruye la vida.
Si lo comprendemos bien, nuestra vida tomará otro sentido. Si sentimos en nosotros mismos ese impulso creador, se expresará a través de la destrucción de este sistema cobarde y criminal. Y si, por las circunstancias, debemos trabajar para no morir de hambre, hace falta que a través de este trabajo, contribuyamos al hundimiento del capitalismo. 
¡Si no trabajamos por el hundimiento del capitalismo, trabajamos por el hundimiento de la humanidad!
He ahí el porqué nosotros vamos a sabotear conscientemente cada empresa capitalista. Cada patrón sufrirá pérdidas a causa de nosotros. Allí, donde nosotros, jóvenes rebeldes, seamos obligados a trabajar, las materias primas, las máquinas y los productos serán obligatoriamente puestos fuera de funcionamiento. Saltarán a cada instante los dientes del engranaje, los cuchillos y las tijeras volarán en pedazos, las herramientas más indispensables desaparecerán de la vista —nos enseñaremos los unos a los otros las formas y maneras de hacerlo—. No queremos ser destruidos por el capitalismo: por eso el capitalismo debe ser destruido por nosotros.»

5 de junio de 2018

LA ROJINEGRA EDICIONES. A modo de Presentación


Proyecto anarco-editorial cartonero, hecho con cabeza y mano propias, desde Kito-Ecuador para el mundo entero. Nuestra propuesta es 1 rizoma-trinche de 3 LÍNEAS DE PUBLICACIONES: POESÍA (EN ESPECIAL, POESÍA MALDITA), ANTIPSIQUIATRÍA & TEORÍA SOCIAL REVOLUCIONARIA. En diferentes formatos y presentaciones: desde fanzines hasta libros (muy artesanales), y a precios muy accesibles (de vez en cuando también aceptamos trueques). Feriamos en recitales, ferias de libros y fanzines, festivales y tokatas.

Hemos venido trabajando de manera informal, silenciosa y anónima desde hace aproximadamente unos 3 años, pero es en mayo de 2018 que decidimos lanzar nuestra primera publicación como La RojiNegra Ediciones: LA VOZ DEL POETARIADO. UNA ANTOLOGÍA DE POESÍA PROLETARIA HISTÓRICO-MUNDIAL. Varios Autores (cuaderno rojo). La cual lanzamos, a su vez, en el recital homónimo que organizamos por el 1° de Mayo.

Además contamos con MÁS DE 30 TÍTULOS DE OTROS AUTORES Y OTROS TEMAS dentro de las 3 líneas editoriales arriba mencionadas: “CUADERNOS DE NEGACIÓN” (revista – de Argentina), en la línea de teoría social revolucionaria; “ENAJENADXS” (fanzine – de España), en la línea antipsiquiátrica; y, en la línea poética, desde Rimbaud y Baudelaire hasta Panero y Chaparro Madiedo, pasando por Artaud, Bucowski, Parra, Bolaño, Papasquiaro, Dalton, Xu Lizhi, así como también Eluard, Huidobro, Dávila Andrade, Jara Idrovo, Héctor Cisneros (“el poeta de la lleca”) Y MUCHOS OTROS.

Si estás interesadx en adquirir alguna de nuestras publicaciones o en cooperar en proyectos afines, contáctanos a través de nuestro correo electrónico o de nuestra página en Facebook y dialogaremos con gusto.

¡Salud y Autoliberación!

La RojiNegra Ediciones
larojinegraediciones@riseup.net
Kito, 29 de mayo de 2018




















Nota de Un Proletario: "Es un muerto que no para de nacer"