17 de mayo de 2023

[Ecuador] Juicio político y "muerte cruzada": pugna interburguesa y dictadura democrática del Capital. Se avecina una nueva revuelta

 
El juicio político contra el presidente banquero Lasso que tuvo lugar antes de ayer, 16 de mayo de 2023, en la Asamblea Nacional del Ecuador no es más que una pugna interburguesa y una pantomima democrática: una nueva pelea entre patrones, sus políticos y sus abogados para adueñarse del botín del Estado y del botín del petróleo (ej. FLOPEC), arguyendo que lo hacen "en beneficio del pueblo". Porque el Estado ecuatoriano depende principalmente de la renta petrolera. Entonces, el fondo de este problema en realidad no es político, legal ni mucho menos "moral", sino que es un conflicto de intereses económicos o materiales entre diferentes fracciones de la clase capitalista de este país, en estos tiempos de crisis generalizada, que se está resolviendo bajo una forma política.
 
Por su parte, la izquierda del Capital de todos los colores (verdeflex, arcoíris y rojiamarilla) que, de manera ilusa y oportunista, apoyó el juicio político y dijo estar "vigilante" desde la vereda, también forma parte de esta pugna interburguesa y pantomima propia de la democracia sin comillas, a la cual además dice "defender". Decimos sin comillas, porque la democracia en realidad es la dictadura invisibilizada y normalizada del Capital y su Estado sobre el proletariado. Dictadura democrático-burguesa, entonces, en la que derecha e izquierda no son contrarias, sino complementarias, alternantes... y cómplices, así la izquierda diga lo contrario, tanto dentro como fuera de la Asamblea Nacional. La "muerte cruzada" decretada democrática y legalmente por el derechista Lasso el día de ayer, 17 de mayo de 2023, también demuestra en los hechos y una vez más que la democracia es la dictadura de la burguesía.
 
Por lo tanto, ni juicio político ni "muerte cruzada": no hay nada que apoyar por parte de la clase trabajadora que habita la región ecuatoriana, quien todavía es la gran perdedora y la gran ausente en toda esta situación, porque sus condiciones materiales de existencia se han empeorado, pero al mismo tiempo porque su conflictividad también ha bajado. Sin embargo, cuando ésta aparezca en escena lo hará por otros motivos, con sus propias reivindicaciones y sus propios métodos de lucha. Siendo entonces posible que patee el asqueroso tablero de ajedrez político de la clase dominante y su séquito.
 
Posible escenario "pesimista" en un futuro inmediato: puesto que Lasso ya activó la "muerte cruzada" (Decreto Ejecutivo 741) para no ser destituido de su cargo, con lo cual se convierte prácticamente en dictador civil con el apoyo de las Fuerzas Armadas y la policía, eso podría detonar un nuevo Paro Nacional o revuelta popular en los próximos 6 meses, misma que quizás podría "salirse de control", no sólo al Estado sino a la izquierda, hasta llegar a ser una huelga general e insurreccional. Decimos quizás, porque las condiciones aún no están dadas para ello, pero podría haber sorpresas. Más bien, dado que la burguesía ya se ha blindado, armado y anticipado con sus últimos Decretos Ejecutivos 707 (libre porte de armas) y 730 (militarización del Estado), eso también podría terminar en una masacre de la clase trabajadora que se levante. Masacre cometida no sólo por policías y militares, sino también por paramilitares y sicarios de las bandas de narcotraficantes. Por desgracia, tal como están las cosas de graves en el país, ésto último podría ser lo más probable en tal escenario. Sea como fuere, el futuro es incierto... y turbio.
 
A lo mejor podría darse una revuelta masiva parecida a la que ocurrió hace unos meses en Perú, con la obvia diferencia de que no sería para defender al presidente destituido por el poder legislativo, sino para presionar que se vaya y lo reemplace otro: ya no el actual vicepresidente Borrero, sino... ¿Nebot, Correa o Iza? En cualquier caso, todo seguiría girando alrededor del Estado capitalista y su sistema político-electoral, mientras que los proletarios de todas las "razas" lanzados a las calles seguirían siendo carne de cañón y luego de urna en la pugna interburguesa.
 
Excepto y sólo excepto si es que acontece un desbordamiento de ese posible estallido social, en el cual el proletariado comience a actuar como clase autónoma y antagonista. Lamentablemente, eso no ha pasado en las últimas revueltas, al menos aquí en Ecuador. Y es probable que tampoco ocurra en una nueva revuelta, pero en cambio podría ser su "caldo de cultivo". Porque para ello aún falta más golpes del enemigo (ej. una nueva reforma laboral), batallas y derrotas aleccionadoras como clase; así como también, más rupturas, saltos, "nuevos actores" y sorpresas.
 
Por ejemplo, si es que los trabajadores petroleros de aquí siguiesen el ejemplo de acción directa y autoorganización de los trabajadores petroleros de Irán, haciendo huelgas y tomas a mano propia, porque sólo ellos pueden hacerlo. Lo mismo los trabajadores de los demás sectores estratégicos de la economía. Eso sí sería golpearle al Capital y al Estado donde realmente les duele: en el terreno de la producción de valor y en su tasa de ganancia. Ahí es donde realmente radica y se juega el poder de clase, no en el Palacio de Carondelet ni en la Asamblea Nacional. Todo lo demás es andarse por las ramas. Lo cual no quiere decir que los demás sectores de la clase trabajadora no salgan a luchar. Tienen que hacerlo. Y lo van a hacer, más aún si este gobierno decreta una nueva reforma laboral, tal como ya lo ha anunciado aprovechando la "muerte cruzada". Pero sobre todo, nuestra clase tiene que aprender al calor de sus luchas para no volver a cometer los mismos errores, sino para avanzar o dar saltos hacia adelante.
 
Ahora bien, por más análisis críticos y llamamientos a la acción que hoy hagan las diferentes organizaciones de izquierda (y ultraizquierda) de esta región contra el gobierno del banquero sociópata Lasso, sólo el mismo desarrollo impersonal y contradictorio de la crisis capitalista y la lucha de clases real tendrán la última palabra. Si salimos a las calles a luchar por nuestras vidas y nos juntamos con otros, será como unos nadies más, a hacer lo que se pueda hacer y a aprender lo que se tenga que aprender para próximas batallas como clase. Teniendo siempre presente que la solidaridad, la autoorganización y la acción directa de masas son nuestras mejores armas.
 
Quito, 18 de mayo de 2023

9 de mayo de 2023

4 horas para «trabajar», 8 horas para dormir, 12 horas para hacer lo que queramos

Sí, palabras más palabras menos que Marx[1] y los críticos del valor[2], este era en realidad el «programa» de lucha de los proletarios comunistas-anarquistas internacionalistas que pasaron a la historia como «los mártires de Chicago».

Se sabe que estos compañeros históricos lucharon y fueron asesinados por la reducción de la jornada de trabajo a 8 horas diarias –conquista que nuestra clase logró unos años después–, así como también que en sus periódicos ya agitaban públicamente la consigna táctica para ese entonces: «8 horas para trabajar, 8 horas para dormir, 8 horas para hacer lo que queramos».

Pero, para sorpresa de algunos, el fragmento del discurso de Michael Schwab frente a los jueces que lo condenaron a muerte en 1886, que compartimos en la 2da imagen, dice con claridad meridiana y visionaria o adelantada para su época:

«Cuatro horas de trabajo cada día serían suficientes para producir todo lo necesario para una vida confortable, con arreglo a las estadísticas. Sobraría, pues, tiempo para dedicarse a las ciencias y al arte.»[3]

De allí que la 1ra imagen que compartimos no sea tanto la actualización cuanto la reivindicación del «programa» revolucionario original de Chicago del 86:

4 horas para trabajar, 8 horas para dormir, 12 horas para hacer lo que queramos.

Si esto ya era parcialmente posible en esa época, hoy en día lo es totalmente, sobre todo gracias al grado de desarrollo que han alcanzado las fuerzas productivas del propio capitalismo, en especial la tecnología (ej. la automatización y la inteligencia artificial). Porque a mayor tecnología puesta en la producción, menor trabajo humano o vivo puesto en la misma. Lo cual, bajo las condiciones del modo de producción capitalista, le genera a éste una crisis estructural e histórica, a causa de que sólo la explotación del trabajo vivo o humano produce valor que se valoriza o capital; al mismo tiempo que millones de proletarios desempleados y miserables en todos lados, con la violenta descomposición social que ello acarrea (ej. el narcotráfico).

Por lo tanto, la condición material imprescindible para «virar la tortilla» con respecto a la tecnología, la jornada de trabajo y la vida en sociedad es la apropiación/transformación de la tecnología y de todos los demás medios de producción por parte de los proletarios. Mas no para «autogestionar» la producción mercantil capitalista y seguir siendo proletarios, sino para dejar de serlo, satisfacer las necesidades colectivas sin intermediación del mercado ni del Estado, y crear las condiciones materiales de una vida plena y libre en Comunidad humana real que, a su vez, esté en equilibrio con –no contra ni sobre– la naturaleza.

Todo esto es lo que realmente significa la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado, que siempre hemos planteado y seguimos planteando los comunistas y anarquistas revolucionarios. En la nueva sociedad sin explotadores ni explotados, el «trabajo», tal como hoy lo conocemos, ya no sería tal, sino que sería la actividad productiva inseparable de, y no más importante que, el resto de actividades humanas (hacer «arte» y «ciencia», comunicarse, cuidar, enseñar/aprender, jugar, descansar, disfrutar de lo producido, etc.).

Lo dicho sólo puede ser el fruto agridulce de la lucha de clases a escala histórico-mundial hasta la abolición de la sociedad de clases. Sin duda, aquello será –parafraseando a Marx– una larga guerra civil en la que, por la fuerza de los hechos, se transformarán las circunstancias y los hombres, en sus formas de hacer, de pensar y de hablar.

En otras palabras, sólo un proceso histórico tan contundente y trastocador puede crear las llamadas «condiciones objetivas» y «condiciones subjetivas» para la revolución comunista mundial, como si de un terremoto social se tratase. Y –también parafraseando a Marx– sólo una revolución comunista en masa puede producir una conciencia comunista en masa.

Mientras tanto, las mejores armas estratégicas del proletariado revolucionario para lograrlo son y serán la solidaridad, la autoorganización (por fuera y en contra de sindicatos y partidos) y la acción directa (ej. la huelga general), principalmente en el terreno de la producción y la reproducción social, al calor de nuevas revueltas que devengan insurrección y comunización de todo lo existente. De lo contrario, como demuestra la experiencia de los últimos años, las revueltas degeneran en restauración del orden capitalista y estatal.

Sea como fuere, a la larga el capitalismo y la condición proletaria ya no serán sostenibles, paradójicamente en esta época de «subsunción real» (Marx) o «dominación real» (Camatte) del Capital sobre el trabajo, la sociedad y la vida cotidiana o de máximo grado de su progreso catastrófico. Sí, el mayor éxito del capitalismo es también su mayor fracaso. Pero, no se morirá por sí solo. Hay que darle muerte y sepultarlo de manera revolucionaria antes de que nos extinga como especie. La lucha de clases global en curso tiene la palabra final.

En última instancia, la lucha de clases es fundamentalmente la lucha por el tiempo. El capitalismo lucha por aumentar y usufructuar el tiempo de trabajo, específicamente el tiempo de trabajo excedente, ya que es ahí donde la clase trabajadora o explotada produce el valor excedente o plusvalor que luego se convierte en ganancia sólo para la clase capitalista o explotadora. Más en el fondo aún, de acuerdo con Postone y Jappe, el capitalismo es la dominación social del tiempo sobre la vida: del tiempo en tanto «abstracción real» y construcción social para la enajenación, mercantilización y valorización de la vida, mediante la propiedad privada, el trabajo y el dinero.

De manera antagónica a ello, el comunismo lucha por tiempo libre y concreto para la actividad creadora, el desarrollo multidimensional y el cultivo de nuevas relaciones humanas por parte de todos los individuos libremente asociados como tales. «El comunismo es tiempo libre y nada más.»[4] Entendiendo por comunismo el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual; y, la sociedad mundial sin clases ni Estado ni mercado que ha de resultar de aquel movimiento histórico. 

Por eso, como brillantemente sostuvo Rosa Luxemburgo a contracorriente de los capitalistas y los reformistas por igual: «frente a vuestras miserias, lo mínimo que queremos es comunismo.»

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Notas: 

[1] «A medida que se desarrolla la gran industria, la creación de la riqueza efectiva depende menos del tiempo de trabajo y del quantum de trabajo empleados, que de la potencia de los agentes puestos en movimiento en el curso del tiem­po de trabajo, potencia que a su vez —su powerful effectiveness— no guarda relación alguna con el tiempo de trabajo inme­diato que cuesta su producción, sino que depende más bien del es­tado general de la ciencia y del progreso de la tecnología, o de la aplicación de esta ciencia a la producción.
La riqueza efectiva se manifiesta más bien —y esto lo revela la gran industria— en la extraordinaria desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, así como en la discordancia cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracción, y la fuerza del proceso de producción controlado por aquél. No es tanto el trabajo el que aparece como incluido en el proceso de producción, sino el hombre más bien que se comporta como supervisor y regulador del proceso de producción mismo. […] El robo del tiempo de trabajo ajeno, sobre el cual se funda la riqueza actual, aparece como una base fundamental miserable comparada con aquella, nuevamente desarrollada, creada por la gran industria misma.
En tanto que el trabajo en su forma inmediata ha cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja necesariamente de ser su medida y, por tanto, el valor de cambio deja de ser la medida del valor de uso. El plus-trabajo de la masa ha dejado de ser la condición del desarrollo de la riqueza general, así como el no-trabajo de algunos ha cesado de ser la condición del desarrollo de los poderes universales del intelecto humano [der allgemeinen Mächte des menschlichen Kopfes]. Esto significa el derrumbe de la pro­ducción fundada en el valor de cambio, y el proceso de producción material inmediato pierde él mismo la forma de la nece­sidad apremiante y de la contradicción.
Es el libre desarrollo de las individualidades, donde no se reduce entonces el tiempo de tra­bajo necesario con miras a poner plus-trabajo, sino donde se reduce el trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al que corresponde la formación artística, científica, etc., de los individuos gracias al tiempo liberado y a los medios creados para todos ellos.
El capital mismo es la contradicción en proceso, por el hecho de que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que por otra parte pone el tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza. [...]
Las fuerzas producti­vas y las relaciones sociales —unas y otras siendo aspectos diferentes del desarrollo del individuo social— no aparecen al capital sino únicamente como medios, y no son para él más que medios para pro­ducir fundándose en la base limitada que es la suya. Pero, in fact, ellas constitu­yen las condiciones materiales para hacer saltar por los aires esta base.»
(K. Marx (1857-58). Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política [Grundrisse Fragmento sobre las máquinas])
 

[3] Se puede leer su discurso completo en Ricardo Mella (1889). La Tragedia de Chicago.