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26 de junio de 2020

¡Termínalo!

Fever. Editorial # 3. Junio de 2020


“No puedo respirar”. Ninguna frase podría haber resumido mejor la situación que el proletariado en EE.UU. ha estado atravesando desde el comienzo de la pandemia. Pronunciada por George Floyd cuando un policía lo estaba asfixiando hasta la muerte, se convirtió en la expresión de una revuelta que se ha extendido por todo Estados Unidos en menos de una semana.
No hay indignación suficiente para abolir la policía. Ni caridad para acabar con el hambre. Ninguna ley puede poner fin a este orden social. Así que el movimiento no preguntó. Los insurgentes usaron la fuerza/ Los incontrolados usaron la fuerza. Quemaron la comisaría del policía asesino. Saquearon supermercados por todas partes. ¡Los medios de comunicación nos insultan –la gente dijo –, vamos a quemar la CNN! ¡La policía nos oprime, hagámosles huir!
Lo que ayer parecía impensable, hoy se ha convertido en posible. El fin del racismo, del dinero, del Estado. El fin del capital y de esta odiosa sociedad de clases, con toda la miseria y la opresión que conlleva. Las posibilidades son vertiginosas. Pero el miedo, también, puede empezar a arraigar. Miedo al caos, miedo a la guerra civil. Este miedo es un mal consejero. Este miedo es sobre el que se construye el poder/ el estado, lo que frena el primer reflejo de intervenir cuando un policía está al borde del asesinato. Y tiene sentido si estás solo.
Hoy es el turno de los propietarios de tener miedo. Míralos, jurando acabar con el racismo con las manos en el corazón. No tienen nada que vender más que una mentira liberal. La mentira del “justo” acceso al sueño americano: la libertad de enriquecerse a costa de otros. Para hacernos creer que merecemos ser perdedores, que es nuestra culpa si somos pobres. Y los trabajadores pierden sus vidas mientras que los pocos ricos ganan tiempo.
Así que tengamos cuidado. Este discurso, que ya escuchamos en los levantamientos de Chile, el Líbano o Irak, que dice ser “realista” y se limita a sí mismo pidiendo algunas reformas, cambios en la policía, más cupones de alimentos, mejor representación, supone la derrota. Derrota supone poner al movimiento al servicio de un político democrático. Derrota supone creer en las promesas vacías de estos bastardos que negocian y llaman a la calma, pretendiendo que se preocupan por nuestra comunidad lo primero. No podemos estar de acuerdo con los izquierdistas de EE.UU. que dicen que la lucha contra el racismo sólo concierne a los negros. El racismo ayuda a mantener la explotación y la división entre los oprimidos, y contribuye a la perpetuación del capitalismo. Los fascistas mienten cuando dicen defender a los “trabajadores blancos”: defienden a los propietarios.
Negro, marrón, blanco… Los proletarios de todos los orígenes tienen más en común entre ellos que con la burguesía, y lo demuestran codo con codo en las barricadas. Las maquinaciones políticas que dividen la lucha, para organizar negociaciones separadas y finalmente para aplastar a los proletarios, deben ser tomadas como lo que son: intentos desesperados de extinguir el levantamiento.
Pero otros han dejado de esperar en vano y están tomando medidas. Los que no tienen nada y luchan por todos. Manifestantes, alborotadores, saqueadores, todos a la vez o según el temperamento y la oportunidad, pero habiendo tomado el mismo lado, el de la unidad en la lucha. En la lucha esto es lo importante, más allá del papel que pueda jugar esta o aquella facción del movimiento.
La puesta en común de los frutos del saqueo es una crítica a este mundo de privación y explotación y, al mismo tiempo, la formulación de la posibilidad de una nueva relación social. El combate callejero no puede ser suficiente sin gente que lo apoye. Y este es el mundo del que hablábamos cuando alguien escribió que “lo que ayer era impensable ahora es posible”… Millones de personas han dejado de pagar el alquiler, las facturas, vendiendo su fuerza de trabajo por migajas. No pagar por nada, organizarse y defender estas prácticas: nada de esto es ajeno al movimiento.

Lo que queda es este monstruo para ser derribado. El Estado. La máquina de guerra global de los EE.UU., su policía, el ejército y las milicias, a la que combatir y neutralizar de un solo golpe.

Es un largo camino por recorrer, pero la revolución global es posible. Incluso, puede que estemos a punto de comenzarla.
FEVER es una herramienta en tus manos, un lugar de intercambio entre Chile, Hong Kong, Líbano, y cualquier otro lugar donde las llamas manden a los policías a correr. Queremos comprometernos con este movimiento en su cotidiano y proponemos algunas preguntas para reflexionar en los próximos días.

1. ¿Cómo han alimentado la crisis, el encierro y la política sanitaria las condiciones de descontento de la clase obrera local?
2. ¿Cuál es la conexión entre la ola de huelgas salvajes durante la pandemia y el levantamiento?
3. ¿Cómo relaciona la gente la lucha contra el racismo con la lucha como clase?
4. ¿Qué armas y tácticas han utilizado los manifestantes para tomar las calles y las tiendas frente a la policía?
5. ¿Por cuánto tiempo se pueden mantener los levantamientos a través de los supermercados locales, el sistema de logística y la producción de alimentos locales?
6. ¿Cuál es la relación entre el levantamiento y los trabajadores que hacen posible esta producción y distribución?
7. ¿Cómo hacen los trabajadores posibles los suministros militares, las armas y el transporte y qué poder tienen para frenar la intervención del ejército y la Guardia Nacional?
8. ¿Qué signos hay de negativas, divisiones y motines dentro de las fuerzas armadas?
9. Los trabajadores de las plataformas, como los conductores de Uber, han desaparecido de las calles. ¿Cuál es su relación con el levantamiento?
10. ¿Cuáles son las posibilidades de extender el levantamiento desde las calles a la economía capitalista, como por ejemplo con bloqueos, huelgas y otras formas de acción en el lugar de trabajo?
11. ¿Cuántos han sido arrestados? ¿Cuál es el nivel de apoyo a presos y cuáles son sus condiciones?

Animamos a la gente del movimiento a ponerse en contacto de forma anónima y confidencial para contribuir con FEVER y a ayudar a hacer circular las noticias y los análisis de la lucha mundial en el marco de COVID-19 enviándonos un correo electrónico a través del sitio web o un mensaje a través de nuestras cuentas de medios sociales.

Textos para entender la actual revuelta en EE.UU.


•Desde EEUU, en español:
-Minneapolis: ahora esta lucha tiene dos lados - CrimethInc
- SOBRE MINNEAPOLIS: BRUTALIDAD POLICIAL Y LUCHA DE CLASES
Intransigence, Internationalist Worker´s Group y Klasbatalo. Junio 2020

•Panfletos Anónimos
-¡Viva la revuelta!
http://panfletossubversivos.blogspot.com/…/viva-la-revuelta…
-George Floyd: De como el asesinato de un proletarios negro deja entrever el holograma en el que estamos hundidos

•Sobre las anteriores revueltas en Ferguson, Oakland y la historia de EEUU:
-Revista «Ellos No Pueden Parar la Revuelta» #4
Guerra de clases con forma racial (2017)
https://www.facebook.com/DICOMANAR/posts/916779272068628
-Video-Panfleto: Guerra de Clases en las entrañas de la Bestia - (2017)
https://www.youtube.com/watch?v=2W9x2U9HO5w
-¡Arriba parias de la Tierra! -La Oveja Negra (2015) 

http://boletinlaovejanegra.blogspot.com/…/arriba-parias-de-…
•Revuelta de Watts (1965)
-La decadencia y caída de la economía espectacular-mercantil
Guy E. Debord. Internationale Situationniste nro. 10, marzo de 1966
Traducción: Luis Andrés Bredlow
https://edicionesmariposasdelcaos.blogspot.com/…/ediciones-…
-La rabia «negra» ha sacudido los pilares podridos de la «civilización» burguesa y democrática.
Amadeo Bordiga. Il Programma Comunista, 10 de septiembre de 1965
Traducción: Barbaria
http://barbaria.net/…/la-rabia-negra-ha-sacudido-los-pilar…/

• Es el capital quien nos impide respirar
Grupo Barbaria
8 junio de 2020, España
• Esto ya comenzó: es la guerra de clases
Vamos Hacia la Vida
8 de junio de 2020, Chile.
• Al movimiento anarquista y a quienes participan en la lucha en Estados Unidos
a toda persona que esté en las calles luchando contra el racismo y la autoridad.
Federación Anarquista (Grecia) Junio de 2020

• Revuelta mundial contra la policía
Vamos Hacia la Vida
25/06/2020, Chile


6 de junio de 2020

[EE.UU.] ¡Viva la Revuelta!


Tras otra noche de revuelta en las calles de Estados Unidos por el asesinato de George Floyd, el presidente Trump desde un bunker en la Casa Blanca anuncia que designará a “Antifa” como organización terrorista. Este señalamiento busca a encuadrar a un movimiento (sin mayúsculas) espontáneo y multiforme en una Organización, asignándole no solo una ideología sino también un funcionamiento jerárquico y acorde a las lógicas estatales.

Una vez más, el terrorismo es utilizado como coartada para la criminalización de amplios sectores en lucha, que a su vez exceden completamente al “antifascismo”. Pero además de denunciar y luchar contra la avanzada represiva que esto significa, es necesario rechazar la polarización que se busca instalar en el seno de la lucha.

La falsa elección entre la economía y la vida impuesta a partir del Covid-19 hizo resurgir la clásica polarización burguesa entre liberalismo económico e intervencionismo estatal. Esta última, a su vez, se ha codificado de diferentes formas según la región. Generalmente como progresismo y derecha, e incluso llegando a hablar de fascismo, como en Brasil y Estados Unidos. No vemos ninguna casualidad en que se apele al antifascismo como canalización de una revuelta que no pueden controlar.

Si bien el antifascismo callejero (el Antifa), de tipo pandillero que enfrenta a las bandas neonazis, común en Estados Unidos y Europa no es el antifascismo estatista y militar (de “los buenos”) de los 30 del siglo pasado, sí es su heredero. Los victoriosos defensores del antifascismo oficial asesinaron trabajadores y violaron masivamente mujeres durante la Segunda Guerra Mundial. Y directamente formaron parte de los gobiernos vencedores que, en nombre de la lucha contra el fascismo, sometieron a tantos y tantos países a un régimen capitalista democrático donde ya no se debería protestar porque supuestamente somos libres y estaríamos peor si hubieran ganado los otros.

Fascismo y democracia han sido siempre sistemas políticos complementarios al servicio de los intereses de los ricos. Cuando la democracia no puede contener las luchas de los explotados y oprimidos, o simplemente para mantenernos a raya, el Capital recurre a formas más brutales. Hoy, esos métodos que se suponen son privativos de los fascistas forman parte de cualquier gobierno que se declara libre y antifascista, que por su parte son abiertamente totalitarios: asesinatos como el de George Floyd o los millones de muertos a manos de la policía de todos los países, el trabajo esclavo como complemento necesario del mercado laboral, y el disciplinamiento en escuelas, cárceles y manicomios. Así y todo, ningún presidente se dice fascista ¡sino todo lo contrario!

Ahora que la democracia ha devenido en control totalitario de la vida social, el fascismo como sistema de dominación ha perdido su sentido. Claro que sigue habiendo nazis y fascistas pero no son los que mueven los hilos, son un problema de la calle y deben ser combatidos en ella día a día. Pero el antifascismo como opción política es una farsa. Hoy como ayer solo sirve para hermanar a oprimidos y opresores, explotadores y explotados, gobernantes y gobernados. En nombre del antifascismo se nos llama a unirnos a los genocidas de hoy: los gobernantes progresistas o de izquierda de cualquier país, que también tienen las manos manchadas con sangre. O con los herederos del estalinismo y el maoísmo genocida.

El problema no es la derecha o la izquierda. Es el capitalismo, es la democracia. No hace falta unirse al frente antifascista para combatir a los fascistas. Lo que nos une es la acción común en todas partes contra lo que nos explota y nos oprime, contra la raíz del problema: la propiedad privada, el dinero y el Estado.

En las calles de Estados Unidos se mezclan proletarios negros, junto con blancos y latinos. Han desafiado la opresiva cotidianidad en menos de una semana. Querer arrogar esto a un solo movimiento como hace Trump y su séquito, o querer como su oposición sacar una tajada por estas declaraciones, expresa lo común que tienen de mentalidad política estas dos fracciones que están enfrentadas, pero solo en cómo gestionar este mundo mercantil.

¡Que ni Trump ni los verdugos de ninguna parte del mundo nos marquen los objetivos y desarrollos de nuestras luchas!
¡Terrorista es el Estado!

Anónimo
1 de junio de 2020


Traducciones:

1 de septiembre de 2014

[EE.UU.] Sobre la revuelta de Ferguson


N. del. E.: Aunque no compartimos cierta terminología usada por el autor del siguiente artículo ("población negra" y "clase obrera" por separado, "jerarquía racial", "supremacía blanca", "capitalismo neoliberal", "indignación", "momento político", "insurrección", etc.), lo publicamos porque consideramos que, además de toda la información y reflexión interesantes que presenta, el núcleo de su análisis está en lo correcto y es el que más se aproxima a nuestro análisis: los recientes hechos de Ferguson-EE.UU. demuestran que el racismo institucional y la brutalidad policial no son "accidentes" ni "excesos", sino que el capitalismo mundial es racista y violento por naturaleza y desde sus orígenes (lo que algunos autores llaman "colonialidad del poder" y "colonialismo interno"): concretamente en ese país, el Estado burgués históricamente ha sido y es blanco (aunque su administrador actual sea un burgués negro -escaramuza temporal del espectáculo democrático-), mientras que la mayoría de negrxs históricamente han sido y son proletarixs, explotadxs, oprimidxs, marginadxs, humilladxs, reprimidxs, asesinadxs. Precisamente por esa razón de fondo, por la colonialidad del poder o el racismo histórico-estructural del capital y su estado (allí y en todo el mundo), lo de Ferguson no es un "disturbio racial" sino una lucha de clases bajo una forma racial. Esto es lo fundamental, e históricamente ha sido, es y será de hecho una de las principales formas de expresarse la lucha de clases en EE. UU. (y sin duda en otras regiones y países, sobre todo de las periferias.) El asesinato de Michael Brown semanas atrás a manos de un policía blanco, para colmo apoyado por el KKK, sólo fue el detonador: la rabia de clase racializada y acumulada fue más allá, se tomó las calles mediante acciones directas y teminó siendo una lucha del proletariado negro de ese suburbio por sus necesidades básicas insatisfechas contra el Estado burgués-blanco, incluido su actual presidente-títere burgués negro, claro está. Es decir, lucha de clases tal cual, inocultable, "en las entrañas de la bestia" o del capitoste y gendarme mundial. Y esto no es poca cosa, considerando que estamos en un contexto de catástrofe capitalista y revuelta proletaria mundiales, que EE. UU. todavía es la primera potencia mundial, y que la guerra imperialista que está encabezando directa e indirectamente en Medio Oriente (Irak, Siria, Palestina, etc.) y en Eurasia (Ucrania/Rusia) al parecer se le está regresando "puertas adentro" como un boomerang, el de la guerra de clases... ¡Solidaridad con el proletariado en lucha en Ferguson-EE.UU.! ¡Por la extensión de la revuelta en todas partes contra todos los Estados! ¡A transformar la guerra imperialista en guerra de clases mundial!

***

EEUU: En defensa de los disturbios de Ferguson
Robert Stephens. Revista Jacobin

El fin de semana pasado la policía en Ferguson, Missouri, asesinó al adolescente negro Michael Brown. Mientras los detalles todavía están llegando a cuentagotas, lo que está claro es que durante un enfrentamiento con un coche patrulla a una manzana de la casa de su abuela, un policía disparó y mató al adolescente desarmado en medio de la calle. Los testigos dicen que Brown corría alejándose del policía y que tenía las manos alzadas justo antes de que el policía le disparara.

Ferguson es una ciudad con una gran concentración de población negra pobre bajo el control de unas instituciones abrumadoramente blancas. El asesinato inmediatamente tocó una fibra sensible. Manifestaciones y protestas estallaron mientras la gente tomaba las calles, lo que culminaría eventualmente en una revuelta. Las multitudes oscilaban desde gente que guardaba vigilia portando velas en el lugar de la muerte de Brown hasta otra que quemaba establecimientos comerciales y arrojaba cócteles molotov durante los enfrentamientos con la policía. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Lejos de ser una muchedumbre violenta y descerebrada, la gente de Ferguson atravesó un proceso de elevación de su nivel de conciencia político que le llevó a la insurrección. Un vídeo grabado en la escena muestra a varios agitadores políticos hablando entre la multitud, convirtiendo la rabia momentánea en unidad política. Un orador en particular, un joven negro, ofrece un convincente análisis político que enmarca la injusticia que supone la brutalidad policial como un subproducto del desorden económico de la comunidad.

“Seguimos dándole nuestro dinero a esos blanquitos que están en sus complejos residenciales, y no podemos obtener justicia. Ni respeto. Ellos están dispuestos a echarte si no pagas una factura.... Es normal que uno este harto.”

Las revueltas, como otras formas de acción política, pueden construir solidaridad. Pueden crear fuertes sentimientos de identidad común. La indignación que se desató en Ferguson atrajo rápidamente a la personas pertenecientes a entornos marginales a lo largo de la región. Más que un hecho que lo ilegitime, la presencia de esos “foráneos” refleja el poder magnético del momento político.

Desde el comienzo, las manifestaciones antipoliciales que precedieron las revueltas tuvieron una clara dinámica “nosotros contra ellos”. En un punto de la manifestación, una mujer sosteniendo una cámara dice: “¿Dónde están los gamberros? ¿Dónde están las bandas callejeras cuando las necesitamos a todas?” y entonces la gente comienza a instar a las diversas bandas callejeras a abandonar la violencia “negro contra negro” y a unirse en la lucha contra la opresión. La comunidad estaba unida y preparada para emprender acción. La policía era el problema, y había que pararles los pies.

La muchedumbre que se congregaba no era ni irracional ni apolítica. Intentaban utilizar su oportunidad para abordar sus necesidades políticas que iban más allá. Sabían que la violencia interracial en la comunidad era tan sólo una de sus preocupaciones, y que en la mayoría de los casos quien perpetraba acciones violentas eran los propios niños, primos, amigos y vecinos de la comunidad. Aunque muchos arguyen que la población negra no se preocupa por la violencia dentro de sus comunidades, los llamados que se hicieron desde la gente para que las bandas callejeras se les unieran demuestra que los levantamientos antipoliciales abren oportunidades únicas para unir a la gente en formas que pugnan por resolver cuestiones de fondo como la violencia de las bandas.

Tras la insurrección, los participantes siguieron debatiendo sobre el levantamiento en términos políticos. DeAndre Smith, que estaba presenta en la quema del local de QuikTrip, dijo a las noticias locales: “creo que están demasiado preocupados sobre lo que sucede en sus tiendas, comercios y todo eso. Pero no les preocupa el asesinato.” Un segundo hombre añade: “Yo simplemente creo que lo que sucedió fue necesario para demostrarle a la policía que ellos no manejan todo”. Smith concluye: “no creo que haya sido suficiente.”

En una segunda entrevista, esta vez con Kim Bell del St. Louis Post-Dispatch, Smith amplio su opinión acerca de las revueltas como una estrategia política viable.

“Esto es exactamente lo que se supone que tiene que pasar cuando una injusticia sucede en tu comunidad... Yo estaba aquí fuera con la comunidad, es todo lo que puedo decir... A decir verdad, no creo que esto haya acabado. Creo que lo que han recibido es una lección de lo que significa contraatacar, en el propio St. Louis, el último estado en abolir la esclavitud. ¿Acaso creen que aun ostentan el poder sobre ciertas cosas? Yo creo que así lo piensan.

Ellos obtienen dinero de la siguiente manera: negocios e impuestos, con la policía parando gente y multándola, llevándolos a juicio, encerrándolos, así es como ellos hacen dinero en St. Louis. Todo gira alrededor del dinero en St. Louis. Así que cuando uno frena este flujo de ingresos ellos lo tiene organizado...’nosotros vamos a comer, vosotros vais a pasar hambre’, gentrificación. Vete tú misma a un barrio y ve si eres capaz de soportar el hambre.... Esto no va a pasar aquí, no en St. Louis.”

Smith identifica lo que muchos que se autoproclaman como antiracistas e izquierdistas no comprenden, que el racismo no es una cuestión moral o de carácter. Él reconoce que el ordenamiento económico facilita y se beneficia de la opresión racial, y es por eso que busca vías para interferir en ese proceso y alterarlo. Este análisis no es solamente más real que cualquiera ofrecido normalmente por la izquierda, sino que ademas interviniendo en base a él es del único modo que se puede erradicar la jerarquía racial que está tan arraigada.

Lo que suele pasar cuando ocurren sucesos como la rebelión de Ferguson, es que gente bienintencionada se apresure en condenar a los participantes.

Como mínimo, tachan y descartan las revueltas como no productivas y oportunistas, unas cuantas manzanas pueden arruinar el resto de la cesta. Esta actitud es precisamente la que Deandre Smith criticaba en su primera entrevista. Muchos de los detractores, de los cuales algunos son también negros, intentan vigilar estas comunidades con “políticas respetables”, un llamado a que la gente oprimida se muestre a sí misma en formas que sean aceptables para la clase dominante en un esfuerzo para conseguir réditos políticos.

Tal y como el científico Frederick Harris escribió en un artículo este año:

Lo que empezó como una filosofía promulgada por las élites negras para “elevar la raza”, mediante la cual se debían corregir los rasgos “malos” de la población negra pobre, ha evolucionado ahora en una que se ha convertido en uno de los sellos distintivos de la política en la era Obama, una filosofía de gobierno que se centra en controlar el comportamiento de la población negra dejada atrás en el marco de una sociedad que se vende como repleta de oportunidades.

Pero la política de la respetabilidad ha quedado retratada como una estrategia emancipadora que abandona los debates sobre las fuerzas estructurales que ponen trabas a la movilidad social de la población negra y de la clase obrera.

Mientras que las revueltas a menudo galvanizan los sucesos dentro de una comunidad con el potencial de desatar una energía política concentrada en dinámicas y direcciones impredecibles, las obsoletas políticas de la respetabilidad conducen tan sólo a más marginalización y desestructuración. Ahora bien, es posible no estar de acuerdo con la utilidad de la insurrección. Pero la forma en que las comunidades reaccionan a la opresión han de ser debatidas en términos políticos y no simplemente descartadas sin más.

Vivimos en un contexto de supremacía blanca y capitalismo neoliberal donde las políticas racialmente neutras están siendo utilizadas para mantener la explotación de clase y la jerarquía racial, y cualquier intento abierto de abordar el racismo es desarmado o ignorado. Estas políticas solamente intensifican la desestructuración económica y la pobreza y son aquellos que viven en los márgenes quienes las experimentan.

Lo que tanto los entrevistados por las noticias locales, como la gente que se amontonaba en el lugar donde murió Brown parecían entender, es que lo que se necesita es descoyuntar la interacción que existe entre opresión racial y capitalismo. Sentían que una manifestación o cualquier otra forma aceptable de indignación complaciente no abordaría sus necesidades políticas, y no se equivocaban.

Muchos de nosotros nos apresuramos en condenar estos tipos de alteraciones del orden normal porque estamos de facto satisfechos con la ilusión postracial neoliberal. En los escombros reducidos a cenizas del QuikTrip, alguien dejó un cartel que se dirigía a su “vecino empresario” con la esperanza de que el negocio regresara: “Querido vecino empresario, siento que haya ocurrido este acto de robo y violencia. Por favor vuelva pronto. Me pasaré por aquí 2 o 3 veces por semana”.

En la superficie, abordar los efectos de una revuelta es una cuestión importante. Poniéndose en el papel de consumidores que necesitan de su “vecino empresario”, es posible que esta persona no esté actuando motivada por la preocupación de que los trabajadores puedan perder sus empleos, que también son sus vecinos, sino por el miedo de ver alterada su rutina de consumo. Tal y como Deandre Smith observaba, nos identificamos más con ventanas rotas que con personas rotas.

Desde el Motín del Té en Boston hasta la Rebelión de Shays, las revueltas han moldeado para bien o para mal a los Estados Unidos. En el pasado, los blancos revoltosos tuvieron acceso al poder institucional, lo que permitió que algunas de sus demandas fueran legitimadas y resueltas políticamente, al menos en los términos posibles en una sociedad capitalista. La clave del levantamiento de Ferguson, como de cualquier otro momento político que no puede permanecer como tal eternamente, es la transición entre la indignación y desorden, y la creación de una organización política que actúe en un sentido constructivo. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero este tipo de reacción es mejor que aquella que despacha las revueltas y que tan sólo pone trabas a la gente para llevar a cabo esta tarea hercúlea.

Malcolm X nos recuerda que los medios de comunicación son instrumentos claves para la opresión porque son los que determinan qué actos son respetables y que otros son extremistas y por ende ilegítimos. En vez de seguir ese guión familiar, rechacemos esas narrativas sobre los revoltosos como gentes vacías de política. Encontremos vías para observar y discutir de forma honesta sus necesidades políticas más que simplemente criticar la naturaleza de su respuesta a la violencia social. 

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Traducción de Viento Sur. Extraído de La Hain