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11 de mayo de 2025

[Ecuador] Contra el Estado-Capital, su derecha y su izquierda. Por la independencia de clase y la radicalización del proletariado, a pesar de la contrarrevolución reinante

El Estado-Capital es como un kraken que succiona el trabajo vivo y enajena el poder de la clase proletaria para decidir sobre su vida. Un kraken que tiene dos tentáculos políticos: derecha e izquierda. Mientras que el pueblo, esa masa policlasista y manipulable por excelencia, es su criatura. Sí, la izquierda y el pueblo también forman parte del sistema capitalista, porque el Capital no es una cosa ni un puñado de "grandes y perversas" empresas, sino una relación social impersonal y global de explotación, dominación y alienación entre las clases, los grupos y los individuos.

En ese marco, la derecha y su pueblo defienden un modelo de acumulación y distribución —de la riqueza y el poder— centrado en el sector privado, mientras que la izquierda y su pueblo defienden un modelo de acumulación y distribución centrado en el sector público; pero, al final de cuentas, derecha e izquierda defienden al Modo de Producción Capitalista y sus categorías fundamentales: propiedad, trabajo, capital, plusvalor, mercancía, salario, dinero, clases sociales, Estado, mercado, democracia. Estamos hablando de relaciones sociales de explotación, dominación y alienación que se reproducen día con día en todas partes, independientemente del gobierno de turno. Por lo tanto, derecha e izquierda no son contrarias, son complementarias y alternantes en la administración del Estado-Capital y su crisis actual (por más "socialista del siglo XXI" y "plurinacional" que se lo quiera disfrazar). Derecha e izquierda son reaccionarias o contrarrevolucionarias. "Derecha e izquierda: la misma mierda."

En el caso actual del Ecuador, no sólo que el gobierno narcobananero, tiránico y represivo de Noboa es repudiable y debe ser combatido hasta ser tumbado; el correísmo (personificado por González) y CONAIE-PK (personificado por Iza), también, porque sólo representan intereses y proyectos de diferentes fracciones del Estado-Capital y su pueblo. De manera que antes, durante y después de las recientes elecciones presidenciales, todas las suyas son pugnas interburguesas o, siguiendo la imagen propuesta, peleas entre diferentes tentáculos de la misma bestia capitalista y estatal.

Por lo tanto, sus peleas no son nuestras peleas. Nosotros, proletarios revolucionarios e internacionalistas, no apoyamos a ningún partido ni caudillo político: repudiamos a todos, en especial a los de izquierda. Porque, como bien decía Lukács, los oportunistas de izquierda o los socialdemócratas también son enemigos de clase y, por tanto, deben ser combatidos e incluso con más fuerza, ya que son el tentáculo izquierdo del Estado-Capital en el seno de las luchas y organizaciones de los explotados y oprimidos del campo y la ciudad, cuya función es encuadrarlos en la contrarrevolución democrático-burguesa (llámese "revolución ciudadana" o "proyecto político plurinacional") y alejarlos de la revolución proletaria internacional.

La socialdemocracia de todos los colores aprovecha para acometer este encuadramiento cuando, en medio de la pugna intercapitalista, un gobierno de derecha como el de Noboa arremete contra ella. Arremetida que no es para sorprenderse ni alarmarse porque, al igual que la economía capitalista, el Estado capitalista se mantiene y dinamiza mediante su competencia interna; eso sí, siempre para fortalecer su maquinaria de explotación, dominación y represión sobre el proletariado. El problema es que esta es la excusa perfecta de la socialdemocracia para argüir que "hay que unirse contra la derecha", "no es el momento para plantear un programa máximo", etc. A contracorriente de toda esa neblina hecha de razones convincentes pero falsas, nosotros reivindicamos, aquí y ahora, a Rosa Luxemburgo en su lucha intransigente contra la burguesía y la socialdemocracia por igual: "frente a vuestras miserias, el comunismo es lo mínimo que queremos".

Desde la perspectiva comunista, una de las lecciones principales de la coyuntura actual en la región ecuatoriana es que, si se quiere tumbar al gobierno de turno, las elecciones no sirven ni servirán (de hecho, nunca han servido para fines revolucionarios): es preciso una nueva revuelta esto es lo que realmente teme la clase dominante. La cual, a su vez, no debe cometer su error principal del pasado: negociar con el Estado y fortalecerlo. Una nueva revuelta no se debe conformar con tumbar al gobierno de turno y clamar por un "gobierno popular" "democráticamente elegido", sino que debe crear e imponer un poder social revolucionario, sin dialogar ni negociar con el enemigo de clase. Un poder autónomo y antagonista cuya tarea central sea apropiarse, colectivamente y a la fuerza, de los medios materiales y las decisiones que hacen posible la vida cotidiana en todos sus aspectos (por ejemplo, las Asambleas Territoriales que emergieron en la revuelta de Octubre de 2019 en la región chilena). A la dictadura de la burguesía y su Estado llamada democracia, el proletariado debe imponerle la dictadura social del movimiento insurreccional y comunizador.

Para no ser derrotada como en el pasado, la revuelta debe radicalizarse, y esto implica combatir y deshacerse de los reformistas y oportunistas que haya dentro de sus filas, quienes por lo general son pequeñoburgueses de izquierda (de la ciudad y del campo) que en realidad luchan por intereses de clase y con métodos ajenos y antagónicos a los del proletariado en lucha. Sí, en medio de una revuelta, el proletariado insurrecto no sólo debe combatir a la burguesía reaccionaria y su Estado, sino también a la pequeña burguesía democrática. Asimismo, las bases deben cuestionar y desbordar a los dirigentes; ir más allá y en contra de ellos, autoorganizándose sin más demandas que la revolución social. Si se radicaliza, entonces la misma dinámica de la revuelta se encargará de hacerlo, no sin contradicciones y tensiones inevitables pero necesarias para tal objetivo. La lucha contra el Capital y la socialdemocracia también se da y se tiene que dar en el seno del proletariado, ya que el proletariado es una contradicción viviente que sólo la revolución social puede resolver.

En síntesis: para tumbar al gobierno se necesita una nueva revuelta; ésta, a su vez, debe radicalizarse o devenir revolución, y "la revolución proletaria es una revolución contra el Estado mismo" (Marx) y, por tanto, contra todos sus tentáculos, en especial contra su izquierda o la socialdemocracia. Tarde o temprano, la actual crisis catastrófica del capitalismo y el antagonismo de clases se encargarán de poner a la orden del día la revolución social, tal como si fuese una gran espada en manos del proletariado de todas las "razas", los géneros y las generaciones para derrotar y sepultar tanto al kraken del Estado-Capital como a la sociedad de clases, empezando por abolirse a sí mismo como clase del trabajo/capital.  

Así que ya basta de estar metidos y pendientes en la pugna interburguesa (elecciones, peleas y alianzas políticas, leyes, nueva constituyente, etc.). Ya basta de lloriquear por "la arremetida de la derecha" y "la falta de unidad de la izquierda". La izquierda no es el proletariado, es la izquierda del Capital en el seno del proletariado. Y el proletariado ya está dividido y debilitado en todos los aspectos por el Trabajo/Capital (empleados vs. desempleados, formales vs. informales, asalariados vs. no asalariados, estudiados vs. no estudiados, jóvenes vs. viejos, hombres vs. mujeres, blanco-mestizos vs. no blanco-mestizos, etc., etc.), no por "la división de la izquierda". En el capitalismo, la división es la regla, mientras la unidad es la excepción.

Es más, cuando no lucha por la revolución social ―esto es, por la abolición de las clases empezando por su propia abolición como tal― sino que se la pasa trabajando para sobrevivir y, a lo sumo, peleando por esas migajas democráticas llamadas derechos y reformas, el proletariado es una clase del capital y para el capital, no una clase para sí en tanto que clase revolucionaria. La explotación es inseparable de la dominación y del conflicto, porque es una relación de clase, tanto “para bien” como “para mal”. Así pues, la llamada “lucha por la sobrevivencia” o el “sálvese quien pueda”, que consiste en tener que trabajar para pagar y pagar para vivir día tras día en medio de la separación y la competencia entre proletarios, es la base material y social de la dictadura democrática y la contrarrevolución catastrófica del Capital. Por esta razón histórico-concreta, y no por “falta de conciencia de clase”, es que bajo la hegemonía de la contrarrevolución el proletariado en su mayoría también es contrarrevolucionario.

Muy por el contrario, para reunificarse, fortalecerse, hacerse dueño de su vida y mejorarla realmente, el proletariado necesita luchar con independencia de clase y por su abolición como tal para devenir comunidad real de individuos libremente asociados que controlan, comparten y gozan todas sus condiciones materiales de existencia, su actividad creadora y los productos de la misma. Es decir, luchar como clase revolucionaria con sus propios objetivos —la revolución social, la destrucción del capitalismo, la creación de la sociedad sin clases ni Estado ni mercado— y sus propios métodos —la autoorganización (afuera y en contra de sindicatos y partidos), la acción directa y, sobre todo, la solidaridad de clase, verdadero germen de un mundo nuevo. Luchar por subvertir y comunizar todo lo existente, no por esas migajas llamadas derechos y reformas. Luchar con cabeza y mano propias, sin jefes ni representantes. (Este es un ABC de la lucha revolucionaria que el proletariado debería tener presente para todo 1° de Mayo, aquí y en todas partes.)

Evidentemente, en el actual contexto contrarrevolucionario y de lucha de clases de baja intensidad, lo máximo que puede hacer el proletariado son luchas reivindicativas. Pero, como bien plantea Théorie Communiste, las luchas reivindicativas con el tiempo mostrarán sus propios límites y, para superarlos, tendrán que producir lucha revolucionaria. Esto es lo que se conoce como dar un “salto cualitativo” en las luchas de clase.

Todo lo cual, por supuesto, no ocurrirá mañana por la mañana y ni siquiera en el corto plazo, sino que para ello tendrán que pasar algunos años y talvez algunas generaciones que se eduquen y se curtan en las luchas proletarias por venir. “Buenos” tiempos para la contrarrevolución (en Ecuador, personificados por la dictadura democrática de Noboa y sus opositores) son malos tiempos para la lucha revolucionaria (cuyo caldo de cultivo ha de ser una nueva revuelta más radical que la de Octubre de 2019 y la de Junio de 2022 en estas tierras). Sin embargo, sólo la dinámica histórica de la propia lucha de clases puede invertir esta relación de fuerzas. Y ―valga subrayarlo― sólo la revolución social puede resolver la contradicción viviente que es el proletariado.  

Bajo tales premisas y actualizaciones, compartimos la 2da parte de nuestro texto antielectoral del 2021: "Contra la dictadura democrática de la burguesía, el oportunismo electoralista-reformista y más allá del voto nulo", el cual sigue vigente porque desde ese año hasta la fecha lo único que ha cambiado en este aspecto son los payasos del circo electoral de este país: ya no es Lasso sino Noboa, ya no es Arauz sino González, ya no es Pérez sino Iza. Insistimos: nosotros, comunistas, no apoyamos a ninguno de ellos, los repudiamos a todos, en especial a los de izquierda. Estamos por la independencia de clase y la radicalización del proletariado al calor de sus propias luchas reivindicativas hasta dar un salto cualitativo y producir una nueva revuelta que devenga revolución.

Dicho de otra manera, los cuadros político-administrativos de la derecha y la izquierda, junto con su imagen y su discurso, pueden y deben cambiar cada cierto tiempo, siempre y cuando las estructuras fundamentales de la economía y del Estado capitalistas se mantengan. Por eso mismo y en contra de ello, las posiciones del proletariado revolucionario son invariantes e intransigentes, a pesar de que, en un contexto contrarrevolucionario como el actual, sean muy minoritarias o solitarias, excepto hasta "que la tortilla se vuelva" al calor de la extensión y profundización del antagonismo de clases. El título y los subtítulos de nuestro texto son elocuentes con respecto a la invariancia e intransigencia revolucionaria. Agradecemos la lectura, discusión y difusión de ese y del presente texto. 

Proletarios Hartos de Serlo
Quito, mayo de 2025

 

Posdata frente a un par de posibles objeciones de algunos izquierdistas

1) No somos partidarios del espontaneísmo, menos aún si se trata de contribuir a que las luchas reivindicativas den un salto cualitativo y así estalle una nueva revuelta que devenga revolución. Una cosa es la espontaneidad o la forma natural en la que suceden las cosas; en este caso, la lucha del proletariado contra la burguesía, precisamente por la naturaleza contradictoria y dinámica de la sociedad de clases. Y otra cosa muy diferente es el espontaneísmo o el culto a la espontaneidad, el cual no reconoce los límites de la espontaneidad ―como lo demuestran las revueltas de los últimos años― y, así, termina negando la necesidad de organización autónoma y de posiciones revolucionarias. Espontaneidad y autoorganización no son contrarias, sino complementarias, ya que la autoorganización del proletariado brota de la espontaneidad de sus luchas y, entonces, la deja atrás para poder desarrollarse, consolidarse y acertarle golpes contundentes al Estado-Capital y la sociedad de clases.  

Por eso, somos partidarios de la autoorganización revolucionaria del proletariado; es más, somos partidarios de lo que Marx, Bordiga, Camatte, n+1, Endnotes, Amorós y otros camaradas han llamado "Partido Histórico" de la revolución comunista mundial, el cual “brota espontáneamente del suelo de la sociedad burguesa” (Marx) y está muy lejos del vanguardismo ―autoproclamarse “la vanguardia” y pretender hacer del proletariado un objeto dirigible― y del sustitucionismo ―sustituir al proletariado como sujeto revolucionario. Porque el partido histórico propiamente dicho no es más que el conjunto de fuerzas que luchan por la autoorganización del proletariado para la revolución social mundial.

Autoorganización del proletariado, independencia de clase y acción directa son inseparables y significan luchar sin intermediarios ni representantes; lo que quiere decir, luchar por fuera, en contra y más allá de sindicatos, partidos, elecciones, parlamentos, leyes, etc. El “partido independiente de la clase trabajadora” es también “el partido de la subversión” o “el partido de la anarquía” en duelo a muerte con “el partido del orden” (Marx).

Considerando que, cuando el proletariado se levanta y hace temblar al orden capitalista, la derecha y la izquierda del Capital se unen en un solo partido en su contra: “el partido de la democracia” (Engels). Por lo tanto, el partido histórico del proletariado revolucionario es un partido contra la democracia, es decir, contra la dictadura social del Capital y su Estado sobre el proletariado. Esto no quiere decir que el partido revolucionario del proletariado sea una organización de tipo autoritario o vertical. Al contrario: en su interior se practican relaciones sociales de nuevo tipo basadas en la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad y la horizontalidad reales.

De allí que el partido histórico no es un partido formal ni un mini-Estado como los partidos leninistas mal llamados “comunistas”, sino que es un partido que, si bien necesita estructurarse para organizar las tareas revolucionarias, va mucho más allá de estatutos, comités, dirigentes, nombres, siglas y fronteras de todo tipo. Es el proletariado mismo organizándose y actuando de manera orgánica como clase revolucionaria. Es “el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual” (Marx y Engels). Es el partido del comunismo y la anarquía contra el partido de la democracia. Todo esto es la autoorganización revolucionaria del proletariado en acción.

Ahora bien, es importante tener claro que la autoorganización revolucionaria no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio; y, que el objetivo final de la autoorganización revolucionaria no es convertirse en “Estado proletario”, sino abolirse a sí misma junto con la autoabolición revolucionaria del proletariado como clase para, en cambio, devenir comunidad real de individuos libremente asociados que producen y viven sus vidas como tales. En ese sentido, el partido histórico será “la prefiguración de la sociedad comunista” (Camatte) o no será: el partido histórico en este siglo será el Partido-Comunidad o no será. Concebido ya no como una pirámide de piedra, sino como una red viva cuya sustancia sea la solidaridad antagonista y transformadora.

A pesar de la contrarrevolución todavía reinante o de estos malos tiempos para la militancia revolucionaria, las minorías radicales del proletariado internacionalista que hoy existen son el germen del partido histórico. Y si no existen, tarde o temprano habrá que crearlas, fortalecerlas y unirlas para ello; es decir, tendrán que autoorganizarse como partido histórico y mundial al calor de las luchas proletarias en ascenso.

2) Tampoco somos partidarios del activismo ni del intelectualismo, porque tanto el uno como el otro son oportunistas y reformistas, por más que pretendan y aparenten lo contrario. El activismo, desgastándose en marchas y plantones mientras se da de golpes en el pecho por esas migajas democráticas del Estado-Capital llamadas “derechos y reformas que beneficien al pueblo”. Con lo cual, ya es un estilo de vida más y hasta una pose político-cultural que no le hace ni cosquillas al capitalismo, pero sí mucho orgullo al moralismo y el ego de los activistas. Y el intelectualismo, elucubrando sobre “discursos” e “interseccionalidades” y proponiendo “nuevas políticas públicas” por parte del Estado-Capital desde sus aulas universitarias y sus bares alternativos.

La diferencia es que el activismo “hace” por hacer en las calles ―y las redes sociales― de manera populista y compulsiva, mientras que el intelectualismo “habla” y habla desde la academia de manera elitista y onanista. Lo irónico es que ambos se creen “superiores” y por eso compiten entre ellos: los activistas con su “quién hace más y quién tiene más gente”, y los intelectualistas con su “quién habla más bonito y quién publica más papers”. Falsa polémica y disputa entre pequeñoburgueses de izquierda que, el rato de los ratos, se los ve metidos en el circo electoral y la pugna interburguesa a favor de tal o cual partido y caudillo político de izquierda. Miseria y espectáculo por partida doble de “la lucha contra el sistema” en tiempos de contrarrevolución.

Muy por el contrario, los comunistas somos partidarios de la unidad entre teoría y práctica revolucionarias, teniendo claro que la teoría revolucionaria es una forma y un momento de la práctica revolucionaria, puesto que la relación teoría-práctica depende del carácter del contexto o período histórico de la lucha de clases. Y teniendo claro también que teoría no es academia ni ideología; que el rechazo al intelectualismo no significa caer en la estupidez y en dejar que otros piensen y digan por nosotros; y, que los proletarios también podemos hacer teoría con cabeza propia tal como creamos y usamos nuestras herramientas de trabajo... y nuestras armas.  

Para ser más precisos, en un período contrarrevolucionario como el presente, la teoría comunista, entendida como producto reflexivo y acompañante crítico de las propias luchas proletarias en curso (Théorie Communiste), es una práctica que hace posible mantener las posiciones revolucionarias y "la línea del futuro" (Bordiga), no sólo contra la burguesía sino, principalmente, contra la socialdemocracia o la izquierda del Capital en el seno del propio proletariado, ya sea que ésta se disfrace de “programa marxista-leninista” o de “activismo anarquista”. Y viceversa: cuando la relación de fuerzas entre las clases se invierte y, entonces, se abre un período revolucionario, la relación teoría-práctica también se invierte; lo que quiere decir, que sólo en la revolución teoría y práctica se vuelven una sola fuerza material en la cabeza y las manos de las masas proletarias hartas de serlo ―incluidas las minorías revolucionarias― y, por eso mismo, autoorganizadas sin más demandas que la revolución social en todas partes. Sí, en un contexto o período revolucionario, la teoría comunista se convierte en una fuerza material y masiva. Mientras tanto, en períodos contrarrevolucionarios como el actual, la teoría comunista sólo puede ser una práctica teórica de las minorías o fracciones comunistas del proletariado.

3) En síntesis: a pesar de ser una voz solitaria en el actual contexto contrarrevolucionario, este texto es una expresión más de la práctica teórica como fracción comunista, es decir, como fracción del partido histórico del proletariado por la revolución comunista mundial, en la región ecuatoriana. Hasta que la misma catástrofe capitalista y el antagonismo de clases produzcan una situación revolucionaria donde la autoorganización proletaria y la práctica revolucionaria o “la crítica de las armas” se pongan a la orden del día, y mientras seguimos trabajando para sobrevivir igual que el resto de proletarios, a los comunistas no nos queda más que mantener con firmeza las posiciones revolucionarias o afilar “las armas de la crítica” (Marx) y participar en las luchas reivindicativas que nos sea posible. Malos tiempos para la militancia revolucionaria.

En comparación con el espectáculo activista e intelectualista, hacer esto puede parecer poca cosa; pero, no abandonar las posiciones revolucionarias, cuidarlas y desarrollarlas frente a tanta basura contrarrevolucionaria y reformista, en realidad es una tarea ardua que alguien debe asumir hasta que nuevas generaciones lleguen, tomen esta semilla, la esparzan y la transformen en bosque. De aquí a futuro, el río de la lucha de clases abonará directamente esta producción de nuevos revolucionarios.

2 de agosto de 2024

Venezuela 2024: pugna interburguesa, democrática y “soberana” donde las masas populares se movilizan como carne de cañón

Imágenes tomadas de Internet

Pugna Interburguesa. Porque, más allá de un fraude electoral, es una lucha por el poder estatal entre dos fracciones burguesas. Por un lado, la fracción de izquierda del Capital: la burguesía burocrática, la burguesía bolivariana o “boliburguesía”, representada por el Partido Socialista Unido de Venezuela–PSUV del presidente Nicolás Maduro (sí, lectores: la Venezuela chavista nunca ha sido “comunista”, siempre ha sido capitalista). Por otro lado, la fracción de derecha del Capital: la burguesía empresarial o tradicional, la burguesía industrial, financiera y agroexportadora, representada por la Plataforma Unitaria Democrática–PUD y su candidato presidencial Edmundo González junto con la líder de la oposición María Corina Machado, quienes se declaran triunfadores de estas últimas elecciones.

Democrática. Porque lo único que realmente está en disputa hoy en Venezuela es cuál de las dos fracciones burguesas gestiona políticamente desde el Estado la dictadura democrática del Capital y su crisis. La fracción burguesa burocrática o de izquierda (Maduro, Cabello y compañía) acusa de “golpista” y “fascista” a la fracción burguesa empresarial o de derecha (González, Machado y compañía); mientras que ésta, acusa de “dictatorial” a aquélla. En suma, ambas fracciones se acusan de “anti-democráticas”. Tales discursos políticos en conflicto son los que se repiten ad náuseam en los medios de comunicación internacionales… Se trata de un falso antagonismo, porque en realidad la democracia es la dictadura social del Capital y, por tanto, de toda la burguesía sobre todo el proletariado, ya que en democracia éste tiene la “libertad” de ser explotado o morirse de hambre y la “libertad” de votar por sus amos políticos cada tantos años. En las protestas actuales no se está cuestionando esta premisa real. Al contrario, aquí la única ganadora es y será la dictadura social capitalista llamada democracia. Lo único que está en disputa es cuál de las dos fracciones burguesas la gestiona políticamente desde el Estado, con el apoyo de movilizaciones populares en las calles.

“Soberana”. Porque también está en juego la “soberanía” de Venezuela dentro de las disputas inter-imperialistas actuales. Sin duda, a EE.UU. en tanto que potencia imperialista occidental le interesa derrocar al gobierno de Maduro a fin de obtener una mejor tajada de petróleo en el mercado mundial. Para lo cual, apoya a la fracción derechista, empresarial y mafiosa de González-Machado y a otras fuerzas reaccionarias emergentes como los carteles narcoterroristas venezolanos (Tren del Llano, Tren de Aragua, etc.), quienes en conjunto llaman a “respetar la soberanía popular expresada en las urnas”. Por su parte, la fracción izquierdista, burocrática y mafiosa de Maduro-Cabello tiene una posición “antiimperialista”, “soberana” y “popular” sólo contra EE.UU., Israel, “la derecha golpista” y las “guarimbas”, pero no contra el imperialismo de China, Rusia e Irán, a quienes considera sus “aliados”, cuando en realidad son sus patrones internacionales que también ambicionan controlar totalmente su petróleo. Así como Palestina hoy es el epicentro de la guerra imperialista en Medio Oriente, así mismo Venezuela mañana podría ser el epicentro de una guerra imperialista en “el patio trasero” de EE.UU…. y de China.

Las masas populares movilizadas como carne de cañón. Porque tanto los trabajadores y los “marginales” como la “clase media” empobrecida y los pequeños propietarios que hoy están protestando y enfrentándose en las calles de Caracas se mezclan y confunden en esa masa interclasista llamada “pueblo”. Donde los trabajadores no están luchando por sus propios intereses materiales con independencia y antagonismo de clase, sino que están luchando por los intereses materiales de sus patrones de izquierda —“el pueblo chavista”, cada vez venido a menos— y de sus patrones de derecha —muchos gritan en las calles “¡Edmundo presidente!”—. Por eso son carne de cañón de esta pugna interburguesa. Obviamente, los trabajadores y el “pueblo” están cansados de tanta miseria económica y represión estatal en Venezuela. Pero no comprenden que la causa real de esa miseria no es “la dictadura comunista de Maduro” ni tampoco “el bloqueo económico de EE.UU.”, sino la crisis catastrófica del capitalismo a escala mundial. Por eso la oposición derechista está capitalizando políticamente este descontento popular generalizado y, gracias a ello, es posible que esta vez sí derrote al desgastado régimen chavista, a diferencia de en las elecciones y las protestas de la década pasada. En ese caso, no habrá fracasado el “comunismo” —inexistente en Venezuela—, sino la gestión estatista o socialdemócrata del capitalismo en crisis llamada “socialismo del siglo XXI”. Pero la explotación y la opresión de la clase capitalista sobre la clase trabajadora continuarán, al igual que la miseria.

Un ejemplo sudamericano de la catástrofe y la contrarrevolución capitalistas a escala mundial. Porque la crisis económica, política y social en Venezuela hoy es sólo un ejemplo particular localizado de la crisis capitalista general en todo el mundo: desde Haití hasta Palestina y Kenia están peor que Venezuela. Por lo tanto, el problema no es tal o cual gobierno de tal o cual país, el problema es el capitalismo mundial y su catástrofe actual. Por otro lado, un período histórico-mundial de carácter contrarrevolucionario como lo es el presente se caracteriza, en términos de lucha de clases, precisamente por pugnas interburguesas como esta, protestas democráticas e incluso revueltas e insurrecciones populares; pero, no por ello deja de ser un período contrarrevolucionario donde la burguesía mundial se encuentra a la ofensiva y sigue teniendo la sartén por el mango. No toda movilización de masas es revolucionaria, también existen movilizaciones reaccionarias de derecha y de izquierda como esta.

Por lo expuesto, la posición de los verdaderos comunistas o proletarios revolucionarios de todas partes frente a Venezuela hoy sólo puede ser: Ni chavismo ni oposición ni intervención imperialista. Acción directa, independiente e internacionalista del proletariado por sus propios intereses materiales hasta destruir y superar el Capital, el Estado, el mercado, la democracia, la nación y la sociedad de clases, mediante la producción de relaciones sociales realmente comunistas entre los individuos de diversos territorios. Ese y sólo ese sería un poder revolucionario para sepultar el capitalismo y la contrarrevolución. Siendo conscientes de que esto no ocurrirá sino hasta que el proletariado de la región venezolana y de todo el mundo aprenda por sí mismo que si sigue luchando por tal o cual fracción de la burguesía está condenado a seguir derrotado y bajo su dictadura democrática y “soberana”. Tarde o temprano, la explotación, la miseria, la opresión y la lucha de clase lo empujarán a ello. 
 
Proletarios Hartos de Serlo
Quito, agosto de 2024

18 de julio de 2021

Análisis de la actual crisis y revuelta en Cuba desde la perspectiva comunista radical

Los hechos y sus falsas versiones de derecha y de izquierda

Mediante acciones directas y espontáneas de masas que van desde hacer marchas y asambleas autoconvocadas hasta volcar a mano propia autos de la policía y saquear tiendas, el proletariado de la región cubana se está levantando en las calles contra el hambre y contra la tiranía estatal, es decir contra las miserables condiciones materiales de existencia impuestas por el capitalismo y su crisis actual, al igual que lo ha hecho el proletariado de las regiones colombiana, birmana, iraní y sudafricana durante este año, y al igual que lo hizo el proletariado de las regiones ecuatoriana, chilena, haitiana, francesa e irakí, entre otras, hace dos años.

Con todas sus debilidades, limitaciones y contradicciones internas (patriotismo, interclasismo, falta de autonomía revolucionaria, aislamiento, etc.), la revuelta proletaria de estos días en la región cubana es un eslabón o un episodio más de la tendencia hacia la recomposición de la revuelta proletaria internacional que se abrió en el 2018-2019 y se vio "interrumpida" por la pandemia y la dictadura sanitaria contrainsurreccional o la contrarrevolución preventiva del 2020-2021 por parte de todos los Estados de este planeta.

De entrada, entonces, un ABC anticapitalista al respecto: desde que existen hace ya varios siglos, el capitalismo, la crisis, el proletariado y la lucha de clases son mundiales. Las diferencias de estos en/entre cada época histórica y cada región geográfica sólo son de grado y de forma, no de naturaleza o de fondo en sus condiciones, relaciones y categorías fundamentales. Las cuales, principalmente el trabajo asalariado y la acumulación de capital, más bien se han extendido y profundizado con el pasar del tiempo en todas partes. De manera que tanto el “socialismo cubano” como la “restauración capitalista en Cuba después de la caída de la URSS” siempre han sido unos mitos: en realidad, lo que siempre ha existido en Cuba es capitalismo y lucha de clases, pero bajo otra forma y en otro grado, al igual que en la ex-URSS y en todo el mundo. Lo único que realmente ha cambiado desde la caída del bloque soviético hasta la fecha, es el predominio del capital privado con respecto al capital estatal sobre el proletariado, hoy en día más precarizado y explotado. 

Por lo tanto, los dos puntos que siguen a continuación en esta parte de nuestro análisis son las dos versiones de la falsa dicotomía entre la derecha imperialista del Capital y la izquierda antiimperialista del Capital, es decir entre los dos tentáculos políticos del mismo pulpo monstruoso y gigantesco que es el sistema capitalista histórico-mundial:

Por un lado, la derecha pequeñoburguesa cubana y el imperialismo estadounidense están capitalizando política y mediáticamente esta coyuntura emergente, sobre la base material de la actual crisis económica, ecológica-sanitaria y política, así como a falta de una situación histórica revolucionaria y por ende de una dirección revolucionaria autónoma de las propias masas en revuelta.

Por eso, su versión de estas protestas masivas es la versión dominante o de la fracción dominante de la clase capitalista en los medios de comunicación, a fin de posicionar públicamente que "el socialismo no funciona" y que Cuba debe ser intervenida militar, política, tecnológica y “humanitariamente” para "reestablecer la democracia, la libertad y la paz social", tal como en Haití o en Siria.

Por otro lado, el gobierno "socialista" cubano y la izquierda del Capital internacional sólo se enfocan a propósito en su oponente imperialista de derecha, a fin de ocultar el capitalismo y la lucha de clases realmente existentes dentro de Cuba, para así conservar su poder y su imagen de falsa revolución y falso socialismo/comunismo, al clásico estilo estalinista-orwelliano pero en versión latinoamericana.

Por eso, el gobierno de Díaz-Canel y la izquierda pro-Cuba descalifican o calumnian estas protestas masivas como "ordenadas y dirigidas por el imperialismo", "fríamente calculadas", "manipuladas", “vendidas”, “con agenda intervencionista”, “con proyecto golpista y colonialista”, "gusanas", "comemierdas", “mercenarias”, "reaccionarias", “fascistas”, "contrarrevolucionarias", etc. Lo cual, de hecho, es falso, absurdo, conspiranoico y cínico.

Y por eso, el Estado cubano enfrenta esta revuelta de masas combinando la represión policial y militar (a pesar del "apagón informativo" o cerco comunicacional existente, hasta el cierre de esta edición se sabe que ya hay 5 muertos, decenas de heridos y más de 150 detenidos y desaparecidos) con la movilización de las bases sociales ideologizadas y cautivas que todavía le quedan, así como también reclutando a la fuerza a jóvenes para que se sumen a las mismas. Haciendo contramarchas igual de represivas (policías de rojo) donde gritan las rancias consignas patrioteras de siempre y portan banderas nacionales y pancartas con fotos de Fidel Castro que recuerdan el culto a la personalidad en la Rusia estalinista, así como también declaraciones públicas de "antiimperialismo, soberanía nacional y socialismo".  

Pero los hechos son necios y, por más que los gobernantes y sus secuaces se esfuercen, el hambre y la rabia masivas no se pueden ocultar.

Las causas coyunturales y sus datos

Por un lado, es la actual crisis económica y sanitaria; más concretamente, la estrepitosa caída del PIB en un 11% −la peor en las últimas 3 décadas−, de la balanza comercial −déficit de 9 000 millones de dólares, considerando que el 80% de productos para el consumo son importados−, de las divisas por el turismo −la 2da fuente de ingreso de la economía y la población cubanas, después de la exportación de profesionales o "capital humano"− y de la producción y exportación de azúcar −por falta de combustible y avería de las máquinas−, debido a la pandemia, y también debido a la reforma monetaria y cambiaria que fue decretada a fines del año pasado por el gobierno de Díaz-Canel −llamada "Tarea Ordenamiento"− que, en lugar de contrarrestar la crisis, la empeoró (la cura le salió peor que la enfermedad).

El resultado de lo anterior es que actualmente hay desempleo, desabastecimiento e inflación: hay escasez de trabajo, de dinero, de alimentos, de medicamentos y de servicios básicos para la mayoría de la población en Cuba (decimos para la mayoría de la población, porque la burguesía burocrático-militar cubana y los turistas extranjeros gozan de todo tipo de privilegios). Como siempre ha sido bajo ese régimen, pero hoy más que ayer, con el agravante del rebrote del Covid-19 (muestra del fracaso del sobrevalorado y mistificado sistema médico cubano, por cierto) y su impacto altamente negativo en la salud, la economía y la vida cotidiana. 

Más en concreto todavía: en octubre de 2020, 8 de cada 10 cubanos sobrevivían con lo justo, el 67% de las familias calificaba la alimentación diaria como deficiente, mientras que a 6 de cada 10 familias la libreta de abastecimiento les cubría sólo de 5 a 10 días al mes. Después de la “Tarea Ordenamiento” en diciembre de 2020, tal situación empeoró: aumentó el desempleo en el sector público al mismo tiempo que la proletarización y la tasa de explotación ("mano de obra barata") en el sector privado, los servicios y bienes de la canasta básica subieron entre 500% y 600% (la luz, el agua y los medicamentos se volvieron prácticamente impagables), y tanto las remesas de familias en el exterior como los depósitos bancarios locales fueron "retenidos" o "congelados" parcial y temporalmente por el Estado. A todo esto, se suma el aumento de casos de contagio (más de 275 000 personas) y muerte (más de 1 800 personas) a causa del rebrote de Covid-19 en la isla. Así como también es muy posible que hayan aumentado los casos de depresión y suicidio.

En otras palabras, este es un malestar social que se viene acumulando a diario desde hace décadas, se agudiza desde el año anterior y termina explotando este año, por las razones mencionadas anteriormente. La mayoría de la población de ese país hoy está más hambrienta, enferma y desesperada que nunca antes.

Por eso hoy, al grito de “comida, electricidad y vacunas”, los desposeídos y hambrientos de Cuba salen a las calles a protestar masivamente, como no lo habían hecho hace décadas. Se podría decir, entonces, que se trata de una “revuelta del hambre” en lo que va del año en curso, tal como las que estallaron en todo el mundo durante el 2008, año de la crisis alimentaria. Todo esto, en el contexto de la crisis de valorización que caracteriza a la actual crisis del capitalismo, como telón de fondo.

Por otro lado, es la crisis política; más específicamente, la "falta de instituciones democráticas" o de “poder popular” que canalicen y amortigüen las demandas sociales. Esto no es un "error en la construcción del socialismo" o una “contradicción de la revolución”, porque en Cuba no existe tal revolución, sino que, incluso desde el punto de vista politológico y demócrata de la "gobernabilidad" y la “hegemonía”, el régimen cubano ya no es legítimo ni sostenible, si no es a punta de represión y mentira institucionalizadas (p. ej. mediante los "Comités de Defensa de la Revolución-CDR").

Ahora bien, desde una perspectiva anticapitalista y antiestatal, la otra causa coyuntural −con elementos de causa estructural− de esta revuelta es el poder totalitario que la burguesía estatal ejerce sobre la mayoría de la población en ese campo de concentración caribeño o gulag tropical que es Cuba; mejor dicho, la dictadura capitalista y burocrático-militar del Partido "Comunista" Cubano (PCC) de la adinerada y poderosa familia Castro y del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA) de otros caudillos militares −dueños y accionistas de más de la mitad de las empresas, ganancias e incluso “Panama Papers” de ese país− sobre el proletariado −cada vez más precarizado, explotado, enajenado y oprimido−, como en su tiempo lo fue la URSS de Lenin y Stalin, así como la China de Mao (ésta última hasta la actualidad, junto a Corea del Norte y Venezuela).

Las evidentes diferencias entre Cuba y Rusia o China es que a mediados del siglo pasado la primera se convirtió en la nueva y pequeña colonia azucarera, con un “carismático” caudillo militar a la cabeza, de aquellas grandes potencias capitalistas-imperialistas asiáticas que se disfrazaban de “comunistas”; y que, a diferencia de las segundas que hoy siguen siendo potencias pero ya hipermodernizadas, la primera se quedó petrificada u oxidada en ese pasado, de lo cual no obstante ha hecho su capital turístico para la clase media-alta europea y norteamericana, así como un fetiche de nostálgico apego emocional para la también clasemediera izquierda latinoamericana del Capital que defiende religiosa y visceralmente el mito del “socialismo cubano”.

Por el contrario, el proletariado anónimo de la región cubana está harto de malvivir de esa manera. Está harto de tanta miseria y opresión estatal. Por eso es que en estos días se ha volcado a las calles en masa gritando "abajo la dictadura" y "libertad".

En este sentido, ya no es sólo una “revuelta del hambre” sino también una revuelta política, en la que lamentablemente, en ausencia de una situación histórica e internacional revolucionaria, el instinto de clase y la espontaneidad no bastan. El proletariado cubano también ha sido subdesarrollado y reprimido en materia de lucha revolucionaria por parte del Estado cubano. Razón por la cual, esta revuelta está siendo capitalizada política y mediáticamente por la fracción derechista e imperialista del Capital mundial, mientras es reprimida física y simbólicamente por la fracción izquierdista y antiimperialista del mismo Capital mundial.

En otras palabras, el proletariado en revuelta de “La Isla” se encuentra literalmente aislado, desarmado y atacado en todo aspecto. Y, como demuestra la historia de la lucha de clases, el aislamiento condena a toda revuelta −y a toda revolución− a la derrota.  

Las causas estructurales y sus datos

NO es el “bloqueo imperialista” como repiten los fanáticos del régimen castroestalinista: EE.UU. es el 9no proveedor de artículos importados de la isla. Desde el año 2019, hay 32 grandes empresas yanquis (como Visa, Accor, Mastercard o Amazon) que invierten en ese país. Además, Cuba comercia con 170 países y actualmente el 40% de sus exportaciones está “asistido” por China. 

Tampoco es un inexistente “Estado obrero degenerado” ni una “restauración capitalista” en Cuba desde la década de 1990 −como arguyen los trotskistas−, porque no se puede restaurar el Capital entendido como relación impersonal y fetichista de producción y reproducción social, y no como simple propiedad jurídica o formal sobre los medios de producción donde nunca ha sido extirpado, y porque lo único que realmente cambió desde entonces es el predominio del capital privado con respecto al capital estatal sobre el proletariado cada vez más precarizado y explotado.

¿Entonces? Es la crisis económica, política y social del subdesarrollado Capitalismo de Estado [*] cubano que, a su vez, es dependiente del mercado mundial. Es el mito del "socialismo cubano" que se cae en los hechos por su propio peso o por sus contradicciones capitalistas y luchas de clases internas, no desde la caída de la URSS, sino desde que empezó en 1959 y más aún hoy en día en la segunda década del siglo XXI, a causa de la crisis general y multidimensional del capitalismo mundial, manifestada concretamente en la crisis económica y sanitaria actual, y acompañada de protestas y revueltas proletarias cada vez más frecuentes y explosivas pero, al mismo tiempo, efímeras y sin dirección revolucionaria autónoma y contundente de las propias masas, a falta de una situación histórica revolucionaria.

Este contexto histórico-estructural y global de catástrofe capitalista generalizada y lucha de clases no revolucionaria, signado por el desarrollo desigual, el caos, la turbulencia y la incertidumbre, es el que realmente explica las crisis, las protestas y las revueltas en todas las naciones del planeta durante los últimos años, de las cuales la revuelta actual en Cuba es sólo un episodio más, eso sí, con sus ya mencionadas particularidades.

Conclusiones y perspectivas de fondo

Dado el actual contexto mundial de catástrofe económica y ecológica-sanitaria, contrarrevolución preventiva y revueltas efímeras sin dirección revolucionaria autónoma de masas, que hoy en día se manifiesta de manera más aguda en países como Cuba, lo más probable es: que esta revuelta proletaria contra el hambre y la tiranía estatal siga siendo capitalizada política y mediáticamente por la derecha pequeñoburguesa de ese país, el imperialismo estadounidense y sus corifeos internacionales; que la burguesía estatal "socialista" la siga calumniando y reprimiendo hasta derrotarla, so pretexto de que es "contrarrevolucionaria", asimismo con el beneplácito de sus corifeos internacionales de izquierda; y, que las masas explotadas y oprimidas de la región cubana sigan acumulando hambre, enfermedad, desesperación, rabia, experiencia de lucha y lecciones de la misma hasta un nuevo ciclo de estallidos sociales del proletariado internacional contra el capitalismo mundial (lo cual, según el propio FMI, es posible que ocurra desde el 2022).

Pero, para quienes hacemos el esfuerzo de ver la realidad sin anteojeras ideológicas ni mistificadoras, esta revuelta proletaria espontánea se lleva al menos el mérito de destruir, en los hechos y en pleno siglo XXI, el mito del "socialismo cubano" y su base ideológica que es el marxismo-leninismo, porque en realidad no son otra cosa que capitalismo y socialdemocracia “radical”, respectivamente. En una palabra: no son la revolución, son la contrarrevolución. El régimen político-militar-empresarial del Partido "Comunista" Cubano y su holding GAESA no defiende ninguna revolución. Defiende la contrarrevolución capitalista y su dictadura sobre el proletariado de esa región. Es la fracción izquierdista, estatista y antiimperialista del Capital mundial en el Caribe. Quienes defienden este régimen son, por tanto, igual de contrarrevolucionarios, aunque crean y digan ser lo contrario.

Para que quede más claro aún y no se preste a burdas y malintencionadas tergiversaciones por parte tanto de derechistas como de izquierdistas del Capital: la causa de la actual crisis y revuelta en Cuba NO es que "el socialismo no funciona", y NO es tampoco "el bloqueo imperialista" de EE.UU. Frente a tanta noticia y análisis falsos de lado y lado, lo cual es propio de la falsa dicotomía izquierda/derecha, toca remarcar el ABC anticapitalista autónomo al respecto: lo que existe en Cuba NO es socialismo o comunismo, es capitalismo puro y duro; más específicamente, es un subdesarrollado Capitalismo de Estado que participa de manera subordinada y dependiente en el mercado mundial, y que hoy está en crisis porque el capitalismo histórico e internacional está en crisis.

¿Por qué? Porque no puede existir "socialismo en un solo país", ya que el capitalismo es mundial. Porque la estatización o nacionalización de la agricultura, la industria, el comercio y la banca no es lo mismo que la abolición real −no sólo formal o jurídica− de la propiedad privada sobre los medios de producción, distribución y consumo. Y, sobre todo, porque en el comunismo no existe producción de mercancías, trabajo asalariado, extracción de plusvalía, ley del valor, mercado, competencia, empresas, acumulación de capital, dinero, clases sociales, Estado, patriarcado, mafias, corrupción, prostitución ni fronteras nacionales. Por el contrario, en Cuba existe todo eso, no como categorías abstractas sino como realidades muy concretas y cotidianas. Sí, en Cuba existe clases sociales: explotadores y explotados, opresores y oprimidos, marginadores y marginados. Por eso es que existe lucha de clases en Cuba, muestra irrefutable de lo cual son las protestas de las masas proletarias de todos los sectores, sexos, “razas” y generaciones contra el Estado capitalista disfrazado de “socialista” en ese país, durante los últimos días.

En fin, en cualesquiera de sus versiones, formas o apariencias, el sistema que en realidad ya no funciona es el capitalismo. Sin embargo, éste todavía sobrevive en medio de su descomposición, debido a la falta de condiciones y situaciones revolucionarias que sólo las mismas contradicciones estructurales del capitalismo y las luchas de clases reales en proceso pueden producir las cuales son fenómenos materiales y espontáneos de masas, que además llevan varias generaciones, y no la conciencia, la ideología, la propaganda, la voluntad y el activismo político de unas cuantas organizaciones y personas de izquierda y ultraizquierda.

La perspectiva comunista radical contenida en este análisis de coyuntura es producto, no de unas cuantas mentes brillantes y delirantes, sino de la misma lucha de clases histórico-mundial y de nuestra situación concreta de vida y lucha. En ese marco, los comunistas antiestatales e internacionalistas estamos del lado de los explotados y oprimidos que luchan por sus vidas sin representantes ni intermediarios y sin importar su nacionalidad, porque los proletarios no tenemos patria. De hecho, una de las consignas más contrarrevolucionarias que puede haber es aquella de "patria o muerte", como la que repite automáticamente el actual gobierno izquierdista cubano y sus acríticos seguidores allá y en todas partes. En cambio, nosotros estamos en contra de toda forma de capitalismo y de Estado-nación, incluido el "Estado socialista" que en realidad es Capitalismo de Estado, determinado a su vez por el mercado mundial. Por consiguiente, estamos en contra tanto de la derecha como de la izquierda del Capital, ya que ambas no son contrarias sino competidoras complementarias y alternantes en la administración del Estado y la Economía capitalistas. En el caso cubano, la izquierda del Capital en el Estado es una burocracia político-militar-empresarial que explota o extrae plusvalía al proletariado, lo vigila y lo reprime brutalmente, hace jugosos negocios con empresas transnacionales, y ha apoyado a sangrientas dictaduras de otros países tanto de izquierda como de derecha.

En síntesis, estamos en contra del capitalismo, de sus defensores de derecha y de sus falsos críticos de izquierda. Al mismo tiempo, estamos a favor de la autonomía proletaria expresada en la acción directa y la autoorganización de masas, de la ruptura revolucionaria y de la revolución comunista mundial. Porque la emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores o no será. Porque sin ruptura con las falsas críticas y falsas alternativas al capitalismo no habrá revolución. Y porque la revolución será antimercantil, antiestatal e internacional o no será.

Por eso es que, en el actual contexto histórico y mundial que todavía es contrarrevolucionario, estamos a favor de las protestas y revueltas proletarias en todas partes contra las miserables condiciones materiales de existencia de nuestra clase y contra todos los gobiernos del Capital, como lo es la actual revuelta en Cuba, a pesar de todas sus debilidades, limitaciones y contradicciones. Porque la mejor "escuela de formación" para el proletariado es la misma lucha de clases, y ésta, a su vez, es el único modo de producir crisis revolucionarias y gérmenes de comunismo y anarquía. Sobre todo, estamos a favor de aquellas luchas que muestren gérmenes y tendencias de autonomía de clase y de ruptura con las condiciones capitalistas y, en especial, con su propia condición de clase explotada y oprimida. Gérmenes que se pueden atisbar en las revueltas de los últimos años. Sin dejar de ser objetivos y críticos de las mismas. Con la perspectiva de que las contradicciones y los conflictos sociales se agudicen, que la correlación de fuerzas se invierta, que la revuelta proletaria global retorne, y que ésta se critique y se supere a sí misma para que se transforme en revolución social −no política, social− internacional.

Revolución en la cual se insurreccione y se comunice todo lo existente, a fin de ponerle freno a la actual catástrofe capitalista y de crear una vida que merezca ser vivida por todos en todas partes, incluida la región cubana. Revolución que, sobre la base de la abolición del trabajo asalariado y el intercambio de mercancías, realice la abolición de la sociedad de clases, géneros, “razas” y nacionalidades. Sustituyéndola por nuevas y múltiples relaciones sociales no mercantiles, no cosificadas y no jerárquicas entre individuos libremente asociados sin separaciones o fronteras de ningún tipo, en equilibrio con la naturaleza.

Mientras tanto, el capitalismo y la lucha de clases seguirán desarrollándose desigual y catastróficamente en todo el planeta, hasta que a la humanidad no le quede más opción que comunismo o extinción. Y de esto, nada ni nadie quedarán a salvo. Cuba hoy sólo es un crítico episodio más de este drama histórico-mundial en proceso.

Proletarios Cabreados

Quito, julio 2021
 

[*] Aquí hay que precisar que «Capitalismo de Estado» es una expresión acuñada y usada por parte de algunos sectores de la izquierda comunista histórica para denunciar el carácter capitalista de los “países comunistas” como la URSS, mal llamados así tanto por la derecha como por la izquierda del Capital, ya que el capitalismo es mundial y, por consiguiente, el comunismo sólo puede ser mundial; y sobre todo, porque en esos países las relaciones y categorías capitalistas fundamentales (valor, mercado, empresa, trabajo asalariado, acumulación de capital, dinero, clases sociales, Estado, ideología…) nunca fueron extirpadas, sino que se mantuvieron intactas y se continuaron desarrollando. En realidad, Capital y Estado son inseparables: en esta sociedad, el Estado sólo puede ser el Estado del Capital, puesto que es el resumen o la cúspide institucional de las relaciones sociales capitalistas de base que, a su vez, administra con violencia y otros aparatos de dominación tales relaciones, por más que adopte formas, grados y administradores diferentes, como en este caso una burocracia autodenominada “comunista” o “socialista” sobre la base de la propiedad estatal de los medios de producción de mercancías y de plusvalía. Por lo tanto, desde la perspectiva comunista, en rigor lo correcto es hablar de capitalismo a secas y no de capitalismo de Estado. Pero, en este artículo usamos esta expresión imprecisa ateniéndonos a su mencionada carga histórica específica, así como también para enfatizar la crítica comunista de todo tipo de Estado. Considerando además que muchos lectores no están familiarizados con estos conceptos y estos debates. 

La misma lógica de fondo aplica, por cierto, para la expresión asimismo falsa de “neoliberalismo” o “capitalismo de libre mercado”, que en cambio es usada y abusada por la socialdemocracia antineoliberal y neokeynesiana, cuando en realidad «la mano invisible del mercado» no puede funcionar sin «el puño de hierro del Estado» y viceversa. Otro ejemplo de la falsa dicotomía izquierda/derecha que la perspectiva comunista critica y rompe afirmando que el comunismo es la contraposición viva y la abolición/superación tanto del mercado como del Estado. 

 

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Traducciones y debates pendientes de este texto (julio-agosto 2021):
 
Traducción al inglés por el Grupo Tridni Valka (Guerra de Clases, de la región checa)

Traducción al inglés por y debate pendiente con Tendencia Comunista Internacionalista (TCI) 
 
Traducción al francés por el Grupo Tridni Valka (Guerra de Clases, de la región checa)

Traducción al portugués por y debate pendiente con Crítica Desapiedada (grupo marxista autogestionista de la región brasileña)

 
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