7 de mayo de 2023
Junto a Marx, contra el trabajo
23 de diciembre de 2020
Teoría comunista telegráfica
Humanaesfera. Brasil, marzo de 2018: http://humanaesfera.blogspot.com/2018/03/propriedade-privada-capital.html
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Tenemos capacidades y necesidades.
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Sin una separación entre nuestras capacidades y
nuestras necesidades, es imposible comprar y vender.
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Comprar y vender presupone la privación de los
medios por los que nuestras capacidades satisfacen nuestras necesidades. Esta
privación es propiedad privada, lo que nos convierte en proletarios.
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La propiedad privada asegura (gracias a la fuerza
represiva del Estado) una situación de escasez continua, de tal manera que la
compra y venta se da de forma continua y sin fin.
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La separación entre nuestras capacidades y
nuestras necesidades se convierte en una relación en la que solo podemos vender
lo único que nos queda -nuestra capacidad de pensar y actuar, la fuerza de
trabajo- a los dueños de propiedad privada si queremos recibir dinero para
pagar cosas que necesitamos para sobrevivir (salario). Pero no todo es tan
desolador, ya que la propiedad privada también ofrece la libertad de elegir otra
opción: convertirse en mendigo, vivir en la calle, morir de hambre, ir a la
cárcel...
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Cuando vendemos nuestras capacidades (es decir,
cuando nos vendemos en el mercado laboral), el trabajo y todo lo que producimos
con nuestro trabajo pertenece a la propiedad privada. Cuanto más trabajamos,
más aumentamos la propiedad privada, es decir, cuanto mayor es la brecha entre
nuestras capacidades y nuestras necesidades, más se nos priva de los medios de
vida y más estamos sujetos al poder de los propietarios.
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A medida que trabajamos, transformamos cada vez
más todos los aspectos del mundo en propiedad privada. Cada vez más privados
del mundo mismo en el que vivimos, cuanto más somos expulsados de este mundo,
utilizados y arrojados a la calle, a la cuneta, solo para ser consumidos de
nuevo, descartados de nuevo, etc., somos el proletariado, la abrumadora mayoría
de la población de mundo. La propiedad privada que gracias a nuestro propio
trabajo se acumula cada vez más como un poder hostil cada vez más poderoso e
inhumano contra nosotros, se llama capital.
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Consumidos, usados, agotados, estresados, irritados,
mutilados, ansiosos, deprimidos, viviendo siempre de un hilo, estamos
continuamente en oposición existencial y material al capital, sin importar
nuestra voluntad, opinión o conciencia. Estar privado de propiedad, ser
proletario, no es una condición que elijamos, es una condición que impone la
existencia de la propiedad privada, de las mercancías, del capital, del Estado.
Esta continua oposición existencial al capital es el conflicto que está en el
corazón de la sociedad capitalista en todo el mundo: la lucha de clases.
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La clase dominante (empresa privada o estatal,
burócratas, directivos ...) lucha por desviar y canalizar las insatisfacciones
de los proletarios dirigiéndolos contra otros proletarios (ya sean compañeros
de trabajo, desempleados, vecinos, proletarios de otra empresa, de otro país),
otro barrio, otro color de piel, opinión, forma de nariz, sexo, costumbres,
género, lengua, gusto, equipo de fútbol...), por lo que estos, como chivos
expiatorios, son la causa de sus sufrimientos (estrés, agotamiento, irritación,
miedo a ser descartado en la competencia, hambre, depresión, violencia,
esclavitud, desamparo), sufrimientos que en realidad son provocados por la
existencia de la propiedad privada, el trabajo, el capital. En la competencia
entre proletarios por someterse a la propiedad privada (es decir, la clase
dominante y el Estado) a cambio de supervivencia, encuentran a los otros
proletarios como enemigos de facto, competidores reales que obstaculizan su
difícil esfuerzo por sobrevivir en el perro mundo de la propiedad privada.
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Como la clase dominante ha salido victoriosa en la
lucha de clases hasta el día de hoy (de lo contrario, la sociedad capitalista,
el trabajo, la propiedad privada y el Estado ya se habrían superado), la
situación antes descrita es la situación "normal" que necesariamente
predomina con escándalo mientras la sociedad capitalista se perpetúa, una
situación en la que no hay clases, sino sólo "ciudadanos" en una
competencia infernal por la supervivencia, por las propiedades y por el
capital. Sin embargo, esta es solo la apariencia más superficial: en realidad, los proletarios, independientemente de su
voluntad, conciencia u opinión, luchan sin cesar para trabajar lo menos posible
y para que todo lo que necesitan sea lo más libre [gratis] posible, en
oposición directa a los dueños de la propiedad privada, que luchan (también
independientemente de su voluntad u opinión) para que los proletarios trabajen
al máximo (aumentando la propiedad privada, es decir, la privación de la
propiedad, del capital y de su poder de clase dominante) y para que todo sea lo
más caro posible pagándoles el salario mínimo que puedan. Este conflicto,
la lucha de clases, constituye el núcleo esencial de la sociedad capitalista en
todo el mundo, un conflicto que el capital se esfuerza por poner fin en todos
los sentidos (desde el "Estado de Bienestar" hasta la masacre) pero
no puede.
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Esta lucha que los proletarios ya están librando
continuamente contra el capital en todas partes de la sociedad capitalista sólo
puede triunfar si ellos, en su praxis concreta, logran destruir lo que separa sus
capacidades de sus necesidades, es decir, si abolen la propiedad privada de los
medios de vida y de producción, suprimiendo el trabajo, las mercancías, el Estado
y el capital. Para eso, es necesario que se comuniquen y actúen asociativamente
a escala mundial, confraternizando entre sí contra "sus" clases
dominantes en todas partes, suprimiendo rápida y simultáneamente todas las
fronteras, propiedades privadas, empresas, empleos, desempleos, Estados,
naciones, identidades (que no son más que estereotipos), en fin, que destruyan
todas las condiciones que los coaccionan, contra sí mismos, a unirse con
propiedades privadas y Estados, los cuales siempre están en competencia y
guerra entre sí para que los explotados puedan sacrificarse y sacrificarse unos
a otros para defender a sus propios explotadores.
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Tal confraternización y asociación sin fronteras
de los explotados que destruye simultáneamente la sociedad de clases en todo el
mundo es imposible y sin sentido si no es al mismo tiempo la apasionada creación
universal (es decir, cosmopolita) de las condiciones materiales en las que la
afirmación práctica de las necesidades y capacidades de cada uno, es decir, la
libertad de cada uno, ya no se coacciona para limitar o privar la libertad de
los demás (y de uno mismo) como ocurre bajo la propiedad privada (por eso
siempre es sinónimo de Estado, policía ...), sino, por el contrario, donde la
libertad de cada uno se multiplica cuanto mayor es la afirmación práctica de
las capacidades y necesidades de todos los demás, mayor es la libertad de todos
los demás, la inmensa riqueza que es la existencia de toda la humanidad, es
decir, de la comunidad humana mundial. El movimiento mundial en el que el
proletariado afirma libremente las necesidades y capacidades humanas, imponiéndolas
dictatorialmente contra la dictadura del capital, el dinero, la propiedad
privada y el Estado, es el comunismo.
14 de septiembre de 2020
El Capital. Crítica de la Economía Política
Karl Marx. Hamburgo-Alemania, 1867
Edición crítica" preparada y traducida por Pedro Scaron, publicada por Siglo XXI (Argentina-México-España) en 1975 y reimpresa décadas después en 2008. Se considera que esta es la traducción más completa y meticulosa de la gran obra de Marx en español.
Carpeta completa de los III Tomos divididos en 8 Volúmenes
Un día como hoy, el 14 de septiembre de 1867, apareció por primera vez en Alemania el primer volumen de ‘El Capital’, una de las obras magnas de Karl Marx. Pasaría a publicarse en los principales idiomas de la época y a ser ampliamente estudiado por trabajadores de todo el mundo. Pese a su extensión y complejidad, sin duda merece la pena su estudio en algún momento de la vida, dados sus inigualados análisis y críticas al capitalismo.
Mientras exista el capitalismo, la obra de Marx seguirá siendo vigente y necesaria, no como reliquia académica, sino como arma teórico-práctica del proletariado que lucha por liberarse del Capital y de su propia condición de clase explotada y oprimida.
***
EXTRACTO DEL PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN (1867)
«Aquello de que los primeros pasos son siempre difíciles, vale para todas las ciencias. Por eso el capítulo primero, sobre todo en la par-te que trata del análisis de la mercancía, será para el lector el de más difícil comprensión. He procurado exponer con la mayor claridad posible lo que se refiere al análisis de la sustancia y magnitud del valor.[1] La forma del valor, que cobra cuerpo definitivo en la forma dinero, no puede ser más sencilla y llana. Y sin embargo, el espíritu del hombre se ha pasado más de dos mil años forcejeando en vano por explicársela, a pesar de haber conseguido, por lo menos de un modo aproximado, analizar formas mucho más complicadas y preñadas de contenido. ¿Por qué? Porque es más fácil estudiar el organismo desarrollado que la simple célula. En el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este terreno, es la capacidad de abstracción. La forma de mercancía que adopta el producto del trabajo o la forma de valor que reviste la mercancía es la célula económica de la sociedad burguesa. Al profano le parece que su análisis se pierde en un laberinto de sutilezas. Y son en efecto sutilezas; las mismas que nos depara, por ejemplo, la anatomía micrológica.
Prescindiendo del capítulo sobre la forma del valor, no se podrá decir, por tanto, que este libro resulte difícil de entender. Me refiero, naturalmente, a lectores deseosos de aprender algo nuevo y, por consiguiente, de pensar por su cuenta.
El físico observa los procesos naturales allí donde éstos se presentan en la forma más ostensible y menos velados por influencias perturbadoras, o procura realizar, en lo posible, sus experimentos en condiciones que garanticen el desarrollo del proceso investigado en toda su pureza. En la presente obra nos proponemos investigar el régimen capitalista de producción y las relaciones de producción y circulación que a él corresponden. El hogar clásico de este régimen es, hasta ahora, Inglaterra. Por eso tomamos a este país como principal ejemplo de nuestras investigaciones teóricas. Pero el lector alemán [y de cualquier otro país] no debe alzarse farisaicamente de hombros ante la situación de los obreros industriales y agrícolas ingleses, ni tranquilizarse optimistamente, pensando que en Alemania las cosas no están tan mal, ni mucho menos. Por si acaso, bueno será que le advirtamos: de te fabula narratur! [es de ti de quien trata este texto!]
Lo que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad. Los países industrialmente más desarrollados no hacen más que poner delante de los países menos progresivos el espejo de su propio porvenir.
Pero dejemos esto a un lado. Allí donde en nuestro país la producción capitalista se halla ya plenamente aclimatada, por ejemplo en las verdaderas fábricas, la realidad alemana es mucho peor todavía que la inglesa, pues falta el contrapeso de las leyes fabriles. En todos los demás campos, nuestro país, como el resto del occidente de la Europa continental, no sólo padece los males que entraña el desarrollo de la producción capitalista, sino también los que supone su falta de desarrollo. Junto a las miserias modernas, nos agobia toda una serie de miserias heredadas, fruto de la supervivencia de tipos de producción antiquísimos y ya caducos, con todo su séquito de relaciones políticas y sociales anacrónicas. No sólo nos atormentan los vivos, sino también los muertos. Le mort saisit le vif! [Los muertos se apoderan de los vivos!] […]
Un par de palabras para evitar posibles equívocos. En esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen pintadas, ni mucho menos, de color de rosa. Pero adviértase que aquí sólo nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas, como representantes de determinados intereses y relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico–natural, no puede hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones de que él es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por encima de ellas.»
EXTRACTO DEL POSTFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN (1873)
«La economía política, cuando es burguesa, es decir, cuando ve en el orden capitalista no una fase históricamente transitoria de desarrollo, sino la forma absoluta y definitiva de la producción social, sólo puede mantener su rango de ciencia mientras la lucha de clases permanece latente o se trasluce simplemente en manifestaciones aisladas. […]
El peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana impedía, pues, todo florecimiento original de la economía "burguesa", lo que no era obstáculo para que se desarrollase la crítica de este tipo de economía. Y esta crítica, en la medida en que una clase es capaz de representarla, sólo puede estar representada por aquella clase cuya misión histórica es derrocar el régimen de producción capitalista y abolir definitivamente las clases: el proletariado. […]
Mi método dialéctico no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo y por todo, la antítesis de él. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo de lo real, y esto la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre.
Hace cerca de treinta años, en una época en que todavía estaba de moda aquella filosofía, tuve ya ocasión de criticar todo lo que había de mistificación en la dialéctica hegeliana. Pero, coincidiendo precisamente con los días en que escribía el primer volumen de El Capital, esos gruñones, petulantes y mediocres epígonos que hoy ponen cátedra en la Alemania culta, dieron en arremeter contra Hegel al modo como el bueno de Moses Mendelssohn arremetía contra Spinoza en tiempo de Lessing: tratándolo como a "perro muerto". Esto fue lo que me decidió a declararme abiertamente discípulo de aquel gran pensador, y hasta llegué a coquetear de vez en cuando, por ejemplo en el capítulo con-sagrado a la teoría del valor, con su lenguaje peculiar. El hecho de que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación, no obsta para que este filósofo fuese el primero que supo exponer de un modo amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más que darle la vuelta, mejor dicho ponerla de pie, y enseguida se descubre bajo la corteza mística la semilla racional.
La dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en Alemania, porque parecía transfigurar lo existente. Reducida a su forma racional, provoca la cólera y es el azote de la burguesía y de sus portavoces doctrinarios, porque en la inteligencia y explicación positiva de lo que existe abriga a la par la inteligencia de su negación, de su muerte forzosa; porque, crítica y revolucionaria por esencia, enfoca todas las formas actuales en pleno movimiento, sin omitir, por tanto, lo que tiene de perecedero y sin dejarse intimidar por nada.»



