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6 de enero de 2021

[LIbro] Ni transición, ni consciencia, ni organización. Introducción a la historia crítica del comunismo contemporáneo

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Un nuevo libro sobre la Teoría de la Comunización editado desde la región mexicana. Básicamente está compuesto por artículos de Federico Corriente (España), traducciones de artículos de grupos comunizadores anglosajones y franceses por parte del anterior, y un epílogo por parte de un compañero de dicha región, el cual compartimos a continuación:

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ÍNDICE:

Breve indicación sobre las notas........................................................... 6 

A modo de presentación................................................................................. 7 

Sobre nuestro autor/traductor...................................................................... 10 

Traigan sus muertos......................................................................................... 11 

Comunización y teoría de la forma-valor................................................. 22 

Extractos del Prólogo «Mai 68, année théorique» de Histoire critique de l'ultragauche.................................................................................. 49 

Informe sobre la construcción del situacionismo.................................. 64 

Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea................................................................................................... 74 

España y la teoría de la comunización: pasado y presente.................. 89 

La producción histórica de la revolución actual..................................... 105 

Epílogo.................................................................................................................. 115 

Principales personajes, agrupaciones, revistas y corriente mencionadas en la presente edición........................................................... 119 

Imágenes................................................................................................... 124

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EPÍLOGO A LA EDICIÓN MEXICANA

En España y la teoría de la comunización: pasado y presente, Federico Corriente reflexiona: “Quizá un artículo sobre el proceso de gestación de la teoría de la comunización a partir de sus orígenes en la crítica de la ultraizquierda y su recepción en España debiera comenzar con una referencia a uno o dos homólogos españoles de los grandes teóricos revolucionarios —los Luxemburgo, los Gorter, los Pannekoek y los Bordiga— que salieron a la palestra a raíz del ciclo mundial de luchas obreras revolucionarias que comenzó en 1917. Por desgracia, sin embargo, no se nos viene a la mente un solo nombre.” 

En México ocurre algo parecido. Ricardo Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano, programáticos y anarquistas como fueron, no descollaban por su reflexión teórica sobre el desarrollo capitalista; en todo caso fueron una corriente práctica que participó de la época: los magonistas lucharon por afirmar al proletariado dentro de las relaciones de producción capitalista; lucharon por una redistribución radical de la riqueza social, a pesar de su crítica demoledora de la democracia y su intuición comunista sobre la propiedad. ¡La revolución no es una cuestión de propiedad! 

Ahora bien, Corriente, antes de atribuir ese vacío teórico a la «miseria intelectual» hispana endémica (¡qué diríamos de la mexicana!) liga el problema teórico al problema de la transición del periodo de dominación formal al periodo de dominación real del modo de producción con el que tuvieron que lidiar los revolucionarios europeos del ciclo iniciado en 1917 y que en España sólo se vuelve una realidad práctica hacia 1958. Si el plan de estabilización franquista es el indicio de dicha transición para España, ¿cuál es el correspondiente para América Latina en general y México en particular considerando su posición periférica en el mercado mundial? El primer punto a resolver sería situar dicha transición y en qué medida la misma se combina con formas sociales precapitalistas y qué determinación pone esa combinación en el desarrollo del capitalismo en nuestros países en el marco del mercado mundial y los ciclos de lucha internacionales.

La ultraizquierda europea, en un primer momento, desenterró las denominadas “corrientes malditas” del comunismo como fueron consideras la izquierda italiana y la izquierda germano-holandesa por los sesentayochistas, considerándolas las “partes invictas” del ciclo de lucha anterior. En México, según sabemos, a partir de la huelga ferrocarrilera de 1959 y hasta antes de la masacre de Tlatelolco, personajes y grupúsculos dentro del Partido Comunista Mexicano discutieron agriamente con la dirección oficial la caracterización de la “revolución mexicana” como punto de partida de la actividad práctica. Mientras el comunismo oficial vinculado al Partido Revolucionario Institucional consideró la “revolución mexicana” como un acontecimiento vigente, las minorías la proclamaron muerta y emprendieron la crítica correspondiente.

[Un ajuste de cuentas tardío con la “revolución mexicana” se encuentra en La guerra de clases en la revolución mexicana (Revolución permanente y autoorganización de masas) del trotskista Adolfo Gilly y en La revolución mexicana desde la perspectiva del magonismo del marxista Armando Bartra (Interpretaciones de la revolución mexicana. Nueva Imagen, 1979).]

La caracterización de la “revolución mexicana” no carecía de importancia práctica para los revolucionarios de México. Mustapha Khayati, en su Contribución para rectificar la opinión pública acerca de la revolución en los países subdesarrollados, dice: 

“[…]las  zonas  pre capitalistas  del  mundo  acceden  a  la  modernidad  burguesa,  pero  sin la  base  material  de  esta.  Como  en  el  caso  de  su  proletariado,  también  allí  las  fuerzas  que la  burguesía  ha  contribuido  a  liberar  y  a  crear  se  vuelven  contra  ella  y  contra  sus  servidores  autóctonos:  la  revolución  de  los  subdesarrollados  se  convierte  en  uno  de  los  principios  capitales  de  la  historia  moderna.

El  problema  de  la  revolución  en  los  países  subdesarrollados  se  plantea  de  forma  específica  debido  al  propio  desarrollo  de  la  historia.  El  retraso  económico  general,  mantenido por  la  dominación  colonial  y  las  capas  que  la  apoyan,  y  el  subdesarrollo  de  las  fuerzas productivas  han  impedido  en  estos  países  el  desarrollo  de  las  formaciones  socioeconómicas  que  debían  ejecutar  inmediatamente  la  teoría  revolucionaria  elaborada  desde  hace más  de  un  siglo  a  partir  de  las  sociedades  capitalistas  avanzadas.  En  el  momento en  que entran  en  lucha  estos  países  desconocen  la  gran  industria,  y  la clase obrera está  lejos  de ser en  ellos  una  clase  mayoritaria.  Es  el  campesinado  pobre  el  que  asume  esta  función.

“Los  diferentes  movimientos  de  liberación  nacional  han  aparecido  mucho  después  de  la derrota  del  movimiento  obrero,  consecuencia  del  fracaso  de  la  revolución  rusa,  convertida  desde  su  advenimiento  en  contrarrevolución  al  servicio  de  una  burocracia  supuestamente  comunista.  Han  sufrido  por  tanto,  sea  conscientemente  o  en  una  falsa  conciencia,  todas  las  taras  y  debilidades  de  esta  contrarrevolución  generalizada,  y  con  el  lastre añadido  del  atraso  general  no  han  podido  superar  ninguno  de  los  límites  impuestos  al movimiento  revolucionario  vencido.  Y  debido  precisamente  a  la  derrota de  éste  los  países  colonizados  o  semicolonizados  han  tenido  que  combatir  solos  el  imperialismo.  Pero al  combatirlo  únicamente  en  una  parte  del  terreno  revolucionario  total  no  han  podido disiparlo  más  que    parcialmente.   Los  regímenes  de  opresión  que  se  han  instalado  allí donde  la  revolución  de  liberación  nacional  ha  creído  triunfar  no  son  más  que  una  de  las formas  bajo  las  que  se  opera  el  retorno  de  lo  reprimido.” (International Situationniste no. 11. 1967. En la misma línea: Incitación a la refutación del tercer mundo, de Rafael Pallais [El Milenio. 1980]).

“[…] las  zonas  pre capitalistas  del  mundo  acceden  a  la  modernidad  burguesa,  pero  sin la  base  material  de  esta”. Khayati sintetiza adecuadamente la especificidad de países como México. Ahora bien, caracterizar la “revolución mexicana” como un revolución “democrático-burguesa” muerta con un Estado burgués a derrocar significaba la ruptura con todo el legado de la guerra de clases de 1910-1917, ciclo en el que tanto el proletariado como los campesinos salieron derrotados socialmente. En este sentido, no había “partes invictas” que retomar pero sí una cuestión que, a pesar de los trabajos de Arnaldo Córdova al respecto, en nuestra época no está adecuadamente clarificada: el cardenismo, una síntesis de transición a la dominación real temprana (si se puede decir así, el “análogo” del fascismo europeo y el estalinismo ruso) en ciertas ramas y circuitos productivos (el petróleo, por ejemplo) y la preservación/modernización de formas precapitalistas como el sistema ejidal y la preservación de algunas comunidades rurales de subsistencia.

La caracterización de la “revolución mexicana” era lo que la revolución de octubre fue en Europa, motivo de polémicas y objeto de estudio por excelencia; esto llevó a diversas tesis que desarrollaron y defendieron personajes y grupúsculos que venían sosteniendo un proceso de tensión y ruptura con el comunismo oficial. Desde 1960, José Revueltas y la Liga Leninista Espartaco proclaman a los cuatro vientos que el proletariado mexicano se ha enajenado de sí mismo y que el partido proletario en México no existe; Ensayos de un proletariado sin cabeza será la obra histórica en la que se defenderán dichas posiciones.

En 1964, Guillermo Rousset Banda y Enrique González Rojo y su Alianza Revolucionaria Espartaco del Proletariado Mexicano (hay toda una serie de escisiones y siglas de los novísimos y efímeros grupúsculos posteriores) sostienen un combate contra lo que denominan practicismo (“actuar como partiditos” descuidando la elaboración teórica seria) y la necesidad de una lucha histórica por la elaboración de un Programa científico y revolucionario del proletariado mexicano. De modo que para la ultraizquierda mexicana anterior a 1968 el problema de la revolución era un problema de partido y de programa; o lo que es lo mismo, centraron su actividad teórica en la problemática del programatismo en un país subdesarrollado.

Sabido es que José Revueltas fue cercano al trotskismo y a personajes de la izquierda germano-holandesa; sabido es que Guillermo Rousset Banda estuvo exiliado en Francia desde 1965 en donde entró en contacto con gente de La Vieille Taupe. Estas historias se están escribiendo, brillando por su ausencia una lectura de la misma desde la comunización.

Algunos de los cursos y trayectorias de estos personajes y grupúsculos están documentados en El espartaquismo en México de Paulina Fernández Christlieb (El caballito, 1978) y Semblanzas de Guillermo Rousset Banda. Recuerdos y reflexiones para la reconstrucción de la trayectoria de un intelectual del siglo XX de Antonio Rousset y Gabriela de la Vega (Universidad de Londres y Universidad Autónoma de Chihuahua, 2017).

Es posible (habría que demostrarlo; conectando esta reestructuración con el cardenismo) que la transición a la dominación real en México coincida con la clausura del ciclo de luchas de 1968-1977, y que el indicio de dicha transición sea la “apertura echeverrista”; no obstante, durante dicho ciclo, y sin aparente conexión con los personajes y grupúsculos mencionados arriba, existieron documentos, personajes y grupúsculos que también podrían considerarse como ultraizquierdistas.

Entre ellos podríamos mencionar El proceso revolucionario escrito por Raúl Ramos Zavala en 1969, que daría fundamentos al grupúsculo conocido como Los Procesos. Este grupúsculo sostuvo, entre otras tesis, que las características del “movimiento de masas” en México eran la espontaniedad y la explosividad, la necesidad de la autodefensa armada y realizó unos esbozos críticos respecto a la U. R. S. S.  

Las tesis de la Universidad Fábrica fue escrita en 1972 por José Ignacio Olivares Torres, que daría fundamento al grupúsculo conocido como Los Enfermos. Este grupúsculo sostuvo, entre otras tesis, que el estudiantado era un destacamento de vanguardia del proletariado argumentado desde la teoría del valor, puesto que “la universidad había sido subsumida por el capital”. Podemos suponer que dicho grupúsculo fue de los pocos grupos ultraizquierdistas mexicanos que en verdad estudiaron a la obra de Marx, incluido, para nuestro asombro, el [Capítulo] VI inédito [de El Capital].

Pues bien, los dos grupúsculos mencionados confluyeron en el proyecto que se denominó Liga Comunista 23 de septiembre. Además de ser el grupo armado urbano más numeroso, tuvo el mérito de dirigir el acto insurreccional urbano de mayor envergadura durante dicho ciclo de luchas: El Asalto al Cielo, una jornada insurreccional ocurrida en Mazatlán, Sinaloa en la que, según la fuente, participaron de 10 000 a 20 000 obreros de la construcción, proletarios agrícolas y estudiantes armados que se enfrentaron abiertamente contra las fuerzas del orden capitalista durante 2 días de furiosos combates en enero de 1974. El proyecto armado de la Liga Comunista 23 de septiembre tuvo un escabroso punto de contacto con la guerrilla rural más importante de ese ciclo de luchas, El Partido de los Pobres de Lucio Cabañas. Dicho contacto quedo registrado en la novela de Carlos Montemayor Guerra en el paraíso (Diana, 1997), y ha sido interpretado de modo esquemático y vulgar.

El segundo punto a resolver sería recuperar la historia de éstos personajes y grupúsculos y realizar la crítica pertinente de los mismos de cara a lo que hoy sabemos de las limitaciones de la problemática programatista y la ultrazquierda histórica con el respectivo balance del ciclo de luchas de 1968-1977.

Desde la insurrección campesina zapatista se podrían rastrear intermitentes resurgimientos de las más variadas minorías ultraizquierdistas, un fortalecimiento del estalinismo clásico (Frente Popular Revolucionario en Oaxaca tras la revuelta de 2006) y el desarrollo difuso de un activismo ciudadano genérico (que va codo a codo con la democracia burguesa ahora en el poder y cuyos orígenes pueden rastrearse hasta el terremoto de 1985; generalmente descrita con la categoría “sociedad civil”).

La batalla del 1° de diciembre [del 2012] que libró el ultraizquierdismo en general en la Ciudad de México es el punto de quiebre de todo un ultraizquierdismo que se desarrolló desde la huelga de la UNAM en 1999; desde 2012 el ultraizquierdismo anarquista en particular comienza su acelerada descomposición, y es de la autocrítica que se desarrolla en su seno, que se construyen los senderos que llevaron a la teoría de la comunización.

Tales son las cuestiones pendientes para la crítica social radical en México; por nuestra parte ya hemos puesto la cuestión en la mesa en variadas ocasiones. Este libro continua dicha terquedad y sigue aguardando el momento en que algunas y algunos incontrolados tengan deseo de salda cuentas con el pasado y desplegar nuevas actividades que dispersen viejos fantasmas que aún atormentan los cerebros de los vivos de la presente época. Por ahora, seguiremos esperando silenciosamente.

Monterrey, Otoño de un 2020 pandémico

13 de agosto de 2019

SOBRE LA REVOLUCIÓN EN LOS PAÍSES SUBDESARROLLADOS - IS

CONTRIBUCIONES  PARA  RECTIFICAR  LA  OPINIÓN PUBLICA  ACERCA  DE  LA  REVOLUCIÓN  
EN  LOS PAÍSES  SUBDESARROLLADOS

Internacional Situacionista nro. 12 (octubre 1967)

"Capitalismo de Estado Totalitario con características Chinas" desde tiempos del "presidente Mao" hasta hoy día

1
El  papel  eminentemente  revolucionario  de  la  burguesía  consiste  en  haber  introducido,  de forma  decisiva  e  irreversible,  la  economía  en  la  historia.  Dueña  fiel  de  esta  economía,  lo es  también  desde  su  aparición  de  forma  efectiva  -aunque  a  veces  inconsciente-  de  la “historia  universal”.  Ésta  ha  dejado  de  ser  por  primera  vez  un  fantasma  metafísico  o  un acto  de  Weltgeist  para  convertirse  en  un  hecho  material,  tan  concreto  coma  la  existencia trivial  de  cada  individuo.  Desde  el  advenimiento  de  la  producción  mercantil  nada  escapa  en  el  mundo  al  desarrollo  implacable  de  este  nuevo  fatum,  la  invisible  racionalidad económica:  la  lógica  de  la  mercancía.  Esencialmente  totalitaria  e  imperialista,  exige  por campo  de  acción  el  planeta  y  por  servidores  a  la  totalidad  de  los  hombres.  Allí  donde está  la  mercancía  no  hay  más  que  esclavos.
2
A  la  coherencia  opresiva  de  una  clase  particular  para  mantener  a  la  humanidad  en  la  pre-historia,  el  movimiento  revolucionario  -producto  directo e  involuntario  de  la  dominación  capitalista  burguesa-  ha  opuesto  desde  hace  un  siglo  un  proyecto  de  coherencia liberadora  obra  de  todos  y  cada  uno:  la  intervención  libre  y  consciente  en  la  creación  de  la  Historia,  la  abolición  real  de  toda  división  en  clases  y  la  supresión  de  la  Economía.
3
Allí  donde  ha  penetrado  -es  decir,  en  casi  todas  las  partes  del  mundo-,  el  virus  de  la  mercancía  trastorna  las  formaciones  socioeconórnicas  mas  esclerotizadas  y  permite  a  millones  de  seres  humanos  descubrir  en  la  miseria  y  en  la  violencia  el  tiempo  histórico  de  la economía.  Allí  donde  penetra  esparce  su  principio  destructor,  disuelve  los  vestigios  del pasado  y  exacerba  los  antagonismos.  En  pocas  palabras,  acelera  la  revolución  social. Todas  las  murallas  chinas  se  derrumban  a  su  paso,  y  apenas  se  instala  en  la  India  todo se  disuelve  a  su  alrededor  y  estallan  revoluciones  agrarias  en  Bombay,  en  Bengala  y  en Madrás:  las  zonas  pre capitalistas  del  mundo  acceden  a  la  modernidad  burguesa,  pero  sin la  base  material  de  esta.  Como  en  el  caso  de  su  proletariado,  también  allí  las  fuerzas  que la  burguesía  ha  contribuido  a  liberar  y  a  crear  se  vuelven  contra  ella  y  contra  sus  servidores  autóctonos:  la  revolución  de  los  subdesarrollados  se  convierte  en  uno  de  los  principios  capitales  de  la  historia  moderna.
4
El  problema  de  la  revolución  en  los  países  subdesarrollados  se  plantea  de  forma  específica  debido  al  propio  desarrollo  de  la  historia.  El  retraso  económico  general,  mantenido por  la  dominación  colonial  y  las  capas  que  la  apoyan,  y  el  subdesarrollo  de  las  fuerzas productivas  han  impedido  en  estos  países  el  desarrollo  de  las  formaciones  socioeconómicas  que  debían  ejecutar  inmediatamente  la  teoría  revolucionaria  elaborada  desde  hace más  de  un  siglo  a  partir  de  las  sociedades  capitalistas  avanzadas.  En  el  momento en  que entran  en  lucha  estos  países  desconocen  la  gran  industria,  y  la clase obrera está  lejos  de ser en  ellos  una  clase  mayoritaria.  Es  el  campesinado  pobre  el  que  asume  esta  función.
5
Los  diferentes  movimientos  de  liberación  nacional  han  aparecido  mucho  después  de  la derrota  del  movimiento  obrero,  consecuencia  del  fracaso  de  la  revolución  rusa,  convertida  desde  su  advenimiento  en  contrarrevolución  al  servicio  de  una  burocracia  supuestamente  comunista.  Han  sufrido  por  tanto,  sea  conscientemente  o  en  una  falsa  conciencia,  todas  las  taras  y  debilidades  de  esta  contrarrevolución  generalizada,  y  con  el  lastre añadido  del  atraso  general  no  han  podido  superar  ninguno  de  los  límites  impuestos  al movimiento  revolucionario  vencido.  Y  debido  precisamente  a  la  derrota  de  éste  los  países  colonizados  o  semicolonizados  han  tenido  que  combatir  solos  el  imperialismo.  Pero al  combatirlo  únicamente  en  una  parte  del  terreno  revolucionario  total  no  han  podido disiparlo  más  que  parcialmente.  Los  regímenes  de  opresión  que  se  han  instalado  allí donde  la  revolución  de  liberación  nacional  ha  creído  triunfar  no  son  más  que  una  de  las formas  bajo  las  que  se  opera  el  retorno  de  lo  reprimido.
6
Cualesquiera  que  sean  las  fuerzas  que  han  participado  en  ellos  o  el  radicalismo  de  sus directivas,  los  movimientos  nacionalistas  siempre  han  desembocado  en  el  ascenso  de  las sociedades  excolonizadas  a  formas  modernas  de  Estado  y  a  pretensiones  de modernidad en  la  economía.  En  China,  imago  pater  de  los  revolucionarios  subdesarrollados,  la  lucha de  los  campesinos  contra  el  imperialismo  americano,  europeo  o  japonés  acabó,  a  1a  vista del  fracaso  del  movimiento  obrero  de  los  años  1925-1927,  por  llevar al  poder  a  una burocracia  basada  en  el  modelo  ruso.  El  dogmatismo  estalino-leninista  en  el  que  baña  su ideología  -recientemente  reducido  al  catecismo  rojo  de  Mao-  no  es  otra  cosa  que  la  mentira  o,  en  todo  case,  la  falsa  conciencia  que  acompaña  su  práctica contrarrevolucionaria.
7
El  fanonismo  y  el  castro-guevarismo  son  la  falsa  conciencia  a  través  de  la  cual  el  campesinado  cumple  la  inmensa  tarea  de  librar  a  la  sociedad  pre capitalista  de  secuelas  semi-feudales  y  coloniales  para  restituir  la  dignidad  nacional  pisoteada  por  los  colonos  y  las clases  dominantes  retrogradas.  Benbellismo,  nasserismo,  titismo  o  rnaoismo  son  ideologías  que  anuncian  el  fin  de  estos  movimientos  en  su  apropiación  privativa  por  las  capas urbanas  pequeño-burguesas  o  militares:  la  recomposición  de  la  sociedad  de  la  explotación,  pero  con  nuevos  dueños  y  sobre  la base  de  nuevas  estructuras  socioeconómicas. Allí  donde  el  campesinado  ha  luchado  victoriosamente  y  ha  llevado  al  poder  a  las  capas que  han  encuadrado  y  dirigido  su  lucha,  él  ha  sido  el  primero  en  sufrir  su  violencia  y  en pagar  los  enormes  gastos  de  su  dominación.  La  burocracia  moderna,  como  la  más  antigua  (en  China  por  ejemplo),  edifica  su  poder  y  su  prosperidad  sobre  la  explotación  de los  campesinos:  la  ideología  no  cambia  la  cuestión.  En  China  o  en  Cuba,  en  Egipto  o  en  Argelia,  juega  en  todas  partes  el  mismo  papel  y  asume  las  mismas  funciones.
8
En  el  proceso  de  acumulación  de  capital,  la  burocracia  es  la  realización  de  aquello  que en  la  burguesía  era  únicamente  concepto.  Lo  que  la  burguesía  hizo  durante  siglos  “con sangre  y  sudor”,  La  burocracia  quiere  realizarlo  conscientemente  en  unos  decenios.  Sólo que  la  burocracia  no  puede  acumular  capital  sin  acumular  mentiras:  se  ha  bautizado siniestramente  como  “acumulación  socialista  primitiva”  lo  que  constituye  el  pecado  original  de  la  riqueza  capitalista.  Todo  lo  que  las  burocracias  subdesarrolladas  dicen,  se representan  e  imaginan  que  es  el  socialismo  no  es  otra  cosa  que  el  neo mercantilismo acabado.  “El  Estado  burgués  sin  burguesía”  (Lenin)  no  puede  superar  las  tareas  históricas  de  la  burguesía,  y  el  país  industrial  más  desarrollado  muestra  al  menos  desarrollado la  imagen  de  su  desarrollo  futuro.  La  burocracia  bolchevique  en  el  poder  no  encontró nada  mejor  que  proponer  al  proletariado  revolucionario  ruso  que  “matricularse  en  la escuela  del  capitalismo  de  Estado  alemán”.  Todos  estos  poderes  que  se  llaman  a  sí  mismos  socialistas  son  en  todo  caso  una  imitación  subdesarrollada  de  la  burocracia  que dominó  y  venció  al  movimiento  revolucionario  europeo.  Lo  que  haga  o  deba  hacer  la burocracia  no  emancipará  a  la  masa  trabajadora  ni  mejorará  sustancialmente  su  condición  social,  puesto  que  eso  depende  no  solo  de  las  fuerzas  productivas  sine  de  su  apropiación  por  los  productores.  Lo  que  no  dejará  de  hacer  es  crear  las  condiciones  materiales  para  realizar  ambas. ¿Hizo  alguna  vez  menos  la  burguesía?
9
En  las  revoluciones  burocrático-campesinas  solo  la  burocracia  aspira  consciente  y  lucidamente  al  poder.  La  toma  del  poder  corresponde  al  momento  histórico  en  que  la  burocracia  se  apodera  del  Estado  y  declara  su  independencia  ante  las  masas  revolucionarias, antes  de  la  eliminación  de  las  secuelas  coloniales  y  de  ser  efectivamente  independientes del  extranjero.  Al  entrar  en  el  Estado,  la  nueva  clase  se  refugia  en  la  heteronomía  militante  contra  toda  autonomía  de  las  masas.  Única  propietaria  de  toda  la  sociedad,  se declara  representante  de  sus  intereses  superiores.  El  Estado  burocrático  es  en  este  case el  Estado  hegeliano  realizado.  Su  separación  de  la  sociedad  consagra  al  mismo  tiempo la  separación  de  clases  antagónicas:  la  unión  momentánea  de  la  burocracia  y  el  campesinado  no  es  más  que  la  ilusión  fantástica  a  través  de  la  que  ambos  cumplen  las  inmensas  tareas  históricas  de  la  burguesía  desfalleciente.  El  poder  burocrático  edificado  sobre las  ruinas  de  la  sociedad  colonial  pre capitalista  no  es  la  abolición  de  los  antagonismos de  clase;  no  hace  más  que  sustituir  las  antiguas  por  nuevas  clases,  nuevas  condiciones de  opresión  y  nuevas  formas  de  lucha.
10
No  es  subdesarrollado  más  que  el  que  reconoce  el  valor  positive  del  poder  de  sus  amos. La  carrera  por  alcanzar  la  reificación  capitalista  sigue  siendo  la  mejor  vía  hada  el  subdesarrollo  reforzado.  La  cuestión  del  desarrollo  económico  es  inseparable  de  la  cuestión del  verdadero  propietario  de  la  economía,  del  dueño  real  de  la  fuerza  de  trabajo;  todo  lo demás  es  cháchara  de  especialistas.
11
 Hasta  hoy  las  revoluciones  de  los  países  subdesarrollados  no  han  hecho  más  que  tratar de  imitar  el  bolchevismo  de  formas  diferentes;  se  trata  en  lo  sucesivo  de  disolverlo  en  el  Poder  de  los  Soviets.
Mustapha KHAYATI