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25 de mayo de 2026

Llamada a l@s compañer@s de las revueltas de nuestro tiempo

Revolution Times (región francesa, diciembre de 2025, cursivas nuestras)
 
Cartografía de las revueltas actuales

En las últimas décadas, en muchas regiones del mundo han ocurrido movimientos de lucha muy intensos, revueltas generalizadas, levantamientos, momentos que en algunos casos podrían calificarse de insurreccionales.

Por citar solo algunos: Argentina (2001), Grecia (2008) y, entre 2010 y 2013, Túnez, Egipto, Siria, Libia, Yemen, Eslovenia, Turquía, Bosnia y Brasil; luego, la ola entre 2018 y 2022: Nicaragua, Francia, Sudán, Argelia, Guinea, Irak, Hong Kong, Líbano, Ecuador, Chile, Colombia, Irán, EE. UU., Bielorrusia, Kazajistán, Sri Lanka, Perú; en 2024: Kanaky, Bangladesh, Kenia y, por último, en 2025, Serbia, Turquía, Nepal, Indonesia, Filipinas, Madagascar, Marruecos, Ecuador, Perú…

La ola de levantamientos en todo el mundo se enfrenta constantemente a los mismos límites. Ningún levantamiento ha logrado extender su fuerza lo suficiente, en el tiempo y en el espacio, como para evitar que los insurgentes se vean obligados a volver al trabajo. Nuestros movimientos son asimilados, transformados en transición democrática, toma del Estado, nuevas constituciones. Por el momento, la lucha por la expansión revolucionaria no logra imponerse. Sin embargo, esta lucha existe. Incluso creemos que es una dinámica fundamental de nuestros movimientos.

Estas revueltas ganan en fuerza y en potencial revolucionario cuando trascienden las estructuras de encuadramiento existentes. Cuando la lucha se organiza afuera de los partidos y los sindicatos, sin representantes ni intermediarios. Quienes escribimos este texto lo hemos experimentado durante nuestra participación en el movimiento de los chalecos amarillos. Es a la luz de esta experiencia que hablamos aquí. Junto con otros, participamos en una batalla dentro del propio movimiento. Fuimos del lado de los que decían «lo queremos todo, para todos» y se negaban a quedar atrapados en la política. Vimos cómo esta orientación reforzaba el movimiento y la dinámica que impulsaba: la de la victoria.

Pero, ¿qué significaría la victoria?

No hay ninguna cuestión revolucionaria separada de la lucha por nuestros intereses inmediatos. No hay comunismo ni anarquía que sean ideales, separados del movimiento por la abolición de lo que nos destruye. Cuando hablamos de intereses inmediatos, no nos referimos al engaño diario del poder de compra y la inflación, ni a las negociaciones para salvar el empleo, la empresa, la economía, las arcas del Estado o la paz social.

Hablamos de no perder la vida para ganársela. De no envenenarnos al comer, beber y respirar. De no morir de hambre, sin hogar, bajo las balas, las bombas o los golpes en la esquina de la calle. De no ahogarnos al emigrar, de no golpearnos la cabeza contra los muros de las cárceles del Estado y de no morir allí bajo los golpes y la tortura.

Sí, queremos todo eso y mucho más, porque queremos el disfrute colectivo, sensible y relacional de la existencia. No dejar que nos roben hasta la muerte. Ser capaces por fin de actuar, de vivir libres en un mundo nuevo. El capitalismo no tiene ninguna solución para todo esto. Y no tenemos ningún medio para conseguirlo salvo la revolución mundial, la abolición del Estado, del dinero, del trabajo, de la familia, de las clases sociales y de todo el sistema de relaciones sociales capitalista. Ese es un comienzo de respuesta a la pregunta «¿qué significaría la victoria?» para nosotros.

Los caminos hacia la victoria, aún los buscamos

Estos caminos se buscan en todas partes donde los movimientos se convierten en algo más que un motín, más que una huelga salvaje. Entonces ya no tienen nada que ver con una marcha sindical o con cualquier tipo de coalición electoral. Autoorganización, práctica de la acción directa, rechazo de las reivindicaciones y de la negociación. Ataque a la economía (mediante la destrucción efectiva de empresas e infraestructuras), rechazo de la perspectiva autogestionaria y ataque a los símbolos del Estado (ocupaciones y/o destrucción de los lugares de poder, etc.).

Todas estas dinámicas buscan el camino hacia la victoria, pero no han conducido a la revolución social, al menos no todavía. La tendencia revolucionaria dentro de los movimientos sigue siendo minoritaria. Se busca a sí misma y gana terreno enfrentándose a todas las fuerzas reformistas que atraviesan las luchas sociales, además de las fuerzas de represión de los Estados.

Es frente a esta combinación de represión e integración en el Estado impulsada por la izquierda capitalista que nuestros movimientos fracasan por el momento. Y hemos visto cómo, cuando se inicia el reflujo, parte de la fuerza del movimiento se canaliza hacia el degagismo[1] democrático, la creencia en un cambio de régimen destinado a «acabar con la corrupción», el civismo, las ilusiones electorales (referéndum de iniciativa ciudadana, cambio de constitución, elecciones anticipadas, etc.), o incluso hacia reivindicaciones redistributivas (aumento de salarios o retirada de un impuesto) o hacia la crítica de las fuerzas represivas (reforma de la policía, etc.).

Los movimientos actuales, cuando alcanzan cierta magnitud, parecen caracterizarse por dos fases y dos fuerzas antagónicas: una fase ascendente breve en la que ganan fuerza, luego alcanzan un límite y se inicia la derrota mediante la recuperación política por un lado y la represión por el otro: integración de la parte del movimiento que puede integrarse y represión de la parte del movimiento que quiere continuar la lucha.

Nos vemos obligados a constatar que todos los levantamientos de la época contemporánea han chocado contra una especie de «techo de cristal». Este testimonio procedente de Chile ilustra bien lo que estamos diciendo: «Las autoridades han fracasado completamente en imponer el orden o la normalidad, mientras que nosotros, los insurgentes, aún no hemos sido capaces de darle la vuelta por completo». Sin embargo, son estos momentos de incertidumbre que el Estado aprovecha para reorganizarse y recuperar el control con el fin de evitar el vuelco revolucionario.

No obstante, las revueltas del periodo actual se producen en todas las regiones del mundo y comparten ciertas prácticas. En ellas, somos muchos y muchas los que buscamos el camino hacia la victoria. La cuestión de la revolución se conjuga en presente para nosotros. Es una necesidad inmediata.

En esta lógica, buscamos compartir experiencias, luchas, consideraciones estratégicas, en definitiva, ampliar la conversación global sobre nuestros levantamientos. Para ello, nos gustaría invitarles a participar en un proceso de entrevistas cruzadas. Es decir, se trataría de debatir, entre nuestros grupos, en discusiones —públicas o no— una serie de preguntas que fijaríamos juntos, así como sus respuestas y las preguntas que estas suscitarían a su vez. Queremos empezar aquí proponiendo algunas, pero sabemos que no podrán abarcar todo lo que tenemos que debatir: por lo tanto, no solo les pedimos respuestas, sino también nuevas preguntas, a las que intentaremos responder a nuestra vez. La lista que figura a continuación es solo un primer intento al que les invitamos a contribuir.

Primeras preguntas[2]

 

  • Las revueltas actuales no han logrado afectar lo suficiente a la producción como para desestabilizar la economía. Y al cabo de un tiempo, hay que volver al trabajo para ganarse la vida, lo cual es una de las grandes limitaciones con las que se ha encontrado el movimiento de los chalecos amarillos en Francia. ¿Cómo se planteó esto para ustedes? ¿Se planteó la cuestión de atacar el trabajo? ¿Y cómo? ¿Mediante la huelga, es decir, desde dentro de los lugares de trabajo, o mediante el bloqueo, el sabotaje, es decir, desde fuera? ¿O de otra manera?
  • En la misma línea, ¿se planteó el movimiento la cuestión de sus propios medios materiales de existencia sin trabajo, sin propiedad, sin intercambio?
  • ¿Qué relaciones mantuvo el movimiento con los partidos y los sindicatos? ¿Cuáles son las fuerzas de los partidos y sindicatos en sus movimientos? ¿Han sido posibles las prácticas de ruptura?
  • Superar las dinámicas locales y coordinarse, especialmente en la ofensiva, se convierte rápidamente en una necesidad para el movimiento. ¿Cuál ha sido su experiencia al respecto? ¿Qué se ha intentado hacer?
  • A menudo, es en el momento de construir las estructuras de coordinación cuando los partidos, los sindicatos y otras formas de liderazgo vuelven a la carga para intentar tomar el mando. ¿Qué opinan al respecto? ¿Cómo protegerse de ello?
  • Los administradores de las redes sociales pueden ejercer rápidamente un papel de liderazgo porque controlan cuentas clave a través de las cuales se han lanzado los movimientos en los últimos años (Instagram, Facebook, Snapchat, TikTok, etc.). ¿Ha sido esto también una cuestión importante para ustedes? ¿Y se han tomado medidas por parte del movimiento para evitarlo?
  • El espectro de la guerra y la guerra civil, la represión militar, la relación con el ejército, es una cuestión importante para nuestros movimientos. ¿Cómo ha sido en su caso?
  • La solidaridad frente a la represión es esencial para la vida del movimiento. ¿Cómo ha sido en su caso?

En fin, nos planteamos las siguientes preguntas sobre las relaciones que mantienen los movimientos entre dos periodos de lucha:

 

  • ¿Han aprovechado los movimientos recientes la experiencia de movimientos anteriores? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
  • Cuando los movimientos se apagan, ¿qué queda de ellos? ¿Qué vínculos, espacios, estructuras y prácticas se mantienen? ¿Creen que hay que contribuir a mantenerlos y, en caso afirmativo, de qué manera?
  • Fuera de estos movimientos, fuera del periodo de lucha, ¿qué iniciativas y actividades les parecen posibles y pertinentes para mantener viva la perspectiva revolucionaria? 


[1] Degagismo: movimiento de protesta que pide la expulsión de los políticos, pero no su reemplazo. Ejemplo: “¡Fuera Macrón, fuera!... ¡Fuera Noboa, fuera!” [Nota de PHS, mayo de 2026]

[2] Decidimos no recortar esta parte del artículo por tres razones: 1) porque somos simpatizantes de «la pedagogía de la pregunta», en general; 2) porque pensamos que estas preguntas, en particular, pueden generar reflexión crítica sobre las revueltas actuales por parte de los lectores por su propia cuenta; y, 3) porque algunas de estas preguntas, con sus respectivas respuestas, nosotros ya nos las habíamos planteado al calor de las protestas del 2025 en Ecuador. Ver nuestros textos Preguntas para el Paro Nacional del 2025 en Ecuador y Balance crítico del Paro Nacional de septiembre-octubre de 2025 en Ecuador. Esto no es una “coincidencia”, sino un producto y factor de la propia lucha de clases mundial en curso, en el seno de las minorías revolucionarias del proletariado mundial. [Nota de PHS, mayo de 2026] 

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30 de octubre de 2024

Absurdistán Ecuatorial: 14 horas diarias sin luz, 10 horas de jornada laboral, protestas limitadas y trampa electoral

Crisis energética, ecológica y económica... crisis sistémica y catastrófica

La causa de la actual crisis energética en Ecuador (14 horas diarias sin luz) no es la "ineptitud" ni la "estrategia de shock" para privatizar el sector eléctrico por parte del gobierno de Noboa. No es una crisis "autoinducida", como afirman algunos medios socialdemócratas añorando la "nueva matriz energética" (hidro y termoeléctrica) del gobierno capitalista-progresista de Correa o alguna otra forma de intervención del Estado burgués. Es la crisis ecológica y la crisis económica en conjunto a escala mundial, misma que en países "subdesarrollados" presenta síntomas más desastrosos como el que estamos padeciendo actualmente en esta hacienda narcobananera 2.0 pero ahora en tinieblas o a punta de vela llamada Ecuador.

Sí: después de varios siglos de existencia y progreso, hoy en día el modo de producción capitalista está agotando sus "recursos naturales" o fuentes de "materias primas" y de generación de energía, "la sangre de la economía". Por ejemplo: el agua, lo cual lógicamente afecta más a los países cuya fuente principal de energía son las centrales hidroeléctricas, como es el caso de este país. Las sequías, en particular, y el calentamiento global, en general, no son resultados de la industria extractivista solamente, de tal o cual gobierno y sus políticas públicas en materia energética, ni mucho menos de "el consumismo" de los individuos. El calentamiento global y, dentro de él, las sequías son resultados de la depredación sistemática de la naturaleza y la clase trabajadora por parte de toda la economía capitalista, cuyo único objetivo es lucrar a toda costa o producir plusvalor y acumular capital.

Lo contradictorio y lo trágico es que este progreso del capitalismo está chocando con los límites naturales de su propia reproducción como sistema histórico y mundial. Con su hambre insaciable de plusvalor y acumulación de capital a toda costa, el modo de producción capitalista termina por devorarse a sí mismo desde las bases materiales que lo han hecho posible. Toda crisis es un momento de verdad: en este caso, la lógica catastrófica del Capital. Pero todo tiene un límite y un final: el planeta Tierra no aguantará más capitalismo por mucho más tiempo; éste es cada vez más insostenible y anti-ecológico, amenazando incluso la continuidad de la vida de la especie humana.

En síntesis, la crisis energética es apenas una "punta de iceberg" de la crisis sistémica, catastrófica y, tarde o temprano, suicida de la "civilización" capitalista. 

Crisis del trabajo/capital o crisis de la reproducción de la relación de clase

Por su parte, la causa de la actual crisis laboral (aumento de la jornada de trabajo a 10 horas diarias y del desempleo a 4.1% —la tasa más alta en los últimos 2 años, según cifras oficiales—) tampoco es la "pésima gestión económica" del gobierno de Noboa ni una "imposición del FMI", como se quejan los socialdemócratas criollos. Es la desvalorización o la crisis del valor, cuya sustancia es el trabajo (todo trabajo), por tanto, es la crisis del trabajo y, en consecuencia, la crisis del capital. En una palabra: es la crisis del trabajo/capital. Entonces, este gobierno del empresariado aumenta la jornada de trabajo sin "derecho" a pago de horas extras no sólo para compensar a las empresas sus pérdidas económicas ocasionadas por la crisis energética —bajo el asqueroso discurso de "arrimar el hombro" y "ponerse la camiseta del país"—, sino fundamentalmente para compensar la caída de la tasa de ganancia y la desvalorización, sustancia de la crisis capitalista, aquí y en todo el mundo.

El "pico y placa laboral" en realidad es más explotación o esclavitud asalariada en medio de peores condiciones de vida para la mayoría de la población en esta pequeña pero terrorífica y absurda hacienda del capitalismo mundial llamada Ecuador. ¿"Vulneración de derechos laborales", como pretenden impugnar legalmente algunos sindicatos? La dictadura del Capital sobre el proletariado llamada democracia viola a conveniencia las leyes y los derechos que ella misma ha impuesto.

Además, estas medidas que "flexibilizan" o precarizan aún más a la clase trabajadora se traducen en una mayor fragmentación, competencia, desorganización, desmovilización, disciplinamiento; en fin, mayor debilitamiento de la misma. Incapacitándola así para responder o luchar precisamente como clase… contra clase, porque está dedicada a sobrevivir bajo la consigna "sálvese quien pueda" y como pueda. No son sólo medidas económicas, son también medidas políticas. Mientras más brutal y desesperada es la crisis capitalista, más brutales y desesperadas son este tipo de medidas de los explotadores contra los explotados.

En conclusión, lo que está haciendo el gobierno del gran patrón Noboa en materia laboral sin duda son nuevos ataques de la clase capitalista contra la clase trabajadora; pero, en el marco de la crisis de reproducción de la relación de clase. Esto es lo que realmente está en juego, aquí y en todas partes.

Protestas limitadas y trampa electoral… hasta nuevo aviso

Por obvias razones, cualquier protesta que ocurra contra la situación actual en este país es legítima. Pero, ¿cuáles son sus demandas? ¿Protestar contra este "mal gobierno" esperando que lo reemplace un "buen gobierno" en las próximas elecciones (febrero 2025), es decir, seguir atrapados en la enésima trampa electoral de la clase dominante? (Las elecciones son millón veces más desmovilizadoras que el feriado largo por el "día de los muertos".) ¿Protestar "juntos" como "pueblo" o "nación", es decir, sin importar las clases sociales y sus intereses antagónicos?...

¿Y por qué no protestan los trabajadores eléctricos? ¿Sus demandas gremiales son suficientes? ¿O acaso son sus beneficios sindicales? ¿Por qué no se organizan fuera de los sindicatos y toman las centrales y estaciones eléctricas para satisfacer directamente la necesidad de energía eléctrica de la mayoría de la población? ¿Por qué no socializan este conocimiento técnico a los trabajadores no eléctricos, pobladores de barrios, etc.? ¿Por qué el resto de la clase trabajadora —incluidos los informales y los desempleados— no hace lo propio en todos los sectores económicos para reducir al mínimo la jornada de trabajo y apropiarse directamente —sin intermediación del mercado ni del Estado— de todo lo necesario para vivir?...

¿Tener de nuevo luz todo el día para trabajar y consumir más? ¿Seguir trabajando para pagar y seguir pagando para vivir... hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguir reproduciendo la condición de mercancía-fuerza de trabajo, clase trabajadora o esclava asalariada y, por tanto, seguir dándole más riqueza y poder a la clase capitalista para que nos siga destruyendo? ¿Seguir devastando a la naturaleza para generar energía eléctrica ó transformar radicalmente las relaciones de producción, en particular, y las relaciones sociales, en general, de manera que satisfagan las necesidades humanas en equilibrio con la naturaleza?

Sólo el devenir de las luchas actuales y futuras, es decir, la crítica y superación prácticas de sus propios límites de ahora en adelante, podrá dar respuesta o no a tales preguntas decisivas en esta época de catástrofe total donde las medias tintas ya no caben.

Proletarios Hartos de Serlo

Quito, Octubre de 2024