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26 de junio de 2020

¡Termínalo!

Fever. Editorial # 3. Junio de 2020


“No puedo respirar”. Ninguna frase podría haber resumido mejor la situación que el proletariado en EE.UU. ha estado atravesando desde el comienzo de la pandemia. Pronunciada por George Floyd cuando un policía lo estaba asfixiando hasta la muerte, se convirtió en la expresión de una revuelta que se ha extendido por todo Estados Unidos en menos de una semana.
No hay indignación suficiente para abolir la policía. Ni caridad para acabar con el hambre. Ninguna ley puede poner fin a este orden social. Así que el movimiento no preguntó. Los insurgentes usaron la fuerza/ Los incontrolados usaron la fuerza. Quemaron la comisaría del policía asesino. Saquearon supermercados por todas partes. ¡Los medios de comunicación nos insultan –la gente dijo –, vamos a quemar la CNN! ¡La policía nos oprime, hagámosles huir!
Lo que ayer parecía impensable, hoy se ha convertido en posible. El fin del racismo, del dinero, del Estado. El fin del capital y de esta odiosa sociedad de clases, con toda la miseria y la opresión que conlleva. Las posibilidades son vertiginosas. Pero el miedo, también, puede empezar a arraigar. Miedo al caos, miedo a la guerra civil. Este miedo es un mal consejero. Este miedo es sobre el que se construye el poder/ el estado, lo que frena el primer reflejo de intervenir cuando un policía está al borde del asesinato. Y tiene sentido si estás solo.
Hoy es el turno de los propietarios de tener miedo. Míralos, jurando acabar con el racismo con las manos en el corazón. No tienen nada que vender más que una mentira liberal. La mentira del “justo” acceso al sueño americano: la libertad de enriquecerse a costa de otros. Para hacernos creer que merecemos ser perdedores, que es nuestra culpa si somos pobres. Y los trabajadores pierden sus vidas mientras que los pocos ricos ganan tiempo.
Así que tengamos cuidado. Este discurso, que ya escuchamos en los levantamientos de Chile, el Líbano o Irak, que dice ser “realista” y se limita a sí mismo pidiendo algunas reformas, cambios en la policía, más cupones de alimentos, mejor representación, supone la derrota. Derrota supone poner al movimiento al servicio de un político democrático. Derrota supone creer en las promesas vacías de estos bastardos que negocian y llaman a la calma, pretendiendo que se preocupan por nuestra comunidad lo primero. No podemos estar de acuerdo con los izquierdistas de EE.UU. que dicen que la lucha contra el racismo sólo concierne a los negros. El racismo ayuda a mantener la explotación y la división entre los oprimidos, y contribuye a la perpetuación del capitalismo. Los fascistas mienten cuando dicen defender a los “trabajadores blancos”: defienden a los propietarios.
Negro, marrón, blanco… Los proletarios de todos los orígenes tienen más en común entre ellos que con la burguesía, y lo demuestran codo con codo en las barricadas. Las maquinaciones políticas que dividen la lucha, para organizar negociaciones separadas y finalmente para aplastar a los proletarios, deben ser tomadas como lo que son: intentos desesperados de extinguir el levantamiento.
Pero otros han dejado de esperar en vano y están tomando medidas. Los que no tienen nada y luchan por todos. Manifestantes, alborotadores, saqueadores, todos a la vez o según el temperamento y la oportunidad, pero habiendo tomado el mismo lado, el de la unidad en la lucha. En la lucha esto es lo importante, más allá del papel que pueda jugar esta o aquella facción del movimiento.
La puesta en común de los frutos del saqueo es una crítica a este mundo de privación y explotación y, al mismo tiempo, la formulación de la posibilidad de una nueva relación social. El combate callejero no puede ser suficiente sin gente que lo apoye. Y este es el mundo del que hablábamos cuando alguien escribió que “lo que ayer era impensable ahora es posible”… Millones de personas han dejado de pagar el alquiler, las facturas, vendiendo su fuerza de trabajo por migajas. No pagar por nada, organizarse y defender estas prácticas: nada de esto es ajeno al movimiento.

Lo que queda es este monstruo para ser derribado. El Estado. La máquina de guerra global de los EE.UU., su policía, el ejército y las milicias, a la que combatir y neutralizar de un solo golpe.

Es un largo camino por recorrer, pero la revolución global es posible. Incluso, puede que estemos a punto de comenzarla.
FEVER es una herramienta en tus manos, un lugar de intercambio entre Chile, Hong Kong, Líbano, y cualquier otro lugar donde las llamas manden a los policías a correr. Queremos comprometernos con este movimiento en su cotidiano y proponemos algunas preguntas para reflexionar en los próximos días.

1. ¿Cómo han alimentado la crisis, el encierro y la política sanitaria las condiciones de descontento de la clase obrera local?
2. ¿Cuál es la conexión entre la ola de huelgas salvajes durante la pandemia y el levantamiento?
3. ¿Cómo relaciona la gente la lucha contra el racismo con la lucha como clase?
4. ¿Qué armas y tácticas han utilizado los manifestantes para tomar las calles y las tiendas frente a la policía?
5. ¿Por cuánto tiempo se pueden mantener los levantamientos a través de los supermercados locales, el sistema de logística y la producción de alimentos locales?
6. ¿Cuál es la relación entre el levantamiento y los trabajadores que hacen posible esta producción y distribución?
7. ¿Cómo hacen los trabajadores posibles los suministros militares, las armas y el transporte y qué poder tienen para frenar la intervención del ejército y la Guardia Nacional?
8. ¿Qué signos hay de negativas, divisiones y motines dentro de las fuerzas armadas?
9. Los trabajadores de las plataformas, como los conductores de Uber, han desaparecido de las calles. ¿Cuál es su relación con el levantamiento?
10. ¿Cuáles son las posibilidades de extender el levantamiento desde las calles a la economía capitalista, como por ejemplo con bloqueos, huelgas y otras formas de acción en el lugar de trabajo?
11. ¿Cuántos han sido arrestados? ¿Cuál es el nivel de apoyo a presos y cuáles son sus condiciones?

Animamos a la gente del movimiento a ponerse en contacto de forma anónima y confidencial para contribuir con FEVER y a ayudar a hacer circular las noticias y los análisis de la lucha mundial en el marco de COVID-19 enviándonos un correo electrónico a través del sitio web o un mensaje a través de nuestras cuentas de medios sociales.

8 de junio de 2020

[Ecuador] ¡Nuestras Vidas antes que sus Ganancias! ¡Abajo el "paquetazo", el gobierno, el Capital y el Estado!

¡NUESTRAS VIDAS ANTES QUE SUS GANANCIAS!
¡ABAJO EL PAQUETAZO, EL GOBIERNO, EL CAPITAL Y EL ESTADO!

M El nuevo “paquetazo” del gobierno de Moreno-Roldán-Martínez-Romo-Jarrín sólo enriquece aún más a los empresarios y sus políticos, mientras que a la clase trabajadora (que incluye a los informales y los desempleados) nos precariza y empobrece aún más. Es decir, aumenta nuestra explotación y nuestra miseria. Por eso salimos a las calles a protestar.
M Si la gente se enferma y se muere, no es culpa de la gente sino de este gobierno y de las Cámaras Empresariales que, con sus medidas para proteger sus ganancias, nos obligan a salir a las calles a trabajar y a protestar, arriesgando así nuestras vidas. Nos están quitando todo: trabajo, salud, vivienda, educación, etc. También nos están quitando el miedo, hasta que éste cambie de bando social.
M Esta no es “la crisis del coronavirus”. Es la crisis del capitalismo. La crisis sanitaria y económica actual no ha hecho más que desnudar esta cruda y antigua verdad: el capitalismo mata a los explotados y oprimidos, a los proletarios, pero salva a los ricos y poderosos, a los burgueses. Las clases sociales existen. La lucha de clases también y, de hecho, es lo que mueve a la historia y a esta sociedad.
M No conformes con su “ley de apoyo humanitario” para ellos y de nueva esclavitud para nosotros, este gobierno recién aprobó otra ley que permite a las Fuerzas Armadas y la Policía usar armas letales para reprimir la protesta social, a lo que le llama “uso progresivo de la fuerza”. Es decir, no conformes con matarnos de coronavirus, de hambre y de aislamiento, ahora también nos quieren matar a balazos si es que protestamos. Esto no es “fascismo” ni “falsa democracia”. Esto es la democracia, sin comillas: sí, porque en realidad la democracia es la dictadura de los ricos sobre los pobres, de la burguesía sobre el proletariado. El único y gran terrorista es el Estado.
M Si bien los recientes escándalos públicos de corrupción (sobreprecios) por parte de altos funcionarios de este gobierno son indignantes y repugnantes, el problema no es la corrupción. El problema es el capitalismo, sistema que se basa en la desposesión de los medios materiales de vida a la gran mayoría de la población para que una minoría de propietarios y empresarios explote su fuerza de trabajo y acumule capital mediante la producción y la venta de mercancías. La corrupción sólo es un mecanismo secundario de acumulación de capital. “Lícito” o “ilícito”, el enriquecimiento se basa en la explotación.
M Las instituciones, las leyes y las elecciones son inventos y armas de los ricos y poderosos para mantener y legitimar su poder sobre nosotros los explotados y oprimidos. Por lo tanto, no se trata de luchar por la “inconstitucionalidad” de tal y cual ley ni por un “gobierno popular”, porque eso sólo es jugar su juego en su cancha y darles más poder. Entonces, dejemos de luchar por esas migajas del Estado capitalista llamadas “derechos democráticos”. Luchemos por reapropiarnos y poner en común todo lo existente, porque los trabajadores lo hemos producido todo, por lo tanto, todo debería ser nuestro, para todos, sin necesidad de jefes, representantes ni intermediarios partidarios ni sindicales. La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores. Con autoorganización, apoyo mutuo y acción directa.
M Minneapolis y todo EE.UU. arden en llamas. La revuelta proletaria estalla en las entrañas de la gran bestia mundial. Sus detonantes son la violencia policial y el racismo. Pero sus causas son el capitalismo y la sociedad de clases. Por lo tanto, para abolir el racismo y la violencia policial, hay que abolir el capitalismo y la sociedad de clases, allá y en todo el mundo. EE.UU. no es el único país en el cual el proletariado de todas las “razas”, nacionalidades, sexos y edades se vuelve a rebelar en las calles: también hay fuertes protestas en Inglaterra, Alemania, Francia, Grecia, Hong Kong, México, Honduras, Brasil, Chile… Porque los proletarios no tenemos patria, y porque así como se contagia la pandemia del Capital, así también se contagia la revuelta social. Aun así, esta es necesaria pero no es suficiente: para acabar con todos los males que hoy aquejan a la humanidad y la naturaleza, la revuelta ha de criticarse y superarse a sí misma para transformarse en revolución social mundial. Porque sólo ésta puede frenar la actual catástrofe capitalista que nos está matando y regenerar la Vida sobre nuevas bases.

¡EL CAPITALISMO MATA: MATEMOS AL CAPITALISMO!
¡AUTOORGANIZACIÓN, APOYO MUTUO Y ACCIÓN DIRECTA!
¡REVUELTA Y REVOLUCIÓN! ¡COMUNISMO O EXTINCIÓN!

Unos proletarios cabreados de la región ecuatoriana
por la revolución comunista y anárquica mundial  

Quito, 8 de junio de 2020


Agradecemos su difusión

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Esta volante en las calles de Quito durante la marcha del 8J:


Esta volante en Indymedia Ecuador

Esta volante traducida al inglés por Malcontent Editions

6 de junio de 2020

[EE.UU.] ¡Viva la Revuelta!


Tras otra noche de revuelta en las calles de Estados Unidos por el asesinato de George Floyd, el presidente Trump desde un bunker en la Casa Blanca anuncia que designará a “Antifa” como organización terrorista. Este señalamiento busca a encuadrar a un movimiento (sin mayúsculas) espontáneo y multiforme en una Organización, asignándole no solo una ideología sino también un funcionamiento jerárquico y acorde a las lógicas estatales.

Una vez más, el terrorismo es utilizado como coartada para la criminalización de amplios sectores en lucha, que a su vez exceden completamente al “antifascismo”. Pero además de denunciar y luchar contra la avanzada represiva que esto significa, es necesario rechazar la polarización que se busca instalar en el seno de la lucha.

La falsa elección entre la economía y la vida impuesta a partir del Covid-19 hizo resurgir la clásica polarización burguesa entre liberalismo económico e intervencionismo estatal. Esta última, a su vez, se ha codificado de diferentes formas según la región. Generalmente como progresismo y derecha, e incluso llegando a hablar de fascismo, como en Brasil y Estados Unidos. No vemos ninguna casualidad en que se apele al antifascismo como canalización de una revuelta que no pueden controlar.

Si bien el antifascismo callejero (el Antifa), de tipo pandillero que enfrenta a las bandas neonazis, común en Estados Unidos y Europa no es el antifascismo estatista y militar (de “los buenos”) de los 30 del siglo pasado, sí es su heredero. Los victoriosos defensores del antifascismo oficial asesinaron trabajadores y violaron masivamente mujeres durante la Segunda Guerra Mundial. Y directamente formaron parte de los gobiernos vencedores que, en nombre de la lucha contra el fascismo, sometieron a tantos y tantos países a un régimen capitalista democrático donde ya no se debería protestar porque supuestamente somos libres y estaríamos peor si hubieran ganado los otros.

Fascismo y democracia han sido siempre sistemas políticos complementarios al servicio de los intereses de los ricos. Cuando la democracia no puede contener las luchas de los explotados y oprimidos, o simplemente para mantenernos a raya, el Capital recurre a formas más brutales. Hoy, esos métodos que se suponen son privativos de los fascistas forman parte de cualquier gobierno que se declara libre y antifascista, que por su parte son abiertamente totalitarios: asesinatos como el de George Floyd o los millones de muertos a manos de la policía de todos los países, el trabajo esclavo como complemento necesario del mercado laboral, y el disciplinamiento en escuelas, cárceles y manicomios. Así y todo, ningún presidente se dice fascista ¡sino todo lo contrario!

Ahora que la democracia ha devenido en control totalitario de la vida social, el fascismo como sistema de dominación ha perdido su sentido. Claro que sigue habiendo nazis y fascistas pero no son los que mueven los hilos, son un problema de la calle y deben ser combatidos en ella día a día. Pero el antifascismo como opción política es una farsa. Hoy como ayer solo sirve para hermanar a oprimidos y opresores, explotadores y explotados, gobernantes y gobernados. En nombre del antifascismo se nos llama a unirnos a los genocidas de hoy: los gobernantes progresistas o de izquierda de cualquier país, que también tienen las manos manchadas con sangre. O con los herederos del estalinismo y el maoísmo genocida.

El problema no es la derecha o la izquierda. Es el capitalismo, es la democracia. No hace falta unirse al frente antifascista para combatir a los fascistas. Lo que nos une es la acción común en todas partes contra lo que nos explota y nos oprime, contra la raíz del problema: la propiedad privada, el dinero y el Estado.

En las calles de Estados Unidos se mezclan proletarios negros, junto con blancos y latinos. Han desafiado la opresiva cotidianidad en menos de una semana. Querer arrogar esto a un solo movimiento como hace Trump y su séquito, o querer como su oposición sacar una tajada por estas declaraciones, expresa lo común que tienen de mentalidad política estas dos fracciones que están enfrentadas, pero solo en cómo gestionar este mundo mercantil.

¡Que ni Trump ni los verdugos de ninguna parte del mundo nos marquen los objetivos y desarrollos de nuestras luchas!
¡Terrorista es el Estado!

Anónimo
1 de junio de 2020


Traducciones:

25 de mayo de 2020

[Ecuador] Contra el nuevo "paquetazo" de este gobierno explotador y asesino, ¡hagamos una nueva revuelta proletaria!


El nuevo “paquetazo” del gobierno ya es un hecho en este país: reducción de los salarios y de la jornada de trabajo, despidos masivos, recorte del presupuesto para la educación y la salud, privatizaciones, y aumento del precio de la gasolina, por ende, de todos los productos de la canasta básica. Todo esto, en medio de la actual crisis sanitaria y económica. Por lo tanto, la gente de a pie que si no trabaja no come (la mayoría de la población) debería levantarse en contra de estas medidas tal como lo hizo en Octubre. Sí: deberíamos hacer una nueva revuelta, gente, porque estas medidas son peores que las de Octubre: nos precarizan y empobrecen aún más de lo que ya estamos, mientras los empresarios y sus políticos siguen acumulando más riqueza y poder a costa de nuestra explotación y dominación; es decir, a costa de robarnos, engañarnos y reprimirnos. 

Es más, todo lo que ha hecho este gobierno empresarial, mafioso y asesino de Moreno-Sonnenholzner-Martínez-Roldán-Romo-Jarrín durante los últimos meses, aprovechándose de la pandemia y la cuarentena obligatoria, es mucho peor y condenable que lo que hizo en Octubre (miles de contagiados, muertos, presos y despedidos). Por eso mismo, en las últimas semanas y días, nuestra clase trabajadora (que incluye a los informales y los desempleados) ya reaccionó protestando en las calles, a pesar del coronavirus y la dictadura sanitaria impuesta por el Estado. Y lo más probable es que continúe protestando en los próximos días y semanas, como debe ser. Pero no se sabe hasta cuándo ni hasta dónde.

En caso de acontecer una nueva revuelta en este país, es posible que, así como en la Revuelta de Octubre del año pasado se luchó por la derogatoria del Decreto Ejecutivo 883, esta vez se luche por la derogatoria de los Decretos Ejecutivos 1053 y 1054. Todas las izquierdas de aquí, o la mayoría de ellas, estarán de acuerdo en ello. Sin embargo, esta vez no hay que conformarnos con migajas legales e institucionales, gente. Eso de por sí ya fue y ya sería una derrota, aunque parezca lo contrario. Es decir, no hay que conformarnos con luchar por la “inconstitucionalidad” de tales leyes ni fantasear con elecciones presidenciales y un “gobierno obrero, campesino, indígena y popular”, como lo hacen las organizaciones de la izquierda del Capital. Porque las leyes, las elecciones y las instituciones son armas del Estado de los ricos y poderosos contra nosotros los explotados y oprimidos. No se puede combatir y destruir este sistema en su mismo terreno y con sus propias armas. Eso es “darle más poder al Poder”. Por el contrario, hay que hacer real aquella consigna que se ha escuchado en las últimas protestas: “con la fuerza de los trabajadores, romper las leyes de los explotadores”; y romper todo su poder económico, político, militar, mediático e ideológico.

Las revueltas proletarias deben criticarse a sí mismas, aprender de sus propios errores, tensionar y superar sus propias contradicciones, para no quedar atrapadas en el terreno de la clase explotadora y dominante, sino para romper con el orden establecido y transformarse en la revolución social que hoy en día es más necesaria y urgente que nunca, dada la actual crisis total del sistema capitalista que está destruyendo a la humanidad y la naturaleza. La revolución social, no para poner en el poder a ningún partido político de izquierda, sino para defender y regenerar la Vida misma que hoy está en riesgo.

Claro que para lograr algo así hay que empezar luchando por unas demandas mínimas (de trabajo, salud, vivienda, educación, tiempo libre) y con un mínimo de autoorganización colectiva (de la bioseguridad, la alimentación, el transporte, la comunicación y la autodefensa). Pero también hay que ir más allá de esto: hay que superar los propios límites de la revuelta. Al fin y al cabo, la revolución es la generalización y radicalización de todas las reivindicaciones o necesidades de los explotados y oprimidos para dejar de serlo. Y la organización es la organización de las tareas que esta lucha de clases para abolir la sociedad de clases exige. En la cual, el apoyo mutuo y la solidaridad han sido, son y serán nuestras mejores armas.

Entonces, si salimos a protestar a las calles a pesar del riesgo de contagio, el toque de queda y la amenaza de represión legal por parte del gobierno, que no sólo sea por rabia, hambre, desesperación y con la Revuelta de Octubre en la memoria (lo cual es totalmente legítimo y valioso). Salgamos a protestar a las calles con algunas ideas claras y autocríticas, gente: no luchemos por esas migajas democráticas del Estado de los ricos y poderosos llamadas “derechos”, ni tampoco como rebaños de ningún partido ni sindicato de izquierda que diga ser nuestro “líder y salvador”. Luchemos con cabeza y mano propias como los nadies que lo queremos todo. Porque los nadies, es decir los proletarios y las proletarias, hemos producido todo lo que existe y, por lo tanto, podemos destruirlo todo (las ruinas no nos dan miedo) y podemos crear algo totalmente nuevo y mejor que lo destruido, por y para nosotros mismos, sin necesidad de jefes, representantes ni intermediarios.

Todo esto, no es una cuestión de ideología política; es una cuestión de vida o muerte en estos tiempos de crisis económica, sanitaria, ecológica y civilizatoria. Tarde o temprano, hasta los “apolíticos” y “neutrales” que se creen “clase media” saldrán a protestar a las calles por esta razón. Todo lo dicho aquí, además, aplica no sólo para Ecuador y para la coyuntura local que se está abriendo, sino para todo el mundo (desde Chile hasta China) y para toda esta época. Por lo cual, hacemos un llamado a desatar la revuelta proletaria sin vuelta atrás aquí y en todas partes.

¡ABAJO EL PAQUETAZO, EL GOBIERNO, EL CAPITAL Y EL ESTADO!
¡NO LUCHEMOS POR MIGAJAS NI PACTOS!
¡LUCHEMOS SIN JEFES, REPRESENTANTES NI INTERMEDIARIOS!
¡CONTRA LA EXPLOTACIÓN Y LA MUERTE, VAMOS HACIA LA VIDA!
¡LA REVOLUCIÓN ES LA VIDA!

Unos proletarios cabreados de la región ecuatoriana
por la revolución comunista y anárquica mundial

Quito, 25 de mayo de 2020



24 de mayo de 2020

Sobre la Protesta Internacional de Repartidores en Ecuador: resistencia proletaria en medio de la pandemia y la precarización

Un proletario desempleado y cabreado de la región ecuatoriana
Publicado en Fever - Lucha de clases bajo la pandemia el 23 de mayo de 2020 

El 22A (22 de Abril) fue el Paro Internacional de Repartidores de Glovo, Uber Eats, Rappi y otras Apps de servicio de entrega de comida a domicilio. Participaron trabajadores de Ecuador, Argentina, Perú, Costa Rica, Guatemala, México y España. Esta protesta es importante y significativa porque es el símbolo y el síntoma de la reactivación de la lucha del «proletariado intermitente global»[1] (que incluye al proletariado migrante, como es el caso de los trabajadores venezolanos en Ecuador) en tiempo de pandemia y crisis del Capital mundial; es decir, del proletariado precario del sector servicios luchando contra la catástrofe capitalista generalizada (sanitaria, económica, política, social, civilizatoria) del siglo XXI. Esto, desde la revuelta proletaria mundial del 2019, que se vio interrumpida por el coronavirus hasta la fecha, ya que “la guerra contra el coronavirus” de los todos los Estados y empresas del planeta en realidad es una guerra contra el proletariado.

Por su parte, El 1A (1 de Abril) fue la Huelga Internacional de Alquileres: no pagar arriendo y seguir viviendo en el mismo lugar. Considerando que la mayoría de la población no tiene vivienda propia, por lo cual debe arrendar para poder tener un techo donde vivir; y que, a causa de la cuarentena, no puede salir a trabajar o ya está sin trabajo ni ingresos como para pagar el arriendo. Entre esta fecha-hito de lucha proletaria y la otra (el 22A), en varios países ha habido plantones de trabajadores despedidos, cacerolazos desde las ventanas y los balcones, “teleprotestas” de trabajadores impagos, huelgas salvajes en fábricas, motines en cárceles, saqueos a supermercados. Pero también ha habido nuevas medidas de austeridad y brutal represión estatal por parte de los gobiernos de derecha y de izquierda por igual. En suma, abril 2020 parece ser el mes de la reactivación de la lucha de clases real a nivel mundial en tiempos de crisis, pandemia y cuarentena globales.

Hecho que, a pesar de mi pesimismo actual, lo veo con buenos ojos, por ser un síntoma de posible reanudación –y esperemos que intensificación– de la revuelta proletaria internacional. Porque si se agudiza la catástrofe, entonces que también se agudice la revuelta cuando se levante la cuarentena y todo el odio de clase acumulado de los proletarios salga y estalle con fuego en las calles contra los ricos, sus políticos y sus perros guardianes (como ya se ha hecho sentir, por ejemplo, en los suburbios de Beirut, Atenas, París, Santiago de Chile y Guayaquil[2]).

En este contexto internacional, Ecuador es uno de los países con uno de los peores brotes de Covid-19 en todo el mundo: los más de 870 muertos (confirmados por coronavirus) en las últimas semanas hasta la fecha, principalmente en la ciudad de Guayaquil, lo atestiguan en forma de tragedia. Y el New York Times afirma que la cifra real de muertos es siquiera 15 veces más alta (13 050 muertos) que la cifra oficial reportada por el gobierno.[3] También es una tragedia moderna el despido intempestivo de más de 4 500 trabajadores durante las últimas semanas[4] (según cifras oficiales, lo que quiere decir que la cifra real es más alta). A lo que se suma la reducción de la jornada laboral y del salario de los trabajadores públicos, privados, formales e informales. Frente a tal masacre sanitaria y económica por parte del terrorismo patronal y estatal en este país, los proletarios ya han respondido con algunas protestas (de trabajadores de la salud contagiados, obreros despedidos, docentes impagos, repartidores superexplotados…).[5]

En el caso concreto de los más de 4 000 repartidores de comida a domicilio a través de plataformas digitales[6] (trabajadores informales del sector servicios, el cual es un sector privado de la economía), éstos son una parte del 46% de la “población económicamente activa” en situación de subempleo que existe en el Ecuador (según el propio Instituto Nacional de Estadísticas y Censos-INEC); y, su salario es lo que Marx, en el Tomo I de El Capital, denominó un «salario por pieza» o «salario a destajo»: la tarifa que les pagan por cada entrega realizada. So pretexto de la emergencia sanitaria y económica, bajo el discurso empresarial y gubernamental de “todos debemos arrimar el hombro para sacar el país adelante”, los dueños y patrones de estas empresas tercerizadoras de servicios de transporte de alimentos (y medicinas) les redujeron de $ 1 a $ 0.30 la tarifa o el pago por cada entrega, es decir les redujeron el 70% o casi las tres cuartas partes de su salario a destajo. Y en cuarentena les hacen trabajar más por menos dinero, por ejemplo, haciendo “entregas colectivas” en lugar de entregas individuales pero cobrando lo mismo. En otras palabras, contra este sector del proletariado del siglo XXI también aplica la clásica e invariante medida del Capital en situación de crisis para compensar la caída de la tasa de ganancia: aumentar la tasa de explotación de la clase trabajadora y, por tanto, la tasa de plusvalía.

Los repartidores no son, pues, “superhéroes”, como rebuznan los medios burgueses de comunicación masiva: son trabajadores superexplotados que, en tiempo de coronavirus, pasan todo el día trabajando en las calles (a diferencia de los teletrabajadores) y, para colmo, sin que las empresas les provean material de bioseguridad (mascarillas, gafas, guantes, gel antibacterial, etc.). Exponiéndose así a contagiarse de coronavirus y luego a tener que cuidarse y curarse como bien o mal puedan, ya que no tienen seguro de salud ni público ni privado para ser atendidos médicamente. En pocas palabras, se encuentran en situación de riesgo laboral y vital. Debido a estas precarias y criminales condiciones de trabajo y de existencia impuestas por el Capital transnacional y local, es que decenas de repartidores protestaron el 17 de abril (paro nacional) y el 22 de abril (paro internacional) en Quito.

«¿Qué hacen las empresas que se benefician del trabajo de lxs repartidorxs para garantizar su seguridad y derechos laborales? El gerente general de Glovo Ecuador, mediante una entrevista realizada por Telerama afirmó que lxs glovers han sido dotadxs de material de seguridad e higiene por parte de la empresa, esta afirmación fue rápidamente desmentida por la comunidad Glovers de Quito. A esto se suma que están obligadxs por la empresa a realizar entregas grupales. Es decir, se hacen dos o más entregas, que son cobradas  individual y completamente a lxs usuarixs; mientras que se les paga por la realización de un solo pedido más un supuesto bono de 0,30 ctvs a lxs repartidorxs. Estas condiciones fueron denunciadas durante un Paro Nacional, convocado el 17 de abril del 2020. […]
A nivel internacional, las principales exigencias de lxs trabajadorxs son el aumento del 100% en el monto por pedido realizado y la entrega de elementos de seguridad e higiene por parte de las empresas. Y ¿cómo se vivió el Paro Internacional en Ecuador? En la mañana del 22 de abril en las afueras de la tienda Glovo, ubicada al norte de la ciudad de Quito, se concentró un grupo de repartidorxs, llevaban mochilas de Glovo y Rappi; y es que la mayor parte de trabajadorxs de delivery tienen cuentas para trabajar en dos o más plataformas, de esta manera aseguran ingresos para sostener su vida. Mientras tanto, unxs glovers con marcadores, hojas de papel bond y papelotes escribían consignas y exigencias para visibilizar las razones del paro, y las pegaban en las afueras de la tienda. 
Otrxs colocaban sus maletas en la puerta principal de la tienda para evitar el despacho de pedidos. Había quienes hablaban con sus compañerxs, para explicarles la necesidad de parar; así algunxs reconocen la necesidad de parar para conseguir derechos, pero no pueden parar porque viven al día. Si un día no trabajan no pueden llevar el sustento a sus familias. A la larga, la solidaridad y la vivencia compartida permiten que entre lxs trabajadorxs se deje de repartir mientras se apoya a que quienes verdaderamente no puedan parar, continúen con el trabajo.
En esa mañana, lxs portavoces del Paro fueron entrevistadxs por los medios, dejando claro que la lucha por los derechos no tiene bandera, que se encuentran juntxs para pelear por condiciones dignas de trabajo y que no se puede sostener más la esclavitud a la que las empresas de app de delivery someten a sus trabajadorxs. Así mismo anunciaron que la lucha será a largo plazo, y que lo inmediato es garantizar el 100% del pago de los repartos que realizan y la entrega de equipos de bioseguridad necesarios en tiempos de pandemia. Su horizonte a largo plazo es que se reconozca la autonomía real de lxs trabajadorxs con las apps o que se lxs registre como trabajadorxs en relación de dependencia con todos los beneficios de ley. Ese es un debate que aseguraron debe llevarse en conjunto, tomando decisiones por el bien de todxs lxs trabajadorxs de reparto. 
En el transcurso de la jornada, se juntaron más repartidorxs a la protesta; llegaron en grupo, en medio de pitos y gritos de “luchamos juntos por nuestros derechos”. Algunxs Glovers se encargaron de preparar la ruta de la caravana que recorrió de norte a sur la ciudad para visibilizar la presencia de lxs repartidorxs y mostrar a la ciudad que su trabajo es esencial para sostener la cuarentena, pero que también es fundamental que cuenten con ingresos justos y seguridad. 
Al poco rato, la Policía Nacional apareció y haciendo uso del usual poder patriarcal y clasista, notificó a lxs repartidorxs en voz autoritaria, que tienen prohibido, por el estado de emergencia en el que se encuentra el país, aglomerarse y estacionar sus medios de trabajo en el lugar. Advierten que si no se mueven serán multadxs e incluso podrían apresarlxs por desacato a sus órdenes. La mayor parte de repartidorxs tomó su medio de transporte y en caravana se movió. Sin embargo, la policía no satisfecha con desalojar a lxs trabajadorxs, lxs siguió y en un cruce de dos vías principales de la ciudad (Gaspar de Villarroel y Shirys), lanzó de improviso y en contravía, un patrullero y dos motos contra la caravana de repartidorxs motorizadxs. Lxs motorizadxs lograron esquivar con maromas este acto violento, y continuaron su camino hacia el sur de la ciudad.»[7] 

Es interesante anotar que los repartidores motorizados protestaron de manera organizada y, al mismo tiempo, de manera espontánea y autónoma, es decir sin intermediarios sindicales ni partidarios –al menos en Ecuador–. Relevando a unos compañeros en el trabajo y comunicando a otros compañeros la medida de hecho ese día. Para lo cual, usaron las llamadas “redes sociales”: WhatsApp, Facebook, etc. Por ello, este es un ejemplo concreto de lucha autónoma, acción directa, asociacionismo proletario y solidaridad de clase por parte de trabajadores precarios, superexplotados y migrantes del siglo XXI, con “nuevas demandas” (aparte de exigir que les paguen mejor) como son las condiciones de bioseguridad contra el coronavirus, y que, tanto para su trabajo diario como para sus protestas, usan las NTICs (nuevas tecnologías de información y comunicación) y se organizan en red. Si su lucha es intermitente, es porque su condición laboral y material en la vida cotidiana es intermitente.

También hay que señalar que, a pesar de haber sido una protesta pacífica, la policía no se hizo esperar ese día y desalojó a los trabajadores que protestaron a las afueras de la empresa Glovo Ecuador. Obligando a los repartidores a improvisar y hacer una caravana motorizada de norte a sur de la ciudad. Acción que recibió el apoyo simbólico y en “redes sociales” por parte de cierta parte de la población. La policía como siempre protegiendo el sacrosanto orden de la esclavitud asalariada y la circulación de mercancías (principalmente, de la mercancía-fuerza de trabajo) para que los empresarios sigan acumulando ganancias y poder, en tiempo de economía de plataformas digitales, precarización laboral generalizada y pandemia. Un hecho ciertamente ilustrativo de la «esclavitud digital», el «Estado distópico» y el fetichismo de la mercancía: en una palabra, de este sistema de alienación, explotación, opresión y muerte pero, al mismo tiempo, de la precaria resistencia proletaria contra el mismo.

Cabe agregar que en Ecuador no es la primera vez que los repartidores protestan. En agosto y en noviembre de 2019 también realizaron protestas por el tema de la tarifa por entrega (su salario encubierto), es decir dos meses antes y un mes después de la Revuelta de Octubre del año pasado en este país. Por lo tanto, es posible que en la próxima revuelta social también estén presentes los compañeros repartidores, porque ya han sido los protagonistas de un paro nacional e internacional de su sector y su rama en lo que va de este año.

Viéndola en perspectiva, aquí y en todas partes la lucha de los repartidores de comida a domicilio a través de Apps es todo un símbolo del proletariado precario del sector servicios y su lucha reivindicativa bajo el capitalismo informático y financiero transnacional en tiempos de crisis catastrófica y de virtualización y aislamiento sociales. Como diciendo que los proletarios no son cosas ni números, sino que son seres humanos que quieren vivir frente a tanta muerte y tanta miseria. Y, al mismo tiempo, como diciendo también que le temen al desempleo y al hambre tanto como a la enfermedad y la muerte. Pero sobre todo, en los actos, interrumpiendo temporalmente la “nueva normalidad” laboral y social del Capital. Por ello, más allá de sus reivindicaciones puntuales y gremiales, la lucha de los repartidores es una lucha por cuidar su vida y un contraataque directo a la economía capitalista, precisamente porque ésta se basa en la ganancia sobre la vida.

También es un símbolo de que si el suyo es un “trabajo esencial en medio de la precarización y la pandemia” o de “primera línea” en el actual confinamiento social, no sólo es porque la comida es vital para todo el mundo en cuarentena y siempre, así como porque si ellos no transportasen comida otros (los clientes de “clase media” y  “clase alta”) no la podrían comer. Sino esencialmente porque la clase trabajadora es la clase explotada que sostiene a toda la sociedad capitalista con su trabajo, pero también es la clase antagonista del Capital que se rebela contra su condición de clase explotada porque el trabajo enferma y mata (literalmente en estos momentos de pandemia). En síntesis, esta lucha es un símbolo de que el proletariado es la contradicción viviente entre el “trabajo digno” y el rechazo del trabajo asalariado.

Sólo la lucha de clases real que se está reactivando a nivel mundial resolverá en la práctica histórica y social esta contradicción, tanto en esta lucha particular como en todas las demás luchas de todos los sectores del proletariado; y dirá si el movimiento que anula y supera el estado cosas actual –el comunismo– vuelve a ser o no un movimiento real y un “fantasma” que recorre el mundo capitalista hasta su total transformación revolucionaria. Radicalizando y generalizando o no las actuales luchas reivindicativas del intermitente proletariado mundial. Tensionando, rompiendo y saltando o no sus propios límites y contradicciones como clase de y, al mismo tiempo, contra el Capital.

Quito, 29 de abril de 2020
  


[1] «Lo que de hecho se expande explosivamente por el mundo son los precarios, los intermitentes globales, los superfluos que comprenden una parcela importante del nuevo proletariado, especialmente en los servicios. Y es ese el fundamento estructural de lo que vengo denominando esclavitud digital. Proletarios que, exactamente por estas condiciones, también se rebelan.» Ver Antunes, Ricardo (2019). “El nuevo proletariado de servicios, valor e intermitencia: la vigencia (y la venganza) de Marx” en Revista Herramienta N° 62, Año XXIII, Invierno de 2019, Buenos Aires-Argentina. Disponible en: https://herramienta.com.ar/articulo.php?id=3079
[2] Ver El Comercio (27 de abril de 2020). Tres motos de la Policía fueron quemadas durante disturbios en operativo en Guayaquil: https://www.elcomercio.com/actualidad/motos-policia-quemadas-disturbios-guayaquil.html
[3] Ver The New York Times-América Latina (23 de abril de 2020). El número de muertos en Ecuador durante el brote está entre los peores del mundo: https://www.nytimes.com/es/2020/04/23/espanol/america-latina/virus-ecuador-muertes.html
[4] Ver El Comercio (21 de abril de 2020). ¿Cuál es el impacto del covid-19 en los trabajadores de Ecuador: teletrabajo, rebaja salarial, despido intempestivo?: https://www.elcomercio.com/actualidad/ecuador-coronavirus-despidos-intempestivos-teletrabajo.html
[5] Ver Proletarios Revolucionarios (15 de abril de 2020). Breve análisis crítico de las últimas medidas económicas del gobierno de Moreno “para enfrentar la emergencia sanitaria” y de su “Programa Ecuador Solidario”: http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2020/04/breve-analisis-critico-de-las-ultimas.html; y, en este mismo blog, 22 de Abril de 2020: Paro Internacional de Repartidores:  https://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2020/04/paro-internacional-de-repartidores-22.html
[6] Ver El Telégrafo (9 de noviembre de 2019). Tres plataformas generan 4.100 empleos: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/economia/4/plataformas-digitales-repartidores
[7] Ver Valencia, Belén (24 de abril de 2020). Trabajo de reparto: trabajo esencial en medio de la precarización y la pandemia. La Tecla-R. Quito. Disponible en: http://www.latecla-r.com/2020/04/24/trabajo-de-reparto-trabajo-esencial-en-medio-de-la-precarizacion-y-la-pandemia/ Ver también Hidalgo, Kruskaya y Valencia, Belén (2019). “Entre la precarización y el alivio cotidiano. Las plataformas Uber Eats y Glovo en Quito”, en Friedrich Ebert Stiftung Ecuador FES – ILDIS. Disponible en: http://library.fes.de/pdf-files/bueros/quito/15671.pdf


23 de mayo de 2020

[Chile] Ya No Hay Vuelta Atrás N° 3. Reflexiones en torno a la Lucha de Clases

Recibo y publico:

El boletín “Ya no hay vuelta atrás” tiene su origen en la revuelta proletaria que incendió la región chilena a partir del 18 de octubre de 2019. El estallido de la revuelta y su desenvolvimiento histórico en los meses siguientes nos llevó a crear un espacio de reflexión, análisis y crítica del desarrollo de esta nueva etapa de la lucha de clases.
Las revueltas y revoluciones proletarias deben criticarse constantemente a sí mismas, so pena de caer en el conformismo y en el terreno de la clase enemiga. La revuelta de octubre se vio finalmente interrumpida por el nuevo contexto abierto por la pandemia mundial, que acarreó una aún mayor militarización de la sociedad. El resurgimiento de un movimiento proletario con características revolucionarias está supeditado entonces a la resolución de las contradicciones internas planteadas por su propia evolución, las que se hacían cada vez más claras durante las últimas semanas de la revuelta, que comenzaba a ahogarse en el fango demócrata propiciado por la salida burguesa del -suspendido- plebiscito pactado de abril.
En efecto, no será por sus conquistas directas, nulas casi, que la revuelta podrá convertirse en revolución. Ante esta verdadera contrarrevolución “biológica” a cuyo despliegue asistimos actualmente, es que el partido difuso de la insurrección podrá madurar hasta convertirse en un partido verdaderamente revolucionario. A este respecto, podemos decir que ya coexisten en una misma época, la crítica radical de esta sociedad con su negación en actos, pero es necesario que se fundan. En este sentido, “Ya no hay vuelta atrás” es uno de esos tantos puentes que hoy se están tendiendo para unir ambos elementos necesarios para la abolición total del mundo del capital.
Este tercer número está compuesto por un artículo de nueve tesis sobre la lucha de clases en el contexto local en el contexto de la pandemia global y una entervista a un compañero anarquista prisionero en el contexto de la revuelta.
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Extractos:
«El momento histórico que atravesamos está marcado por el hecho de experimentar aquí y ahora los efectos destructivos de la relación social capitalista, de su forma específica de producir y reproducir la existencia biológica y cultural humana, subsumida a la necesidad de valorización de capital que se nos presenta hoy como un sucesivo cumulo de escenarios catastróficos. 
Asistimos al agotamiento de un modo de vida producido específicamente por la civilización industrial-capitalista, que empieza a desbordar en todas direcciones las evidencias de sus propias contradicciones internas, teniendo toda catástrofe actual la misma raíz social: el dominio de las necesidades mercantiles de la economía por sobre las necesidades humanas. La actual crisis “sanitaria” del Coronavirus es entonces sólo una expresión singular de la totalidad de la catástrofe, que es la perpetuación del modo de vida capitalista.
[...]
En los últimos 30 años de la lucha de clases, hemos presenciado el colapso del proyecto de emancipación socialista del movimiento obrero, inaugurado en 1917 y que mostraba su fracaso terminal con el colapso de la Unión Soviética en 1991, que acabó por consolidar un capitalismo de Estado totalitario del cual China es hoy su máximo exponente, pasando luego por un período plasmado en una “paz social” de gestión democrática del capital “globalizando” estas relaciones sociales, hasta este punto de la coyuntura presente del Coronavirus donde se hace evidente que empiezan a vivirse realmente las contradicciones internas (de clase, ecológicas, “económicas” de desvalorización) del desarrollo capitalista. 
El fenómeno del Coronavirus y las diferentes revueltas del 2019, pueden significar la apertura histórica real de una nueva posibilidad de ruptura respecto a la forma de vida capitalista y al desenvolvimiento de la lucha de clases a nivel global, porque si global es el capital y su destrucción, mundial puede ser la revolución de la humanidad proletarizada. El actual escenario de catástrofe será el parto de una aceleración de los ritmos de los procesos históricos de cambio del siglo XXI, en torno al desenlace de la lucha de clases, donde la humanidad proletarizada se verá enfrentada a dos opciones: o la resignación y/o derrota ante la generalización de un control estatal totalitario con el argumento de gestionar las situaciones de “catástrofes” del capitalismo, o la construcción real de comunidades de lucha proletarias para establecer nuevas formas de vida y relaciones sociales como con la biosfera escindidas de la economía capitalista y su barbarie mercantil. 
El desafío de la lucha proletaria en este siglo que nos adentramos pasa por tareas específicas complementarias: el saber conjugar al mismo tiempo la lucha colectiva insurreccional y revolucionaria —proletaria por quienes la realizan, anti-proletaria por su contenido— con la construcción de nuevas formas de vivir, de comunidades humanas que transciendan conscientemente la forma social del valor con sus relaciones mercantiles causantes del antagonismo de clase, junto a todas las formas de dominación industrial hacia el entorno natural, patriarcal entre los géneros o “racista” entre etnias culturales. 
La necesidad de una manera diferente de habitar en el mundo, requiere de “medidas comunistas” concretas para suministrar los medios de subsistencia por parte de las comunidades humanas que emerjan en ruptura histórica con el capitalismo y sus relaciones sociales. Es la puesta en común de los medios de vida como proceso histórico revolucionario, para satisfacer de manera colectiva las necesidades humanas. Esto implica romper con la propiedad privada y todas las categorías del capital (dinero, trabajo asalariado, producción de mercancías) y el Estado (como jerarquización social). Tenemos que imaginarnos en el presente, como una propuesta programática de auto-abolición proletaria, el cómo modificar radicalmente nuestras maneras de alimentarnos, de proporcionarnos abrigo, de movernos, de relacionarnos simbióticamente con el entorno natural, de convivir afectivamente, de crear, como experimentamos la vida social e individual en sus diferentes ámbitos, la totalidad de la existencia. Habrá que decidir colectivamente qué elementos utilizar de la maquinaria de producción social actual susceptible de subvertir su uso y qué desechar por completo de ésta, por sus efectos nocivos irreconciliables. El modo de producción industrial y todo aquello que envuelve debe ser cuestionado de raíz. 
Estas son tareas concretas referentes a las formas de vida comunistas que no pueden aplazarse para “después de la revolución”, necesitamos pensarlas e imaginarlas colectivamente desde hoy, incluso ponerlas en prácticas experimentalmente con todas sus limitaciones obvias sin perder de vista la lucha de clases y su articulación con ésta. La comunización de los medios de vida debe ocurrir desde el principio del proceso revolucionario, pues la lucha de auto-abolición proletaria de todas las clases sociales por venir, no puede repetir el fracaso de los procesos de “transición socialista” que eternizaron la continuación de la dominación estatal y mercantil durante las revoluciones obreras del siglo XX. 
Es necesario que la auto-organización que vimos desarrollarse en la revuelta proletaria de octubre, el surgimiento de órganos autónomos de organización como las asambleas territoriales (u otros por crear), que se extendieron por todos los rincones de la región chilena, se multipliquen como potencia de la capacidad proletaria para afrontar de manera comunitaria los escenarios de catástrofe del modo de vida capitalista presente y futuro. Así, como saber desplegar medidas de autocuidado y de solidaridad proletaria autónomas al Estado/Capital.»