11 de octubre de 2019

Ecuador, 9 de octubre de 2019: 7mo día de Paro Nacional y 1er día de Huelga General. Panfleto de un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial, desde "donde las papas queman"





















Estamos luchando en las calles junto a las masas proletarias de la ciudad y del campo. No hay tiempo ni copiadoras disponibles para sacar y repartir este panfleto en papel. Es más agradable y provechoso vivir la experiencia de la rebelión que escribir acerca de ella.

Hicimos huir al presidente-títere de los empresarios y banqueros ladrones del Palacio de Carondelet y nos tomamos la Asamblea Nacional, mediante acciones directas masivas y redes de solidaridad de clase, a pesar del terrorismo de su Estado (estado de excepción, brutal represión policial y militar, cientos de detenidos, decenas de heridos, varios muertos, toque de queda).

No sabemos cuándo ni cómo va a concluir la situación actual. Pero sí sabemos que la lucha social continúa y debe continuar, teniendo claro y firme las siguientes reivindicaciones mínimas e innegociables: 

* Derogar todo el paquetazo económico, no sólo el alza de pasajes. 

* Derogar el estado de excepción y el toque de queda. 

* Derrocar todos "los poderes" del gobierno de Moreno, sus jefes y sus secuaces. 

* No negociar ni ceder con el Estado de los ricos y poderosos que nos matan de hambre y a bala. No dejarse robar por la burguesía y los políticos oportunistas de derecha ni de izquierda el poder que hemos ganado en las calles estos días. No exigir nuevas elecciones y nuevo gobierno. Ya basta del mismo libreto político de mierda de siempre. Autogobierno de las masas. 

* Mantener las Asambleas en todas partes para autoorganizar la movilización, la solidaridad, el abastecimiento, la salud y la autodefensa de nuestra gente. 

* Exigir la devolución de todo el dinero robado por empresarios, banqueros y políticos, para poder mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora del campo y la ciudad. 

* Expulsar a la Minería y al FMI. 

* Liberar a los compañeros detenidos. 

* Romper el cerco mediático y denunciar el terrorismo económico y policial del Estado. 

* Llamar a la solidaridad de clase internacional concreta en todo el mundo. 

Proletari@s en lucha de este país: 

Ganemos o perdamos, hemos despertado del letargo histórico, respondido a los ataques de todo tipo de la clase dominante, hecho cosas que no se han hecho en muchos años, y estamos aprendiendo en la práctica varias lecciones importantes durante estos días de intensa lucha de clases. 

Ganemos o perdamos, mantengamos encendida la llama de la lucha proletaria para poder construir y sostener a mediano y largo plazo una fuerza social autónoma con la capacidad y la claridad necesarias y suficientes para tomar el poder no del Estado burgués, al cual hay que destruirlo de raíz, sino sobre nuestras vidas. Para hacer la revolución social hasta el fin, es decir la abolición y la superación positiva de la propiedad privada, la mercancía, el trabajo asalariado, el dinero, la sociedad de clases, el Estado, la patria y toda forma de opresión entre los seres humanos y sobre la naturaleza. 

¡No se trata de sobrevivir menos mal, sino de vivir de verdad! 

¡No se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo! 

¡Viva el Paro Nacional y la Huelga General! 

¡Guerra de Clases e Insurrección! 

¡Comunas Libres en todo el país! 

¡Por la Transformación y la Comunización de Todo lo existente! 

¡Vamos hacia la Vida!





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Actualización incompleta realizada al calor de los hechos y "al apuro", antes de volver a las calles a seguir luchando junto a las masas proletarias del campo y la ciudad hasta el fin:


Algunas informaciones clave antes del 9 de octubre:




Algunas informaciones e imágenes clave de las jornadas de lucha del 9,10 y 11 de octubre:



9 de octubre - 7mo día de paro nacional: huelga general, fuertes enfrentamientos callejeros y brutal represión














Destacamento policial en Quito en llamas




10 de octubre - 8vo día de paro nacional: día de luto, asambleas, policías retenidos, marcha y resistencia

Parte de la guerra de clases en Ecuador, 10 de octubre de 2019:

Así amanece el Ecuador hoy jueves 10 de octubre*
- 7 muertos, de los cuales 1 recién nacido

- 95 heridos graves

- Más de 500 heridos leves
- 83 desaparecidos, de los cuales 47 menores de edad
- Más de 800 detenidos, de los cuales la mayoría en recintos policiales y militares
- 57 periodistas agredidos por la policía
- 13 periodistas encarcelados
- 9 medios de comunicación intervenidos
- 26 políticos apresados
- Además se reporta la detención arbitraria de 14 ciudadanos venezolanos que no participaban de las marchas

AYÚDANOS A DIFUNDIR
*Coordinadora Ecuatoriana de Contrainformación
~Lo que los medios callan las redes hablan*~









Más la Comuna de Quito y de Tungurahua

Las masas asambleando. Las bases están firmes. Ni negociación ni acuerdo con el Estado.

Resoluciones de la Asamblea de la CONAIE





11 de octubre - 9no día de paro nacional: marcha indígena y popular hacia el Palacio de Carondelet y fuertes enfrentamientos callejeros alrededor cerca de la Asamblea Nacional (hechos en curso)

2 de octubre de 2019

[Ecuador] Breve análisis del "paquetazo" y las próximas protestas en este país desde la crítica radical

Las últimas medidas económicas del gobierno ecuatoriano son medidas de austeridad en tiempos de crisis capitalista, que las han aplicado y las aplican gobiernos de derecha o "neoliberales" y gobiernos de izquierda o "socialistas del siglo XXI" de todo el mundo por igual, porque eso es lo que les determina a hacer la lógica misma del modo de producción capitalista, el cual se fundamenta en, o vive a costa de, la explotación de la clase trabajadora. En efecto, en tiempos de crisis el Capital siempre aplica en todas partes la misma política económica contra nuestra clase: ajuste de cinturones o mayor empobrecimiento, y aumento de la explotación.
En el caso concreto del último "paquetazo" de Moreno, lo primero lo consigue aumentando el costo de la vida debido al aumento del precio de la gasolina (pues aquí se sabe que "si sube la gasolina, sube todo"); y lo segundo, con todas las reformas laborales flexibilizadoras y precarizadoras impuestas (reducción de sueldos, de pensiones jubilares, de vacaciones, de personal, contratos flexibles, teletrabajo, etc.).
Por lo tanto, el problema no es sólo el "paquetazo" ni el gobierno "neoliberal" de Moreno ni el FMI. El problema de fondo es cómo el Capital nos ataca directa y avasalladoramente a la clase trabajadora en tiempos de crisis, y cómo podemos responder. La lucha es el camino, sin duda. Pero también es necesario analizar autocrítica y estratégicamente la lucha de nuestra clase.
Así pues, cuando al calor de la misma lucha concreta el proletariado desborda el terreno democrático y ciudadano, que es el terreno de lucha de la burguesía y su Estado, así como también el encasillamiento por parte de los sindicatos y partidos de izquierda que sólo quieren cooptar y dirigir la lucha proletaria para poder negociar con la clase dominante sus propios fines particulares y arribistas; cuanto esto pasa, la respuesta más contundente y legítima de la clase trabajadora frente a estos ataques de austeridad del Capital-Estado ha sido, es y será la acción directa, autónoma y antagonista por defender e imponer nuestras necesidades vitales concretas, o al menos pelear por que los ricos y poderosos no empeoren aún más nuestras ya malas condiciones materiales de existencia.
Llegado este punto, las reivindicaciones y las protestas de la clase trabajadora se generalizarían y radicalizarían, y ya no sólo el gobierno sino que todo este sistema no podría cumplir esas demandas sociales "imposibles"; sólo el derrocamiento de este sistema, del Capital y el Estado, lo podría hacer, y entonces se lucharía por esa salida revolucionaria de la crisis capitalista. Pero todavía falta mucho para ello aquí y en todas partes, sobre todo en este país donde el acumulado histórico y el nivel de la lucha de clases, a pesar de ciertos episodios rescatables, ha sido en general bajo e inconstante.
Por lo pronto, salir a protestar con las consignas "abajo el paquetazo", "abajo Moreno" y "abajo el FMI", "construir afinidad en las calles", y hacer todo esto de manera colectiva, más o menos organizada, más o menos autónoma, más o menos combativa... es necesario y está bien; pero hay que ir más allá (como se dijo esta noche en una asamblea por ahí): "abajo el gobierno", "abajo los empresarios y los banqueros", "que se vayan todos, que no quede ni uno solo", "abajo el Capital, abajo el Estado, abajo los gobiernos y todos sus lacayos".
Revertir el "paquetazo" y derrocar a Moreno (como se ha derrocado a Bucaram, Mahuad y Gutiérrez en años anteriores) serían reales "victorias" para el posible y nuevo "movimiento" de protestas sociales en este país. Pero, siendo objetivos, aquí y ahora no existen las condiciones y las fuerzas sociales reales, el nivel de lucha de clases real para ello, aunque por algo se empieza. Puede ser que este gobierno de empresarios y banqueros se salga con la suya, pero la lucha de la clase proletaria en las calles tratará de impedírselo y no será en vano. La lucha es el camino y ahí mismo, luchando, se aprende, en especial de los golpes y las derrotas, a fin de transformarlas en su contrario en próximas batallas.
El hecho de que mañana se reactive la protesta social en este país que ha estado tan "dormido" en ese aspecto durante la última década no es poca cosa. Al contrario. Impulsadas por las fuertes y ejemplares protestas de las últimas semanas de septiembre en Bolívar y Carchi, mañana podrían comenzar las jornadas de octubre o jornadas octubrinas del 2019 en Ecuador. La protesta será creciente y es posible que haya saltos. Algunas organizaciones sociales ya declararon que el 3 de octubre es el día del inicio del "paro nacional". Y ya hay algunas protestas en algunos puntos del país. Veamos qué pasa desde mañana que se vuelven a calentar las calles...
Hay que salir a protestar, sí, pero teniendo claro que este es sólo el comienzo y que hay que ir más allá. Teniendo claro, en última instancia, que los ricos y poderosos no van a pagar la crisis; que ésta no es sólo nacional y "neoliberal", sino mundial y capitalista; que ésta no se eliminará de raíz y definitivamente sino es eliminando al capitalismo, el cual nos seguirá atacando y empeorando nuestras vidas con más crisis y medidas de austeridad; que falta mucho para ello, para un nuevo ciclo (internacional y local) de luchas proletarias que altere la correlación de fuerzas sociales y le imponga al sistema capitalista una situación de crisis revolucionaria; y que, al mismo tiempo, por algo se empieza en la lucha por defender las necesidades humanas de la clase trabajadora contra las necesidades de explotación y acumulación del Capital. Pase lo que pase, en términos de lucha, organización y consciencia, alguna lección y alguna llama encendida dejarán estas próximas protestas para la clase trabajadora en esta "mitad del mundo". Ya es hora. Veamos qué pasa desde mañana en las calles...

Un proletario cabreado de la región ecuatoriana

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Versión panfleto repartido en Quito en medio de las fuertes protestas callejeras el 03/10/2019, 1er día del Paro Nacional y de la reactivación de la Guerra de Clases en este país: 



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Nota breve del 05/10/2019, 3er día del Paro Nacional: fuertes protestas sociales con acciones directas y brutal represión policial y militar en todo el país bajo estado de excepción. La lucha proletaria aquí y ahora sigue y seguirá al menos hasta que se derogue todo el paquetazo (no sólo el alza de pasajes) y que se vaya todo este gobierno burgués. Actualización de los últimos hechos en curso pendiente y apenas sea humanamente posible desde las calles.

Guerra de Clases en el centro histórico de Quito por las medidas de austeridad y la represión (03/10/2019)

29 de septiembre de 2019

SOBRE LAS ANTICIPACIONES DEL APOCALIPSIS EN MARX

Ciro Mesa Moreno, 2009


Marx fue un pensador militante, un activista político, un hombre de partido. Esto es un indicio de lo a fondo que asumió que la historia constituye un proceso abierto. Su momento optimista, su confianza última en la racionalidad de los hombres, no clausuró la consciencia materialista de la incertidumbre. El concepto marxiano de historia no incluye la representación de un final cerrado y predeterminado, al que la humanidad se encamina inexorablemente, representación que constituye para él una mistificación metafísica. Pero interpretó su época como una realidad atravesada por promesas emancipatorias con cuya realización se compromete y cuya realización espera. Pensó que la tendencia dominante de la historia humana era la que apuntaba hacia una humanidad emancipada, socializada de un modo no-coactivo. Sin embargo, al pensar la historia como un proceso abierto, su diafragma teórico debió abrirse hasta atender a las posibilidades negativas. De ahí que en sus textos también podamos encontrar rastros del apocalipsis. Se trata, efectivamente, de rastros, no de una teoría apocalíptica acerca del fin de los tiempos. Marx fue también en algunos momentos de su escritura, tal vez a su pesar, anunciador de catástrofes. Digo a su pesar por la forma en que aparecen las posibilidades apocalípticas en sus textos: reticentemente, como temores desactivados por la confianza en el instinto de autoconservación del animal humano, como dudas que se expresan pero de las que no se extraen sus consecuencias últimas. Este escrito se dedica a indicar y comentar algunos de los textos de Marx en los que se manifiestan aquellos rastros del apocalipsis. Me parece que dice mucho sobre nuestra época que esos textos, precisamente estos más que los optimistas, produzcan la impresión de que pueden ser aplicados de forma inmediata a la actualidad. [...]

Marx concibe, pues, el desarrollo capitalista como un proceso plagado inevitablemente de movimientos catastróficos. “Sabemos”, afirma en el mencionado discurso, “que las nuevas fuerzas de la sociedad, para alcanzar una efectividad correcta, necesitan solamente hombres nuevos que se conviertan en sus dueños –y estos son los trabajadores” (ibíd.). Sólo una sociedad en la que los trabajadores dominen las fuerzas productivas despertadas por el capitalismo podrán quitar de estas su carácter antagónico. De ahí la alternativa que presenta Marx: o bien el proceso social sometido a ley de valorización del capital continúa su marcha catastrófica –cada vez más violentamente catastrófica-, o bien aquellos a quien esa ley somete y embrutece toman consciencia de esa realidad e intentan darse a sí mismos una forma de sociedad pacífica y racional, en la que sea posible un desarrollo sin esclavización ni mártires. Sabemos que aquí no estamos ante una alternativa entre posibilidades a las que se conceda el mismo grado de plausibilidad. El planteamiento de la alternativa entre socialismo y barbarie es en sí mismo un ejercicio retórico a favor del primero, que se identifica ya, dentro de la misma oposición, con las ideas de razón, libertad y humanidad. Pero, no obstante, se trata también de una alternativa que se presenta como real, por que en definitiva –y esto es lo que hace necesario aquella retórica- el futuro está abierto y nada está decidido de antemano. Ni la barbarie, ni la regresión, ni el apocalipsis final socialmente producido, fueron posibilidades que Marx, en virtud de su confianza última en la racionalidad humana, terminara de asumir en su inminencia. Pero tampoco pudo descartarlas. La alternativa entre socialismo y barbarie proclama que los trabajadores deben vencer, que tienen que vencer, por que, si son derrotados, entonces el embrutecimiento, la esclavización y el envilecimiento de los hombres llega hasta el final de los tiempos y precipita el final mismo. Si aquel acontecimiento emancipador se piensa como un mero imperativo práctico, una mera posibilidad, entonces este final se levanta como una expectativa histórica real. [...]

Más adelante veremos como percibió Marx que la lógica del desarrollo capitalista conduce por sí misma a la catástrofe ecológica. Ese es uno de los rastros del apocalipsis a los que me refería más arriba. Otro, que es el decisivo porque aquel depende de este, es la posibilidad, apenas insinuada, de que la lucha de clases acabe sin supervivientes o de que los trabajadores sean definitivamente derrotados y absorbidos, y el capital siga su marcha triunfal hacia la destrucción sin contestación ni oposición. Veamos ahora algunos pasajes en los que el discurso marxiano deja ver este rastro. [...]

Marx pensaba que los dispositivos técnicos desarrollados dentro de las relaciones capitalistas de producción funcionan también necesariamente, en el contexto de esas relaciones, como medios de destrucción. La historia del siglo XX , en el que la lucha entre los hombres adquirió formas políticas de movilización y antagonismo cuya destructividad no le fue dado a Marx anticipar, muestra como la imagen apocalíptica de una liquidación total de la humanidad entera dejó de ser una posibilidad remota para convertirse en el miedo cotidiano de millones de hombres. [...]

Por otro lado, las crisis periódicas y de violencia creciente que son constitutivas al despliegue antagónico del modo de producción capitalista, no sólo mutilan una parte del capital mismo, sino que sacrifican trabajadores. Marx acaba el artículo en un tono, ahora sí, directamente apocalíptico: “Aumentan los terremotos en los que el mundo del comercio sólo se conserva sacrificando una parte de la riqueza, de los productos e incluso de las fuerzas productivas a los dioses del submundo, resumiéndolo en una palabra: crisis (…) El capital no sólo vive del trabajo. Como un señor ufano y bárbaro a la vez lleva consigo a la tumba los cadáveres de sus esclavos, hecatombes enteras de trabajadores que sucumben en las crisis” (Mew, 6, 423). Esta representación apocalíptica está cargada de resonancias míticas: el capital paga su subsistencia sacrificando riquezas y hombres a las fuerzas demoníacas. Una imagen mítica cargada a su vez, no obstante, de contenidos históricos reales si leemos a través de ella los vendavales de destrucción que desató la burguesía en el siglo XX cada vez que su poder estuvo de verdad amenazado. Si Marx no llega a tomarse completamente en serio la hipótesis de una destrucción total del trabajo vivo por obra del trabajo muerto, no fue en consideración de la existencia de algún tipo de inhibición moral o civilizatoria, sino de la lógica de intereses inmanente al proceso de valorización del capital. En el mismo artículo escribe: “A los señores capitalistas no les faltará carne y sangre explotables, y se dejará que los muertos entierren a sus muertos. Pero esto, más que un consuelo que se dan a sí mismo los trabajadores, es un consuelo que se da a sí misma la burguesía. Si la clase entera de trabajadores asalariados fuera destruida por la maquinaria, ¿no sería horrible para el capital que sin trabajo asalariado deja de ser capital?” (Mew, 6, 421). Este texto de Marx parece perseguir un efecto relativamente tranquilizador: los trabajadores no se extinguirán pues son necesarios para la supervivencia del capital como capital. Pero la frase en su sentido más lato revela un rastro del apocalipsis. Una situación en la que sólo el interés del capital separa a la clase de los trabajadores de la inmolación constituye para estos una representación bastante cercana a lo que podría significar socialmente la palabra “infierno”. La constatación de que, al fin y al cabo, el capital necesita imprescindiblemente un quantum de trabajo vivo sólo resulta consoladora, y en muy escasa medida, para los que se ven casualmente a salvo, para aquellos cuyos medios de vida no han sido reclamados todavía, usando la expresión de Marx, por los dioses del submundo. Un triste consuelo para aquellos a los que se le concede una existencia tan culpable como provisional en función de un sistema impredecible y vengativo. Un consuelo terrible el asociado a esa imagen de una trampa sin escapatoria, no menos apocalíptica por cotidiana y consabida: la de una sociedad ante cuyo poder sus miembros son insignificantes e impotentes, y se encuentran sometidos a fuerzas que en cualquier momento los pueden sacrificar, pero a las que, no obstante, deben servir y contribuir a potenciar. [...]

Lo profundamente apocalíptico de los rastros de posibilidades negativas que laten en los textos de Marx se nos revela sobre todo al pensarlos juntos, uno al lado del otro. Más arriba vimos que determinados pasos del discurso marxiano indicaban que el automatismo productivo fabrica una humanidad automática que no se resiste al comando del capital. Apocalíptica es la unión de esta amenaza a la tendencia al colapso ecológico. Precisamente porque la oposición efectiva a esta tendencia requeriría una subjetividad mayor de edad, capaz de oponerse a la marcha objetiva de la sociedad y de transformarla. Pero este es precisamente el tipo de constitución subjetiva que la sociedad capitalista bloquea. Los rastros del apocalipsis presentes en los textos de Marx nos conducen, así, a una contradicción con la que tenemos que seguir pensando y viviendo mientras sea aún posible una cosa y la otra a la vez.

28 de septiembre de 2019

CRISIS Y CAPITAL EN MARX

Ciro Mesa Moreno, 2009


La modernidad no es una época de desmitologización. No para Marx. Sus textos muestran la sociedad comandada por el capital como una maquinaria de producir espejismos, alucinógena en un sentido literal. Las crisis, un momento necesario de su desarrollo, destruyen la apariencia de racionalidad. Ellas, según Marx, hacen salir a la luz “las contradicciones de la economía burguesa” (26.2, 535)[i]. Las crisis desmoronan la falsa expectativa de estabilidad, pero ocasionan también nuevas formas de embrujo[ii], por ejemplo, aceptar como un destino inevitable su naturalidad o achacar a un desarreglo parcial el desastre en el todo, cuando es precisamente el todo de la socialización capitalista el desastre. Contra esto, el pensamiento marxiano muestra la necesidad del vínculo entre socialización capitalista y crisis. Enseña que el desarrollo de la sociedad capitalista tiene que transcurrir a través de crisis, destrucción y catástrofes. Y que la eliminación de las crisis dependerá de la superación del capitalismo. [...]
  
Marx pensaba que la ciencia económica burguesa no puede sino soslayar el problema de la crisis, hasta el punto de elaborarlo como un enigma irresoluble o traducirlo a unos términos que inducen al olvido de su dimensión estructural. Plantearlo sin encubrimiento implica cuestionar la sociedad capitalista en su contradictoriedad constitutiva, esto es, como una forma transitoria, no absoluta -y finalmente absurda- de organizar la producción social. La “crítica de la economía política”, en cambio, puesto que su horizonte es la transformación radical de esa sociedad, no sólo puede preguntar por la crisis, sino que, en algún sentido, se constituye toda ella como un desarrollo de esa pregunta. Ciertamente, Marx no llegó a elaborar la teoría -tantas veces prometida y postergada- de la crisis económica[iii]. Sin embargo, los desarrollos de las formas “dinero”, “mercancía”, “valor” y “capital”, conducen una y otra vez a ese fenómeno. Sus estudios de madurez tratan de fijar qué condiciones de la sociedad burguesa ocasionan las crisis que periódicamente la asolan, acontecimientos que constituyen para él una de sus determinaciones fundamentales[iv]. [...]

La explicación marxiana muestra las crisis como resultado inevitable de las contradicciones del modo de producción capitalista. Al tiempo, las presenta como medio que conserva y potencia el poder del capital, ya que desatascan las obturaciones por sobreacumulación del proceso de valorización y sirven a la centralización. Tenemos que considerar aún un nuevo aspecto de la función conservadora para el orden capitalista de la crisis: su efecto contrarrestante a la tendencia a la caída de la tasa de beneficios, esto es, al derrumbe económico.

Marx pensaba –y este era para él un supuesto material fundamental para confiar en la eliminación de las relaciones capitalistas- que la creciente composición orgánica lleva aparejada la caída gradual en la tasa de de beneficios (25, 222). Podría afirmarse que esto constituye la concreción en la sociedad capitalista de la contradicción entre desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones de producción. Para un sistema cuyo alfa y omega es el beneficio, un decrecimiento progresivo de su tasa resulta catastrófico. Esa tendencia apunta en último término objetivamente al derrumbe. Claro que Marx no piensa esa ley como las que rigen los procesos naturales, y de hecho señala la existencia de “causas contrarrestantes” (25, 242-250) que entorpecen o suprimen la acción de la ley general. Las crisis, agudizadas por la disminución de la tasa de beneficios, producen a su vez el efecto de ralentizarla. Esa disminución, escribe, “fomenta sobreproducción, especulación, crisis, capital sobrante junto a población sobrante” (25, 252). A la inversa, las crisis frenan aquella disminución. Por una parte, como sabemos muy bien hoy, crean las condiciones para elevar el grado de explotación del trabajo; por otra, dejan sitio para el mantenimiento o el nuevo comienzo de la valorización. 

La conclusión a que lleva el análisis que he venido describiendo es que las crisis económicas constituyen un medio para el fortalecimiento y la conservación del poder del capital. Eliminan la sobreacumulación que obstaculiza la extracción de plusvalor; sirven a la centralización de capitales y, por tanto, a su dominio del trabajo; atrasan la formación de las condiciones objetivas para el desmoronamiento del capitalismo. Marx escribió en un borrador de carta 1881 que el desarrollo del capitalismo “no es más que una historia de antagonismos, crisis, conflictos y catástrofes” (19, 397). El sentido conservador de las crisis nos enseña que el desarrollo de la sociedad capitalista se realiza a través (y no a pesar) de la destrucción de riqueza, trabajadores y medio natural. ¿Podrá interrumpirse ese desarrollo? Esa posibilidad –si es que la humanidad no está condenada a seguirlo hasta la catástrofe final- tendrá finalmente que sustentarse en la constitución de los individuos como agentes de una transformación radical de la sociedad[vii]. Y Marx pensaba que precisamente las crisis podrían actuar también de catalizadores para la formación de una subjetividad “práctico-crítica”. [...]

La noción de “derrumbe” en Marx puede inducir al pensamiento de que el final de la sociedad capitalista acontece como una consumación o realización de la misma totalidad antagónica en su desarrollo objetivo. Henryk Grossmann, por ejemplo, llegó a creer posible una predicción exacta de la crisis última y del fin del capitalismo a partir de la ley de caída de la tasa de beneficios. La publicación de su obra en 1929 coincidió con una crisis sistémica profunda que, en lugar de a una sociedad liberada, condujo a la continuidad del capital por medio del fascismo, diversas formas de autoritarismo de estado y, finalmente, una guerra horrenda terriblemente resuelta. Es preciso, frente a las interpretaciones deterministas del derrumbe, volver a poner en primer plano la insistencia de la teoría crítica marxiana en la historicidad del capitalismo. Este pensamiento implica asumir la posibilidad de que las crisis también puedan desembocar en una orgía de destrucción. Dentro de la mediación de contingencia y determinación que es la historia, la praxis transformadora antes aludida no habría que derivarla directamente de la dinámica misma de la sociedad capitalista, sino asumir que, en todo caso, podría autoconstituirse a través de su negación. El discurso de Marx sobre los estatutos de la Internacional (1864) expresa muy bien esa idea de un sujeto que se transforma a sí mismo por medio de la misma praxis transformadora (16, 14). En el contexto de la crisis presente, eso podría traducirse en que la idea de una supresión del orden capitalista no exige la identificación de un sujeto revolucionario ya formado y organizado, sino suponer la posibilidad de cierta fuerza de negación en los explotados y desposeídos (incluyendo, claro, a las explotadas y desposeídas). Una aplicación consecuente de Marx entenderá que el objetivo de eliminar el trabajo asalariado va unido a la supresión del patriarcado, de la desposesión racial, étnica y cultural, del dominio devastador de la naturaleza. [...]

26 de septiembre de 2019

LA CATÁSTROFE ES EL CAPITAL

Omnia Sunt Communia, Chile, septiembre de 2019

El Amazonas en llamas, Brasil, agosto de 2019

“Los sectores triunfantes de Occidente cavan su propia tumba con la potencia de 
destrucción ecológica del sistema productor de mercancías.”
Robert Kurz, El colapso de la modernización, 1991

A esta altura para nadie debería ser ya una novedad que estamos inmersos en una seria crisis sistémica provocada por el actual desastre capitalista que nos tiene al borde del abismo. Sin embargo, aún persiste un discurso –común incluso en autoproclamados “revolucionarios”-, que afirma que basta con gestionar los medios de producción “de manera distinta”, eliminando sus consecuencias nocivas, para resolver el problema. La “tecnociencia”, -nos dicen-, reorientada hacia la conservación del entorno, sería la llave que garantizaría el retorno al equilibrio entre la humanidad y la naturaleza. Por el contrario, la investigación y el desarrollo científico “nunca tuvo como finalidad satisfacer nuestras necesidades y deseos, sino más bien mantener, ampliar y reproducir el orden dominante” (1), por lo que no se trata de algo neutral. Este camino es sólo una “ilusión renovable”, que se presenta como solución, pero que profundiza el problema: “el desarrollo tecnológico no es fruto del optimismo, no de la fe ciega en el progreso, no de unas políticas nefastas de I+D, sino la única salida que encuentra el valor para, dado un aumento de la competición de capitales por el empeoramiento de las condiciones de producción, salir del embrollo en una huida hacia adelante por conseguir rascar alguna plusganancia en el tiempo que dure la mejora de la productividad” (2). La renovación de la promesa tecnológica nos lleva a un callejón sin salida, ya que, “la tecnología responde a la sociedad que la genera (…) y nuestra formación social capitalista es un sistema de producción de nocividad que determina la generación de sus paliativos” (3).

Generalmente el “cambio climático” que amenaza la vida de millones de especies y ecosistemas, “la crisis energética” por el agotamiento de los combustibles fósiles de los cuales dependemos, y el capitalismo como sistema de alcance planetario, son abordados de manera separada y fragmentaria, sin una perspectiva de totalidad, que vislumbre que de lo que se trata es de una catástrofe capitalista cada vez más brutal y al parecer “terminal”. La actual devastación de la biosfera no puede entenderse aisladamente, en un mundo que obedece de manera impersonal a la lógica de producir y acumular valor sin cesar –que integra todos los aspectos de la vida cotidiana a los dictámenes de la economía-, y que, para la consecución de este ciclo, una y otra vez, no tiene escrúpulos en destruir todo a su paso. El desarrollo del capitalismo fundado en la idea de crecimiento perpetuo y en el progreso infinito de las fuerzas productivas, en la actualidad ha devenido, tal y como lo advirtieran Marx y Engels en La ideología alemana de 1846: “a un estadio en el que nacen fuerzas productivas y medios de circulación que solo pueden ser nefastos en el marco de las relaciones existentes y no son más fuerzas productivas, sino fuerzas destructivas". En consecuencia, considerar que la gestión democrática del Estado, los medios de producción, o, la ciencia, impedirán esta tendencia hacia la autodestrucción, no es más que un sinsentido.

En Abya Yala, se ha intensificado la actividad extractiva y la destrucción del medio ambiente, produciéndose choques, muchas veces violentos, de comunidades –muchas de ellas indígenas- que defienden el territorio y se niegan al avance del capital. Los megaproyectos enmarcados en la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) (4), que están operativos desde el año 2000, buscan levantar toda una red de rutas viales y complejos industriales que faciliten el saqueo y la explotación de combustibles fósiles tan escasos hoy –utilizando técnicas tan destructivas como el “fracking”-, minerales y “bosques” –de especies foráneas de rápido crecimiento, como pinos, eucaliptos o álamos-; intervenir los cursos de agua para proyectos enérgeticos y de megaminería; ocupar grandes extensiones de tierra en monocultivos modificados genéticamente –por ejemplo, soja-; etc. El despojo ha ido creando “zonas de sacrificio” en donde la catástrofe de la acumulación capitalista y su horizonte civilizatorio aparece sin ningún velo y en su total crudeza: “dicho proceso es indiferente a las necesidades reales de la población y a los impactos medioambientales, pues persigue objetivos meramente capitalistas” (5).

Desde el año 2008, la sociedad capitalista se encuentra en una grave crisis de acumulación que, para sortearla exitosamente, según dicen las y los defensores del “decrecimiento”, bastaría con “movilizar tropas reuniendo a todos los que quieren creer que podríamos ‘salir del desarrollo’ (es decir, del capitalismo) permaneciendo en él” (6). Buscar otro tipo desarrollo y otro tipo progreso, la mera crítica técnica del activismo ecologista, “volver a la naturaleza” e irse al campo alejándose de las metrópolis, impulsar una suerte de “democracia ecológica” o “capitalismo verde”, “obligar” al capitalismo a no crecer, apostar a la acción institucional, reorientar la producción a una economía de carácter “social”, intentar regresar en la historia a un pasado supuestamente idílico (“primitivismo”), o incluso cualquier solución de índole personal-moral (7), son totalmente estériles para superar el actual impasse que experimenta la humanidad y la tierra. Mientras, “la contradicción entre un sistema forzado a crecer por su dinámica interna y un planeta finito repercute cada vez más profundizando la contradicción entre dinero y la ganancia, por un lado, y las necesidades humanas por otro” (8), continué operando, nuestra situación solo empeorará.

Nuestra única salida es liquidar el capitalismo y sus relaciones sociales, ya que, parafraseando a Walter Benjamin, la catástrofe es el capital y la forma de no-vida que nos impone. El capital destruye el entorno y los seres humanos indistintamente: la base de sustentación material de la vida, y, la especie humana en su conjunto, están en grave riesgo mientras la relación social del valor y todas las categorías mercantiles continúen vigentes. La revolución proletaria sigue estando a la orden del día, su posibilidad y necesidad, es nuestra única garantía de éxito. La construcción de una comunidad humana mundial y la ruptura total con el sistema productor de mercancías, modificarán radicalmente nuestra relación con la naturaleza y nuestras relaciones interpersonales. Solo el comunismo y la anarquía nos salvarán del colapso y el desierto que vienen.

Notas:

(1) “Cuadernos de Negación”, N° 8, noviembre 2013, “Crítica de la razón capitalista”. Región argentina. P. 3.
(2) “El decrecimiento y la gestión de la miseria”, Grupo Barbaria, Madrid, 2019. Disponible en línea en: http://barbaria.net/2019/06/09/el-decrecentismo-y-la-gestion-de-la-miseria/
(3) Vela, Corsino (2018) Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosiva. Madrid: Traficantes de sueños. P. 110.
(4) Desde el año 2011 en la región chilena, este plan es asumido como Foro Técnico del Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN). Para una compresión detallada de cómo opera este plan en nuestra región recomendamos: “Cuadernos del capitaloceno”, N° 1, primavera 2018, norte semiárido.
(5) “La ideología del Progreso en Latinoamérica”, en: Amorós, Miguel (2016) Cénit y ocaso. Materiales para una crítica de la ideología del progreso. Isla de Maipo: Ediciones Askasis / Ediciones Tercer Asalto. P. 152.
(6) Riesel, René & Semprun, Jaime (2011) Catastrofismo, administración del desastre y sumisión sostenible. Logroño: Pepitas de Calabaza Editorial. P. 94
(7) Recomendamos el artículo, “Olvidémonos de las duchas cortas o porque el cambio personal no implica un cambio climático”, en: Jensen, Derrick (2015) El pacifismo como patología y otros escritos. Santiago: Colectivo Editorial Nihil Obstat-Editorial Viejo Topo: P. 41-51.
(8) “Colapso. Cambio climático-Crisis energética-Capitalismo terminal”, folleto de la Biblioteca y Archivo Histórico-Social Alberto Ghiraldo, octubre de 2018, Rosario, Región Argentina.

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Relacionado: Deforestación en la selva amazónica. Boletín "La Oveja Negra" N° 65. Septiembre de 2019

25 de septiembre de 2019

DESTRUIR EL CAPITALISMO PARA ACABAR CON LA DEVASTACIÓN DE LA NATURALEZA Y LA HUMANIDAD

CONVOCATORIA SEMANA DE LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y TODA NOCIVIDAD 20-27 SEPTIEMBRE 2019: https://tarcoteca.blogspot.com/2019/03/convocatoria-madrid-bloque-anarquista.html

CON EL CAPITALISMO NO SE DISCUTE, AL CAPITALISMO SE LE DESTRUYE, O ÉL NOS DESTRUIRÁ COMO HOY LO ESTÁ HACIENDO. ORGANIZACIÓN, REFLEXIÓN Y ACCION!!!!!


Diversas instituciones, grupos ecologistas, organizaciones sindicales, grupos estudiantiles, reunidos bajo el nombre de ´Frifays for future´ han convocado la llamada ´Semana por el clima´ del 20 al 27 de septiembre. Básicamente esta semana consiste en manifestaciones  programadas, alienantes en las que pedir al Estado y otras instituciones (ONU, G7…) que pongan remedio o tomen medidas ante el desastre que están causando. En su discurso simplista, recuperador y dirigista enningún momento critican la causa de la devastación en curso: el capitalismo tecno industrial y su organización técnica del mundo. Son aquellos que critican el cambio climático sin criticar a quienes loproducen: tienen un cadáver en la boca, aquellos que defienden el mito del progreso, del desarrollo sostenible y de una vida ´cómoda´ a cambio de la esclavitud y de mercantilizar todo aspecto de nuestra vida, una vida vendida a la dominación tecnológica. Son aquellos que han comprado en el supermercado de la rebelión el nuevo producto de moda: el cambio climático Fridays for future? Hoy más que nunca el futuro no existe, vivimos en un eterno presente y cualquier vestigio del pasado ha sido borrado. Las prótesis tecnológicas que nos rodean y colonizan nos hacen vivir en un sonambulismo continuo, donde la catástrofe no está por venir como se empeñan en advertirnos con su venda en los ojos, la catástrofe es aquí y ahora, la catástrofe es el capitalismo tecno industrial, la catástrofe es esta vida alienante dirigida por los algoritmos de nuestros ´asistentes virtuales´, la catástrofe es un mundo ya devastado por la industria.

El cambio climático, más bien deberíamos hablar de modificación climática, es una más de las miles de consecuencias nocivas de la revolución industrial (la única revolución que iniciada hace dos siglos ha llegado a todos los puntos del planeta y colonizado y mercantilizado todo lo vivo) el cambio climático es indisociable del sistema tecno industrial: deforestación, acidificación de los océanos, desertización, extinción de miles de especies animales y vegetales, miles de productos químico-toxicos que condenan nuestra existencia, contaminación de tierra, aire y agua son sólo algunas de todas las nocividades, de todas las consecuencias de este sistema. Creemos entonces que hablar sólo de cambio climatico sin criticar el sistema tecno industrial es caer en un reduccionismo es no ir a la raíz del problema.

El cambio climático y todas las nocividades son las consecuencias del proyecto de la tecnocracia que gestiona y administra nuestras vidas. Un proyecto que consiste en colonizar, dominar y mercantilizar todo lo vivo. Una vez colonizada y dominada la naturaleza el objetivo son los seres humanos, un proyecto basado en la convergencia de las tecnologías conocidas como NBIC (nanotecnologias, biotecnologias, tecnologias de la información, ciencias cognitivas) a las que podriamos añadir robotica e inteligencia artificial, su codicia y avaricia no tiene fin. Si semercantiliza todo hasta nuestras actividades más cotidianas los beneficios no parán de aumentar. Convertir el mundo y todo lo que habita en ello en una máquina programada donde nada escapa a su control: mundo-máquina, humano-máquina. Lo que nos lleva a una visión mecánica del mundo de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea.

El sistema tecno industrial necesita de grandes cantidades de energía para poder funcionar, cientos de programas de investigación con inversiones multimillonarias están dedicados a encontrar nuevas fuentes de energía. Esta necesidad de energía para que el mundo funcione tiene como consecuencia la devastación del territorio y la aniquilación de millones de animales humanos y no humanos. La energia industrial mueve el mundo es necesaria para la producción y distribución de todos esos objetos innecesarios que encontramos a nuestro alrededor, es la economía y es la guerra. El sistema ha comprendido y ha visto como un gran negocio que sólo las energías ´renovables´y ´limpias´permitirán su expansión y supervivencia, el nuevo proyecto de la tecnocracia es ´renovable´y ´sostenible´es ecológico. Este nuevo proyecto se extiende igualmente por todo el territorio desde los desiertos industriales de paneles solares y campos eólicos ( causantes también del cambio climático, devastación del territorio, canceres etcc)…) hasta las eco-ciudades (no-lugares donde todo esta controlado, optimizado y automatizado eso si de verde e igualmente productoras de cientos de nocividades y de una vida alienante). Así defender la energía verde es defender el proyecto que nos dirige a gran velocidad, a ritmo del progreso, hacia el abismo, es defender el proyecto de quienes están creando un mundo totalitario, es defender el proyecto de aquellos que gestionan y administran nuestras robotizadas vidas.

Por ello hacemos un llamamiento a una semana de lucha contra el cambio climático y toda nocividad del 20 al 27 de Septiembre. Desde una perspectiva anarquista, que desborde los limites impuestos por la socialdemocracia. Una semana más en la que mediante la acción directa en cualquiera de sus formas los diferentes individuos y grupos se enfrenten al sistema tecno industrial. La semana del 20 al 27 de setiembre es sólo una meta para el ecologismo liberal y estatista, pero para aquellos que aspiramos a la eliminación del estado, del capitalismo, el patriarcado y el sistema tecnoindustrial es una oportunidad para desbordar los estrechos márgenes de la domesticación e iniciar una vía autónoma, anticapitalista y anarquista contra la nocividad tecnoindustrial.

Ni el Estado ni la tecno-ciencia nos salvarán. La lucha es el único camino.

AMENAZADOS POR UNA CRISIS CLIMÁTICA PROVOCADA POR EL CAPITALISMO

Una vez el alud de datos y estudios hace irrebatible la realidad del cambio climático y que el entramado corporativo-capitalista se vea forzado a aceptarlo, ahora toca sacar provecho y convertir en una mercancía banal la acción en contra, en mercancía comercial y política para continuar extendiendo la dominación.

El desastre climático y sus impactos sobre la salud, la economía y los ecosistemas se ha convertido en instrumentos para profundizar y extender a todos los niveles de la vida (no solo la vida humana) del planeta. La angustia y la culpa se extienden y sirven a los intereses del sistema.

El sistema tecnoindustrial capitalista ha convertido la tierra en un infierno para millones de personas oprimidas, para miles de especies no humanas, animales y vegetales, y para los ecosistemas.

El resultado de la dominación climática y su mercantilización suponen el empobrecimiento y la alienación de la mayoría del mundo vivo, la destrucción de la biodiversidad y de miles de vidas humanas.

Toda esta mercantilización gira alrededor de una responsabilidad “compartida por todos, compartida como consumidores, y compartida por permitir que los políticos del estado, de la comunidad y del municipio lleven a cabo políticas devastadoras y efectúen simulacros, como las declaraciones de emergencia climática. Nunca se identifican los verdaderos responsables reales: los sistemas capitalistas, el estatal y tecnoindustrial que son los causantes finales del cambio climático.

¿CUALES SON LAS FUENTES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO? Y ¿QUIÉNES SON LOS EMISORES?

No se suele destacar que el 79% de los gases de efecto invernadero provienen directamente del sistema tecnoindustrial (la generación de energía, el transporte, la industria y la agricultura industrial) y sólo el 11,5% de los sectorrs residencial y comercial (IPPC 2015), otros estudios atribuyen a la ganadería el 14,5 (FAO 2013), la producción y distribución de alimentos seria del 25%, como podemos ver los valores de emisiones varían mucho según la fuente. Queda claro, sin embargo, que el sistema tecnoindustrial genera por encima del 80% de las emisiones.

Los medios de comunicación desvían la atención, escoden las responsabilidades del sistema y desvían las culpas sobre la población en general, los que emiten este pequeño 6%, los pobres que viven en pisos mal aislados, los trabajadores que se desplazan a polígonos lejanos sin transporte público, los desfavorecidos que consumen alimentos industriales superprocesados y que no compran en la eco-tienda, por barreras económicas, culturales y sociales.

Hay otras muchas estrategias tramposas para culpabilizar a la gente, y para convertir esta culpa en mercancía, por ejemplo en el uso de plásticos, la mayor parte del plástico (el propileno y el polietileno,) proceden del petróleo, el 90% del plástico producido va directamente a usos industriales. Poco más del 10% se convierte en productos de consumo general, pero nos cuentan que la culpa de todo es de las pajitas de plástico y de las compresas, no nos hablan de las piezas de máquinas y aparatos, de los recubrimientos o de los embalajes industriales… o de tantos usos necesarios para perpetuar el sistema.

El cambio global tendrá efectos directos y graves, cada vez más extendidos, y los más desfavorecidos serán los que padecerán las consecuencias, los pobres, los habitantes de los países colonizados, las mujeres, las niñas, los niños…

Ante esto los bomberos profesionales de los conflictos, los recuperadores de revueltas, los domesticadores de salvajismos se están anticipando a las posibles reacciones que se producirán cuando sintamos los efectos de esta crisis provocada.

EL ACAPARAMIENTO CAPITALISTA DE LOS RECURSOS AGRAVA LOS EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Ante la crisis, el capitalismo y los estados “desarrollados” para evitar sus efectos y especular con estos mismos efectos, están acumulando recursos. Tierras agrícolas en todo el mundo, minerales raros o imprescindibles para la industria… y, sobretodo, agua, que es una substancia imprescindible para la vida y para el funcionamiento de los ecosistemas.

Previendo la escasez del recurso , alrededor del agua se ha generado un movimiento especulativo muy intenso, los buitres de los fondos de inversión ya han puesto la mirada sobre ella a través de Fondos Cotizados de Inversión, los 13 fondos más importantes en el campo del agua acumulan 8.384 millones de euros, sólo en patrimonio y garantizan rentabilidades extraordinarias y continuadas. Según los desaprensivos de “Standard and Poor’s” el mercado del agua tendrá en el 2020 un valor de un billón (europeo) de euros.

Todo esto mientras el agua no es un recurso accesible (con la calidad necesaria) para todas las personas, todo esto pasa cuando centenares de millones de personas no disponen de un suministro de agua en condiciones y 2.000 millones se abastecen de agua con contaminación fecal.

EL CAPITALISMO HA PROVOCADO LA CRISIS CLIMÁTICA Y AHORA NOS QUIERE HACER PAGAR LAS SOLUCIONES!!… Y SEGUIR ACUMULANDO BENEFICIOS

Es inverosímil pensar que decenios de explotación, de deforestación, de destrucción de ecosistemas, de envenenamiento de los suelos, del aire y del agua, de vertido de residuos, de emisión de gases de efecto invernadero y de extractivismo galopante, no tendrían ningún efecto. Efectos que pagarán los de siempre.

Pero también es inverosímil pensar que la codicia, la avaricia, la prepotencia, la soberbia, la falta de escrúpulos y el afán de dominación del capitalismo y del sistema tecnoindustrial cederán ante las necesidades de las personas, de los ecosistemas y de la tierra. Solo una revuelta, una insurrección generalizada que les destruya podrá detener y poner solución a la devastación de la tierra y poner fin a la crisis climática.

Dentro de su lógica de dominación y de división territorial (estatal) del mundo hay una jerarquía que viene de antiguo que hunde sus raíces en la colonización y que se expresa como imperialismo y neocolonialismo (UE, EUA, Rusia, China…), donde los sometidos (menos las élites económicas y/o culturales de los países dominados) ocupan una posición subalterna y más vulnerable frente al cambio climático, al margen de la posición en la jerarquía mundial del país donde viven.

MIENTRAS HAYA CAPITALISMO LA DEVASTACIÓN SEGUIRÁ!!

De hecho capitalismo es sinónimo de cambio climático, desde sus orígenes hasta ahora mismo. Con la nocividad sobre los trabajadores industriales, con el hollín, el humo y tóxicos diversos sobre los barrios obreros, desde la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, hasta el Bangladesh o la China del siglo XXI, nocividad extendida sobre todo el planeta y a la que hay que añadir los tóxicos de la agricultura industrial y los efectos del cambio climático generado.

El cambio global afecta sobretodo a los pobres que son los más afectados por los fenómenos meteorológicos extremos (tifones, huracanes, inundaciones, sequías…), la subida del nivel del mar y el aumento de enfermedades ligadas a la temperatura.

Mientras los ricachones, no solo escapan a sus efectos (disponen de la tecnología y el control sobre el territorio), sino que además sacan provecho: nuevas inversiones millonarias en energías renovables, obras públicas milmillonarias de prevención de los riesgos (protección de costas, obras hidráulicas, nuevas redes de comunicaciones…).

El control de los desplazamientos de población causados por el cambio, control de fronteras, también da grandes beneficios a las industrias del complejo militar/policial.

En resumen, una vez más un “negocio del siglo”, del siglo XXI, y con lo que quede, del siglo XXII.

Seguramente los dominadores de la tierra tienen algún as guardado en la manga frente a crisis futuras, una especie de habitación del pánico, que en términos generales supondrá seguramente militarización, control social y, “naturalmente”, más opresión y más dominación.

Se suele considerar que un 1% de la población mundial derrochan más del 50% de los recursos, en otras valoraciones se dice que un 5% consume el 90% de la energía… Son evaluaciones muy discutibles, pero todas van en el mismo sentido, una minoría insignificante se apodera de la mayor parte del pastel. Es fácil imaginar que si el consumo de materia, energía, alimentos… de este 5% se igualase al del resto del mundo se podría revertir el cambio climático, pero es impensable que este 5% renuncie voluntariamente a sus privilegios. Así que tomando la metáfora del navío hundiéndose, este 5% es el porcentaje que será necesario tirar por la borda si no se conforma.

Indudablemente oponerse a la dominación económica y cultural, oponerse a la devastación y a la destrucción de la tierra, oponerse al tecnocapitalismo y a los estados tendrá un coste, un coste para las personas y los ecosistemas, pero como se decía durante la revolución social de 1936 “no nos importa heredar un mundo en ruinas, porque llevamos un mundo nuevo dentro de nuestros corazones”.

La semana del 20 al 27 de setiembre es sólo una meta para el ecologismo liberal y estatista, pero para aquellos que aspiramos a la eliminación del estado, del capitalismo, el patriarcado y el sistema tecnoindustrial es una oportunidad para desbordar los estrechos márgenes de la domesticación e iniciar una vía autónoma, anticapitalista y anarquista contra la nocividad tecnoindustrial de la invariante economía capitalista, su democracia-dictadura y sus sempiternos Estados burgueses de derecha o de izquierda.

24 de septiembre de 2019

EXARCHIA [ATENAS]: OCUPACIÓN POLICIAL Y RESISTENCIA ANARQUISTA

¡Solidaridad internacionalista con Exarchia, epicentro de la revolución social mundial!

EXARCHIA EN ESTADO DE ALERTA













En pleno centro de Atenas, en el barrio de Exarchia —referente de movimientos anarquistas en todo el mundo—, existen decenas de edificios ocupados, muchos de ellos son los hogares de cientos de personas migrantes y refugiadas que quedaron atrapadas en Grecia debido al Reglamento Dublin III. En estos edificios, personas de todas las edades y distintas nacionalidades que quedaron fuera de los sistemas de protección gubernamentales han creado comunidades basadas en la autogestión y el trabajo cooperativo para sobrevivir y desarrollarse. Niños y niñas crecen entre asambleas semanales, entre culturas e idiomas distintos, bajo las normas del respeto y la convivencia pacífica. Personas europeas colaboramos desde la horizontalidad, trabajando con ellos y ellas, aportando lo que está en nuestras manos para mantener esos microuniversos al margen del sistema.

A principios de julio, el partido conservador Nueva Democracia ganaba las elecciones en el país heleno. Su líder, Kyriakos Mitsotakis, se proponía, entre otras reformas para endurecer las condiciones de migrantes y refugiados, “limpiar” el barrio de Exarchia. No han pasado ni dos meses y el barrio ya está sufriendo ataques y desalojos. Las activistas que allí residen denuncian que el propio gobierno destroza el barrio y después toma fotos para justificar las intervenciones. El pasado lunes, 26 de agosto, por la mañana, los squats de Spirou Trikoupi 17, Transito 15 y Gare, eran brutalmente evacuados.

Sobre las 5:00h a.m. la policía entraba en Trikoupi rompiendo las puertas del squat. Las personas del equipo de seguridad que vigilaban la entrada esa noche no pudieron hacer nada contra la avalancha de policías armados que subían piso por piso. Mientras ascendían, ordenaban a gritos que todo el mundo saliese de sus habitaciones. “Una de las mujeres que se encargaba de la seguridad empezó a temblar y no podía moverse”, explicaba un afgano que vivió el desalojo, y añadía: “Tenían pistolas en sus manos y parecía que estuviesen arrestando a criminales”. Comenzaron a destrozar objetos y mobiliario, a tratar a la gente con violencia, hasta el punto de que empujaron a una niña y le rompieron un diente. Reunieron a todo el mundo en la zona común, separaban a los hombres y mujeres que estaban solas de las familias y sobre las 8:15h se las llevaban en bus a la comisaría de Petrou Rali.

La conciencia social que desarrollan las personas refugiadas que habitan los squats supera la de muchas personas europeas que viajan como voluntarias a colaborar en Atenas. La capacidad crítica, la rabia contra las injusticias que les atraviesan, el empoderamiento del que son partícipes en comunidad, no tiene medida. Otro compañero, también afgano, que no fue detenido explicaba “es el momento que estábamos esperando, necesitamos ayudarles, tenemos que mostrarles cómo de fuertes somos, de lo contrario todo lo que hemos hecho será en vano”. En un contexto como este, no hay diferencia entre refugiadas y activistas, todas lo somos y todas actuamos unidas.

Tras tres horas en la comisaría, alrededor de 140 personas desalojadas seguían en la sala de espera sin haber recibido ningún tipo de información. En un momento dado, la policía empezaba a chequear la documentación de todas y a anotar sus datos, pero después de eso, todo el mundo seguía en el mismo lugar sin noticias.

Al medio día, cada persona recibía un plato de pasta para comer, pero si querían agua tenían que pagar 50 céntimos. Pasaban las horas y las niñas y niños empezaban a estar cansados, hambrientos, sedientos, sin espacio ni intimidad para dormir. Nadie sabía a qué estaban esperando, por qué estaban allí, hasta cuándo ni qué iba a pasarles. Ninguna persona externa podía acceder a esa sala de espera, ni siquiera para llevarles alimentos, agua o ropa. A las 22h, las personas documentadas fueron trasladadas a un alojamiento temporal a las afueras de la ciudad, sin comida ni agua, donde tampoco podía acceder ninguna persona externa; mientras que las no documentadas fueron directamente detenidas.

LOS MOVIMIENTOS SOCIALES NO DESCANSAN

La colaboración y la respuesta social es tan instantánea, que incluso algunas de las personas sin documentación fueron escondidas en el momento del desalojo y consiguieron salir. El sentimiento de unidad entre personas tan diversas no habría podido generarse sin la existencia de los squats y movimientos de solidaridad de Atenas.

Mientras las cerca de 140 personas eran retenidas como delincuentes en la comisaría, el resto de activistas se coordinaban. La principal tarea: informar. Una red de solidaridad internacional se articulaba para que nada de lo que sucede en Atenas y en Exarchia sea silenciado. Varias publicaciones de Facebook del squat Spirou Trikoupi 17 sobre el desalojo fueron eliminadas, pero las compañeras volvieron a publicarlas una y otra vez. Se convocó una concentración de urgencia en Notara, otro squat del barrio, para manifestarse en contra de la represión policial, las mentiras, la violencia y los desalojos.

Sin embargo, las acciones llevaban mucho tiempo preparándose. Kyriakos Mitsotakis prometió a sus votantes que antes de que acabase su legislatura, se tomaría un café en la plaza de Exarchia. Con esa simpleza, el líder de Nueva Democracia desafiaba a todo un barrio antiautoritario y a quienes colaboraron en convertirlo en un hito internacional. Con esas palabras se mofaba de las revueltas estudiantiles que iniciaron la resistencia antifascista en 1973 contra la dictadura de la Junta de los Coroneles, y también se reía del joven Alexandros Grigoropoulos, asesinado por un policía en 2008. Una muestra de poder, autoridad y prepotencia que fue suficiente para que los movimientos anarquistas comenzaran a prepararse.

El gobierno anunció a la prensa un plan para desalojar en 15 días un total de 23 ocupas en Exarchia, 12 de los cuales albergaban refugiados e inmigrantes y otros 11, colectivos anarquistas. Entonces, diferentes grupos y casas ocupas de Atenas se reunieron durante horas, dando forma a un nuevo colectivo más global, para debatir el modus operandi de una gran embestida. Se barajaron todo tipo de escenarios, tantos que era imposible preparase para todos. Por suerte, Exarchia siempre ha estado lista para resistir, pero la colaboración internacional es fundamental.

“NO PUEDEN DESALOJAR UN MOVIMIENTO”

Los movimientos anarquistas a nivel mundial ya están conectados, coordinando la ayuda necesaria para evitar que Exarchia deje de ser el epicentro revolucionario. Además, personas que, sin formar parte de colectivos tan organizados, quieren echar una mano, también se movilizan para denunciar los ataques al barrio, demostrando que los y las compañeras que se encuentran allí, no están solas, y que, como gritan sus consignas “somos semillas” y “no pueden desalojar un movimiento”.

En menos de 24h desde que comenzaron los desalojos, activistas que colaboramos allí durante mucho tiempo, personas refugiadas que pasaron por Atenas y que actualmente residen en otros países europeos, centros sociales y colectivos de diferentes partes del mundo hablábamos y nos manteníamos al corriente de las novedades para poder contarlo, siempre en concordancia con lo que las compañeras de Atenas nos transmitían y nos pedían.

Empezaba diciendo que la solidaridad está en crisis, no porque no la haya, sino porque parece que hay otra fuerza mayor encargada de eliminarla. Sin embargo, la resiliencia también se aplica a las acciones solidarias. La cooperación y la lucha social es agotadora en cuanto a que requiere de mucho tiempo para la planificación, toma de decisiones, división de tareas, etc. pero trabajar en equipo tiene la ventaja de permitir turnos de descanso muy necesarios que hagan que la fuerza no se debilite. El autocuidado en movimientos tan amplios es indispensable.

En Atenas ha comenzado una batalla, al igual que en el Mediterráneo, en el Amazonas, en México, en Argentina, y al igual que se llevan librando durante años en Palestina, Siria o Yemen, entre otras muchas zonas de conflicto. Sin embargo, allá donde haya violencia y represión, habrá resistencia y movimientos que traten de frenarlas.

Últimamente, en occidente, las ideologías machistas, racistas, xenófobas… fascistas, en resumen, parecen estar cobrando fuerza y las disidencias están siendo cada vez más castigadas. Por esta razón, es necesario visibilizar las resistencias, las acciones comunitarias, cooperativas y solidarias que se mantienen vivas, así como colaborar en la medida de lo posible con ellas. Como afirman las compañeras de Atenas: “¡No pasarán!”.

Por: "Eva Serós Quintero", Psicóloga Social y Activista
31 de Agosto de 2019


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