6 de enero de 2021

[LIbro] Ni transición, ni consciencia, ni organización. Introducción a la historia crítica del comunismo contemporáneo

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Un nuevo libro sobre la Teoría de la Comunización editado desde la región mexicana. Básicamente está compuesto por artículos de Federico Corriente (España), traducciones de artículos de grupos comunizadores anglosajones y franceses por parte del anterior, y un epílogo por parte de un compañero de dicha región, el cual compartimos a continuación:

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ÍNDICE:

Breve indicación sobre las notas........................................................... 6 

A modo de presentación................................................................................. 7 

Sobre nuestro autor/traductor...................................................................... 10 

Traigan sus muertos......................................................................................... 11 

Comunización y teoría de la forma-valor................................................. 22 

Extractos del Prólogo «Mai 68, année théorique» de Histoire critique de l'ultragauche.................................................................................. 49 

Informe sobre la construcción del situacionismo.................................. 64 

Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea................................................................................................... 74 

España y la teoría de la comunización: pasado y presente.................. 89 

La producción histórica de la revolución actual..................................... 105 

Epílogo.................................................................................................................. 115 

Principales personajes, agrupaciones, revistas y corriente mencionadas en la presente edición........................................................... 119 

Imágenes................................................................................................... 124

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EPÍLOGO A LA EDICIÓN MEXICANA

En España y la teoría de la comunización: pasado y presente, Federico Corriente reflexiona: “Quizá un artículo sobre el proceso de gestación de la teoría de la comunización a partir de sus orígenes en la crítica de la ultraizquierda y su recepción en España debiera comenzar con una referencia a uno o dos homólogos españoles de los grandes teóricos revolucionarios —los Luxemburgo, los Gorter, los Pannekoek y los Bordiga— que salieron a la palestra a raíz del ciclo mundial de luchas obreras revolucionarias que comenzó en 1917. Por desgracia, sin embargo, no se nos viene a la mente un solo nombre.” 

En México ocurre algo parecido. Ricardo Flores Magón y el Partido Liberal Mexicano, programáticos y anarquistas como fueron, no descollaban por su reflexión teórica sobre el desarrollo capitalista; en todo caso fueron una corriente práctica que participó de la época: los magonistas lucharon por afirmar al proletariado dentro de las relaciones de producción capitalista; lucharon por una redistribución radical de la riqueza social, a pesar de su crítica demoledora de la democracia y su intuición comunista sobre la propiedad. ¡La revolución no es una cuestión de propiedad! 

Ahora bien, Corriente, antes de atribuir ese vacío teórico a la «miseria intelectual» hispana endémica (¡qué diríamos de la mexicana!) liga el problema teórico al problema de la transición del periodo de dominación formal al periodo de dominación real del modo de producción con el que tuvieron que lidiar los revolucionarios europeos del ciclo iniciado en 1917 y que en España sólo se vuelve una realidad práctica hacia 1958. Si el plan de estabilización franquista es el indicio de dicha transición para España, ¿cuál es el correspondiente para América Latina en general y México en particular considerando su posición periférica en el mercado mundial? El primer punto a resolver sería situar dicha transición y en qué medida la misma se combina con formas sociales precapitalistas y qué determinación pone esa combinación en el desarrollo del capitalismo en nuestros países en el marco del mercado mundial y los ciclos de lucha internacionales.

La ultraizquierda europea, en un primer momento, desenterró las denominadas “corrientes malditas” del comunismo como fueron consideras la izquierda italiana y la izquierda germano-holandesa por los sesentayochistas, considerándolas las “partes invictas” del ciclo de lucha anterior. En México, según sabemos, a partir de la huelga ferrocarrilera de 1959 y hasta antes de la masacre de Tlatelolco, personajes y grupúsculos dentro del Partido Comunista Mexicano discutieron agriamente con la dirección oficial la caracterización de la “revolución mexicana” como punto de partida de la actividad práctica. Mientras el comunismo oficial vinculado al Partido Revolucionario Institucional consideró la “revolución mexicana” como un acontecimiento vigente, las minorías la proclamaron muerta y emprendieron la crítica correspondiente.

[Un ajuste de cuentas tardío con la “revolución mexicana” se encuentra en La guerra de clases en la revolución mexicana (Revolución permanente y autoorganización de masas) del trotskista Adolfo Gilly y en La revolución mexicana desde la perspectiva del magonismo del marxista Armando Bartra (Interpretaciones de la revolución mexicana. Nueva Imagen, 1979).]

La caracterización de la “revolución mexicana” no carecía de importancia práctica para los revolucionarios de México. Mustapha Khayati, en su Contribución para rectificar la opinión pública acerca de la revolución en los países subdesarrollados, dice: 

“[…]las  zonas  pre capitalistas  del  mundo  acceden  a  la  modernidad  burguesa,  pero  sin la  base  material  de  esta.  Como  en  el  caso  de  su  proletariado,  también  allí  las  fuerzas  que la  burguesía  ha  contribuido  a  liberar  y  a  crear  se  vuelven  contra  ella  y  contra  sus  servidores  autóctonos:  la  revolución  de  los  subdesarrollados  se  convierte  en  uno  de  los  principios  capitales  de  la  historia  moderna.

El  problema  de  la  revolución  en  los  países  subdesarrollados  se  plantea  de  forma  específica  debido  al  propio  desarrollo  de  la  historia.  El  retraso  económico  general,  mantenido por  la  dominación  colonial  y  las  capas  que  la  apoyan,  y  el  subdesarrollo  de  las  fuerzas productivas  han  impedido  en  estos  países  el  desarrollo  de  las  formaciones  socioeconómicas  que  debían  ejecutar  inmediatamente  la  teoría  revolucionaria  elaborada  desde  hace más  de  un  siglo  a  partir  de  las  sociedades  capitalistas  avanzadas.  En  el  momento en  que entran  en  lucha  estos  países  desconocen  la  gran  industria,  y  la clase obrera está  lejos  de ser en  ellos  una  clase  mayoritaria.  Es  el  campesinado  pobre  el  que  asume  esta  función.

“Los  diferentes  movimientos  de  liberación  nacional  han  aparecido  mucho  después  de  la derrota  del  movimiento  obrero,  consecuencia  del  fracaso  de  la  revolución  rusa,  convertida  desde  su  advenimiento  en  contrarrevolución  al  servicio  de  una  burocracia  supuestamente  comunista.  Han  sufrido  por  tanto,  sea  conscientemente  o  en  una  falsa  conciencia,  todas  las  taras  y  debilidades  de  esta  contrarrevolución  generalizada,  y  con  el  lastre añadido  del  atraso  general  no  han  podido  superar  ninguno  de  los  límites  impuestos  al movimiento  revolucionario  vencido.  Y  debido  precisamente  a  la  derrota de  éste  los  países  colonizados  o  semicolonizados  han  tenido  que  combatir  solos  el  imperialismo.  Pero al  combatirlo  únicamente  en  una  parte  del  terreno  revolucionario  total  no  han  podido disiparlo  más  que    parcialmente.   Los  regímenes  de  opresión  que  se  han  instalado  allí donde  la  revolución  de  liberación  nacional  ha  creído  triunfar  no  son  más  que  una  de  las formas  bajo  las  que  se  opera  el  retorno  de  lo  reprimido.” (International Situationniste no. 11. 1967. En la misma línea: Incitación a la refutación del tercer mundo, de Rafael Pallais [El Milenio. 1980]).

“[…] las  zonas  pre capitalistas  del  mundo  acceden  a  la  modernidad  burguesa,  pero  sin la  base  material  de  esta”. Khayati sintetiza adecuadamente la especificidad de países como México. Ahora bien, caracterizar la “revolución mexicana” como un revolución “democrático-burguesa” muerta con un Estado burgués a derrocar significaba la ruptura con todo el legado de la guerra de clases de 1910-1917, ciclo en el que tanto el proletariado como los campesinos salieron derrotados socialmente. En este sentido, no había “partes invictas” que retomar pero sí una cuestión que, a pesar de los trabajos de Arnaldo Córdova al respecto, en nuestra época no está adecuadamente clarificada: el cardenismo, una síntesis de transición a la dominación real temprana (si se puede decir así, el “análogo” del fascismo europeo y el estalinismo ruso) en ciertas ramas y circuitos productivos (el petróleo, por ejemplo) y la preservación/modernización de formas precapitalistas como el sistema ejidal y la preservación de algunas comunidades rurales de subsistencia.

La caracterización de la “revolución mexicana” era lo que la revolución de octubre fue en Europa, motivo de polémicas y objeto de estudio por excelencia; esto llevó a diversas tesis que desarrollaron y defendieron personajes y grupúsculos que venían sosteniendo un proceso de tensión y ruptura con el comunismo oficial. Desde 1960, José Revueltas y la Liga Leninista Espartaco proclaman a los cuatro vientos que el proletariado mexicano se ha enajenado de sí mismo y que el partido proletario en México no existe; Ensayos de un proletariado sin cabeza será la obra histórica en la que se defenderán dichas posiciones.

En 1964, Guillermo Rousset Banda y Enrique González Rojo y su Alianza Revolucionaria Espartaco del Proletariado Mexicano (hay toda una serie de escisiones y siglas de los novísimos y efímeros grupúsculos posteriores) sostienen un combate contra lo que denominan practicismo (“actuar como partiditos” descuidando la elaboración teórica seria) y la necesidad de una lucha histórica por la elaboración de un Programa científico y revolucionario del proletariado mexicano. De modo que para la ultraizquierda mexicana anterior a 1968 el problema de la revolución era un problema de partido y de programa; o lo que es lo mismo, centraron su actividad teórica en la problemática del programatismo en un país subdesarrollado.

Sabido es que José Revueltas fue cercano al trotskismo y a personajes de la izquierda germano-holandesa; sabido es que Guillermo Rousset Banda estuvo exiliado en Francia desde 1965 en donde entró en contacto con gente de La Vieille Taupe. Estas historias se están escribiendo, brillando por su ausencia una lectura de la misma desde la comunización.

Algunos de los cursos y trayectorias de estos personajes y grupúsculos están documentados en El espartaquismo en México de Paulina Fernández Christlieb (El caballito, 1978) y Semblanzas de Guillermo Rousset Banda. Recuerdos y reflexiones para la reconstrucción de la trayectoria de un intelectual del siglo XX de Antonio Rousset y Gabriela de la Vega (Universidad de Londres y Universidad Autónoma de Chihuahua, 2017).

Es posible (habría que demostrarlo; conectando esta reestructuración con el cardenismo) que la transición a la dominación real en México coincida con la clausura del ciclo de luchas de 1968-1977, y que el indicio de dicha transición sea la “apertura echeverrista”; no obstante, durante dicho ciclo, y sin aparente conexión con los personajes y grupúsculos mencionados arriba, existieron documentos, personajes y grupúsculos que también podrían considerarse como ultraizquierdistas.

Entre ellos podríamos mencionar El proceso revolucionario escrito por Raúl Ramos Zavala en 1969, que daría fundamentos al grupúsculo conocido como Los Procesos. Este grupúsculo sostuvo, entre otras tesis, que las características del “movimiento de masas” en México eran la espontaniedad y la explosividad, la necesidad de la autodefensa armada y realizó unos esbozos críticos respecto a la U. R. S. S.  

Las tesis de la Universidad Fábrica fue escrita en 1972 por José Ignacio Olivares Torres, que daría fundamento al grupúsculo conocido como Los Enfermos. Este grupúsculo sostuvo, entre otras tesis, que el estudiantado era un destacamento de vanguardia del proletariado argumentado desde la teoría del valor, puesto que “la universidad había sido subsumida por el capital”. Podemos suponer que dicho grupúsculo fue de los pocos grupos ultraizquierdistas mexicanos que en verdad estudiaron a la obra de Marx, incluido, para nuestro asombro, el [Capítulo] VI inédito [de El Capital].

Pues bien, los dos grupúsculos mencionados confluyeron en el proyecto que se denominó Liga Comunista 23 de septiembre. Además de ser el grupo armado urbano más numeroso, tuvo el mérito de dirigir el acto insurreccional urbano de mayor envergadura durante dicho ciclo de luchas: El Asalto al Cielo, una jornada insurreccional ocurrida en Mazatlán, Sinaloa en la que, según la fuente, participaron de 10 000 a 20 000 obreros de la construcción, proletarios agrícolas y estudiantes armados que se enfrentaron abiertamente contra las fuerzas del orden capitalista durante 2 días de furiosos combates en enero de 1974. El proyecto armado de la Liga Comunista 23 de septiembre tuvo un escabroso punto de contacto con la guerrilla rural más importante de ese ciclo de luchas, El Partido de los Pobres de Lucio Cabañas. Dicho contacto quedo registrado en la novela de Carlos Montemayor Guerra en el paraíso (Diana, 1997), y ha sido interpretado de modo esquemático y vulgar.

El segundo punto a resolver sería recuperar la historia de éstos personajes y grupúsculos y realizar la crítica pertinente de los mismos de cara a lo que hoy sabemos de las limitaciones de la problemática programatista y la ultrazquierda histórica con el respectivo balance del ciclo de luchas de 1968-1977.

Desde la insurrección campesina zapatista se podrían rastrear intermitentes resurgimientos de las más variadas minorías ultraizquierdistas, un fortalecimiento del estalinismo clásico (Frente Popular Revolucionario en Oaxaca tras la revuelta de 2006) y el desarrollo difuso de un activismo ciudadano genérico (que va codo a codo con la democracia burguesa ahora en el poder y cuyos orígenes pueden rastrearse hasta el terremoto de 1985; generalmente descrita con la categoría “sociedad civil”).

La batalla del 1° de diciembre [del 2012] que libró el ultraizquierdismo en general en la Ciudad de México es el punto de quiebre de todo un ultraizquierdismo que se desarrolló desde la huelga de la UNAM en 1999; desde 2012 el ultraizquierdismo anarquista en particular comienza su acelerada descomposición, y es de la autocrítica que se desarrolla en su seno, que se construyen los senderos que llevaron a la teoría de la comunización.

Tales son las cuestiones pendientes para la crítica social radical en México; por nuestra parte ya hemos puesto la cuestión en la mesa en variadas ocasiones. Este libro continua dicha terquedad y sigue aguardando el momento en que algunas y algunos incontrolados tengan deseo de salda cuentas con el pasado y desplegar nuevas actividades que dispersen viejos fantasmas que aún atormentan los cerebros de los vivos de la presente época. Por ahora, seguiremos esperando silenciosamente.

Monterrey, Otoño de un 2020 pandémico

23 de diciembre de 2020

Teoría comunista telegráfica

Humanaesfera (Brasil), marzo de 2018: http://humanaesfera.blogspot.com/2018/03/propriedade-privada-capital.html

 

1
Tenemos capacidades y necesidades.

2
Sin una separación entre nuestras capacidades y nuestras necesidades, es imposible comprar y vender.

3
Comprar y vender presupone la privación de los medios por los que nuestras capacidades satisfacen nuestras necesidades. Esta privación es propiedad privada, lo que nos convierte en proletarios.

4
La propiedad privada asegura (gracias a la fuerza represiva del Estado) una situación de escasez continua, de tal manera que la compra y venta se da de forma continua y sin fin.

5
La separación entre nuestras capacidades y nuestras necesidades se convierte en una relación en la que solo podemos vender lo único que nos queda -nuestra capacidad de pensar y actuar, la fuerza de trabajo- a los dueños de propiedad privada si queremos recibir dinero para pagar cosas que necesitamos para sobrevivir (salario). Pero no todo es tan desolador, ya que la propiedad privada también ofrece la libertad de elegir otra opción: convertirse en mendigo, vivir en la calle, morir de hambre, ir a la cárcel...

6
Cuando vendemos nuestras capacidades (es decir, cuando nos vendemos en el mercado laboral), el trabajo y todo lo que producimos con nuestro trabajo pertenece a la propiedad privada. Cuanto más trabajamos, más aumentamos la propiedad privada, es decir, cuanto mayor es la brecha entre nuestras capacidades y nuestras necesidades, más se nos priva de los medios de vida y más estamos sujetos al poder de los propietarios.

7
A medida que trabajamos, transformamos cada vez más todos los aspectos del mundo en propiedad privada. Cada vez más privados del mundo mismo en el que vivimos, cuanto más somos expulsados ​​de este mundo, utilizados y arrojados a la calle, a la cuneta, solo para ser consumidos de nuevo, descartados de nuevo, etc., somos el proletariado, la abrumadora mayoría de la población de mundo. La propiedad privada que gracias a nuestro propio trabajo se acumula cada vez más como un poder hostil cada vez más poderoso e inhumano contra nosotros, se llama capital.

8
Consumidos, usados, agotados, estresados, irritados, mutilados, ansiosos, deprimidos, viviendo siempre de un hilo, estamos continuamente en oposición existencial y material al capital, sin importar nuestra voluntad, opinión o conciencia. Estar privado de propiedad, ser proletario, no es una condición que elijamos, es una condición que impone la existencia de la propiedad privada, de las mercancías, del capital, del Estado. Esta continua oposición existencial al capital es el conflicto que está en el corazón de la sociedad capitalista en todo el mundo: la lucha de clases.

9
La clase dominante (empresa privada o estatal, burócratas, directivos ...) lucha por desviar y canalizar las insatisfacciones de los proletarios dirigiéndolos contra otros proletarios (ya sean compañeros de trabajo, desempleados, vecinos, proletarios de otra empresa, de otro país), otro barrio, otro color de piel, opinión, forma de nariz, sexo, costumbres, género, lengua, gusto, equipo de fútbol...), por lo que estos, como chivos expiatorios, son la causa de sus sufrimientos (estrés, agotamiento, irritación, miedo a ser descartado en la competencia, hambre, depresión, violencia, esclavitud, desamparo), sufrimientos que en realidad son provocados por la existencia de la propiedad privada, el trabajo, el capital. En la competencia entre proletarios por someterse a la propiedad privada (es decir, la clase dominante y el Estado) a cambio de supervivencia, encuentran a los otros proletarios como enemigos de facto, competidores reales que obstaculizan su difícil esfuerzo por sobrevivir en el perro mundo de la propiedad privada.

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Como la clase dominante ha salido victoriosa en la lucha de clases hasta el día de hoy (de lo contrario, la sociedad capitalista, el trabajo, la propiedad privada y el Estado ya se habrían superado), la situación antes descrita es la situación "normal" que necesariamente predomina con escándalo mientras la sociedad capitalista se perpetúa, una situación en la que no hay clases, sino sólo "ciudadanos" en una competencia infernal por la supervivencia, por las propiedades y por el capital. Sin embargo, esta es solo la apariencia más superficial: en realidad, los proletarios, independientemente de su voluntad, conciencia u opinión, luchan sin cesar para trabajar lo menos posible y para que todo lo que necesitan sea lo más libre [gratis] posible, en oposición directa a los dueños de la propiedad privada, que luchan (también independientemente de su voluntad u opinión) para que los proletarios trabajen al máximo (aumentando la propiedad privada, es decir, la privación de la propiedad, del capital y de su poder de clase dominante) y para que todo sea lo más caro posible pagándoles el salario mínimo que puedan. Este conflicto, la lucha de clases, constituye el núcleo esencial de la sociedad capitalista en todo el mundo, un conflicto que el capital se esfuerza por poner fin en todos los sentidos (desde el "Estado de Bienestar" hasta la masacre) pero no puede.
 

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Esta lucha que los proletarios ya están librando continuamente contra el capital en todas partes de la sociedad capitalista sólo puede triunfar si ellos, en su praxis concreta, logran destruir lo que separa sus capacidades de sus necesidades, es decir, si abolen la propiedad privada de los medios de vida y de producción, suprimiendo el trabajo, las mercancías, el Estado y el capital. Para eso, es necesario que se comuniquen y actúen asociativamente a escala mundial, confraternizando entre sí contra "sus" clases dominantes en todas partes, suprimiendo rápida y simultáneamente todas las fronteras, propiedades privadas, empresas, empleos, desempleos, Estados, naciones, identidades (que no son más que estereotipos), en fin, que destruyan todas las condiciones que los coaccionan, contra sí mismos, a unirse con propiedades privadas y Estados, los cuales siempre están en competencia y guerra entre sí para que los explotados puedan sacrificarse y sacrificarse unos a otros para defender a sus propios explotadores.

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Tal confraternización y asociación sin fronteras de los explotados que destruye simultáneamente la sociedad de clases en todo el mundo es imposible y sin sentido si no es al mismo tiempo la apasionada creación universal (es decir, cosmopolita) de las condiciones materiales en las que la afirmación práctica de las necesidades y capacidades de cada uno, es decir, la libertad de cada uno, ya no se coacciona para limitar o privar la libertad de los demás (y de uno mismo) como ocurre bajo la propiedad privada (por eso siempre es sinónimo de Estado, policía ...), sino, por el contrario, donde la libertad de cada uno se multiplica cuanto mayor es la afirmación práctica de las capacidades y necesidades de todos los demás, mayor es la libertad de todos los demás, la inmensa riqueza que es la existencia de toda la humanidad, es decir, de la comunidad humana mundial. El movimiento mundial en el que el proletariado afirma libremente las necesidades y capacidades humanas, imponiéndolas dictatorialmente contra la dictadura del capital, el dinero, la propiedad privada y el Estado, es el comunismo.

Autoenajenación y autosupresión del proletariado

«La propiedad privada, ciertamente, en su movimiento económico se ve arrastrada hacia su propia disolución, pero sólo a través de un desarrollo independiente de ella, inconsciente, que ocurre contra su voluntad, condicionado por la naturaleza de la cosa, sólo en tanto ella genera al proletariado como proletariado, a la miseria consciente de su miseria, a la deshumanización que es consciente de su deshumanización y que por tanto se suprime a sí misma. El proletariado ejecuta la sentencia que la propiedad privada, por su creación del proletariado, pronuncia contra sí misma, así como ejecuta la sentencia que el trabajo asalariado, al generar la riqueza ajena y la miseria propia, pronuncia contra sí mismo. Si bien el proletariado alcanza la victoria, de ningún modo se convierte por ello en aspecto absoluto de la sociedad, pues sólo vence en la medida en que se suprime a sí mismo y a su contraparte. Desaparecen entonces tanto el proletariado como el término antitético que lo condiciona, la propiedad privada.»

Marx y Engels. La Sagrada Familia. 1845. PDF: https://proletarios.org/books/Marx-La_sagrada_familia.pdf

22 de octubre de 2020

[Ecuador] Movilización Proletaria Vs. Represión Estatal y Paraestatal

Para el día de hoy están convocadas protestas en todo el país por parte de trabajadores, docentes y estudiantes contra las medidas de austeridad del gobierno de Moreno y Romo, principalmente contra la última ola de despidos, el desempleo, la pobreza, el recorte presupuestario a la educación y a la salud. Mas en el fondo, la protesta proletaria siempre es contra la miseria y la violencia capitalistas del día a día.

Frente a lo cual, el gobierno, las cámaras empresariales, la policía, los grupos fascistas y los emergentes grupos paramilitares de ultraderecha (exmilitares, católicos y socialcristianos) están alerta y generando una guerra psicológica y mediática para intimidar y amenazar a los manifestantes, sobre todo a las “organizaciones antagónicas y violentas”, “infiltrados” y hasta “terroristas de izquierda”.

Rechazamos estas hipócritas calumnias y amenazas por parte de los burgueses y sus secuaces. Rechazamos el terrorismo del Estado capitalista y su violenta normalidad o cotidianeidad. Sabemos que hacen esto porque tienen miedo de que acontezca una nueva revuelta proletaria como la que hubo aquí en Octubre de 2019 o como las violentas protestas de los últimos días en Chile por parte de nuestros anónimos hermanos de clase en esa región. Temen que “las hordas comunistas y anarquistas” ataquen su sacrosanta propiedad privada, mercancía, democracia, paz social, ciudadanía, policía, iglesia y nación. 

Rechazamos también el papel de mendigos y bomberos por parte de los sindicatos, ya que éstos siempre le piden migajas al Estado capitalista (“no más despidos”, “no privatización de la seguridad social”, “inconstitucionalidad de tal o cual ley”, “renuncia de tal o cual ministro”, etc.). Cuidando sus intereses particulares y sus puestos vitalicios. Haciendo cálculos electorales y económicos que les beneficien a ellos. Comportándose como buenos ciudadanos que marchan pacíficamente para que los amos, patrones y sus perros guardianes no se molesten. Denunciando también a los “extremistas”, “vándalos” e “infiltrados”. Sindicatos: rancia izquierda del Capital y del Estado. Cómplices de su explotación y dominación sobre el proletariado. Sarta de reformistas, oportunistas y falsos revolucionarios.

Muy por el contrario, como unos proletarios cabreados más les decimos al resto de proletarios y proletarias que no nos dejemos intimidar y que salgamos a las calles a protestar, claro está, cuidándonos y tomando las medidas de seguridad del caso. Que cuanto más masivas y contundentes sean las protestas, tanto mejor. Que hay que dejar de pedirle migajas al Estado y luchar por recuperar todo lo que hemos producido pero que no todos disfrutamos. Que hay que dejar de creer en representantes y líderes, para luchar con autoorganización, solidaridad y antagonismo de clase. Y que hay que desbordar las marchas borreguiles y ciudadanas, con la acción directa cargada de rabia lúcida. Transformar las protestas en revuelta, para empezar a sacudirnos y retomar el control sobre nuestras vidas. Dejando de actuar como víctimas que necesitan defensores y salvadores, para dejar de ser oprimidos y explotados.

También les decimos que esto no es una lucha entre “correístas” y “morenistas” (según el analfabeto imaginario político ecuatoriano), ni tampoco una lucha entre “fascistas” y “antifascistas” (como creen y afirman algunos sectores tanto de derecha como de izquierda). Esta es una lucha de clases o, en palabras más sencillas, una lucha entre ricos y pobres. Y los ricos lo saben, así como también sus sicarios de uniforme y sus medios de desinformación masiva. Por eso hacen lo que hacen y dicen lo que dicen. Entonces veamos qué pasa el día de hoy en las calles, y veamos qué pasa de ahora en adelante. Es posible −tan sólo posible− que se reactive la protesta social hasta convertirse en revuelta, latigueada por la austeridad, la miseria y la represión. La lucha de clases real es la que tiene la última palabra.

Proletarios Cabreados 

Quito, 22 de Octubre de 2020