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14 de octubre de 2025

[Volante] Preguntas para el Paro Nacional del 2025 en Ecuador

Como unos proletarios más que se sumaron al Paro desde el primer día, pero que todavía no tienen la fuerza para organizar acciones revolucionarias de masas, y con base en nuestra propia experiencia en las revueltas pasadas en este país, hacemos públicas las siguientes preguntas para contribuir críticamente a la reflexión y la acción colectiva: 

·    ¿Hemos aprendido las lecciones de las Revueltas de Octubre del 2019 y de Junio del 2022 ó vamos a seguir repitiendo los mismos errores en esta nueva revuelta? Más específicamente: en este Paro Nacional, ¿ya vamos a romper y superar el círculo vicioso protesta–represión–negociación? Es más, ¿realmente es una revuelta ó una serie prolongada de protestas legítimas pero débiles contra un gobierno nefasto pero fuerte que sí aprendió las lecciones de las revueltas pasadas?

·   ¿Cómo superar los límites de la revuelta (demandas tibias, diálogo y negociación con el Estado, etc.) y cómo incrementar sus potencias (solidaridad, autonomía y combatividad de clase en forma masiva, etc.) para que no sea derrotada por el Estado y, sobre todo, para que no se autoboicotee?

·   ¿Cuándo vamos a comprender que los burgueses del transporte y del movimiento indígena no tienen los mismos intereses materiales que los proletarios del transporte y del movimiento indígena, y que esto aplica para todos los sectores sociales? ¿Cuándo vamos a romper y superar el interclasismo, el populismo, el ciudadanismo, el democratismo y el nacionalismo?

  

·   ¿Cuándo vamos a comprender que el proletariado no es débil porque está dividido sino que está dividido porque es débil, y que superar esta debilidad y división no depende de “la unidad de las izquierdas” sino que sólo será posible cuando el proletariado luche por la revolución social, es decir, por abolir las clases sociales y unificar la humanidad?

  

·   ¿Cuándo vamos a comprender que luchar contra el alto costo de la vida y contra el gobierno de turno es necesario, pero no es suficiente? ¿Qué vamos a hacer después del «fuera Noboa, fuera» y del «abajo el paquetazo»? Más claro: ¿cuándo vamos a comprender que no se trata de luchar contra el “neoliberalismo” y el “fascismo”, sino contra el capitalismo?

 

·    ¿Cuándo vamos a comprender que no hay que dialogar con los asesinos del "pueblo" ni defender una constitución votando “no” en una consulta popular, porque los diálogos, las leyes y las elecciones sólo benefician y fortalecen al Estado capitalista? ¿Cuándo vamos a comprender, en cambio, que hay que luchar afuera y en contra del Estado, porque el Estado no es “neutral” ni nos tiene “abandonados”, sino que es el Estado de los capitalistas para administrar su violencia económica y física sobre los trabajadores, hasta matarnos de hambre o a balazos? ¿Cuándo vamos a comprender que en realidad la democracia es la dictadura de la burguesía sobre el proletariado? ¿Cuándo vamos a comprender que el Estado democrático-burgués es terrorista por naturaleza y que las protestas pacíficas no lo afectan en lo más mínimo? ¿Cuándo vamos a comprender, entonces, que sólo la acción directa y contundente de masas es el método proletario para combatirlo y golpearlo de verdad?

  

·   ¿Cuándo vamos a comprender que no se trata de luchar por nuestros “derechos”, sino por satisfacer nuestras necesidades vitales directamente o sin que intermedie el dinero, y que el mercado (ninguna empresa, incluso si es “autogestionada”) y el Estado (ningún gobierno, incluso si es “popular”) nunca lo van a hacer realmente, sino sólo nosotros mismos, quienes con nuestro trabajo hemos producido todo pero no lo poseemos, tomando los medios de producción y de distribución (por ejemplo, expropiando y comunizando las empresas del Grupo Noboa… y de toda la clase capitalista de este país)?

  

·   ¿Cuándo vamos a comprender que el poder real no radica en las estructuras del Estado, sino en las relaciones de producción y de propiedad? ¿Cuándo van a participar en la revuelta los trabajadores de los sectores estratégicos de la economía de este país? ¿Lo harán? Y si participan, ¿lo harán mediante huelgas autoorganizadas y radicales?

 

·    ¿Cuándo vamos a comprender que hay que ir más allá de la espontaneidad de la revuelta y que la autoorganización del proletariado (afuera, en contra y más allá de sindicatos, partidos, parlamentos, ONGs, etc.) es el primer acto de la revolución (por ejemplo, las Asambleas Territoriales en Chile y los Consejos de Trabajadores en Irán durante la Revuelta Mundial del 2019)? ¿Cómo construir, fortalecer y radicalizar la autoorganización proletaria de aquí en adelante (grupos autónomos, asambleas autoconvocadas, ollas comunitarias, autodefensa, medios independientes, etc.) para la revolución?

 

·   ¿Cómo hacer para que las palabras «guerra de clases», «insurrección», «revolución», «comunismo» y «anarquía» dejen de ser malas palabras para la mayoría de la población y más bien se conviertan en necesidades materiales e inmediatas?

  

·   ¿Hasta cuándo vamos a vivir con miedo a morirnos de hambre, a balazos o de depresión? ¿Hasta cuándo vamos a trabajar para pagar y pagar para vivir? ¿Hasta cuándo vamos a soportar esta vida de mierda bajo el capitalismo en crisis? En fin, ¿hasta cuándo vamos luchar sólo por migajas y no por todo el pan y la panadería para todos? 

Admitimos que no tenemos las respuestas a ciencia cierta para todas estas preguntas. Lo que sí sabemos es que sólo la lucha de clases concreta las responderá. Y también, que ya es hora de aprender de los errores y poner en práctica las lecciones aprendidas de las revueltas pasadas y presentes. Sí: ¡Lucha de Clases… hasta Abolir la Sociedad de Clases!



DERROCAR AL GOBIERNO DE NOBOA Y SU PAQUETAZO ES NECESARIO, PERO NO ES SUFICIENTE.

TOMAR OTAVALO, LATACUNGA, QUITO, CUENCA, GUAYAQUIL, ETC. ES NECESARIO, PERO NO ES SUFICIENTE.

HAY QUE EXPROPIAR Y COMUNIZAR LAS EMPRESAS DEL GRUPO NOBOA Y DE TODA LA CLASE CAPITALISTA DE ESTE PAÍS PARA SATISFACER LAS NECESIDADES COLECTIVAS DIRECTAMENTE O SIN QUE INTERMEDIE EL DINERO.
AHÍ ES DONDE HAY QUE GOLPEARLE A LA BURGUESÍA PORQUE AHÍ ES DONDE LE AFECTA.
ASÍ MISMO HAY QUE DESTRUIR SU APARATO ESTATAL POR COMPLETO 
Y SUSTITUIRLO POR EL PODER COMUNAL DE LAS ASAMBLEAS TERRITORIALES.

SÓLO LOS PROLETARIOS AUTOORGANIZADOS DENTRO Y FUERA DE LOS CENTROS DE TRABAJO, EN TODOS LOS ESPACIOS SOCIALES, ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE LA REVUELTA, Y CON UN PROGRAMA REVOLUCIONARIO, PODEMOS HACERLO.
CONSTRUYAMOS Y FORTALEZCAMOS LA AUTOORGANIZACIÓN REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO.

APRENDAMOS Y PONGAMOS EN PRÁCTICA LAS LECCIONES DE LAS REVUELTAS (2019, 2022, 2025) 
PARA TRANSFORMARLAS EN REVOLUCIÓN. 
SI NO ES HOY, SERÁ MAÑANA (¿2028?... ¿2036?... ¿2049?). 
PARA LA PRÓXIMA, VAYAMOS PREPARADOS Y VAYAMOS POR TODO. 
 
Quito, octubre de 2025


Versión PDF (volante)
Agradecemos su lectura, difusión, discusión y traducción 
 
__________________________________________________________________
 
Nota de noviembre de 2025. Agradecemos a los siguientes compañeros de otras regiones por haber traducido nuestra volante a otros idiomas: 
 
- Grupo Guerra de Clases (Tridni Valka): inglés y francés
 
- Panopticon: alemán
 
- La Nemesi: italiano  

2 de agosto de 2024

Venezuela 2024: pugna interburguesa, democrática y “soberana” donde las masas populares se movilizan como carne de cañón

Imágenes tomadas de Internet

Pugna Interburguesa. Porque, más allá de un fraude electoral, es una lucha por el poder estatal entre dos fracciones burguesas. Por un lado, la fracción de izquierda del Capital: la burguesía burocrática, la burguesía bolivariana o “boliburguesía”, representada por el Partido Socialista Unido de Venezuela–PSUV del presidente Nicolás Maduro (sí, lectores: la Venezuela chavista nunca ha sido “comunista”, siempre ha sido capitalista). Por otro lado, la fracción de derecha del Capital: la burguesía empresarial o tradicional, la burguesía industrial, financiera y agroexportadora, representada por la Plataforma Unitaria Democrática–PUD y su candidato presidencial Edmundo González junto con la líder de la oposición María Corina Machado, quienes se declaran triunfadores de estas últimas elecciones.

Democrática. Porque lo único que realmente está en disputa hoy en Venezuela es cuál de las dos fracciones burguesas gestiona políticamente desde el Estado la dictadura democrática del Capital y su crisis. La fracción burguesa burocrática o de izquierda (Maduro, Cabello y compañía) acusa de “golpista” y “fascista” a la fracción burguesa empresarial o de derecha (González, Machado y compañía); mientras que ésta, acusa de “dictatorial” a aquélla. En suma, ambas fracciones se acusan de “anti-democráticas”. Tales discursos políticos en conflicto son los que se repiten ad náuseam en los medios de comunicación internacionales… Se trata de un falso antagonismo, porque en realidad la democracia es la dictadura social del Capital y, por tanto, de toda la burguesía sobre todo el proletariado, ya que en democracia éste tiene la “libertad” de ser explotado o morirse de hambre y la “libertad” de votar por sus amos políticos cada tantos años. En las protestas actuales no se está cuestionando esta premisa real. Al contrario, aquí la única ganadora es y será la dictadura social capitalista llamada democracia. Lo único que está en disputa es cuál de las dos fracciones burguesas la gestiona políticamente desde el Estado, con el apoyo de movilizaciones populares en las calles.

“Soberana”. Porque también está en juego la “soberanía” de Venezuela dentro de las disputas inter-imperialistas actuales. Sin duda, a EE.UU. en tanto que potencia imperialista occidental le interesa derrocar al gobierno de Maduro a fin de obtener una mejor tajada de petróleo en el mercado mundial. Para lo cual, apoya a la fracción derechista, empresarial y mafiosa de González-Machado y a otras fuerzas reaccionarias emergentes como los carteles narcoterroristas venezolanos (Tren del Llano, Tren de Aragua, etc.), quienes en conjunto llaman a “respetar la soberanía popular expresada en las urnas”. Por su parte, la fracción izquierdista, burocrática y mafiosa de Maduro-Cabello tiene una posición “antiimperialista”, “soberana” y “popular” sólo contra EE.UU., Israel, “la derecha golpista” y las “guarimbas”, pero no contra el imperialismo de China, Rusia e Irán, a quienes considera sus “aliados”, cuando en realidad son sus patrones internacionales que también ambicionan controlar totalmente su petróleo. Así como Palestina hoy es el epicentro de la guerra imperialista en Medio Oriente, así mismo Venezuela mañana podría ser el epicentro de una guerra imperialista en “el patio trasero” de EE.UU…. y de China.

Las masas populares movilizadas como carne de cañón. Porque tanto los trabajadores y los “marginales” como la “clase media” empobrecida y los pequeños propietarios que hoy están protestando y enfrentándose en las calles de Caracas se mezclan y confunden en esa masa interclasista llamada “pueblo”. Donde los trabajadores no están luchando por sus propios intereses materiales con independencia y antagonismo de clase, sino que están luchando por los intereses materiales de sus patrones de izquierda —“el pueblo chavista”, cada vez venido a menos— y de sus patrones de derecha —muchos gritan en las calles “¡Edmundo presidente!”—. Por eso son carne de cañón de esta pugna interburguesa. Obviamente, los trabajadores y el “pueblo” están cansados de tanta miseria económica y represión estatal en Venezuela. Pero no comprenden que la causa real de esa miseria no es “la dictadura comunista de Maduro” ni tampoco “el bloqueo económico de EE.UU.”, sino la crisis catastrófica del capitalismo a escala mundial. Por eso la oposición derechista está capitalizando políticamente este descontento popular generalizado y, gracias a ello, es posible que esta vez sí derrote al desgastado régimen chavista, a diferencia de en las elecciones y las protestas de la década pasada. En ese caso, no habrá fracasado el “comunismo” —inexistente en Venezuela—, sino la gestión estatista o socialdemócrata del capitalismo en crisis llamada “socialismo del siglo XXI”. Pero la explotación y la opresión de la clase capitalista sobre la clase trabajadora continuarán, al igual que la miseria.

Un ejemplo sudamericano de la catástrofe y la contrarrevolución capitalistas a escala mundial. Porque la crisis económica, política y social en Venezuela hoy es sólo un ejemplo particular localizado de la crisis capitalista general en todo el mundo: desde Haití hasta Palestina y Kenia están peor que Venezuela. Por lo tanto, el problema no es tal o cual gobierno de tal o cual país, el problema es el capitalismo mundial y su catástrofe actual. Por otro lado, un período histórico-mundial de carácter contrarrevolucionario como lo es el presente se caracteriza, en términos de lucha de clases, precisamente por pugnas interburguesas como esta, protestas democráticas e incluso revueltas e insurrecciones populares; pero, no por ello deja de ser un período contrarrevolucionario donde la burguesía mundial se encuentra a la ofensiva y sigue teniendo la sartén por el mango. No toda movilización de masas es revolucionaria, también existen movilizaciones reaccionarias de derecha y de izquierda como esta.

Por lo expuesto, la posición de los verdaderos comunistas o proletarios revolucionarios de todas partes frente a Venezuela hoy sólo puede ser: Ni chavismo ni oposición ni intervención imperialista. Acción directa, independiente e internacionalista del proletariado por sus propios intereses materiales hasta destruir y superar el Capital, el Estado, el mercado, la democracia, la nación y la sociedad de clases, mediante la producción de relaciones sociales realmente comunistas entre los individuos de diversos territorios. Ese y sólo ese sería un poder revolucionario para sepultar el capitalismo y la contrarrevolución. Siendo conscientes de que esto no ocurrirá sino hasta que el proletariado de la región venezolana y de todo el mundo aprenda por sí mismo que si sigue luchando por tal o cual fracción de la burguesía está condenado a seguir derrotado y bajo su dictadura democrática y “soberana”. Tarde o temprano, la explotación, la miseria, la opresión y la lucha de clase lo empujarán a ello. 
 
Proletarios Hartos de Serlo
Quito, agosto de 2024

17 de julio de 2024

"GASOLINAZO" Y PROTESTAS LIMITADAS

Análisis de la situación concreta actual en la región ecuatoriana (julio 2024) desde la perspectiva comunista radical
 
Imagen tomada de Internet
 

1. El gobierno empresarial de Noboa sube el precio de la gasolina (Decreto 308) y, por consecuencia en este país petrolero, el precio de todas las demás mercancías. "Sube la gasolina, sube todo"

Más que una "agenda neoliberal impuesta por el FMI" (esto es sólo una parte y vista por encima), la inflación es un mecanismo para reducir el salario real: sube "el costo de la vida", pero no los salarios, por lo que estos tienen cada vez menor capacidad adquisitiva y así se empeoran las ya deterioradas condiciones materiales de existencia de la mayoría de la población: no olvidemos que apenas 3 de cada 10 ecuatorianos tienen empleo, el resto estamos en el subempleo o el desempleo y bajo formas encubiertas y precarias de salariado. Lo que está de fondo con esta medida inflacionaria, entonces, es aumentar la tasa de explotación, de plusvalía y de empobrecimiento de la clase trabajadora para, a su vez, compensar la caída de la tasa de ganancia del Capital a escala mundial.

Sí, la burguesía tiene que seguir ganando hasta en la peor de las situaciones, y para ello tiene que seguir explotando y empobreciendo a la clase proletaria sea como sea o cueste lo que cueste. Y sí, a escala mundial, porque la burguesía ecuatoriana sólo está administrando catastróficamente la ya catastrófica crisis capitalista internacional en esta pequeña hacienda narcobananera 2.0 del mercado mundial llamada "Ecuador".

Aquí hay que hacer un recorderis de un ABC de la Crítica de la Economía Política: el Capital no es una "cosa", es una relación social impersonal y cosificada que gobierna el mundo entero y es ingobernable. Lo mismo aplica para su actual crisis catastrófica. Por lo tanto, pedirle a este y a cualquier gobierno que "deje de tomar medidas antipopulares" y "que la crisis la paguen los ricos" o creer que un "gobierno popular" puede hacerlo con "un nuevo modelo económico", es pedirle peras al olmo. La socialdemocracia o izquierda del Capital de todos los colores no sólo lucha por conservar el capitalismo reformándolo, sino que no lo comprende realmente.
 
2. Algunas organizaciones populares inician protestas contra esta medida "antipopular" (4 de julio), pero son y serán limitadas por sí mismas
 
Sin duda, como unos explotados y empobrecidos o unos "nadies" más, estamos de acuerdo con estas protestas; y, al mismo tiempo, somos críticos con ellas. Lo uno no contradice, sino que necesita lo otro. Porque, desde la perspectiva revolucionaria, la lucha proletaria se critica y se supera a sí misma para poder avanzar o dar saltos hacia delante... o no es tal.

Desde esta perspectiva revolucionaria, criticamos las protestas actuales no sólo porque están convocadas y dirigidas por sindicatos y partidos estalinistas o la rancia izquierda del Capital de este país (Frente Popular, FUT, etc.), que se caracteriza, entre otras cosas, por mendigar migajas a la clase patronal, sentarse a negociar con ella, y luego llamarle a eso "luchas y conquistas del pueblo". Usando para el efecto la calle como medida de presión. En este caso, "derogar el Decreto 308" o el "gasolinazo" (y defender el IESS, la no privatización del sector eléctrico, renegociar los contratos petroleros, cobrar impuestos a los más ricos, etc.), pero nada más.

Y no sólo porque esas y otras organizaciones combinan estas protestas en las calles con el asqueroso electoralismo (CONAIE-Pachakutik para febrero de 2025, quien lo más probable es que se sume a las protestas después de su Asamblea extraordinaria del 20 de julio). Típica combinación "táctica" de la socialdemocracia en su rol histórico de bombero de la revuelta y, dado el caso, de fuerza contrarrevolucionaria dentro de las filas de la propia revolución. Más aún en tiempos de paz social como el actual, donde la socialdemocracia también es parte de la contrarrevolución preventiva en curso. 
 
Imagen tomada de Facebook

Nuestra crítica principal es que son luchas que están limitadas al terreno de la reproducción (el costo de la vida o la inflación, etc.) y no atacan el terreno de la producción (las relaciones de producción y de propiedad), que es donde realmente radica el poder de la burguesía y su Estado. Por eso es que estas protestas son interclasistas: participan desde trabajadores de la educación hasta pequeños propietarios rurales y urbanos. Por eso es que en ellas no participan sectores estratégicos de la clase trabajadora (petróleo, agroindustria, construcción, transporte, logística, servicios básicos, etc.), como en cambio sí ocurre en otras regiones del mundo (ej. Irán). Otro gallo habrá de cantar cuando las luchas se planten en el terreno de la producción y sean "salvajes"; esto es, afuera y en contra no sólo de la patronal y sus lacayos, sino también de sindicatos y partidos de la izquierda del Capital. Faltan muchas luchas de clases para llegar a ese punto. Pero el capitalismo y su catástrofe actual ya están produciendo las condiciones para ello. Sólo entonces se pondrán a temblar de terror la burguesía, sus defensores y sus falsos críticos.

En este punto, la pregunta es ¿dónde está la mayoría del proletariado aquí y ahora? Dedicado a sobrevivir, en la lucha diaria del “sálvese quien pueda”, cooptado y organizado en los negocios legales e ilegales del Capital-Estado como mercancía-fuerza de trabajo formal e informal, empleada y subempleada/desempleada. Y también embobado en la Copa América 2024, consumiendo esa droga de masas llamada fútbol (una de tantas hoy en día), mientras en este país el Estado burgués lo ataca empeorando sus condiciones materiales de existencia, y mientras al otro lado del mundo otros Estados burgueses lanzan bombas y masacran población civil desarmada todos los días. El violento y alienante orden del Capital-Estado reina en todas partes… Pero no es absoluto ni eterno. También hay algunas luchas y grietas dentro de este orden de cosas temporal. Es una contradicción en proceso que sólo el devenir de la misma lucha de clases resolverá.

Otra crítica importante a las protestas actuales es que su cancha ya está marcada por la dictadura social del Capital sobre el proletariado llamada democracia. Por un lado, porque para legitimarse y reproducirse como tal la democracia no sólo necesita elecciones, sino también protestas o movilizaciones masivas en las calles. De hecho, esa es una de las llamadas "libertades políticas" que hace que la democracia sea tal, siempre y cuando las protestas no ataquen las raíces del Capital y del Estado. Por otro lado, porque en el mejor de los casos (un Paro Nacional), su dinámica o su ciclo es protesta-represión-negociación. Por más que duela y enoje, de ahí no pasa y ese círculo vicioso se repite. A los hechos nos remitimos: octubre de 2019, junio de 2022, y probablemente julio o agosto de 2024: protesta-represión-negociación. Lo que pasa es que un levantamiento popular no es una revuelta proletaria, y una revuelta no es la revolución. La burguesía democrática sabe esto y no le teme; al contrario, lo usa a su favor.

La pregunta de fondo, entonces, es ¿por qué pasan las cosas de esa manera? La respuesta es que todas las anteriores son características del actual contexto contrarrevolucionario, aquí y en todas partes. A pesar de la crisis catastrófica que azota el planeta, la burguesía sigue teniendo la sartén por el mango y estando a la ofensiva en todos los aspectos. Mientras que el proletariado sigue estando a la defensiva; es más, sigue estando derrotado, debilitado y aislado como clase antagonista con la potencia de destruir el mundo actual y crear un mundo nuevo. Esta relación de fuerzas actual es lo determinante, histórica y materialmente hablando. Warren Buffet, dueño de la tercera mayor fortuna del mundo, la tiene clara: «Hay una guerra de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la está ganando». El magnate ecuatoriano Noboa también la tiene clara.

Por lo tanto, si bien entendemos los motivos y las emociones que generan las protestas callejeras contra este gobierno burgués que merece todo nuestro odio de clase, no hay que romantizar las protestas, en general; y en particular, no hay que hacerse ilusiones de un posible "desborde" ni adoptar una posición activista y voluntarista con respecto a las protestas actuales en la región ecuatoriana, incluso si éstas llegan a "escalar" hasta convertirse en un Paro Nacional: protesta-represión-negociación y, para colmo, electoralismo. Peor aún si es liderado por una organización reformista de masas como es la CONAIE, y secundado por el rancio estalinismo criollo: Frente Popular y FUT.

No somos bordiguistas, pero la crítica comunista de Bordiga en los años 40 del siglo pasado al activismo de izquierda sigue siendo vigente: la acción por la acción, sin un análisis materialista histórico de la situación concreta y sin principios ni perspectivas revolucionarias, siempre resulta en reformismo y populismo, venga de quien venga ("marxistas" y "anarquistas" por igual). En consecuencia, los comunistas radicales tomamos distancia del activismo voluntarista y del populismo, aún a sabiendas de que hacerlo es una posición muy minoritaria y a contracorriente dentro del propio medio militante y activista de izquierdas al día de hoy. Con los pies bien puestos en la tierra, nosotros seguimos principios, no personalidades. Y no nos dejamos marear por las urgencias y confusiones del momento.

Esto no es "intelectualismo" ni "purismo" ni "pasividad", como suelen refunfuñar los activistas de izquierda. La crítica comunista, o mantener las posiciones del proletariado revolucionario contra la burguesía y la socialdemocracia, también es una actividad necesaria. Más aún en tiempos contrarrevolucionarios como el actual, donde una de las cosas más prácticas que puede haber es precisamente una buena teoría revolucionaria. No importa si por el momento somos muy pocos; con un espíritu de "partido histórico" (en la acepción de Marx), anonimato e internacionalismo, alguien debe hacerlo para sostener y tensar "el hilo rojo" en el presente y el futuro de la lucha de clases.

Sin embargo, como afirma Théorie Communiste, «las condiciones para superar las luchas reivindicativas se establecen sobre la base de las propias luchas reivindicativas». En su propia dinámica y devenir histórico, las luchas contienen elementos y potencias para criticarse y superarse a sí mismas. Superación en la cual habrá que poner siempre por delante la autoorganización para la insurrección y la comunización tanto en el terreno de la producción como en el de la reproducción, aboliendo las relaciones capitalistas de clase mediante la producción de relaciones comunistas entre los individuos. Esto y no otra cosa es la revolución social en las condiciones históricas actuales. Y también habrá que rechazar a cualquier "vanguardia del pueblo" que, en aras de sus propias aspiraciones contrarrevolucionarias de poder estatal, pretenda "comandar" y capitalizar políticamente la lucha revolucionaria del proletariado anónimo. Esto no es hacer "culto a la espontaneidad", como suelen repetir los socialdemócratas-leninistas: sólo la autoorganización proletaria consciente de su propio poder para la abolición del Capital y la sociedad de clases puede y debe superar la espontaneidad de la revuelta.

Desde la perspectiva revolucionaria, por eso y sólo por eso las luchas reivindicativas son necesarias y participaremos en ellas en la medida de nuestras posibilidades. Y por eso mismo, faltan muchas luchas reivindicativas para que produzcan su propia superación. Faltan muchas luchas para romper el actual período contrarrevolucionario y entrar en un período de reanudación revolucionaria. Estamos hablando de un futuro ciclo de luchas que, con "nuevos actores" de la misma la clase explotada (tanto el proletariado asalariado de los sectores estratégicos como el proletariado no asalariado de cualquier sector) y ya "sin demandas" más que una nueva sociedad sin clases ni Estado ni mercado ni fronteras, sorprenderá a propios y ajenos. Arrastrando con su lava escarlata no sólo a los defensores derechistas del orden democrático-burgués, sino también a sus falsos críticos izquierdistas que hoy protagonizan las protestas actuales. Ahí sí, los comunistas radicales estaremos luchando en primera línea junto a las masas proletarias insurrectas por la revolución social, aquí y en todo el mundo. 
 
Proletarios Hartos de Serlo
Quito, julio de 2024

20 de abril de 2024

[Ecuador] La Consulta Popular es una nueva trampa electoral de la clase capitalista, de la cual hay que salir y no volver a caer más. Hoy igual que ayer, la democracia es la dictadura de la burguesía

¿Por qué? Porque es un mecanismo democrático-electoral de contrarrevolución preventiva ya recurrente en el Ecuador después de las revueltas de octubre de 2019 y junio de 2022, por parte de los gobiernos burgueses de turno. La Consulta Popular de abril de 2024 no es la excepción. Sólo sirve para desviar la energía social de los explotados y oprimidos en las elecciones de los patrones y sus políticos, en lugar de usarla para la acción colectiva sin intermediarios por las propias necesidades reales. En este país, “todo el mundo” está hablando de la Consulta Popular, y no del malestar cotidiano que implica ser desposeídos, explotados, precarizados, empobrecidos, oprimidos, aterrorizados, controlados, fragmentados, y cómo podemos librarnos de esta condición. Es un síntoma del actual contexto contrarrevolucionario.

Malos tiempos en los que toca explicar lo obvio. El Estado no es “neutral”: es el Estado de los capitalistas, es su órgano central mediante el cual administran su explotación, dominación y represión sobre la clase trabajadora. El Estado es un patrón o capitalista colectivo sobre el trabajador colectivo. Y las elecciones no cambian nada fundamental —las relaciones de producción y de reproducción social—: sólo legitiman y refuerzan esta dictadura de la burguesía llamada democracia. La clase dominante es la que se inventa e impone las elecciones, en general, y las preguntas de la Consulta Popular, en particular, para que el resto de la población crea que es “consultada” y que “decide” en las urnas, cuando en realidad no decide nada. El Estado es el monopolio de la decisión —y de la violencia—; y las elecciones, su espectáculo o show. Las elecciones siempre han sido, son y serán terreno de la burguesía, nunca del proletariado.

¿Por qué? Porque, en términos coyunturales, con o sin Consulta Popular, el gobierno de la burguesía agroexportadora de Daniel Noboa igual va a imponer su agenda de explotación, dominación y represión sobre la clase trabajadora (tal como lo hizo su antecesor, el banquero Lasso, con los resultados de su Consulta Popular el año pasado); en este caso, con más trabajo por horas —principalmente—, más “arbitraje internacional”, más poder para las Fuerzas Armadas, y más criminalización de la pobreza y de la protesta bajo la etiqueta de “terrorismo” (cuando en realidad el mayor terrorista es el Estado capitalista). Y porque, en términos estructurales, con o sin Consulta Popular, con o sin elecciones, la burguesía seguirá siendo la clase explotadora y dominante, aumentará la tasa de explotación y el terror de Estado contra el proletariado, mientras que éste tendrá que seguir trabajando para pagar y pagando para vivir día tras día, formal e informalmente, legal e ilegalmente. Seguirá siendo una masa de esclavos asalariados y no asalariados.

Gane el "No" o gane el "Sí" en la Consulta Popular, la clase trabajadora va a perder. Y la realidad cotidiana de tener que “ganarse la vida” será cada vez peor, porque la catástrofe capitalista es un hecho histórico y estructural que está en marcha a lo largo y ancho de todo el planeta, más allá de gobiernos, elecciones y consultas populares de turno, aquí o en donde sea. No es una cuestión de instituciones y leyes burguesas, sino de condiciones materiales de existencia y de correlación de fuerzas entre las clases a escala mundial.

Así pues, la coyuntura política actual en la región ecuatoriana está dominada por la típica estrategia de “la zanahoria” (elecciones, consultas populares, etc.) y “el garrote” (terrorismo patronal y estatal); así como también, por la típica y falsa oposición entre la derecha (votar por el “Sí”) y la izquierda del Capital (votar por el “No”). No es “lucha de clases”, es pugna interburguesa donde “el pueblo” es carne de cañón electoral. Hacer campaña por el “No” también es participar de esta pugna electoral interburguesa.

Lo real y determinante es que, dado que el capital es el valor que se valoriza explotando trabajo vivo, el núcleo de la catástrofe capitalista en la actualidad es la crisis de la relación trabajo/capital, que en este país se manifiesta en altos índices de precariedad laboral (desempleo, subempleo e informalidad), delincuencia, inseguridad y emigración. Pero, la precariedad laboral, de la cual el trabajo por horas es “una raya más al tigre”, no es un fenómeno nuevo ni propio del “neoliberalismo”, como repite la socialdemocracia de todo color.

La precariedad laboral es connatural o inherente al trabajo asalariado: todo empleado es desempleado en potencia y viceversa. Más aún en esta época de crisis de la relación trabajo/capital. Y no se frena con leyes nacionales, porque es un problema de fuerzas económicas, sociales y políticas a escala global. Por lo tanto, para terminar con la precariedad laboral, no hay que votar “No” en una Consulta Popular de un Estado-nación burgués y luego por un “gobierno popular” y “plurinacional”. Hay que abolir el sistema de trabajo asalariado y el Estado que lo protege con leyes y balas, aquí y en todas partes, mediante una revolución social mundial. Todo lo demás es contrarrevolución capitalista, incluso si cree y dice ser lo contrario.

En este marco, el trabajo por horas y sin derechos laborales —como decíamos— es “una raya más al tigre” porque ya existe hace mucho tiempo en todos los sectores de la economía: desde los trabajadores eventuales de las bananeras y los repartidores de apps hasta los docentes temporales y los profesionales de las ciencias sociales que hacen consultorías; mientras, las empresas nacionales e internacionales (legales e ilegales) lucran y evaden impuestos a vista y paciencia de todos, y castigan a los explotados que “osan” desobedecer, protestar e incluso denunciar. Nada nuevo bajo el negro sol del Capital, gane el “Sí” o gane el “No” en esta enésima Consulta Popular en Absurdistán Ecuatorial.

Por lo tanto, votar por el "No" o por el "Sí" es un falso enfrentamiento entre la derecha y la izquierda del Capital. No existe tal cosa como un "voto proletario" o "votar como clase trabajadora", como absurdamente dicen algunas organizaciones de izquierda de este país. Las elecciones siempre son terreno de la burguesía, nunca del proletariado.

¿"Proteger nuestros derechos"? En este caso, proteger los derechos democráticos es proteger el derecho a ser explotados, de seguir siendo esclavos asalariados y no asalariados, más aún en este país donde sólo 3 de cada 10 personas tienen un “empleo adecuado” y hay tanta “población sobrante”. Y proteger la "libertad" democrática es proteger la "libertad” de ser explotados o morir de hambre, de "elegir" a nuestros amos y verdugos capitalistas cada 4 años, y de "elegir" "sí” o “no" en las consultas populares que estos amos y verdugos capitalistas se inventan y nos imponen cada tantos años y hasta cada tantos meses. Eso es lo que realmente significa “proteger nuestros derechos”.

En suma, quienes están por el “No” en la Consulta Popular, desde correístas hasta “anarquistas” pasando por marxistas-leninistas, son diferentes expresiones de la socialdemocracia, el reformismo o la izquierda del Capital en este país. Sus campañas y protestas no están en contra ni van más allá del marco democrático-burgués y ciudadano. No son revolucionarios, sino lo contrario: son otro síntoma del actual contexto contrarrevolucionario que, independientemente de personalidades, es preciso reconocer y criticar como tal para poder superarlo al calor de la lucha autónoma y anónima de los propios explotados y oprimidos. Decimos independientemente de personalidades porque, sobre la base de nuestros intereses materiales de clase contra clase, los proletarios revolucionarios seguimos principios y no personalidades.

Así pues, nos posicionamos en contra del realismo capitalista, que afirma que “es imposible abolir el capitalismo y el Estado”; y de su subproducto, el realismo reformista, que afirma que hay que luchar por “lo posible”, “contextualmente, lejos de las máximas ideologizantes”, para “combatir al fascismo neoliberal” y “por la justicia social”, etc., ya sea mediante el electoralismo ya sea mediante el activismo. Esto es, que hay que “cambiar todo” en apariencia para que nada fundamental o de fondo cambie. En fin, el posibilismo siempre ha sido reformismo.

Muy por el contrario, el realismo revolucionario afirma que hay que luchar por lo “lo imposible” sin mediaciones de ningún tipo; esto es, cambiar real y radicalmente todo lo existente con cabeza y mano propias. Y “lo imposible” sólo se hace posible en contextos o situaciones revolucionarias, que son producto de la profundización y la extensión del antagonismo de clases. Entonces, los proletarios revolucionarios estamos por el antagonismo de clases y la ruptura del orden existente incluidas sus falsas críticas y alternativas. Criticando sin piedad y denunciando en el camino tanto los ataques y las trampas del Estado-Capital como las falsas oposiciones entre su derecha y su izquierda por igual. Reivindicando las posiciones revolucionarias del proletariado.

Evidentemente, faltan muchas luchas para llegar a ese punto de ruptura. Pero, un análisis concreto de las luchas concretas en la actualidad demuestra que la mayoría de ellas terminan siendo luchas sin demandas o “imposibles” que, por tanto, sólo se pueden solucionar mediante la revolución social, no mediante reformas. Y que los posibilistas, en cambio, terminan siendo bomberos de la revuelta; es decir, posicionándose en el terreno de la reacción o la contrarrevolución. En el antagonismo de clase no hay medias tintas.

En esta perspectiva, nuestra clase proletaria tendrá que deshacerse de todas las ilusiones electorales y democráticas. Tendrá que salir de esta trampa de la clase capitalista y luchar en su propio terreno: el terreno de la acción directa, la autoorganización y la solidaridad de clase, afuera, en contra y más allá de sus representantes sindicales y partidarios. Creando y desarrollando nuestras propias estructuras de lucha y redes de apoyo mutuo para la insurrección y la comunización de todo lo existente.

Por lo tanto, aquí y ahora, la mejor forma de protestar como proletarios contra el aumento del IVA al 15% y de "el costo de la vida", el trabajo por horas, los apagones de luz eléctrica, la represión en Palo Quemado, el “narcoEstado”, etc., no es mediante el voto, sino mediante la acción directa, la autoorganización y la solidaridad de y entre los proletarios dentro y fuera de los centros de trabajo. Huelgas, sabotajes y okupaciones para golpear al Capital donde realmente le duele: en la producción de valor, mercancías y ganancias. Sin urnas, papeletas, permisos ni mesas de negociación de los patrones, sus políticos, sus sindicalistas y sus policías.

Las consultas populares, las elecciones, las instituciones y las leyes burguesas no cambian nada fundamental; las fuerzas de clase reales, sí. En esta sociedad, el verdadero poder radica en las relaciones sociales de producción y de propiedad, no en la política y en las urnas. Por lo tanto, en última instancia, para realmente mejorar y cambiar la vida de la mayoría de la población que trabaja y sostiene a toda esta sociedad, hay que apropiarse de la producción y transformarla radicalmente. Construyendo y desarrollando así un poder social revolucionario: no un poder de opresión y explotación que reproduzca el Estado, el mercado, el trabajo asalariado y las clases sociales, sino un poder comunal, asambleario y territorial de los individuos asociados para apropiarse y transformar las propias vidas, sobre la base de la posesión común de las condiciones materiales de existencia y la satisfacción directa de las necesidades colectivas, sin intermediación del mercado ni del dinero. Esto no es una “utopía”: las revueltas e insurrecciones de los últimos años en todo el mundo, a pesar de sus limitaciones, demostraron que sí es posible.

El problema es que, aquí y ahora, reina la pasividad y la desorganización entre el proletariado, la lucha por la sobrevivencia diaria o el “sálvese quien pueda” debido a la falta de trabajo y de dinero, y el miedo debido al terrorismo estatal y paraestatal. Todo lo cual, hace más factible que, con o sin elecciones, con o sin Consulta Popular, este gobierno burgués de turno imponga su “paquetazo” económico, laboral, legal y militar. Porque, en pocos meses de gestión, este gobierno ya ha demostrado con sus acciones que impone su voluntad en todos los asuntos nacionales tal como lo hace en sus haciendas bananeras. Demostrando así, por enésima vez, que la democracia es la dictadura de la burguesía.

El escenario local es adverso y hasta desalentador, sí. Pero, el realismo revolucionario que, a contracorriente y de forma minoritaria, hemos manifestado en este análisis y posicionamiento con respecto a la coyuntura actual en Ecuador es necesario para salir de la trampa electoral y reivindicar las posiciones revolucionarias del proletariado frente a los defensores y los falsos críticos del capitalismo y del Estado. Posiciones que sirvan como herramientas prácticas para próximas luchas que, tarde o temprano, las mismas explotación capitalista y tiranía estatal obligarán a librar. Sorprendiendo y desbordando a propios y ajenos. ¿Será por esta razón que el gobierno de Daniel Noboa acaba de decretar otra vez “estado de excepción”? ¿La burguesía tiene miedo, no de perder en esta Consulta Popular ni en las elecciones presidenciales del próximo año, sino de una nueva revuelta? Sólo la lucha de clases real responderá estas preguntas —insistimos— sorprendiendo y desbordando a propios y ajenos. 
 

17 de mayo de 2023

[Ecuador] Juicio político y "muerte cruzada": pugna interburguesa y dictadura democrática del Capital. Se avecina una nueva revuelta

 
El juicio político contra el presidente banquero Lasso que tuvo lugar antes de ayer, 16 de mayo de 2023, en la Asamblea Nacional del Ecuador no es más que una pugna interburguesa y una pantomima democrática: una nueva pelea entre patrones, sus políticos y sus abogados para adueñarse del botín del Estado y del botín del petróleo (ej. FLOPEC), arguyendo que lo hacen "en beneficio del pueblo". Porque el Estado ecuatoriano depende principalmente de la renta petrolera. Entonces, el fondo de este problema en realidad no es político, legal ni mucho menos "moral", sino que es un conflicto de intereses económicos o materiales entre diferentes fracciones de la clase capitalista de este país, en estos tiempos de crisis generalizada, que se está resolviendo bajo una forma política.
 
Por su parte, la izquierda del Capital de todos los colores (verdeflex, arcoíris y rojiamarilla) que, de manera ilusa y oportunista, apoyó el juicio político y dijo estar "vigilante" desde la vereda, también forma parte de esta pugna interburguesa y pantomima propia de la democracia sin comillas, a la cual además dice "defender". Decimos sin comillas, porque la democracia en realidad es la dictadura invisibilizada y normalizada del Capital y su Estado sobre el proletariado. Dictadura democrático-burguesa, entonces, en la que derecha e izquierda no son contrarias, sino complementarias, alternantes... y cómplices, así la izquierda diga lo contrario, tanto dentro como fuera de la Asamblea Nacional. La "muerte cruzada" decretada democrática y legalmente por el derechista Lasso el día de ayer, 17 de mayo de 2023, también demuestra en los hechos y una vez más que la democracia es la dictadura de la burguesía.
 
Por lo tanto, ni juicio político ni "muerte cruzada": no hay nada que apoyar por parte de la clase trabajadora que habita la región ecuatoriana, quien todavía es la gran perdedora y la gran ausente en toda esta situación, porque sus condiciones materiales de existencia se han empeorado, pero al mismo tiempo porque su conflictividad también ha bajado. Sin embargo, cuando ésta aparezca en escena lo hará por otros motivos, con sus propias reivindicaciones y sus propios métodos de lucha. Siendo entonces posible que patee el asqueroso tablero de ajedrez político de la clase dominante y su séquito.
 
Posible escenario "pesimista" en un futuro inmediato: puesto que Lasso ya activó la "muerte cruzada" (Decreto Ejecutivo 741) para no ser destituido de su cargo, con lo cual se convierte prácticamente en dictador civil con el apoyo de las Fuerzas Armadas y la policía, eso podría detonar un nuevo Paro Nacional o revuelta popular en los próximos 6 meses, misma que quizás podría "salirse de control", no sólo al Estado sino a la izquierda, hasta llegar a ser una huelga general e insurreccional. Decimos quizás, porque las condiciones aún no están dadas para ello, pero podría haber sorpresas. Más bien, dado que la burguesía ya se ha blindado, armado y anticipado con sus últimos Decretos Ejecutivos 707 (libre porte de armas) y 730 (militarización del Estado), eso también podría terminar en una masacre de la clase trabajadora que se levante. Masacre cometida no sólo por policías y militares, sino también por paramilitares y sicarios de las bandas de narcotraficantes. Por desgracia, tal como están las cosas de graves en el país, ésto último podría ser lo más probable en tal escenario. Sea como fuere, el futuro es incierto... y turbio.
 
A lo mejor podría darse una revuelta masiva parecida a la que ocurrió hace unos meses en Perú, con la obvia diferencia de que no sería para defender al presidente destituido por el poder legislativo, sino para presionar que se vaya y lo reemplace otro: ya no el actual vicepresidente Borrero, sino... ¿Nebot, Correa o Iza? En cualquier caso, todo seguiría girando alrededor del Estado capitalista y su sistema político-electoral, mientras que los proletarios de todas las "razas" lanzados a las calles seguirían siendo carne de cañón y luego de urna en la pugna interburguesa.
 
Excepto y sólo excepto si es que acontece un desbordamiento de ese posible estallido social, en el cual el proletariado comience a actuar como clase autónoma y antagonista. Lamentablemente, eso no ha pasado en las últimas revueltas, al menos aquí en Ecuador. Y es probable que tampoco ocurra en una nueva revuelta, pero en cambio podría ser su "caldo de cultivo". Porque para ello aún falta más golpes del enemigo (ej. una nueva reforma laboral), batallas y derrotas aleccionadoras como clase; así como también, más rupturas, saltos, "nuevos actores" y sorpresas.
 
Por ejemplo, si es que los trabajadores petroleros de aquí siguiesen el ejemplo de acción directa y autoorganización de los trabajadores petroleros de Irán, haciendo huelgas y tomas a mano propia, porque sólo ellos pueden hacerlo. Lo mismo los trabajadores de los demás sectores estratégicos de la economía. Eso sí sería golpearle al Capital y al Estado donde realmente les duele: en el terreno de la producción de valor y en su tasa de ganancia. Ahí es donde realmente radica y se juega el poder de clase, no en el Palacio de Carondelet ni en la Asamblea Nacional. Todo lo demás es andarse por las ramas. Lo cual no quiere decir que los demás sectores de la clase trabajadora no salgan a luchar. Tienen que hacerlo. Y lo van a hacer, más aún si este gobierno decreta una nueva reforma laboral, tal como ya lo ha anunciado aprovechando la "muerte cruzada". Pero sobre todo, nuestra clase tiene que aprender al calor de sus luchas para no volver a cometer los mismos errores, sino para avanzar o dar saltos hacia adelante.
 
Ahora bien, por más análisis críticos y llamamientos a la acción que hoy hagan las diferentes organizaciones de izquierda (y ultraizquierda) de esta región contra el gobierno del banquero sociópata Lasso, sólo el mismo desarrollo impersonal y contradictorio de la crisis capitalista y la lucha de clases real tendrán la última palabra. Si salimos a las calles a luchar por nuestras vidas y nos juntamos con otros, será como unos nadies más, a hacer lo que se pueda hacer y a aprender lo que se tenga que aprender para próximas batallas como clase. Teniendo siempre presente que la solidaridad, la autoorganización y la acción directa de masas son nuestras mejores armas.
 
Quito, 18 de mayo de 2023

31 de diciembre de 2022

¿¡Guerra y Revolución!?

Grupo Guerra de Clases / Tridni Valka
Boletín # 14, Región checa, Diciembre de 2022

Contenido:
  • [Presentación]
  • A veces todo tiene que cambiar para que todo siga igual…
  • ¡No pagaremos por su crisis!
  • ¡No sólo arde Colombia!
  • No va más, el juego (aún no) ha terminado…
  • ¿Qué perspectiva revolucionaria?
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[Presentación]


Parece que fue ayer cuando por fin salimos de la “crisis pandémica de Covid-19” (aunque algunos dicen que nunca saldremos de ella) y ya hay una nueva “crisis”. Según la narrativa burguesa dominante, la guerra en Ucrania es una nueva razón para que el proletariado deje de lado la satisfacción de sus necesidades. En su lugar, debemos unirnos al frente unido con las fuerzas de “nuestra” burguesía y sacrificarnos por un “bien mayor” de “defensa de la integridad territorial de Ucrania” o su “desnazificación” – dependiendo de donde vivamos.

Nos obligan a convertirnos en carne de cañón en la “defensa de la nación”, lo que significa sufrir y morir por los intereses de uno u otro bando burgués – como está ocurriendo ahora con los proletarios “rusos” y “ucranianos”. O nos obligan a hacer sacrificios en el “frente interno”: aceptar el aumento de los precios de los productos básicos que permiten nuestra supervivencia cotidiana como la alimentación, la vivienda, la salud, la energía, el transporte, etc.; aceptar el aumento de la represión y la vigilancia; aceptar la militarización del trabajo y el aumento brutal de la tasa de nuestra explotación.

La guerra es, por supuesto, parte integrante de la propia lógica de funcionamiento del capitalismo. Es la expresión de una necesidad de las facciones rivales del Capital de conquistar mutuamente sus mercados para realizar sus beneficios. En este sentido la guerra capitalista y la paz capitalista no son más que dos caras de la misma moneda y cualquier guerra no es más que una continuación de esta competición por medios militares.

La guerra de 2022 en Ucrania (que es más bien una nueva fase abierta de la guerra que comenzó en 2014) no es una excepción. En las últimas décadas nos arrastraron a otras guerras increíblemente sangrientas, algunas de las cuales aún continúan: en Somalia, en la antigua Yugoslavia, en Afganistán, en Irak, en la región africana de los Grandes Lagos, en la región del Cáucaso, en Siria, en Yemen… o recientemente en Etiopía… Todos esos conflictos nacieron de la competencia entre facciones burguesas locales, pero al mismo tiempo representaron guerras territoriales por poderes entre “las grandes potencias” y en todos ellos (como siempre) fueron los proletarios los masacrados.

A pesar de ser tan brutales como lo es la guerra que actualmente asola Ucrania, estas guerras no permitieron a la burguesía movilizar al proletariado en apoyo de los intereses capitalistas a un nivel tan global. La razón principal es que esta vez la formación de los superbloques capitalistas capaces de una confrontación global está mucho más cerca y el choque de sus intereses faccionales opuestos es mucho más obvio y directo. Por lo tanto, es fácil para los ideólogos burgueses de ambos bandos fingir que se trata de “una guerra santa” del “Bien contra el Mal”. Una vez más nos empujan hacia los campos de exterminio en nombre de la paz, esta vez hacia la guerra que puede acabar con toda la vida en este planeta.

Frente a la realidad de la movilización, la militarización de nuestras vidas, la propaganda nacionalista y la horrible carnicería de proletarios, la posición comunista siempre ha sido el rechazo revolucionario derrotista de ambos campos del conflicto burgués a favor del “tercer campo”, ¡el campo de la revolución comunista global! Hemos abordado esto recientemente en nuestro folleto: ¡Proletarios en Rusia y en Ucrania! En el frente de producción y en el frente militar… ¡Camaradas! así como en una segunda contribución: Manifiesto internacionalista contra la guerra y la paz capitalista en Ucrania (ambos textos se encuentran en los anexos de este boletín).

De forma similar a la “crisis de Covid-19”, nosotros como comunistas rechazamos todas las falsificaciones burguesas de la realidad, ya que todas sirven al mismo propósito de mantener a nuestra clase subyugada a los intereses de la clase dominante e impedirle la realización de sus propios intereses de clase, es decir, abolir la sociedad basada en la explotación del trabajo humano. Tanto si la narrativa que intentan imponernos se basa en la ciencia y la medicina “sagradas” oficiales (que pretenden ser objetivas e imparciales) y en las estadísticas gubernamentales, como si se basa en la ciencia “disidente y prohibida” que el “Nuevo Orden Mundial no quiere que veáis” (y que, sin embargo, de alguna manera está por todo YouTube), nuestra única respuesta a esto es reafirmar la posición de subjetividad proletaria militante, es decir, analizar siempre la realidad material basándonos en el criterio de lo que hace avanzar u obstaculiza la lucha por nuestros intereses de clase. Y desde esta posición, y en confrontación con todas las falsificaciones mencionadas, intentamos descubrir siempre la corriente proletaria en toda esta agitación.

Al igual que la anterior “crisis de los Covid-19”, también se afirma que la guerra en Ucrania es la raíz de la aparente “crisis económica” y la justificación de la escasez y/o el aumento de los precios de muchos productos básicos. En realidad, ambas crisis simplemente desenmascararon la crisis subyacente de valorización.

No existe tal cosa en este planeta como la escasez de alimentos o energía. Es la lógica del capital la que crea la “escasez”, ya que la única razón por la que se producen las mercancías en el capitalismo es para venderlas con el fin de obtener beneficios. Su valor de uso como alimentos, ropa, combustible, etc. sólo tiene sentido para el Capital como medio para este fin. Por lo tanto, es lógico dejar que la comida se pudra o quemar el combustible en lugar de dárselo a aquellos que no pueden pagarlo. Por tanto, el trigo de Ucrania o Rusia no se transportará por otras rutas ni se sustituirá por trigo u otro producto comestible de otros lugares para alimentar a los proletarios hambrientos de Egipto o Líbano o Sri Lanka, a menos que se pueda hacer rentable.

En las siguientes páginas intentamos analizar los movimientos proletarios que han estado sacudiendo el mundo a pesar del Covid-19 y los cierres relacionados y la guerra en Ucrania, contra la miseria de la vida en la sociedad capitalista y en oposición a los esfuerzos de movilización interclasista del Estado. Este texto no pretende ser una cronología de estos movimientos proletarios ni una relación exhaustiva y detallada de la actividad militante y organizativa cotidiana “sobre el terreno”. Hay otros militantes, con una conexión más directa con estos movimientos que la nuestra, que han asumido bien estas tareas. Nos centramos en los movimientos que, según nosotros, representan el apogeo de la militancia proletaria reciente, manteniendo al mismo tiempo la continuidad militante, reapareciendo bajo otra forma después de haber sido reprimidos por el Estado, dando nacimiento a minorías militantes o dinamizando las ya existentes y creando potencialmente el espacio para las rupturas programáticas.

Mencionemos aquí que planeamos cubrir las acciones revolucionarias derrotistas del proletariado en el territorio de Rusia y Ucrania contra la guerra capitalista (deserciones y motines en ambos bandos, ataques a los centros de reclutamiento, sabotaje de los esfuerzos de guerra, subversión de la reciente movilización en Rusia, etc.) en un material aparte. También tenemos que mencionar aquí los disturbios de enero en Kazajstán desencadenados por los altos precios del combustible, aunque no hablamos de ello en detalle en el siguiente texto. Fue una erupción muy fuerte de ira proletaria y contenía algunos momentos insurreccionales que llevaron a la burguesía local a pedir refuerzos de Rusia y otros países de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva) para aplastarla y evitar que se convirtiera en una insurrección proletaria a gran escala. Hemos publicado en nuestro blog una colección de materiales militantes de varios grupos que informan sobre el movimiento en Kazajstán.
 
[...] 
 

¿Qué perspectiva revolucionaria?

Mientras parece que estamos en la bisagra de una nueva época dentro del modo de producción capitalista, o al menos que se nos impone un nuevo paradigma para reproducir siempre la totalidad de la dictadura de la mercancía sobre nuestras existencias, podemos afirmar, sin negar la preeminencia global de la paz social dominante y el peso de los muertos sobre los vivos, que la situación global de los últimos años se caracteriza por:

  • el ataque global a las condiciones de vida del proletariado – encarecimiento de los productos de primera necesidad, inflación, control del Estado, pérdida de empleos, militarización de la vida, etc., a un nivel sin precedentes desde hace al menos medio siglo,
  • el movimiento proletario expresándose en muchas partes del mundo en protestas, disturbios y huelgas y a veces casi insurrecciones,
  • una continuidad militante que comienza a formarse entre estas erupciones y vínculos militantes que comienzan a forjarse entre las minorías radicales de estas luchas en diferentes países,
  • las fuerzas de la socialdemocracia histórica y de la reacción luchan por cooptar y sofocar estos movimientos,
  • campos militares burgueses opuestos formándose en una cadena de innumerables conflictos locales y el peligro real de que este proceso cristalice en Ucrania en una guerra global y posiblemente nuclear…

Las minorías comunistas, para cumplir su papel histórico – como la parte del proletariado más preparada programática y tácticamente – para participar en el desarrollo de la dirección revolucionaria de la lucha de nuestra clase, tienen que comprender las condiciones materiales de nuestro tiempo y actuar en consecuencia. Especialmente como respuesta a lo que el Estado de los capitalistas está preparando para nosotros en el contexto de la extensión de su guerra permanente emprendida contra nuestra clase, y el fortalecimiento de nuestras luchas contra la degradación generalizada de nuestras condiciones de supervivencia, tenemos que desarrollar más que nunca medios (organizativos, tácticos, técnicos) para protegernos a nosotros mismos y nuestras actividades: ¡del espionaje y control del Estado, de las enfermedades y su propagación, de la guerra y la militarización de la sociedad!

No negamos que la situación actual y los múltiples movimientos de nuestra clase en todo el mundo conllevan muchas contradicciones, tendencias contradictorias, por lo tanto debilidades. Pero a diferencia de los idealistas que etiquetan las luchas que no contienen una soñada cualidad absolutamente revolucionaria en el mejor de los casos como “luchas dentro del capital” y en el peor de los casos como “luchas por la democracia”, “por el consumismo”, “por el poder adquisitivo” (siguiendo completamente la propaganda burguesa) etc., nosotros vemos en nuestro análisis la existencia colectiva y la práctica dentro del movimiento proletario independientemente de las banderas o de la “conciencia” individual de los participantes, porque son exactamente estas luchas las que cambian las condiciones de producción y reproducción de la vida real.

Está claro que la conciencia social refleja el equilibrio de fuerzas en las relaciones sociales de clase existentes. Por lo tanto, es evidente que las luchas proletarias llevan en su seno diferentes debilidades que son producto de la dominación ideológica burguesa, así como un reflejo de la reproducción de la vida social bajo la tiranía del valor. Incluso durante la revolución proletaria, la conciencia burguesa dominará a las masas del proletariado y las dominará mientras esta conciencia refleje la división de clases existente en la sociedad.

Son las propias luchas las que cambian las condiciones, la relación de fuerzas. En estas luchas el proletariado deja de ser una categoría sociológica, una clase “abstracta” dispersa en la mezcolanza de ciudadanos aislados, para convertirse de nuevo en la clase que perturba la lógica de la dominación capitalista y crea condiciones para la reproducción de necesidades de vida antagónicas a esta sociedad y, a nivel consciente, en la clase que crea en este proceso la crítica revolucionaria.

Los idealistas, por el contrario, esperan un 100% de conciencia revolucionaria en un conflicto de clases desde el principio. En su planteamiento se pierde la relación mutua entre existencia y conciencia, así como el movimiento, es decir, se pierde el proceso de ruptura con la dominación de la ideología burguesa y la realidad cotidiana de la reproducción social capitalista.

A pesar de todas estas teorías, la situación revolucionaria no surgirá de la nada. Se producirá por un enorme conflicto de clases, muchas luchas y derrotas y su reflejo, una serie de rupturas con el actual estado de cosas, la participación activa de las masas del proletariado y sus minorías más radicales y conscientes, el comunismo como programa constituyéndose orgánicamente contra la dictadura del capital.

Como siempre, tenemos que ayudar a forjar los lazos militantes entre las expresiones más avanzadas del movimiento de clase en todo el mundo, a plantear directamente la perspectiva revolucionaria internacionalista contra todas las falsificaciones y separaciones burguesas, ¡a desvelar la naturaleza proletaria de la lucha de clases en las diferentes partes del mundo!

Contra la guerra capitalista y la paz capitalista, contra todas las formas de nacionalismo, de “mal menor”, de “liberación nacional”, de “guerra defensiva”, etc., ¡tenemos que oponernos al derrotismo revolucionario intransigente!

Por último, nos gustaría hacernos eco aquí de las palabras de expresiones militantes en Perú cuando las calles estaban en llamas la primavera pasada:

Como un incendio va la clase trabajadora, el incendio que lleva enarbolado, con un furor, un ímpetu supremo. Cabalgan sus hogueras, trota su lumbre arrolladoramente, arroja sus flotantes y cálidas banderas, sus victoriosas llamas sobre el triste continente. Purifica, penetra en las ciudades, alumbra, sopla, da en los rascacielos, empuja las estatuas, muerde, avienta: arden inmensidades de edificios podridos como leves pañuelos, cesa la noche, el día se acrecienta. Es como un sol que eclipsa las tinieblas lunares, es como un corazón que se extiende y absorbe, que se despliega igual que el coral de los mares en bandadas de sangre a todo el orbe.

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Cartel Internacionalista Contra la Guerra Imperialista (Enero de 2023)
 
Ver más aquí

26 de octubre de 2021

[Ecuador] ¡Octubre vive, la lucha sigue!... Pero no cometamos los mismos errores del 2019. Aprendamos y apliquemos las lecciones de la historia

Dialogar y negociar con los explotadores y asesinos del proletariado −indígena y mestizo−, fue la derrota de la revuelta.
Confiar en “representantes y salvadores del pueblo”, aunque se vistan de rojo y se digan “compañeros”, pero que en realidad sólo velan por sus propios intereses de poder y de dinero, es una derrota.
Confiar en las instituciones, las elecciones, los gobiernos −tanto de derecha (ej. Moreno y Lasso) como de izquierda (ej. Correa)−, las leyes y las reformas de la clase dominante, es una derrota.
Luchar por migajas y no por todo el pastel (la riqueza social) que las y los trabajadores hacemos con nuestras propias manos y herramientas, es una derrota.
No protestar contra tanta miseria y opresión que sufrimos todos los días, es una derrota.
 
Proletarios:
Confiemos en nuestras fuerzas y sólo en nuestras fuerzas.
Confiemos en la organización autónoma y la acción directa de masas (desde ollas comunes y asambleas autoconvocadas hasta barricadas y enfrentamientos con las fuerzas represivas) para satisfacer nuestras necesidades y reivindicaciones inmediatas.
Confiemos en la inteligencia y la creatividad colectivas.
Confiemos en el apoyo mutuo y la solidaridad de clase.
Porque la emancipación de las y los proletarios −con trabajo y sin trabajo− será obra de nosotros mismos o no será obra de nadie.

Y entre nosotros, dejemos a un lado los egos, los resentimientos, las diferencias ideológicas, las apariencias, las jerarquías, el aislamiento y la competencia.
Construyamos nuevas relaciones humanas entre nosotros desde ya, basadas en la igualdad, la honestidad y el apoyo mutuo entre hermanas y hermanos de clase, sin que intermedie la mercancía ni la autoridad.
Construyamos un tejido comunitario fuerte, autónomo, horizontal y combativo de los nadies que lo queremos y lo merecemos todo.
Porque Todo es de Todos (las y los proletarios hemos producido todo lo que existe en este mundo, por lo tanto, todo debería pertenecernos en común).
Y porque, contra la explotación capitalista y la represión estatal, nuestras mejores armas son la autoorganización y la solidaridad.

Proletarios:
Luchemos juntos y sin jefes por recuperar y transformar radicalmente nuestras vidas.
Luchemos, no sólo contra la nueva ley de precarización y superexplotación laboral, el aumento del costo de la vida, la evasión empresarial de impuestos mediante paraísos fiscales, los proyectos mineros, y el actual estado de excepción y la impunidad de los aparatos de represión so pretexto de “combatir la delincuencia y el narcotráfico”, pero que en realidad es para combatir las protestas de los explotados y oprimidos; es decir, no sólo contra este gobierno de un banquero ladrón, empresarios políticos mafiosos y policías asesinos, y no sólo por lograr mejores condiciones de existencia, sino que luchemos contra toda la burguesía y su dictadura llamada democracia, aboliendo sus condiciones de explotación y dominación. Aboliendo la misma relación de clase.
Luchemos contra su derecha y su izquierda, ya que, a fin de cuentas, ambas terminan siendo la misma mierda cuando “toman el poder”, alternándose en la administración del Estado y la crisis capitalistas, con diferentes medidas y discursos. Sin embargo, de la izquierda actual que no está en el poder sólo han de interesarnos sus bases cuestionando y desbordando a sus dirigentes en situaciones de revuelta e insurrección. Sí, sólo han de interesarnos el desborde y la ruptura revolucionaria desde las bases de las organizaciones de masas.
Luchemos contra el capitalismo −la raíz de todos los problemas actuales−, el cual incluye a toda forma de explotación y dominación entre seres humanos y sobre la naturaleza.
Luchemos contra todo lo que nos hace esclavos miserables de la propiedad privada, el trabajo, el dinero, las mercancías y las apariencias, aunque creamos que no lo somos.
Luchemos contra todo lo que nos hace muertos vivientes en las calles, las oficinas, los locales, las aulas, los buses, las casas y detrás de unas máscaras y unas pantallas digitales, aunque creamos que no lo somos.
Destruyamos lo que nos destruye en todo sentido; ataquemos las causas sociales de nuestras enfermedades físicas y mentales, esas que negamos u ocultamos a todo mundo, pero que nos destruyen día tras día, a solas y en silencio.
Creemos embriones de un mundo nuevo dentro del cascarón de este viejo mundo que se está pudriendo; creemos nuevas relaciones entre los individuos, para preservar, sanar y cambiar nuestras vidas rotas.
Impongamos por la fuerza las necesidades humanas y de la naturaleza sobre las necesidades de las empresas y de los Estados. Usando todos los medios que estén a nuestro alcance para ello. Yendo a las raíces de los problemas que nos aquejan a diario, para así tener objetivos y métodos claros, radicales y contundentes, no a medias tintas, de modo que nuestras luchas no sean en vano ni hagan más fuerte a nuestro enemigo, como pasó con la revuelta del 2019 hasta la fecha.
Luchemos juntos y sin jefes por recuperar y transformar radicalmente nuestras vidas.

Desde esta semana, salgamos todos a las calles para sumarnos a las movilizaciones de la clase trabajadora del campo y la ciudad contra la clase capitalista, para que estas vayan en aumento y se intensifiquen; para que las protestas se conviertan en revuelta.
Durante este mes, en otros países (Chile, Brasil, EE.UU., Francia, Argelia, Líbano, Corea del Sur, Australia) nuestros hermanos proletarios también se están levantando nuevamente, porque la crisis capitalista, el malestar generalizado y la lucha de clases son mundiales.
Participemos, pues, en las protestas locales, desbordando a sus convocantes y sus pacificadores o bomberos. Sí, las bases desbordando a sus dirigentes y reconociéndose con otros nadies en la acción directa.
Confiando sólo en nuestras fuerzas como clase, sin representantes ni salvadores.
Perdiendo el miedo a la represión estatal y a la calumnia de propios y extraños. Al mismo tiempo que cuidándonos los unos a los otros para salir sanos y seguros de los combates en las calles.
Organizando en el acto y entre iguales la digna rabia proletaria contra tanta miseria y opresión diarias.
Desplegando e incrementando nuestra potencia común, así como nuestra rebeldía y alegría de vivir.
Interrumpiendo violentamente la violenta normalidad capitalista. Golpeando donde realmente le duele a este sistema. Reapropiándonos masivamente de los medios de producción y distribución, los servicios y los bienes de consumo. Imponiendo la gratuidad y la abundancia de todo para todos. Creando nuestros propios órganos asamblearios de poder revolucionario para tomar estas medidas comunizadoras. Creando nuevas relaciones no mercantiles ni jerárquicas entre las personas y con las cosas. En fin, usando la autoorganización y la solidaridad de clase como nuestras mejores armas para recuperar el control sobre nuestras luchas y vidas.
Porque esto es una guerra de clases y hay que asumirla como tal hasta las últimas consecuencias; es decir, no sólo hasta arrancharle a la burguesía y su Estado mejores condiciones de existencia para nosotros los desposeídos, explotados y oprimidos, sino hasta abolir la sociedad de clases e instaurar la comunidad humana real, aquí y en todas partes.
Aunque todo esto nos lleve varias generaciones, hay que empezar a hacerlo desde ya, antes de que la actual catástrofe y descomposición del capitalismo nos extinga como especie de la faz de la Tierra. 
 
¡Viva el paro nacional y la lucha proletaria internacional!
¡Por una nueva revuelta sin jefes ni medias tintas!
¡En comunidad y con organización, de la revuelta a la revolución!


Algunos proletarios desempleados y cabreados de la región ecuatoriana
Octubre del 2021

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*Se agradece difusión, traducción y discusión*