Comunismo internacionalista contra
imperialismo y contra socialdemocracia antiimperialista
Hace un mes, en nuestra cuenta
de Instagram, publicamos un breve comunicado de Trabajadores
anticapitalistas de Irán en el cual estos compañeros afirman que
lo que está ocurriendo en ese país es una guerra de clases; que tanto el
gobierno islámico como su oposición monárquica son capitalistas; y, que la
única solución radical es la lucha proletaria autónoma y antagonista por la
revolución comunista en Irán y en todo el mundo. La publicación fue bien
recibida por la mayoría de nuestros lectores.
Sin embargo, algunos
izquierdistas del Capital nos comentaron las siguientes perlas de la burguesía:
“es un conflicto geopolítico, no de clases”, “son protestas violentas financiadas
y dirigidas por EE.UU. e Israel contra el gobierno popular, antiimperialista y
revolucionario de Irán”.
Ante lo cual, respondimos reivindicando
la lucha del proletariado de la región iraní contra el Estado burgués iraní y con
una crítica radical del antiimperialismo en tanto que apéndice de la misma
guerra imperialista y la pugna interburguesa. Así como también, que no es un
conflicto entre naciones sino entre clases; por lo que, en el análisis
comunista, el análisis de clases tiene prioridad sobre el análisis geopolítico.
Entonces, los izquierdistas
del Capital nos lanzaron más perlas de la burguesía: “si ustedes critican el
antiimperialismo, el antisionismo y el islamismo, entonces son
proimperialistas, prosionistas e islamofóbicos”, “ustedes idealizan al
proletariado y a las revueltas”, “ustedes confunden proyecto con slogan”, “es
una lucha religiosa, no de clases”, etc.
Contra toda esa bosta
socialdemócrata, y a fin de que quede claro y no se nos malinterprete de
ninguna forma, consideramos necesario manifestar que nosotros nos posicionamos
en contra del imperialismo, el colonialismo, el sionismo, el islamismo, el
fascismo, etc. desde una posición proletaria, comunista e internacionalista. Posición
revolucionaria que precisamos a continuación.
7 precisiones sobre la posición
comunista internacionalista hoy
1. Estamos
con el proletariado internacional contra la burguesía internacional y, por
tanto, contra todos los Estados sin excepción hasta su abolición.
En el sistema mundial capitalista, todos los Estados sin
excepción (Irán, Israel, EE.UU., China, Rusia, Ucrania, Autoridad Nacional
Palestina, Venezuela, etc.) son capitalistas o burgueses. Todos los Estados sin
excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que,
con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—,
compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros,
repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del
planeta.
Lo cual es así porque, junto con la explotación de la
fuerza de trabajo y el intercambio mercantil, la competencia es uno de los
principales motores del modo de producción y reproducción social capitalista en
tanto que totalidad o sistema histórico-mundial. De hecho, la lógica y dinámica
de funcionamiento de los Estados capitalistas, tanto “puertas adentro” como
“puertas afuera”, es una combinación entre la competencia y la connivencia entre
sus fracciones.
En este marco, no existe un solo imperialismo, sino
varios imperialismos en competencia y, hoy, en guerra: principalmente, el
imperialismo estadounidense y su bloque donde están Israel y Ucrania vs. el
imperialismo chino y su bloque donde están Rusia, Irán y Palestina.
La competencia interimperialista, a su vez, sólo es
posible sobre la base de la explotación y la masacre del proletariado internacional,
pero también de su resistencia (contrario a lo que rebuznan algunos dizque
“marxistas” y “anarquistas”, en Irán, Palestina, Venezuela, etc. sí existe
burguesía, proletariado, plusvalía y lucha de clases).
La base de las relaciones internacionales son las
relaciones de clase, que son conflictivas por naturaleza, porque donde hay
explotación hay conflicto, donde hay dominación hay resistencia.
En el fondo, entonces, más que un “conflicto geopolítico”
o entre naciones, la guerra es un conflicto entre clases ―y fracciones de
clases― a escala internacional.
Sintetizando, la base del imperialismo es la
explotación capitalista y, por tanto, la lucha de clases, el motor de la
historia de la sociedad de clases.
Más claro ―y esto es lo determinante y, además, lo
demarcatorio entre los revolucionarios y los reformistas de todos los países
con respecto a la guerra―: en última instancia, toda guerra capitalista e
imperialista es una guerra contra el proletariado: ya sea para destruirlo como
"población sobrante" y reactivar la economía mundial en crisis ya sea
para destruirlo en tanto que "clase peligrosa" para el orden burgués,
más aún si participa en revueltas e insurrecciones, como lo ha hecho durante
todo el siglo XXI, “la era de los disturbios”.
Y viceversa: las luchas del proletariado contra “su
propio Estado” en “su propio país” son batallas locales de la guerra global contra
la burguesía internacional, contra el sistema mundial capitalista o, si se
prefiere, contra el imperialismo.
Sí: capitalismo, imperialismo, guerra,
contrarrevolución y lucha de clases son inseparables… e inestables; conforman
una totalidad indivisible… pero también dinámica y cambiante, por lo que se puede
transformar, no sólo en su contrario, sino en un mundo nuevo, en una forma
social superior, mediante —y sólo mediante— la guerra de clases y la revolución
comunista mundial.
Por lo tanto, nuestra posición al respecto como
comunistas internacionalistas es: el proletariado mundial contra todas las
potencias y bloques imperialistas y, por implicación, contra todos los
Estados-nación. El proletariado mundial contra el Estado capitalista mundial
hasta su abolición y sustitución por la Comuna mundial.
2. Estamos
por la derrota de todos los Estados-nación en guerra, mejor dicho, por la
transformación de la guerra imperialista en guerra de clases revolucionaria. En
pocas palabras, esto es lo que significa el derrotismo revolucionario y el
internacionalismo proletario.
Otra forma de expresar esta posición es: "Ninguna
guerra salvo la guerra de clases" dentro del "propio país"
contra la "propia burguesía" y el “propio Estado” hasta abolirlos de
raíz.
Lo contrario es el defensismo de uno u otro
Estado-nación burgués en guerra (por ejemplo, Ucrania, Palestina, Irán,
Venezuela) bajo la bandera del "antiimperialismo" por parte de muchos
socialdemócratas, chovinistas y contrarrevolucionarios disfrazados de
"marxistas" y "anarquistas". A esta posición también se le
conoce como “campismo”, debido que defiende uno de los campos o bloques
estatales e imperialistas en guerra.
Pues bien, los internacionalistas y derrotistas
consecuentes somos antidefensistas o anticampistas. Afirmando claro y fuerte que sólo la revolución
comunista mundial puede abolir la guerra imperialista o el capitalismo y sus
guerras.
En este marco, estamos por la lucha del proletariado
de la región iraní contra el Estado burgués iraní, la lucha del proletariado
estadounidense contra el Estado burgués estadounidense, la lucha del
proletariado de la región venezolana contra el Estado burgués venezolano, y así
sucesivamente en todos las regiones o países sin excepción.
En consecuencia, estamos por la unificación y radicalización
de la guerra de clases global hasta la abolición de la sociedad de clases
global. Porque, dado que hoy no sólo es la clase del trabajo sino la clase del
capital, el proletariado sólo se va a unificar realmente cuando luche por su
propia abolición como clase; es decir, al calor de la revolución comunista, la
cual será mundial o no será.
Una sola clase: una sola lucha hasta la revolución
comunista mundial.
3. Afirmamos
que sólo aboliendo la sociedad de clases capitalista mundial se puede abolir el
imperialismo, el colonialismo, el sionismo, el islamismo, el fascismo, etc.
No se trata de cortar sólo uno o varios tentáculos,
sino de cortar la cabeza de todo el pulpo capitalista. No se trata de cortar
sólo una o varias ramas, sino de extirpar la raíz misma del árbol podrido.
Lo propio aplica para sus falsos críticos y opositores
o para sus tentáculos o ramas del lado izquierdo: el antiimperialismo, el
anticolonialismo, el antisionismo, el antifascismo, etc. Porque la revolución
social es anticapitalista, total y global o no es. Todo lo demás, no sólo es parcialización
y desviación de la lucha de clases, sino contrarrevolución capitalista con
diferentes disfraces.
4. Estamos
en contra del capitalismo, sus defensores de ultraderecha y, en especial, de
sus falsos críticos de izquierda.
La izquierda del Capital o la socialdemocracia
histórica e internacional es el falso crítico y opositor del capitalismo,
porque su programa es reformarlo desde el Estado, no abolirlo y superarlo; es
decir, ser la nueva clase explotadora y dominante.
En consecuencia, siempre se posiciona a favor de una u
otra fracción estatal-nacional de la clase dominante mundial en la pugna
interburguesa y la guerra imperialista; en este caso, a favor del bloque
imperialista China-Rusia-Irán en contra del bloque imperialista
EE.UU.-OTAN-UE-Israel. Todos éstos, sobre y en contra del proletariado de
dichos países. Para muestra, un botón: estalinistas-antiimperialistas criollos
expresando públicamente su “solidaridad con la República Islámica de Irán”
contra la “revolución de colores impulsada por la CÍA y el Mossad” que “busca destruir
el progreso social alcanzado por Irán en 5 décadas de Revolución” (sic.). Simplemente
repudiable.
La historia de la lucha de clases del siglo XX
demuestra que, paradójicamente, el antiimperialismo, la liberación nacional, la
soberanía nacional, etc., siempre han sido el apéndice de un campo o bloque
imperialista en guerra contra otro y, al mismo tiempo, el promotor de la
modernización capitalista a través del Estado-nación en las periferias del
capitalismo mundial. Eso mismo es la socialdemocracia o la izquierda del
Capital en su versión “tercermundista” o antiimperialista y nacionalista. En
pocas palabras, el antiimperialismo y el nacionalismo contra el proletariado y
la revolución.
Por eso, al igual que fascismo/antifascismo, imperialismo/antiimperialismo
es una falsa dicotomía o una fórmula de confusión. Muy por el contrario, el
verdadero antagonismo en el plano histórico-mundial es entre proletariado y
burguesía, revolución y contrarrevolución, comunismo y capitalismo.
Dentro de este verdadero antagonismo, a su vez, se
encuentra el antagonismo entre comunismo y socialdemocracia. Porque la
socialdemocracia coopta o encuadra al proletariado para desviar su lucha de
clase contra clase hacia la pugna interburguesa y la guerra imperialista. Porque
—no se olvide— el objetivo principal de la socialdemocracia es ser la nueva
clase capitalista dentro de cada Estado nacional, ya sea mediante las urnas
(electoralismo) ya sea mediante las armas (reformismo armado). La
socialdemocracia es la contrarrevolución con apariencia de
"revolución" en el seno del proletariado. La socialdemocracia es,
pues, el principal enemigo en el seno del propio proletariado.
Por lo tanto, como comunistas internacionalistas o
minorías revolucionarias del proletariado internacional, estamos en contra de
todas las fracciones o variantes de la socialdemocracia histórica e
internacional: antiimperialistas, anticolonialistas, nacionalistas, islamistas,
antisionistas, antifascistas, estalinistas y "marxistas"-leninistas
en general, "anarquistas" campistas o defensistas de un Estado en
guerra (Ucrania, Palestina), izquierdistas posmodernos anticoloniales, etc.,
porque en realidad ninguno de ellos es anticapitalista, sino procapitalista y,
por tanto, contrarrevolucionario.
5. No idealizamos
o romantizamos al proletariado y sus luchas. El proletariado no tiene una "esencia
comunista" e internacionalista. Ser clase explotada no lo hace
mecánicamente clase revolucionaria. El proletariado es una contradicción
viviente o en proceso.
De hecho, el proletariado sintetiza en su seno todas
las contradicciones y luchas que atraviesan el entramado social capitalista, dado
que constituye su base y su mayoría. Más aún en un período histórico-mundial de
carácter contrarrevolucionario como todavía lo es el actual ―aunque ya
comienzan a despuntar en el horizonte unos cuantos elementos y tendencias de
una época pre-revolucionaria, por ejemplo, en Irán y EE.UU., debido a sus
“guerras internas” o de clases―.
En este marco, el proletariado está dividido y hay
fracciones de él que luchan por intereses de a, b o c fracciones burguesas
nacionales e internacionales para sobrevivir o seguirse reproduciendo como
clase explotada y dominada.
Más claro: si tal o cual fracción del proletariado en
tal o cual país (por ejemplo, Irán y Venezuela) lucha a favor de tal o cual
gobierno y/o de tal o cual potencia imperialista, es por sobrevivencia material,
tal como en la antigüedad o en los albores del capitalismo algunos esclavos
luchaban por sus amos, por la misma razón.
Al contrario, cuando el proletariado lucha por la
revolución social mundial (1848, 1871, 1917-1923, 1936-1937, 1968-1977, ¿2026-2037-2049?)
es porque ya no le queda otra alternativa histórica para satisfacer sus
necesidades colectivas. La revolución es un hecho material o físico porque está
determinada por necesidades materiales o físicas.
Son las condiciones materiales de existencia las que
determinan los intereses, las luchas y el carácter del período histórico de la
lucha de clases en todo el mundo, no la voluntad, la consciencia ni el
activismo de sus participantes. (Este es un ABC de la concepción materialista
de la historia que, de vez en cuando, toca recordar a propios y ajenos.)
Bajo las condiciones actuales, el proletariado está
dividido y enfrentado entre sí porque es débil como clase revolucionaria. Y
esta debilidad del proletariado como clase revolucionaria hace que la
burguesía, la ultraderecha y la socialdemocracia sean fuertes en tanto que
personificaciones sociales y políticas diferentes de la misma contrarrevolución
capitalista. Es más: en un período o contexto contrarrevolucionario como el
actual, la mayoría del proletariado es contrarrevolucionario.
Sin embargo, el propio desarrollo contradictorio y
desigual del capitalismo y la lucha de clases también producen fracciones del
proletariado que luchan por dejar de sobrevivir en el infierno social
capitalista y empezar a vivir de otro modo. Más precisamente, fracciones
proletarias que luchan contra el Trabajo/Capital y el Estado, contra todas las
fracciones de la burguesía, contra la ultraderecha y la socialdemocracia, y,
sobre todo, contra su propia condición de clase trabajadora. El capitalismo
produce su propio sepulturero: el proletariado revolucionario. (Este es un ABC
de la dialéctica materialista que, de vez en cuando, también toca recordar a
propios y ajenos.)
Ahora bien, la lucha revolucionaria en realidad es
impura, contradictoria y contingente. Esto no quiere decir que la extrema izquierda
del Capital, autodenominada “izquierda revolucionaria”, sea realmente revolucionaria,
ni mucho menos que le hagamos concesiones al activismo reformista y oportunista,
en lo absoluto. Significa que la lucha revolucionaria inevitablemente se mezcla
y se enfrenta con las luchas no revolucionarias y antirrevolucionarias de otras
fracciones del proletariado (por ejemplo, en las actuales protestas masivas en
Irán, donde en las calles de manera involuntaria se mezclan proletarios
anticapitalistas y pro consejos obreros con proletarios pro monárquicos, y
ambos se enfrentan con proletarios pro régimen islámico, etc.).
Lo cual genera que las luchas del proletariado en
general sean más contradictorias, complejas y limitadas en el período histórico
actual o en "la era de los disturbios". En suma, un caos, cuyo
desenlace es contingente, porque puede devenir tanto en ruptura revolucionaria
como en restauración del orden capitalista, según sean las condiciones
concretas y la correlación de fuerzas.
Sí, la lucha de clases hoy es un caos, porque emerge
del caos sistémico en el que se encuentra el capitalismo histórico y mundial.
Por consiguiente, la contradicción y el caos también existen
dentro del internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario, tanto
en la práctica (por ejemplo y sobre todo, en la lucha del proletariado gazatí
tanto en contra de la ocupación del ejército israelí como en contra de los
aparatos armados de la burguesía palestina; y, en menor medida, en la lucha del
proletariado en uniforme que deserta de la guerra en la frontera ruso-ucraniana
y las redes de solidaridad con los desertores allí y en toda Europa) como en la
teoría (posiciones diferentes y polémicas al respecto entre las minorías
radicales del proletariado internacional).
Aun así, con todas sus contradicciones, complejidades
y limitaciones actuales en medio del caos sistémico, la lucha de clases existe,
la guerra de clases existe, las revueltas existen, y la necesidad y posibilidad
de revolución social existe.
Es más: dada la catástrofe capitalista global como
contexto actual, la revolución social del futuro también adoptará una forma
catastrófica. A golpes y a tientas, la sociedad comunista brotará desde el
subsuelo y entre las ruinas de la sociedad capitalista.
El comunismo no es una utopía, una ideología ni mucho
menos ese capitalismo de bandera rojiamarilla que fue la URSS y sus países
satélites. El comunismo es el movimiento real y anónimo de los explotados y
oprimidos que subvierte las condiciones capitalistas de existencia, que se
desarrolla ante nuestros ojos, y que interrumpe por la fuerza pero a tientas la
historia de la sociedad de clases. Su claroscuro caldo de cultivo es el
antagonismo, la guerra de clases. Por eso el comunismo es un movimiento
contradictorio, pero es.
Irán 2026 es un ejemplo concreto de ello. Sí, con
todas sus contradicciones, la revuelta actual en la región iraní es una guerra
de clases, no un "conflicto geopolítico" ―aunque tenga implicaciones
geopolíticas― ni una "lucha religiosa" ―aunque parezca tener tintes
religiosos―, como rebuznan algunos izquierdistas del Capital.
Es más: por su posición estratégica en el sistema
mundial capitalista ―petróleo, industrias, mercados, relaciones
internacionales, etc.― y por sus continuas revueltas de masas ―a saber, 5
levantamientos desde el 2017 hasta la fecha―, incluso si esta revuelta es
derrotada, Irán será uno de los epicentros de la revolución social mundial del
futuro.
6. No
afirmamos que la lucha de clases conduce de manera "inevitable" a la
revolución comunista y que la socialdemocracia es la "culpable" de
que ésta no haya triunfado hasta la fecha. El proletariado es sus luchas, tanto
contra la burguesía como en su propio seno. Lo cual incluye las luchas del
proletariado revolucionario contra la socialdemocracia y, sobre todo, contra su
propia condición de clase. La reproducción ó la ruptura de la relación capitalista
de clase depende del contexto, el contenido, la intensidad y la extensión de
tales luchas.
Esta disyuntiva se hace visible en situaciones de
abierto antagonismo de clases como son las revueltas. Las revueltas son
contradictorias por naturaleza porque emergen de las contradicciones y
antagonismos de clase de la sociedad capitalista. Por lo tanto, el resultado o
desenlace de una revuelta, como la actual revuelta en Irán, depende de cómo se
resuelvan estas contradicciones de clase y, en especial, las contradicciones
internas o en el seno del proletariado y sus luchas.
A esto nos referimos cuando decimos el contenido de
las luchas. Y si ponemos énfasis en el contenido y no en la forma de las luchas,
es porque la revolución es una cuestión de contenidos y fuerzas reales ―las
relaciones y fuerzas sociales comunistas vs. las relaciones y fuerzas sociales capitalistas―,
no de formas de organización ―autónomas o heterónomas, horizontales o
verticales, etc.―. De hecho, en las revueltas actuales hay autoorganización,
pero no hay revolución. Siendo que la revolución comunista es la única solución
o superación de la contradicción viviente que es el proletariado mediante su
abolición como clase y, por tanto, de todas las clases. Este, y no otro, es el
contenido de la revolución comunista en el período histórico actual en el que
el capital ha subsumido real o totalmente al trabajo y, por tanto, al
proletariado. Esto, y no otra cosa, es la revolución concebida como
comunización.
Autoabolición del proletariado que, a su vez, sólo es
posible mediante la producción del comunismo y la reproducción social comunista;
es decir, mediante la producción de relaciones sociales comunistas entre los
proletarios que se asocian y luchan para dejar de ser proletarios y para reproducir
todos los aspectos de sus vidas ―desde la alimentación hasta las relaciones de
género, pasando por los servicios básicos y el uso del tiempo libre― de otro
modo: en comunidad humana real o libre asociación de individuos que ponen bajo
su poder y uso comunes todas sus condiciones materiales de existencia para la
satisfacción de sus necesidades colectivas y el libre desarrollo de sus
potencialidades y sus relaciones humanas, así como también de sus relaciones con
la naturaleza.
Eso sí: teniendo claro que, si bien es necesaria y
posible, la revolución comunista no es "inevitable". Desde la
perspectiva materialista histórica y revolucionaria, hoy la consigna "Comunismo
o Extinción" es realista, pero contingente: puede ser lo uno como lo
otro. Depende del devenir del antagonismo o la guerra de clases en el contexto
de la catástrofe capitalista en curso.
7. No
confundimos “proyecto con eslogan”, expectativa con realidad o consigna con
movimiento real. La crítica comunista o las posiciones revolucionarias que
mantenemos, desarrollamos y precisamos de manera minoritaria, con
intransigencia y a contracorriente tanto de la ideología dominante como de la
izquierda del Capital, son el fruto agridulce de la lucha concreta y ardua del
proletariado revolucionario contra la sociedad de clases en el plano
histórico-mundial. Son su producto y, en determinado contexto, su factor.
En efecto: en el contexto contrarrevolucionario
actual, las posiciones revolucionarias del proletariado ciertamente son
minoritarias, fragmentarias y defensivas, pero necesarias contra la
contrarrevolución fuera y dentro de su seno para la resistencia, el aprendizaje
de las derrotas y la previsión-preparación de futuras batallas.
En cambio, en un contexto revolucionario, nuestras posiciones
pasan a ser masivas, unitarias, ofensivas e igual de necesarias, pero para
contribuir a la "inversión de la praxis" (Bordiga) y la
victoria de la revolución social. Pasan de ser producto a factor de la historia;
es decir, sólo en la revolución la teoría revolucionaria se convierte en fuerza material y hace
historia.
Junto con la aceleración de la catástrofe de la
civilización capitalista, el devenir del antagonismo de clases es el único que
puede transformar lo primero en lo segundo. Más precisamente, el devenir de un
período de contrarrevolución a un período de reanudación revolucionaria, en el
cual la apropiación y el uso de la teoría comunista por parte de las masas
proletarias se convierte en una necesidad material o, mejor dicho, en una
exigencia de su práctica revolucionaria.
En todo caso, la crítica comunista o la teoría
revolucionaria es necesaria: no es "sólo teoría" o "sólo
palabras", sino tanto una forma de relación crítica —aunque abstracta— del
proletariado con el capital como, y sobre todo, “las armas de la crítica” (Marx)
o un arma teórico-práctica que los proletarios de todo el mundo precisamos
apropiarnos, afilar y poner en común hasta que sea sustituida por "la
crítica de las armas" (Marx) para sepultar la sociedad de clases y
alumbrar la sociedad sin clases.
Dicho de otra manera, la teoría revolucionaria o la
crítica comunista es una forma (abstracta) y un momento de la práctica
revolucionaria del proletariado hasta la posible abolición/superación
revolucionaria de sí mismo como clase del trabajo/capital y, por tanto, de la
relación social capitalista. Por eso, aunque no son idénticas, teoría y
práctica revolucionarias son inseparables. La teoría revolucionaria es una
práctica consciente de crítica y ruptura revolucionaria que, según sea el
contexto o período de la lucha de clases, es un producto histórico y un arma
defensiva ó un arma ofensiva y un factor histórico.
Cabe aclarar que, si bien reivindicamos lo que en un texto anterior
denominamos “práctica teórica comunista” en contra y más allá del
activismo reformista en tiempos de contrarrevolución capitalista, entendemos pero no compartimos la idea de que “la
práctica del proletariado es la teoría” (Théorie Communiste), ya que la
consideramos unilateral e incluso teoricista. Subrayamos: tanto en un período
de reanudación revolucionaria como, y sobre todo, en un período de
contrarrevolución, la teoría revolucionaria es una forma y un momento de la
práctica revolucionaria, ni más ni menos. Pero, “las armas de la crítica no
pueden sustituir a la crítica de las armas” y “cada paso de movimiento
real vale más que una docena de programas” (Marx).
Por eso agregamos: para que la teoría revolucionaria se convierta en un arma material, hay que vincularla a la estrategia
revolucionaria y a la organización revolucionaria al calor de un ciclo de
luchas de clase concretas y, por implicación, a su dinámica y su devenir. Lo
cual ya es tema para otros textos, debates, experimentaciones y aprendizajes
como revolucionarios.
Proletarios
Hartos de Serlo
Quito, febrero de 2026
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Agradecemos a los camaradas de Tridni Valka (Grupo Guerra de Clases), de la región checa, por traducir nuestro texto al francés y al inglés.