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11 de mayo de 2025

[Ecuador] Contra el Estado-Capital, su derecha y su izquierda. Por la independencia de clase y la radicalización del proletariado, a pesar de la contrarrevolución reinante

El Estado-Capital es como un kraken que succiona el trabajo vivo y enajena el poder de la clase proletaria para decidir sobre su vida. Un kraken que tiene dos tentáculos políticos: derecha e izquierda. Mientras que el pueblo, esa masa policlasista y manipulable por excelencia, es su criatura. Sí, la izquierda y el pueblo también forman parte del sistema capitalista, porque el Capital no es una cosa ni un puñado de "grandes y perversas" empresas, sino una relación social impersonal y global de explotación, dominación y alienación entre las clases, los grupos y los individuos.

En ese marco, la derecha y su pueblo defienden un modelo de acumulación y distribución —de la riqueza y el poder— centrado en el sector privado, mientras que la izquierda y su pueblo defienden un modelo de acumulación y distribución centrado en el sector público; pero, al final de cuentas, derecha e izquierda defienden al Modo de Producción Capitalista y sus categorías fundamentales: propiedad, trabajo, capital, plusvalor, mercancía, salario, dinero, clases sociales, Estado, mercado, democracia. Estamos hablando de relaciones sociales de explotación, dominación y alienación que se reproducen día con día en todas partes, independientemente del gobierno de turno. Por lo tanto, derecha e izquierda no son contrarias, son complementarias y alternantes en la administración del Estado-Capital y su crisis actual (por más "socialista del siglo XXI" y "plurinacional" que se lo quiera disfrazar). Derecha e izquierda son reaccionarias o contrarrevolucionarias. "Derecha e izquierda: la misma mierda."

En el caso actual del Ecuador, no sólo que el gobierno narcobananero, tiránico y represivo de Noboa es repudiable y debe ser combatido hasta ser tumbado; el correísmo (personificado por González) y CONAIE-PK (personificado por Iza), también, porque sólo representan intereses y proyectos de diferentes fracciones del Estado-Capital y su pueblo. De manera que antes, durante y después de las recientes elecciones presidenciales, todas las suyas son pugnas interburguesas o, siguiendo la imagen propuesta, peleas entre diferentes tentáculos de la misma bestia capitalista y estatal.

Por lo tanto, sus peleas no son nuestras peleas. Nosotros, proletarios revolucionarios e internacionalistas, no apoyamos a ningún partido ni caudillo político: repudiamos a todos, en especial a los de izquierda. Porque, como bien decía Lukács, los oportunistas de izquierda o los socialdemócratas también son enemigos de clase y, por tanto, deben ser combatidos e incluso con más fuerza, ya que son el tentáculo izquierdo del Estado-Capital en el seno de las luchas y organizaciones de los explotados y oprimidos del campo y la ciudad, cuya función es encuadrarlos en la contrarrevolución democrático-burguesa (llámese "revolución ciudadana" o "proyecto político plurinacional") y alejarlos de la revolución proletaria internacional.

La socialdemocracia de todos los colores aprovecha para acometer este encuadramiento cuando, en medio de la pugna intercapitalista, un gobierno de derecha como el de Noboa arremete contra ella. Arremetida que no es para sorprenderse ni alarmarse porque, al igual que la economía capitalista, el Estado capitalista se mantiene y dinamiza mediante su competencia interna; eso sí, siempre para fortalecer su maquinaria de explotación, dominación y represión sobre el proletariado. El problema es que esta es la excusa perfecta de la socialdemocracia para argüir que "hay que unirse contra la derecha", "no es el momento para plantear un programa máximo", etc. A contracorriente de toda esa neblina hecha de razones convincentes pero falsas, nosotros reivindicamos, aquí y ahora, a Rosa Luxemburgo en su lucha intransigente contra la burguesía y la socialdemocracia por igual: "frente a vuestras miserias, el comunismo es lo mínimo que queremos".

Desde la perspectiva comunista, una de las lecciones principales de la coyuntura actual en la región ecuatoriana es que, si se quiere tumbar al gobierno de turno, las elecciones no sirven ni servirán (de hecho, nunca han servido para fines revolucionarios): es preciso una nueva revuelta esto es lo que realmente teme la clase dominante. La cual, a su vez, no debe cometer su error principal del pasado: negociar con el Estado y fortalecerlo. Una nueva revuelta no se debe conformar con tumbar al gobierno de turno y clamar por un "gobierno popular" "democráticamente elegido", sino que debe crear e imponer un poder social revolucionario, sin dialogar ni negociar con el enemigo de clase. Un poder autónomo y antagonista cuya tarea central sea apropiarse, colectivamente y a la fuerza, de los medios materiales y las decisiones que hacen posible la vida cotidiana en todos sus aspectos (por ejemplo, las Asambleas Territoriales que emergieron en la revuelta de Octubre de 2019 en la región chilena). A la dictadura de la burguesía y su Estado llamada democracia, el proletariado debe imponerle la dictadura social del movimiento insurreccional y comunizador.

Para no ser derrotada como en el pasado, la revuelta debe radicalizarse, y esto implica combatir y deshacerse de los reformistas y oportunistas que haya dentro de sus filas, quienes por lo general son pequeñoburgueses de izquierda (de la ciudad y del campo) que en realidad luchan por intereses de clase y con métodos ajenos y antagónicos a los del proletariado en lucha. Sí, en medio de una revuelta, el proletariado insurrecto no sólo debe combatir a la burguesía reaccionaria y su Estado, sino también a la pequeña burguesía democrática. Asimismo, las bases deben cuestionar y desbordar a los dirigentes; ir más allá y en contra de ellos, autoorganizándose sin más demandas que la revolución social. Si se radicaliza, entonces la misma dinámica de la revuelta se encargará de hacerlo, no sin contradicciones y tensiones inevitables pero necesarias para tal objetivo. La lucha contra el Capital y la socialdemocracia también se da y se tiene que dar en el seno del proletariado, ya que el proletariado es una contradicción viviente que sólo la revolución social puede resolver.

En síntesis: para tumbar al gobierno se necesita una nueva revuelta; ésta, a su vez, debe radicalizarse o devenir revolución, y "la revolución proletaria es una revolución contra el Estado mismo" (Marx) y, por tanto, contra todos sus tentáculos, en especial contra su izquierda o la socialdemocracia. Tarde o temprano, la actual crisis catastrófica del capitalismo y el antagonismo de clases se encargarán de poner a la orden del día la revolución social, tal como si fuese una gran espada en manos del proletariado de todas las "razas", los géneros y las generaciones para derrotar y sepultar tanto al kraken del Estado-Capital como a la sociedad de clases, empezando por abolirse a sí mismo como clase del trabajo/capital.  

Así que ya basta de estar metidos y pendientes en la pugna interburguesa (elecciones, peleas y alianzas políticas, leyes, nueva constituyente, etc.). Ya basta de lloriquear por "la arremetida de la derecha" y "la falta de unidad de la izquierda". La izquierda no es el proletariado, es la izquierda del Capital en el seno del proletariado. Y el proletariado ya está dividido y debilitado en todos los aspectos por el Trabajo/Capital (empleados vs. desempleados, formales vs. informales, asalariados vs. no asalariados, estudiados vs. no estudiados, jóvenes vs. viejos, hombres vs. mujeres, blanco-mestizos vs. no blanco-mestizos, etc., etc.), no por "la división de la izquierda". En el capitalismo, la división es la regla, mientras la unidad es la excepción.

Es más, cuando no lucha por la revolución social ―esto es, por la abolición de las clases empezando por su propia abolición como tal― sino que se la pasa trabajando para sobrevivir y, a lo sumo, peleando por esas migajas democráticas llamadas derechos y reformas, el proletariado es una clase del capital y para el capital, no una clase para sí en tanto que clase revolucionaria. La explotación es inseparable de la dominación y del conflicto, porque es una relación de clase, tanto “para bien” como “para mal”. Así pues, la llamada “lucha por la sobrevivencia” o el “sálvese quien pueda”, que consiste en tener que trabajar para pagar y pagar para vivir día tras día en medio de la separación y la competencia entre proletarios, es la base material y social de la dictadura democrática y la contrarrevolución catastrófica del Capital. Por esta razón histórico-concreta, y no por “falta de conciencia de clase”, es que bajo la hegemonía de la contrarrevolución el proletariado en su mayoría también es contrarrevolucionario.

Muy por el contrario, para reunificarse, fortalecerse, hacerse dueño de su vida y mejorarla realmente, el proletariado necesita luchar con independencia de clase y por su abolición como tal para devenir comunidad real de individuos libremente asociados que controlan, comparten y gozan todas sus condiciones materiales de existencia, su actividad creadora y los productos de la misma. Es decir, luchar como clase revolucionaria con sus propios objetivos —la revolución social, la destrucción del capitalismo, la creación de la sociedad sin clases ni Estado ni mercado— y sus propios métodos —la autoorganización (afuera y en contra de sindicatos y partidos), la acción directa y, sobre todo, la solidaridad de clase, verdadero germen de un mundo nuevo. Luchar por subvertir y comunizar todo lo existente, no por esas migajas llamadas derechos y reformas. Luchar con cabeza y mano propias, sin jefes ni representantes. (Este es un ABC de la lucha revolucionaria que el proletariado debería tener presente para todo 1° de Mayo, aquí y en todas partes.)

Evidentemente, en el actual contexto contrarrevolucionario y de lucha de clases de baja intensidad, lo máximo que puede hacer el proletariado son luchas reivindicativas. Pero, como bien plantea Théorie Communiste, las luchas reivindicativas con el tiempo mostrarán sus propios límites y, para superarlos, tendrán que producir lucha revolucionaria. Esto es lo que se conoce como dar un “salto cualitativo” en las luchas de clase.

Todo lo cual, por supuesto, no ocurrirá mañana por la mañana y ni siquiera en el corto plazo, sino que para ello tendrán que pasar algunos años y talvez algunas generaciones que se eduquen y se curtan en las luchas proletarias por venir. “Buenos” tiempos para la contrarrevolución (en Ecuador, personificados por la dictadura democrática de Noboa y sus opositores) son malos tiempos para la lucha revolucionaria (cuyo caldo de cultivo ha de ser una nueva revuelta más radical que la de Octubre de 2019 y la de Junio de 2022 en estas tierras). Sin embargo, sólo la dinámica histórica de la propia lucha de clases puede invertir esta relación de fuerzas. Y ―valga subrayarlo― sólo la revolución social puede resolver la contradicción viviente que es el proletariado.  

Bajo tales premisas y actualizaciones, compartimos la 2da parte de nuestro texto antielectoral del 2021: "Contra la dictadura democrática de la burguesía, el oportunismo electoralista-reformista y más allá del voto nulo", el cual sigue vigente porque desde ese año hasta la fecha lo único que ha cambiado en este aspecto son los payasos del circo electoral de este país: ya no es Lasso sino Noboa, ya no es Arauz sino González, ya no es Pérez sino Iza. Insistimos: nosotros, comunistas, no apoyamos a ninguno de ellos, los repudiamos a todos, en especial a los de izquierda. Estamos por la independencia de clase y la radicalización del proletariado al calor de sus propias luchas reivindicativas hasta dar un salto cualitativo y producir una nueva revuelta que devenga revolución.

Dicho de otra manera, los cuadros político-administrativos de la derecha y la izquierda, junto con su imagen y su discurso, pueden y deben cambiar cada cierto tiempo, siempre y cuando las estructuras fundamentales de la economía y del Estado capitalistas se mantengan. Por eso mismo y en contra de ello, las posiciones del proletariado revolucionario son invariantes e intransigentes, a pesar de que, en un contexto contrarrevolucionario como el actual, sean muy minoritarias o solitarias, excepto hasta "que la tortilla se vuelva" al calor de la extensión y profundización del antagonismo de clases. El título y los subtítulos de nuestro texto son elocuentes con respecto a la invariancia e intransigencia revolucionaria. Agradecemos la lectura, discusión y difusión de ese y del presente texto. 

Proletarios Hartos de Serlo
Quito, mayo de 2025

 

Posdata frente a un par de posibles objeciones de algunos izquierdistas

1) No somos partidarios del espontaneísmo, menos aún si se trata de contribuir a que las luchas reivindicativas den un salto cualitativo y así estalle una nueva revuelta que devenga revolución. Una cosa es la espontaneidad o la forma natural en la que suceden las cosas; en este caso, la lucha del proletariado contra la burguesía, precisamente por la naturaleza contradictoria y dinámica de la sociedad de clases. Y otra cosa muy diferente es el espontaneísmo o el culto a la espontaneidad, el cual no reconoce los límites de la espontaneidad ―como lo demuestran las revueltas de los últimos años― y, así, termina negando la necesidad de organización autónoma y de posiciones revolucionarias. Espontaneidad y autoorganización no son contrarias, sino complementarias, ya que la autoorganización del proletariado brota de la espontaneidad de sus luchas y, entonces, la deja atrás para poder desarrollarse, consolidarse y acertarle golpes contundentes al Estado-Capital y la sociedad de clases.  

Por eso, somos partidarios de la autoorganización revolucionaria del proletariado; es más, somos partidarios de lo que Marx, Bordiga, Camatte, n+1, Endnotes, Amorós y otros camaradas han llamado "Partido Histórico" de la revolución comunista mundial, el cual “brota espontáneamente del suelo de la sociedad burguesa” (Marx) y está muy lejos del vanguardismo ―autoproclamarse “la vanguardia” y pretender hacer del proletariado un objeto dirigible― y del sustitucionismo ―sustituir al proletariado como sujeto revolucionario. Porque el partido histórico propiamente dicho no es más que el conjunto de fuerzas que luchan por la autoorganización del proletariado para la revolución social mundial.

Autoorganización del proletariado, independencia de clase y acción directa son inseparables y significan luchar sin intermediarios ni representantes; lo que quiere decir, luchar por fuera, en contra y más allá de sindicatos, partidos, elecciones, parlamentos, leyes, etc. El “partido independiente de la clase trabajadora” es también “el partido de la subversión” o “el partido de la anarquía” en duelo a muerte con “el partido del orden” (Marx).

Considerando que, cuando el proletariado se levanta y hace temblar al orden capitalista, la derecha y la izquierda del Capital se unen en un solo partido en su contra: “el partido de la democracia” (Engels). Por lo tanto, el partido histórico del proletariado revolucionario es un partido contra la democracia, es decir, contra la dictadura social del Capital y su Estado sobre el proletariado. Esto no quiere decir que el partido revolucionario del proletariado sea una organización de tipo autoritario o vertical. Al contrario: en su interior se practican relaciones sociales de nuevo tipo basadas en la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad y la horizontalidad reales.

De allí que el partido histórico no es un partido formal ni un mini-Estado como los partidos leninistas mal llamados “comunistas”, sino que es un partido que, si bien necesita estructurarse para organizar las tareas revolucionarias, va mucho más allá de estatutos, comités, dirigentes, nombres, siglas y fronteras de todo tipo. Es el proletariado mismo organizándose y actuando de manera orgánica como clase revolucionaria. Es “el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual” (Marx y Engels). Es el partido del comunismo y la anarquía contra el partido de la democracia. Todo esto es la autoorganización revolucionaria del proletariado en acción.

Ahora bien, es importante tener claro que la autoorganización revolucionaria no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio; y, que el objetivo final de la autoorganización revolucionaria no es convertirse en “Estado proletario”, sino abolirse a sí misma junto con la autoabolición revolucionaria del proletariado como clase para, en cambio, devenir comunidad real de individuos libremente asociados que producen y viven sus vidas como tales. En ese sentido, el partido histórico será “la prefiguración de la sociedad comunista” (Camatte) o no será: el partido histórico en este siglo será el Partido-Comunidad o no será. Concebido ya no como una pirámide de piedra, sino como una red viva cuya sustancia sea la solidaridad antagonista y transformadora.

A pesar de la contrarrevolución todavía reinante o de estos malos tiempos para la militancia revolucionaria, las minorías radicales del proletariado internacionalista que hoy existen son el germen del partido histórico. Y si no existen, tarde o temprano habrá que crearlas, fortalecerlas y unirlas para ello; es decir, tendrán que autoorganizarse como partido histórico y mundial al calor de las luchas proletarias en ascenso.

2) Tampoco somos partidarios del activismo ni del intelectualismo, porque tanto el uno como el otro son oportunistas y reformistas, por más que pretendan y aparenten lo contrario. El activismo, desgastándose en marchas y plantones mientras se da de golpes en el pecho por esas migajas democráticas del Estado-Capital llamadas “derechos y reformas que beneficien al pueblo”. Con lo cual, ya es un estilo de vida más y hasta una pose político-cultural que no le hace ni cosquillas al capitalismo, pero sí mucho orgullo al moralismo y el ego de los activistas. Y el intelectualismo, elucubrando sobre “discursos” e “interseccionalidades” y proponiendo “nuevas políticas públicas” por parte del Estado-Capital desde sus aulas universitarias y sus bares alternativos.

La diferencia es que el activismo “hace” por hacer en las calles ―y las redes sociales― de manera populista y compulsiva, mientras que el intelectualismo “habla” y habla desde la academia de manera elitista y onanista. Lo irónico es que ambos se creen “superiores” y por eso compiten entre ellos: los activistas con su “quién hace más y quién tiene más gente”, y los intelectualistas con su “quién habla más bonito y quién publica más papers”. Falsa polémica y disputa entre pequeñoburgueses de izquierda que, el rato de los ratos, se los ve metidos en el circo electoral y la pugna interburguesa a favor de tal o cual partido y caudillo político de izquierda. Miseria y espectáculo por partida doble de “la lucha contra el sistema” en tiempos de contrarrevolución.

Muy por el contrario, los comunistas somos partidarios de la unidad entre teoría y práctica revolucionarias, teniendo claro que la teoría revolucionaria es una forma y un momento de la práctica revolucionaria, puesto que la relación teoría-práctica depende del carácter del contexto o período histórico de la lucha de clases. Y teniendo claro también que teoría no es academia ni ideología; que el rechazo al intelectualismo no significa caer en la estupidez y en dejar que otros piensen y digan por nosotros; y, que los proletarios también podemos hacer teoría con cabeza propia tal como creamos y usamos nuestras herramientas de trabajo... y nuestras armas.  

Para ser más precisos, en un período contrarrevolucionario como el presente, la teoría comunista, entendida como producto reflexivo y acompañante crítico de las propias luchas proletarias en curso (Théorie Communiste), es una práctica que hace posible mantener las posiciones revolucionarias y "la línea del futuro" (Bordiga), no sólo contra la burguesía sino, principalmente, contra la socialdemocracia o la izquierda del Capital en el seno del propio proletariado, ya sea que ésta se disfrace de “programa marxista-leninista” o de “activismo anarquista”. Y viceversa: cuando la relación de fuerzas entre las clases se invierte y, entonces, se abre un período revolucionario, la relación teoría-práctica también se invierte; lo que quiere decir, que sólo en la revolución teoría y práctica se vuelven una sola fuerza material en la cabeza y las manos de las masas proletarias hartas de serlo ―incluidas las minorías revolucionarias― y, por eso mismo, autoorganizadas sin más demandas que la revolución social en todas partes. Sí, en un contexto o período revolucionario, la teoría comunista se convierte en una fuerza material y masiva. Mientras tanto, en períodos contrarrevolucionarios como el actual, la teoría comunista sólo puede ser una práctica teórica de las minorías o fracciones comunistas del proletariado.

3) En síntesis: a pesar de ser una voz solitaria en el actual contexto contrarrevolucionario, este texto es una expresión más de la práctica teórica como fracción comunista, es decir, como fracción del partido histórico del proletariado por la revolución comunista mundial, en la región ecuatoriana. Hasta que la misma catástrofe capitalista y el antagonismo de clases produzcan una situación revolucionaria donde la autoorganización proletaria y la práctica revolucionaria o “la crítica de las armas” se pongan a la orden del día, y mientras seguimos trabajando para sobrevivir igual que el resto de proletarios, a los comunistas no nos queda más que mantener con firmeza las posiciones revolucionarias o afilar “las armas de la crítica” (Marx) y participar en las luchas reivindicativas que nos sea posible. Malos tiempos para la militancia revolucionaria.

En comparación con el espectáculo activista e intelectualista, hacer esto puede parecer poca cosa; pero, no abandonar las posiciones revolucionarias, cuidarlas y desarrollarlas frente a tanta basura contrarrevolucionaria y reformista, en realidad es una tarea ardua que alguien debe asumir hasta que nuevas generaciones lleguen, tomen esta semilla, la esparzan y la transformen en bosque. De aquí a futuro, el río de la lucha de clases abonará directamente esta producción de nuevos revolucionarios.

4 de febrero de 2023

No se trata de cambiar de amos, sino de dejar de tenerlos

29 tesis anti-políticas en tiempo de circo electoral
 

 

1.    Con o sin elecciones, la esclavitud asalariada y la tiranía estatal existen. Con o sin elecciones, la lucha de clases existe. Los políticos cambian, la explotación y la opresión siguen. Los políticos cambian, la lucha entre burgueses y proletarios sigue. A los revolucionarios no nos interesa lo parcial, lo superficial, lo pasajero ni los falsos debates o trampas políticas de la clase dominante y sus falsos opositores. Nos interesa transformar todo lo existente desde la raíz. No nos interesa cambiar de amos, sino dejar de tenerlos. Nos interesa apropiarnos de nuestras vidas y decidir sobre ellas en común, apropiándonos de las condiciones materiales que las hacen posibles.

 

2.    La política es el poder separado y alienado/alienante de la gente sobre su vida, dentro de una sociedad basada en la separación y la alienación de todo y de todos: el capitalismo. Por lo tanto, la política no es parte de la solución. Es parte del problema: la reproducción de la sociedad capitalista, con o sin elecciones.

 

3.    Sólo lo que está separado y alienado, puede ser representado. De allí la existencia de los representantes políticos. Quien delega el poder sobre su vida a un representante político cualquiera —no importa si es de derecha o de izquierda—, lo pierde. Esto es la enajenación o alienación política.

 

4.    En tiempo de elecciones, la gente en realidad no elige. Las elecciones son un espectáculo de la decisión: eso es el circo electoral. Quienes ponen a “decidir” al resto de la población cada tantos años, son quienes realmente ejercen el poder o poseen el monopolio de la decisión sobre toda la sociedad: eso es el Estado. De la misma manera, quienes realmente ejercen el poder no son quienes responden las preguntas (ej. consulta popular), sino quienes las formulan o plantean: eso es la dominación política de los propietarios sobre los desposeídos, de los patrones sobre los trabajadores, de la burguesía sobre el proletariado, de los amos de la sociedad sobre los esclavos modernos. El circo electoral cumple la función de legitimar esta dominación de clase cada tantos años. Es el “cambio de aceite” o el engrasamiento de esta máquina capitalista de alienación política.

 

5.    La democracia es la dictadura social, invisibilizada, normalizada y legitimada de la burguesía sobre el proletariado. Y la "ciudadanía" es el membrete ideológico también normalizado —por los políticos, los medios de comunicación y la academia— para ocultar la existencia, diferencia y antagonismo de clases. No en vano el voto es obligatorio, y las elecciones son vigiladas por los militares y los policías. Pero, la democracia va más allá de las elecciones: la democracia es tener la "libertad" y la “igualdad” mercantiles de ser explotados trabajando de lo que sea ó morir de hambre, deudas y depresión, todos los días en todo el mundo.

 

6.    La experiencia histórico-mundial contemporánea demuestra que, después de elecciones y de nuevas autoridades políticas electas —de derecha y de izquierda, al final resulta igual—, las condiciones materiales de existencia de la mayoría de la población que los "elige" no mejora. Al contrario, empeora.

 

7.    El empeoramiento de las condiciones materiales de existencia de la mayoría de la población (ej. desempleo, inflación, inseguridad, etc.) se debe a la actual crisis económica, histórica e internacional del capitalismo o de las relaciones de producción —y de reproducción social— capitalistas en todo el mundo, no a tales o cuales políticas públicas, no a tales o cuales gobiernos, ni mucho menos a tales o cuales gobernantes, políticos o caudillos de tal o cual país ni de tal o cual ciudad. La sociedad capitalista no funciona así, sino al revés. Las relaciones sociales son impersonales, y los cambios sociales son procesos históricos protagonizados por masas anónimas.

 

8.    La base material del poder político es el poder económico: las relaciones de propiedad y de producción entre las clases sociales. Por lo tanto, el poder de clase radica y se juega realmente en el terreno de la producción social, no en el terreno de la política.

 

9.    La política cambia lo aparente para que lo fundamental no cambie: las relaciones de explotación y dominación capitalistas. Si "todos los políticos son ladrones" o "todos los políticos roban" es porque son representantes del robo diario, invisibilizado, normalizado y legalizado que comete la clase capitalista contra la clase trabajadora: el trabajo no remunerado que se disfraza de trabajo remunerado bajo la forma salario. Sin trabajo asalariado no hay Capital. Y el Estado, con los políticos y los policías en primera línea, es el Estado del Capital. Por lo tanto, la acumulación de capital es inseparable de la acumulación de poder, y viceversa. Todo esto, mediante la explotación del proletariado. En pocas palabras: los políticos cambian, la explotación y la miseria siguen.

 

10. La política es la representación y la gestión de los diferentes intereses materiales de clase. Quien diga lo contrario, o no entiende lo que realmente es la política o esconde sus intereses económicos. La competencia entre diferentes partidos políticos en realidad es una competencia entre diferentes fracciones de la clase capitalista: son pugnas interburguesas o peleas entre patrones. Peleas por la repartición del botín de la economía y del Estado (hoy en día, incluido el narcotráfico), donde hacen pasar sus intereses particulares como si fuesen intereses generales o de toda la población; pero, en realidad no lo son, porque sólo son intereses capitalistas en competencia, para la cual utilizan a los proletarios con y sin trabajo como carne de urna y de cañón.

 

11. La sociedad no se transforma desde arriba, con otra gestión o administración del Estado y sus instituciones; es decir, no se transforma desde la política. La sociedad se transforma desde abajo, desde sus bases o sus raíces. Transformando las relaciones de propiedad y de producción. Creando y desarrollando nuevas relaciones sociales entre los individuos, relaciones no mercantiles y no jerárquicas, relaciones entre iguales sin jefes ni vanguardias, en todos los aspectos de la vida. En una palabra: mediante la revolución social. Esto no es "la verdadera democracia" (“participativa, directa, popular, socialista”, etc.), ya que la democracia es y sólo puede ser la dictadura de las relaciones mercantiles-capitalistas, la dictadura social del mercado y del Estado, la dictadura de la burguesía sobre el proletariado. Por el contrario, las nuevas relaciones humanas entre los individuos son un poder social revolucionario, que es la única palanca real para transformar la sociedad, como lo demuestra la experiencia histórico-mundial de la lucha de clases. 

 

12. Creer que la sociedad se transforma desde la política es como creer que un drogadicto se recupera consumiendo drogas diferentes o cambiando de “brujo”. La política no es parte de la solución. Es parte del problema. Y los políticos, todos los políticos o “brujos” de la política sin excepción, también.

 

13. Los electores que dicen sobre los políticos "que roben, pero que hagan obra", es porque se resignan a recibir migajas de la clase explotadora y dominante, a seguir siendo explotados y oprimidos, representados y pastoreados… en fin, faenados como ganado. El clientelismo político es una relación enferma de doble vía: no sólo es de arriba-abajo, sino también de abajo-arriba, porque es una forma de síndrome de Estocolmo (simpatía y hasta enamoramiento con el secuestrador) y de masoquismo (gozar con el dolor infligido por el maltratador) de los esclavos modernos con respecto a sus amos capitalistas. Los electores no son víctimas. También tienen su parte de responsabilidad en el problema de la dominación política. Pero, cuando la miseria y la opresión apremien aún más, también pueden tener su parte de responsabilidad en la solución: rebelarse contra sus pastores políticos y autoorganizarse para apropiarse de sus vidas. 

 

14. Lo mismo aplica para el caudillismo, no importa si es de derecha o de izquierda, blanco-mestizo o indígena, de la costa o de la sierra, hombre o mujer, viejo o joven, etc. El problema es creer en un caudillo y delegarle el poder sobre la propia vida. El caudillismo y el clientelismo son los dos lados de la misma moneda manchada de sudor y sangre. El populismo y la demagogia son harina podrida del mismo costal.

 

15. Los partidos de izquierda que participan en elecciones y las ganan —no importa si solos o mediante alianzas oportunistas con partidos de centro y de derecha—, son las vanguardias… pero del colaboracionismo de clases y de fortalecer el Estado burgués, que es el poder concentrado del Capital y el enemigo mortal del proletariado. Trabajan para el enemigo, aunque digan lo contrario. Por lo tanto, no son fuerzas revolucionarias, sino fuerzas contrarrevolucionarias disfrazadas de revolucionarias. Es la izquierda del Capital o el tentáculo izquierdo del Estado capitalista. “Izquierda y derecha: la misma mierda”.

 

16. Votar nulo sigue siendo votar; es decir, sigue siendo participar en el circo electoral o una forma de "protesta ciudadana", "voto protesta" o "voto castigo" a los políticos. A lo sumo, puede ser un síntoma del malestar social y nada más. El voto nulo no golpea a la dictadura burguesa llamada democracia. Ni siquiera le hace cosquillas. El voto nulo es políticamente irrelevante o, mejor dicho, inefectivo para fines revolucionarios reales. Votar nulo o votar por cualquier partido —o candidato— político es un falso debate o trampa política de la clase dominante y sus falsos opositores.

 

17. Lo mismo aplica para votar “sí o no” en las preguntas de la consulta popular, porque quienes realmente deciden no son quienes responden las preguntas, sino quienes las formulan o plantean: la clase de los capitalistas y sus políticos, mismos que seguirán lucrando y gobernando en medio de la actual catástrofe. 

 

18. No votar tampoco es una opción que beneficie a la clase trabajadora en la coyuntura actual, porque si no votas te multan. De hecho, la mayoría de gente vamos a votar para que no nos multen y nos den ese papel para poder hacer todo tipo de trámite. Es una obligación ciudadana de la dictadura democrática del Capital sobre el proletariado. Votes por quien votes, gane quien gane, respondas “sí o no”, votes o no votes, nada fundamental cambiará, porque votando no se cambia la sociedad; y, después de este circo electoral, todo seguirá de mal en peor. Votar o no votar es otro falso debate o trampa política de la clase dominante y sus falsos opositores.

 

19. Abstenerse de participar en elecciones es necesario, pero no es suficiente. Rechazar y boicotear la asquerosa campaña electoral (arrancar pancartas de los candidatos, robarse la papeleta, etc.) es válido, pero no es suficiente. Con o sin elecciones, hay que luchar y organizarse como clase por fuera y en contra de las instituciones y las lógicas del Capital, del Estado, de la nación o la patria, del gremio y del colaboracionismo de clases (todo lo cual incluye a partidos, sindicatos, fundaciones, iglesias, etc.), para desarrollar y ejercer un poder social revolucionario (autoorganizado masivamente en asambleas, comités, consejos, etc.), al calor de la profundización y la extensión del antagonismo de clases.

 

20. Anti-política no significa desentenderse de la política, ser indiferentes ni mucho menos ser "neutrales", porque en la sociedad de clases nada ni nadie es "neutral". Dialécticamente hablando —esto es, asumiendo la contradicción viviente de todo lo existente para su superación—, anti-política significa que el único "programa político" de los revolucionarios es la abolición de la política, entendida como el poder separado y alienado/alienante de la gente sobre su vida, precisamente para que la gente se apropie de sus vidas o pueda decidir realmente sobre ellas en común. La base material de ello es la apropiación colectiva de todos los medios de producción, así como de todos los bienes y servicios, en todos los espacios sociales y territorios, ya no para producir y poner a circular mercancías con las cuales lucrar, sino para satisfacer las necesidades colectivas directamente, sin intermediación del mercado ni del Estado. Esto es desarrollar y ejercer un poder social revolucionario, porque —insistimos— el poder de clase radica y se juega realmente en el terreno de la producción social, no de la política.

Proletarios:

21. Hasta que no aprendamos todo esto en la práctica —a punta de golpes de realidad— y actuemos en consecuencia, la historia seguirá repitiéndose y empeorándose, obviamente para la clase de los desposeídos, explotados y oprimidos; porque, en cambio, la clase capitalista y sus políticos de derecha y de izquierda seguirán acumulando capital y poder, cueste lo que cueste y digan lo que digan.

 

22. Dejemos de creer y de confiar en el Estado, los gobiernos, la democracia, su circo electoral y sus payasos los políticos tanto de derecha como de izquierda. Tratémoslos como lo que realmente son: enemigos de clase, con todo el repudio que se merecen. 

 

23. Confiemos solamente en nuestras propias fuerzas para cambiar nuestras vidas. Al fin y al cabo, somos millones y somos mayoría social… No permitamos que los políticos, en especial los políticos de izquierda, nos “representen” y se apropien de nuestras luchas (ej. los Paros Nacionales del 2019 y del 2022) o que hagan de ellas parte de su "capital político". Una vez que ganan y administran el Estado y la crisis capitalistas, no son "traidores": son representantes de las relaciones y los intereses capitalistas contra el proletariado, son enemigos de clase. Tratémoslos como tales, y confiemos solamente en nosotros mismos.

 

24. No se trata de cambiar de amos, sino de dejar de tenerlos. Ni por la derecha ni por la izquierda del Capital. La lucha es clase contra clase hasta apropiarnos de nuestras vidas en Comunidad humana real.

     

25. Si con nuestras manos y nuestros cerebros nosotros producimos todo lo que existe en este mundo, entonces todo debería pertenecernos en común para vivir bien. Pero, como no nos pertenece, entonces hay que apropiárnoslo.

 

26. Mediante la autoorganización y la acción directa de masas, apropiémonos de la producción social para apropiarnos de la decisión sobre nuestras vidas. Esto es desarrollar y ejercer un poder social revolucionario. La autoorganización es el primer paso de la revolución.

 

27. Apropiémonos de la producción social para dejar de ser proletarios e instaurar la sociedad sin clases, Estado ni mercado, donde todo sea de todos y nadie sea patrón, jefe ni representante de otros y nadie sea mercader o comerciante de nada: la Comunidad humana real, aquí y en todas partes, sin patrias o fronteras nacionales.

 

28. Hasta entonces, sólo puede y debe haber guerra de clases, entendida como guerra social y no como guerra militar, en la cual la solidaridad es y será nuestra mejor arma. Aunque en determinado momento de la guerra social, también será inevitable y necesaria la violencia revolucionaria o la ruptura insurreccional.

 

29. Hasta entonces, que el malestar diario se transforme en protesta, las protestas en revuelta, y las revueltas en revolución social mundial. 


Proletarios Hartos De Serlo
Quito, febrero de 2023


Se agradece difusión y discusión