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4 de mayo de 2026

[DOSSIER] EL DOBLE CAMATTE

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PRESENTACIÓN

Jacques Camatte o «la parte maldita» y el «eslabón perdido» del comunismo

Nos complace publicar un Dossier de y sobre la obra de Jacques Camatte (Francia, 18 de febrero de 1935 – 19 de abril de 2025) por varias razones.

La primera razón es porque hace unas semanas se conmemoró el primer aniversario de su muerte y no queríamos dejarlo pasar por alto.

La segunda razón es porque en estas tierras y estos tiempos (Ecuador, segunda década del siglo XXI) se lo conoce muy poco o se lo desconoce por completo, igual que a Amadeo Bordiga. Por lo tanto, queremos darlo a conocer aquí y ahora, a contracorriente de la hegemonía de la derecha y la izquierda del Capital de estos lares.

La tercera razón es porque Camatte fue un continuador crítico, riguroso y fecundo de la obra de Bordiga y de Marx; y, al igual que ellos dos, fue un adelantado a su época. En efecto, Camatte fue tanto «ese bordiguista sui generis [que] anticipó gran cantidad de temas hoy candentes»[1] como «un marxista del y para el futuro».[2]

Y la cuarta y más importante razón es porque, al igual que Camatte, lo que nos mueve es «la pasión del comunismo».[3] Como diría Marx en su famosa Tesis XI sobre Feuerbach, lo que nos interesa no es la interpretación, sino la crítica y la transformación radicales de este mundo. La teoría comunista es un arma al servicio de la revolución social por venir o no es.

Bajo tales premisas, nuestro Dossier El doble Camatte está compuesto por:

  • el libro ¿Quién teme a Jacques Camatte? (2020), que es la transcripción de la entrevista a Federico Corriente en el podcast «Anábasis»−Radio QK, programas #139 y #140 (septiembre de 2018);
  • el artículo Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea (2014), del mismo autor, que se puede considerar como el antecedente de su libro;
  • todos los artículos de Invariance —la revista de Camatte y sus compañeros— que se han podido traducir al español y que se encuentran compilados en la Biblioteca de Cuadernos de Negación: desde «Origen y función de la forma partido» (1961) y «La revolución comunista. Tesis de trabajo» (1969) hasta «Instauración del riesgo de extinción» (2020) y «Bordiga y el devenir de la especie» (2020), etc.; 
  • una Reseña de Invariance (2003) de Francois Danel, militante de Théorie Communiste, también alojada en la Biblioteca de Cuadernos de Negación[4]; y,
  • una Entrevista con Jacques Camatte (2019) de Cercle Marx, que fue traducida al español por Materiales por la Emancipación —a partir de la versión en inglés de libcom— y que como tal no ha sido publicada hasta la fecha.

El libro y el artículo de Corriente constituyen una lúcida y potente introducción al pensamiento de Camatte. De hecho, ya sólo el índice del primero y el título del segundo son elocuentes acerca de lo que queremos dar a conocer: «la parte maldita» y «el eslabón perdido» del comunismo, «la línea herética» del comunismo o «el otro comunismo». Nombre puesto a propósito, porque esta corriente de pensamiento y acción revolucionaria está en contra y más allá de ese capitalismo de Estado mal llamado “comunismo” —y sus defensores—, como lo han sido la URSS, China, Yugoslavia, Albania, Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Burkina Faso, Venezuela, etc. 

Sí: la URSS, junto con todos sus países satélites, siempre fue capitalista, tanto porque nunca desmanteló las relaciones de producción y categorías fundamentales capitalistas, sino que, por el contrario, las desarrolló de manera acelerada y brutal mientras las tapiñaba de “revolución” y “construcción del socialismo”. Así como también, porque el comunismo sólo puede ser mundial y nunca “en un solo país”. 

Así pues, en abierto antagonismo con la ortodoxia marxista-leninista y de la mano de insurrecciones, comunas y periódicos, la línea herética —y subterránea— del comunismo que aquí reivindicamos en torno a Camatte va, específicamente, desde Marx y la Izquierda Comunista (italiana o «bordiguista» y germano-holandesa o «consejista») hasta la Teoría de la Comunización (Dauvé, Théorie Communiste, Endnotes, etc.), pasando por otras corrientes radicales como la Internacional Situacionista (Debord y compañía) y Ludd-Consigli Proletari (Cesarano y compañía), entre otras.[5] 

En este contexto, considerando que la llamada «corriente comunizadora» es la crítica compañera y superadora de la izquierda comunista y que Camatte fue quien inició esa tarea crítica de manera explícita y rigurosa, se puede afirmar sin duda que Camatte es el verdadero pionero de la teoría de la comunización. Antes incluso que Gilles Dauvé y compañía. 

En suma, el núcleo y la constante de la línea herética del comunismo es la ruptura y el salto cualitativo dentro la praxis revolucionaria o la «revolución en la revolución», en la que Camatte ha sido, es y será un referente obligatorio para quienes han seguido, siguen y seguirán este otro camino. De manera que de «eslabón perdido» pase a ser eslabón visible e imprescindible, ya sea para darle la razón ya sea para criticarlo y superarlo. Sea como fuere, lo cierto es que en la historia de «el otro comunismo» hay un antes y un después de Camatte.   

Contra el culto a la personalidad

Sin embargo, enunciar las virtudes y potencias de la obra de Camatte no significa hacer culto a su personalidad, por dos razones. 

La primera razón es porque el culto a la personalidad —de cualquier personalidad, p. ej. Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Stalin, Mao, Guevara, etc., o también Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Flores Magón, Makhno, Durruti, Di Giovanni, etc.— es propio de la cultura y la historiografía burguesas e idealistas que endiosan a los “grandes hombres” por sus “grandes ideas” y sus “grandes hazañas”. 

Muy por el contrario, la premisa fundamental de la concepción materialista y comunista de la historia —reafirmada en varias ocasiones por Marx y más aún por Bordiga[6]— es que la historia está hecha por los procesos y las coyunturas detonadas por la «polarización social» que resulta del devenir y la estructura misma de las sociedades de clases, en la cual grandes grupos de hombres o masas anónimas se constituyen colectiva y físicamente como fuerzas o partidos en y por determinadas condiciones materiales de existencia ya sea para conservar ya sea para cambiar sus vidas. 

Por consiguiente, las personas que llegan a hacer historia —con acciones e ideas— sólo son productos accidentales y temporales de tales circunstancias concretas, históricas e impersonales. En este caso, Marx, Bordiga, Camatte y tantos otros camaradas no “crearon” idealmente el comunismo. Al contrario: entendido como «el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual» (Marx, La ideología alemana, 1845-46), el comunismo los produjo a ellos como sus teóricos durante coyunturas revolucionarias (1848, 1871, 1917-1923, 1936-1937, 1968-1977). 

La segunda razón es porque, si bien su teoría es original, rica y compleja, Camatte fue un compañero histórico altamente contradictorio, no sólo en estos últimos años (ver su Entrevista con Cercle Marx del 2019), sino ya desde los 70s (a saber: desde la serie 2 de Invariance, como se puede leer en la acertada Reseña de Danel). Por lo tanto, a Camatte hay que estudiarlo con atención, cuidado y selectividad. 

El doble Camatte 

Para ser más precisos, así como Robert Kurz sostiene la tesis de que hay un «doble Marx»[7] y Lucien Laugier[8] y el propio Camatte[9] sugieren que hay un «doble Bordiga», así mismo nosotros planteamos aquí la tesis de que hay un doble Camatte: el Camatte comunista, que corresponde a la oleada revolucionaria internacional antes, durante y un poco después de 1968, año uno de lo que los situacionistas denominaron el segundo asalto del proletariado a la sociedad de clases; y, el Camatte no comunista, que corresponde a la reestructuración/contrarrevolución capitalista triunfante o la derrota del segundo asalto proletario hasta la fecha, en especial a partir de 1975 en adelante. 

A continuación, pues, dejamos planteada nuestra tesis, empezando por criticar al Camatte no comunista para luego reivindicar al Camatte comunista. 

El Camatte no comunista

Por un lado, hay ciertos momentos y puntos de la obra de Camatte que, desde la perspectiva comunista, son muy criticables y prescindibles. A saber: 

  • el abandono de la teoría del proletariado y la lucha de clases;
  • la teoría de la “autonomización o fuga del capital”;
  • la teoría de la “antropomorfosis del capital”;
  • la teoría de “la revolución a título humano”;
  • la teoría de “dejar este mundo” y “estar en los márgenes”;
  • la deriva psicologista (“proceso inconsciente”, “retorno de lo reprimido”, etc.). 

Que quede claro: entendemos, incluso a nivel personal, por qué y cómo Camatte llegó a ese punto, pero discrepamos y mucho. Como proletarios revolucionarios, pensamos que aquello significa abandonar la concepción materialista de la historia, la teoría de la explotación y de la lucha de clases que van de la mano y, por tanto, abandonar las posiciones dinámicamente invariantes del proletariado revolucionario, mejor dicho, del «Partido Histórico» (Marx y Bordiga) para la abolición de la sociedad de clases —empezando por el propio proletariado en tanto que clase del trabajo/capital— y la producción del comunismo. Partido del que, años antes, el mismo Camatte hubo de escribir materiales tan valiosos y potentes —como «Origen y función de la forma partido», «La revolución comunista. Tesis de trabajo», entre otros—. También significa perderse en cualesquier especulaciones más o menos eruditas, novedosas e inofensivas contra la civilización capitalista. Este es el Camatte no comunista.[10] 

Entre paréntesis: algunos marxistas y anarquistas se han valido de tal “errancia” o extravío de Camatte para afirmar, a la ligera y a conveniencia, que él es “modernista”, “primitivista”, “metafísico”, “místico”, “hippie”, etc. Pues no lo es. Nosotros criticamos estas falsas acusaciones contra Camatte porque pretenden limar el filo comunista de la primera parte de la trayectoria de este compañero histórico o “botar al niño con el agua sucia de la tina”. 

El Camatte comunista 

Por otro lado, de hecho, hay momentos y aportes de la obra de Camatte que, de cara al presente y al futuro, resultan imprescindibles y potentes para la reapropiación y el afilamiento de las armas teóricas de la revolución comunista mundial. De allí que lo sigamos reivindicando como compañero histórico o camarada. A saber: 

  • la transición de la «dominación formal» a la «dominación real» del capital sobre el trabajo que, desde la crítica de la economía política, es el criterio clave para una periodización y caracterización críticas de los diferentes ciclos históricos del capitalismo, la lucha de clases y la revolución social en todo el mundo —sin desconocer el desarrollo desigual entre las diferentes regiones del planeta—;
  • el rechazo de un “período de transición” entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista y, en cambio, la afirmación de la autoabolición del proletariado de manera inmediata y simultánea con la abolición del capital, entendida como la médula de la revolución comunista, lo que es la tesis central de la teoría de la comunización, debido a la implicación recíproca capital/proletariado bajo la dominación real del capital;
  • la negación positiva o la abolición y superación de la democracia, entendida como la forma histórico-política por excelencia de la sociedad mercantil generalizada y su «mistificación» o fetichismo inherente, mediante la dictadura social del movimiento comunizador en el cual se liquidará el valor, el mercado, el Estado, las fronteras nacionales, la burguesía y el proletariado;
  • la crítica práctica y superadora del fascismo y del antifascismo por igual, ya que ninguno de éstos rompe realmente con la democracia y, por tanto, con el capitalismo, sino que es parte de su lógica y dinámica política, lo que hace de “fascismo o antifascismo” ―o, lo que es lo mismo, “fascismo o democracia”― una falsa dicotomía o una fórmula de confusión, propia de la socialdemocracia, con respecto al antagonismo fundamental entre proletariado y burguesía, revolución y contrarrevolución, comunismo y capitalismo;
  • la importancia de la teoría comunista entendida como actividad para «mantener la línea del futuro» (Bordiga) o la perspectiva revolucionaria a contracorriente de los períodos contrarrevolucionarios, esto es, la teoría como actividad de reflexión autocrítica de las luchas concretas así como de previsión y preparación de la revolución en actos;
  • el Partido Histórico y mundial como «prefiguración de la sociedad comunista» del futuro en el seno del presente, al calor del antagonismo de clases para la abolición de la sociedad de clases: el «Partido-Comunidad»;
  • la Gemeinwesen entendida como comunidad humana —criticando y superando el esencialismo humanista— donde, una vez desaparecidas las clases sociales y sus antagonismos, el individuo existe realmente y se desarrolla libremente, o sea, entendida como la abolición de la dicotomía individuo/comunidad y, por tanto, como la unidad entre individuación y comunización; y,
  • la dimensión biológica y cósmica de la revolución social o, lejos del primitivismo, la comunidad entre la humanidad junto con su tecnología y la naturaleza o el cosmos en devenir, como uno de sus resultados… un comunismo solarpunk[11] o del futuro.

Todas estas tesis de avanzada de la teoría comunista contemporánea ya se encuentran en Camatte, mejor dicho, en el Camatte comunista, el Camatte adelantado a su época, el Camatte del futuro. Y el futuro es hoy. Por eso, proletarios de aquí y de todos los países: ¡a leer y usar críticamente a Camatte para la lucha revolucionaria de esta época, para la revolución comunista universal del siglo XXI! 


Proletarios Hartos de Serlo
Quito, abril de 2025 y abril de 2026
 
 

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DOSSIER EL DOBLE CAMATTE

1.   [Libro] ¿Quién teme a Jacques Camatte? — Federico Corriente (2020)

2.   [Audios] Jacques Camatte. Entrevista a Federico Corriente — Anábasis (septiembre de 2018): Programa #139 y Programa #140.

3.   [Artículo] Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea — Federico Corriente (2014)

4.   [Artículo] Reseña de «Invariance» — Francois Danel/Théorie Communiste (2003)

5.   [Artículos] Invariance — Biblioteca de Cuadernos de Negación (2018)

6.   [Texto] Entrevista con Jacques Camatte — Cercle Marx (2019)





Notas 

[1] Albertani, C. (29 de mayo de 2025). Jacques Camatte, Amadeo Bordiga y el futuro de la especie humana. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/05/29/opinion/jacques-camatte-amadeo-bordiga-y-el-futuro-de-la-especie-shumana

[2] Basso, P. (11 de marzo de 2025). «Bordiga será redescubierto como un marxista del y para el futuro». Entrevista con David Broder. El Porteño. https://elporteno.cl/entrevista-a-pietro-basso-bordiga-fue-uno-de-los-ultimos-comunistas-en-desafiar-a-stalin/

[3] Ver Camatte, J. (1972). Bordiga y la pasión del comunismo. Biblioteca de Cuadernos de Negación. https://drive.google.com/file/d/1OL6vyI0v7SMTEsM-z86t0eGT3mqgrWba/view

[4] Por poseer más completitud, precisión y sobriedad, preferimos esta compilación y esta reseña de Biblioteca de Cuadernos de Negación (Rosario, 2018) que la compilación y los prólogos del libro Contra la domesticación: de este mundo debemos salir de Gemeinwesen Comunidad Ediciones (México D.F., 2018). Sin embargo, aquí dejamos su enlace para quien le interese: https://drive.google.com/file/d/1xwLM3obfaQ5y8JWHVLqiqYKrDq6s_oDA/view

[5] Apenas nos sea posible, a todas y cada una de estas corrientes radicales les dedicaremos sus respectivas publicaciones o entradas en este órgano de difusión digital.

[6] «Los obreros vencerán si comprenden que no tiene que venir nadie. La espera del Mesías y el culto al genio, explicables para Pedro y Carlyle, son para un marxista solo míseras tapaderas de la impotencia. La revolución se levantará tremenda, pero anónima.» Bordiga, A. (1953). Por la consigna del anonimato y el antipersonalismo. Fantasmas Carlyleianos en Il programma comunista n° 9.

[7] Ver Kurz, R. (1998). El doble Marx. Marx desde Cero. https://kmarx.wordpress.com/2017/08/03/el-doble-marx/. A saber:

Por un lado, el «Marx esotérico» es el que critica de raíz, y plantea la abolición de, las categorías fundamentales del modo de producción capitalista: trabajo abstracto, valor, mercancía, capital, dinero, salario, propiedad, división social del trabajo, burguesía y proletariado y, por tanto, el que es radical o directamente comunista, antiestatal, antiprogresista y adelantado a su época. Este es el Marx de La Ideología Alemana, los Grundrisse, El Capital y su Capítulo VI Inédito, Los Manuscritos de 1861-63, los Borradores inéditos de La Guerra Civil en Francia y el Cuaderno Kovalevsky, entre otros. El Marx menos leído, discutido, comprendido y divulgado.

El Marx esotérico critica el trabajo, no sólo el capital. La conclusión de esta «crítica categorial» o crítica radical es que para abolir el capital hay que abolir el trabajo y el proletariado como dos polos diferentes y antagónicos de una misma unidad o totalidad histórico-concreta (ver Grupo Krisis [animado por Kurz] (1999). Manifiesto contra el trabajo). En este punto, dirá Federico Corriente (2014), coinciden la crítica del valor y la teoría de la comunización.

Por el contrario, el «Marx exotérico» es el que sólo se enfoca en el desarrollo de las fuerzas productivas para la sucesión unilineal ―y eurocentrista― de los modos de producción y, por tanto, el que no es radical, sino progresista, estatal e incluso socialdemócrata, hijo de las limitaciones y contradicciones de su época. Este es el Marx del Manifiesto Comunista, Discurso sobre el libre cambio, La dominación británica en la India, los Estatutos de la Primera Internacional y la Crítica del Programa de Gotha, entre otros. El Marx más leído y divulgado por el marxismo y sus falsos críticos.

El Marx exotérico critica el capital desde el trabajo como “polo positivo” de la relación trabajo/capital. La conclusión de esta crítica no categorial o no radical es la afirmación del trabajo como “esencia humana” y del proletariado como clase dominante, no su negación y abolición; es decir, lo que la teoría de la comunización denomina «programatismo».

Tal contradicción fundamental dentro de la obra de Marx era inevitable en el siglo XIX, debido al grado de desarrollo del capitalismo, la lucha de clases y la praxis revolucionaria en ese entonces. Por lo tanto, sólo el ulterior desarrollo histórico del capitalismo, la lucha de clases y la praxis revolucionaria ha podido criticarla y resolverla, a saber: entre fines del siglo XX y en lo que va del siglo XXI. Lo que, dicho de paso, demuestra que, con todas sus contradicciones, la obra de Marx es una obra viva por vigente y potente.

[8] Laugier «realiza una crítica muy pertinente al mismo Amadeo Bordiga. Su radicalidad comunista a la hora de cuestionar el valor, el dinero, el mercado, la empresa, etc. no la traslada a la política, a la crítica del Estado ante todo [ya que, en este aspecto, Bordiga no logró romper con el leninismo y, por tanto, con la teoría del “Estado proletario” ni del “partido de vanguardia”]. Es importante tener en cuenta que el capitalismo se sustenta sobre una dualidad, economía y política, con la que tiene que romper conscientemente la revolución comunista.» Ver Grupo Barbaria (2018). El pasado de nuestro ser. Sobre los orígenes de la izquierda comunista, nota 16. https://barbaria.net/2018/05/27/el-pasado-de-nuestro-ser/

Esto permite «la comprensión de que el capitalismo es una totalidad que ha socializado y unificado economía y política, lo que hace imposible pensar una actividad revolucionaria alrededor del dualismo sindicato-partido, etc. Las consecuencias de esto son muy importantes, pues explicaría que el proletariado se constituye en clase y en partido superando ese dualismo, precisamente rompiendo con la paz social y con el sometimiento del proletariado al capital y a sus instituciones económicas, políticas y jurídicas.» Ver Grupo Barbaria (2024). Carta de Lucien Laugier a Werner Cohn del 17 de julio de 1988 sobre la crisis del PCInt en 1971-72 (extractos). https://barbaria.net/2024/09/19/carta-de-lucien-laugier-a-werner-cohn-del-17-de-julio-de-1988-sobre-la-crisis-del-pcint-en-1971-72-extractos/   

Lucien Laugier fue un militante de la izquierda comunista italiana (“bordiguista”) en Francia (Fraction Française de la Gauche Communiste – FFGC), amigo y a la vez crítico de Bordiga. Así que sabía perfectamente lo que estaba afirmando sobre él.

[9] Tras la muerte de Bordiga en 1970, este fue el balance crítico de su obra por parte de Camatte:

«[C]onsideramos que la obra de A. Bordiga, a pesar de su fuerza y grandeza, está obsoleta en el sentido hegeliano-marxista. Él logró una restauración parcial del marxismo, y como tal, hoy en día, aceptar su obra en su totalidad conduciría a un falso absoluto. El trabajo ulterior consistirá en presentar los puntos fundamentales a partir de los cuales se puede progresar en vistas a una reapropiación de la teoría. […]

Lo que nos interesa es comprender su obra en su especificidad, pues posee un carácter original (y, por lo tanto, una importancia innegable) vinculado a un momento bien definido en la historia del proletariado y de la lucha del comunismo contra el capitalismo. Es el representante más consistente de la última resistencia contra el acceso del capital a su dominación real, sin llegar a delimitarla ni describirla rigurosamente; la obra de A. Bordiga, aún inmersa en la posición teórica correlativa a la revolución bajo el dominio formal del capital, sienta ya las bases para la correcta formulación teórica de lo que será la revolución bajo el dominio real del capital, la revolución comunista pura, aquella en la que el proletariado puede negarse a sí mismo inmediatamente. Estas bases se deben a todo su trabajo para restituir la crítica de la economía política en los términos de Karl Marx. Repasó cada categoría una por una y demostró cómo el comunismo se diferenciaba del capitalismo y de los llamados socialismos. Toda su obra está determinada por su visión del comunismo.

Tampoco pretendemos refutar ciertas afirmaciones que el PCInt [Partido Comunista Internacional] extrae de A. Bordiga (por ejemplo, lo que escribió en Le texte de Lénine sur «La maladie infantile du communisme (le gauchisme)», escrito en 1960, que es su peor obra, al igual que el «texto» de V. Lenin es su obra más deplorable) con citas que digan lo contrario. No se trata de elegir un A. Bordiga propio, sino de demostrar que la ambigüedad inherente a toda su obra está vinculada al período histórico en el que vivió, un período completamente dominado, desde la catástrofe de 1914, por la pregunta: ¿cómo ser partido cuando las condiciones históricas son desfavorables? ¿Cómo separarse de la gangrena que asola a la clase y a su vez abogar por la unificación de esa clase?» Ver Camatte, J. (diciembre de 1970). «La izquierda comunista de Italia y el Partido Comunista Internacional». Invariance, serie I, nº 9. https://barbaria.net/2026/02/23/invariance-serie-i-no-9-diciembre-de-1970/

[10] Ver la matización de esta crítica en nuestro escrito posterior al presente: Sobre la contribución de Camatte a la teoría comunista. Una discusión compañera y un balance, que publicaremos en breve.

[11] Solarpunk es un movimiento cultural y un imaginario de la ciencia ficción, de carácter utópico, que proyecta futuros postcapitalistas, cooperativos y ecológicos donde, sobre la base de la posesión común y la desmercantilización de todo, así como también de la producción para la satisfacción de las necesidades colectivas y no para obtener lucro, la tecnología humana —especialmente basada en energías renovables— se integra de manera armónica con los ciclos de la naturaleza. Como horizonte histórico y político, el solarpunk propone relaciones sociales y formas de vida emancipadas y comunitarias en las que humanidad, técnica y biosfera coevolucionan de manera orgánica, equilibrada y bella, al contrario de los futuros (y presentes) distópicos que son catastróficos y horrorosos. Ejemplos populares y gráficos de solarpunk son: la película Nausicaä del Valle del Viento (1984) de Hayao Miyazaki (Studio Ghibli), y la novela Los Desposeídos (1974) de Ursula Le Güin.

24 de febrero de 2025

[Folleto] Notas Contra el Dominio de la Mercancía

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Este potente y hermoso material de agitación teórica, que lleva por título Notas Contra el Dominio de la Mercancía (Los Amigos de Van der Lubbe, 2016), parte del hecho de que la sociedad capitalista es la sociedad mercantil generalizada, ya que es un sistema social de producción y reproducción de mercancías cuyo fin es obtener un valor excedente (plusvalor) o ganancia en manos de la burguesía, mediante la explotación de la fuerza de trabajo del proletariado, como si de un vampiro se tratase. Explotación basada en la propiedad privada sobre los medios de producción y de vida, que se oculta bajo la forma de salario, en particular, y bajo la forma de compra-venta de bienes y servicios entre ciudadanos iguales en el mercado y ante la ley, en general.

 Así pues, bajo el Capital todas las actividades y relaciones humanas, y hasta las mismas personas, se cosifican y mercantilizan o parecen ser relaciones entre cosas-mercancías, donde éstas terminan dominando y desvalorizando a aquéllas en aras de la valorización del valor y la acumulación de capital. Más claro: en el capitalismo, las mercancías llegan a tener más valor y poder que los propios seres humanos que las produjeron socialmente. Esto es el fetichismo de la mercancía (Marx, El Capital I) o la reificación del nexo social (Marx, Grundrisse). Y el dinero, es su equivalente universal o “la mercancía de las mercancías”, por lo cual el dinero es el Dios de la sociedad burguesa.

De manera que, empezando por el trabajo asalariado ―la única mercancía que valoriza el valor o que produce plusvalor―, la mercancía ―unidad inseparable entre el valor de cambio y el valor de uso, donde el primero subsume o absorbe al segundo― no es una cosa, sino una relación social que, a su vez, es la célula fundamental de la sociedad capitalista. Más claro: la característica específica y esencial de las relaciones mercantiles capitalistas es tener que trabajar para pagar y pagar para vivir, porque en esta sociedad todo “tiene dueño”, es mercancía y, como tal, tiene un precio. En síntesis: el capitalismo es el dominio o la dictadura social de la mercancía sobre la vida.

Por lo tanto, la clave de la revolución comunista es la abolición de la mercancía y su fetichismo en tanto que relación social y, por implicación, la abolición del valor (de cambio y de uso). La comunización es la desmercantilización de las relaciones sociales, empezando por las relaciones de propiedad, producción y distribución. Lo que quiere decir que, sobre la base material de la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado o, en términos positivos, la posesión común de los medios de producción y la cooperación libre y creativa, en la sociedad comunista la producción y distribución de “cosas” estarán destinadas única y exclusivamente a la satisfacción de las necesidades colectivas sin la intermediación del mercado ni del dinero, porque éstos ya no serán necesarios, al igual que el Estado. Como consecuencia de ello, las relaciones humanas serán directamente tales ―esto es, no cosificadas ni mercantilizadas―, y el tiempo libre para desarrollarlas y disfrutarlas será la mayor riqueza social.

Sí, el comunismo es una sociedad sin clases, sin Estado y, fundamentalmente, sin mercado, sin dinero y sin trabajo asalariado. El comunismo es antimercantil o no es. Por el contrario, los variopintos programas de izquierda ―“gobierno popular”, “Estado socialista”, “socialismo de mercado”, “economía popular y solidaria”, “autogestión y trueque”, etc.― reproducen las relaciones mercantiles capitalistas de forma alternativa y, por tanto, son parte clave de la contrarrevolución en el seno del propio proletariado. Son, en suma, lo que se llama reformismo, socialdemocracia o izquierda del Capital ―incluso si se disfraza de “marxista” o de “anarquista”―, a la cual hay que combatirla con la misma fuerza y contundencia que a la burguesía y su Estado.


 
 

Proletarios Hartos de Serlo
Quito, febrero de 2025

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Relacionados:

·       Cuadernos de Negación N° 3: Contra la sociedad mercantil generalizada (abril de 2010, reedición 2020)

·       Cuadernos de Negación N° 11: Contra la valorización de la vida (mayo de 2018)

·       Cuadernos de Negación N° 12: Crítica de la autogestión (noviembre de 2018)

·     La producción de la contrarrevolución en el siglo XXI: la ley del valor y el fetiche de la mercancía ― Comunismo Gótico (noviembre de 2024)

·       Revolución y contrarrevolución: la lucha por la abolición del valor ― Comunismo Gótico (noviembre de 2024)

·       Bordiga y la abolición del valor y el trabajo ― Comunismo Gótico (noviembre de 2024)

2 de junio de 2024

Insurrección y Comunización: repensar la emancipación social radical en una nueva era de catástrofes

Nec Plus Ultra
Febrero de 2024

Humanidad: el freno de emergencia que detiene el tren e impide caerse junto con la caída de la civilización capitalista

 

Vivimos en una época de catástrofes que prontamente hará palidecer las del siglo XX, puesto que la civilización del capital se ha hundido en una debacle socioecológica que manifiesta en diversas regiones del planeta el carácter de esta nueva era de sufrimiento socialmente exacerbado. En Gaza se realiza un genocidio en el que se imbrican las formas más precisas de destrucción de seres humanos que otorga la técnica hiper-moderna con los métodos de terror más atávicos: lo más moderno es también lo más arcaico, dijo alguna vez certeramente Guy Debord. Pero el incendio del colapso de la civilización capitalista se extiende no sólo bajo la forma de la guerra neoimperialista y los escuadrones de la muerte del narco devenidos en potencias transnacionales, sino también bajo el incendio muy real de los bosques en el marco de un agravado calentamiento planetario que tiene su origen en la destrucción acelerada de la naturaleza por la producción capitalista de mercancías. Por eso, de manera acertada, se dice que Gaza es el mundo, porque ahí se reúnen, convergen y yuxtaponen todos los elementos de la crisis múltiple de la debacle capitalista, mostrando en un punto definido del planeta-capital la imagen exacta del futuro cercano del colapso de este modo de vida socialmente alienado.

Por ello, no es en modo alguno casualidad que 2023 cerrara simultáneamente como el año más caluroso del que se tenga registro y como el año más violento desde el final de la segunda guerra mundial. En efecto, el mundo se hunde también en la violencia exacerbada. Las débiles barreras a la violencia desencadenada que la propia civilización burguesa puso ante sí misma después de sendas guerras mundiales y procesos de descolonización han terminado por derribarse —nuevamente, en Gaza—. Desde ahora el vacío discurso de la democracia y los derechos humanos esgrimidos por las potencias centrales del neoimperialismo occidental ha perdido el poco sentido propagandístico que podía tener, y ni siquiera sus más entusiastas sicofantes pueden ya defenderlo. Esto implica que finalmente se ha abierto el camino hacia la guerra global total —hacia una guerra verdadera y efectivamente mundial en el marco de la crisis de la civilización industrial tardía—, una guerra neomperialista planetaria entre los grandes bloques de potencias capitalistas que hoy se enfrentan cada vez más abiertamente en diferentes regiones del planeta. Pero eso no es todo, allí donde retrocede la soberanía del Estado capitalista[1] o este derechamente tiende a colapsar —cómo es el caso de Somalia, el Congo o Haití— no se realiza la emancipación, sino que el vacío del Estado es ocupado por las nuevas mafias transnacionales y sus escuadrones de la muerte.

Hoy se puede afirmar sin temor a error que es posible reformular la célebre frase del prólogo de El Capital y decir que las regiones periféricas les muestran a las naciones industriales avanzadas la imagen de su propio y terrible futuro. Los casos de Ecuador —recientemente remecido por la guerra entre rackets estatales y paraestatales— y México —donde el narco está imbricado en todos los niveles del entramado social y deviene potencia transnacional— en América Latina son paradigmáticos al respecto, pero también lo es hoy El Salvador y su nuevo modelo de príncipe que emerge en el curso de esta crisis: Nayib Bukele. Pero no debiera extrañarnos que una crisis global que empuja a cientos de millones de personas al límite mismo de la supervivencia en condiciones capitalistas al lado del más apabullante cúmulo de riquezas, se arroje a los brazos de un nuevo género de autoritarismo —que no promete a sus desdichados ciudadanos evitar morir de hambre, pero si evitar morir a balazos—. Después de todo la variante progresista de la izquierda ha fracasado mundialmente en gestionar el capital y por ninguna parte aparece un horizonte emancipatorio de alternativa real a la catástrofe capitalista.

A este respecto, probablemente nadie haya entendido mejor que Walter Benjamin que el entramado de socialización capitalista está caracterizado en todo su devenir histórico por la desesperación y la catástrofe. Que, por tanto, la emancipación social radical no puede consistir en otra cosa que la activación del freno de emergencia que detiene el avance del movimiento del capital hacia la autoaniquilación completa. En efecto, que el final lógico del despliegue histórico del capital es la autonoaniquilación completa de la humanidad es una conclusión terrible que no sólo se puede alcanzar aprehendiendo críticamente la dinámica fundamental del movimiento del dinero como capital, sino dando una mirada atenta a las condiciones de existencia que marcan la historia de esta de esta civilización. Ahora bien, ¿en qué consiste este freno de emergencia y cómo nos puede permitir repensar la emancipación social radical? Argumentaré, a continuación, que la teoría de la comunización constituye un valioso autoesclarecimiento teórico de la posibilidad radical que emerge en las luchas sociales contemporáneas. De hecho, como veremos, es precisamente la dinámica contradictoria de las formas sociales capitalistas las que permiten no sólo su crítica en sentido teórico, sino también su negación práctica. La teoría de la comunización es, por tanto, una expresión de la negatividad que se encuentra presente en todo el entramado social capitalista.

Lo que me interesa aquí no es, por tanto, hacer una apología acrítica de una determinada teoría —a saber, la teoría de la comunización—, sino ante todo contribuir al esfuerzo todavía fragmentario de la elaboración de una teoría crítica radical de carácter autorreflexivo. Solamente en este marco, o sea, el de una crítica social radical que se comprende como una posibilidad de la propia sociedad desde la que emerge, tiene sentido el diálogo con la teoría de la teoría de la comunización. En este sentido, lo que aquí me interesa es arrojar luz sobre el carácter práctico de la abolición del valor —que constituye, de hecho, la gran pregunta de la teoría revolucionaria contemporánea—, más aún, esclarecer la posibilidad de la emergencia de una práctica orientada conscientemente hacia la supresión de las formas sociales capitalistas. En otras palabras, el diálogo crítico con la teoría de la comunización que aquí pretendo entablar tiene como objetivo reflexionar sobre la posibilidad de una crítica práctica de la socialización capitalista. Este enfoque implica, por supuesto, que la teoría de la comunización no supone en modo alguno el carácter final de la emancipación humana, sino por el contrario un momento fragmentario de un autoesclarecimiento sobre las posibilidades prácticas que se agitan en el interior del presente estadio histórico de la civilización capitalista. Es, ante todo, una expresión de las potencialidades reales de las luchas contemporáneas, pero por sí sola no es idéntica a la emancipación social, sino que es un momento de la formación contemporánea de una crítica social radical aún en estado fragmentario.

Ahora bien, como ya se puede entrever, la posibilidad de una crítica práctica del capital[2] no es, por supuesto, el resultado de ninguna teoría especialmente brillante ni de la capacidad analítica de mentes particularmente geniales —incluso aunque la teoría como autoesclarecimiento supone el desarrollo de las potencialidades subjetivas[3]—, sino que es el resultado de las transformaciones materiales e históricas de la civilización capitalista avanzada y el consecuente trastocamiento del conjunto de su entramado de socialización. Como cualquier persona interesada puede averiguar por su cuenta, la teoría de la comunización surge precisamente con posterioridad a las revueltas globales de 1968 y la emergencia de una nueva cualidad de la lucha de clases que suponía la crisis, y posterior colapso, del antiguo movimiento obrero y de la configuración particular del entramado de socialización capitalista de la cual ese movimiento era tanto parte integral, factor de modernización, pero también posibilidad de su crítica inmanente y superación.

La teoría de la comunización, y este es un punto que la convierte en una corriente de especial importancia para la crítica radical contemporánea, es una teoría autoconsciente de su propia determinación sociohistórica: se comprende a sí misma como un balance crítico del fracaso de la oleada revolucionaria de 1968 – 77[4], pero también como la constitución de un nuevo paradigma de la lucha de clases y la emancipación social[5]. No entraré aquí a profundizar las divergencias teóricas que tengo con la teoría de la comunización, en particular su comprensión de la historia de la civilización capitalista, su teoría de la ideología —en específico de Théorie Communiste—, o su diálogo muchas veces truncado con las denominadas “nuevas lecturas de Marx”, porque creo que su mérito reside en su insistencia en el carácter práctico del movimiento de abolición del valor como proceso de autotransformación de la sociedad que comporta la supresión del proletariado. Pese a su lenguaje necesariamente esotérico, la teoría de la comunización puede y debe ser considerada con pleno mérito como una nueva lectura de Marx que escapa por lo general al ámbito académico, pero que comparte puntos fundamentales de convergencia con diferentes esfuerzos teóricos dispersos por el mundo que tienen como orientación primordial la constitución de una crítica social radical capaz de convertirse en una fuerza material e histórica dirigida a la supresión/superación del entramado de socialización capitalista.

En consecuencia, no espero aquí hacer un resumen detallado de las principales propuestas de la teoría de la comunización —ella misma fragmentaria, compuesta de diversos colectivos e individualidades con perspectivas muchas veces divergentes—, sino señalar la posibilidad real de una insurrección contra la forma de las relaciones sociales capitalistas, una insurrección dirigida a socavar las formas sociales fundamentales que sostienen el entero edificio de la socialización capitalista. Más aún, argumentaré que esta posibilidad, lejos de ser un ensueño teórico, se encuentra presente en el propio entramado social capitalista y que, de hecho, constituye la dimensión radical de las luchas de clases contemporáneas —así como el fundamento material de la propia existencia de la teoría de la comunización—. Esto quiere decir que presentaré aquí una reapropiación crítica de la teoría de la comunización que se comprende a sí misma como un autoesclarecimiento posibilitado por las luchas recientes y el fracaso de su potencial emancipatorio, reapropiación que pretende arrojar luz sobre el carácter práctico de la abolición del valor y permitir orientar la discusión emancipatoria en el sentido de la conformación de una fuerza social e histórica capaz de apuntar conscientemente hacia la liquidación de las formas que sostienen el entramado de socialización del capital.

Comunización

Cuando Théorie Communiste dice que la revolución es comunización, quiere decir que esta sólo puede suceder como un proceso de autotransformación material del proceso social en cuyo despliegue se tiende a liquidar prácticamente el valor como forma de las relaciones sociales y que, precisamente, este proceso toma su fuerza de esa liquidación. En términos simples, comunización designa un proceso práctico de carácter colectivo por medio del cual se suprime en actos la forma capitalista de las relaciones sociales, o sea, suprimiendo el intercambio de mercancías, el valor, el dinero, el trabajo, el capital y, por supuesto, el Estado —cuyo fundamento es precisamente la forma capitalista de las relaciones sociales— y el patriarcado —en la medida en que las relaciones capitalista no son de género neutro y su abolición es también la del género tal cual ha sido socialmente producido por esta civilización—.

La teoría de la comunización en todas sus variantes ha insistido siempre en la posibilidad de la inmediatez del comunismo[6], o sea, de la posibilidad de una producción inmediata de un modo de vida socialmente emancipado a partir de una ruptura práctica con la socialización capitalista que emerge desde ese mismo entramado de socialización como su crítica inmanente en actos. Evidentemente, el sólo hecho de dar cuenta de esta posibilidad constituye en sí mismo el resultado de un proceso histórico de la civilización capitalista, una transformación material de la relación de capital en el que ahora la emancipación social ya no se da sobre la base de la afirmación del proletariado como clase —lo que implicaba, a su vez, afirmar el capital[7]—, sino de su negación, de su puesta en entredicho a partir de su propio actuar como clase dentro de la socialización capitalista.

Es cierto que el comunismo era posible desde 1848, como decía Amadeo Bordiga, pero era posible sobre la base de la afirmación del proletariado como clase. Con esto, por supuesto, no quiero decir que la abolición de la sociedad de clases era imposible para el arco histórico en que la lucha de clases tuvo lugar dentro de los marcos del universo del movimiento obrero. Por el contrario, quiero señalar que la emancipación social radical no constituye ninguna especie de invariante histórica, sino que es el resultado de una producción histórica real que tiene lugar dentro del metabolismo social capitalista. Lejos de ser una abstracción inmutable que existe por fuera del movimiento real como ideal normativo, la emancipación social se desarrolla siempre sobre la base del despliegue histórico de la dialéctica de la mercancía propia de la civilización capitalista —y, por tanto, de la lucha de clases—.

La lucha de clases del movimiento obrero fue la emancipación posible en un determinado arco histórico de la civilización capitalista. El consejo [soviet], la autogestión, la huelga general de masas, la toma del poder, etc., fueron la forma práctica de esta emancipación posible en la medida en que, dentro de la relación de capital —la relación de clase entre el capital y la clase asalariada que es el fundamento de la valorización del valor—, la autoemancipación del proletariado sólo podía suceder como afirmación de la clase. En efecto, en el proceso histórico de la transición de la dominación formal a la real del capital, la lucha de la clase obrera adquiría necesariamente el contenido y la forma de su afirmación como clase del capital en el interior de la socialización del capitalista, en cuanto a que su lucha contra el capital estaba determinada por la reproducción de la clase obrera como un momento necesario de la reproducción ampliada del capital. Hoy, en la transición global hacia la cuarta revolución industrial, la situación es radicalmente diferente, puesto que la reproducción de la clase obrera global no es un presupuesto necesario de la reproducción ampliada del capital que ha cientifizado el conjunto del proceso de producción de mercancías y depende cada vez menos del gasto inmediato de trabajo humano abstracto medido en tiempo —lo que se expresa, entre otros aspectos, en la producción de enormes masas de población superflua para el capital y en la lumpenización de la clase obrera—.

Esto quiere decir que todo movimiento de contestación social radical dentro de la civilización capitalista emerge como una crítica inmanente de esta forma alienada de interdependencia social, vale decir, surge desde esas formas de socialización y en contradicción con estas. Empero, quiero enfatizar que es el carácter contradictorio de estas formas las que constituyen la condición de posibilidad de esta crítica social radical. Si la forma mercancía fuera la forma última de la reproducción social, si coincidiera plenamente de manera idéntica con los sujetos de esta socialización —en su fase teórica tardía Camatte sugiere explícitamente, y erróneamente desde mi perspectiva, que esta identidad se ha realizado como antropomorfosis del capital[8]—, entonces simplemente no sería posible la crítica ni la negación práctica de esta forma históricamente específica de las relaciones sociales. Por el contrario, puesto que la forma mercancía en cuanto forma específica de la riqueza capitalista es en sí misma contradictoria —es simultáneamente riqueza material y riqueza abstracta[9]—, entonces en su propio despliegue histórico está contenida la posibilidad de su crítica y su superación.

Por consiguiente, el comunismo no es un ideal normativo ni tampoco una esencia invariante para realizar, es la forma necesaria de la emancipación social como producción histórica[10]. La crítica marxiana de la economía política plantea la posibilidad del comunismo como una crítica inmanente de las relaciones sociales capitalistas, pero esa ruptura es ella misma producción histórica al interior de ese entramado de socialización. La emancipación social radical como comunización implica, por tanto, que hoy las luchas sociales contemporáneas, y por tanto la guerra de clases, tiene como forma necesaria la producción inmediata de relaciones sociales emancipadas, producción que tiene su condición de posibilidad en el enorme tiempo histórico objetivado por la actividad productiva humana bajo el régimen de expolio y sufrimiento propio de la producción de mercancías. Esto quiere decir que la reapropiación del tiempo histórico por las masas asalariadas —que para Marx, en los Grundrisse, es el contenido mismo de la emancipación radical—, no ocurre en un terreno inmóvil siempre igual a sí mismo, sino que siempre tiene su condición de posibilidad en la dinámica histórica de la producción capitalista y, en particular, de la relación de capital.

De acuerdo con esto, cuando pienso en comunización como una crítica práctica de la economía política, quiero decir que se trata de un movimiento en actos que niega la forma capitalista de la riqueza social para hacer emerger la riqueza como tiempo disponible, como emancipación del tiempo vivo con respecto a las relaciones capitalistas. Empero, esto no sería posible si el resultado último de la producción capitalista —es decir, la producción de plusvalor—, no fuera simultáneamente la producción de plustiempo histórico que es objetivado como plusvalor, pero que sólo puede existir como tal, y permanecer como tal en tanto que plustiempo objetivado acumulado como capital, en la medida en que se realice continuamente la reproducción ampliada de capital; o sea, la forma capitalista de la riqueza —la riqueza abstracta, el valor—, sólo puede permanecer como tal en la medida en que se reconstituya continuamente por medio de una despliegue histórico contradictorio en el que está contenido la posibilidad de su negación. Esto entraña, por supuesto, que para reconstituirse continuamente el capital debe perpetuar al proletariado en tanto que proletariado, renovando continuamente la escisión de los productores con respecto a los medios para la reproducción social —incluyendo la tierra—, o sea, renovando continuamente su dependencia y menesterosidad con respecto al capital.

Como siempre, una digresión de Marx sobre la riqueza arroja enorme claridad sobre el asunto:

“Pero, in fact, si se despoja a la riqueza de su limitada forma burguesa, ¿qué es la riqueza sino la universalidad de las necesidades, capacidades, goces, fuerzas productivas, etc., de los individuos, creada en el intercambio universal? ¿Qué, sino el desarrollo pleno del dominio humano sobre las fuerzas naturales, tanto sobre las de la así llamada naturaleza como sobre su propia naturaleza? ¿Qué, sino la elaboración absoluta de sus disposiciones creadoras sin otro presupuesto que el desarrollo histórico previo, que convierte en objetivo a esta plenitud total del desarrollo, es decir al desarrollo de todas las fuerzas humanas en cuanto tales, no medidas con un patrón preestablecido? ¿Qué, sino una elaboración como resultado de la cual el hombre no se reproduce en su carácter determinado sino que produce su plenitud total? ¿Como resultado de la cual no busca permanecer como algo devenido sino que está en el movimiento absoluto del devenir? En la economía burguesa —y en la época de la producción que a ella corresponde— esta elaboración plena de lo interno aparece como vaciamiento pleno, esta objetivación universal, como enajenación total, y la destrucción de todos los objetivos unilaterales determinados, como sacrificio del objetivo propio frente a un objetivo completamente externo (…). Es satisfacción desde un punto de vista limitado, mientras que el mundo moderno deja insatisfecho o allí donde aparece satisfecho consigo mismo es vulgar” (p. 447-448).

En efecto, por comunización podríamos entender el movimiento práctico, insurreccional, en el que se despoja a la riqueza de su limitada forma burguesa. Pero esta posibilidad está contenida en la forma misma de la mercancía, en el carácter dual de esta forma históricamente específica de la riqueza y del trabajo que la produce. Ciertamente, en la medida en que la mercancía es simultáneamente riqueza material y riqueza abstracta, la no-identidad se encuentra en el núcleo de esta forma, es su carácter constitutivo. En otras palabras, si es posible la crítica de la mercancía y su negación práctica esto se debe a que la forma mercancía de la riqueza social no es idéntica a esa riqueza, que sólo en determinadas condiciones sociales, materiales e históricas los productos de la producción humana adoptan la forma del valor, pero que esta no es en modo alguno su forma última. De lo contrario, ni siquiera sería posible pensar su superación.

En consecuencia, si hoy la emancipación social radical se presenta como comunización esto se debe ante todo a las transformaciones reales del despliegue histórico contemporáneo de la dialéctica de la mercancía —que incluye, dentro de sí, la relación de clase—, dialéctica que por cierto sólo puede desarrollarse reconstituyendo continuamente la reproducción social bajo su forma capitalista —lo que implica continuas reestructuraciones de la relación de clase—. Lejos de ser una forma inquebrantable, que es como se nos presenta en apariencia, todo el entramado de socialización capitalista está atravesado por la negatividad: la sola existencia del sufrimiento y el dolor irracional que esta forma de las relaciones sociales provoca señala la posibilidad, y la necesidad, de que esta tortura se detenga y de que otra forma de interdependencia social no alienada es posible. Y la forma histórica necesaria de ese potencial es la insurrección como comunización y, por tanto, la abolición de la condición proletaria[11].

El proceso de comunización, la producción directa de la sociedad sin clases en el curso de un proceso de autotransformación social sólo puede ser insurreccional, porque es el movimiento práctico de subversión de la dinámica de reproducción social del capital. La comunización, por tanto, ataca la forma misma bajo la que se autorreproduce y perpetua de manera ampliada la acumulación capitalista. Esto quiere decir que la comunización, en cuanto movimiento insurreccional, no es sólo un movimiento dirigido a suprimir la forma capitalista de las relaciones sociales, sino que también es la emergencia material de otra forma de la reproducción social que surge en la negación práctica del capital. ¿Cómo puede ser esto posible? Respuesta: en el capital todo es praxis, pero lo es en el sentido de una recíproca producción de la sociedad por los sujetos y de los sujetos por la sociedad. El movimiento global del capital es el movimiento global de la praxis alienada y crecientemente autonomizada de la especie humana dentro de los marcos de un metabolismo históricamente específico de la reproducción social, práctica social que tiende a autonomizarse relativamente de los seres humanos y que ejerce un dominio universalizante sobre los mismos. La comunización es posible como abertura de la brecha que emerge de la contradicción intrínseca de las formas sociales capitalistas en el actual estadio de la crisis de la civilización del trabajo. Esto quiere decir que el proceso de comunización emerge desde y en contradicción con las formas sociales capitalistas. Nunca podré resaltar lo suficiente que no hay alternativa emancipadora a la catástrofe capitalista que pueda emerger desde una externalidad a esa forma de socialización o desde la pura voluntad, la posibilidad de la negación práctica del capital es un resultado de las brechas que se abren en el curso su propio movimiento contradictorio.

Con todo, ¿en qué consisten estas brechas? Las brechas son los puntos de apertura dentro de la relación de capital que posibilitan la ruptura con la socialización capitalista que emergen dentro de su propia dinámica contradictoria.  Théorie Communiste ha dicho sobre esto algo fundamental, puesto que, si el proletariado sólo puede actuar como clase de este modo de producción, y de actuar estrictamente como clase del capital para existir como tal, ¿cómo puede, entonces, abolir las clases y producir la emancipación social? Respuesta: precisamente porque actuando estrictamente como una clase pone en entredicho su propia reproducción como tal, y esa es justamente la brecha: la puesta en cuestión de su propia condición de clase actuando como clase. Aquí se encuentran simultáneamente los límites y las potencialidades subversivas de las luchas contemporáneas, ya que en ellas vemos como efectivamente se abren brechas en las cuales las masas insurgentes rompen potencialmente en actos con la condición proletaria, pero también refuerzan y reconstituyen su condición de clase por medio de su propia actividad práctica y las reivindicaciones —salariales, entre otras— que son su corolario. Por tanto, la tarea de una teoría crítica radical es generar las condiciones de posibilidad para el autoesclarecimiento de la propia praxis colectiva, no diciendo tanto lo que hay que hacer, sino mostrando activamente los límites de la praxis en un momento dado y el lado por el que tiende a reconstituir las relaciones sociales capitalistas trastocadas por el movimiento subversivo —esto, por supuesto, nos lleva al terreno de la mediación entre la crítica radical y el movimiento real, o sea, al problema de la praxis material que requiere dotarse de medios para ser efectiva—.

De paso, esto quiere decir que las llamadas “minorías revolucionarias” y las individualidades dedicadas a la crítica social radical —con mayor o menor rigor, es necesario decirlo—, son simplemente expresiones de las posibilidades emancipatorias que anidan en la objetividad de la sociedad capitalista. El genio de Karl Marx, no radicó tanto en una mente genial y especialmente dotada, sino en el desarrollo de una teoría autorreflexiva de su propio condicionamiento sociohistórico, de su determinación como posibilidad del objeto mismo que critica, o sea, el capital. Esa es la fuente de su permanente actualidad como crítica inmanente de la socialización capitalista, actualidad que permanecerá vigente mientras exista el objeto de su crítica. Esto también quiere decir que la perspectiva que aquí expongo es históricamente determinada, y que su validez sólo puede tener sentido como posibilidad de la crisis de la civilización capitalista, pero en modo alguno se extiende más allá de estas circunstancias que la determinan. Esto es, la emancipación social como comunización, el freno de emergencia como siendo simultáneamente crítica en actos de la socialización de capital y producción de un modo de vida socialmente emancipado, es la forma necesaria para detener en este arco histórico particular la catástrofe del capital, pero en modo alguno tiene asegurado su éxito ni tampoco es la forma última de la emancipación social. Por el contrario, como veremos en la siguiente serie de este escrito, hoy están cada vez más minadas las posibilidades de la crítica y, por tanto, de la superación emancipadora del colapso capitalista.

Sin embargo, es necesario profundizar en el carácter práctico del proceso de comunización, incluso aunque al hacerlo debo reconocer mis propias limitaciones —que son también el resultado del entramado de ofuscación que produce la socialización capitalista—: no puede existir una receta general para la emancipación humana, porque esta tiene su condición de posibilidad en las brechas de la socialización capitalista, las cuales están presentes en toda la objetividad del entramado social y no son idénticas, incluso aunque responden a los mismos fundamentos —o sea, las formas sociales fundamentales de la modernidad capitalista: valor, mercancía, trabajo, dinero, capital, etc—.

En primer lugar, el proceso de comunización, para ser tal, debe tender a suprimir la condición proletaria. La valorización del capital, el objetivo impulsor de toda la ciega trayectoria histórica de la producción capitalista, sólo puede realizarse por medio de la acumulación de plusvalor, es decir, de tiempo de plustrabajo arrancado sin intercambio de equivalente a la clase obrera global. Por consiguiente, la mercancía como forma estructurante básica de la civilización capitalista no puede entenderse sin el plustrabajo contenido en ella[12]. En efecto, en la producción capitalista toda mercancía está constituida por la materialización de tiempo de plustrabajo, de trabajo forzado excedente de la clase asalariada. De esta manera, la clase obrera queda configurada, tal como lo expresa Theorie communiste, como la mercancía de la mercancía, como el fundamento real de la reproducción ampliada del capital. En consecuencia, la crítica en actos del entramado de socialización de capital requiere trastocar la relación de capital, poner en entredicho la reproducción de la clase asalariada en tanto que clase asalariada, y ello implica por tanto la necesaria transformación de la reproducción social sobre una base no mediada por las formas sociales capitalistas —y, por tanto, la distribución gratuita de bienes como primera medida práctica del proceso insurreccional—. En simple, esto requiere que el conjunto de las masas proletarizadas —incluyendo, por supuesto, a los desempleados, lumpenizados, precarizados, etc— puedan reproducir su corporalidad física sin la mediación del trabajo, el dinero o la forma mercancía.

Como vemos, jalar el freno de emergencia requiere no sólo la producción de la ruptura —el momento del estallido insurreccional de la revuelta, de los saqueos, de la destrucción de la infraestructura del capital[13]—, sino que requiere la reorientación de la reproducción social en su forma capitalista. Por tanto, el proceso de comunización es impensable sin la apropiación colectiva de los medios para la reproducción social, es decir, los llamados medios de producción. Sin embargo, aunque la apropiación y socialización de los medios de producción fue un tópico básico del recetario leninista de la revolución, hay que decir que la mera apropiación de los medios de producción por parte de las masas asalariadas no implica necesariamente la superación del capitalismo como tal. De hecho, como en el caso de la URSS, este puede ser reconstituido precisamente a partir de la apropiación de los medios de producción de las masas asalariadas. Lo esencial, empero, es la forma de la reproducción social, y la forma capitalista de las relaciones sociales es perfectamente compatible con la apropiación proletaria de los medios de producción.

Más aún, los medios de producción existen actualmente en una forma objetiva que es legada por el capital, forma que está moldeada por el objetivo impulsor de toda la dinámica social actualmente existente: la valorización del valor. No se trata de apropiarnos de las industrias y de reproducir allí las relaciones que hacen existir a la industria como tal, sino de reapropiarnos de la praxis social materializada en estos medios y reorientar la reproducción social sobre nuevas bases: la satisfacción directa de las necesidades humanas y la producción de tiempo libre. Por otro lado, una enorme cantidad de maquinaria e industria es terriblemente nociva, contaminante y objetivamente destructiva de las condiciones biofísicas de la vida en el planeta, lo que implica que un proceso insurreccional exitoso deberá desmantelar toda la infraestructura de la devastación y logra, simultáneamente, asegurar la sobrevivencia de las personas por medio de una nueva reproducción social que tenga como objetiva una creciente abundancia de tiempo —y, por tanto, de riqueza material—.

Por tanto, una apropiación en sentido emancipatorio de los denominados medios de producción, que incluye por cierto la reapropiación sobre una nueva base social de nuestra relación con la tierra, requiere necesariamente romper con su carácter de capital, y esto supone la reorientación de la producción a la satisfacción directa de las necesidades humanas en el curso del proceso insurreccional. Después de todo, no se puede vivir de saqueo, porque el saqueo en su forma capitalista contemporánea —tal y como aparece en las revueltas de las últimas dos décadas— presupone una producción hiperabundante de mercancías. Más aún, nadie pondrá ninguna clase de esfuerzo en una revolución que no logra poner un pan en la boca de la gente —baste pensar en el estrepitoso fracaso del potencial emancipatorio de la revuelta de 2019 en Chile—, por lo que un proceso insurreccional que no logra reorientar la producción social sobre otras bases está condenado a ser derrotado en la institucionalidad por el poder de inercia de las relaciones sociales capitalistas, primero, y, luego, por una violenta contrainsurgencia orientada a impedir la reemergencia de la revuelta generalizada.

En ausencia de horizontes alternativos reales, las masas asalariadas correrán de vuelta a los brazos de la institucionalidad del capital, es más, desearán con todas sus fuerzas la vuelta a la normalidad, la protección del Estado y escupirán sobre su reciente rebelión. Y es que toda rebelión en el seno del capitalismo puede rápidamente derivar en rebelión conformista, en un refuerzo de la socialización capitalista por la vía de la violencia de las masas. Nuevamente, el periodo post-revuelta en Chile es paradigmático al respecto, ya que actualmente las condiciones sociales son incluso peores que las que dieron origen a la revuelta, pero el espectro social parece haberse inclinado hacia perspectivas reaccionarias. Permitir la emergencia abierta y el despliegue del potencial emancipatorio que se agita en las luchas sociales contemporáneas requiere sostener la abertura de las brechas que se abren en la relación capitalista, lo que supone necesariamente una praxis orientada a la reapropiación material del tiempo alienado y de los medios para la reproducción social. La revuelta en Chile, como las de otros países, han fracasado precisamente en este salto cualitativo que lleva de la insurrección generalizada hacia la emancipación social radical, y la superación de este impasse se encuentra en la praxis social contradictoria de estos movimientos y en la posibilidad de empujar conscientemente su potencial emancipatorio.

En este punto, la teoría de la comunización ha señalado la necesidad de las denominadas “medidas comunistas”[14], la forma concreta de la actividad práctica mediante la cual se suprime la socialización capitalista y, con ello, se autosuprime el proletariado en cuanto trabajo vivo a ser succionado por la hambruna canina de plustrabajo propia del capital. La producción de otra forma de socialización, una forma de interdependencia humana emancipada, consiste en la multiplicación y generalización de actos que en el curso de la lucha permiten inicialmente debilitar las formas sociales capitalistas —para luego suprimirlas—, posibilitando que diferentes grupos sociales se plieguen a la lucha y socavando la fuerza de la reacción organizada de manera política-militar en el Estado y sus agentes. No se puede suprimir inmediatamente el entramado de socialización capitalista, pero si se puede poner en marcha una praxis que inmediatamente cuestione sus fundamentos. En ese sentido, aunque he dicho antes que no puede haber una receta generalizada para la producción consciente del comunismo, podría decirse que la máxima “que nadie pase hambre” resume el contenido de una medida comunista fundamental para la continuidad de la insurrección y su reforzamiento en el curso de su despliegue. Solamente medidas comunistas concretas que permitan orientar la reproducción social hacia la satisfacción directa de las necesidades y a la producción de tiempo libre pueden permitir que el proceso insurreccional se sostenga, se expanda y finalmente triunfe.  En este sentido, habría que retomar sobre nuevas bases la máxima marxiana de “la insurrección es un arte”: en nuestro caso, la insurrección es el arte de hacer florecer el tiempo emancipado, de liberar el tiempo vivo —la praxis social viviente de la humanidad— de su cáscara capitalista.

PD: Esta es la primera entrega de una serie de escritos que vengo meditando de un tiempo a esta parte. El objetivo principal de estos textos es contribuir a la formación de una crítica social radical capaz de convertirse en una fuerza histórica material y efectiva. Por sí mismos, por supuesto, no tendrán más que un valor literario, sólo su capacidad de convertirse en diálogo autorreflexivo con el movimiento real será la condición de su éxito en sentido emancipatorio. El siguiente escrito se titulará “Los límites y posibilidades de la crítica”, en el que pretendo desarrollar la creciente dificultad de la crítica para convertirse en praxis social emancipatoria, buscando desentrañar las posibilidades que se abren para la emergencia de un movimiento radical en el curso del proceso catastrófico de la debacle socioecológica de la civilización capitalista —debacle que es, naturalmente, la debacle de sus sujetos—. Aunque dentro de la corriente con aspiraciones radicales existe actualmente un rechazo por cualquier teoría crítica de la subjetividad —precisamente porque pone en entredicho sus propios posicionamientos—, esta es condición necesaria de una crítica social radical.

Finalmente, agradezco públicamente a lxs compañerxs de Flora Espacio Anarquista, quienes me han acogido con cariño y fueron la inspiración principal para comenzar esta serie de escritos. Mi corazón está también con ellxs. No es en modo alguno casual que los conversatorios que inspiraron inicialmente este texto fueran interrumpidos por el mega-incendio de la región de Valparaíso; o sea, por la irrupción abrupta en ese territorio de la catástrofe capitalista sobre la que pretendíamos debatir. Esto nos habla también de los límites y posibilidades de la crítica, porque nos encontramos aún en un estado fragmentario de la elaboración de una crítica radical en actos en el momento mismo en que el incendio de la civilización del capital se expande por todas partes del planeta. Esto requiere, por tanto, empujarnos al esfuerzo del concepto en el preciso momento en que las posibilidades de la crítica son crecientemente socavadas.

Pablo Jiménez Cea, México/Chile, febrero de 2024.

Notas

[1] Habría que decir simplemente que todo Estado es capitalista, pero en estos tiempos de ofuscación nunca se puede enfatizar demasiado la exigencia de la precisión en las palabras: ellas también son armas en la lucha por la emancipación social radical.

[2] El concepto de crítica práctica del capital o de la economía política lo he tomado de un pequeño párrafo de La sustancia del capital de Robert Kurz: “Los manuales del antiguo bloque «socialista» siguen refiriéndose de forma seria e intransigente a una «economía política del capitalismo» y a una «economía política del socialismo», en lugar de concebir y adoptar el socialismo como la crítica práctica de la economía política como tal [Las cursivas son mías NPU]” (p. 59). Sin embargo, este párrafo queda sin desarrollar y no vuelve a existir ninguna referencia a tal problemática en el resto del libro. Por otro lado, la perspectiva de una crítica práctica de las relaciones sociales ya había sido adelantada por la Internacional Situacionista y en particular por Guy Debord en La sociedad del espectáculo.

[3] La teoría es la fuerza del Yo, dirá Adorno.

[4] Véase Jasper Bernes, Algunos relatos sobre la comunización, en el siguiente enlace: https://translatoriac.noblogs.org/jasper-bernes-algunos-relatos-sobre-la-comunizacion_01/

[5] Sobre este punto, véase De la ultraizquierda la teoría de la comunización de Théorie Communiste. Disponible en el siguiente enlace junto a diversos textos de TC traducidos al español: https://drive.google.com/drive/folders/1NtviJ3AikLVd1qHPcssbcZnQun6Dvac8

[6] Entiendo aquí “comunismo” de modo negativo, o sea, como un modo de vida social e interdependencia humana en el que han sido suprimidas las clases sociales, las relaciones sociales capitalistas y el Estado. Aunque han existido naciones completas, e incluso superpotencias mundiales como la URSS que se reclamaban a sí mismas como “comunistas”, estas más bien constituyeron ramas alternativas de la modernidad capitalistas impulsadas por el movimiento obrero y su contrarrevolución histórica.

[7] Es esta determinación material e histórica de la praxis del movimiento obrero como emancipación social posible a través de la afirmación del proletariado como clase lo que constituyó simultáneamente el fundamento de la contrarrevolución global que lo liquidó. En efecto, que la contrarrevolución haya venido de las mismas organizaciones del proletariado, que de la lucha de clases revolucionaria hayan surgido naciones capitalistas, tiene su fundamento en que la afirmación del proletariado como clase comportaba necesariamente la afirmación del capital y que, por tanto, el entramado de socialización capitalista pudo reconstituirse a partir de las propias organizaciones obreras.

[8] Véase Errancia de la humanidad en el siguiente enlace: https://archivesautonomies.org/IMG/pdf/gauchecommuniste/gauchescommunistes-ap1952/invariance/espanol/errancia-humanidad-1973.pdf

[9] Sobre el carácter no-idéntico de la forma mercancía, no existe mejor referencia que el primer capítulo de El Capital. Sobre este carácter dual de la mercancía, y del trabajo productor de mercancías, Marx dirá que en la aprehensión de esta no-identidad se encuentra “todo el secreto de la concepción crítica”(Carta de Marx a Engels, Manchester, 1868).

[10] Para una crítica de las perspectivas normativas de la emancipación social, véase: https://endnotes.org.uk/translations/theorie-communiste-historia-normativa-y-esencia-comunista-del-proletariado

[11] Lo que equivale a decir abolición de la sociedad de clases, en la medida en que todas las otras clases sociales en el régimen de producción capitalista sostienen su reproducción en el plustiempo de trabajo objetivado como plusproducto —plusproducto que es convertido en capital— que resulta del expolio de tiempo de trabajo excedente de la clase asalariada global.

[12] Sobre ello, véase El Capital. Libro VI (Inédito). Resultados inmediatos del proceso de producción capitalista, p. 109.

[13] Abordaré esto en la serie III de este escrito.

[14] Véase Las medidas comunistas de León de Mattis en el siguiente enlance: https://colectivobrumario.wordpress.com/2015/12/22/las-medidas-comunistas-leon-de-mattis/