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26 de septiembre de 2019

LA CATÁSTROFE ES EL CAPITAL

Omnia Sunt Communia, Chile, septiembre de 2019

El Amazonas en llamas, Brasil, agosto de 2019

“Los sectores triunfantes de Occidente cavan su propia tumba con la potencia de 
destrucción ecológica del sistema productor de mercancías.”
Robert Kurz, El colapso de la modernización, 1991

A esta altura para nadie debería ser ya una novedad que estamos inmersos en una seria crisis sistémica provocada por el actual desastre capitalista que nos tiene al borde del abismo. Sin embargo, aún persiste un discurso –común incluso en autoproclamados “revolucionarios”-, que afirma que basta con gestionar los medios de producción “de manera distinta”, eliminando sus consecuencias nocivas, para resolver el problema. La “tecnociencia”, -nos dicen-, reorientada hacia la conservación del entorno, sería la llave que garantizaría el retorno al equilibrio entre la humanidad y la naturaleza. Por el contrario, la investigación y el desarrollo científico “nunca tuvo como finalidad satisfacer nuestras necesidades y deseos, sino más bien mantener, ampliar y reproducir el orden dominante” (1), por lo que no se trata de algo neutral. Este camino es sólo una “ilusión renovable”, que se presenta como solución, pero que profundiza el problema: “el desarrollo tecnológico no es fruto del optimismo, no de la fe ciega en el progreso, no de unas políticas nefastas de I+D, sino la única salida que encuentra el valor para, dado un aumento de la competición de capitales por el empeoramiento de las condiciones de producción, salir del embrollo en una huida hacia adelante por conseguir rascar alguna plusganancia en el tiempo que dure la mejora de la productividad” (2). La renovación de la promesa tecnológica nos lleva a un callejón sin salida, ya que, “la tecnología responde a la sociedad que la genera (…) y nuestra formación social capitalista es un sistema de producción de nocividad que determina la generación de sus paliativos” (3).

Generalmente el “cambio climático” que amenaza la vida de millones de especies y ecosistemas, “la crisis energética” por el agotamiento de los combustibles fósiles de los cuales dependemos, y el capitalismo como sistema de alcance planetario, son abordados de manera separada y fragmentaria, sin una perspectiva de totalidad, que vislumbre que de lo que se trata es de una catástrofe capitalista cada vez más brutal y al parecer “terminal”. La actual devastación de la biosfera no puede entenderse aisladamente, en un mundo que obedece de manera impersonal a la lógica de producir y acumular valor sin cesar –que integra todos los aspectos de la vida cotidiana a los dictámenes de la economía-, y que, para la consecución de este ciclo, una y otra vez, no tiene escrúpulos en destruir todo a su paso. El desarrollo del capitalismo fundado en la idea de crecimiento perpetuo y en el progreso infinito de las fuerzas productivas, en la actualidad ha devenido, tal y como lo advirtieran Marx y Engels en La ideología alemana de 1846: “a un estadio en el que nacen fuerzas productivas y medios de circulación que solo pueden ser nefastos en el marco de las relaciones existentes y no son más fuerzas productivas, sino fuerzas destructivas". En consecuencia, considerar que la gestión democrática del Estado, los medios de producción, o, la ciencia, impedirán esta tendencia hacia la autodestrucción, no es más que un sinsentido.

En Abya Yala, se ha intensificado la actividad extractiva y la destrucción del medio ambiente, produciéndose choques, muchas veces violentos, de comunidades –muchas de ellas indígenas- que defienden el territorio y se niegan al avance del capital. Los megaproyectos enmarcados en la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) (4), que están operativos desde el año 2000, buscan levantar toda una red de rutas viales y complejos industriales que faciliten el saqueo y la explotación de combustibles fósiles tan escasos hoy –utilizando técnicas tan destructivas como el “fracking”-, minerales y “bosques” –de especies foráneas de rápido crecimiento, como pinos, eucaliptos o álamos-; intervenir los cursos de agua para proyectos enérgeticos y de megaminería; ocupar grandes extensiones de tierra en monocultivos modificados genéticamente –por ejemplo, soja-; etc. El despojo ha ido creando “zonas de sacrificio” en donde la catástrofe de la acumulación capitalista y su horizonte civilizatorio aparece sin ningún velo y en su total crudeza: “dicho proceso es indiferente a las necesidades reales de la población y a los impactos medioambientales, pues persigue objetivos meramente capitalistas” (5).

Desde el año 2008, la sociedad capitalista se encuentra en una grave crisis de acumulación que, para sortearla exitosamente, según dicen las y los defensores del “decrecimiento”, bastaría con “movilizar tropas reuniendo a todos los que quieren creer que podríamos ‘salir del desarrollo’ (es decir, del capitalismo) permaneciendo en él” (6). Buscar otro tipo desarrollo y otro tipo progreso, la mera crítica técnica del activismo ecologista, “volver a la naturaleza” e irse al campo alejándose de las metrópolis, impulsar una suerte de “democracia ecológica” o “capitalismo verde”, “obligar” al capitalismo a no crecer, apostar a la acción institucional, reorientar la producción a una economía de carácter “social”, intentar regresar en la historia a un pasado supuestamente idílico (“primitivismo”), o incluso cualquier solución de índole personal-moral (7), son totalmente estériles para superar el actual impasse que experimenta la humanidad y la tierra. Mientras, “la contradicción entre un sistema forzado a crecer por su dinámica interna y un planeta finito repercute cada vez más profundizando la contradicción entre dinero y la ganancia, por un lado, y las necesidades humanas por otro” (8), continué operando, nuestra situación solo empeorará.

Nuestra única salida es liquidar el capitalismo y sus relaciones sociales, ya que, parafraseando a Walter Benjamin, la catástrofe es el capital y la forma de no-vida que nos impone. El capital destruye el entorno y los seres humanos indistintamente: la base de sustentación material de la vida, y, la especie humana en su conjunto, están en grave riesgo mientras la relación social del valor y todas las categorías mercantiles continúen vigentes. La revolución proletaria sigue estando a la orden del día, su posibilidad y necesidad, es nuestra única garantía de éxito. La construcción de una comunidad humana mundial y la ruptura total con el sistema productor de mercancías, modificarán radicalmente nuestra relación con la naturaleza y nuestras relaciones interpersonales. Solo el comunismo y la anarquía nos salvarán del colapso y el desierto que vienen.

Notas:

(1) “Cuadernos de Negación”, N° 8, noviembre 2013, “Crítica de la razón capitalista”. Región argentina. P. 3.
(2) “El decrecimiento y la gestión de la miseria”, Grupo Barbaria, Madrid, 2019. Disponible en línea en: http://barbaria.net/2019/06/09/el-decrecentismo-y-la-gestion-de-la-miseria/
(3) Vela, Corsino (2018) Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosiva. Madrid: Traficantes de sueños. P. 110.
(4) Desde el año 2011 en la región chilena, este plan es asumido como Foro Técnico del Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN). Para una compresión detallada de cómo opera este plan en nuestra región recomendamos: “Cuadernos del capitaloceno”, N° 1, primavera 2018, norte semiárido.
(5) “La ideología del Progreso en Latinoamérica”, en: Amorós, Miguel (2016) Cénit y ocaso. Materiales para una crítica de la ideología del progreso. Isla de Maipo: Ediciones Askasis / Ediciones Tercer Asalto. P. 152.
(6) Riesel, René & Semprun, Jaime (2011) Catastrofismo, administración del desastre y sumisión sostenible. Logroño: Pepitas de Calabaza Editorial. P. 94
(7) Recomendamos el artículo, “Olvidémonos de las duchas cortas o porque el cambio personal no implica un cambio climático”, en: Jensen, Derrick (2015) El pacifismo como patología y otros escritos. Santiago: Colectivo Editorial Nihil Obstat-Editorial Viejo Topo: P. 41-51.
(8) “Colapso. Cambio climático-Crisis energética-Capitalismo terminal”, folleto de la Biblioteca y Archivo Histórico-Social Alberto Ghiraldo, octubre de 2018, Rosario, Región Argentina.

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Relacionado: Deforestación en la selva amazónica. Boletín "La Oveja Negra" N° 65. Septiembre de 2019

25 de septiembre de 2019

DESTRUIR EL CAPITALISMO PARA ACABAR CON LA DEVASTACIÓN DE LA NATURALEZA Y LA HUMANIDAD

CONVOCATORIA SEMANA DE LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y TODA NOCIVIDAD 20-27 SEPTIEMBRE 2019: https://tarcoteca.blogspot.com/2019/03/convocatoria-madrid-bloque-anarquista.html

CON EL CAPITALISMO NO SE DISCUTE, AL CAPITALISMO SE LE DESTRUYE, O ÉL NOS DESTRUIRÁ COMO HOY LO ESTÁ HACIENDO. ORGANIZACIÓN, REFLEXIÓN Y ACCION!!!!!


Diversas instituciones, grupos ecologistas, organizaciones sindicales, grupos estudiantiles, reunidos bajo el nombre de ´Frifays for future´ han convocado la llamada ´Semana por el clima´ del 20 al 27 de septiembre. Básicamente esta semana consiste en manifestaciones  programadas, alienantes en las que pedir al Estado y otras instituciones (ONU, G7…) que pongan remedio o tomen medidas ante el desastre que están causando. En su discurso simplista, recuperador y dirigista enningún momento critican la causa de la devastación en curso: el capitalismo tecno industrial y su organización técnica del mundo. Son aquellos que critican el cambio climático sin criticar a quienes loproducen: tienen un cadáver en la boca, aquellos que defienden el mito del progreso, del desarrollo sostenible y de una vida ´cómoda´ a cambio de la esclavitud y de mercantilizar todo aspecto de nuestra vida, una vida vendida a la dominación tecnológica. Son aquellos que han comprado en el supermercado de la rebelión el nuevo producto de moda: el cambio climático Fridays for future? Hoy más que nunca el futuro no existe, vivimos en un eterno presente y cualquier vestigio del pasado ha sido borrado. Las prótesis tecnológicas que nos rodean y colonizan nos hacen vivir en un sonambulismo continuo, donde la catástrofe no está por venir como se empeñan en advertirnos con su venda en los ojos, la catástrofe es aquí y ahora, la catástrofe es el capitalismo tecno industrial, la catástrofe es esta vida alienante dirigida por los algoritmos de nuestros ´asistentes virtuales´, la catástrofe es un mundo ya devastado por la industria.

El cambio climático, más bien deberíamos hablar de modificación climática, es una más de las miles de consecuencias nocivas de la revolución industrial (la única revolución que iniciada hace dos siglos ha llegado a todos los puntos del planeta y colonizado y mercantilizado todo lo vivo) el cambio climático es indisociable del sistema tecno industrial: deforestación, acidificación de los océanos, desertización, extinción de miles de especies animales y vegetales, miles de productos químico-toxicos que condenan nuestra existencia, contaminación de tierra, aire y agua son sólo algunas de todas las nocividades, de todas las consecuencias de este sistema. Creemos entonces que hablar sólo de cambio climatico sin criticar el sistema tecno industrial es caer en un reduccionismo es no ir a la raíz del problema.

El cambio climático y todas las nocividades son las consecuencias del proyecto de la tecnocracia que gestiona y administra nuestras vidas. Un proyecto que consiste en colonizar, dominar y mercantilizar todo lo vivo. Una vez colonizada y dominada la naturaleza el objetivo son los seres humanos, un proyecto basado en la convergencia de las tecnologías conocidas como NBIC (nanotecnologias, biotecnologias, tecnologias de la información, ciencias cognitivas) a las que podriamos añadir robotica e inteligencia artificial, su codicia y avaricia no tiene fin. Si semercantiliza todo hasta nuestras actividades más cotidianas los beneficios no parán de aumentar. Convertir el mundo y todo lo que habita en ello en una máquina programada donde nada escapa a su control: mundo-máquina, humano-máquina. Lo que nos lleva a una visión mecánica del mundo de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea.

El sistema tecno industrial necesita de grandes cantidades de energía para poder funcionar, cientos de programas de investigación con inversiones multimillonarias están dedicados a encontrar nuevas fuentes de energía. Esta necesidad de energía para que el mundo funcione tiene como consecuencia la devastación del territorio y la aniquilación de millones de animales humanos y no humanos. La energia industrial mueve el mundo es necesaria para la producción y distribución de todos esos objetos innecesarios que encontramos a nuestro alrededor, es la economía y es la guerra. El sistema ha comprendido y ha visto como un gran negocio que sólo las energías ´renovables´y ´limpias´permitirán su expansión y supervivencia, el nuevo proyecto de la tecnocracia es ´renovable´y ´sostenible´es ecológico. Este nuevo proyecto se extiende igualmente por todo el territorio desde los desiertos industriales de paneles solares y campos eólicos ( causantes también del cambio climático, devastación del territorio, canceres etcc)…) hasta las eco-ciudades (no-lugares donde todo esta controlado, optimizado y automatizado eso si de verde e igualmente productoras de cientos de nocividades y de una vida alienante). Así defender la energía verde es defender el proyecto que nos dirige a gran velocidad, a ritmo del progreso, hacia el abismo, es defender el proyecto de quienes están creando un mundo totalitario, es defender el proyecto de aquellos que gestionan y administran nuestras robotizadas vidas.

Por ello hacemos un llamamiento a una semana de lucha contra el cambio climático y toda nocividad del 20 al 27 de Septiembre. Desde una perspectiva anarquista, que desborde los limites impuestos por la socialdemocracia. Una semana más en la que mediante la acción directa en cualquiera de sus formas los diferentes individuos y grupos se enfrenten al sistema tecno industrial. La semana del 20 al 27 de setiembre es sólo una meta para el ecologismo liberal y estatista, pero para aquellos que aspiramos a la eliminación del estado, del capitalismo, el patriarcado y el sistema tecnoindustrial es una oportunidad para desbordar los estrechos márgenes de la domesticación e iniciar una vía autónoma, anticapitalista y anarquista contra la nocividad tecnoindustrial.

Ni el Estado ni la tecno-ciencia nos salvarán. La lucha es el único camino.

AMENAZADOS POR UNA CRISIS CLIMÁTICA PROVOCADA POR EL CAPITALISMO

Una vez el alud de datos y estudios hace irrebatible la realidad del cambio climático y que el entramado corporativo-capitalista se vea forzado a aceptarlo, ahora toca sacar provecho y convertir en una mercancía banal la acción en contra, en mercancía comercial y política para continuar extendiendo la dominación.

El desastre climático y sus impactos sobre la salud, la economía y los ecosistemas se ha convertido en instrumentos para profundizar y extender a todos los niveles de la vida (no solo la vida humana) del planeta. La angustia y la culpa se extienden y sirven a los intereses del sistema.

El sistema tecnoindustrial capitalista ha convertido la tierra en un infierno para millones de personas oprimidas, para miles de especies no humanas, animales y vegetales, y para los ecosistemas.

El resultado de la dominación climática y su mercantilización suponen el empobrecimiento y la alienación de la mayoría del mundo vivo, la destrucción de la biodiversidad y de miles de vidas humanas.

Toda esta mercantilización gira alrededor de una responsabilidad “compartida por todos, compartida como consumidores, y compartida por permitir que los políticos del estado, de la comunidad y del municipio lleven a cabo políticas devastadoras y efectúen simulacros, como las declaraciones de emergencia climática. Nunca se identifican los verdaderos responsables reales: los sistemas capitalistas, el estatal y tecnoindustrial que son los causantes finales del cambio climático.

¿CUALES SON LAS FUENTES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO? Y ¿QUIÉNES SON LOS EMISORES?

No se suele destacar que el 79% de los gases de efecto invernadero provienen directamente del sistema tecnoindustrial (la generación de energía, el transporte, la industria y la agricultura industrial) y sólo el 11,5% de los sectorrs residencial y comercial (IPPC 2015), otros estudios atribuyen a la ganadería el 14,5 (FAO 2013), la producción y distribución de alimentos seria del 25%, como podemos ver los valores de emisiones varían mucho según la fuente. Queda claro, sin embargo, que el sistema tecnoindustrial genera por encima del 80% de las emisiones.

Los medios de comunicación desvían la atención, escoden las responsabilidades del sistema y desvían las culpas sobre la población en general, los que emiten este pequeño 6%, los pobres que viven en pisos mal aislados, los trabajadores que se desplazan a polígonos lejanos sin transporte público, los desfavorecidos que consumen alimentos industriales superprocesados y que no compran en la eco-tienda, por barreras económicas, culturales y sociales.

Hay otras muchas estrategias tramposas para culpabilizar a la gente, y para convertir esta culpa en mercancía, por ejemplo en el uso de plásticos, la mayor parte del plástico (el propileno y el polietileno,) proceden del petróleo, el 90% del plástico producido va directamente a usos industriales. Poco más del 10% se convierte en productos de consumo general, pero nos cuentan que la culpa de todo es de las pajitas de plástico y de las compresas, no nos hablan de las piezas de máquinas y aparatos, de los recubrimientos o de los embalajes industriales… o de tantos usos necesarios para perpetuar el sistema.

El cambio global tendrá efectos directos y graves, cada vez más extendidos, y los más desfavorecidos serán los que padecerán las consecuencias, los pobres, los habitantes de los países colonizados, las mujeres, las niñas, los niños…

Ante esto los bomberos profesionales de los conflictos, los recuperadores de revueltas, los domesticadores de salvajismos se están anticipando a las posibles reacciones que se producirán cuando sintamos los efectos de esta crisis provocada.

EL ACAPARAMIENTO CAPITALISTA DE LOS RECURSOS AGRAVA LOS EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Ante la crisis, el capitalismo y los estados “desarrollados” para evitar sus efectos y especular con estos mismos efectos, están acumulando recursos. Tierras agrícolas en todo el mundo, minerales raros o imprescindibles para la industria… y, sobretodo, agua, que es una substancia imprescindible para la vida y para el funcionamiento de los ecosistemas.

Previendo la escasez del recurso , alrededor del agua se ha generado un movimiento especulativo muy intenso, los buitres de los fondos de inversión ya han puesto la mirada sobre ella a través de Fondos Cotizados de Inversión, los 13 fondos más importantes en el campo del agua acumulan 8.384 millones de euros, sólo en patrimonio y garantizan rentabilidades extraordinarias y continuadas. Según los desaprensivos de “Standard and Poor’s” el mercado del agua tendrá en el 2020 un valor de un billón (europeo) de euros.

Todo esto mientras el agua no es un recurso accesible (con la calidad necesaria) para todas las personas, todo esto pasa cuando centenares de millones de personas no disponen de un suministro de agua en condiciones y 2.000 millones se abastecen de agua con contaminación fecal.

EL CAPITALISMO HA PROVOCADO LA CRISIS CLIMÁTICA Y AHORA NOS QUIERE HACER PAGAR LAS SOLUCIONES!!… Y SEGUIR ACUMULANDO BENEFICIOS

Es inverosímil pensar que decenios de explotación, de deforestación, de destrucción de ecosistemas, de envenenamiento de los suelos, del aire y del agua, de vertido de residuos, de emisión de gases de efecto invernadero y de extractivismo galopante, no tendrían ningún efecto. Efectos que pagarán los de siempre.

Pero también es inverosímil pensar que la codicia, la avaricia, la prepotencia, la soberbia, la falta de escrúpulos y el afán de dominación del capitalismo y del sistema tecnoindustrial cederán ante las necesidades de las personas, de los ecosistemas y de la tierra. Solo una revuelta, una insurrección generalizada que les destruya podrá detener y poner solución a la devastación de la tierra y poner fin a la crisis climática.

Dentro de su lógica de dominación y de división territorial (estatal) del mundo hay una jerarquía que viene de antiguo que hunde sus raíces en la colonización y que se expresa como imperialismo y neocolonialismo (UE, EUA, Rusia, China…), donde los sometidos (menos las élites económicas y/o culturales de los países dominados) ocupan una posición subalterna y más vulnerable frente al cambio climático, al margen de la posición en la jerarquía mundial del país donde viven.

MIENTRAS HAYA CAPITALISMO LA DEVASTACIÓN SEGUIRÁ!!

De hecho capitalismo es sinónimo de cambio climático, desde sus orígenes hasta ahora mismo. Con la nocividad sobre los trabajadores industriales, con el hollín, el humo y tóxicos diversos sobre los barrios obreros, desde la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, hasta el Bangladesh o la China del siglo XXI, nocividad extendida sobre todo el planeta y a la que hay que añadir los tóxicos de la agricultura industrial y los efectos del cambio climático generado.

El cambio global afecta sobretodo a los pobres que son los más afectados por los fenómenos meteorológicos extremos (tifones, huracanes, inundaciones, sequías…), la subida del nivel del mar y el aumento de enfermedades ligadas a la temperatura.

Mientras los ricachones, no solo escapan a sus efectos (disponen de la tecnología y el control sobre el territorio), sino que además sacan provecho: nuevas inversiones millonarias en energías renovables, obras públicas milmillonarias de prevención de los riesgos (protección de costas, obras hidráulicas, nuevas redes de comunicaciones…).

El control de los desplazamientos de población causados por el cambio, control de fronteras, también da grandes beneficios a las industrias del complejo militar/policial.

En resumen, una vez más un “negocio del siglo”, del siglo XXI, y con lo que quede, del siglo XXII.

Seguramente los dominadores de la tierra tienen algún as guardado en la manga frente a crisis futuras, una especie de habitación del pánico, que en términos generales supondrá seguramente militarización, control social y, “naturalmente”, más opresión y más dominación.

Se suele considerar que un 1% de la población mundial derrochan más del 50% de los recursos, en otras valoraciones se dice que un 5% consume el 90% de la energía… Son evaluaciones muy discutibles, pero todas van en el mismo sentido, una minoría insignificante se apodera de la mayor parte del pastel. Es fácil imaginar que si el consumo de materia, energía, alimentos… de este 5% se igualase al del resto del mundo se podría revertir el cambio climático, pero es impensable que este 5% renuncie voluntariamente a sus privilegios. Así que tomando la metáfora del navío hundiéndose, este 5% es el porcentaje que será necesario tirar por la borda si no se conforma.

Indudablemente oponerse a la dominación económica y cultural, oponerse a la devastación y a la destrucción de la tierra, oponerse al tecnocapitalismo y a los estados tendrá un coste, un coste para las personas y los ecosistemas, pero como se decía durante la revolución social de 1936 “no nos importa heredar un mundo en ruinas, porque llevamos un mundo nuevo dentro de nuestros corazones”.

La semana del 20 al 27 de setiembre es sólo una meta para el ecologismo liberal y estatista, pero para aquellos que aspiramos a la eliminación del estado, del capitalismo, el patriarcado y el sistema tecnoindustrial es una oportunidad para desbordar los estrechos márgenes de la domesticación e iniciar una vía autónoma, anticapitalista y anarquista contra la nocividad tecnoindustrial de la invariante economía capitalista, su democracia-dictadura y sus sempiternos Estados burgueses de derecha o de izquierda.

17 de septiembre de 2019

UNA CRÍTICA RADICAL ACTUAL DEL CAPITAL Y SUS IZQUIERDAS POSTMODERNAS

Puzzle, 05/09/2019
Durante la investigación y acción revolucionaria es bastante común leer críticas y presenciar actos que, por muy bien intencionados que sean, se basan en lugares comunes de la crítica anticapitalista que la mayoría de las veces son resultados de una mala comprensión del capital. Para posicionarse desde una postura que realmente toque la fibra de aquello que se quiere destruir, es necesario indagar, conocer al enemigo. Esto no quiere decir que la teoría resuelva el mundo por sí sola y que baste con aprenderla, sino que es necesaria aplicarla para dirigir la consciencia a actos efectivos y concretos.
Si se entiende que el capitalismo es la sociedad organizada por las categorías del trabajo, del dinero, la mercancía y el valor, consecuentemente se podrá comprender que los movimientos que critican la producción capitalista (como el veganismo, ecologismo, decrecentismo, antidesarrollismo, autogestionismo) no podrán detenerla ni emanciparse de ella si no atacan estas categorías fundamentales que la constituyen. No podrán ser considerados anticapitalistas si no acometen conscientemente contra los fundamentos del capital, ya que el mercado se encarga de adaptarse a las demandas de quienes participan en él. Un capitalismo en que la comida y la ropa no estén hechas de animales es contradictoriamente imaginable. Es cuestión de proyectar en la mente una progresiva destrucción de todos los bosques del mundo para así despejar terreno y plantar monocultivos que permitan seguir produciendo con el fin de multiplicar el dinero, de obtener ganancia. El capitalismo es intrínsecamente destructivo.
Así también es bastante común encontrarse con críticas de fenómenos potenciados por el capital -como la explotación, la xenofobia, la injusticia, el clasismo-, pero carentes de análisis sobre el trabajo, el dinero y la producción de mercancías, que son los hilos de los cuales cuelga todo el sistema, junto a sus clases sociales y sus instituciones. El movimiento antifascista, que por muy importante que sea para defendernos de la violencia de la clase dominante, no es un movimiento necesariamente emancipador y anticapitalista, puesto que no tiene por objetivo la eliminación del trabajo y del dinero, sino que busca la erradicación de la violencia a través de la autodefensa, lo que no supone la eliminación del trabajo, del dinero, ni de la forma-mercancía.
Cada vez se hace más urgente detener y disminuir la producción y el consumo en general, no sólo de productos contaminantes y que provengan de la tortura, pero eso solo podrá realizarse y sostenerse en el tiempo si se detiene y supera la lógica que mueve al dinero, que es la lógica del valor. El responsable es más complejo que el vecino fascista, y no tiene forma humana. Es la forma-mercancía, creación humana que somete a los humanos, la que debe ser erradicada. Esto no quita ni exonera al fascista el hecho de ser cómplice y defensor de esta sociedad enferma y enajenada.
Si en la antigüedad fue la religión la que controlaba las mentes y vidas de las personas, en la actualidad el dinero se encarga de esto, y no discrimina credos, razas, géneros ni especies.
En referencia a las lecturas posmodernas que buscan criticar al capitalismo, compañerxs del grupo Barbaria han publicado un análisis más acabado al respecto, que aquí compartimos!: http://barbaria.net/2018/11/20/posmodernidad-o-la-impostura-de-una-falsa-radicalidad/