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13 de abril de 2021

Breve psicología de masas del triunfo electoral del banquero Lasso en la hacienda Ecuador

Tomado de Locura Proletaria, Quito, abril 2021

El banquero ladrón del feriado bancario de 1999 y apoyador de la brutal represión estatal de la revuelta de octubre de 2019, Guillermo Lasso, fue elegido democráticamente como nuevo presidente de esta hacienda  capitalista llamada Ecuador, este domingo 11 de abril del 2021. Si bien el porcentaje del ausentismo electoral y del voto nulo fueron "récord"[*] y el porcentaje de Arauz fue considerable, las masas votaron mayoritariamente por Lasso el banquero, el burgués, el explotador, el enemigo de clase, más por trauma y odio al correísmo (gobierno explotador, corrupto y represor, igual que todo gobierno) que por el programa político del candidato de la derecha empresarial tradicional. Las masas de este país, pues, sufren -¿o gozan?- de amnesia histórica (tanto del feriado bancario de 1999 como de la revuelta de octubre de 2019); quieren trabajar y trabajar para consumir hasta morir (aunque hacer esto ahora sea objetivamente más difícil, dado el alto índice de desempleo y subempleo existente); odian a su antiguo amo, patrón y padre autoritario (Correa, el "socialista del siglo XXI" igual de ladrón, mentiroso y represor que cualquier otro capitalista en el poder), pero en cambio quieren un nuevo amo, patrón y padre autoritario (Lasso, el banquero ladrón, socio de la mafia socialcristiana, neoliberal y proimperialista); y también quieren ser como él o al menos parecérsele, porque es "trabajador, emprendedor y exitoso" y porque busca "la paz social y el progreso". En fin, dado que el Estado es el resumen institucional oficial de la sociedad y no un ente separado de ella, psicosocialmente hablando el triunfo de Lasso en estas tierras representa el lado esquizofrénico y masoquista del deseo gregario en un contexto predominantemente contrarrevolucionario y, más concretamente, de crisis, pandemia y contra-revuelta. (Este tipo de contexto es, de hecho, la base material que explica el porqué de este tipo de psicología de masas.) O también, representa los azotes de la dictadura burguesa llamada democracia resonando sobre las espaldas de la clase trabajadora derrotada y ciudadanizada, domesticada, con patriótico y religioso autoflagelo incluido, tal como en una procesión de semana santa. Por cierto, en las masas está incluida -aunque lo niegue- la mal llamada "clase media", que en realidad es clase trabajadora con título profesional, con empleo pero que vive a punta de crédito y deudas, imbuida de arribismo, conservadurismo, esquizofrenia tapiñada y siglos de colonialidad. Así de enferma se encuentra la sociedad capitalista en esta parcela del planeta: la democracia en la cual las masas este domingo acaban de elegir como su presidente a un banquero que ya les robó y les dejó en la calle años atrás, es la misma democracia en la cual hace apenas más de un mes se dio la masacre dentro de las cárceles (lumpenproletarios matándose entre sí por orden de sus lumpenburgueses) y sus videos gore circulando en redes sociales junto con comentarios fascistas por parte de ciudadanos de bien (quienes de seguro también votaron por Lasso).

 ¿Será que las masas reaccionan con una nueva revuelta cuando el banquero las haga más mierda otra vez, a punta de privatizaciones, flexibilizaciones, paquetazos y hasta con nuevo feriado bancario y nueva oleada migratoria al extranjero? ¿A punta de terror de Estado cuando estallen nuevas protestas en las calles? (¿O será que desearán incluso algo peor, como una dictadura militar, tal como hace dos años lo desearon las masas en Brasil, por lo cual -entre otras razones- ganó democráticamente Bolsonaro? Cuidado con el lado perverso del deseo gregario...) Medidas antiproletarias todas éstas que no dependen de la ideología y la política económica de tal o cual gobierno en particular, sino que es lo que la actual crisis capitalista internacional le exige hacer a todo gobierno en general (si hubiese ganado Arauz, tarde o temprano tendría que hacer lo mismo, como lo hizo Correa). Pero la respuesta proletaria contra tales medidas también existe, como lo demostraron las revueltas del 2019. Y el FMI prevé una nueva oleada internacional de estallidos sociales para el 2022. Entonces ¿Octubre volverá, y recargado? Hasta que eso pase -si es que pasa-, a las masas nos toca seguir sobreviviendo en cada vez peores condiciones, tanto material como psíquicamente hablando. (Esto es más realista que una "ofensiva popular contra el neoliberalismo", como salieron a decir algunas organizaciones de izquierda no electoral el mismo domingo.) Pero aun así, este domingo las masas votaron por el banquero Lasso, como diciendo "te odio Correa y me vengo de tí simbólicamente votando por Lasso" y, al mismo tiempo, "pegue no más, patroncito", mejor dicho, "robe no más, banquerito" (los bancos nos roban todos los días en cada transacción), siga no más robando y gobernando (Lasso ha sido parte del gobierno de Mahuad y de Moreno), como si les “valiera verga” la vida o como si quisieran morirse de una vez (de coronavirus, de depresión o de hambre, pero morirse) o en, su defecto, creyendo que un banquero puede ser “Papá Noel” o “Jesucristo, Nuestro Salvador”… Asesinato simbólico del padre, síndrome de abandono, complejo de Electra, síndrome de Estocolmo, esquizofrenia, masoquismo, pulsión de muerte, deseo enajenado, idealización y paternalismo/clientelismo en un solo acto masivo, mejor dicho, de rebaño... Siga no más robando y pegando estos cuatro años siguientes, “taita amo patrón” Lasso, hasta que, como cuando se vira la tortilla, después de que el presidente banquero haya robado millones y millones de dólares a costa del trabajo ajeno y el sufrimiento de millones y millones de trabajadores y sus familias -creer que no lo va a hacer es como pedirle a la araña que no se coma a las moscas-, la misma gente ya no lo soporte en su bolsillo, su barriga, su garganta y su cabeza. Porque algún rato la explotación y la opresión es algo que se siente en el cuerpo (social) y éste reacciona. La historia reciente -feriado bancario de 1999 y revuelta proletaria del 2000- nos dice que ese es un escenario posible, por aquello de que "la historia se repite dos veces: una como tragedia y otra como farsa" (Marx, El 18 Brumario), o viceversa. Al parecer, "la pedagogía de la praxis" de las masas también incluye aquello de que "la letra con sangre entra", y en varios "rounds" o ciclos históricos. Así como también incluye la necesaria autocrítica despiadada, como el presente texto.

 No idealicemos, romanticemos, infantilicemos ni victimicemos al proletariado o al "pueblo". Las masas también se equivocan y aprenden de los errores, en carne propia y con cabeza propia, así sea después de muchos años o varias generaciones. Se equivocaron al sentarse a negociar en la revuelta de octubre de 2019 y se equivocaron al participar en elecciones presidenciales este año. Y esto es algo que hay que asumirlo y "trabajarlo", criticarlo y superarlo, asimismo en carne propia y con cabeza propia. Negarlo sólo reproduce y prolonga el problema de fondo: la capacidad de autoemancipación de las masas proletarias -que no en vano son la aplastante mayoría de la sociedad- boicoteada por su propia capacidad de autoenajenación y auto-opresión, en determinadas condiciones materiales históricas y sociales. Problema cuyas condiciones son detentadas y ejercidas por la burguesía en tanto clase dominante, porque debajo de sí tiene una clase dominada que le permite ser tal. Como en toda relación de poder, si hay un dominante es porque hay un dominado. Si hay un explotador es porque hay un explotado. Por eso mismo, donde hay dominación hay resistencia, donde hay explotación hay conflicto, donde hay miseria hay rebelión. Los dos polos de esta conflictiva relación de clase se implican, se reproducen y dependen mutuamente. Capital y Trabajo, y sus personificaciones sociales: burguesía y proletariado, conforman una unidad o totalidad social concreta, histórica y cotidiana, como en la relación amo-esclavo. (Relación que, políticamente y sobre todo en coyunturas electorales, se traduce en una bidireccional e insana relación paternalista/clientelar. Ejemplo concreto: el banquero Lasso ofreciendo trabajo y regalando alimentos en barrios populares y comunidades indígenas, a cambio de votos. Así como también hubo unos pocos barrios y comunidades que lo rechazaron incluso a piedrazos.) Por lo tanto, no se puede abolir el uno sin abolir el otro y, más concretamente, no se trata de "liberar al Trabajo" sino de liberarse del Trabajo para liberarse del Capital y del Estado. Por lo tanto, la revolución social no consiste en "la toma del poder" ni en "la autogestión" de la sociedad capitalista por parte del proletariado o la clase trabajadora, sino, por el contrario, en la autoabolición del proletariado, entendido como la contradicción viviente que sostiene y motoriza a toda esta sociedad burguesa. Porque la lucha de clases es el motor dialéctico del desarrollo, la crisis, la reestructuración y también de la posible destrucción/superación revolucionaria del capitalismo. Y, sobre todo, porque abolido el esclavo -el proletariado-, abolido el amo -la burguesía-; es decir, porque así quedaría abolida la relación de clase y, sobre esta base pero de manera inseparable, quedaría abolida también toda otra forma de opresión y explotación actual (de sexo, género, "raza", nacionalidad, edad, especie, etc.). Lo cual implica y exige necesariamente -junto con la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y distribución, de la producción mercantil y del Estado- la autocrítica y autotransformación integral de la humanidad proletarizada en el sinuoso y tortuoso camino de la lucha por sus necesidades materiales y vitales contra las necesidades fetichistas y psicópatas de explotación y acumulación por parte del Capital y su Estado; esto es, la autocrítica y la autotransformacion del -heterogéneo y dividido- proletariado al calor de la misma lucha de clases y la revolución social. Sin lo cual, no es posible su autoemancipación y su autoabolición, es decir no es posible la revolución. Este tipo de autocrítica es, de hecho, parte de no idealizar y no victimizar al proletariado, sino de recordarnos que somos responsables y capaces de nuestra propia emancipación, así esto nos "cueste" generaciones.

 Entonces, que el catastrófico desarrollo del capitalismo y la lucha de clases real hagan lo que tengan que hacer, para ver si así las masas proletarias dejan de pelear por los intereses de sus patrones y amos de derecha y de izquierda por igual, dejando a la par de creer en salvadores y representantes de todo tipo; y empiezan de nuevo a confiar sólo en sus propias fuerzas para producir y controlar sus propias vidas, sin necesidad de Estado ni de mercado, de jefes ni de intermediarios económicos ni políticos, mediante su autoorganización asamblearia y territorial que se haga cargo de, y transforme en la marcha, todos los asuntos de la vida cotidiana de las masas. Las revueltas, insurrecciones y comunas proletarias de hace dos años en todas partes demostraron que esto sí es posible. Reiteramos: sólo el mismo desarrollo catastrófico del capitalismo y la lucha de clases real pueden producir tales condiciones y situaciones. Porque, histórica y estructuralmente hablando, el capitalismo contiene contradicciones mortales y produce su propio sepulturero. Y porque el comunismo no es una ideología ni una utopía, mucho menos ese capitalismo de Estado que fue la URSS y China, sino "el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual" (Marx, La Ideología Alemana), el movimiento práctico que tensiona y subvierte las condiciones existentes. La "conciencia de clase", actuando como fuerza material social, es consecuencia y no causa de ello, contrario a lo que piensan, dicen y hacen las variopintas vanguardias iluminadas y "concientizadoras" de izquierdas, que en realidad también luchan por ser los nuevos representantes, organizadores y jefes de sus "liberados". Por su parte y por el contrario, la autodeterminación y la autorregulación colectiva e individual son características de un organismo social sano -entendiendo por sano lo desalienado o lo libre de alienación-: la comunidad material de los individuos libremente asociados o el comunismo en anarquía; más aún si proviene espontánea, caótica, contradictoria e impuramente del antagonismo, la ruptura y la autoliberación de un organismo social vivo pero putrefacto como lo es este sistema de enajenación, explotación, dominación y muerte. La nueva sociedad sin clases ni Estados sólo puede ser el resultado de este movimiento social de carácter contradictorio e impuro, histórico e internacional, impersonal y anónimo. Decimos impersonal y anónimo, ya que el movimiento revolucionario del proletariado es el movimiento de los nadies y los sin nada que perder que lo queremos todo para disfrutarlo en común porque, a fin de cuentas, "todo es de todos": sí, el proletariado ha producido todo lo que existe y, por tanto, todo debería pertenecerle y ser para su disfrute... Sin duda, todavía estamos lejos de la revolución social que acabe con el capitalismo y la sociedad de clases. Pero, al mismo tiempo y dialécticamente, sólo la lucha de clases real y su devenir es el camino para ello y quien tiene la última palabra. Sí, el proceso y el devenir de la lucha de clases real es lo esencial y lo determinante en la historia. Hasta entonces, a las masas nos toca seguir luchando por la sobrevivencia diaria en cada vez peores condiciones. Lo cual, desde luego, es y será una bomba psicosocial de tiempo cuyo desenlace es incierto.

Nota bene: La única manera de realmente comprender y transformar la realidad es aceptarla tal cual es y no como creemos ni como quisiéramos que fuera. El principio de realidad o de inmanencia es revolucionario, por más que sorprenda, perturbe, escandalice, incomode, moleste, choque y/o duela. (Dos ejemplos: el lado perverso y la fuerza material del deseo gregario, así como también la capacidad de autoemancipación integral de las masas y los individuos.) En este último caso, es un dolor que libera del autoengaño. La psicología de masas, iniciada por el psicoanalista anarquista Otto Gross y el freudomarxista Wilhelm Reich, forma parte de este horizonte-camino revolucionario y, por lo mismo, marginal y a contracorriente, más aún en estos tiempos y en estas tierras. Lo cual, sin embargo, no impide que unos proletarios lo reivindiquemos, lo sostengamos y lo comuniquemos al resto de proletarios -de esta y de nuevas generaciones- para su reflexión, discusión y acción autoemancipatoria. 


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[*]  Sobre el porcentaje "récord" del voto nulo y del ausentismo en las recientes elecciones presidenciales de la hacienda Ecuador, huelga decir que, si bien es un síntoma de malestar frente a la farsa electoral e incluso frente al orden establecido, no es garantía de que ese malestar se esté (auto)politizando en una dirección revolucionaria, es decir en una dirección comunista y anárquica de masas. Ni siquiera en la revuelta de octubre de 2019 fue así. Peor ahora. Para nada. Las masas siguen luchando a diario por su sobrevivencia material y psíquica en cada vez peores condiciones; pero, al mismo tiempo, siguen creyendo en representantes y salvadores de todo tipo, es decir siguen engordando a su autoenajenación y su auto-opresión en beneficio de la clase dominante. 
Algunos conocidos de izquierdas dicen, con ingenuidad y optimismo, que es decidor, positivo y esperanzador que "un tercio de la población" de esta hacienda capitalista no haya votado por Lasso ni por Arauz... pero igual votó. Incluso dicen que esto es un "rechazo de las elecciones burguesas" y que "el voto nulo se está organizando en los sectores populares". Falso. El voto, aunque sea nulo, sigue siendo voto, el acto democrático y ciudadano por excelencia. El voto nulo no rompe ni desborda las reglas de juego de la dictadura de la burguesía y su Estado llamada democracia; al contrario, las reproduce, en este caso, "desde abajo y a la izquierda". Con y sin voto nulo, con y sin elecciones, el Estado democrático burgués sigue siendo el monopolio de la decisión y la dictadura de los ricos sobre los pobres. 
La realidad aquí y ahora es que, en un contexto de crisis, pandemia y contra-revuelta, el proletariado está derrotado, ciudadanizado, domesticado y sigue brillando por su ausencia en tanto sujeto autónomo, antagonista y revolucionario, por más que haya organizaciones-vanguardias de izquierda que "se saquen la madre" haciendo "trabajo de base" y de "concientización", para llegar a ser sus nuevos "libertadores" y opresores de izquierda, imitando ese capitalismo de Estado del siglo XX mal llamado "comunismo". Porque no se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo, recuperando el control sobre nuestras vidas y las condiciones que las hacen posibles. La emancipación de los trabajadores -mediante la autoorganización, la acción directa, la solidaridad, la insurrección y la comunización- será obra de los propios trabajadores o no será obra de nadie. 
Por lo tanto, no hay que hacerse falsas expectativas con ese "tercio de la población" que democrática y ciudadanamente votó nulo y que no votó, ni mucho menos con los otros dos tercios de la población que democrática y ciudadanamente votaron por el correísta Arauz y por el banquero Lasso -ahora presidente-, por más que choque y duela admitir esta cruda y adversa realidad. Las masas están luchando a diario por la sobrevivencia alienada, no por la revuelta ni menos por la revolución (no en vano Lasso representa al "empleador" que "nos va a dar trabajo"). La revolución está en otra parte y todavía está lejos, por más que hoy sea más necesaria que nunca. Desgarradora contradicción de este período histórico.
Sin embargo, el mismo desarrollo catastrófico del capitalismo y la lucha de clases real harán lo suyo para que ya no lo esté o, al menos, no tanto. En la historia se ha visto situaciones en que los látigos de la contrarrevolución hacen andar a los caballos de la revolución. Una dictadura democrática empresarial como la de Lasso sin duda será contrarrevolucionaria a tope. Y el FMI prevé una nueva oleada internacional de estallidos sociales para el 2022. Pero sólo la lucha de clases tiene la última palabra y, más concretamente, lo que la clase proletaria haga o no por su propia emancipación en tales situaciones.

10 de marzo de 2014

NO SE TRATA DE CAMBIAR DE AMO, SINO DE NO TENERLO


(Sobre los recientes resultados electorales en ecuador) 

Elecciones 2014 en ecuador: la “oposición de derecha” ganó las alcaldías de las ciudades principales del país, es decir ganó la fracción empresarial de derecha (rodas, nebot, cabrera, etc.) sobre la fracción burocrática de izquierda (barrera, bonilla, granda, etc.) del mismo capital-estado, que no obstante sigue siendo la fracción política dominante a nivel nacional (correa sigue siendo el presidente, su partido tiene la mayoría de la asamblea nacional, ministerios, otras alcaldías y prefecturas en todo el país, etc.). De todos modos, “ganó la democracia”, sí: ganó la dictadura democrática del capital sobre el proletariado; sí: ganaron sólo los ricos y poderosos, junto con sus políticos y sus perros guardianes uniformados. A nivel local, entonces, lo único que se ha dado es un cambio de amos, de patrones y de administradores: antes eran los de izquierda, ahora son los de derecha otra vez. Pero nosotros, la mayoría de la población que vive del trabajo asalariado, seguimos siendo explotados y oprimidos. Nada fundamental ha cambiado.  
El problema es que estos mercaderes políticos profesionales, tanto de derecha como de izquierda, le tienen embobada a nuestra clase social con sus discursos, ofertas, cuentos, falsos problemas y debates, etc. Por ejemplo, es un falso debate lo de “derecha conspiradora y fascista contra el gobierno revolucionario” al igual que lo de “la derecha va a equilibrar y a democratizar el país”, en fin lo de “¿izquierda o derecha?” o lo de “¿gobierno u oposición?”: ¡ni lo uno ni lo otro! ¡En el fondo son la misma mierda capitalista! Así como también es una ilusión, por ejemplo, creer que fue “un voto de protesta y rechazo al gobierno”* y/o que “las cosas van a mejorar con un nuevo alcalde” (el burguesito rodas, en el caso de quito), si por ello se entiende que vamos a “vivir mejor”. Pueden reducir los impuestos (¿?) y mejorar los servicios, etc., pero esas son cosas más que secundarias y aparentes. Insistimos: nosotros seguimos y seguiremos siendo explotados y oprimidos. Y los patrones de derecha y de izquierda por igual siguen y seguirán siendo la clase dominante, el Estado.
 ¿Por qué? Porque, al no ser dueños de los medios materiales de vida, tampoco somos dueños de nuestras propias vidas ni decisiones. Somos esclavos asalariados, pero que creen ser “ciudadanos libres e iguales ante la ley gracias a la democracia”. Y porque absolutamente todos los políticos, tanto de derecha como de izquierda, son representantes de los intereses de distintas fracciones del mismo capital, es decir todos ellos son capitalistas que viven a costa de nuestra explotación y dominación. Sólo representan sus intereses, no los nuestros. No son nuestros “representantes”, son nuestros explotadores y opresores con distintas caretas y disfraces. Son nuestros enemigos de clase. (¡Y pensar que hay esclavos que celebran y defienden a sus diferentes amos!) 
El problema de fondo, por consiguiente, no es tal o cual candidato, alcalde, partido, y ni siquiera el gobierno: el problema de fondo es todo el sistema democrático de explotación y dominación capitalista que a diario nos impide ser los verdaderos dueños de nuestras vidas y decisiones, que a diario nos destruye como clase y como seres humanos. Por eso “no se trata de cambiar de amo, sino de no tenerlo.”
 Proletarios: mientras no despertemos y no luchemos como clase, como proletariado, contra el capital-estado y todos sus representantes de derechas e izquierdas, éstas seguirán en sus pugnas de poder, en sus peleítas entre patrones y sus respectivos lacayos políticos (“allá entre blancos”), utilizándonos en este asqueroso show democrático ó como espectadores pasivos que opinan y votan cual borregos (o sea, ciudadanos) ó como carne de cañón en las calles (como actualmente está ocurriendo en venezuela). Por el contrario, la experiencia histórica de la lucha de clases y las recientes revueltas internacionales demuestran que cuando el proletariado reemerge y lucha como tal contra el yugo capitalista y estatal, derechas e izquierdas se unen en su contra en un sólo partido: el partido de la democracia, el partido de la contrarrevolución. Lo que pasa es que, como en el fondo son la misma mierda, derechas e izquierdas del capital le temen al proletariado autónomo y revolucionario que en su lucha porta “el fantasma del comunismo” y la anarquía; esto es, de la sociedad sin explotadores ni explotados, sin propiedad privada, trabajo asalariado ni capital, sin clases ni Estado, sin patrias ni cárceles de ningún tipo... una comunidad humana real y mundial. Esto no es una utopía, es una posibilidad y una necesidad histórica para la humanidad y el planeta entero. 
Pero al parecer, será el mismo látigo de la contrarrevolución actual y de la miseria (no sólo económica sino de existencia) que vivimos a diario, el que, al menos por estas tierras, provocará que nuestra clase proletaria reaccione y se levante nuevamente como tal; que luche sin representantes ni intermediarios por las necesidades humanas contra el capital y el estado; que los proletarios confiemos solamente en nosotros mismos y dejemos de tener miedo de decidir y de luchar de verdad, es decir luchar para destruir lo que nos destruye (¡todo este inhumano sistema de muerte!) a fin de reapropiarnos de nuestra vida y las condiciones materiales que la hacen posible. Mientras tanto, los proletarios revolucionarios, aunque hoy seamos una ínfima minoría, seguiremos resistiendo y luchando a contracorriente: contra derechas e izquierdas por igual, contra la esclavitud asalariada y la tiranía estatal, contra la dictadura democrática del capital, contra el rebaño ciudadano y democrático. Como decía un histórico compañero revolucionario: “hoy en día, comportarse como un ser humano significa, fundamentalmente, comportarse revolucionariamente”.
¡SOMOS PROLETARIOS, NO “CIUDADANOS”!
 ¡NADA DE REPRESENTANTES: AUTONOMÍA PROLETARIA!
 ¡A COMBATIR A LA DERECHA Y A LA IZQUIERDA DEL CAPITAL POR IGUAL!
 ¡QUE SE VAYAN TODOS!
 ¡ABAJO LA DEMOCRACIA! ¡ABAJO EL CAPITAL Y EL ESTADO!
 ¡POR LA LUCHA DE CLASES Y LA REVOLUCIÓN PROLETARIA MUNDIAL!
 ¡POR EL COMUNISMO Y LA ANARQUÍA SIEMPRE!
brigada fantasma de agitación comunista-anarquista
quito-ecuador, fines de febrero 2014


* Ilusión compartida tanto por sectores empresariales, políticos y académicos de derecha como por ciertos ecologistas ("Yasunidos"), políticos y académicos de izquierda, cada quien a su forma y con su discurso. En cualquier caso, una ilusión democrática y por tanto burguesa y reaccionaria. 

4 de marzo de 2014

¡CONTRA LAS ELECCIONES, CONTRA LA DEMOCRACIA!

De nuevo elecciones en esta parcela capitalista llamada ecuador: espectacular y repudiable farsa donde  “elegimos” a los políticos, es decir a esos burgueses, sus familiares y sus empleados-títeres bien vestidos, sonrientes, que nos ofrecen “el oro y el moro” y dicen “representarnos” para, de esa manera, robar –legal e ilegalmente- a los proletarios lo que producimos con nuestro trabajo así como nuestro poder de decidir sobre nuestras vidas. A esos que, junto con sus jueces y sus periodistas, nos tachan de “vándalos”, “terroristas” y ordenan reprimirnos, encarcelarnos y matarnos cuando nos “atrevemos” a atacar y destruir lo que nos destruye: la propiedad privada, el trabajo, la mercancía y la policía. Por eso votar no es elegir ni mucho menos decidir, es “darle más poder al poder”. Al votar (sea por un partido de izquierda sea para dizque evitar la explotación petrolera del Yasuní o para dizque impedir la firma de un tratado de libre comercio con la unión europea), no manifestamos ni cambiamos nada, ni siquiera de a poco ni “simbólicamente” -¡vaya ilusión!-. Al votar, lo único que hacemos es reproducir y consolidar el poder estatal de los malditos capitalistas sobre nosotros los desposeídos de propiedad y de poder, los proletarios. Pero sobre todo, al votar nos volvemos cómplices de nuestra propia opresión y explotación; creyendo ilusamente ser “libres e iguales” ó “protestar contra este gobierno mediante el voto”, lo único que hacemos es legitimar nuestra condición de esclavos asalariados sin conciencia ni poder sobre nuestras vidas, de borregos de la clase dominante. Nuestro voto en realidad es nuestra jaula y nuestro látigo. Proletarios: ¡No nos quejemos, pues, de los políticos después de haberlos “elegido”! ¡Elijamos luchar por cuenta propia y sin “representantes” para reapropiarnos de nuestras vidas y destruyamos todo aquello que nos lo impida!

Sí: somos proletarios que estamos contra las elecciones; más aún: estamos contra la democracia. ¿Por qué? Porque ésta no es una simple forma de gobierno, la “mejor” o la “menos mala”, sino que la democracia es el modo de ser y de vida de esta sociedad capitalista y su dios dinero, donde la única libertad e igualdad que tenemos es para comprar y vender mercancías, donde todo y todos somos mercancías, ya que nos vendemos en el mercado laboral para que los capitalistas nos exploten mediante el trabajo asalariado, compramos a otros las cosas que nosotros mismos producimos para sobrevivir, y “elegimos” a sus políticos para que el orden y la normalidad se mantengan, o sea para que ellos sigan siendo los dominantes y nosotros los dominados. La sociedad de la mercancía es la sociedad de la democracia, cuyo orden se encuentra celosamente protegido por la policía, el ejército, la represión, la cárcel; es decir, no hay democracia sin terrorismo de Estado, porque en realidad la democracia es la dictadura del capital sobre el proletariado. Su diferencia con una dictadura militar no es, pues, más que de forma y de momento: en la democracia, la dictadura del capital se camufla o se disfraza; en la dictadura militar, se quita el disfraz o se desnuda, pero en el fondo son lo mismo.* Por eso quien ejerce esta dictadura capitalista permanente es el Estado, que no es más que el mismo capital concentrado y organizado en forma política, militar e ideológica para la dominación; la junta que administra los negocios comunes de la burguesía y que monopoliza legal y “legítimamente” la decisión y la violencia en la sociedad; la mafia de las mafias. Y ninguna región ni país del mundo es la excepción, porque el capitalismo –y su estado- es mundial, porque la dictadura democrática del capital es mundial.

Proletarios: la democracia nos destruye como clase o sujeto colectivo revolucionario. Nos divide e individualiza de mil y un formas, principalmente al convertirnos en mercancías-trabajadores-consumidores y al hacernos creer ideológicamente que no somos proletarios sino “ciudadanos” que “decidimos” al sufragar en las urnas, es decir idiotas útiles del espectáculo de la representación, de la política. Todos los “derechos” y “libertades” democráticos (como la “libertad de expresión”, de votar o de “participar” en sindicatos, partidos, frentes, “colectivos”, etc.) no son más que mitos efectivos para mantenernos como esclavos asalariados atomizados y pacificados, inofensivos; como “masa” ciudadana o “pueblo” democrático, que es todo lo contrario al proletariado en tanto que negación viviente o movimiento de destrucción y superación del capital, por tanto, de la democracia. Siendo que sólo en la comunidad de lucha proletaria real se prefigura la comunidad humana real sin explotación ni opresión, sin separación y por lo tanto sin representación: el comunismo o la anarquía. Precisamente por esto la democracia teme y anula al proletariado convirtiéndolo en una masa inerte de individuos-ciudadanos, productivos y consumistas. Lo que, por desgracia, le sigue dando resultado hasta el momento, pues la mayoría de proletarios aún cree que “somos iguales y libres gracias a la democracia”. Mientras que la burguesía sabe bien que es al contrario y, entre dientes, dice con razón: “¡Imbéciles: son mis esclavos!”

La dominación democrática no funcionaría ni sería posible sin la existencia y la competencia de la derecha y la izquierda. Las cuales, en realidad, no son contrarias, son complementarias, como los dos lados de la misma moneda. Sus debates y sus disputas (por puestos de poder, leyes, reformas, presupuestos, obras, impuestos, notas de prensa, etc.), además de ser secundarias y superficiales o problemas falsos, son peleas entre patrones y sus lacayos arribistas por la repartición del pastel del poder político, el dinero y la popularidad… Derecha e izquierda son diferentes moscas disputándose la misma mierda o, mejor dicho, la misma mierda con diferentes moscas. Lo grave de esto, en el fondo, es que estas distintas fracciones del mismo capital-estado nos emboban con su propaganda y sus ofertas, nos ponen a discutir esos falsos problemas, nos utilizan como masa electoral o carne de cañón en sus disputas y, de esta manera, nos anulan o destruyen como clase autónoma y revolucionaria. Eso es lo que hace el gobierno “socialista del siglo XXI” de correa (o de ap), que en realidad es la dictadura democrática y progresista del capital sobre el proletariado en esta cárcel patriótica llamada ecuador; de hecho, el gobierno de la “revolución ciudadana” es el más capitalista y contrarrevolucionario de la historia de este país. Mientras que su “oposición” democrática, sea de derecha (nebot, rodas, psp, etc.) sea de izquierda (mpd, pachakutik, ps-fa, etc.), es una oposición igualmente burguesa, igualmente contrarrevolucionaria. En resumidas cuentas, proletarios: todos los partidos de derecha y de izquierda son capitalistas y sólo velan por sus mezquinos intereses, en contra de nuestros intereses.

Por eso la democracia sólo es y puede ser capitalista o burguesa (¡no existe la “democracia verdadera, buena, participativa, directa” ni peor aún la “democracia obrera, socialista, revolucionaria”!). Por eso toda izquierda –de cualquier color y denominación- siempre ha sido y será la izquierda del capital o la social-democracia, enemigo histórico pero camuflado del proletariado, de la revolución social real. Por eso a la dictadura democrática del capital no se la combate desde la misma democracia –esto es, participando en elecciones o recolectando firmas para una “consulta popular”, con diálogos y negociaciones o con protestas ciudadanas y pacíficas-; sino solamente desde la acción directa y autónoma del proletariado para reivindicar e imponer nuestras necesidades humanas o intereses de clase, por fuera y en contra de todas las instituciones democráticas del capital y el estado: empresas, gobierno, congreso (“asamblea nacional”), ministerios, ejército, policía, partidos, sindicatos, ongs, iglesias, universidades, medios de comunicación, etc. Lo cual puede manifestarse desde una simple hoja volante hasta una lucha callejera, desde un pequeño boicot o sabotaje hasta una huelga real…

En este caso, ni siquiera “votando nulo”, como proclaman algunos grupúsculos izquierdistas pseudorevolucionarios, porque esto no deja de ser otra forma de protesta democrática, ciudadana, burguesa; sino dejando de votar, absteniéndonos de manera conciente, activa y colectiva, y denunciando el carácter capitalista de las elecciones y de toda la democracia. Pero no sólo eso, se trata de ir mucho más allá, es decir no es una cuestión individual de votar o no votar –y de ser o no multado- (lo que sería otro falso y burdo dilema), sino de luchar como clase contra toda la explotación y dominación capitalistas siempre que y donde sea posible (en el trabajo, en el lugar de estudio, en la calle, en el barrio, en la casa…), de practicar la solidaridad de clase, de organizar colectiva y militantemente esa lucha y esa solidaridad, de reapropiarnos de nuestra experiencia histórica y nuestra teoría revolucionaria como proletariado, de profundizar o radicalizar la conciencia y la acción clasistas y anticapitalistas; en fin, se trata de romper con la totalidad del capitalismo, de la democracia. Entonces, proletarios: ¡No votemos: luchemos y organicémonos como clase por fuera y en contra de todas las estructuras y formas del capital y el estado! ¡Rompamos revolucionariamente con toda esta mierda capitalista y democrática para reapropiarnos de nuestras vidas y vivirlas de verdad!

Es cierto que el pinche “certificado de votación” sirve para “todo tipo de trámite” y que no es nada “bonito” que nos multen –o sea que el estado nos robe aún más- por no haber ido a votar. Pero recordemos que al votar, ajustamos y legitimamos nuestras propias cadenas. Reconozcamos también que ya nos roban nuestro esfuerzo y nuestro tiempo todos los días en el trabajo, en las aulas, en el cobro y la utilización de los servicios, etc. Además, gane quien gane las elecciones, nada cambiará: seguiremos siendo explotados y oprimidos. Por el contrario, al no ir a votar (al igual que al no ir a trabajar, a estudiar, o al apropiarse de ciertos productos o usar ciertos servicios sin pagarlos… en fin, al romper la rutina y la normalidad cuando sea posible) y, en cambio, al ponernos a luchar de manera conciente, colectiva, organizada, autónoma y directa por nuestras necesidades vitales, recuperamos de algún modo nuestro ser proletario (ya que el proletariado se afirma como tal al luchar contra el capital), el control sobre nuestra vida, nuestra dignidad, nuestra humanidad… Sería algo así como un síntoma, una expresión de rechazo no sólo contra este farsante y tiránico gobierno capitalista sino contra toda esta miserable no-vida que nos toca soportar diariamente; un (re)inicio, una chispa que, si no es ahora, mañana tarde o temprano se prenderá y crecerá sin poder ser controlada. Y eso es algo que los ricos y poderosos, y sus bomberos socialdemócratas, realmente temen. Ya va siendo hora, proletarios, de que dejemos de tener miedo y de que más bien empecemos a darlo, tal como nuestros hermanos de clase ya lo están haciendo en otras regiones y países…

La dictadura democrática y progresista del capital hoy es más catastrófica y asesina que nunca en todo el mundo de mil y un maneras: depreda la naturaleza, aumenta la explotación, sube los precios y baja los salarios, arroja a millones al desempleo y la miseria, mata de hambre o a balazos… Por esto mismo, la llama de la revuelta proletaria se ha encendido de nuevo en todas partes (brasil, chile, siria, egipto, turquía, suecia, grecia, españa, ucrania, bosnia, china, bangladesh, etc.). Tarde o temprano, la revolución proletaria o comunista mundial será una cuestión de vida o muerte para toda la humanidad (y la naturaleza). El proletariado no tiene absolutamente nada que aportar –ni siquiera “críticamente”- a esta sociedad mercantil-democrática que lo niega y lo destruye a diario. Para afirmar su humanidad, para gestar y vivir la comunidad humana, sólo puede y tiene que destruirla por completo y de raíz. ¡No nos preparemos, entonces, como “buenos ciudadanos” para las elecciones nunca más! ¡Preparémonos como clase para la revolución, para destruir lo que nos destruye: el mundo de la mercancía y por ende de la democracia! Esta vez será no ir a votar, denunciar al enemigo y reanudar la lucha de clase; en el futuro, posiblemente será quemar las urnas y tomar el poder sobre nuestras vidas como parte de una insurrección que imponga la dictadura revolucionaria del proletariado, es decir la dictadura social, antiestatal y mundial de las necesidades humanas sobre el capital, verdugo de la humanidad y la naturaleza, de la vida. De lo contrario, simplemente moriremos… sin antes haber vivido de verdad, humanamente. Hasta entonces, sólo luchar será vivir y vivir será luchar.

¡LA DEMOCRACIA ES LA DICTADURA DEL CAPITAL SOBRE EL PROLETARIADO!

¡LA DEMOCRACIA SE BASA EN NUESTRA ESCLAVITUD ASALARIADA Y LA GARANTIZA!

PROLETARIOS: ¡A LUCHAR CONTRA LA DEMOCRACIA!

¡EN LAS ELECCIONES NO ELEGIMOS NI DECIDIMOS NADA, NO NOS ENGAÑEMOS!

¡NO VOTEMOS NI NOS QUEJEMOS: LUCHEMOS Y ORGANICÉMONOS AUTÓNOMAMENTE CONTRA EL CAPITAL, EL ESTADO, LOS PARTIDOS, LOS SINDICATOS, LOS FRENTES, LAS PATRIAS!

¡NO NOS PREPAREMOS PARA LAS ELECCIONES NUNCA MÁS,
PREPARÉMONOS PARA LA REVOLUCIÓN COMUNISTA!

¡POR LA GUERRA DE CLASES Y LA DICTADURA REVOLUCIONARIA
DEL PROLETARIADO A NIVEL MUNDIAL!
 
¡RECUPEREMOS EL PODER SOBRE NUESTRAS VIDAS PARA VIVIRLAS DE VERDAD Y DESTRUYAMOS TODO AQUELLO QUE NOS LO IMPIDA!


brigada fantasma de agitación comunista-anarquista

quito-ecuador, febrero 2014



* Como bien lo explican unos compañeros del cono sur: la dictadura militar no surge contra la democracia; es la continuación de su tarea cuando ésta se muestra impotente para aplastar el avance de la lucha proletaria que amenaza los intereses capitalistas. Cuando la cooptación democrática por parte del estado y de su cómplice, la izquierda del capital, se muestra insuficiente, a la burguesía sólo le queda “la razón de la fuerza”. Y cuando el proletariado enfrenta a la dictadura militar y amenaza con tirarla abajo, la burguesía nuevamente recurre a la democracia. En cualquier caso, siempre se trata de la dictadura del capital sobre nuestra clase.


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Agradecemos la difusión, discusión y reproducción de este material por todos los medios posibles y en todas partes. 

Volante A4 en PDF 

Volantes A5 en PDF 

Cartel A3 en PDF

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Carteles antielectorales de compañeros internacionales: