1 de febrero de 2021

[Memoria] Sobre Severino di Giovanni y «El derecho al ocio y a la expropiación individual»

El contexto y el personaje de Severino di Giovanni (Italia 1901-Argentina 1931) ya no existen y no volverán. Hablar sobre él en este día, a 90 años de su fusilamiento, no tiene nada que ver, entonces, con la nostalgia ideológica y romántica por el pasado del movimiento revolucionario y sus "héroes" (ej. Durruti), con el culto a la personalidad, ni con el anarquismo expropiador e insurreccionalista -al cual respetamos pero también le tenemos algunas críticas compañeras-. Lejos estamos nosotros de todo aquello.

Tiene que ver con la reivindicación del ocio y la expropiación, practicados y teorizados por Severino di Giovanni, porque los consideramos como unos medios (la expropiación) y fines (el ocio) de la lucha de clase del proletariado contra el mundo del trabajo, la propiedad privada y el capital, junto con su Estado y su moral, en el ciclo histórico actual de la lucha de clases -en el cual la crisis del capital es crisis del trabajo-. Golpear al trabajo y la propiedad privada -y nosotros agregaríamos: golpear al valor, a la mercancía y su fetichismo- es golpear donde realmente le duele al capitalismo.

Entonces, hablar de di Giovanni hoy en día nos hace sentido porque estas prácticas y estas ideas anti-trabajo y pro-expropiación han existido, existen y existirán por parte de nuestra clase y su vida en conflicto con el capital y el estado, hasta abolirlos. Severino sólo fue un proletario más que hizo esto como una partícula individual activa más del movimiento social real, histórico y mundial de negación, supresión y superación del orden de cosas actual: el comunismo -no el marxismo-, la anarquía -no el anarquismo-. En este estricto sentido, es que recordamos y reivindicamos a este compañero histórico.

Ésto último hay que reivindicarlo también frente al mito del Severino "anarco-individualista" (que, a su vez, abona el culto a su personalidad en filas anarquistas): el mismo Severino tenía clarísimo que formaba parte de -en sus propias palabras- «el despertar del león proletario en la guerra de clases». Por eso comprendía e implicaba su acción individual como acción de clase contra clase. Al igual que lo hicieron muchos otros anarquistas expropiadores y "terroristas" de aquella época (ej. galeanistas como Sacco y Vanzetti o, unos años antes, los anarquistas de Bialystok).

De igual manera, y al igual que todo compañero histórico, Severino no está a salvo de haber tenido contradicciones y limitaciones ni de haber cometido errores y horrores; por lo tanto, no está a salvo de la necesaria «crítica despiadada» por parte de las actuales generaciones de proletarios en lucha para seguir avanzando en la praxis revolucionaria de autoemancipación del proletariado para dejar de serlo. Al fin y al cabo, la historia de la práctica y la teoría revolucionarias es un arsenal que hay que saquear y empuñar para ello. Irónica pero lógicamente, Severino estaría de acuerdo.

Dicho esto, compartimos «El derecho al ocio y a la expropiación individual», texto del propio di Giovanni publicado en el número 8 (mayo 2007) de la edición en papel de la revista «Rojoscuro» (Santiago de Chile). Revista y blog que respetamos, mas no compartimos su ideología insurreccionalista. Sin embargo, coincidimos con ellos en la necesidad y la reivindicación de la violencia revolucionaria practicada por el proletariado contra el Capital-Estado, la propiedad privada, el trabajo (sobre todo el trabajo, tan odiado y atacado con razón en este texto de di Giovanni).

Hoy hay que ir más allá: la violencia revolucionaria para abolir el valor y al mismo proletariado, entendida y practicada no como un fin en sí misma, sino sólo como un medio. Porque nuestra mejor arma es la solidaridad antagonista de clase (para abolir las clases), no la violencia por la violencia ni las armas por las armas. Solidaridad antagonista sin jerarquías ni mercancías-germen de comunismo y anarquía que, en determinadas circunstancias, eso sí, habrá que defender con violencia y armas frente a la brutal violencia estatal del capital. 
 
Quito, 1 de febrero de 2021

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«Por qué publicar hoy a Severino Di Giovanni

Las primeras décadas del siglo XX estuvieron marcadas en el mundo por una gran agitación social, producto de cambios estructurales, guerras imperialistas y de la consolidación de una clase proletaria cada vez más fuerte y que desarrollaba a vasta escala su asociacionismo. Entonces la revolución social era un proyecto tangible y urgente (2). Las discusiones se centraban en las formas de acción del proletariado y en cómo se desencadenaría el proceso revolucionario. Años muy marcados por las ideas anarquistas.

La corriente anarquista comportó diferentes tendencias. Algunas de ellas fueron las de los anarcosindicalistas, anarquistas expropiadores, anarquistas pro-bolcheviques, pacifistas, educacionistas entre otros. Las diferencias llegaban a ser abismales entre estos grupos y sus disputas solían ser violentas. Un ejemplo de esto fue el ajusticiamiento de López Arango, adjudicado a Severino. Y muy esclarecedores fueron los atentados de "La Protesta" contra el periódico "Pampa Libre" ( con muertos y heridos ), pues "La Protesta" siempre se opuso a los vengadores y expropiadores y a las formas de lucha radicales. Como siempre, los pacifistas nunca han tenido problemas con usar la violencia contra los sectores díscolos y contra los revolucionarios.

Pero más allá de estas divergencias internas, que expresan una profunda diferencia de clase dentro del propio movimiento anarquista, Severino fue uno de los revolucionarios más importantes de la época. Según un compañero « la discusión sobre la expropiación siempre fue planteada dentro del movimiento proletario y, en particular, entre los autodenominados anarquistas. Lo importante de este texto es la claridad con la que se denuncia el mito del trabajo y se reivindica el accionar de los expropiadores (….) El autor de nuestro texto nunca condena la expropiación, ni tampoco la expropiación individual, sino que la reivindica abiertamente, denunciando a todos aquellos que decían que hay que esperar que las masas se rebelen, y hasta entonces agachar el lomo. E incluso está de acuerdo con la expropiación per se (…), aunque considera que en estos casos no se puede pedir la solidaridad del movimiento anarquista en general. Y ello se dice porque los Abad de Santillán y compañía acusaban a los expropiadores de vivir de esos fondos y de pasárselos a presos, para los cuales no se habían recaudado (3). Todo esto para decir que el problema de la expropiación siempre ha sido una discusión clave dentro del movimiento proletario». Efectivamente, las ideas de Di Giovanni resultan aún más interesantes si consideramos que se trataba de una época que vivía también una constante apología del trabajo, idea defendida tanto por los gobiernos nacionalistas, populistas, como por el estalinismo; los cuales no sólo cantaban las supuestas glorias del trabajo, sino que sancionaban su obligatoriedad con el terrorismo de estado. Son los años de inicio del nazismo y también de los Frentes Populares.

La práctica de Severino se puede sintetizar en los siguientes planteamientos: Discurso contra el trabajo asalariado y el Estado; a favor de la expropiación; internacionalista; que hace referencia constante al proletariado y no sólo a los individuos; fuerte discurso anti URSS y anti bolchevique; y que tuvo la lucidez de ser crítico y de estar en contra de los "anarquistas" moderados, los que al final son sólo una sección más de la socialdemocracia (4). Además defendía la idea de un paso inmediato al comunismo, y a favor de la lucha armada y de acciones individuales contra el Estado (sabotajes, liberación de presos por la fuerza, piquetes de huelga, etcétera).

Para Severino ya habían sectores revolucionarios que estaban listos para actuar, mientras otros grupos sustentaban que había que seguir acumulando fuerzas y esperando que se dieran las condiciones para la revolución. Di Giovanni criticaba abiertamente la idea de que la lucha más violenta sólo podía iniciarse una vez desencadena la revolución, momento en el que el conjunto de la clase proletaria está lista para lanzar la insurrección armada.

Según él la revolución es un acto colectivo, pero es un proceso que requiere de un cambio cultural de largo plazo, que trasciende la vida de un hombre; por eso afirmaba que 
«no tenemos más que una vida y ésta se precipita hacia su fin con la rapidez del relámpago. La existencia del hombre con relación al tiempo no es verdaderamente más que un instante fugaz. Si se nos esfuma este instante, si no sabemos extraerle el jugo que en forma de alegría nos puede dar, nuestra existencia es vana y desperdiciamos una vida de cuya pérdida no nos resarcirá la humanidad. Por lo tanto, es hoy cuando debemos vivir, no mañana. Es hoy cuando tenemos derecho a nuestra parte de placeres, y lo que hoy perdemos el mañana no nos lo puede restituir: está definitivamente perdido. Por eso es que hoy queremos gozar nuestra parte de bienes, es que hoy deseamos ser felices (….) No hay, por lo tanto, felicidad posible para el trabajador que durante toda su vida está ocupado en resolver el terrible problema del hambre.» (El derecho al ocio y a la expropiación individual, 1933)
Severino y el grupo dentro del que estaba organizado fue un polo de agrupación de revolucionarios con una verdadera práctica internacionalista. Desde la composición del grupo (militantes de Italia, Argentina, Chile y Uruguay) hasta los contactos que mantuvieron con revistas de Nueva York, Francia y con los anarquistas de Montevideo dan prueba de esa práctica internacionalista que desarrolló el colectivo del « perturbador » italiano. Sin etiquetarse bajo ningún nombre, esta fracción del proletariado editó varios periódicos revolucionarios como Anarchia y Cúlmine, además de la labor editorial de algunos libros desarrollada por el propio Severino.

Dentro de los varios grupos llamados obreros autónomos de esos años en la zona del Río de la Plata, que reivindicaban la lucha frontal, la acción directa, quizás Severino fue uno de los exponentes más espectaculares. Sus acciones y su discurso tuvieron mucha repercusión en otros grupos, y causó particularmente mucha simpatía entre los insurreccionalistas de Nueva York, nucleados en el ya nombrado periódico "L’Aldunata dei Refrattari", quienes le dedicaron un emotivo número a los compañeros Severino y Paulino Scarfó tras sus fusilamientos.»

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«Todos vosotros sabéis que el trabajo honrado, el trabajo que no explota a otros, no ha creado nunca, en el presente sistema, el bienestar de persona alguna y mucho menos, su riqueza puesto que esta es el fruto de la usura y de la explotación, las cuales no se diferencian del crimen más que en las formas exteriores. Después de todo, no nos interesa un relativo bienestar material obtenido por la extenuación de nuestros músculos y de nuestro cerebro: queremos, sí, el bienestar adquirido por la posesión completa, absoluta del producto de nuestro esfuerzo, la posesión incontrastable de todo aquello que sea creación individual.
Estamos, entonces, consumiendo nuestra existencias a total beneficio de nuestros explotadores, persiguiendo un bienestar material ilusorio, eternamente fugitivo, jamás realizable en una forma concreta, estable, porque la liberación de la esclavitud económica no nos podrá llegar por medio de un aceleramiento de nuestra actividad en la producción capitalista, sino con la creación consciente, útil, y con la posesión de lo que se produce.
Es falso decir: "una buena recompensa, un buen salario por una buena jornada de trabajo". Confiesa esta frase que deben existir los que producen y los que se adueñan del producto, y que después de haber quitado una buena parte para ellos -aún no habiendo participado en su creación- distribuyen, en base de criterio y principios absurdos, enteramente arbitrarios, aquello que creen conveniente darle al verdadero productor. Establece la retribución parcial, el robo, la injusticia: consagra, por lo tanto, de hecho, la explotación.
El productor no puede aceptar como base equitativa y justa la retribución parcial. Solamente la posesión integra puede establecer las bases de la Justicia Social. Por consecuencia, todo concurso nuestro a la producción capitalista es un consentimiento y una sumisión a la explotación que se ejerce sobre nosotros. Cada aumento de producción es un remache más para nuestras cadenas, es agravar nuestra esclavitud.» 
 
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«No productores, es cierto, pero no cómplices. No productores, sí; ladrones si queréis –si vuestra poltronería tiene necesidad de otra ruindad para consolarse–, pero no esclavos. Desde hoy, cara a cara, mostrando los dientes al enemigo. Desde hoy, temidos y no humillados. Desde hoy, en estado de guerra contra la sociedad burguesa. Todo, en el actual mundo capitalista, es indignidad y delito; todo nos da vergüenza, todo nos causa náuseas, nos da asco. Se produce, se sufre y se muere como un perro. Dejad, al menos, al individuo la libertad de vivir dignamente o de morir como hombre, si vosotros queréis agonizar en esclavitud.»
Severino Di Giovanni

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