6 de febrero de 2021

CONTRA LAS ELECCIONES Y MÁS ALLÁ DEL VOTO NULO...

... Algunas reflexiones teóricas sobre por qué y cómo

insurreccionarlo y comunizarlo todo

 

«Pan y circo»: este año otra vez es de circo electoral en la hacienda Ecuador, pero sin pan, porque el desempleo y la pobreza han aumentado brutalmente. Y esta realidad estructural o de fondo no cambia con elecciones y nuevos gobernantes. Porque en las elecciones, los electores en realidad no eligen nada, así como los que deciden los shows con sus respectivos payasos son los dueños del circo y no sus utileros ni sus artistas. El show político de tener que elegir mediante el voto a tal o cual candidato para presidente de la república no es decidir sobre la propia vida, ni mucho menos cambiarla. Esta es una ilusión social de participación y de decisión política por parte de la borreguil “ciudadanía”, criatura del Estado, único ganador de este circo, junto con el Mercado. Porque gane el candidato que gane −no importa si es de derecha o de izquierda−, el “gobierno permanente” (como dicen el Pentágono y el FMI), el Estado, la democracia, el sistema capitalista siempre ganan; mientras los explotados y oprimidos seguimos siendo explotados y oprimidos, pero con nuevos amos y administradores políticos de turno. Gane quien gane, en elecciones siempre gana el Estado Capitalista, mientras nosotros los proletarios seguimos siendo los “eternos perdedores” que le seguimos dando más poder y riqueza a esa «excrecencia parasitaria de la sociedad» que es el Estado burgués.

 

Los electores no deciden nada porque el Estado es el monopolio de la decisión y la violencia en toda la sociedad, es decir sobre la vida de todos. Y el Estado no es neutral y tiene dueño: los representantes del Capital, los burgueses, los ricos, sus administradores, sus políticos y sus perros guardianes de uniforme. Por eso algunos hablamos de Estado-Capital o Capital-Estado. El Estado es un capitalista colectivo y «la junta administrativa de los negocios comunes de la burguesía»: el Estado es el Patrón de los Patrones: cámaras empresariales más políticos, jueces, aparatos represivos y aparatos ideológicos, para explotar y dominar de múltiples formas a la clase trabajadora. El Estado es el botín económico y el aparato político-legal-represivo de los grupos capitalistas de poder y sus sicarios, es decir de las mafias: el Estado es la Mafia de las Mafias, en especial el Estado democrático-burgués, la máxima organización criminal de la historia que aparenta ser la organización más “racional” y “libre” de la historia.

 

Así pues, la democracia en realidad es la dictadura de los ricos sobre los pobres, y más aún es la dictadura de la mercancía −como relación social y como cosa− sobre todos y sobre todo. Decir “democracia burguesa” es, por tanto, redundante: la democracia sólo es y puede ser burguesa o capitalista, ya que es la “forma de gobierno” y de vida social propia y exclusiva de los mercaderes: libertad e igualdad para venderlo y comprarlo todo en tanto que propietarios y ciudadanos; mejor dicho, es la “forma de gobierno” y de vida social propia y exclusiva de esta sociedad gobernada por las mercancías y sus fieles representantes, donde la esclavitud asalariada y ciudadanizada posee «hilos invisibles» bajo la apariencia de la libertad democrática y de consumo, pero es la base real oculta de todo el actual sistema de dominación. Sí, las vitrinas de la libertad democrática son sostenidas por, y refuerzan a, las cadenas de la esclavitud asalariada, de la misma manera en que la propiedad privada sostiene a, y es reforzada por, el Estado y el Mercado.

 

Por eso la democracia funciona como un mercado político y electoral (de allí también el auge y la importancia del “marketing electoral” hoy en día). Por eso, elecciones mediante, derecha e izquierda compiten y se alternan mercantil y políticamente en la administración del Estado capitalista, es decir en la administración del conjunto de instituciones y medios para ejercer su dominación y explotación de clase sobre nosotros como esclavos asalariados y mercancías-personas: como proletarios ciudadanizados; esto es, anulados en tanto que sujeto colectivo autónomo o capaz de decidir sobre su propia vida de manera común y libre y, por tanto, en tanto que sujeto colectivo antagonista a todo el orden social del Capital; atomizados y reducidos a dóciles criaturas del Estado y del Mercado.

 

Además, las elecciones desmovilizan, más aún en estos tiempos de pandemia y dictadura sanitaria, para que los ricos y poderosos −dentro y fuera del gobierno de turno− sigan haciendo de las suyas (ej. hacer negocios y lucrar a costa de la enfermedad y la salud de toda la población, y mandar a matar a quienes los denuncien públicamente), a diestra y siniestra (ej. los morenistas y los correístas son igual de mafiosos que los bucaramistas), sin que los oprimidos y explotados siquiera salgamos a las calles a protestar (como, de hecho y a pesar de todo, salimos a protestar el año anterior que no fue año electoral)… Elecciones Ecuador 2021 (también aplica para el resto del mundo): «pan y circo», pero sin pan y sin protesta. Sólo circo: de asco, terror, miseria, pandemia, violencia y muerte.

 

Por lo tanto, votar no cambia nada de lo fundamental: la dictadura social de la mercancía, el valor, el dinero, la ganancia, el capital o la dictadura de la economía sobre nuestras vidas y nuestras muertes. Porque en esta sociedad literalmente nos matamos y nos matan a diario por el dios dinero y el dios trabajo, independientemente de si hay elecciones o de cuál sea el gobierno de turno. Y “los dueños del dinero son los dueños del poder”. Por lo tanto, votar sólo cambia a nuestros amos-mercaderes y verdugos de turno. Es como lamer y renovar sus látigos y sus billeteras. Es limpiar con la lengua el piso de su sociedad-shopping-campo de concentración-cárcel-cementerio. Es sacarles brillo a nuestras cadenas invisibles o, en su defecto, normalizadas e invisibilizadas. Es la reproducción de la ideología y la política dominantes por parte de las mismas masas −que no son ningunas “pobrecitas víctimas” que hay que salvar, sino que también precisan autocriticarse para autoliberarse− ciudadanizadas  o domesticadas después de varias décadas de dominación total del Capital sobre el trabajo, el poder y la vida. Masas que no sólo «no saben que lo hacen, pero lo hacen», sino que «saben que lo hacen y, aun así, lo siguen haciendo» (de hecho, las masas que siguen creyendo en algún candidato en particular y en la democracia en general, son las mismas masas que alguna vez desearon y apoyaron regímenes fascistas en Europa así como regímenes populistas y represivos en América Latina). Lamer los barrotes estatales sobre nuestras propias vidas. La democracia es el reino de la autoenajenación y la autoflagelación colectivas. Depositar el voto en la urna es poner una cadena más a nuestra jaula (la sociedad burguesa y democrática también es la sociedad carcelaria). Votar no cambia nada de lo fundamental: la esclavitud asalariada, la sacrosanta propiedad privada y la tiranía estatal bajo la apariencia socialmente aceptada de libertad democrática, ciudadana y mercantil.

 

Entonces ¿Voto Nulo? No se trata sólo de votar nulo, robarse la papeleta o no votar y ya. Hacer esto es más que entendible y legítimo frente a tanta porquería electorera y politiquera. Incluso si esto se llegase a hacer masivamente, con quema de urnas incluida, lo cual sin duda alguna apoyaríamos activamente. Además, sabemos que los porcentajes de voto nulo y en blanco actualmente son altos entre la población de este país. Pero este dato no es garantía de que gane el voto nulo ni de que eso mejore las condiciones de vida de la gente ni mucho menos que las transforme realmente, si es que ésta no se autoorganiza para luchar por su vida y, en última instancia, por recuperar el poder sobre la misma; este dato, pues, no es garantía de nada. Por lo tanto, hay que ir Más Allá del Voto Nulo si realmente queremos criticar y superar en la práctica toda esta mierda de sistema capitalista que nos toca soportar a diario, y no sólo cada cuatro años. Se trata de luchar y organizarnos con cabeza y mano propias para Recuperar el Poder sobre Nuestra Vida en Común y que ésta merezca llamarse así: una vida sin propiedad privada, sin mercancía, sin explotación asalariada, sin dinero, sin clases, sin patrones ni jefes, sin gobernantes, sin Estados y sin fronteras ni violencias nacionales, de “raza” ni de género… Una vida sin rutina ni tiempos muertos, por ser una vida sin tortura laboral y sin muertes violentas; una vida libre, sana y plena, rica en recursos, actividades y relaciones humanas, que sean decididas, creadas, controladas y disfrutadas por nosotros mismos en comunidad sin estado ni mercado, sin amos, dioses ni fetiches de ningún tipo.  

 

Sí, porque todas esas categorías abstractas pero reales son las causas profundas de todos los problemas que hoy sufre la humanidad proletarizada (y dentro de ésta, más aún las mujeres proletarias y los llamados “pueblos originarios”). Problemas, causas y categorías de las cuales precisamos liberarnos para vivir a plenitud. No se trata, entonces, de cambiar de amo, sino de no tenerlo. Tampoco es libre quien tiene esclavos (humanos y no humanos). No se trata de votar por un político para cambiar la vida de todos y todas. Y tampoco se trata se hacer lo mismo que los amos (relaciones mercantiles y jerárquicas) pero sin ellos. Se trata de Insurreccionarlo y Comunizarlo Todo para para empezar a decidir sobre nuestras propias vidas de manera auténticamente libre y comunal, sin clases ni mercado ni Estado, en equilibrio con la naturaleza, la tecnología y el cosmos. (Los comunistas estamos «sintonizados con el futuro».)

 

Esto no es una utopía (utópico −y reaccionario− es creer que un presidente o un gobierno puede cambiar la vida de todos). Insurreccionarlo y Comunizarlo Todo es necesario, posible y urgente, porque la Catástrofe Capitalista −de la cual la crisis ecológica y el coronavirus forman parte− nos está destruyendo y amenaza con extinguirnos. Así de crudo y simple pero, al mismo tiempo, así de titánico y aparentemente “imposible”. Al menos parece “imposible” a corto plazo (nada de lo dicho aquí es a corto plazo, nosotros vamos más allá), porque a largo plazo será inexorable como una cuestión de vida o muerte. Pues «todo lo sólido se desvanece en el aire», al calor de la lucha de clases, en especial cuando los hambrientos, los “desesperados” y los oprimidos salen a luchar, no por unas mejoras, sino porque ya están hartos de serlo y sólo quieren la vida. Además, la naturaleza hoy en día también pide revolución a gritos. En este contexto de alto grado de progreso, catástrofe y descomposición de la sociedad de la mercancía y el espectáculo, es que sigue sobreviviendo el circo electoral, cada vez más bizarro y repugnante, en “Absurdistán Ecuatorial” y en todas partes.

 

Sí, dijimos Revolución. Y también decimos Comunismo y Anarquía. ¿Esta es “nuestra propuesta”? Sí: desde y hacia ahí es que hablamos los proletarios hartos de serlo, los nadies que lo queremos todo (porque el proletariado lo ha producido todo y por lo tanto todo debería pertenecerle), sin jefes ni partido, «sin dios ni amo», y sobre todo sin Mercado ni Estado. No por ideología política, sino por necesidad concreta y cotidiana: la necesidad de revolución es la necesidad de vivir, y, en última instancia, viceversa. El Capital/Trabajo aliena, embrutece, explota, enferma y mata a diario. El Estado es el guardián de todo este círculo infernal y mortal en que el Dios Dinero a diario depreda personas y bosques. La Vida Es Otra Cosa. Y Todo Es De Todos. Para las proletarias y los proletarios que ya no pueden esperar la revolución −porque el proletariado se muere más cuando no lucha que cuando lucha−, La Revolución es Necesaria para Vivir. En pocas palabras: Revolución de la Vida Cotidiana o seguir muriendo de violenta rutina capitalista.

 

La revolución no precisa de cambios de líderes, de ideologías ni de discursos para ser tal, mientras las condiciones y el control de nuestras vidas nos sean ajenas. La revolución real precisa que recuperemos y transformemos radicalmente los medios de producción material y “espiritual” de la vida toda, o sea, las condiciones materiales y de consciencia que hacen posible la vida de todos. Este es el único poder que nos interesa: el Poder Social para Reapropiarnos de Nuestras Vidas y Transformarlas, mediante la Acción Directa Insurreccional y Comunizadora de las Masas. Esto es lo fundamental, no elegir al nuevo amo o al nuevo administrador de nuestra ciudadana y democrática muerte en vida…

 

Por eso:

 

*        Cualquier debate sobre el voto (si un candidato u otro candidato, si derecha o izquierda, si nulo o no nulo, si votar o no votar, etc.) es un falso debate que no pone en cuestión lo fundamental, pues aún se halla encerrado en la lógica de la democracia y la ciudadanía, es decir la lógica de la esclavitud capitalista de hilos invisibles con apariencia de libertad individual y colectiva, la cual no funcionaría bien sin el terror de Estado: libertad para vender tu fuerza de trabajo a cambio de dinero −el dios dinero− o morir de hambre, libertad para votar por tu candidato pero seguir siendo o un esclavo asalariado o un muerto de hambre, libertad para protestar y luego ser encarcelado, “desaparecido” o asesinado por eso; en fin, toda libertad democrática, como la “libertad de elegir” a “nuestros gobernantes”, en realidad es la «libertad de andar concedida a un paralítico»: el esclavo asalariado-ciudadano seguirá siendo esclavo asalariado-ciudadano, mientras el burgués lo mirará por debajo del hombro burlándose de él, una vez más.  

 

*        Lo mismo aplica para esas migajas políticas y sociales que, a través de su brazo izquierdo, el Capital y el Estado nos concede a los esclavos asalariados y ciudadanizados: los derechos democráticos. Y para recuperar el poder sobre nuestras vidas y, en consecuencia, la libertad real, no se trata de pedir migajas o “luchar por nuestros derechos”, sino de conquistar todo el pan y la panadería, porque el proletariado ha producido todo y, por lo tanto, todo debería pertenecerle. No mendigando nada al enemigo de clase, sino arrancándolo violentamente de sus manos e imponiendo la «dictadura de las necesidades» humanas de las masas insurrectas para aplastar la dictadura de la economía junto con sus administradores y sus sicarios uniformados. En pocas palabras: para el proletariado revolucionario, no se trata de luchar por “libertades y derechos democráticos” o migajas, sino de luchar por reapropiarse y subvertir todo lo existente. No menos que esto.

 

*        El problema no es tal o cual presidente. El problema ni siquiera es tal o cual gobierno. Ni mucho menos lo es “la corrupción”. El problema es el gobierno, que exista gobierno, que nos gobiernen y seamos gobernados. El problema es la dominación, la representación, la delegación, la enajenación de nuestro poder creador, el no tener control real sobre nuestras vidas y las condiciones reales que las hacen posibles. Entonces no necesitamos nuevos gobernantes. Necesitamos aprender a autogobernarnos en comunidad y libertad reales. Porque si todos gobiernan, nadie gobierna. Esto no es caos, sino un nuevo orden social armónico sin autoridad: la anarquía o acracia en lugar de la democracia. Pero esto aplica no sólo para nuestra relación con los gobernantes, sino para nuestra relación con las mercancías, verdaderas gobernantes de esta sociedad que personifica a las cosas y cosifica a las personas, explotándolas, oprimiéndolas y alienándolas.

*        El fetichismo del Estado (último piso y atalaya del edificio capitalista), y del poder en general, está determinado por el fetichismo de la mercancía (los cimientos del edificio capitalista). El primero es incuestionable e insuperable sin el segundo, su base real oculta. La crítica radical la devela para golpear ahí donde realmente le hiere de muerte al sistema capitalista. Desde este punto de mira en la guerra de clases, la revolución no consiste en “tomar el poder” del Estado capitalista (ya que esto sólo termina en Capitalismo de Estado y se lo confunde con “socialismo” y peor aún con “comunismo”), sino en atacar y abolir su base material social: la mercancía (las relaciones sociales mercantiles y cosificadas, que también son relaciones de explotación y dominación) y, junto con ésta, la democracia, el trabajo asalariado, la propiedad privada, las clases sociales, el Estado (que también es una relación social y no una cosa) y las fronteras nacionales. Sí, la revolución comunista radica en la destrucción de la ley del valor y el intercambio.

 

*        Sin duda, este problema del poder y su fetichismo también es un problema de clase: poder de clase. A la burguesía y a los reformistas les interesa conservarlo, gestionándolo de diversas formas (incluida la democracia directa y la autogestión); al proletariado revolucionario, destruirlo. Para ser más precisos: al proletariado revolucionario el único poder que le interesa es el poder para destruir el poder que lo destruye como humanidad y como vida, al mismo tiempo que para abolirse como clase trabajadora y como poder revolucionario: destruir la mercancía (las relaciones sociales mercantiles), las clases, el Estado y, junto con este, suprimir/sustituir la democracia y las elecciones por el poder emergente y transitorio de las comunas, soviets, consejos o asambleas de los proletarios en revuelta por la vida. Todo esto, sobre la base material de la propiedad común de todos los medios de vida y la producción/distribución directamente social, no privada y no mercantil de los mismos. Este tipo de medidas comunistas inmediatas, concretas e integrales son las que forman parte de “nuestra propuesta” en contra y más allá de las elecciones y los gobiernos.

 

*        Desde tal perspectiva, el dilema fundamental no es votar o no votar. El dilema fundamental es preparar las elecciones o preparar la revolución. No hay medias tintas entre ambos caminos. Caminos que son no sólo paralelos, sino opuestos. Y como decían unos compañeros históricos: «Las tiranías no caen de su pedestal con boletas electorales. La fuerza bruta las sostiene, y sólo la fuerza bruta las podrá derrocar.» Porque la revolución no es una cuestión de formas, sino de fuerzas. Sabiendo que la mejor arma del proletariado para su autoemancipación no es la militar (la necesaria violencia revolucionaria) sino la social: su Solidaridad de Clase, sus prácticas de apoyo mutuo, sus lazos comunitarios, su «contrasociedad» en movimiento. Este tejido social solidario, autónomo y antagonista −surgido espontáneamente al calor de las luchas de clase− es el que debe defenderse y potenciarse en todas las formas de cara a la violencia estatal y “fascista”, así como también de cara a la cooptación oportunista y reformista por parte de los partidos políticos de izquierda. Solidaridad, comunidad, autoorganización, autodefensa: todo este «repertorio de acción colectiva» de los oprimidos y explotados del campo y la ciudad (desde los territorios Mapuche hasta las okupas de Exarchia) no es “ideal” ni puro, pero sí existe afuera, en contra y más allá de las elecciones, la democracia, el Estado, los partidos, los sindicatos, los ongs, las iglesias, las universidades, los medios de comunicación, etc. En realidad, así se prepara en silencio el «viejo topo» de la revolución. Y también mediante silenciosas y sorpresivas erupciones insurreccionales.

 

*        Todo esto, lo hace el proletariado solo −sin representantes ni vanguardias− o no lo hace nadie. «La emancipación de los trabajadores será obra de los mismos trabajadores» o no será obra de nadie. (Acción directa entre iguales vs. “trabajo de base”.) Y la clave de esta emancipación no es alabar y seguir reproduciendo al proletariado, sino abolirlo como clase. Sí, porque una vez abolido el proletariado, base social material y subjetiva de toda esta sociedad, quedaría también abolido el Capital y el Estado, en razón de que ya no tendría a quien explotar y dominar (esta es la base material de aquella idea anarquista que dice «si ellos mandan es porque nosotros obedecemos»).

 

*        Todo esto, el proletariado lo hace antidemocráticamente o no lo hace: sin debatir ni negociar con el enemigo de clase, sino imponiéndole sus necesidades humanas y sus nuevas relaciones sociales. «La imposición anárquica» del poder del comunismo sobre el poder del Estado Capitalista para destruirlo y superarlo. Lo cual comporta, a su vez, que el proletariado se transforme a sí mismo en masa y en sentido comunista y anárquico, al calor de las luchas de clases contra el Capital y el Estado. Proceso duro y contradictorio que dura varias generaciones (tiempos de paz social) e implica varias tensiones y rupturas al interior de la misma clase, pero que se puede condensar en pocos días (tiempos de revuelta). Sin esta transformación comunista en masa de los proletarios −producto espontáneo del antagonismo de clases y del comunismo en tanto movimiento real de negación y superación del capitalismo− es imposible la revolución comunista, y viceversa.

 

*        Recuperar el poder de nuestra vida en común, sobre la base de nuevas condiciones de existencia materiales y de consciencia, poseídas y disfrutadas en común: esta es la clave de todo esto. Condiciones y relaciones comunistas que emergen al calor de la lucha de clases, sobre todo en las luchas contra el capital/trabajo y en defensa de la vida, que paradójicamente parecen «luchas suicidas» (ej. rechazar el trabajo mediante huelga y defender la vida, o poner en riesgo la vida misma por la defensa de la lucha, en esta sociedad donde el trabajo es la principal fuente de “vida”… y de muerte). Gérmenes de transformación masiva de los individuos, sus relaciones, su consciencia y su lenguaje en un sentido comunista y anárquico, que existen actualmente y por eso mismo hay que defenderlos y potenciarlos; y que, al mismo tiempo, sólo se pueden producir y desarrollar plenamente, en última instancia, mediante una revolución comunista en la práctica. Revolución comunista entendida como comunización de toda la sociedad, es decir como transformación de las relaciones sociales capitalistas en relaciones sociales comunistas. En este sentido, la única “transición” al comunismo es el mismo comunismo (y no el “Estado socialista”: Capitalismo de Estado mal llamado “comunismo”) en tanto que movimiento social real de destrucción y superación del actual orden de cosas; es decir que lo que realmente importa y decide no es tanto luchar por el comunismo, sino el comunismo que se vive y propaga en las luchas del proletariado contra el Capital. Emergencia y producción del comunismo a partir de la crisis y descomposición del capitalismo, posible en y sólo en las luchas de clases que ponen en cuestión la reproducción de la relación de clase misma. El proletariado puede abolirse a sí mismo y producir el comunismo, cuando al capitalismo le sea materialmente imposible seguir manteniendo y garantizando su reproducción como clase productora de valor y plusvalor, como clase explotada o capital variable y “buenos ciudadanos”; y, por lo tanto, cuando, espoleado por la necesidad consciente, éste comience a producir relaciones sociales y formas de vida de carácter comunista y anárquico, ya no en tanto que proletarios, sino en tanto que «poder de los individuos asociados» y «directamente sociales». El poder del comunismo aboliendo y superando así el poder del Estado capitalista y, por lo tanto, de sus gobiernos, sus aparatos, sus instituciones, sus intermediaciones, sus partidos, sus elecciones, su democracia. (Reiteramos que nada de lo dicho aquí es a corto plazo e inevitable, pero sí es necesario y posible en el actual ciclo histórico del capitalismo y la relación de clase. Al menos teóricamente.)

 

*        Contra las Elecciones y la Democracia, y Más Allá del Voto Nulo, Acción Directa y Autoorganización Asamblearia para decidir y resolver, sin intermediación mercantil ni estatal, los problemas concretos de la vida cotidiana de las masas. Buscando además el Control Territorial allí donde emergiese, tanto en la ciudad como en el campo. El proletariado, inmensa mayoría de la sociedad, tiene la potencialidad de hacerlo… y de «comerse a los ricos». Todo el poder a las asambleas territoriales, los soviets de hoy. Pero sin caer en el fetichismo de la asamblea y del poder autónomo de las bases. Porque la revolución no es un asunto de formas de organización ni de “gestión de lo público” (horizontales o verticales, desde abajo y sin representantes, etc.), sino de contenidos sociales reales: transformar las relaciones sociales (económicas y políticas) capitalistas en relaciones sociales comunistas y anárquicas; en este caso, relaciones no mercantiles y no jerárquicas en, entre y desde las asambleas territoriales y demás formas −conocidas y desconocidas− de autoorganización y poder autónomo de las masas proletarias cuando éstas luchan por su autoemancipación.

  

*        Naturalmente, todo esto no ocurre siempre ni en todas partes, ni tampoco de manera pura y total, sino que ocurre de manera impura y contradictoria pero real sólo en situaciones históricas excepcionales y decisivas, entendidas como desembocaduras de acumulados y flujos históricos de luchas de clases, tales como las situaciones producidas por las revueltas y las insurrecciones proletarias (ej. desde la oleada revolucionaria internacional 1910-1937 con sus expresiones más altas en México, Rusia, Alemania y España, hasta la revuelta proletaria internacional del 2008-2013 con sus expresiones más altas en Grecia, Egipto, España, EE.UU. y la revuelta proletaria internacional del 2018-2020 con sus expresiones más altas en Chile, Francia, Irak y EE.UU., pasando por la oleada revolucionaria internacional 1968-1977 con sus expresiones más altas en Italia, Francia, Argentina y Chile). Insurrección, Comunización y Autogobierno Social son inseparables, y son los pilares de la Revolución.

 

*        Contra el Estado y la Mercancía, Comunismo y Anarquía. No como consigna vacía y lejana utopía, sino como práctica y tensión en el presente con proyectualidad al futuro. Como germen y tendencia en el ciclo de luchas proletarias reales. Como movimiento real. Sabiendo que todo movimiento real es contradictorio e impuro. Y que lo que lo hace un movimiento revolucionario es, precisamente, asumir sus propias contradicciones para superarlas. Al calor de la lucha contra el capitalismo para poder destruirlo y superarlo, el comunismo se produce y se supera a sí mismo… o es derrotado en el intento, mas no sepultado. Todo movimiento real, como lo es el comunismo, es un movimiento vivo, con sus limitaciones y contradicciones, pero vivo, en las luchas y en la vida cotidiana... hasta abolirlo y transformarlo todo; hasta conquistar todas las condiciones y los medios que hacen posible la vida, para así poder dejar de reproducirnos como proletariado y avanzar a reinventarnos como humanidad comunista o comunidad humana… o perecer. Sólo la lucha de clases por la vida en estos tiempos distópicos lo decidirá, no las elecciones ni los gobiernos.

 

Proletarios Cabreados

Quito, febrero de 2021

 

P.D. Estamos conscientes de que las reflexiones del presente texto son de carácter teórico y, por tanto, un tanto abstracto y general; leíble y entendible, además, no para una “audiencia o público más amplio”, sino talvez sólo para algunas minorías radicales. Para compensar esta limitación en términos de comunicación social de la teoría comunista, la crítica específica o concreta de la coyuntura concreta en este país (situación actual económica, política, social, sanitaria, pugna interburguesa, espectáculo electoral y sus payasos-candidatos, luchas proletarias actuales, voto nulo masivo, necesidad de la lucha autónoma y revolucionaria por parte de los oprimidos y explotados más allá del voto nulo, etc.), la estamos discutiendo internamente para poder publicarla en una próxima entrega, como segunda parte de este aporte; expresada, además, en palabras más sencillas y entendibles por una “audiencia o público más amplio”, e independientemente del payaso-candidato que gane este 7 de febrero o de si hay “segunda vuelta” en las elecciones presidenciales de la hacienda Ecuador.  


Leer Segunda Parte: Contra la dictadura democrática de la burguesía, el oportunismo electoralista-reformista y más allá del voto nulo