30 de octubre de 2026

[Brasil] Nada que celebrar. Ganó Lula, el capitalista rojo de origen obrero, y perdió el proletariado. La explotación y la lucha de clases continúan

"Después de la 2da vuelta [electoral], tú vas a trabajar normalmente" (Grupo Antípoda)

Ganó Lula. Ganó la izquierda del Capital, la socialdemocracia, el «socialismo burgués» (Marx) con rostro obrero, el capitalismo de bandera roja. Ganó la democracia, es decir, la dictadura social y normalizada del Capital/Trabajo sobre el proletariado; la "libertad" mercantil de ser explotado a cambio de un salario o morir de hambre; la "libertad" "ciudadana" de elegir al amo de turno cada tantos años. Nada fundamental ha cambiado. Las relaciones de producción y reproducción social capitalistas siguen intactas. Los grupos de poder económico siguen intactos. La explotación y dominación de clase continúa. La lucha de clases continúa: concretamente hoy en Brasil, la lucha por la reducción de la jornada de trabajo, llamada "escala 6x1".

A pesar de ello, ¿el triunfo de Lula es un "respiro táctico contra el fascismo" e incluso un "cambio de la correlación de fuerzas en beneficio de la clase trabajadora de Brasil y América Latina"? No. Un gobierno de izquierda no genera ni garantiza una correlación de fuerzas favorable para el proletariado, ni siquiera con una "organización popular" sólida y activa. 1) Porque la actual crisis del capital/trabajo o el agotamiento del valor determina materialmente que el Estado ya no puede mejorar las condiciones de vida ni aumentar el poder de la clase trabajadora, sino a lo sumo dar “compensaciones” o migajas mediante políticas públicas. Al contrario: hoy en día, la precariedad laboral y el alto costo de la vida son la regla y van en aumento, a la par del aumento de la acumulación de capital y poder para la clase capitalista. Y 2) porque la correlación de fuerzas fundamental no es la pugna interburguesa izquierda contra derecha ni democracia contra fascismo, sino proletariado contra burguesía —de derecha y de izquierda, fascista y antifascista—, explotadores contra explotados, oprimidos contra opresores: el antagonismo de clases.

En el antagonismo de clases no hay medias tintas: o estás con los explotadores o estás con los explotados. Y, si bien no son exactamente lo mismo (“Lula no es Bolsonaro”), la derecha y la izquierda en el poder sólo administran de manera diferente las mismas relaciones de explotación. En consecuencia, los proletarios revolucionarios luchamos contra la derecha (ej. Bolsonaro) y contra la izquierda del Capital (ej. Lula), contra el fascismo y contra la democracia; en suma, contra los diferentes tentáculos del Estado burgués, comprendido como la máxima institucionalización de las relaciones sociales capitalistas o el poder concentrado del Capital, hasta su abolición y superación por parte del movimiento real que subvierte el orden capitalista y crea nuevas relaciones sociales sin explotación ni dominación: el comunismo —el verdadero comunismo, no ese capitalismo de Estado de la URSS y China mal llamado “comunismo”—.

Por lo tanto, el triunfo electoral de Lula no es una victoria, es una derrota para el proletariado. 1) Porque, en lugar de golpearlo y debilitarlo, refuerza al Estado burgués en crisis y su tentáculo izquierdo, el cual seguirá explotando y dominando a la clase proletaria. Lula es un capitalista rojo de origen obrero. Por cuarta ocasión, su rol como jefe de Estado —y como sindicalista de carrera— es gestionar políticamente la explotación de la fuerza de trabajo colectiva por parte del capital nacional e internacional, sus conflictos y negociaciones con éste, y algunas medidas compensatorias llamadas “políticas redistributivas” o “políticas sociales”. Y 2) porque aprisiona y esteriliza la lucha de clases mediante el colaboracionismo de clases bajo la bandera de “la lucha contra el fascismo”, “la defensa de la democracia” y “la defensa de la soberanía nacional”. Los “marxistas” y “anarquistas” que votaron por Lula y/o que le dan su “apoyo crítico”, so pretexto de “la coyuntura”, “la correlación de fuerzas”, “el respiro táctico”, “parar la amenaza fascista”, “no hacerle el juego a la derecha”, “no ser puristas ni sectarios”, “bajar de la torre de marfil”, “intervenir en la política real”, “luchar junto al pueblo” o, por último, “el mal menor”, en realidad son socialdemócratas y enemigos de la revolución. Definitivamente, «el antifascismo es el peor producto del fascismo» (Bordiga), porque defiende la dictadura democrática de la burguesía sobre el proletariado y así lo aleja de la revolución social.

El partido de Lula —incluidos sus “apoyadores críticos”— es la fracción socialdemócrata de la contrarrevolución capitalista que todavía rige en Brasil y todo el mundo. Sí, la socialdemocracia no es “traidora”, es la contrarrevolución disfrazada de revolución en el seno del proletariado. Esa es su naturaleza exacta y su función histórica. Y si la socialdemocracia aún es fuerte, no es porque el proletariado sea una “víctima” ni por “falta de conciencia de clase”, sino porque histórica y materialmente todavía es débil como clase revolucionaria. «El proletariado no es débil porque está dividido, está dividido porque es débil» (Pannekoek). Para invertir o darle la vuelta a tal situación, el proletariado debe aprender mediante el error, fortalecerse mediante el dolor, unirse mediante la ruptura (con la socialdemocracia) y avanzar mediante el salto. Todo esto, al calor de la lucha de los explotados, por sus propios intereses de clase (ej. más recursos y tiempo para vivir) y con sus propios métodos de lucha (ej. la huelga de masas), contra los explotadores, en el contexto actual de crisis, guerras y revueltas.

Entonces, ¿por qué millones de proletarios votaron por Lula e incluso se movilizaron para hacerlo? 1) Porque todavía no luchan por sus propios intereses de clase, sino por los intereses de una fracción de la burguesía contra otra —a saber: quién gobierna, saca más tajada del pastel de la economía y previene una insurrección, bajo el discurso de “la seguridad”, “la corrupción”, “la soberanía”, etc.—, toda vez que ambas dicen representarlos. Así es como la clase capitalista en su conjunto o «el partido del orden» (Marx) divide y enfrenta a la clase proletaria contra la clase proletaria que todavía no está en condiciones de actuar como fuerza revolucionaria e independiente. 2) Porque el antagonismo de clases todavía no se impone sobre la pugna interburguesa izquierda/derecha o democracia/fascismo. Y 3) porque, en última instancia, Brasil y el mundo entero todavía se encuentran en un período histórico contrarrevolucionario.

Sin embargo, el actual período contrarrevolucionario se ve cada vez más agrietado por revueltas en todas partes que suelen empezar como luchas reivindicativas y luego “se salen de control”. Esto es importante, porque «las condiciones para superar las luchas reivindicativas se establecen sobre la base de las propias luchas reivindicativas» (Théorie Communiste). Sí, las luchas reivindicativas, con sus demandas limitadas (ej. trabajar menos tiempo por el mismo salario) y sus representantes (ej. el PT de Lula), potencialmente pueden convertirse en lucha revolucionaria cuando, para avanzar y alcanzar sus objetivos iniciales, chocan con sus propios límites y representantes, teniendo entonces que romper con ellos y dejarlos atrás (ej. negarse a trabajar y apropiarse de medios de vida en forma autoorganizada y directa). Al fin y al cabo, históricamente el capitalismo ya no está en condiciones de satisfacer las necesidades materiales de sus esclavos asalariados, cada vez más precarios y empobrecidos; sólo la revolución social puede satisfacerlas y hacer que ellos dejen de ser tales de una vez por todas.

Por lo tanto, organizándose y armándose con teoría, estrategia y «tácticas comunizadoras» (Endnotes), el desafío de las minorías revolucionarias del proletariado es y será acompañar las luchas reivindicativas impulsando la autoactividad proletaria y la ruptura revolucionaria en su seno, no sólo en la esfera de la reproducción, sino principalmente en la esfera de la producción. Así como también, contribuir a extenderlas y generalizarlas hasta que se vuelvan incontrolables para el Estado capitalista, su izquierda y su derecha. Lo que quiere decir, hasta detonar una crisis revolucionaria cuya solución sea la insurrección y la comunización; en suma, la revolución.

Sólo así se puede enfrentar y superar la derrota histórica de nuestra clase, en Brasil y en todo el mundo. Sólo la lucha autoorganizada y antagonista del proletariado para imponer directamente sus intereses vitales y colectivos, sin representantes ni negociaciones, por fuera y en contra del Estado, partidos, sindicatos, ONGs e iglesias, puede alterar o invertir la correlación de fuerzas a su favor. La historia de las revoluciones así lo demuestra. Y el análisis concreto de las revueltas actuales también. De hecho, durante todo este mes de Octubre, puede ser que el proletariado juvenil y revoltoso de Europa (Francia, Bélgica, Albania, Italia, Grecia, España, Portugal, etc.) ya haya empezado a seguir este camino en zigzag, mejor dicho, la espiral de fuego del antagonismo de clases y la ruptura revolucionaria. Lo cual es un proceso, no un suceso, pues todavía falta para que se reanude un período histórico revolucionario y, por tanto, «el partido de la subversión» (Marx). Pero, por algo se empieza, sobre todo después de décadas de contrarrevolución.

Dado que Brasil es la única potencia mundial latinoamericana, el proletariado de la región brasileña es un "león dormido" —salvo contadas excepciones—, al igual que el de las regiones china, rusa y estadounidense. Por lo tanto, cuando la misma realidad de la explotación, la opresión y la lucha de clase lo "despierte" y éste se levante masiva y furiosamente tanto contra el gobierno capitalista socialdemócrata de Lula —tal como el año pasado el proletariado en Nepal se levantó contra el gobierno capitalista socialdemócrata de KP Oli— como contra la ultraderecha populista de Bolsonaro, entonces será una importante demostración de que el antagonismo de clases se habrá impuesto sobre la pugna interburguesa izquierda/derecha o democracia/fascismo y, por ende, de que la correlación de fuerzas se habrá alterado realmente. Mientras tanto, el orden reina en Brasil. Pero, también la lucha de clases continúa… hasta que el orden sea roto y no haya vuelta atrás.

 

¡Contra el fascismo y contra la democracia!

¡Por el antagonismo de clases y la ruptura revolucionaria!

¡No se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo!

¡La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos…

hasta dejar de serlo!


Proletarios Hartos de Serlo

Región ecuatoriana, 30 de octubre de 2026 

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