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13 de abril de 2021

Breve psicología de masas del triunfo electoral del banquero Lasso en la hacienda Ecuador

Tomado de Locura Proletaria, Quito, abril 2021

El banquero ladrón del feriado bancario de 1999 y apoyador de la brutal represión estatal de la revuelta de octubre de 2019, Guillermo Lasso, fue elegido democráticamente como nuevo presidente de esta hacienda  capitalista llamada Ecuador, este domingo 11 de abril del 2021. Si bien el porcentaje del ausentismo electoral y del voto nulo fueron "récord"[*] y el porcentaje de Arauz fue considerable, las masas votaron mayoritariamente por Lasso el banquero, el burgués, el explotador, el enemigo de clase, más por trauma y odio al correísmo (gobierno explotador, corrupto y represor, igual que todo gobierno) que por el programa político del candidato de la derecha empresarial tradicional. Las masas de este país, pues, sufren -¿o gozan?- de amnesia histórica (tanto del feriado bancario de 1999 como de la revuelta de octubre de 2019); quieren trabajar y trabajar para consumir hasta morir (aunque hacer esto ahora sea objetivamente más difícil, dado el alto índice de desempleo y subempleo existente); odian a su antiguo amo, patrón y padre autoritario (Correa, el "socialista del siglo XXI" igual de ladrón, mentiroso y represor que cualquier otro capitalista en el poder), pero en cambio quieren un nuevo amo, patrón y padre autoritario (Lasso, el banquero ladrón, socio de la mafia socialcristiana, neoliberal y proimperialista); y también quieren ser como él o al menos parecérsele, porque es "trabajador, emprendedor y exitoso" y porque busca "la paz social y el progreso". En fin, dado que el Estado es el resumen institucional oficial de la sociedad y no un ente separado de ella, psicosocialmente hablando el triunfo de Lasso en estas tierras representa el lado esquizofrénico y masoquista del deseo gregario en un contexto predominantemente contrarrevolucionario y, más concretamente, de crisis, pandemia y contra-revuelta. (Este tipo de contexto es, de hecho, la base material que explica el porqué de este tipo de psicología de masas.) O también, representa los azotes de la dictadura burguesa llamada democracia resonando sobre las espaldas de la clase trabajadora derrotada y ciudadanizada, domesticada, con patriótico y religioso autoflagelo incluido, tal como en una procesión de semana santa. Por cierto, en las masas está incluida -aunque lo niegue- la mal llamada "clase media", que en realidad es clase trabajadora con título profesional, con empleo pero que vive a punta de crédito y deudas, imbuida de arribismo, conservadurismo, esquizofrenia tapiñada y siglos de colonialidad. Así de enferma se encuentra la sociedad capitalista en esta parcela del planeta: la democracia en la cual las masas este domingo acaban de elegir como su presidente a un banquero que ya les robó y les dejó en la calle años atrás, es la misma democracia en la cual hace apenas más de un mes se dio la masacre dentro de las cárceles (lumpenproletarios matándose entre sí por orden de sus lumpenburgueses) y sus videos gore circulando en redes sociales junto con comentarios fascistas por parte de ciudadanos de bien (quienes de seguro también votaron por Lasso).

 ¿Será que las masas reaccionan con una nueva revuelta cuando el banquero las haga más mierda otra vez, a punta de privatizaciones, flexibilizaciones, paquetazos y hasta con nuevo feriado bancario y nueva oleada migratoria al extranjero? ¿A punta de terror de Estado cuando estallen nuevas protestas en las calles? (¿O será que desearán incluso algo peor, como una dictadura militar, tal como hace dos años lo desearon las masas en Brasil, por lo cual -entre otras razones- ganó democráticamente Bolsonaro? Cuidado con el lado perverso del deseo gregario...) Medidas antiproletarias todas éstas que no dependen de la ideología y la política económica de tal o cual gobierno en particular, sino que es lo que la actual crisis capitalista internacional le exige hacer a todo gobierno en general (si hubiese ganado Arauz, tarde o temprano tendría que hacer lo mismo, como lo hizo Correa). Pero la respuesta proletaria contra tales medidas también existe, como lo demostraron las revueltas del 2019. Y el FMI prevé una nueva oleada internacional de estallidos sociales para el 2022. Entonces ¿Octubre volverá, y recargado? Hasta que eso pase -si es que pasa-, a las masas nos toca seguir sobreviviendo en cada vez peores condiciones, tanto material como psíquicamente hablando. (Esto es más realista que una "ofensiva popular contra el neoliberalismo", como salieron a decir algunas organizaciones de izquierda no electoral el mismo domingo.) Pero aun así, este domingo las masas votaron por el banquero Lasso, como diciendo "te odio Correa y me vengo de tí simbólicamente votando por Lasso" y, al mismo tiempo, "pegue no más, patroncito", mejor dicho, "robe no más, banquerito" (los bancos nos roban todos los días en cada transacción), siga no más robando y gobernando (Lasso ha sido parte del gobierno de Mahuad y de Moreno), como si les “valiera verga” la vida o como si quisieran morirse de una vez (de coronavirus, de depresión o de hambre, pero morirse) o en, su defecto, creyendo que un banquero puede ser “Papá Noel” o “Jesucristo, Nuestro Salvador”… Asesinato simbólico del padre, síndrome de abandono, complejo de Electra, síndrome de Estocolmo, esquizofrenia, masoquismo, pulsión de muerte, deseo enajenado, idealización y paternalismo/clientelismo en un solo acto masivo, mejor dicho, de rebaño... Siga no más robando y pegando estos cuatro años siguientes, “taita amo patrón” Lasso, hasta que, como cuando se vira la tortilla, después de que el presidente banquero haya robado millones y millones de dólares a costa del trabajo ajeno y el sufrimiento de millones y millones de trabajadores y sus familias -creer que no lo va a hacer es como pedirle a la araña que no se coma a las moscas-, la misma gente ya no lo soporte en su bolsillo, su barriga, su garganta y su cabeza. Porque algún rato la explotación y la opresión es algo que se siente en el cuerpo (social) y éste reacciona. La historia reciente -feriado bancario de 1999 y revuelta proletaria del 2000- nos dice que ese es un escenario posible, por aquello de que "la historia se repite dos veces: una como tragedia y otra como farsa" (Marx, El 18 Brumario), o viceversa. Al parecer, "la pedagogía de la praxis" de las masas también incluye aquello de que "la letra con sangre entra", y en varios "rounds" o ciclos históricos. Así como también incluye la necesaria autocrítica despiadada, como el presente texto.

 No idealicemos, romanticemos, infantilicemos ni victimicemos al proletariado o al "pueblo". Las masas también se equivocan y aprenden de los errores, en carne propia y con cabeza propia, así sea después de muchos años o varias generaciones. Se equivocaron al sentarse a negociar en la revuelta de octubre de 2019 y se equivocaron al participar en elecciones presidenciales este año. Y esto es algo que hay que asumirlo y "trabajarlo", criticarlo y superarlo, asimismo en carne propia y con cabeza propia. Negarlo sólo reproduce y prolonga el problema de fondo: la capacidad de autoemancipación de las masas proletarias -que no en vano son la aplastante mayoría de la sociedad- boicoteada por su propia capacidad de autoenajenación y auto-opresión, en determinadas condiciones materiales históricas y sociales. Problema cuyas condiciones son detentadas y ejercidas por la burguesía en tanto clase dominante, porque debajo de sí tiene una clase dominada que le permite ser tal. Como en toda relación de poder, si hay un dominante es porque hay un dominado. Si hay un explotador es porque hay un explotado. Por eso mismo, donde hay dominación hay resistencia, donde hay explotación hay conflicto, donde hay miseria hay rebelión. Los dos polos de esta conflictiva relación de clase se implican, se reproducen y dependen mutuamente. Capital y Trabajo, y sus personificaciones sociales: burguesía y proletariado, conforman una unidad o totalidad social concreta, histórica y cotidiana, como en la relación amo-esclavo. (Relación que, políticamente y sobre todo en coyunturas electorales, se traduce en una bidireccional e insana relación paternalista/clientelar. Ejemplo concreto: el banquero Lasso ofreciendo trabajo y regalando alimentos en barrios populares y comunidades indígenas, a cambio de votos. Así como también hubo unos pocos barrios y comunidades que lo rechazaron incluso a piedrazos.) Por lo tanto, no se puede abolir el uno sin abolir el otro y, más concretamente, no se trata de "liberar al Trabajo" sino de liberarse del Trabajo para liberarse del Capital y del Estado. Por lo tanto, la revolución social no consiste en "la toma del poder" ni en "la autogestión" de la sociedad capitalista por parte del proletariado o la clase trabajadora, sino, por el contrario, en la autoabolición del proletariado, entendido como la contradicción viviente que sostiene y motoriza a toda esta sociedad burguesa. Porque la lucha de clases es el motor dialéctico del desarrollo, la crisis, la reestructuración y también de la posible destrucción/superación revolucionaria del capitalismo. Y, sobre todo, porque abolido el esclavo -el proletariado-, abolido el amo -la burguesía-; es decir, porque así quedaría abolida la relación de clase y, sobre esta base pero de manera inseparable, quedaría abolida también toda otra forma de opresión y explotación actual (de sexo, género, "raza", nacionalidad, edad, especie, etc.). Lo cual implica y exige necesariamente -junto con la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y distribución, de la producción mercantil y del Estado- la autocrítica y autotransformación integral de la humanidad proletarizada en el sinuoso y tortuoso camino de la lucha por sus necesidades materiales y vitales contra las necesidades fetichistas y psicópatas de explotación y acumulación por parte del Capital y su Estado; esto es, la autocrítica y la autotransformacion del -heterogéneo y dividido- proletariado al calor de la misma lucha de clases y la revolución social. Sin lo cual, no es posible su autoemancipación y su autoabolición, es decir no es posible la revolución. Este tipo de autocrítica es, de hecho, parte de no idealizar y no victimizar al proletariado, sino de recordarnos que somos responsables y capaces de nuestra propia emancipación, así esto nos "cueste" generaciones.

 Entonces, que el catastrófico desarrollo del capitalismo y la lucha de clases real hagan lo que tengan que hacer, para ver si así las masas proletarias dejan de pelear por los intereses de sus patrones y amos de derecha y de izquierda por igual, dejando a la par de creer en salvadores y representantes de todo tipo; y empiezan de nuevo a confiar sólo en sus propias fuerzas para producir y controlar sus propias vidas, sin necesidad de Estado ni de mercado, de jefes ni de intermediarios económicos ni políticos, mediante su autoorganización asamblearia y territorial que se haga cargo de, y transforme en la marcha, todos los asuntos de la vida cotidiana de las masas. Las revueltas, insurrecciones y comunas proletarias de hace dos años en todas partes demostraron que esto sí es posible. Reiteramos: sólo el mismo desarrollo catastrófico del capitalismo y la lucha de clases real pueden producir tales condiciones y situaciones. Porque, histórica y estructuralmente hablando, el capitalismo contiene contradicciones mortales y produce su propio sepulturero. Y porque el comunismo no es una ideología ni una utopía, mucho menos ese capitalismo de Estado que fue la URSS y China, sino "el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual" (Marx, La Ideología Alemana), el movimiento práctico que tensiona y subvierte las condiciones existentes. La "conciencia de clase", actuando como fuerza material social, es consecuencia y no causa de ello, contrario a lo que piensan, dicen y hacen las variopintas vanguardias iluminadas y "concientizadoras" de izquierdas, que en realidad también luchan por ser los nuevos representantes, organizadores y jefes de sus "liberados". Por su parte y por el contrario, la autodeterminación y la autorregulación colectiva e individual son características de un organismo social sano -entendiendo por sano lo desalienado o lo libre de alienación-: la comunidad material de los individuos libremente asociados o el comunismo en anarquía; más aún si proviene espontánea, caótica, contradictoria e impuramente del antagonismo, la ruptura y la autoliberación de un organismo social vivo pero putrefacto como lo es este sistema de enajenación, explotación, dominación y muerte. La nueva sociedad sin clases ni Estados sólo puede ser el resultado de este movimiento social de carácter contradictorio e impuro, histórico e internacional, impersonal y anónimo. Decimos impersonal y anónimo, ya que el movimiento revolucionario del proletariado es el movimiento de los nadies y los sin nada que perder que lo queremos todo para disfrutarlo en común porque, a fin de cuentas, "todo es de todos": sí, el proletariado ha producido todo lo que existe y, por tanto, todo debería pertenecerle y ser para su disfrute... Sin duda, todavía estamos lejos de la revolución social que acabe con el capitalismo y la sociedad de clases. Pero, al mismo tiempo y dialécticamente, sólo la lucha de clases real y su devenir es el camino para ello y quien tiene la última palabra. Sí, el proceso y el devenir de la lucha de clases real es lo esencial y lo determinante en la historia. Hasta entonces, a las masas nos toca seguir luchando por la sobrevivencia diaria en cada vez peores condiciones. Lo cual, desde luego, es y será una bomba psicosocial de tiempo cuyo desenlace es incierto.

Nota bene: La única manera de realmente comprender y transformar la realidad es aceptarla tal cual es y no como creemos ni como quisiéramos que fuera. El principio de realidad o de inmanencia es revolucionario, por más que sorprenda, perturbe, escandalice, incomode, moleste, choque y/o duela. (Dos ejemplos: el lado perverso y la fuerza material del deseo gregario, así como también la capacidad de autoemancipación integral de las masas y los individuos.) En este último caso, es un dolor que libera del autoengaño. La psicología de masas, iniciada por el psicoanalista anarquista Otto Gross y el freudomarxista Wilhelm Reich, forma parte de este horizonte-camino revolucionario y, por lo mismo, marginal y a contracorriente, más aún en estos tiempos y en estas tierras. Lo cual, sin embargo, no impide que unos proletarios lo reivindiquemos, lo sostengamos y lo comuniquemos al resto de proletarios -de esta y de nuevas generaciones- para su reflexión, discusión y acción autoemancipatoria. 


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[*]  Sobre el porcentaje "récord" del voto nulo y del ausentismo en las recientes elecciones presidenciales de la hacienda Ecuador, huelga decir que, si bien es un síntoma de malestar frente a la farsa electoral e incluso frente al orden establecido, no es garantía de que ese malestar se esté (auto)politizando en una dirección revolucionaria, es decir en una dirección comunista y anárquica de masas. Ni siquiera en la revuelta de octubre de 2019 fue así. Peor ahora. Para nada. Las masas siguen luchando a diario por su sobrevivencia material y psíquica en cada vez peores condiciones; pero, al mismo tiempo, siguen creyendo en representantes y salvadores de todo tipo, es decir siguen engordando a su autoenajenación y su auto-opresión en beneficio de la clase dominante. 
Algunos conocidos de izquierdas dicen, con ingenuidad y optimismo, que es decidor, positivo y esperanzador que "un tercio de la población" de esta hacienda capitalista no haya votado por Lasso ni por Arauz... pero igual votó. Incluso dicen que esto es un "rechazo de las elecciones burguesas" y que "el voto nulo se está organizando en los sectores populares". Falso. El voto, aunque sea nulo, sigue siendo voto, el acto democrático y ciudadano por excelencia. El voto nulo no rompe ni desborda las reglas de juego de la dictadura de la burguesía y su Estado llamada democracia; al contrario, las reproduce, en este caso, "desde abajo y a la izquierda". Con y sin voto nulo, con y sin elecciones, el Estado democrático burgués sigue siendo el monopolio de la decisión y la dictadura de los ricos sobre los pobres. 
La realidad aquí y ahora es que, en un contexto de crisis, pandemia y contra-revuelta, el proletariado está derrotado, ciudadanizado, domesticado y sigue brillando por su ausencia en tanto sujeto autónomo, antagonista y revolucionario, por más que haya organizaciones-vanguardias de izquierda que "se saquen la madre" haciendo "trabajo de base" y de "concientización", para llegar a ser sus nuevos "libertadores" y opresores de izquierda, imitando ese capitalismo de Estado del siglo XX mal llamado "comunismo". Porque no se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo, recuperando el control sobre nuestras vidas y las condiciones que las hacen posibles. La emancipación de los trabajadores -mediante la autoorganización, la acción directa, la solidaridad, la insurrección y la comunización- será obra de los propios trabajadores o no será obra de nadie. 
Por lo tanto, no hay que hacerse falsas expectativas con ese "tercio de la población" que democrática y ciudadanamente votó nulo y que no votó, ni mucho menos con los otros dos tercios de la población que democrática y ciudadanamente votaron por el correísta Arauz y por el banquero Lasso -ahora presidente-, por más que choque y duela admitir esta cruda y adversa realidad. Las masas están luchando a diario por la sobrevivencia alienada, no por la revuelta ni menos por la revolución (no en vano Lasso representa al "empleador" que "nos va a dar trabajo"). La revolución está en otra parte y todavía está lejos, por más que hoy sea más necesaria que nunca. Desgarradora contradicción de este período histórico.
Sin embargo, el mismo desarrollo catastrófico del capitalismo y la lucha de clases real harán lo suyo para que ya no lo esté o, al menos, no tanto. En la historia se ha visto situaciones en que los látigos de la contrarrevolución hacen andar a los caballos de la revolución. Una dictadura democrática empresarial como la de Lasso sin duda será contrarrevolucionaria a tope. Y el FMI prevé una nueva oleada internacional de estallidos sociales para el 2022. Pero sólo la lucha de clases tiene la última palabra y, más concretamente, lo que la clase proletaria haga o no por su propia emancipación en tales situaciones.

19 de febrero de 2021

Autonomía, "clase media" y autoabolición del proletariado

(2da parte de Acción directa VERSUS trabajo de base)

Humanaesfera. Brasil, septiembre de 2015. [Traducido al español y editado por el administrador de este blog]

Antes de todo, aclaremos que la idea de "hacer luchar a la gente" no sólo es presuntuosa, sino completamente errónea.

La existencia de los proletarios ya es una acción, ya es una lucha [diaria], y ellos ya están tan autoorganizados [por ejemplo, en sus trabajos] que ya está en su poder en este momento luchar contra la clase dominante (compuesta por la burguesía y la burocracia, y sus órganos de poder: Estado, empresas, sindicatos, partidos, iglesias y ONGs). Ya estamos en acción, en lucha, independientemente de si tenemos o no conciencia de esto.

En todo momento, según sea el grado de capacidad de acción del proletariado, él, por sí solo, se vale de órganos auxiliares (órganos que él crea o, si la capacidad de actuar es reducida, órganos preexistentes, que son los de la clase dominante -sindicatos, partidos, ley- que él intenta utilizar en su beneficio contra la propia clase dominante, la cual, por miedo a una explosión, puede ceder, como válvulas de escape). Órganos que son un medio de aumentar su capacidad práctica [y su poder]. Órganos cuyas tareas deben ser, para ellos, específicas y explícitas (por ejemplo, los consejos de trabajadores y soldados, los soviets, tienen la tarea de coordinar la ejecución de tareas entre barrios, ciudades, países, continentes contra los órganos de la clase dominante que también coordinan su acción contra nosotros en estas áreas) y que deben disolverse cuando la tarea esté terminada o derrotada, para que no sean mantenidos como momias cuya carroña, ávidamente disputada por los burócratas [de izquierdas], sólo sirve para alimentar a estos enemigos [de la autonomía proletaria]. 

Sin embargo, los proletarios, por más grande que sea su autonomía, son contradictorios. En ellos coexisten dos tendencias en tensión: una de ellas es su afirmación como capital variable, es decir, vendedores [de su fuerza de trabajo]/compradores [de productos para subsistir] tanto como la clase dominante es vendedora [de mercancías]/compradora [de fuerza de trabajo] (de ahí la apariencia apenas de existir de una "clase media", infinitamente subdivisible desde “alto alto alto” hasta lo “bajo bajo bajo”, cada grado imaginándose siendo protegido por la policía contra los grados inferiores). Afirmación de su posición como asalariados, mantenedores del statu quo, del Estado y del capital. Pero, como en realidad los proletarios no poseen mercancías para vender más que ellos mismos (en el mercado de trabajo), existe la otra tendencia, que es su afirmación como clase autónoma, como proletariado, la clase de los que no tienen mercancías (que no tiene nada que perder salvo las cadenas que lo aprisionan) y cuya praxis es el comunismo (auto-abolición del proletariado [ver abajo texto relacionado], para la supresión de la sociedad de clases y del Estado).

Por eso, la capacidad de acción de los proletarios, su autonomía, que ellos siempre poseen en algún grado, es una tensión, y contradictoriamente toma partido en dos direcciones: una reaccionaria y otra comunista. La única corriente cuyos órganos pueden volverse "duraderos" o de "larga duración" dentro de la sociedad actual es la reaccionaria (de ahí la recuperación de órganos, como los soviets, por parte de la clase dominante, y la burocratización), ya que su permanencia supone la adecuación de la continuidad del proletariado como pilar de la sociedad de clases y del Estado (los proletarios pueden incluso afirmar radicalmente su autonomía como capital variable, autogestionando su propia explotación [ej. cooperativas de producción y cajas de ahorro] y represión [ej. “policía comunitaria”, “moral revolucionaria” y “sanciones disciplinarias” a compañeros]). La otra corriente, la comunista, sólo puede tener éxito en una dinámica de rápida y creciente expansión, rebasando súbitamente las fronteras nacionales y las divisiones identitarias, estableciendo desde el principio el modo de producción comunista, el libre acceso a los medios de producción y de vida [es decir, aplicando medidas comunistas inmediatas para comunizar todo lo existente]. Y esto sólo puede tener éxito si se toman los flujos y stocks del circuito productivo mundial, aboliendo la economía ("orden emergente" del mercado, que refleja no las necesidades humanas sino el poder de compra y el lucro), para someterlos a [la dictadura social de] las necesidades humanas, al poder de los individuos libremente asociados que abolen las clases y el Estado.

Por lo tanto, cuando afirmamos la teoría comunista, no es que queramos “llevar a la lucha” a nadie, sino que afirmamos la tendencia comunista de las luchas que todos los proletarios del mundo ya están haciendo por el simple hecho de existir [, pues la existencia de los proletarios ya es, en sí misma, una lucha diaria en todas partes]. La expresión de la teoría comunista es espontánea, porque no se sustenta en otro punto de vista que el de la condición problemática, contradictoria, que constituye el proletariado en todo el mundo, y nosotros mismos [comunistas], que nos dedicamos a esta teoría, sufrimos la contradicción como todos los demás proletarios en nuestra práctica cotidiana. Cuando la expresamos, sabemos que no somos “más” que nadie [sino unos nadies más], sobre todo porque somos plenamente conscientes de que ella jamás encontrará resonancia y amplia difusión, y seguirá pareciendo un delicioso delirio megalómano, mientras los proletarios, en su práctica, continúen siendo forzados predominantemente al lado reaccionario (el de
ser [mercancía fuerza de trabajo,]  capital variable, "clase media") de su lucha. Por el contrario, si el lado comunista predomina, la difusión [de la teoría comunista] se produce sin necesidad de ningún "trabajo de hormiga" ("trabajo de base"), porque ella es espontáneamente apropiada, muy desarrollada y difundida por cada proletario comprometido en abolir la venta de sí mismo [no por una ideología, sino por la necesidad y la experiencia] y que busque comprender su situación para poder actuar de forma más poderosa [por su autoaliberación y autoabolición como proletario].


Bibliografía:

1. Crisis y autogestión (Négation, 1973) [portugués]: http://www.oocities.org/autonomiabvr/autoges.html

2. Capitalismo y comunismo (Jean Barrot/Gilles Dauvé, 1972) [español]: http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2020/07/libro-capitalismo-y-comunismo-gilles.html

3. El "renegado" Kautsky y su discípulo Lenin (Jean Barrot, 1969) [español. Último capítulo de “Capitalismo y comunismo”]: http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2020/07/libro-capitalismo-y-comunismo-gilles.html

4. El leninismo y la ultraizquierda (Jean Barrot & François Martin, 1972) [español.  Capítulo 2 de “Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista”,
bajo el título “Contribución a la crítica de la ideología de ultra-izquierda (leninismo y ultra-izquierda)”]: http://grupgerminal.org/?q=system/files/Declive.pdf

5. Composición de clase (Zerowork, 1975) [portugués]: http://www.oocities.org/autonomiabvr/composi.html

6. Notas sobre composición de clase (Kolinko, 2001) [portugués]: http://www.oocities.org/autonomiabvr/comclas.html

7. La impotencia del grupo revolucionario (Sam Moss, ¿193?) [español]: http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2017/09/la-impotencia-del-grupo-revolucionario.html

8. Sobre la organización: las mafias (dentro y fuera del Estado) y el Estado como mafia (Jacques Camatte & Gianni Collu, 1969) [español]: https://libcom.org/files/Jacques%20Camatte%20-%20Sobre%20la%20organizaci%C3%B3n.pdf

9. Origen y función de la forma partido (Jacques Camatte/Programma Comunista, 1961) [español]: https://archivesautonomies.org/IMG/pdf/gauchecommuniste/gauchescommunistes-ap1952/invariance/espanol/forma-partido-1961.pdf

10. La revolución no es una tarea de partido (Otto Ruhle, 1920) [español]: https://www.marxists.org/espanol/ruhle/1920s/1920.htm


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Relacionado:

La autoabolición del proletariado como el fin del mundo capitalista (o porqué la revuelta actual no se transforma en revolución) – Proletarios Revolucionarios, abril 2020: http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2020/04/la-autoabolicion-del-proletariado-como.html

10 de febrero de 2021

Acción directa VERSUS trabajo de base (1ra parte)

Humanaesfera. Brasil, mayo de 2015.

[Traducido al español con la ayuda del traductor de google y editado por el administrador de este blog, quien alguna vez también hizo “trabajo de base” y, por lo tanto, puede hablar sobre este tema desde la experiencia y no sólo desde la teoría] 

«La conciencia no es más que ser consciente,
y el ser de los hombres es su proceso real de vida. [...]
No es la conciencia la que determina la vida,
es la vida la que determina la conciencia.
En el primer modo de consideración,
comienza desde la conciencia como un individuo vivo;
en el segundo, que corresponde a la vida real,
comienza desde los individuos vivos reales
y considera la conciencia solo como su conciencia.»

(K. Marx, La ideología alemana)

¿Sinónimo de heteronomía[1] del proletariado? Este: trabajo de base. Pseudo-praxis tan hueca, tautológica y vacía, que no es más que la repetición incesante de la exhortación a un doloroso, arduo, interminable, confuso… trabajo de base.[2] [“El trabajo de base es el trabajo de base, compañero.”]

El activista, el militante, quiere acción [para justificar su existencia como tal]. A diferencia de los no militantes, se vanagloria de actuar [y de “ser más” que ellos]. El error empieza ahí: imaginar que hay o puede haber alguien que "no hace nada". Si existimos, es porque actuamos. [La vida es actividad.] No es necesario esperar a un pequeño grupo de militantes con sus "trabajos de base" e "inserciones sociales" para actuar y solidarizar con los demás proletarios. [Mucho menos esperar que aquellos los “concientiCen” y “organicen”.]

La idea de trabajo de base es indefendible, porque es intrínsecamente heterónoma. [Por el contrario, una de las claves de la revolución comunista es la autonomía proletaria, es decir la capacidad del proletariado de luchar y de emanciparse por sí mismo: su “autoactividad” (como decían los comunistas de consejos) y su autoemancipación (consenso marxista/anarquista en la I Internacional). La labor de los comunistas, por tanto, es contribuir a desarrollar la autonomía del proletariado (incluyendo su autoclarificación teórica), esto es, contribuir a autoproducir el “ser consciente” que a su vez autoproduce la “comunidad real” (Marx), mediante la acción directa entre iguales, y no mediante el “trabajo de base”.] 

A pesar de esto, el activista autonomista [que también hace trabajo de base, para “hacer algo concreto y no sólo teórico”,] pretende luchar por la autonomía del proletariado… ¿Cómo puede alguien que dice actuar, es decir, que otros “no actúan”, ser capaz de actuar si no se supone que actuará sobre los demás (trabajo sobre la base)? Entonces, el activista autonomista entra en contradicción y, para recomponerse, se presenta como “un medio”, “un instrumento” y no como un fin, renunciando a sus propios deseos (metas, ideas, propósitos, que menoscaba como meras utopías), porque piensa que, por tanto, respeta “los deseos de la base”, “su autonomía” [fetichismo de la base y de la autonomía]. Ahora bien, ¿no es obvio que el "trabajo de base" implica aceptar una posición heterónoma y jerárquica [no ser parte de la base, pero pretender estar sobre ella, además con una visión religiosa y pastoral de salvador e iluminado, muy propia de la pequeña burguesía o la mal llamada “clase media”]? ¿Y no es evidente que esta renuncia a las propias metas y deseos (para imaginariamente respetar “la autonomía de la base”), significa omitirse frente a las tendencias suicidas (reaccionarias) del proletariado, como si estas fuesen “autónomas”?

En el mejor de los casos, la militancia es simple fantasía, mera imaginación, delirio [y (auto)engaño]. [El militantismo es la fase suprema de la alienación: el militante de izquierda se cree un ser “desalienado” y “puro”, y por eso, “guía” y “salvador” del “inconsciente y desorganizado” proletariado, a quien termina cosificándolo para intentar dominarlo.] Quizás algo de lo que valga la pena reírse. En otros casos, sin embargo, a medida que la organización militante se perpetúa y el trabajo de base tiene éxito, inevitablemente se consolida -independientemente del formalismo "igualitario", "democrático" o de las "intenciones"- como pandilla, banda, mafia, [“racket”,] sacerdocio, [secta] y, en el peor de los casos, como una nueva clase dominante (burocracia).

¿Qué debemos hacer entonces? Cualquier cosa. Si existimos, es porque actuamos. Basta ser lo que eres, es decir, actuar [natural y espontáneamente] como un igual (un proletario), sin recelos ni renuncias, presentando opiniones, objetivos y propuestas como otros iguales [otros proletarios] presentan sus opiniones, objetivos y propuestas. De igual a igual, en los autobuses, en el trabajo, en el tren, en internet, en las calles, si hay la oportunidad. [Y sobre todo, estando presentes en las luchas de nuestra clase como unos proletarios más: en las protestas, las huelgas, los paros, las barricadas, las asambleas espontáneas y autoconvocadas, etc.; así como también en okupas, huertos, bibliotecas, talleres, ferias, tokatas, campañas de agitación, etc.] Abiertamente, como tendencia comunista libertaria del proletariado contra otras tendencias del proletariado (tendencias que, a nuestro juicio, son suicidas para el proletariado, ya que lo llevan a sostener su propio sometimiento y explotación. Por ejemplo: religión, patriotismo, defensa de "sus" puestos de trabajo contra los "invasores extranjeros", xenofobia, machismo, primitivismo, racismo, barrismo, corporativismo, conspiración, el servilismo de luchar por el reconocimiento de los "méritos" [, creer en y actuar bajo representantes y “salvadores” de izquierda y/o de derecha, etc.]).

Las prácticas [espontáneas] del proletariado (solidaridades, huelgas, manifestaciones, trabajar lo mínimo, cagarse en la "meritocracia", y lo que proponemos nosotros: superar la huelga por la libre producción, mecha del comunismo universal) son en sí mismas nuestra práctica. Y solo podemos influir en las prácticas de la clase [participando de ellas,] debatiéndolas y presentando con claridad nuestras críticas, ideas y propósitos, que pueden ser más o menos adoptados o no, ser difundidos por otros o no, en momentos determinantes sí y en otros no, mejoradas o no... No hay otro tipo de praxis además de esta, si es que realmente buscamos favorecer la autonomía del proletariado. El trabajo de base es la mistificación protoburocrática y proto-sacerdotal [de la praxis revolucionaria.]

[Nota sobre la unidad de la teoría y la práctica: la praxis revolucionaria]

A quienes piensan que sobreestimamos las "ideas", les respondemos que las ideas no son seres inmateriales (sólo serían inmateriales si existieran en un plano sobrenatural, en el que serían eternas e inalterables), sino que, por el contrario, son producciones indispensables para componer, junto con otras producciones (en pie de igualdad), la transformación de las circunstancias [y de los individuos] (praxis revolucionaria).

[A diferencia de lo que creen y dicen los burgueses y los leninistas,] los proletarios no son bestias que hacen las cosas a ciegas o instintivamente. No hay acciones sin fines, propósitos, deseos... es decir, las acciones presuponen e implican teorías [por más que no parezca ni que se lo conozca], que los proletarios crean y mejoran (o degradan y dogmatizan) al percibir [o “tomar conciencia”, la cual es su conciencia o no es tal] que su capacidad de actuar se aumenta (o disminuye) objetivamente.

La capacidad de acción [y de conciencia] del proletariado aumenta cuando confía en sí mismo ([local e] internacionalmente), no reconoce "chivos expiatorios", e impone sus necesidades de clase (que son comunistas: no trabajar y que todo sea gratis, "libre"), oponiéndose radicalmente, por este simple acto, a la clase dominante (para la cual, obviamente, esto es "opresivo", verdadera dictadura del proletariado [entendida como dictadura de las necesidades humanas sobre la dictadura de la economía y el Estado sobre nuestras vidas]). Ataca al poder [capitalista] disolviendo lo que lo sostiene: las divisiones del proletariado en empresas, patrias, razas, géneros, etc. a través de una libre asociación universal que garantice el libre acceso a los medios de producción y de vida a cualquier persona.

[Por el contrario, la capacidad de acción y de conciencia del proletariado] disminuye cuando los proletarios sospechan de sí mismos, claman poder contra los "chivos expiatorios" (extranjeros, "judíos", inmigrantes, "vagabundos"), y reprimen sus deseos en nombre de la ficción de un "bien mayor" (patria, empresa, religión, [sindicato, partido...]); es decir, cuando se unen a la clase dominante (ya sea burocrática o privada, de izquierda o de derecha) contra sí mismos.

En el primer caso (mayor capacidad de actuar), la teoría necesariamente se desarrolla, mejora [y deviene fuerza material y social revolucionaria]; mientras que en el segundo caso (capacidad reducida de actuar), la teoría sólo se puede degradar y dogmatizar [, es decir, convertirse en ideología o falsa conciencia con fuerza material deformadora de la realidad y, en última instancia, conservadora de la sociedad de clases.]

[Para llegar a controlar y transformar su propia vida, el proletariado es capaz de emanciparse a sí mismo, creando, controlando y comunicando su propia conciencia, su propia teoría, su propia información, su propia organización, su propia dirección y, sobre todo, su propia acción revolucionaria. La cual es “autoactividad” o acción autónoma, y es acción directa entre iguales, es decir acción sin intermediarios, representantes ni vanguardias de y entre los mismos proletarios.

Así pues, el “trabajo de base”, hágalo quien lo haga (cristianos de izquierda, leninistas, autonomistas, anarquistas, etc.), es un obstáculo para el desarrollo de la autonomía y la autoemancipación del proletariado; por lo tanto, es un obstáculo para el comunismo y la anarquía, entendidos como movimientos revolucionarios reales, con limitaciones y contradicciones, pero reales, sin necesidad de partidos ni de ideologías, de vanguardias, etiquetas ni fronteras.]



[1] “La heteronomía es un concepto que se aplica a un ser que vive según reglas que le son impuestas por otro, y que, en el caso del ser humano, se soportan contra la propia voluntad o con cierto grado de indiferencia e inconsciencia. El ejemplo clásico es la relación heterónoma entre amo y esclavo, así como entre Estado y sociedad. Según Cornelius Castoriadis (fundador de la revista marxista proto-autonomista “Socialisme ou Barbarie”), la heteronomía (sumisión social del individuo a la economía, a la socio-política y/o a la socio-religión, lo cual implica la pérdida de su poder y su libertad reales a cambio de un poder y una libertad ficticios) es lo contrario de la autonomía (capacidad de establecerse a sí mismo las propias leyes o normas de vida y, por lo tanto, de romper y superar la heteronomía).” [Tomado y editado de Wikipedia]

La autonomía del proletariado, entonces, es su capacidad de luchar sin intermediarios ni representantes ni jefes (burgueses ni proletarios, de derecha ni de izquierda): luchar directamente, dotándose de organización, conciencia y dirección por sí mismo, sobre la base de su experiencia de vida y de lucha, para su autoemancipación y autotransformación. Es autoactividad y autoorganización de las masas proletarias (ej. soviets o consejos de trabajadores, asambleas territoriales, etc.) por fuera, en contra y más allá de todas las instituciones y organizaciones del Capital, el Estado, partidos, sindicatos, iglesias, ongs, universidades, etc. De hecho, la autonomía proletaria sólo se conquista en el proceso histórico e internacional de las luchas concretas contra la heteronomía capitalista, estatal, partidaria, sindical, religiosa, etc.; es decir, en la lucha por recuperar el control sobre la propia vida colectiva e individual. 

El proletariado es una clase revolucionaria cuando lucha como una clase autónoma, no para conservarse como tal, sino para abolirse como clase, asumiendo la autoorganización de toda esta lucha. Lo cual le hace entrar en antagonismo irreconciliable con todas las divisiones, jerarquías, intermediaciones y representaciones del orden capitalista. Antagonismo de clases que sólo se puede resolver mediante la revolución o la contrarrevolución, cuya piedra angular es la reproducción o no del proletariado como clase explotada y heterónoma, y cuyo primer paso es la autoorganización del proletariado.

El leninismo -el jacobinismo o revolucionarismo burgués- es lo contrario de la autonomía proletaria: el primero conduce a, y prefigura, la contrarrevolución burocrática y el capitalismo de Estado “en un solo país”; la segunda, a la autoemancipación del proletariado, el derrumbe del capitalismo y la revolución comunista mundial. Por eso el "trabajo de base" que hacen los partidos leninistas reproduce la heteronomía de la sociedad y el Estado actuales y, por lo tanto, termina siendo lo contrario de la autonomía y la acción directa del proletariado para combatir y emanciparse del Capital y el Estado. [Nota del Editor]

[2] Es muy probable que el trabajo de base se origine y fundamente en el dolor misionero católico (sacrificio, caridad, culpa ...). Maldito legado de las comunidades eclesiales de base y sus pastores. [No en vano en eso también se parecen las sectas religiosas (evangélicas y católicas) y las sectas políticas (en especial, las sectas leninistas -en todas sus variantes-): en que ambas hacen trabajo de base en los barrios populares y compiten entre sí para ver quién organiza, recluta, adoctrina (“concientiza”) y dirige a más proletarios, como si estos fuesen objetos contables, acumulables y manipulables.]

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Segunda Parte: Autonomía, "clase media" y autoabolición del proletariado 

21 de julio de 2020

[Folleto] Aportes Críticos a los «Principios Políticos Revolucionarios del Proletariado» del GEC

Publicamos a continuación una discusión de los años 2011-2012 en torno a un texto que produjo el disuelto Grupo de Esclarecimiento Comunista (GEC) de Perú, seguido del respectivo balance crítico que a su vez plasmó el también disuelto grupo Proletarios Salvajes de Ecuador en torno a éste. Consideramos que es un aporte bastante cualitativo que sigue vigente, sobre todo en el actual contexto donde imperan significativas debilidades, vacíos, confusiones y faltas de ruptura con la ideología (dominante y "revolucionaria") en el autodenominado movimiento revolucionario. Si bien sabemos que los problemas del terreno práctico no se resolverán mecánicamente con la lectura de un texto, por otra parte es un error demeritar la importancia de estos materiales pues, nos guste o no, el legado escrito de los compañeros que están o estuvieron– acompaña el proceso de continuidad y profundización de la perspectiva revolucionaria que nos permite romper el aislamiento y luchar en comunidad contra esta sociedad capitalista y de clases hasta poder abolirla y superarla.

Materiales X la Emancipación, México D.F., Julio 2020
(Edición en folleto)

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Estamos de acuerdo en que la centralización es una necesidad de la lucha proletaria contra el capital y en que no existe unidad revolucionaria sin principios revolucionarios.
Sin embargo, este proceso de centralización revolucionaria y orgánica no ha de darse solo con base en la discusión teórica o de principios, sino con base en las necesidades, las luchas y los avances reales del proletariado internacional militante, el que, no obstante la actual reemergencia internacional y masiva del proletariado, todavía está “en pañales” en cuanto tal. En pocas palabras, hay que discutir teóricamente cuando es una necesidad práctica de la lucha de nuestra clase, a fin de contribuir a clarificarla y potenciarla. Por lo tanto, tal centralización práctica y efectiva también está “en pañales”; es más, la vemos lejana todavía. Creer y hacer lo contrario sería caer en el principismo y, peor aún, en un tertulianismo (o charlatanismo) onanista y estéril. [...]
A pesar de este hecho, no dejamos de considerar que la reapropiación del programa histórico comunista y la discusión/clarificación internacional acerca del mismo también constituyen una práctica de las minorías revolucionarias existentes. En este sentido y con esta intencionalidad, nos hemos tomado el tiempo de elaborar y difundir este documento. Además, creemos que el mismo puede, en algún momento y espacio, y a pesar de sus defectos (redundancias o tautologías, estilo un tanto pesado de redacción y lectura, cabos sueltos, errores), servir como un material introductorio y/o “provocativo” –uno de muchos, claro– para nuevxs compañerxs sinceramente interesadxs en las históricas posiciones proletarias, comunistas e internacionalistas: en las posiciones de su clase para su autoliberación. Tal es el sentido y la intencionalidad (dejarles clavado ese bicho, esa espina que tensa, esa “pica”), insistimos, del presente documento, el que, al igual que el texto del GEC, no es más que un borrador. Tanto sus alcances como sus limitaciones serán juzgadas por sus lectores o, mejor dicho, por el valor de uso práctico y revolucionario que otrxs compañerxs le den –o no– a este material.
[...]
No en vano Marx se refería al proletariado como “el partido destructor” o “el partido de la subversión”, a la vez que como el “portador del comunismo”. Y es que solo mediante esta negatividad radical, subversiva, autoabolicional y creadora es que nuestra clase puede destruir el capitalismo y construir o crear el comunismo.
El proletariado no solo es revolucionario por la posición estructural que ocupa dentro del modo de producción capitalista como único productor de plusvalía, de capital o de “toda la riqueza de este mundo”. Sino fundamentalmente por la posición histórica que ha ocupado y ocupa en la lucha de clases contra el capital como negación, antagonismo, irrupción, ruptura, destrucción y superación absoluta y viviente de la sociedad burguesa del trabajo, el dinero, las clases (empezando por sí mismo), el Estado, las ideologías y los fetiches. El principio de “el proletariado es revolucionario o no es nada” debería entenderse entonces como que “el proletariado es la destrucción de esta sociedad y, por tanto, es también su propia destrucción”.


Proletarios Salvajes, Quito, Enero 2012

3 de mayo de 2020

On activism, theory, the individual and revolutionary organization

Aquí está la traducción al inglés de mi texto «Sobre activismo, teoría, individuo y organización revolucionaria. Un debate imaginario entre algunos compañeros», gracias al compañero de Malcontent Editions. Se agradece su difusión y discusión entre sus contactos angloparlantes. Proletarios de todo el mundo: ¡teoría y práctica revolucionarias para la autoliberación individual y colectiva!

«Here is the translation of part two of the series written by the comrade of Proletarios Revolucionarios, let’s let the introduction speak for itself:

On activism, theory, the individual and revolutionary organization. An imaginary debate between a few comrades

This text, composed for the most part of key fragments from texts by other historical and international comrades on the themes proposed, is the continuation or second part of my text “The self-abolition of the proleariat as the end of the capitalist world (or why the current revolt doesn’t transform into revolution”, and it’s a tentative and provisional response to the question “So what should we do then?”»