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1 de septiembre de 2021

Algunos relatos sobre la comunización

Jasper Bernes

Traducido al castellano por: Non Lavoro [https://translatoriac.noblogs.org], 2021


[Serie | 8 partes]

Parte uno: Algunos relatos sobre la comunización
Parte dos: Fracaso | Comunización, la historia de una teoría del futuro
Parte tres: Socialisme ou Barbarie, la Internacional Situacionista y la teoría de la comunización
Parte cuatro: El comunismo es un libro abierto | Jan Appel y la historia del comunismo de consejos
Parte cinco: La autoeducación de Jan Appel | La comunización y su historia

Parte seis: Marcha a paso ligero por el mayo rampante
Parte siete: Explicaciones
Parte ocho: Fisuras y virajes

***

Parte uno

26 de noviembre de 2020

«Quiero hacer una serie de publicaciones sobre la teoría de la “comunización” tal como se ha desarrollado desde 1968, porque me parece que hay mucho más interés en el término, y más deseo de lo que hay comprensión. Son muchas las razones para el abuso que ha sufrido esta palabra, pero la principal es que, en un principio, en Francia, de donde deriva, la “comunización” nunca se usó para nombrar a una tendencia o una teoría coherente. Era simplemente un término en uso que una red vagamente conectada de proyectos comunistas utilizaba para explicar su visión de la revolución comunista.

Incluso cuando el término courant communisateur  —tendencia comunizadora, o corriente comunizadora— comenzó a aplicarse a estos grupos de manera retrospectiva, muchos cuestionaron y se resistieron el término, en atención a la forma en que con éste se confundía a los defensores de la comunización, que podrían existir en el mundo aquí y ahora, con quienes practicaran la comunización, es decir, con personas que aún no existen.

Acreditar un concepto como este a un solo autor o texto es peligrosamente cosificante, pues la mayoría de estos textos fueron escritos, editados y discutidos  en forma colaborativa, y con frecuencia fueron distribuidos por primera vez sin firmar. No obstante, podemos decir que la contribución fundamental fue el ensayo que escribió Gilles Dauvé en 1969, Sobre la ideología de ultraizquierda [“Sur l’ideologie ultra-gauche”], redactado para la reunión nacional del grupo comunista-de-consejos Informations et Correspondances Ouvières, y que pretendía llamar a debate a Paul Mattick. Más tarde, la librería y lugar de encuentro de París La Vieille Taupe [El viejo topo] volvería a publicar el ensayo como “Contribución a la crítica de la ideología de ultra-izquierda”. Dauvé reelaboraría este artículo para publicarlo, a principios de los 70, en Le mouvement communiste, la primera publicación donde se elaboró ​​la teoría de la comunización. Fredy Perlman, entonces editor estadounidense de la Internacional Situacionista y, por extensión, de la ultraizquierda, reunió estos artículos bajo el título Eclipse and Reemergence of the Communist Movement [“Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista”] que sigue siendo el texto en francés más conocido sobre la comunización y sin duda el punto cero para la discusión en inglés del término. Este es el primer punto: la comunización surge como una crítica, y en realidad no puede entenderse sin comprender el objeto de la crítica, razón por la cual la mayoría de los documentos de la comunización involucran un recuento de la historia de todo el movimiento obrero desde el siglo XIX en adelante.

Aún no les he dicho en realidad qué es la comunización porque creo que la mejor manera de entenderla, en un comienzo, es como el producto de un problema, un ambiente y una coyuntura, y que eventualmente se volverá lo suficientemente abstracta como para sostenerse por sí sola como teoría. Pero la teoría es imposible de entender sin esta historia, una historia que nos permitirá aproximarnos a la comunización en al menos una docena de formas diferentes.

  1. Síntesis

La comunización no es ante todo una crítica simplemente, sino una síntesis crítica, una especie de química irreversible de ideas, en la que la teoría de la revolución que se encuentra en el comunismo de consejos, es decir, en la ultraizquierda alemano-holandesa, se unió a las ideas de Amadeo Bordiga y el comunismo de izquierda italiano —del que hasta entonces había estado en gran parte separado— para producir una nueva construcción teórica, opuesta tanto al consejismo como al bordiguismo. El primer momento de esta síntesis es el texto que acabamos de nombrar, publicado en el principal órgano francés del consejismo y dirigido al comunista consejista vivo más significativo. Mientras que la ultraizquierda alemano-holandesa concebía  la revolución comunista formalmente, como la extensión de la autogestión obrera al control de la totalidad de la economía, Bordiga y sus asociados llevan la atención al contenido del comunismo, su definición lógica y axiomática:

Rechazando la teoría de la autogestión obrera [de los comunistas de consejos], el bordiguismo realiza una de las críticas más mordaces de la economía rusa [URSS], poniendo al frente no a la burocracia, como hacen los trotskistas y Socialisme ou Barbarie, sino a las relaciones de producción. La revolución, sugiere la prensa bordiguista, debe consistir en la destrucción de la ley del valor y el intercambio. [Recopilado en Rupture dans la theorie de la révolution: Textes 1965-75 ]

El término comunización no se utiliza en este ensayo pero está implícito en la síntesis, y todo lo que sigue bajo el nombre de comunización puede considerarse una extensión de esta síntesis.

¿Qué se está sintetizando? Bueno, el bordiguismo y el consejismo, pero eso es impreciso. Del consejismo Dauvé retiene la insistencia en la autoorganización proletaria, el compromiso radical con la lucha de clases proletaria como teoría. Pero esto no es suficiente, dice la crítica. No es suficiente simplemente tomar el poder, no es solo una cuestión de forma, sino de contenido. No basta con formar consejos y apoderarse de las fábricas, como hicieron parcialmente los trabajadores en el 68. También hay que hacer algo con ese poder tomado, y esto es lo que no sucedió en 1968 y lo que no pudieron explicar los grupos ultraizquierdistas con los que se le asocia: Socialisme ou Barbarie, la Internacional Situacionista, ICO y otras estrellas del más amplio renacimiento ultraizquierdista.

¿Qué es este contenido? Bueno, es la destrucción del valor y el intercambio, que para Dauvé es idéntico al comunismo. Espero mostrar en algún momento cómo es que esta definición se queda corta e introduce problemas para la teoría de la comunización, pero debe notarse primero que para los lectores familiarizados con la literatura bordiguista la frase es una abreviación y se refiere a algo bastante concreto: la distribución directa de los bienes sin el uso del dinero, los salarios u otros mecanismos. De lo contrario, la frase que describe el contenido del comunismo es simplemente otro formalismo: ¿cómo puede la destrucción de una forma ser el contenido del comunismo?

Estaban en juego las cuestiones prácticas de la organización revolucionaria. Bordiga había escrito extensamente sobre la importancia de tales medidas para la revolución comunista, y a manera de crítica de lo que él pensaba que era un capitalismo de estado operativo en Rusia. Esto nos lleva al punto final para estos autores: el vocabulario marxista crítico, en la teoría de la comunización, es a la vez una descripción del comunismo. En la categoría valor, heredada de Marx, encontramos la descripción (invertida) del núcleo del comunismo. En la crítica de Bordiga a la URSS, encontramos una teoría de la revolución como comunismo. La síntesis vincula al comunismo directamente con las categorías de la crítica de la economía política de Marx de una manera única y sin precedentes. [...]»

***

Parte seis

 19 de abril de 2021

«Un paso adelante y dos pasos atrás. Todas mis tentativas de hacer avanzar la historia de la comunización parecen haberme devuelto a sus antecedentes en la izquierda comunista y el comunismo de consejos, cuando no en Marx y la Segunda Internacional. Esto se debe a que la teoría de la comunización siempre se presenta de forma narrativa, según he podido aprender. Los ensayos de Gilles Dauvé y Francois Martin han sido traducidos y titulados en inglés como Eclipse and Reemergence of the Communist Movement, una narración del movimiento obrero y de su eclipse contrarrevolucionario, contada desde el punto de vista de un nuevo ciclo de luchas que avanzaba sobre bases nuevas. Aquí, la crítica de la ultraizquierda histórica es la consecuencia teórica de un desplazamiento real en la lucha de clases, visible por primera vez en el ‘68 pero confirmado en los años transcurridos desde entonces. El objetivo de la teoría de la comunización es hacer balance de lo que ha cambiado, y eso requiere como mínimo un entonces y un ahora. [...]

1968 fue un enigma, y sigue siéndolo, porque no surgió como respuesta a una crisis política o económica declarada. Surgió de un antagonismo producido por el crecimiento mismo, no por su interrupción, de la reorganización histórica de la sociedad francesa a lo largo de los Treinta Gloriosos. Llegar a la raíz del antagonismo no era fácil, pues parecía brotar de una mezcla de quejas cualitativas y existenciales, más visibles en los movimientos estudiantiles y juveniles de la época. Realización, sentido, dignidad, participación, expresión creativa. Entre estas reivindicaciones y los lugares de trabajo capitalistas, sin embargo, había una contradicción, por eso Martin sostiene que la ausencia de instituciones concretas de control obrero en el ’68 no se debe a la timidez de la clase trabajadora, sino a su intransigencia: los trabajadores ya no estaban interesados en asumir la responsabilidad de su reproducción como trabajadores, ahora claramente incompatible con sus necesidades como seres humanos. En el fragor de la lucha se reveló algo más, algo que quedó excluido por el momento de las negociaciones e incluso por la propia identidad obrera. Después del ‘68, en Francia y en Italia, donde esta subjetividad será aún más clara, pareciera que los grupos autoorganizados de trabajadores hacían huelga por hacer huelga y contra la finalización de la misma, encontrando en los medios un fin en sí, y exhibiendo indiferencia hacia la marcha de las negociaciones finales, que siempre conducían al desempoderamiento.

Los ultraizquierdistas de Censier perseguían lo que ellos creían que era el programa comunista máximo, fundado en la expropiación autoorganizada de los medios de producción por parte de comités de trabajadores. A los participantes les costó meses y años asumir el silencio del proletariado, su pasividad curiosamente agresiva; la teoría de la comunización es una forma de llegar a asimilar lo que surgió directamente de los debates de aquellos que continuaron reuniéndose para poder descifrar lo que había sucedido. Pero la explicación que da Martin en su libro no es tanto una explicación como una observación, una señal que indica el problema. Podemos entender la teoría de la comunización como una serie de intentos de asimilar este silencio, que habría de reaparecer, de una forma u otra, en cada lucha significativa desde entonces. Así es como Dauvé y otros lo describen en un documento posterior, que ofrece un relato mucho más completo y rico de 1968:

En las fábricas de 1968 apenas se encontraba el ambiente festivo de 1936. La gente sentía que había sucedido algo que podía ir más allá, pero evitaba hacerlo. La atmósfera de gravedad que reinaba iba acompañada de un resentimiento contra los sindicatos, un chivo expiatorio conveniente, mientras que sólo podían mantener el control a través del comportamiento de las bases. La alegría estaba en otra parte, en las calles. Por eso, mayo del 68 no pudo reproducir ni conducir a un retorno revolucionario durante los años siguientes. El movimiento generó un reformismo que se alimentó de la neutralización de sus aspectos más virulentos. La historia no pasa el plato por segunda vez.

Lo que 1968 expuso fue una profunda des-subjetivación, una desidentificación con el trabajo que a menudo era una desidentificación con el movimiento obrero como tal, una negatividad que se manifestaba en el rechazo del trabajo, en huelgas y sabotajes, pero también en su capacidad de volverse hacia el nihilismo, el cinismo y la pasividad:

Abandonar el control de las fábricas a los sindicatos era un signo de debilidad, pero lo era también del hecho de que eran conscientes de que el problema estaba en otra parte. Cinco años después, en 1973, en una gran huelga en Laval, los trabajadores simplemente abandonaron la fábrica durante tres semanas. Como la «despolitización» de la que tanto se ha hablado, esta pérdida de interés en la empresa, en el trabajo y en su reorganización, es ambivalente, y no puede interpretarse más que en relación con todo lo demás. El comunismo estaba ciertamente presente en 1968, pero sólo en relieve, en negativo. En Nantes en 1968, y más tarde en SEAT en Barcelona (1971) o Quebec (1972), los huelguistas se apoderaban de distritos o ciudades, llegaban a apoderarse de estaciones de radio, pero no hacían nada: la autoorganización de los proletarios «es posible, pero al mismo tiempo, no tienen nada que organizar» (Théorie Communiste, n° 4, 1981, p. 21) [...]

En Italia, entonces, podemos ver más claramente los límites a los que se enfrenta la autoorganización del lugar de trabajo como tal. El auto- de la auto-organización se ha vuelto problemático, fracturado por la remodelación de la industria de mediados de siglo. Los trabajadores luchan contra su propia posicionalidad en la división del trabajo, como mujeres, como migrantes, como trabajadores por pieza, como técnicos, etc. El auto- de la auto-organización debe hallarse en otra parte, ya sea en el proletariado como tal, independientemente de los medios de producción, o en alguna futura transformación comunista de esos medios de producción. Lo que se requiere para la revolución no es la autoorganización como tal, sino la autoorganización de la autoorganización, lo que significaría una otro-organización [N. del T., una organización de/del otro], una recodificación del sistema de lugares [system of places] heredado del capitalismo. Como lo escribe Theorie Communiste, resumiendo esta idea: “la autoorganización es el primer acto de la revolución; luego se convierte en un obstáculo que la revolución debe superar”. [...]

Entre piquetero y ocupante, sólo puede haber un tercer término que supere a ambos y que, por tanto, no pueda proceder de ninguno. Llamarán a esto l’écart, un término un tanto intraducible que puede presentarse en un lugar como “brecha” y en otro lugar como “viraje”. La autoorganización de la autoorganización, que supera su sistema de lugares. Esto es lo que hay que articular, como perspectiva comunista, como actividad comunizadora, con sus anticipaciones ubicadas en las luchas de clases más intensas de la época actual. Es lo que intentaré hacer en ensayos posteriores.»

13 de agosto de 2019

SOBRE LA REVOLUCIÓN EN LOS PAÍSES SUBDESARROLLADOS - IS

CONTRIBUCIONES  PARA  RECTIFICAR  LA  OPINIÓN PUBLICA  ACERCA  DE  LA  REVOLUCIÓN  
EN  LOS PAÍSES  SUBDESARROLLADOS

Internacional Situacionista nro. 12 (octubre 1967)

"Capitalismo de Estado Totalitario con características Chinas" desde tiempos del "presidente Mao" hasta hoy día

1
El  papel  eminentemente  revolucionario  de  la  burguesía  consiste  en  haber  introducido,  de forma  decisiva  e  irreversible,  la  economía  en  la  historia.  Dueña  fiel  de  esta  economía,  lo es  también  desde  su  aparición  de  forma  efectiva  -aunque  a  veces  inconsciente-  de  la “historia  universal”.  Ésta  ha  dejado  de  ser  por  primera  vez  un  fantasma  metafísico  o  un acto  de  Weltgeist  para  convertirse  en  un  hecho  material,  tan  concreto  coma  la  existencia trivial  de  cada  individuo.  Desde  el  advenimiento  de  la  producción  mercantil  nada  escapa  en  el  mundo  al  desarrollo  implacable  de  este  nuevo  fatum,  la  invisible  racionalidad económica:  la  lógica  de  la  mercancía.  Esencialmente  totalitaria  e  imperialista,  exige  por campo  de  acción  el  planeta  y  por  servidores  a  la  totalidad  de  los  hombres.  Allí  donde está  la  mercancía  no  hay  más  que  esclavos.
2
A  la  coherencia  opresiva  de  una  clase  particular  para  mantener  a  la  humanidad  en  la  pre-historia,  el  movimiento  revolucionario  -producto  directo e  involuntario  de  la  dominación  capitalista  burguesa-  ha  opuesto  desde  hace  un  siglo  un  proyecto  de  coherencia liberadora  obra  de  todos  y  cada  uno:  la  intervención  libre  y  consciente  en  la  creación  de  la  Historia,  la  abolición  real  de  toda  división  en  clases  y  la  supresión  de  la  Economía.
3
Allí  donde  ha  penetrado  -es  decir,  en  casi  todas  las  partes  del  mundo-,  el  virus  de  la  mercancía  trastorna  las  formaciones  socioeconórnicas  mas  esclerotizadas  y  permite  a  millones  de  seres  humanos  descubrir  en  la  miseria  y  en  la  violencia  el  tiempo  histórico  de  la economía.  Allí  donde  penetra  esparce  su  principio  destructor,  disuelve  los  vestigios  del pasado  y  exacerba  los  antagonismos.  En  pocas  palabras,  acelera  la  revolución  social. Todas  las  murallas  chinas  se  derrumban  a  su  paso,  y  apenas  se  instala  en  la  India  todo se  disuelve  a  su  alrededor  y  estallan  revoluciones  agrarias  en  Bombay,  en  Bengala  y  en Madrás:  las  zonas  pre capitalistas  del  mundo  acceden  a  la  modernidad  burguesa,  pero  sin la  base  material  de  esta.  Como  en  el  caso  de  su  proletariado,  también  allí  las  fuerzas  que la  burguesía  ha  contribuido  a  liberar  y  a  crear  se  vuelven  contra  ella  y  contra  sus  servidores  autóctonos:  la  revolución  de  los  subdesarrollados  se  convierte  en  uno  de  los  principios  capitales  de  la  historia  moderna.
4
El  problema  de  la  revolución  en  los  países  subdesarrollados  se  plantea  de  forma  específica  debido  al  propio  desarrollo  de  la  historia.  El  retraso  económico  general,  mantenido por  la  dominación  colonial  y  las  capas  que  la  apoyan,  y  el  subdesarrollo  de  las  fuerzas productivas  han  impedido  en  estos  países  el  desarrollo  de  las  formaciones  socioeconómicas  que  debían  ejecutar  inmediatamente  la  teoría  revolucionaria  elaborada  desde  hace más  de  un  siglo  a  partir  de  las  sociedades  capitalistas  avanzadas.  En  el  momento en  que entran  en  lucha  estos  países  desconocen  la  gran  industria,  y  la clase obrera está  lejos  de ser en  ellos  una  clase  mayoritaria.  Es  el  campesinado  pobre  el  que  asume  esta  función.
5
Los  diferentes  movimientos  de  liberación  nacional  han  aparecido  mucho  después  de  la derrota  del  movimiento  obrero,  consecuencia  del  fracaso  de  la  revolución  rusa,  convertida  desde  su  advenimiento  en  contrarrevolución  al  servicio  de  una  burocracia  supuestamente  comunista.  Han  sufrido  por  tanto,  sea  conscientemente  o  en  una  falsa  conciencia,  todas  las  taras  y  debilidades  de  esta  contrarrevolución  generalizada,  y  con  el  lastre añadido  del  atraso  general  no  han  podido  superar  ninguno  de  los  límites  impuestos  al movimiento  revolucionario  vencido.  Y  debido  precisamente  a  la  derrota  de  éste  los  países  colonizados  o  semicolonizados  han  tenido  que  combatir  solos  el  imperialismo.  Pero al  combatirlo  únicamente  en  una  parte  del  terreno  revolucionario  total  no  han  podido disiparlo  más  que  parcialmente.  Los  regímenes  de  opresión  que  se  han  instalado  allí donde  la  revolución  de  liberación  nacional  ha  creído  triunfar  no  son  más  que  una  de  las formas  bajo  las  que  se  opera  el  retorno  de  lo  reprimido.
6
Cualesquiera  que  sean  las  fuerzas  que  han  participado  en  ellos  o  el  radicalismo  de  sus directivas,  los  movimientos  nacionalistas  siempre  han  desembocado  en  el  ascenso  de  las sociedades  excolonizadas  a  formas  modernas  de  Estado  y  a  pretensiones  de modernidad en  la  economía.  En  China,  imago  pater  de  los  revolucionarios  subdesarrollados,  la  lucha de  los  campesinos  contra  el  imperialismo  americano,  europeo  o  japonés  acabó,  a  1a  vista del  fracaso  del  movimiento  obrero  de  los  años  1925-1927,  por  llevar al  poder  a  una burocracia  basada  en  el  modelo  ruso.  El  dogmatismo  estalino-leninista  en  el  que  baña  su ideología  -recientemente  reducido  al  catecismo  rojo  de  Mao-  no  es  otra  cosa  que  la  mentira  o,  en  todo  case,  la  falsa  conciencia  que  acompaña  su  práctica contrarrevolucionaria.
7
El  fanonismo  y  el  castro-guevarismo  son  la  falsa  conciencia  a  través  de  la  cual  el  campesinado  cumple  la  inmensa  tarea  de  librar  a  la  sociedad  pre capitalista  de  secuelas  semi-feudales  y  coloniales  para  restituir  la  dignidad  nacional  pisoteada  por  los  colonos  y  las clases  dominantes  retrogradas.  Benbellismo,  nasserismo,  titismo  o  rnaoismo  son  ideologías  que  anuncian  el  fin  de  estos  movimientos  en  su  apropiación  privativa  por  las  capas urbanas  pequeño-burguesas  o  militares:  la  recomposición  de  la  sociedad  de  la  explotación,  pero  con  nuevos  dueños  y  sobre  la base  de  nuevas  estructuras  socioeconómicas. Allí  donde  el  campesinado  ha  luchado  victoriosamente  y  ha  llevado  al  poder  a  las  capas que  han  encuadrado  y  dirigido  su  lucha,  él  ha  sido  el  primero  en  sufrir  su  violencia  y  en pagar  los  enormes  gastos  de  su  dominación.  La  burocracia  moderna,  como  la  más  antigua  (en  China  por  ejemplo),  edifica  su  poder  y  su  prosperidad  sobre  la  explotación  de los  campesinos:  la  ideología  no  cambia  la  cuestión.  En  China  o  en  Cuba,  en  Egipto  o  en  Argelia,  juega  en  todas  partes  el  mismo  papel  y  asume  las  mismas  funciones.
8
En  el  proceso  de  acumulación  de  capital,  la  burocracia  es  la  realización  de  aquello  que en  la  burguesía  era  únicamente  concepto.  Lo  que  la  burguesía  hizo  durante  siglos  “con sangre  y  sudor”,  La  burocracia  quiere  realizarlo  conscientemente  en  unos  decenios.  Sólo que  la  burocracia  no  puede  acumular  capital  sin  acumular  mentiras:  se  ha  bautizado siniestramente  como  “acumulación  socialista  primitiva”  lo  que  constituye  el  pecado  original  de  la  riqueza  capitalista.  Todo  lo  que  las  burocracias  subdesarrolladas  dicen,  se representan  e  imaginan  que  es  el  socialismo  no  es  otra  cosa  que  el  neo mercantilismo acabado.  “El  Estado  burgués  sin  burguesía”  (Lenin)  no  puede  superar  las  tareas  históricas  de  la  burguesía,  y  el  país  industrial  más  desarrollado  muestra  al  menos  desarrollado la  imagen  de  su  desarrollo  futuro.  La  burocracia  bolchevique  en  el  poder  no  encontró nada  mejor  que  proponer  al  proletariado  revolucionario  ruso  que  “matricularse  en  la escuela  del  capitalismo  de  Estado  alemán”.  Todos  estos  poderes  que  se  llaman  a  sí  mismos  socialistas  son  en  todo  caso  una  imitación  subdesarrollada  de  la  burocracia  que dominó  y  venció  al  movimiento  revolucionario  europeo.  Lo  que  haga  o  deba  hacer  la burocracia  no  emancipará  a  la  masa  trabajadora  ni  mejorará  sustancialmente  su  condición  social,  puesto  que  eso  depende  no  solo  de  las  fuerzas  productivas  sine  de  su  apropiación  por  los  productores.  Lo  que  no  dejará  de  hacer  es  crear  las  condiciones  materiales  para  realizar  ambas. ¿Hizo  alguna  vez  menos  la  burguesía?
9
En  las  revoluciones  burocrático-campesinas  solo  la  burocracia  aspira  consciente  y  lucidamente  al  poder.  La  toma  del  poder  corresponde  al  momento  histórico  en  que  la  burocracia  se  apodera  del  Estado  y  declara  su  independencia  ante  las  masas  revolucionarias, antes  de  la  eliminación  de  las  secuelas  coloniales  y  de  ser  efectivamente  independientes del  extranjero.  Al  entrar  en  el  Estado,  la  nueva  clase  se  refugia  en  la  heteronomía  militante  contra  toda  autonomía  de  las  masas.  Única  propietaria  de  toda  la  sociedad,  se declara  representante  de  sus  intereses  superiores.  El  Estado  burocrático  es  en  este  case el  Estado  hegeliano  realizado.  Su  separación  de  la  sociedad  consagra  al  mismo  tiempo la  separación  de  clases  antagónicas:  la  unión  momentánea  de  la  burocracia  y  el  campesinado  no  es  más  que  la  ilusión  fantástica  a  través  de  la  que  ambos  cumplen  las  inmensas  tareas  históricas  de  la  burguesía  desfalleciente.  El  poder  burocrático  edificado  sobre las  ruinas  de  la  sociedad  colonial  pre capitalista  no  es  la  abolición  de  los  antagonismos de  clase;  no  hace  más  que  sustituir  las  antiguas  por  nuevas  clases,  nuevas  condiciones de  opresión  y  nuevas  formas  de  lucha.
10
No  es  subdesarrollado  más  que  el  que  reconoce  el  valor  positive  del  poder  de  sus  amos. La  carrera  por  alcanzar  la  reificación  capitalista  sigue  siendo  la  mejor  vía  hada  el  subdesarrollo  reforzado.  La  cuestión  del  desarrollo  económico  es  inseparable  de  la  cuestión del  verdadero  propietario  de  la  economía,  del  dueño  real  de  la  fuerza  de  trabajo;  todo  lo demás  es  cháchara  de  especialistas.
11
 Hasta  hoy  las  revoluciones  de  los  países  subdesarrollados  no  han  hecho  más  que  tratar de  imitar  el  bolchevismo  de  formas  diferentes;  se  trata  en  lo  sucesivo  de  disolverlo  en  el  Poder  de  los  Soviets.
Mustapha KHAYATI