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INTRODUCCIÓN
El presente documento es el post scriptum de nuestro [Dossier]
El doble Camatte. Sus objetivos son: 1) desarrollar y
precisar todos y cada uno de los puntos que dejamos planteados en la
Presentación de nuestro Dossier sobre el Camatte comunista y el Camatte no
comunista; y, 2) contrastar y matizar nuestra crítica al Camatte no comunista
con otras lecturas hechas por camaradas de otras regiones: específicamente, con
el artículo Comentarios a propósito de la muerte de
Jacques Camatte de Nec Plus Ultra-NPU (abril de 2025). Artículo del cual citamos algunos fragmentos clave in
extenso, debido a la valiosa información y explicación que contiene; mejor
dicho, porque es un muy buen artículo.
Partiendo de evitar el simplismo y la injusticia con las ideas que no
compartimos del propio Jacques, el tercer objetivo de este material es,
entonces, dar cuenta de una discusión compañera, clarificadora, fecunda
y abierta sobre la obra de Camatte entre NPU y nosotros (PHS). Razón por la
cual, aquí planteamos y desarrollamos tanto los puntos de desacuerdo o
debate como los puntos de acuerdo entre ambos. Conformando así un
verdadero balance de las principales contribuciones de Camatte a la
teoría revolucionaria, entendida como forma y momento de la práctica
revolucionaria, para el presente y el futuro.
El lector ya debería sobreentender, pues, que este ejercicio colectivo de
discusión y clarificación teórica no es académico y “neutral”. Es un esfuerzo
serio y militante como proletarios hartos de serlo que, entre otras cosas y
cada vez que pueden, hacen teoría comunista con cabeza propia y rigor como si
fuesen herreros-guerreros que, mediante «el fuego del debate», acendran bien sus
espadas para las diferentes batallas por su emancipación total, es decir, por
dejar de ser explotados y oprimidos de una vez por todas. Más claro: aquí
seguimos afilando las armas teóricas de la revolución comunista.
Sobre nuestra tesis de «el doble
Camatte» y la diferencia entre ideología “revolucionaria” y teoría
revolucionaria
Antes de pasar a tal discusión compañera alrededor del artículo de NPU, cabe
mencionar que nuestra
publicación del Dossier El doble Camatte en Instagram (17 de mayo de 2026) generó un breve debate con el mismo compañero (ver
comentarios) que resulta relevante para efectos de este trabajo.
En resumen: NPU afirma que plantear la existencia de un doble Camatte —el
Camatte comunista y el Camatte no comunista— sobre la base de un supuesto “corte
temporal” (sic) en su obra —a saber: antes, durante y después de 1968 (oleada
revolucionaria internacional) y de 1975 (reestructuración/contrarrevolución
capitalista)— es “ideológico” (sic). 1) Porque tal “corte temporal” no
existe o es incorrecto (por ejemplo, la tesis de la “autonomización del
capital” ya está presente en Capital et Gemeinwesen de 1966). 2) Porque
la teoría revolucionaria es histórica y socialmente constituida; es decir,
depende del período histórico del capitalismo y la lucha de clases, no de lo
que es “verdadero” y “falso” en las ideas dentro de tal o cual teoría. Y 3) porque
el hecho de que la obra de Camatte contenga limitaciones y contradicciones no
justifica denominarlas «no comunistas» ―como nosotros, en cambio, sí lo hacemos―,
sino sólo comprender y explicar críticamente las contradicciones de la teoría
comunista de Camatte junto con sus causas histórico-sociales.
Revisando el debate con cabeza fría y fraternidad, diremos que, en
general, estamos de acuerdo con NPU, excepto en que nuestra tesis es
“ideológica”. Esta crítica la rechazamos. Veamos por qué. De entrada y para
ir directo al grano: porque en la sociedad burguesa nadie está a
salvo de la ideología burguesa. Por lo tanto, ningún comunista, por más radical
y lúcido que sea, está exento de tener prácticas e ideas no comunistas. Camatte
no fue la excepción. Por eso reafirmamos nuestra tesis del doble Camatte, o
sea, de un Camatte comunista y un Camatte no comunista.
Ahora bien, hilando fino, la palabra ideología significa distorsión
o inversión de la realidad tal cual es en el pensamiento y el lenguaje para encubrir,
naturalizar, justificar y reproducir la explotación, dominación y alienación de
una clase social sobre otra. Por eso la ideología dominante en toda sociedad de
clases es siempre la ideología de la clase dominante (Marx, La ideología
alemana, 1845-46). En la sociedad capitalista, obviamente, la ideología
dominante es la ideología burguesa o de la clase capitalista. Por ejemplo,
encubrir la explotación y dominación de los burgueses sobre los proletarios bajo
el manto ideológico discursivo de la “libertad” y la “igualdad” ante el mercado
y el Estado como “ciudadanos” con “derechos”, o lo que Camatte denominó
«mistificación democrática» (en su trabajo homónimo de 1969).
Es importante tener claro que esta mistificación democrática de la
dictadura del Capital sobre el proletariado ―dictadura cotidiana, normalizada e
invisibilizada― no sólo es una “superestructura”, sino que forma parte de la
misma “estructura” o base material de las relaciones sociales capitalistas y,
más precisamente, de su «fetichismo de la mercancía» (Marx, El Capital I,
1867); es decir, de la cosificación mercantil de las relaciones entre las
personas y la personificación de las cosas-mercancías. Sobre esta base, es que
luego la ideología, cualquier ideología, moldea formas de accionar en todos los
aspectos de la vida social y personal. Por lo tanto, la ideología no sólo es
falsa conciencia, sino que es una fuerza material, a tal punto que la realidad
social capitalista es, en sí misma, ideológica.
Por su parte, cuando la palabra ideología se utiliza como crítica
entre los propios revolucionarios significa: 1) falsa conciencia con fuerza
material que justifica y reproduce las relaciones y formas sociales
capitalistas bajo una apariencia “revolucionaria”; y, 2) conjunto de ideas que
se separa de la práctica revolucionaria hasta enajenarla y degenerarla o
convertirla en su contrario.
Ejemplos históricos por excelencia de ideología “revolucionaria” han
sido: 1) el marxismo en la Rusia bolchevique a partir de los años 20 ―e incluso
antes― para justificar y reproducir su capitalismo estatal e imperialista
disfrazado de “comunismo”; y, 2) el anarquismo en la España anarcosindicalista
y antifascista durante 1936-37 para justificar y reproducir su capitalismo
autogestionario y localista disfrazado de “comunismo libertario”.
Luego de estos dos hitos históricos de las revoluciones y
contrarrevoluciones del siglo XX, lo propio han hecho los seguidores de ambos «rackets»
o bandos izquierdistas en todo el mundo hasta la fecha, quienes no se cansan de
competir entre sí por tener la razón y, en última instancia, el poder, como si
fuesen animales ideológicos, sectas religiosas del Imperio bizantino y enemigos
irreconciliables. Remontándose inclusive a las polémicas internas de la Primera
Internacional entre “marxistas” y “bakuninistas” para justificarse y seguir
estancados en el mismo pantano ideológico ad náuseam.
Por el contrario, 1) la
teoría revolucionaria es la explicación científica y la crítica radical del modo
de producción y reproducción social capitalista; 2) la teoría revolucionaria es
la expresión de la lucha de clases por la abolición de la sociedad de clases en
el pensamiento y el lenguaje; 3) la teoría revolucionaria es una forma y un
momento de la práctica revolucionaria; 4) las organizaciones revolucionarias y
los individuos que las componen formulan, desarrollan y expresan la teoría
revolucionaria; y, 5) «la teoría revolucionaria es enemiga de la ideología
revolucionaria, y sabe que lo es» (Debord, La sociedad del
espectáculo, 1967).
Bajo tales premisas, solamente contados marxistas y anarquistas revolucionarios (desde el Grupo
Obrero de Miasnikov hasta la Agrupación Los Amigos de Durruti de Balius) expresaron
con claridad e intransigencia la teoría revolucionaria frente a la degeneración
contrarrevolucionaria en Rusia, España y otros países en los años 20 y 30. Y lo
hicieron con octavillas, periódicos y armas en la mano. Lo cual les costó
calumnia, persecución, exilio, extradición, cárcel, tortura y asesinato por
parte de sus propios “compañeros” de lado y lado (con los estalinistas a la
cabeza).
Posteriormente, las izquierdas comunistas (italiana y germano-holandesa),
los situacionistas, los críticos de la falsa dicotomía marxismo/anarquismo y la
corriente comunizadora mantuvieron y profundizaron esta posición revolucionaria
anti-ideológica. Estando atentas y vigilantes, además, de no reproducir lo
mismo que criticaban; es decir, de que su teoría no degenere en ideología.
Praxis a contracorriente que ciertamente no ha estado exenta de contradicciones
y fracasos, sobre todo en tiempos de contrarrevolución (por ejemplo, el
consejismo y el bordiguismo actuando precisamente como “ismos” o ideologías y
rackets), sin perjuicio de la veracidad y la necesidad de la crítica
teórico-práctica de la ideología por parte del proletariado revolucionario. Sin
negar que tampoco estamos a salvo de la ideología, como revolucionarios nosotros
también nos sumamos a este constante esfuerzo anti-ideológico.
Volviendo a Camatte (quien rompió con el bordiguismo en tanto que racket
e ideología), si bien es cierto que ya había algunos elementos no comunistas en
el Camatte comunista antes de 1968 —en lo cual NPU tiene razón—, estos se hicieron
explícitos y se acentuaron una vez derrotada la oleada revolucionaria
1968-1977, por el simple hecho de que las condiciones materiales y sociales de
existencia bajo la contrarrevolución determinan cualquier forma de consciencia
colectiva e individual revolucionaria. Porque, precisamente como afirma NPU, toda
teoría es histórica y socialmente constituida, incluida la de Camatte.
Lo que quiere decir que, incluso en la cabeza y la pluma de los
propios revolucionarios, la ideología dominante es más fuerte en tiempos de
contrarrevolución y, por tanto, las permea. Nadie está a salvo de ello bajo
esta sociedad capitalista e ideológica. Por eso mismo afirmamos que incluso en
las organizaciones e individuos comunistas, por más radicales y lúcidos que
sean, existen elementos de ideología dominante o prácticas e ideas no
comunistas. Camatte no fue la excepción.
Sí, Camatte no fue la excepción, porque la reestructuración capitalista
y el reflujo temporal del antagonismo de clases desde la segunda mitad de los
años 70 en adelante le orilló a abandonar para siempre la teoría de la lucha de
clases y la revolución proletaria, cuando en realidad el comunismo sólo es tal
en el seno del antagonismo de clases para abolirlo y superarlo. Camatte terminó
siendo víctima de la mistificación del capital que él mismo criticó. Por
fortuna —y en esto NPU también tiene razón—, algunos elementos comunistas sobrevivieron
en el Camatte no comunista hasta el final de su vida.
Por lo tanto, nuestra tesis del doble Camatte no es “ideológica”,
como nos comenta NPU. Para ser más precisos, rechazamos esta crítica
principalmente porque parte de una premisa falsa o, en su defecto,
secundaria: el supuesto “corte temporal” en su obra. Ese no es el
problema de fondo. El
problema de fondo es que, más allá de un "corte temporal" hecho de
manera mecanicista, hay momentos y aspectos durante toda la obra de Camatte —al
igual que en la de Bordiga y la de Marx— que merecen una crítica despiadada y
ser descartados por parte de cualquier comunista que se precie de ser tal, a
saber: el abandono de “la teoría del proletariado” y la teoría de "la
revolución a título humano", debido a la supuesta "antropomorfosis
del capital" y también a su esencialismo humanista no superado (como veremos en detalle más adelante).
Más claro: no es que
primero fue el Camatte comunista y después fue el Camatte no comunista. No. Al
igual que ocurre con el doble Marx y el doble Bordiga, los dos Camatte conviven
contradictoriamente a lo largo de toda su obra, y las diferencias específicas
de cada uno de ellos sólo despuntan, el uno sobre el otro, fundamentalmente según
sea el carácter del período histórico, bajo un doble criterio: si está bajo la dominación
formal o la dominación real del capital sobre el trabajo, y si es
revolucionario o contrarrevolucionario. A esto nos referimos cuando decimos «más
allá de un “corte temporal”» hecho de manera mecanicista… y más allá de
Camatte, ya que la dualidad contenida en su obra no fue algo exclusivo de este
teórico revolucionario, sino también de otros teóricos críticos y
revolucionarios después del ciclo revolucionario 1968-1977: un síntoma de una época
o período histórico bajo la dominación real y el triunfo de la
contrarrevolución.
Por eso es que en nuestra
Presentación al Dossier El doble Camatte afirmamos:
Como proletarios
revolucionarios, pensamos que aquello [la teoría de la “autonomización del
capital”, el abandono de “la teoría del proletariado”, la teoría de “la
revolución a título humano”, etc.] significa abandonar la concepción
materialista de la historia, la teoría de la explotación y de la lucha de
clases que van de la mano y, por tanto, abandonar las posiciones dinámicamente
invariantes del proletariado revolucionario, mejor dicho, del «Partido Histórico»
(Marx y Bordiga) para la abolición de la sociedad de clases —empezando por el
propio proletariado en tanto que clase del trabajo/capital— y la producción del
comunismo. Partido del que, años antes, el mismo Camatte hubo de escribir
materiales tan valiosos y potentes —como «Origen y función de la forma
partido», «La revolución comunista. Tesis de trabajo», entre otros—.
También significa perderse en cualesquier especulaciones más o menos eruditas,
novedosas e inofensivas contra la civilización capitalista. Este es el Camatte
no comunista. […]
Por otro lado, de hecho, hay momentos y aportes de
la obra de Camatte [la transición de la dominación formal a la dominación real
del capital sobre el trabajo; la abolición inmediata y simultánea del
proletariado, el capital y la democracia; el Partido-Comunidad como
prefiguración de la sociedad comunista en el seno de la sociedad capitalista y
al calor del antagonismo de clases, etc.] que, de cara al presente y al futuro,
resultan imprescindibles y potentes para la reapropiación y el afilamiento de
las armas teóricas de la revolución comunista mundial. De allí que lo sigamos
reivindicando como compañero histórico o camarada.
No identificar ni hacer el
balance crítico de su obra; decir que “Camatte es comunista y punto”, como
hacen sus seguidores acríticos, o decir que “Camatte no es comunista y punto”,
como hacen sus falsos críticos: eso sí sería una postura ideológica por unilateral,
antidialéctica y, en definitiva, falsa. Al contrario, nuestra tesis del
doble Camatte es el resultado del pensamiento dialéctico materialista y el
esfuerzo teórico crítico y autocrítico que este implica, tras haber estudiado
atentamente su obra durante años (la mayor parte de su obra traducida al
español). Esfuerzo que lo hicimos en silencio y recién hoy lo publicamos porque,
como lo establecemos en la Presentación a nuestro Dossier, en la historia de
«el otro comunismo» existe un antes y un después de Camatte.
Además, rechazamos la
reciente crítica de NPU porque, considerando que la obra de Camatte no es
pequeña ni “fácil”, nuestra tesis del doble Camatte resulta nueva, clarificadora
e incluso didáctica tanto para quienes ya lo han leído como, y sobre todo, para
quienes no lo han hecho todavía y los animamos a hacerlo.
Sin embargo, como también ya lo mencionamos inicialmente, en el presente
post scriptum desarrollamos un contraste y una matización de nuestra
crítica —léase una autocrítica— al Camatte no comunista, precisamente gracias a
la discusión compañera con el referido artículo de NPU.
Dicho esto, ahora sí pasamos a desarrollar todos y cada uno de los
puntos tanto de desacuerdo como de acuerdo entre PHS y NPU alrededor de su
artículo Comentarios a propósito de la muerte de Jacques Camatte. Teniendo
siempre presente, lector, que se trata de un debate serio entre camaradas que
comparten el objetivo y el esfuerzo de hacer una lectura crítica y militante de
Camatte. Y que, para ello, hacen uso de la teoría de la comunización,
principalmente de Théorie Communiste y Federico Corriente.
En fin, que sea el propio lector quien saque sus propias conclusiones y,
sobre todo, que lea y use críticamente a Camatte para la revolución comunista
mundial del siglo XXI.
PUNTOS DE DESACUERDO O
DEBATE
1. Sobre la teoría de la “autonomización o fuga del
capital”
[Y]a en la década de
los setenta Jacques Camatte (1974) postulaba una crisis por desustancialización
del capital, adelantando en décadas la teoría de la crisis por
desustancialización del valor de Robert Kurz. […]
“Tras la constitución
del capital en ser material, y por tanto en comunidad social, el personaje
tradicional del capitalista desaparece, el proletariado disminuye relativamente
—a veces, de forma absoluta—, y las nuevas clases medias se expanden. [El] capital
no puede valorizarse (…) a menos que una partícula de su ser, a la vez que se
autonomiza, se enfrente al conjunto social y se ponga en relación con el
equivalente socializado total, el capital. Tiene necesidad de esta
[competencia], porque no existe más que por diferenciación. A partir de ahí se
constituye un tejido social basado en la concurrencia entre «organizaciones»
rivales (rackets)” (Camatte & Collu, 1972, p. 2). (NPU, Comentarios a
propósito de la muerte de Jacques Camatte, abril de 2025)
“…la dialéctica radical
ha definido ya las condiciones de existencia del capital contemporáneo como
aquellas en las que el capital, llevado más allá de sus modos formales de
dominación (…), realiza actualmente, sobre el conjunto del planeta como sobre
la especie y la vida entera de cada humano, las modalidades de una colonización
integral de lo existente. Esto lo denotamos en términos de su “dominación real”
(p. 290).” (NPU, Comentarios a propósito de la muerte de Jacques Camatte,
abril de 2025)
Comentario de PHS:
Para este punto, tomaremos
prestadas las palabras de Federico Corriente en Jacques Camatte y el eslabón perdido de
la crítica social contemporánea
(2014):
El presupuesto tácito
de todo el análisis de Camatte acerca de la «antropomorfosis» [del capital] y
la formación de la «comunidad material» es la identificación del movimiento
aparente de autonomización del capital —su reificación o fetichismo— con el
movimiento real, y en ese sentido, cabe señalar que Invariance hace de
una tendencia contradictoria un hecho consumado, y que en consecuencia no
reconoce suficientemente el carácter abierto de la lucha constante que
caracteriza a ese proceso.
El eslabón perdido de
la crítica social contemporánea, pues, es el carácter inseparable de la teoría
del valor y de la teoría del proletariado (concebido más como portador
contradictorio de todas las separaciones que como portador abstracto de su
superación), y la unión de ambas en una teoría de la crisis que remita a la
configuración concreta de la relación social capitalista en curso. Poco importa
que, por motivos históricos fácilmente explicables, y sin que eso menoscabe en
modo alguno el interés de su evolución posterior, Jacques Camatte renunciara a
ambas: lo fundamental es que mostró su unidad indisoluble, haciéndolo además en
el marco de una crítica radical del fetichismo de la organización, de la
representación como esencia de la política y del rackettismo como modos de vida
de la sociedad existente.
De lo anterior, se puede desprender
las siguientes ideas-fuerza:
1) En realidad no hay tal
“antropomorfosis del capital” ni “comunidad material” del capital, por un lado,
y “la humanidad” por otro lado. Si bien ya no existe un “afuera” del capital
—como correctamente lo constata Camatte—, dominación o subsunción real del
trabajo en el capital no significa desaparición del proletariado: el
proletariado está subsumido por el capital, es una clase del capital, pero el
proletariado sigue existiendo y luchando dentro de esa relación de implicación
recíproca con el capital. Por lo tanto, cuando lucha contra el capital, el
proletariado también lucha contra su propia condición de clase. A esto se
refiere Corriente con «el carácter abierto de la lucha constante que
caracteriza a ese proceso.» Dicho de otra forma, la hegemonía del capital sobre
el proletariado nunca es monolítica, siempre tiene grietas. Las revueltas
actuales, compuestas en su mayoría por el proletariado sobrante y juvenil, son
un ejemplo concreto de esas grietas.
2) Si la teoría del valor y
la teoría del proletariado son inseparables, entonces a) el valor y el
proletariado en realidad son relaciones sociales específicas del MPC, relaciones
de clase, son lucha de clases; y, b) la abolición del valor y la abolición del
proletariado son inseparables: de hecho, este es el doble núcleo innegociable
de la revolución comunista.
3) Si la teoría de la crisis
es inseparable de la teoría de la lucha de clases, entonces la lucha de clases
y la crisis capitalista se codeterminan en doble vía: a) la crisis y
reestructuración capitalista desde 1975 hasta la fecha ha sido la respuesta
contrarrevolucionaria de la burguesía a la lucha revolucionaria del
proletariado entre 1968 y 1977; y, b) el objetivo de la lucha de clases
revolucionaria es la contribución a la generación y la resolución de la crisis
revolucionaria, es decir, a la abolición del capitalismo, sus crisis y sus
clases. Todo esto, en el contexto y la perspectiva de la actual crisis de la
relación de clase o de la relación social capitalista, incluidas las crisis y
revueltas del siglo XXI.
4) Si para lograr tal
objetivo revolucionario se critica el fetichismo de la organización, el
politicismo y el rackettismo, pero a la vez se reivindica el partido histórico de
la revolución comunista, entonces éste, en el contexto de una crisis
revolucionaria, será el partido de la abolición del valor y del proletariado o
no será; y, por implicación, el partido de la abolición del trabajo, el Estado,
la economía, la política… y, por tanto, el partido de la abolición de sí mismo
como tal. En otras palabras: el partido histórico será el partido de la
comunidad humana real o el partido-comunidad, que surge y se forja al calor del
antagonismo de clases para abolirlo y superarlo, o no será.
5) El proletariado es
revolucionario cuando lucha por dejar de serlo, por dejar de ser una clase del
capital, como lo es bajo la subsunción o dominación real, no cuando lucha “a
título humano” bajo la “antropomorfosis del capital” —como yerra el Camatte no
comunista.
6) La «dialéctica radical» de la que habla Cesarano en realidad debe ser
entendida como la abolición inmediata y simultánea del capital y del
proletariado como dos polos diferentes y antagónicos de una misma unidad o
totalidad histórico-concreta, de una misma relación de implicación recíproca:
la relación social capitalista. Por fortuna, el artículo de NPU sí expone y
comparte esta última tesis (ver abajo).
3. Sobre el “abandono de la teoría del proletariado”
Camatte entenderá la
abolición del valor como presupuesto básico de una transformación social
radical pero, a diferencia de Kurz y sus epígonos, comprenderá que esto solo
puede ser posible a través de la autoabolición del proletariado. En efecto,
Camatte abandonará la exaltación del proletariado y, por lo tanto, la
afirmación del trabajo, pero lo hará para afirmar su necesaria negación como
condición de la subversión radical de la civilización capitalista.
Este abandono de la
llamada “teoría del proletariado” se comenzará a producir a partir de su
estudio fundamental Capital et Gemeinwesen, escrito hacia 1966 y todavía
inédito en español. (NPU, Comentarios a propósito de la muerte de Jacques
Camatte, abril de 2025)
Comentario de PHS:
Decir “abandono de la teoría del proletariado” sin esta importante explicación
dada por NPU, se presta fácilmente a la confusión, el rechazo y la crítica
despiadada por parte de cualquier comunista que se precie de ser tal. ¿Por qué?
Porque una cosa es abandonar la teoría del proletariado y hablar de “la
humanidad contra el Capital” y “la revolución a título humano” (ver abajo),
como lo hizo Camatte. Y otra cosa muy diferente es mantener la teoría del
proletariado y de la lucha de clases comprendiendo y haciendo explícitas la
condición de contradicción en proceso del proletariado, su división o segmentación
jerárquica interna, la implicación recíproca entre proletariado y capital o el
proletariado como clase del capital/trabajo, la condición de clase como límite
principal de la lucha de clase del proletariado y, por tanto, la autoabolición
del proletariado en tanto que clase como el contenido de la revolución
comunista en el período histórico actual, como lo hace Théorie Communiste
(2022).
Más claro: «la revolución será proletaria por quienes la realicen y
antiproletaria por su contenido» (Les Amis du Potlatch, ¡Abajo
el proletariado, viva el comunismo!, 1979). ¿Por
qué?
Porque ser proletario o esclavo moderno no es una condición digna de
exaltar o enorgullecerse, sino de maldecir, combatir y abolir. De manera que la
revolución comunista será antiproletaria y humana sólo y sólo porque producirá
la unificación y reinvención de la humanidad como comunidad real de individuos
reales al abolir al proletariado como clase del capital y, por tanto, a todas
las clases de la sociedad capitalista.
Mas no en el sentido del esencialismo humanista que subyace en el
programatismo (ver abajo), sino en un sentido muy concreto o específico dadas
las condiciones concretas o específicas de hoy; esto es, fundamentalmente, la
dominación real del capital sobre el trabajo o la implicación recíproca entre
capital y proletariado.
Lo que, de suyo, implica que en la época actual el proletariado sólo se
unificará real y radicalmente en el momento de su autoabolición como clase del
capital. Rompiendo y superando en el camino todas las reivindicaciones y formas
organizativas que lo encadenan a tal condición.
[…] Para ser una clase
revolucionaria, el proletariado tiene que unirse, pero ahora no puede unirse
más que destruyendo las condiciones de su propia existencia como clase. La
unión no es un medio que haga más eficaz la lucha reivindicativa; al contrario,
no puede existir sino superando la lucha reivindicativa; la unión tiene por contenido
que los proletarios dediquen todos sus esfuerzos a dejar de serlo; es la
impugnación por parte del proletariado de su propia existencia como clase, la
comunización de las relaciones entre individuos. En tanto proletarios, no
encuentran en el capital, es decir, en sí mismos, otra cosa que todas las
divisiones del salariado y del intercambio, y ninguna forma organizativa
o política puede superar esa división. (Roland Simon, Unification du
prolétariat et communisation, s/f, cit. en Federico Corriente, Jacques Camatte
y el eslabón perdido de la crítica social contemporánea, 2014)
Vistas en perspectiva, las tesis de este calibre presuponen que los
comunistas reivindiquemos 1) «el principio de especificación histórica»
(Korsch, Karl Marx, 1938), en el sentido de saber “leer” y ser
consecuentes en la práctica con las condiciones específicas o particulares de
las relaciones de clase capitalistas en la actualidad; y, 2) «la dialéctica
materialista y revolucionaria» (Lukács, Historia y consciencia de clase,
1919), en el sentido de mantener y desarrollar la teoría de la lucha de clases
con el fin de abolir la sociedad de clases, donde el proletariado sólo es
revolucionario cuando lucha por dejar de serlo o por autoabolirse, no por
afirmarse como clase dominante o “Estado proletario”.
Desde Marx (ver La Sagrada Familia, 1845), esto no es más que una
puesta a punto del ABC de la teoría comunista, abandonado a la larga por
Camatte (desde los 70s hasta sus últimos años), pero no por Théorie Communiste
(2022). ABC comunista que, junto con todas las categorías fundamentales de la
Crítica de la Economía Política, hoy es más vigente y potente que en la época
de Marx por la “sencilla” razón de que en el siglo XXI el MPC está más
desarrollado en todo aspecto que en el siglo XIX.
De lo cual, a los comunistas lo que nos interesa es que su mayor
progreso es su mayor catástrofe, en el sentido de que el propio capitalismo
produce las condiciones materiales para su abolición y superación
revolucionaria. Así como también, porque las revoluciones del siglo XX
fracasaron en tanto que afirmación del proletariado y toma del poder estatal,
pues terminaron siendo otra variante del capitalismo.
Por consiguiente, desde la dialéctica radical, el contenido de la
revolución proletaria del siglo XXI será la autoabolición del proletariado o no
será.
4. Sobre la teoría de “la revolución a título humano”
La práctica totalidad de los seres humanos alzándose
contra la totalidad de la sociedad capitalista, la lucha simultánea contra el
capital y el trabajo, dos aspectos de una misma realidad: es decir, el
proletariado debe luchar contra su propia dominación para ser capaz de
destruirse a sí mismo como clase y destruir el capital y las clases. Una vez
que la victoria esté asegurada a escala mundial, la clase universal, que en
realidad se constituye (formación del partido, según Marx) a largo de un
proceso inmenso que precede a la revolución en la lucha contra el capital, que
ha sido psicológicamente transformada y que ha transformado la sociedad,
desaparecerá, ya que se convierte en la humanidad. No hay grupos fuera de ella.
El comunismo se desarrolla entonces libremente. La "fase inferior del
comunismo" [planteada por Marx y luego por Bordiga] ya no existe, y la
fase de la dictadura del proletariado se reduce a la lucha por destruir la
sociedad capitalista, el poder del Capital. (Jacques Camatte, Capital y
Gemeinwesen, 1976)
Camatte (2009) llegará
a afirmar que con la abolición práctica de la ley del valor: “…los productos
recobrarán su carácter de elementos necesarios para el ser social y estarán a
su disposición. La humanidad ya no es una mercancía; la prehistoria humana ha
terminado” (p. 229). (NPU, Comentarios a propósito de la muerte de
Jacques Camatte, abril de 2025)
Comentario de PHS:
Estas citas de Camatte ciertamente nos resultan muy potentes y vigentes,
sobre todo porque afirman que el núcleo de la revolución comunista es la
abolición del valor, del trabajo y, por tanto, del proletariado. En ese
sentido, Camatte es el verdadero pionero de la teoría de la comunización.
Sin embargo, al mismo tiempo, cuando hablan de “el fin de la prehistoria
humana”, “la humanidad contra el capital”, en fin, “la revolución a título
humano”, contienen un “regalo envenenado”: un esencialismo humanista que
Camatte no logró superar, ya que lo tomó principalmente de los Manuscritos
económico-filosóficos de 1844 de Marx; es decir, de cuando Marx
todavía no realizaba la ruptura total con el idealismo alemán (Théorie
Communiste, Karl
Marx y el fin de la filosofía clásica alemana, 2007).
Filosóficamente hablando, del esencialismo humanista se desprende el programatismo,
esto es, la creencia de que la revolución social es la “realización” del
“programa comunista histórico” mediante la afirmación del proletariado como
clase dominante. Lo que, a su vez, implica que el proletariado posee una
“esencia comunista” que no se ha “realizado” hasta la fecha ―a saber: en las
revoluciones proletarias del siglo XX― por “falta de programa” o “falta de
consciencia de clase”. En fin, un circunloquio idealista dentro del marxismo
revolucionario y/o la izquierda comunista que sólo la teoría de la comunización
ha tenido el coraje y el rigor de criticar y superar. Ardua tarea que, por
cierto, le ha costado décadas y que no deja de generar polémica en “el medio”
comunista internacional.
El punto es que el proletariado no porta ninguna “esencia comunista” o
“esencia humana comunitaria” que es alienada por el capital y que, entonces,
sólo se trata de “realizar” aboliendo el capital. Este planteo es idealista.
Por el contrario, la concepción materialista de la historia afirma que «la
esencia humana es el conjunto de las relaciones sociales» (Marx, Tesis sobre
Feuerbach, 1845). Si las relaciones sociales son materiales e históricas,
entonces la “esencia humana” también lo es. Lo que quiere decir que está
determinada por tales relaciones y que cambia junto con ellas. Por lo tanto, la
“esencia humana” no existe, sólo existen las relaciones sociales y los
individuos históricamente determinadas y cambiantes. De manera que esta tesis
clave de Marx es una «fórmula que se suprime a sí misma» (Théorie Communiste,
2022) en el marco de la ruptura con el idealismo alemán y, por tanto, con el
esencialismo humanista.
El proletariado mismo es una relación social históricamente determinada
y no una “esencia humana alienada”. Bajo el MPC, la alienación es inseparable
de la explotación y la lucha de clases, del mismo modo en que el proletariado
es inseparable del capital. Esta relación es invariante y dinámica o cambiante
a la vez: no es la misma en el siglo XIX que en el siglo XX, no es la misma en
el siglo XX que en el siglo XXI. Se reestructura al calor del desarrollo
capitalista de las fuerzas productivas —de las cuales, la principal es
precisamente la clase trabajadora, su composición y sus herramientas—, y al
calor de los ciclos de lucha de clases.
Por lo tanto, bajo el MPC, la desalienación en realidad es la abolición
histórica de las condiciones materiales que determinan las relaciones de
producción y de clase, siendo que el desarrollo capitalista de las fuerzas
productivas y la crisis de reproducción de la relación de clase en el período
histórico actual hacen materialmente mucho más posible la desalienación, la
emancipación o la revolución social que antes, históricamente hablando. Mas no
como “realización” de una “esencia humana”, sino como superación producida
de la relación de clase en el ciclo histórico actual.
Aun así, la revolución no es una fatalidad histórica sino una
posibilidad contingente; es decir, que puede como no puede ser. Mejor dicho,
«la contingencia es lo único que no es contingente, sino estructural […]. La
negación del capitalismo es la producción del comunismo vía la contingencia»
(Théorie Communiste, 2022). Contingencia que aplica tanto para las relaciones y
las clases sociales como para los individuos. Si en el comunismo los individuos
se asocian y desarrollan todas sus potencialidades como tales, es porque en el
capitalismo están insatisfechos consigo mismos. Y esto —valga subrayarlo— es
una realidad que se produce, no que se “realiza”. Esto mismo la hace
contingente.
Porque «la historia de la lucha de clases es producción, no
realización» (Théorie Communiste, Historia
normativa y esencia comunista del proletariado, 2000).
Producción de nuevas realidades o nuevas relaciones sociales y nuevas
subjetividades vs. realización de un ideal, programa o norma fijada de antemano
desde el cual se mide, como si de un termómetro se tratase, las revoluciones
del presente y del pasado. Materialismo histórico vs. idealismo de izquierdas.
Por lo tanto, la revolución social no es la “realización” de “la esencia
comunitaria de la humanidad” ni tampoco del “programa comunista histórico”,
sino la producción contingente de relaciones inmediatamente comunistas entre
los individuos en el marco de una coyuntura revolucionaria en el período
histórico actual dadas sus condiciones materiales-sociales específicas. Sólo la
producción inmanente del comunismo, denominada comunización, puede destruir o
abolir las relaciones capitalistas hoy en día.
Todo esto, de suyo, afecta directamente al concepto de Gemeinwesen
o de comunidad humana, mismo que se tornó central en la obra de Camatte (ver
abajo). Para quede más claro, vamos a tomar prestadas las palabras del blog Comunismo
Gótico al respecto:
En contraste con la
visión de Camatte, que busca una "Gemeinwesen" o comunidad auténtica
del proletariado como superación de la alienación capitalista, TC [Théorie
Communiste] sostiene que el proletariado y el capital son categorías
inseparables dentro del capitalismo. Desde este enfoque, la única revolución
posible es la autonegación del proletariado y la abolición simultánea del
capital. […]
A diferencia de Jacques
Camatte, que pone énfasis en el capital como "Gemeinwesen" alienado y
la superación de este a través de una comunidad proletaria auténtica, TC
introduce una crítica más aguda y compleja del proletariado y del proceso de la
revolución en la actualidad, que conduce hacia el concepto de comunización. […]
Mientras Camatte
mantiene una esperanza en la revolución proletaria como una forma de realizar
la Gemeinwesen, TC sostiene que la revolución no es una afirmación del
proletariado, sino su autonegación. El proletariado no es un sujeto que se
afirme a sí mismo a través de la revolución, sino que debe negarse a sí mismo
como clase en el proceso revolucionario. (Comunismo Gótico, Comunización
como autonegación del proletariado: más allá del Gemeinwesen proletario, octubre
de 2024)
De nuestra parte, sólo dos
acotaciones a ésta última cita:
1) La obra de Camatte ya
contiene todo lo que TC afirma sin ambages. El problema es que su esencialismo
humanista no le permitió desarrollarlo hasta sus últimas consecuencias.
[…] Lo más importante
inmediatamente era que teníamos que vérnoslas con un movimiento revolucionario
que no planteaba una dimensión clasista, que expresaba muy claramente, pues, la
exigencia indicada en Origine et fonction de la forme parti: una
revolución a título humano.
[…] Podía considerarse,
además, que la no afirmación de un punto de partida clasista se desarrollaba
dentro de la dinámica de la revolución, ya que K. Marx había insistido a menudo
en que el objetivo de ésta era la supresión del proletariado, por lo que la
madurez del movimiento que nació en mayo del 68 debía afirmarse en la medida en
que la negación del proletariado se iría imponiendo cada vez más. Así, lo que
yo consideré que debía de poner en primer plano no era la autonomía del
proletariado, de la que tanto hablaba Potere Operaio, por ejemplo, sino su
negación. (Jacques Camatte, Vers la communauté humaine, 1976, cit. en
Federico Corriente, Jacques Camatte y el eslabón perdido de la crítica
social contemporánea, 2014)
2) Es preciso tener cuidado
con la trampa oculta en la tesis de la “autonegación del proletariado” (grupo Négation,
1972): la afirmación de su “esencia humana comunista alienada”, en el sentido
de que el proletariado se ha de negar a sí mismo para “realizar” dicha
“esencia”. Última contradicción y trampa que fue identificada, criticada y
superada por la propia TC desde hace décadas. Por eso es que TC no usa el
concepto “autonegación del proletariado”, sino que habla de «producción inmediata
del comunismo» o de «inmediatez social del individuo» entendida como abolición
de la relación proletariado/capital y como producción de relaciones comunistas
entre los individuos como superación producida del período histórico-concreto
actual (desde 1975 hasta la fecha).
En síntesis: autoabolición
del proletariado como clase y producción del comunismo entendidas como
relaciones sociales históricas y contingentes vs. esencialismo humanista o
“realización” de la “esencia comunista” y del “programa comunista histórico”
del proletariado mediante su afirmación como clase del trabajo/capital.
Comentario de PHS:
Compartimos la crítica de
este punto por parte de NPU (ver abajo).
6. Sobre la teoría de “el retorno de lo reprimido”
Comentario de PHS:
¿Cómo se puede “regresar a
la comunidad, pero no a una forma de comunidad particular que ya haya existido”
(p. ej. la comunidad primitiva), sino a una comunidad del futuro cuyos gérmenes
ya existen en el presente? (En ese caso, no sería “regresar”, sino producir.)
¿En qué consiste “la reapropiación de todo lo que haya podido ser manifestación
o tendencia a la afirmación del ser humano”? ¿Qué es “el ser humano”? ¿Por qué
Camatte duda sobre “lo humano” y, observando lo que ha sido el colonialismo, el
nazismo, el sionismo, etc. se pregunta si “no está la humanidad demasiado
corrupta, demasiado hundida en su ‘maléfica’ errancia para poder salvarse”?
Sin duda, aquí está presente
el esencialismo humanista no superado por Camatte, que ya analizamos y
criticamos anteriormente; y, además, cierto rezago de moral cristiana al hablar
de “corrupción” y “salvación”.
Sea como fuere, la
revolución comunista no es un proceso de “reapropiación”, sino de producción.
Para ser más precisos, la revolución comunista consiste en producir lo nuevo
en el presente y el futuro usando algunos materiales del pasado y del presente:
desde la minga y la asamblea hasta la memoria histórica o el balance de las
revoluciones de los siglos anteriores, más algunas tecnologías para producir
medios de vida, tiempo libre y disfrute del mismo en todos los aspectos.
La revolución comunista no es la
“realización” de “la esencia comunitaria de la humanidad” o “la esencia
comunista del proletariado”, sino la producción de relaciones sociales
comunistas entre los individuos o de la «inmediatez social» de los mismos,
cuyas condiciones de posibilidad son las contradicciones vivas del propio MPC y
el antagonismo de clases en el período histórico actual.
Sólo en este marco
histórico-materialista y dialéctico tiene sentido y potencia aquello de que “el
triunfo del comunismo supone creación [producción] de la humanidad” y, a la
vez, el “surgimiento [producción] de una Gemeinwesen en la que el
antagonismo entre especie e individuo ha sido abolido”. Es decir, el Homo
Gemeinwesen sólo se produce históricamente mediante la comunización.
Así, históricamente
producida en el ciclo histórico actual, la revolución comunista será también
una revolución antropológica (Bordiga lo tenía claro), tan sólo
comparable con el Neolítico, pues sería la ruptura práctica del “Capitaloceno”
—que también es el “Proletarioceno”— y la apertura del “Comunistoceno” o,
precisamente, del Homo Gemeinwesen en el siglo XXI… o en los siguientes
siglos.
Finalmente, Camatte afirma
que para la creación o producción de la humanidad que supone el triunfo del
comunismo, “haría falta que el deseo ya estuviera orientado a ella durante
siglos”. Pues bien, la concepción materialista de la historia y la
dialéctica materialista aplican también para el deseo, porque al mismo
tiempo que es un producto inmaterial de condiciones materiales de existencia,
«el deseo es una fuerza productiva que crea realidades» (Deleuze y Guattari, El
Anti-Edipo, 1972).
De hecho, la realidad
contradictoria del capitalismo y la lucha de clases necesariamente produce
deseos contradictorios en el proletariado y la burguesía: deseos de “normalidad”
o contrarrevolución y deseos de ruptura o revolución. Lucha de clases,
lucha de deseos en y entre las clases. Sólo la revolución comunista puede poner
fin a esta contradicción en proceso que son el capital y el proletariado en
tanto que relación de implicación recíproca, incluidos sus deseos; y, en
cambio, producir nuevas relaciones sociales, nuevos individuos y nuevos deseos
que, a su vez, sean una fuerza creadora de nuevas realidades.
El deseo de revolución no
necesariamente se acumula y estalla “durante siglos”, sino más bien sólo
durante los cortos pero decisivos tiempos de revolución. Por lo tanto, más que
por la opresión, el deseo de revolución se produce por la lucha para liberarse
de la opresión, de la misma manera en que «sólo una revolución comunista en
masa puede producir una consciencia comunista en masa» (Marx, La ideología
alemana, 1845-46). En una palabra: «el principio de inmanencia» (Korsch, Karl
Marx, 1938) aplicado al deseo.
Por desgracia, en tiempos de
contrarrevolución, también sucede lo contrario: «las masas no fueron engañadas,
ellas desearon el fascismo» (Reich, Psicología de masas del fascismo,
1933), lo apoyaron, lo gozaron… y luego, se cansaron, lo sufrieron, lo
combatieron y lo destituyeron. Lo mismo aplica para la democracia en tanto que
alter-ego del fascismo o que la otra forma histórico-política por excelencia
del Estado capitalista.
En conclusión: la psique
humana es otro campo de batalla de la lucha de clases. Por eso la revolución
comunista también ha de ser «una revolución social y psíquica de magnitud
casi inconcebible» (Fisher, 2013). Una revolución total o integral,
precisamente porque la época actual es la época de la dominación real o total
del capital.
En fin, no estamos diciendo
que está mal usar conceptos psicoanalíticos como “el retorno de lo reprimido” y
“el deseo”. Estamos diciendo que, lejos del dogmatismo y del eclecticismo, a
estos conceptos y a otros hay que pasarlos por el prisma materialista histórico
para aprovechar todos sus elementos y potencias comunistas: menos Freud y
Lacan, y más Marx, Korsch, Bordiga, Reich, Deleuze y Fisher.
Lo cual —que quede claro—,
no significa que aceptemos todas las ideas de tales autores o corrientes de
pensamiento. Desde la dialéctica materialista histórica y la perspectiva
comunista siempre, sin crítica y autocrítica no hay avance del movimiento
revolucionario.
PUNTOS DE ACUERDO
1. Sobre
la dominación real del capital y la autoabolición del proletariado
Para Camatte (2009),
durante la fase histórica de dominación formal del capital, que corresponde a
la época del desarrollo original de la teoría marxiana en el capitalismo
decimonónico, la emancipación social se presenta necesariamente como una “lucha
del trabajo contra el capital” (p. 307). Esto tendrá consecuencias importantes
para un balance reflexivo de la derrota de las revoluciones proletarias.
Camatte rechaza explicaciones fundadas en términos de traiciones y oportunismos
políticos —aunque no niega su lugar en el desarrollo de la lucha de clases—,
más bien propone entender el fracaso del proletariado para emancipar a la
humanidad en términos de su mutua implicación con el capital en una determinada
fase de su desarrollo histórico. No es que la revolución proletaria debía
necesariamente fracasar, sino que esta fracasó en los términos de su propia
lucha y, en particular, de su exaltación como clase del trabajo.
Por el contrario,
Camatte señala que, con la transición global hacia una dominación real del
capital y su constitución como comunidad material efectiva, la transformación
social radical ya no se presenta bajo la forma de la afirmación del
proletariado como clase. Se ha modificado el contenido de la transformación
radical, que se manifiesta en la época de Camatte a través de la nueva revuelta
propia de la dominación real del capital como “una lucha contra el capital y el
trabajo a la vez, es decir, que ahora el proletariado tiene que luchar contra
su propia dominación clase y destruir el capital y las clases” (Camatte, 2009,
p. 307). Las revueltas contra el trabajo en Estados Unidos, Europa y Asia
señalan el contenido de la negación necesaria del capital, que no puede
desarrollarse más que a través de la negación práctica del proletariado como
clase de la sociedad del capital. […]
El proletariado no es
el otro absoluto del capital, sino que es la condición de su existencia en
cuanto capital variable, por lo que la clase obrera es enemiga de sí misma en
cuanto clase del capital. […]
Camatte (2009) llegará
a afirmar que con la abolición práctica de la ley del valor: “…los productos
recobrarán su carácter de elementos necesarios para el ser social y estarán a
su disposición. La humanidad ya no es una mercancía; la prehistoria humana ha
terminado” (p. 229). De esta manera, para Camatte (2009), las transformaciones
objetivas de la civilización capitalista avanzada y el nuevo contenido de la
revuelta propia de este estadio histórico señalan la necesidad de abandonar el
anhelo de reconstituir el proletariado en clase: “[hacerlo] sería querer
detener lo que Karl Marx consideraba la gran tarea del siglo ΧΙΧ: la
destrucción del proletariado” (p. 310).
Jacques Camatte expresa
de manera reflexiva, por lo tanto, lo que el propio movimiento práctico de la
nueva revuelta del capitalismo avanzado sitúa de manera negativa en el núcleo
de la crítica social radical: la cuestión de la (auto)abolición del proletariado
y del valor como contenido de la emancipación social contemporánea. La huelga
salvaje de 1968 en Francia, la revuelta generalizada, los saqueos de la
abundancia mercantil, el absentismo laboral y los sabotajes de la juventud a
las industrias no tenían como contenido la afirmación de la clase obrera y la
construcción de un aparato de poder dictatorial del trabajo sobre el capital
—tal como en las revoluciones proletarias de principios del s. XX—, sino el
rechazo del trabajo y la negación de la condición proletaria que iba,
paradójicamente, acompañada de una exaltación de la clase obrera, la clase del
trabajo, como la negadora del trabajo.
No obstante, es también
el balance teórico-histórico de este periodo el que, al toparse con este
impasse real que plantea la sociedad del capital, desarrolla la perspectiva de
la abolición del proletariado como presupuesto de la transformación social radical.
Tal como dirá Camatte (2009), sólo se puede hablar de un “triunfo” del
proletariado “en la medida en que se afirma simultáneamente que no se realizará
como tal, sino que más bien se niega a sí mismo” (p. 313). Se opera así una
clara ruptura —casi por completo desconocida en el presente— con el marxismo
tradicional, puesto que las corrientes del llamado comunismo radical,
inspiradas de manera importante en la obra de Jacques Camatte, ya no postularán
la afirmación del proletariado, sino su necesaria negación como requisito
básico de cualquier perspectiva marxiana contemporánea realmente seria
(Endnotes, 2020, pp. 250 – 255). (NPU, Comentarios a propósito de la
muerte de Jacques Camatte, abril de 2025)
2. Sobre
la teoría de la “domesticación” y la “errancia de la humanidad”
Sin embargo, su teoría
de la domesticación y la errancia de la humanidad, pese a sus importantes
momentos de verdad, no está libre de problemáticas. Al declarar la completa
identidad entre seres humanos y capital, identidad que se realiza a través de
un proceso de “devenir humano” del capital (antropomorfosis), se cierra
cualquier posibilidad de crítica inmanente a la sociedad del capital. La única
alternativa es la “salida de este mundo”. Esto implica problemas
teórico-prácticos de amplio y profundo alcance, porque si la humanidad está
completamente domesticada entonces sería imposible la crítica de la sociedad.
Como sabemos, pese a sus dificultados y a su posición minoritaria, la crítica
social todavía es posible, lo que indica que la identidad entre el capital y
los vivientes todavía no se ha realizado. Por otro lado, una concepción
identitaria como la que expone Camatte en su teoría de la errancia y la
domesticación lleva al mismo atolladero de la sociedad unidimensional propuesta
por Marcuse —o sea, la imposibilidad de una crítica inmanente al sistema—. Muy
por el contrario, hoy una crítica radical debería ser expresión autorreflexiva
de lo no-idéntico y expresar las posibilidades reales para una transformación
social radical —y el papel que una crítica radical tiene en ese proceso
histórico—. (NPU,
Comentarios a propósito de la muerte de Jacques Camatte, abril de 2025)
3. Sobre
la teoría del partido histórico
Sobre esto último,
Jacques Camatte proclamó a lo largo de sus diferentes elaboraciones teóricas,
la necesidad de rearticular lo que Marx llamó el “partido histórico”. En Origen
y función de la forma partido (1961), un texto seminal de su camino teórico
posterior, escribió que el partido, lejos de ser una estructura burocrática
separada del movimiento real, era una “fuerza impersonal por encima de las
generaciones, [que] representa a la especie humana (…). Es la conciencia de la
especie”. Es por ello que en sus «Tesis sobre la revolución comunista»
(1969) afirmará que el objetivo de Invariance es la “reconstitución del Partido
Comunista”, entendiendo por partido precisamente el partido histórico. De
acuerdo con él, una función esencial del partido —más adelante dirá
“partido-comunidad”— es la de prever, puesto que un partido que no es capaz de
prever el curso de los acontecimientos no es realmente un partido-comunidad, no
tiene posibilidad de luchar adecuadamente en la guerra de clases ni orientarse
realmente hacia la emancipación radical:
“Tenemos, como ha
subrayado Marx miles de veces, una pasión ardiente por el hombre y su
liberación; pero no por ello vamos a lanzarnos imprudentemente, a cuerpo
descubierto, a la batalla. Siempre debemos intentar dominar la estrategia, el
terreno de la lucha. En caso contrario, nuestro adversario se asegurará, tarde
o temprano, del mantenimiento del orden. Para nosotros la insurrección es un
arte.” (Camatte, 1961)» (NPU,
Comentarios a propósito de la muerte de Jacques Camatte, abril de 2025)
4. Sobre
la obra de Camatte en general
Después de todo esto,
se hace evidente que la obra de Camatte es una teoría rica y compleja que, pese
a sus límites y problemáticas, no puede ser simplemente pasada por alto. Hay
que reconocer a Jacques Camatte en su importancia histórica para la reformulación
de la perspectiva comunista radical, pero también hay que ir más allá de él.
Malos discípulos son aquellos que no superan a su maestro y Camatte fue el
maestro de varias generaciones de comunistas en diferentes partes del mundo.
Hoy nos toca a nosotrxs retomar la insurrección como arte y reconstituir el
partido histórico, adecuando nuestras perspectivas y estrategias a las
condiciones actuales de la dominación capitalista.
Compañero, no te digo
adiós porque en la eternidad nada muere realmente. Gracias por tanto. (NPU, Comentarios a
propósito de la muerte de Jacques Camatte, abril de 2025)
EPÍLOGO
Para cerrar, nos sumamos por completo a las palabras finales del
artículo de NPU. Sólo agregaremos que, a pesar de sus contradicciones e ideas
descartables, consideramos a Camatte un compañero de nuestro partido
histórico: el partido de la subversión, el partido de la destrucción del
orden capitalista y estatal, «el partido de la anarquía» (Marx, El 18
brumario de Luis Bonaparte, 1852), que es, al mismo tiempo, «el partido-comunidad»
o la prefiguración —contradictoria e impura, por cierto— de la sociedad
comunista, la sociedad sin clases ni Estado ni mercado, en las entrañas
putrefactas de la sociedad capitalista. Camatte: un camarada al que nos une «la
pasión del comunismo», al calor del antagonismo de clases hasta su
abolición, a pesar de la catástrofe, el caos y la derrota actuales… y
temporales.
Como afirmamos en la Presentación de nuestro Dossier El doble
Camatte, el Camatte comunista es el Camatte del futuro. Y el futuro
es hoy. Donde, bajo la dominación real o total del capital, la revolución
comunista sólo puede ser una revolución total o integral: social, psicológica y
ecológica. Mejor dicho, una revolución universal, no sólo en el
sentido de ser mundial —porque la revolución comunista es mundial o no es—,
sino tal como la concebía Camatte: ¡una revolución antropológica y cósmica!,
entendida como la producción histórico-universal de un individuo, una
comunidad y una relación humanidad-cosmos (o, lo que es lo mismo, humanidad-naturaleza)
completamente diferentes y superiores a las de la civilización capitalista. Porque
una catástrofe civilizatoria, como la actual, exige una revolución
civilizatoria… y planetaria.
A sabiendas, eso sí, de que antes de Camatte, Blanqui ya nos había
hablado de «la eternidad a través de los astros» (título de su libro de
1872); y Bordiga, de «la
poderosa simplicidad de una vida que es la de la especie y por la especie, eterna
en tanto que natural y no en cuanto estúpido enjambre de almas errantes en
"el más allá"» (ver su artículo En Janitzio no se teme a la muerte,
1961, cursivas nuestras).
Es decir, «eterna» en un
estricto sentido materialista histórico y dialéctico, dinámico, vivo, orgánico…
y otra vez cósmico, pues cada individuo de la especie humana es, lo sepa o no,
el producto actuante y pensante de 13.800 millones de años de evolución
cósmica, aquí y ahora, en cada una de nuestras células y nuestras herramientas,
en cada segundo que pasa por cualquier punto del espacio. En una palabra:
«eterna» dentro de «la Red que todo lo contiene y todo lo informa» (n+1,
Estructura fractal de las revoluciones, 2009). «Eterna», por tanto,
gracias a una gran revolución secular o, en palabras de Jacques, «una ruptura
práctica con un devenir histórico de milenios» que dé a luz un comunismo solarpunk
que, a su vez, dure millones de años.
Por eso es que, como dice NPU,
«en la eternidad nada muere realmente» y, en consecuencia, la obra o el
legado de Camatte sigue y seguirá vivo. Más aún en la actual
situación-límite de catástrofe de la civilización capitalista y, al decir del
mismo Camatte, «instauración del riesgo de extinción» para la humanidad. Porque
para prevenir una tragedia de tal magnitud y, en cambio, contribuir a «un nuevo comienzo para la especie humana», los
comunistas, en general, y los actuales “discípulos” de Camatte, en particular, tenemos
la doble tarea histórica de usarlo críticamente e ir más allá de él tanto en la
teoría como en la práctica revolucionarias, hoy y mañana. ¿Cómo? Anticipando «la
revolución tremenda y anónima» que viene, mediante el análisis concreto de las
luchas concretas del siglo XXI y la contribución a la producción de la ruptura
revolucionaria en su seno.
Por el comunismo y la anarquía, siempre.
Proletarios Hartos
de Serlo
Quito, mayo de 2025 y mayo de 2026