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27 de octubre de 2021

[Ecuador] Balance crítico de la jornada de protestas del 26 de Octubre del 2021

(Imágenes tomadas de la prensa burguesa)

Resultados de la actual correlación de fuerzas:
Violenta y absurda normalidad del Capital y el Estado: 10 – Protestas populares: 1
Realidad: 10 – Expectativas de las organizaciones de izquierdas: 0
Como goleada de barrio mismo.

Lo peor que se puede hacer al respecto es no ver las cosas tal como son o hacerse ilusiones con cabeza caliente, como lo suelen hacer en estas situaciones las izquierdas y las ultraizquierdas (nosotros incluidos).

Por más que las protestas de ayer sólo hayan sido el primer día de estas jornadas de movilización, y por más que haya nuevas protestas y hasta un verdadero paro nacional-popular contra el gobierno de Lasso, e incluso si este llegase a caer, el panorama de fondo no es muy alentador, porque la causa del actual malestar social no es tal o cual gobierno, sino el sistema capitalista que nos destruye a diario en todo sentido, pero que todavía no se lo critica en la práctica y de raíz.

Y, sobre todo, porque la clase proletaria −de todos los sectores, ocupaciones, "razas", sexos, generaciones, etc.−, que en su mayoría no está autoorganizada ni movilizada, brilla por su ausencia como fuerza antagonista y autónoma con capacidad para apropiarse de la producción social e imponer las necesidades humanas sobre las necesidades del Capital, así como su poder social sobre la dictadura de la burguesía y la mercancía llamada democracia. Por ejemplo, mediante una oleada ascendente de huelgas generales y salvajes que produzcan una situación realmente revolucionaria. No para afirmarse y perpetuarse como clase trabajadora, sino para negarse y abolirse como tal. No para "mejorar las condiciones de vida de los trabajadores" −demanda cuyo resultado real es lo contrario después de cada revuelta de los últimos años en todas partes−, sino para abolir y superar las condiciones que nos hacen ser una clase explotada y dominada −dado que se encuentra totalmente integrada e implicada recíprocamente con el Capital−.

Mientras tanto, las condiciones de trabajo y de vida de nuestra clase siguen y seguirán empeorando, con y sin protestas populares. Aquí concretamente, sólo por mencionar tres ejemplos inmediatos: el Estado burgués va a subir los pasajes y la luz eléctrica; va a imponer la "ley de oportunidades" (mayor precarización y superexplotación laboral); y va a mantener el estado de excepción, la represión y la criminalización de la protesta. Si esta democracia no es una dictadura burguesa, ¿qué es? Si esto no es una contrarrevolución, ¿qué es? (Preguntas retóricas, obviamente.)

Ahora bien, ¿por qué el proletariado aún brilla por su ausencia como fuerza revolucionaria real? ¿Y por qué sigue predominando el interclasismo, el populismo y el reformismo de izquierda en las luchas contemporáneas? (Preguntas serias) 1) Porque la gran mayoría de nuestra clase está trabajando de lo que haya, comprando y vendiendo mercancías, delinquiendo y/o matándose entre sí. En otras palabras, sobreviviendo de manera alienada y autodestruyéndose. Porque el proletariado, que en su mayoría ya no es fabril sino de servicios y excedentario, no está militando para la revolución y ni siquiera para la revuelta, sino que es un ejército en activo y de reserva para la reproducción de las relaciones capitalistas y sus diferentes mafias empresariales con sus pugnas interburguesas, en Ecuador y en todo el mundo. Las recientes masacres en las cárceles y la violencia entre bandas de los suburbios de Guayaquil son el ejemplo más brutal de ello.

Y 2) porque las organizaciones y dirigencias que hegemonizan las protestas actuales, en última instancia, representan los intereses materiales de una pequeña burguesía rural y urbana que ha sido golpeada por la crisis y teme ser más golpeada. Lo mismo aplica para las burocracias sindicales que pelean por no perder sus privilegios como tales. Por eso es que las protestas actuales de la masa interclasista llamada "pueblo" se posicionan a favor de una fracción y forma del Capital-Estado ("las empresas públicas", "los derechos constitucionales", etc.) en contra de otra ("las privatizaciones", "el paquetazo neoliberal", etc.), pero no en contra y más allá de su totalidad profunda.

La relación de clase en la vida cotidiana es lo realmente determinante en esta sociedad. Su reproducción o su ruptura es, por tanto, lo realmente determinante en la lucha de clases y la correlación de fuerzas. Lo demás es andarse por las ramas y las nubes, incluido el culto a la legítima violencia de algunos jóvenes proletarios contra la brutal represión de los policías. Porque esto no es una cuestión de forma (la violencia) sino de contenido (la relación de clase): de hecho, la represión estatal sólo es una forma violenta para mantener a raya la reproducción de la fuerza de trabajo y el orden mercantil. No sólo la teoría comunista, sino principalmente la realidad social de la misma calle es la que se encarga de bajarnos a golpes de esas alturas. Un ejemplo concreto del día de ayer en Quito que pudimos observar con nuestros propios ojos después de recibir bombas lacrimógenas de la policía: la abismal y simultánea diferencia entre la marcha del Centro Histórico y la normalidad mercantil de La Marín y del resto de la ciudad. En otras partes del país, también hubo marchas y cierre de carreteras. Hoy día también. Y tal vez los próximos días también. Pero la producción y la circulación de mercancías, de plusvalía y de capital continuaron, continúan y continuarán su curso normal. No es ni será la primera vez que esto ocurra, excepto hasta que la relación de clase y la normalidad capitalista sean subvertidas por los proletarios en sus propios lugares de trabajo y de vida cotidiana. Excepto hasta que, como dijimos anteriormente, el proletariado se apropie de la producción social y ejerza su poder social sobre la dictadura social y cotidiana del Capital y su Estado. Sólo entonces temblarán de terror los burgueses, sus políticos, sus sicarios uniformados, sus medios de desinformación masiva y sus lacayos de "clase media" que despotrican en redes sociales contra las protestas de "los vagos" y "los violentos", cuando en realidad violencia es tener que elegir entre el pasaje y el pan o entre el arriendo y la comida. La burguesía lo sabe. Ya es hora de que el proletariado también lo sepa.

Si bien como ínfima minoría de proletarios anticapitalistas tenemos más preguntas incómodas que respuestas (auto)complacientes, mismas que sólo se pueden responder con el tiempo y la praxis de clase y no de grupúsculos políticos, no nos queda más que seguir luchando por sobrevivir y apoyándonos mutuamente entre los más cercanos, al igual que todos los desposeídos y explotados, al igual que todos los nadies... hasta que la realidad sea tan insoportable para la mayoría de la gente de a pie que no tenga otra opción real que luchar, de manera organizada y consciente con cabeza y mano propias, por transformarlo todo de raíz por la necesidad concreta de vivir de verdad. Pero para ello, para vencer a la contrarrevolución vigente, aún falta mucho: aún faltan muchas crisis, golpes, luchas, derrotas y lecciones que aprender en la práctica.

A pesar del malestar social y las protestas, el putrefacto orden capitalista reina en la mitad del mundo.

Algunos proletarios desempleados y cabreados de la región ecuatoriana
27 de Octubre del 2021
 
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25 de octubre de 2021

Tesis sobre la Comuna de Sudán

Anónimo
Abril de 2021
Tomado de Ediciones Extáticas

Nota de PR (Quito, Octubre de 2021): En vista de la actual reactivación de la lucha de clases y quién sabe si de una nueva revuelta en la región ecuatoriana, tiene sentido y provecho para nosotros seguir publicando balances críticos de las revueltas internacionales de los últimos años, a fin de aprender y aplicar las respectivas lecciones aquí y ahora, en la medida de lo posible.

Con esta perspectiva, y a pesar de que les tenemos algunas críticas puntuales a saber: que parecen confundir revuelta con revolución; que no desarrollan la crítica al carácter interclasista y populista de las revueltas de los últimos años; que no van a su raíz: la crisis de la reproducción de la relación de clase, cuya ruptura y superación es la clave para superar sus propios límites y devenir revolución, compartimos estas 23 Tesis sobre la Comuna de Sudán (2018-2019), cuyos aportes e innovaciones particulares se pueden apreciar a continuación.

***

Las revoluciones proletarias […] se burlan concienzuda y cruelmente de las indecisiones, de los lados flojos y de la mezquindad de sus primeros intentos, parece que sólo derriban a su adversario para que éste saque de la tierra nuevas fuerzas y vuelva a levantarse más gigantesco frente a ellas, retroceden constantemente aterradas ante la vaga enormidad de sus propios fines, hasta que se crea una situación que no permite volverse atrás y las circunstancias mismas gritan: Hic Rhodus, hic salta! 

—Mᴀʀx, El 18 de Brumario de Luis Bonaparte

A finales del 2018, Sudán se encontraba en medio de una crisis económica. El gobierno empezó a imponer medidas de austeridad. Esto incluyó el recorte a ayudas al combustible y al trigo. A modo de respuesta, los disturbios estallaron en Atbar, una ciudad del norte. Las protestas se extendieron rápidamente a media docena de ciudades, y posteriormente a casi todas las demás. En consecuencia, los manifestantes no tardaron en ya no sólo exigir el fin de la austeridad, sino la caída del régimen.

Las protestas fueron y vinieron durante meses hasta principios de abril, mes en el que se inició una acampada masiva frente el cuartel militar de Jartum. La ocupación no tardó en convertirse en un campo de batalla contra la policía, y luego entre distintas facciones de las fuerzas armadas. Los soldados comenzaron a desertar. A la siguiente semana se anunció que el presidente al-Bashir había sido arrestado, y que el Consejo Militar de Transición (CMT) tomaría el poder para supervisar la transición a la democracia.

La revolución en Egipto del 2011 había llegado a un abrupto final cuando los militares tomaron el poder con un golpe de estado. Concienciado a no seguir el mismo camino, el movimiento en Sudán tenía como objetivo derribar a su vez este nuevo régimen militar. «Victoria o Egipto» se convirtió en la nueva consigna de la revolución. Las huelgas, manifestaciones y bloqueos siguieron durante meses.  La acampada en Jartum se expandió hasta alcanzar un kilómetro y medio, con más de cien personas en el ocaso de la noche. Esta culminó a finales de mayo como una huelga general.

El 3 de junio, el régimen militar masacró a los manifestantes e incendió el campamento de Jartum. El movimiento respondió con otra ola de huelgas y protestas masivas coordinadas. Pero poco después, temerosos del riesgo de provocar una guerra civil con sus acciones, los representantes del movimiento entablaron negociaciones con el régimen. El resultado fue un acuerdo del reparto del poder en el que un gobierno provisional compuesto por representantes militares y civiles gestionaría la transición.

Lo que sigue son algunas reflexiones sobre la revuelta en Sudán y su importancia mundial.

I. La revolución en Sudán nos proporciona la visión nítida de la forma de la revolución social que viene. A su vez, plantea un gran contraste entre los límites y las potencias de la lucha contemporánea.

II. La Primavera Árabe planteó la cuestión de la revolución por primera vez en una generación, empezando una nueva secuencia global de luchas. Sin embargo, en casi cualquier lado, estas revoluciones terminaron en un golpe de estado o en una guerra civil. Si las revoluciones en Túnez y Egipto inspiraron la sensación de que todo era posible, la tediosa contrarrevolución que la acompañó indicó que cualquier intento de cambiar el orden de las cosas llevaría a la catástrofe. Esta derrota ensombreció el mundo.

III. Las revoluciones en Sudán y Argelia fueron los primeros esfuerzos conscientes del ir-más-allá de los límites a los que llegó Egipto. Fueron incapaces de superar estos límites, pero en sus intentos demostraron, no obstante, que tales intentos revolucionarios no tienen por qué sumergir inevitablemente a toda la región en caos. Los historiadores que observen hacia el pasado probablemente concluirán que esto fue necesario para que una nueva ola de luchas se extendiera de la forma en que lo hizo en 2019.

IV. Las luchas más intensas de nuestro tiempo se encuentran al llegar a un precipicio, y luego retornan. Ir más allá significaría saltar a lo desconocido. Nadie quiere ser el primero en saltar y ver si descubre nuevas tierras, o simplemente cae en picado. Todavía no sabemos cómo se terminará creando una situación que no permite volverse atrás y en la que las circunstancias mismas gritan: «hic Rhodus, hic salta!».

V. Las luchas anti-austeridad tienden a entenderse como una crítica a la corrupción del Estado, pero dentro de la fastidiosa crisis, el Estado tiene en realidad poco margen de maniobra. Es posible que no pueda hacer mucho más que implementar la austeridad, ya sea liberado o no de las ataduras de la corrupción. Los políticos que navegan estas olas de agitación para llegar a posiciones de poder a menudo se encuentran implementando políticas notablemente similares a las de los gobiernos que han reemplazado.

VI. Las revoluciones de nuestro siglo se encuentran inmediatamente enredadas en una red de geopolítica. Siria se convirtió en el espacio de un conflicto de poder entre potencias mundiales. El rumbo de la revolución de Sudán fue sobredeterminada por otras más regionales. De esto, podemos esbozar dos conclusiones. En primer lugar, la revolución tendrá que expandirse rápidamente y encontrar su escala adecuada — no hay revolución social en un único país; en segundo lugar, es probable que una ola revolucionaria tenga que expandirse y resonar a lo largo de las metrópolis capitalistas. Las luchas de allí están, por ahora, menos sobredeterminadas por las maniobras geopolíticas, y pueden tener la habilidad de destruir toda la arquitectura geopolítica.

VII. Una situación revolucionaria surge en el momento en que las fuerzas armadas rehúsan disparar contra la muchedumbre. Las revoluciones sociales de los siglos XIX y XX fueron posibles porque las fuerzas armadas colapsaron, a menudo como resultado de la pérdida de una guerra interimperialista. En el caos consiguiente, parecía posible no sólo sustituir el gobierno, sino destruir el Estado.

En cambio, las revoluciones de nuestro siglo han tenido lugar en países en los que los militares funcionan como un estado dual. En Egipto, Argelia y Sudán, esto ha dado lugar a una continuidad esencial entre el régimen caído y el que lo reemplaza. En otros lugares, como en Siria, el ejército se ha dividido en dos en el transcurso de la revolución, iniciando un período de guerra civil.

VIII. Un límite clave de las luchas contemporáneas ha sido su incapacidad para superar las separaciones reinantes en las sociedades de las que emergen. Sudán, un país predominantemente árabe-musulmán con grandes minorías étnicas africanas y religiosas, está construido sobre una base de separaciones raciales. Ha sido desgarrado por décadas de guerras civiles y limpieza étnica. Las atrocidades de Darfur son sólo el ejemplo más infame.

Los manifestantes se enorgullecen de haber superado estas divisiones en el transcurso de la revuelta. Los orígenes africanos del antiguo Sudán fueron uno de los temas principales de las charlas y debates en el campamento de Jartum. Cuando, al principio, el régimen intentó culpar de los disturbios de Jartum a los estudiantes de Darfur, el movimiento respondió con la consigna: todos somos Darfuríes. Todavía no se sabe en concreto hasta qué punto resurgirán estas divisiones ahora que la ola revolucionaria está retrocediendo.

IX. Otras divisiones, tales como las de clase y generación, volvieron a aparecer dentro del movimiento. El Consejo Militar de Transición fue capaz de aprovechar esta tensión para abrir brechas entre la revolución y su apoyo popular, entre el campamento y las barriadas  circundantes, y entre el movimiento en las calles y las organizaciones que habían llegado a representarlo. Estas separaciones y negaciones prepararon el terreno para la masacre de Jartum.

X. Las revueltas suelen pasar por una secuencia de «marcadores rítmicos» que sirven como pivotes o puntos de inflexión que catalizan nuestras energías. La revuelta de Sudán experimentó al menos cuatro: disturbios, no-violencia masiva, ocupación del espacio público y huelga general. El punto de ignición para la revuelta fue una ola de disturbios espontáneos. Pero para generalizarse, tuvo que asumir el carácter de la no-violencia masiva coordinada. La ocupación, las barricadas, y su defensa proporcionaron un contexto para confraternizar con los soldados, para que desertaran y para que el ejército se quebrara por dentro. La huelga general fue capaz de aclarar hasta qué punto el movimiento podía movilizar el apoyo popular, pero no fue suficiente por sí misma para detener en seco al gobierno o la economía.

XI. Las formaciones militantes forjadas en anteriores olas de lucha pueden actuar como vectores de intensificación. En el pasado, las revueltas anti-austeridad han ido y venido. Una diferencia esencial en 2018 fue la presencia de organizaciones que se habían formado tras la represión de un movimiento anti-austeridad en 2013. Esto incluye los comités de resistencia de los barrios y la Asociación Profesional de Sudán (APS). Al ser capaces de proporcionar cierta infraestructura, coordinación y determinación, estos grupos pudieron contribuir al avance de los disturbios a la insurrección.

XII. No obstante, estas formaciones también pueden convertirse en una barrera que habrá que superar. Las organizaciones que habían llegado a representar a la revolución eran, de las muchas que estaban en la calle, las más impacientes por establecer las negociaciones con el gobierno. El APS, por ejemplo, se había formado para presionar por un aumento del salario mínimo, no para liderar una revolución — una a la que se sentían arrastrados por los jóvenes. Estaban ansiosos por volver a la normalidad.

XIII. La relevancia del APS pone de manifiesto el rol principal de las clases medias profesionales dentro de la revolución. En la revolución participaron sudaneses de casi todas las clases y grupos sociales, pero en primera línea se encontraban los estudiantes y los profesionales. Estos grupos estaban motivados tanto por su preocupación por las pésimas condiciones de los pobres como por sus propias expectativas frustradas. Con las particulares condiciones de represión, las clases medias profesionales fueron las más capaces de organizarse, proporcionar algo de coordinación para un movimiento nacional y articular lo que pareciera ser un interés general. Paul Mason observa en alguna parte que la Revolución Francesa de 1789 «no fue un producto de gente pobre, sino de abogados pobres.» La revolución, pues, podría tener menos que ver con la creciente pauperización y más con las crecientes expectativas que no pueden ser satisfechas por la situación presente.

XIV. No obstante, el curso de la revuelta apunta hacia la posibilidad de una política proletaria autónoma. Los disturbios que prendieron la mecha de la revolución comenzaron por el precio del pan. Los campamentos estaban habitados en gran parte por los pobres de la ciudad. Muchos de ellos intentaron superar a los representantes del movimiento que entraron en las negociaciones. En cada fase de la revolución, los proletarios desempeñaron un rol práctico esencial, pero eran incapaces de encontrar una base para coordinar y articular su propia actividad inequívocamente. Es posible, aunque no seguro, que en futuras revueltas surja una fuerza realmente proletaria que confíe en su propio impulso.

XV. Debe recordarse que hizo falta un ciclo completo de disturbios, insurrecciones y revoluciones — desde 1830 hasta 1848 — antes de que el proletariado de París comenzara a enarbolar la bandera roja sobre sus barricadas. No fue hasta 1871 cuando se planteó claramente la elección entre una república burguesa y una comuna proletaria. Los eventos de nuestro joven siglo pueden acelerarse, pero estas maniobras llevan su tiempo.

XVI. En los campamentos de todo el país, concretamente en Jartum, se vislumbran los contornos emergentes de la comuna. Como dice un observador, estos campamentos «inadvertidamente […] constituyen un desafío político y social para el Estado.» Prosigue con ello:

«La organización y las actividades de la sentada proporcionaron un modelo igualitario y democrático sobre el que se podría haber construido un modelo de gobierno y de sociedad radicalmente distinto. Constituyó, así, los cimientos de la revolución social, pero pocos participantes lo comprendieron como tal, y los dirigentes del ASP y la Alianza para la Libertad (AFC) consideraron las sentadas como algo meramente instrumental.»

XVII. Esta comuna no parece tener nada del formalismo democrático que proporcionó a las comunas y los consejos del movimiento obrero la calidad de parlamentos-obreros-en-espera. Esto quizás nos permita distinguir la comuna destituyente que viene de las comunas constituyentes del pasado.

XVIII. Los espectadores comentaron a veces que el campamento de Jartum daba la sensación de ser más un festival que una protesta política. Desde escenarios para actuaciones musicales, teatrales y poéticas, hasta carpas para el arte se encontraban repartidas por todo el campamento. Era un lugar para experimentar cómo vivir. Esto adquiere un carácter especialmente urgente y subversivo en un país dominado por un régimen islamista. El comentario que hizo la Internacional Situacionista sobre la Comuna de París podría haberse aplicado también a Jartum: «La Comuna fue la mayor fiesta del siglo XIX. Se encuentra en ella, en su base, la impresión de que los insurgentes se han convertido en dueños de su propia historia, no tanto a nivel de la decisión política ‘gubernamental’ como de la vida cotidiana en esa primavera de 1871.»

XIX. Nadie tuvo el coraje o el presagio de reconocer este desarrollo como lo que era. Para CLR James, el rol de los pro-revolucionarios era registrar y reflejar las innovaciones espontáneas que surgen en el curso de la lucha. Esto, para él, era la genialidad de las Tesis de Abril de Lenin, que reconocía un salto adelante en las propias acciones de la clase que aún no veía, y esbozaba las conclusiones necesarias: todo el poder para los soviets.

XX. El régimen militar reprimió el campamento con intensidad pues percibió sin tapujos la amenaza que suponía. La comuna emergente es el principal enemigo del Estado. Dondequiera que se sitúe la comuna, habrá un Tiananmen y, tarde o temprano, aparecerán los tanques.

XXI. En cuanto emerge la comuna, sus tareas inmediatas son evidentes: la expansión del área de autonomía, el bloqueo de la economía y la defensa contra sus enemigos. A modo de respuesta frente a los nuevos ataques de la policía, el movimiento expande el campamento y coloca barricadas en nuevas carreteras y puentes. Esta estrategia se vuelve casi intuitiva una vez que existe un campamento como tal.

XXII. El surgimiento de la comuna suscita de inmediato el espectro de la insurrección y, como tal, de la guerra civil. La dinámica básica es tal que: la aparición de campamentos como este apunta hacia la posibilidad de la revolución social. El Estado es consciente de esto, motivo por el que trata de reprimirla. En respuesta, los campamentos intentan intuitivamente expandirse. Esto plantea la cuestión de la insurrección. La comuna debe reprimir al Estado para evitar ser reprimida por él. No obstante, la insurrección siempre conlleva el riesgo de la guerra civil.

XXIII. Uno, dos, muchos Sudanes. La guerra social de la  que la Revolución de Sudán fue un episodio se sigue librando hoy en día. Es probable que veamos nuevos intentos de superar los límites de la lucha contemporánea. Con cada nuevo experimento, podemos ver emerger los contornos de la comuna y la autonomía proletaria. Un avance puede darse en cualquier lugar, en el que la revolución política ceda el paso a la revolución social. A medida que este avance resuene externamente, entonces, podríamos ver la propagación de una ola revolucionaria.

Todo el poder para las comunas.

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11 de octubre de 2021

[Ecuador] Memoria Crítica: recordar la Revuelta de Octubre y que regrese repotenciada, sí; romantizarla y fetichizarla, no.


A dos años de acontecida y romantizada por propios y extraños, es preciso criticar los límites y contradicciones de carácter interclasista, populista, democrático y nacionalista de la Revuelta de Octubre del 2019 en Ecuador (y en Chile). Dialogar y negociar con los explotadores y asesinos del proletariado insurrecto fue su derrota. La participación en elecciones presidenciales entre el 2020 y el 2021 por parte CONAIE-Packakutik sólo fue su consecuencia lógica e igual de nefasta. 
 
La fuerza del reformismo popular y la debilidad del proletariado −de todas las “razas”, edades, sexos, sectores y lugares− como clase revolucionaria se explica, no por “culpa” de tal o cual dirigencia o de tal o cual ideología política de izquierda, ni tampoco por la ausencia o falta de tal o cual característica ideal (conciencia, programa, partido, etc.) por parte de los protagonistas de las revueltas e insurrecciones, sino fundamentalmente por la situación material actual de reestructuración y crisis de la relación de clase y de la composición de clase que, a su vez, determina la correlación de fuerzas y el carácter del ciclo de luchas en lo que va de este siglo, en esta región y el mundo entero. 
 
Todo esto, en el marco de la actual catástrofe económica, energética, geopolítica, sanitaria, ecológica y civilizatoria del capitalismo, cuya sustancia es la crisis de valorización del valor. He aquí un par de ejemplos de esta crítica para su respectiva lectura, reflexión y discusión:
 

 
Asimismo, es preciso criticar las acciones, las organizaciones, las ideas, las emociones y las ilusiones de quienes participamos de la revuelta, en las calles y "donde las papas queman", con una posición política anticapitalista. Es decir, hay que ser autocríticos, sobre todo con el propio ego ideológico. Concretamente, nos referimos a ver demostraciones de autonomía y radicalidad proletaria, e incluso de comunismo y anarquía en las acciones espontáneas de las masas explotadas y oprimidas de la ciudad y del campo, donde no las hubo realmente; y, a sobrevalorar el papel de las minorías revolucionarias en este acontecimiento histórico, donde tampoco las hubo ni las hay realmente, y menos en un país con un capitalismo, una lucha de clases y un proletariado tan subdesarrollados como Ecuador. 
 
Una revuelta no es una revolución: para serlo, ha de criticar y superar sus propios límites y contradicciones, al calor del catastrófico desarrollo capitalista (aumento de la explotación, la precarización y la represión de la clase trabajadora, así como de la destrucción de la naturaleza) y la lucha de clases (protestas sectoriales, revueltas generales, guerras civiles, etc.), pues sólo la acumulación de estos dos elementos estructurales en conjunto puede producir las condiciones de posibilidad de tal repotenciación y ruptura revolucionaria en coyunturas históricamente breves pero decisivas, como son los estallidos sociales. Empezando por criticar y superar los límites y contradicciones del propio proletariado en su interior y en su relación de implicación recíproca con el Capital y el Estado. Rompiendo precisamente tal implicación recíproca o relación de clase. Revolución que, además, no es nacional, sino que es mundial o no es, dado que el capitalismo y la lucha de clases son mundiales, a pesar de sus desiguales niveles de desarrollo en diferentes épocas y territorios. 
 
Pero todo esto no se puede ver cuando todavía se carga una u otra venda ideológica; por más radical que ésta se crea y se diga, sigue siendo ideología o falsa conciencia con fuerza material. Lo cual, por más que duela admitirlo, hace que se confunda los deseos con la realidad, como de hecho nos pasó a nosotros en Octubre del 2019. Por el contrario, la verdad siempre es revolucionaria, venga de quien venga. He aquí un par de ejemplos de esta otra crítica para su respectiva lectura, reflexión y discusión:  
 


Cabe dejar bien en claro que hacer balance de una lucha pasada no es echarle mierda y arena, sino sacar y aplicar de ella todas las lecciones que sea posible para las luchas presentes y futuras. Esto es justamente lo que queremos decir cuando decimos que la Revuelta de Octubre regrese repotenciada. 
 
Sin embargo, la mejor "escuela de formación política" y de "artes marciales" del proletariado es la experiencia −mediante ensayo y error− en la lucha de clases real. Y la teoría revolucionaria sólo es una forma de registro y reflexión de esa experiencia, al mismo tiempo que un arma crítico-práctica que contribuye a destruir lo viejo y crear lo nuevo. Entre práctica y teoría existe una relación inmanente y, a la vez, contradictoria; un desarrollo desigual y combinado o una especie de carrera de postas, cuyo resultado es incierto. Lo único cierto es que, como diría Marx, la teoría revolucionaria sólo se convierte en fuerza material cuando toma arraigo en las masas explotadas y oprimidas que, empujadas por necesidades humanas que resultan antagónicas a las necesidades de valorización y acumulación de capital, luchan por su autoemancipación y su autosupresión revolucionaria en cuanto tales. 
 
De lo contrario, degenera en ideología o dogma de «generaciones muertas [que] oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos» (El 18 Brumario de Luis Bonaparte) o también como una ilusión que forma parte de la enajenada realidad capitalista, tal como sucede con las ideologías tanto de izquierda como de derecha en el seno del “pueblo”, esa criatura interclasista del Estado-Capital, sus defensores y sus falsos críticos. 
 
De manera que, mientras no se produzcan coyunturas revolucionarias, la separación entre teoría y práctica revolucionarias como clase es objetivamente inevitable e incontrolable (la separación es la norma de la sociedad capitalista), sin que esto signifique que no existan y no tengan sentido como actividades aisladas de diferentes fracciones, grupos e individuos revolucionarios.
 
Entonces, consideramos que hacer este ejercicio de memoria crítica o balance de la revuelta, es decir evaluarla y criticarla con objetividad −y, por tanto, sin piedad, ni siquiera con uno mismo−, a fin de extraer y afilar tanto sus aprendizajes reales como sus potencialidades radicales, en algo aporta a una concepción materialista de la historia y a una perspectiva proletaria revolucionaria, a diferencia de estar haciendo actos simbólicos y museos de la revuelta para el consumo cultural de un pequeño público izquierdista de clase media (cuando no para “concientizar” y reclutar gente); es decir, a diferencia de convertirla en un fetiche político-romántico u objeto de contemplación nostálgica, o de estar repitiendo año tras año los mismos análisis retrógrados y los mismos discursos lastimeros y autocomplacientes sobre ella. 
 
Al fin y al cabo, el Capital absorbe y funcionaliza todo dentro de su espectáculo, incluida la protesta social que no ataca las raíces de los problemas que a diario nos atacan. Y lo que no se mueve y avanza, se estanca y se pudre. 
 
Lo decimos a pesar de que esto incomode y hasta resienta el ego de algunos izquierdistas locales, y a pesar de que el uso teórico-práctico de este balance revolucionario tal vez quede reservado para futuras generaciones proletarias de estas tierras, en especial para sus bases; ya que, aquí y ahora, la contrarrevolución social se rearma y disfraza tanto por la derecha (fascismo pardo) como por la izquierda (fascismo rojo), y todavía falta para que las bases de ésta última desborden a sus dirigentes. 
 
Por nuestra parte, como dicen unos compañeros de otro continente, «los comunistas estamos sintonizados con el futuro», e invisibles caminamos a contracorriente. De más está decir que no nos interesa competir con nadie ni figurar en ningún momento ni lugar del medio izquierdista ni ultraizquierdista. Al igual que la inmensa y anónima mayoría de proletarios, nosotros sólo hacemos lo que podemos hacer en esta lucha llamada vida cotidiana, y nada más. 
 
Dicho esto, hoy en día, ya con cabeza fría y objetividad, como Proletarios Cabreados no volveríamos a escribir lo que escribimos sobre la Revuelta de Octubre en el 2019 y el 2020. Por eso le hacemos esta introducción autocrítica a nuestros materiales de entonces que republicamos a continuación.
 
Pero, en cambio, no dudaríamos ni un instante en volver a participar en una posible y nueva revuelta en actos: en sus barricadas, marchas, asambleas autoconvocadas, reuniones clandestinas, agitaciones callejeras, ollas comunitarias, redes de solidaridad y de comunicación, etc., como unos proletarios más que luchan por sus vidas junto a otros. Porque es mejor participar, de cuerpo entero y sin ilusiones, en el "impuro" y contradictorio movimiento real de una rebelión, y aprender de esa manera sus lecciones, que sólo escribir o hablar sobre ella. 
 
Así pues, hasta un próximo ciclo de revueltas que, al calor del catastrófico desarrollo capitalista y la lucha de clases, aprendan en la práctica y a la fuerza a repotenciarse o a criticar y superar sus propios límites; lo que quiere decir, que aprendan en la práctica y a la fuerza a realizar la ruptura revolucionaria de la relación de clase capitalista o la insurrección y la comunización de la totalidad histórica concreta que nos determina y nos contiene.
 

«Esto no quiere decir que debamos limitarnos a aguardar la comunización como una suerte de acontecimiento mesiánico: más aún, ni siquiera es una opción, pues la participación en la dinámica de la relación de clase capitalista no es algo de lo que podamos abstenernos o, ya puestos, que podamos escoger. La participación en la lucha de clases no es cuestión de una práctica política que pueda elegirse arbitrariamente desde un punto de vista contemplativo. Las luchas exigen nuestra participación aunque todavía no se presenten como la revolución. La teoría de la comunización nos alerta sobre los límites inherentes a estas luchas, y desde luego está atenta a las posibilidades de que surja una verdadera ruptura revolucionaria, no tanto a pesar de esos límites como precisamente debido a ellos. [...]
Si la comunización se manifiesta en la actualidad, es en el sentido palpable de un punto muerto en la dinámica de la relación de clase; esta es una época en la que el final de dicha relación se cierne perceptiblemente en el horizonte mientras el capital se topa con crisis a cada paso y la clase trabajadora se ve forzada a librar una lucha para la que no hay victoria plausible.» (Endnotes, ¿Qué hacer?, 2011: https://libcom.org/library/qu%C3%A9-hacer)

Proletarios Cabreados
Quito, Octubre de 2021
 
*Se agradece difusión, traducción y discusión*