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5 de septiembre de 2025

[Debate] Sobre la revuelta en Indonesia. 4 textos

  

¡Abolir el Parlamento! Actualización sobre la Ola de Rebeliones en Indonesia  

 
[Tomado de Materiales Por la Emancipación, región mexicana, 5 de septiembre de 2025]
 
Publicamos a continuación un panfleto realizado por anarquistas de Indonesia, el cual expone a grandes rasgos el contexto de rebelión que tiene lugar en esa región. Posteriormente, vimos pertinente incluir una nota complementaria y crítica hecha por el blog Proletarios Hartos de Serlo al respecto de algunas posiciones que resaltan en los comunicados de los grupos que permanecen activos en la revuelta. 
 

Esta ola de rebeliones, que comenzó a finales de agosto de 2025, fue causada por la ira acumulada por diversos problemas políticos y económicos. No hubo un solo problema. Todo se intensificó con un aumento masivo de los impuestos sobre la tierra y la construcción en todas las regiones, debido al déficit presupuestario del gobierno. Al mismo tiempo, los miembros del parlamento recibieron un aumento salarial de más de diez veces. Esto se vio exacerbado por las declaraciones, a menudo arbitrarias, de los funcionarios. Por ejemplo, el regente de Pati afirmó que los impuestos no se reducirían, ni siquiera si se convocaba una manifestación masiva de 50.000 personas. Pati se convirtió en la primera ciudad en estallar, con una participación de alrededor de 100.000 personas el 10 de agosto de 2025. Las protestas contra el aumento de impuestos se extendieron a Bone y luego a otras ciudades. Durante una manifestación en Yakarta, un trabajador de transporte en línea murió tras ser atropellado por un vehículo policial. Al día siguiente, las manifestaciones se extendieron a muchas ciudades y continúan hasta el día de hoy, mientras elaboramos esta actualización. Al menos 10 civiles murieron, las casas de cuatro funcionarios fueron saqueadas y media docena de oficinas de la DPR fueron incendiadas o arrasadas. Confiábamos en que esta rebelión amainaría, pero la ira popular no.

Había demasiadas organizaciones, redes y grupos formulando demandas. Incluso cada ciudad presentó demandas diferentes. Había dos demandas revolucionarias: una de la Unión Socialista (PS) y otra, una red informal y descentralizada que emitió la Declaración de la Revolución del Federalismo Indonesio 2025, que exigía la disolución del estado unitario y el sistema de la Cámara de Representantes (DPR) y su sustitución por el Confederalismo Democrático de miles de consejos populares para la implementación de la democracia directa. Los liberales progresistas exigieron un llamamiento más reformista: la demanda 17+8. Y los anarquistas, individualistas y posizquierdistas insurrectos se centraron en ataques y enfrentamientos callejeros, exigiendo la destrucción del estado y la civilización, pero sin preocuparse por plataformas ni programas. No hubo un frente unido, pero evitamos un sectarismo ideológico excesivo.

Si bien no hubo un solo tema, el discurso se centró simultáneamente en tres: el aumento de impuestos, la violencia policial y, especialmente, la disolución de la RPD. La Asociación por la Libertad aún no ha tomado posición, pero participa en todas las manifestaciones de cada ciudad y las utiliza para expandir su red. Hacemos un llamamiento a la solidaridad del movimiento popular mundial para apoyar nuestra lucha en Indonesia mediante diversas tácticas y métodos.

¡Viva la revolución!

La Asociación por la Libertad

[Región indonesia, 2 de septiembre de 2025]

Fuente: https://perhimpunanmerdeka.org/2025/09/02/statement-august-2025-protest/

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Comentarios críticos al texto anarquista «La Revolución Federalista de Indonesia de 2025» (31 de agosto de 2025) desde la perspectiva comunista radical

Interesante que exista un movimiento anarquista más o menos fuerte en Indonesia. Pero, este texto suyo en particular es muy discutible, principalmente por dos puntos polémicos:

1) «Confederalismo democrático indonesio»?!

La democracia en realidad es la dictadura social mercantil de la burguesía mundial sobre el proletariado mundial, de la cual la socialdemocracia es cómplice, póngasele el membrete que se le ponga; en este caso, «confederalismo democrático». Por consiguiente, para destruirla y superarla realmente, el proletariado insurrecto precisa imponerle a la burguesía asesina –sin diálogo ni negociación– un poder revolucionario con contenido antimercantil/antiestatal y forma de Comuna, en Indonesia, en Kurdistán y en todos los países. El federalismo reproduce la atomización social mercantil y le resta fuerzas a la revolución proletaria contra el Estado en tanto que poder burgués centralizado. Por el contrario, la historia de las revoluciones y contrarrevoluciones demuestra que la centralización –en red y en forma comunal– del poder del proletariado revolucionario es una necesidad material de primer orden para destruir el Mercado, el Estado y la sociedad de clases.

2) Sin abolición del valor y de la sociedad de clases no hay revolución

La revolución social no se trata de que los trabajadores «autogestionen» la economía capitalista ni mucho menos el presupuesto del Estado burgués para «la salud, la educación, el desarrollo de instalaciones públicas y los fondos de las aldeas administrados por el Consejo Popular» (sic.), como dice el texto anarquista en cuestión. Eso sólo reproduce con otra apariencia y mantiene intactas las raíces del sistema capitalista que se busca derrocar. Ese siempre ha sido el programa de la socialdemocracia. Por el contrario, la revolución social se trata de abolir el valor, el trabajo asalariado, el dinero, la propiedad privada, las relaciones de clase, el Estado y todas las instituciones capitalistas mediante la creación e institucionalización de relaciones sociales comunistas y anárquicas entre los individuos de diferentes territorios. Decimos institucionalización, porque la Comuna es una institución revolucionaria, fruto de la insurrección comunizadora. Y decimos individuos, porque gracias a la revolución social los proletarios dejan de ser tales. El comunismo es la inmediatez social de los individuos.

En fin, solidarizamos con la revuelta actual en Indonesia, pero no la romantizamos. Tampoco romantizamos al anarquismo de esa región ni a este tipo de comunicados y propuestas de su parte al calor de ella.

Una revuelta no es una revolución, menos aún en el actual período histórico-mundial de carácter contrarrevolucionario. Y ningún «ismo» ideológico –en este caso, el anarquismo– puede hacer que lo sea, sino sólo la profundización y extensión del antagonismo de clases a escala histórico-mundial. La anarquía –o el comunismo– es el movimiento real que destruye y supera el orden capitalista y estatal, no una ideología ni una utopía. La revolución puede comenzar con una revuelta; pero, la revolución es una ruptura y un salto con respecto a la revuelta.

Una vez reanudado histórica y mundialmente, en un proceso revolucionario es de vida o muerte romper con la socialdemocracia de todo color en el seno del propio proletariado; en este caso, con la socialdemocracia de color negro. Que sea el devenir del actual movimiento real quien se encargue de hacerlo.

Proletarios Hartos de Serlo
Región ecuatoriana, 2 de septiembre de 2025

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Indonesia: ¿revuelta o revolución?

 
Todos nosotros hemos visto las noticias; sabemos, de alguna manera, lo que ha pasado en Indonesia en las últimas semanas: la imagen del Congreso incendiado, la represión policial brutal y los manifestantes que marchan en fila por miles. Sin embargo, frente a este espectáculo, cabe preguntarse si lo que estamos viendo es una revolución, un levantamiento popular o una mera protesta violenta.

Varias otras agrupaciones de "izquierda", reformistas del capital, guardan silencio frente al hecho violento que implica asaltar un edificio gubernamental y destrozarlo. Tal vez lo hacen porque su deseo es ocuparlo. Lo cierto es que cualquier manifestación forma parte íntegra del proceso de lucha de clases, el cual es inmanente al modo de producción capitalista. La violencia que emana y es visible en los medios no es otra cosa que la respuesta a años de ignominia hacia el proletariado. Cuando la paciencia se agota, este sale a atacar aquello que identifica como el principal responsable de sus malas condiciones de existencia, aquel que lo priva de su libertad.

No obstante, la historia de nuestro continente y de las luchas de los últimos años alrededor del mundo demuestran que no basta con culpar a una "casta" política o a una institución, como el Estado, los congresistas o los grupos de poder. Es necesario superar la situación de protesta y avanzar hacia un proceso que permita la ruptura con la división de clases y transicione hacia un camino verdaderamente revolucionario. En otras palabras, uno que busque abolir el valor, la mercancía que deviene del trabajo asalariado y la explotación.

Definitivamente, no se trata de "una revolución", pues carece de la estructura necesaria para subvertir el orden establecido. El "llamado a las armas" de muchas agrupaciones políticas resulta nefasto, en la medida en que no se presenta una teoría que permita la superación de este modo de producción. Los movimientos violentos —que pueden estar o no justificados—, si carecen de un sustento teórico firme y de bases organizativas que permitan al proletariado constituirse como clase consciente y no solo como pueblo, terminan por generar acciones que desembocan en un mayor estado de represión.

La solidaridad entre los trabajadores frente al asesinato de un manifestante a manos de la policía es legítima e indiscutible, pero hace falta un trabajo más fecundo para que no se trate simplemente de un movimiento espontáneo y anecdótico. Una revolución, en todo caso, no se hace con piedras y consignas. La situación puede escalar —sería ingenuo no pensarlo—, pero eso dependerá de las condiciones del proletariado indonesio. Si no se trasciende lo espontáneo, la violencia quedará atrapada en un ciclo de represión y resistencia sin horizonte transformador.
 
Región peruana, 4 de septiembre de 2025 

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Sobre la revuelta en Indonesia 

Toda revuelta actual es necesariamente contradictoria. ¿Por qué? Porque toda revuelta existente hoy emerge desde las contradicciones y antagonismos de la sociedad del capital. Quienes se rebelan son personas construidas por la socialización capitalista. Su práctica rebelde se mueve en contradicción con las formas sociales del capital. 

Hay quienes, desde un ultraizquierdismo confuso, exigen una conciencia perfectamente radical a quienes participan de la revuelta. Esto es absurdo porque es imposible. Ninguna revuelta emerge con una conciencia radical definida y con un entendimiento perfecto de sus contradicciones, limitaciones y desafíos a superar. Ninguna revuelta emerge todavía, tampoco, dotada de antemano de las herramientas materiales y organizativas necesarias para hacer frente al Estado y la reacción militar de las clases dominantes.  

La revuelta es lo que es porque es la expresión actual de lo posible dentro de las condiciones contemporáneas del sistema capitalista y las contradicciones que son intrínsecas. La revuelta es, por lo tanto, una expresión y un desarrollo del antagonismo propio de la sociedad capitalista. En este sentido, manifiesta la forma necesaria que adopta hoy la posibilidad de una ruptura práctica con el sistema y, con ello, de todas las contradicciones y limitaciones propias de esa posibilidad realmente existente. 

La revuelta en Indonesia nos enseña que el levantamiento de millones es hoy perfectamente posible, que así como no se puede pensar el futuro inmediato del capitalismo sin Gaza, tampoco se puede pensar sin los antagonismos que en Indonesia se desarrollan como revuelta de masas. Las prácticas de la revuelta, similares a las que hemos visto en el mundo en los últimos años, nos indican la forma práctica en que se desarrolla hoy necesariamente la lucha de clase y sus contradicciones intrínsecas. Tenemos que aprender de ella, sacar conclusiones radicales que sean herramientas prácticas para la lucha. Para nosotrxs la insurrección es un arte. 

Nec Plus Ultra
Región chilena, 4 de septiembre de 2025

11 de junio de 2025

La prueba de la anarquía

Ian Alan Paul
10 de junio de 2025 

[Un balance crítico sobre los disturbios actuales en Los Ángeles, en particular, y sobre las revueltas del siglo XXI, en general, desde la perspectiva de la comunización y la anarquía. Tomado de Conatus Editorial
 
Disturbios contra la ICE, policía migratoria de EE.UU. Los Ángeles, junio de 2025   
 
La Comuna de París y vehículos del ICE apedreados con trozos de hormigón. La Revolución Egipcia y filas de coches autónomos envueltos en llamas. La Guerra Civil Española y multitudes bloqueando una autopista cubierta de espesas nubes de gas lacrimógeno. Estas fueron algunas de las yuxtaposiciones que surgieron mientras leía The Future of Revolution de Jasper Bernes y recibía mensaje tras mensaje sobre las revueltas en Los Ángeles de amigos dispersos por el globo: fragmentos de tiempo dispersos colisionando y haciendo saltar chispas entre sí, apuntando hacia un lugar aún desconocido. Tanto el libro como las revueltas plantean al fin una pregunta compartida, una en lenguaje teórico y la otra en lenguaje práctico: ¿cómo podríamos no solo chocar por completo contra el orden de este mundo, sino finalmente atravesarlo y alcanzar lo que yace al otro lado?

The Future of Revolution desarrolla su respuesta a esta pregunta trazando los contornos de un futuro comunista en la forma de una diversidad de pasados insurgentes. Tomando como objeto la historia global de los consejos obreros —navegando por sus múltiples teorizaciones y contradicciones, sus diversas derrotas y sus potencialidades aún latentes—, el libro extrae los rasgos negativos y positivos que siguen siendo integrales a la lucha comunista, cristalizando en lo que Bernes conceptualiza como la prueba del comunismo:

La prueba del comunismo nos dice el qué pero no el cómo: (el comunismo) debe estar armado; debe quebrar el poder armado del Estado; debe ser proletario, incorporando a la vasta mayoría de la sociedad en asociaciones voluntarias que reclamen directamente la totalidad de la riqueza social; debe ser comunista, proveyendo para el uso común según un plan colectivo sin regulación legal ni intercambio; debe superar las divisiones entre personas y lugares arraigadas en la división del trabajo y la estructura empresarial; debe ser transparente, comprensible para todos, y manejable, permitiendo que las personas participen en las decisiones que les conciernen mediante estructuras de delegación revocable con mandato, comprometidas con la reproducción de una sociedad sin clases, sin dinero y sin Estado.[i]

Esta prueba no aspira a dictar una secuencia o curso preciso que los levantamientos deban obedecer, sino a discernir los fundamentos necesarios de una lucha que comprende su tarea histórica como la destrucción de la sociedad capitalista y la construcción de una comunista.

The Future of Revolution deja claro que la insurrección es la forma bajo la cual se desarrollará la ruptura con el capitalismo. Si bien Bernes afirma claramente que no podemos saber de antemano «cómo será una destrucción genuina del poder armado del Estado, dados los ejércitos y la policía modernos» y deduce que muy probablemente seguirá a una disolución interna antes que a una confrontación militarizada, nunca vacila respecto a su necesidad.[ii] Como Joshua Clover también aclaró en su obra, el hecho de que el mundo actual esté organizado sobre la base de un Estado siempre presente y una economía permanentemente distante ha alterado las variables que durante mucho tiempo guiaron los debates sobre insurrección y revolución, demostrando que para los comunistas la abolición del Estado y la reivindicación de las fuerzas productivas de la sociedad son simplemente dos dimensiones de un único proceso revolucionario.[iii] A la luz de esta necesidad, Bernes también describe lo que ahora se han convertido en los límites evidentes de las formas exclusivamente negativas de abolición e insurrección:

Es imposible imaginar la abolición de la policía independientemente de la abolición de la sociedad de clases, la inauguración del comunismo. Quemar dos, tres, cuatro, muchas comisarías parece suicida sin la posibilidad de cultivar una forma de vida que pudiera prescindir de la policía. Tampoco se puede construir el nuevo mundo en las cáscaras quemadas del anterior: se necesita su riqueza, sus recursos y capacidades reales. Así, la abolición termina significando todo y nada.[iv]

Hay poco que objetar en tal análisis, pues todas las revueltas significativas del siglo XXI se han agotado y consumido en estos términos: desarrollaron inmensas capacidades de insurrección y destrucción que, al final, no pudieron extenderse ni sostenerse suficientemente, y mucho menos dar forma duradera a modos de vida comunistas. Al mismo tiempo, lo inverso también sigue siendo cierto: no puede imaginarse la abolición de la sociedad de clases sin la abolición de la policía, ni es posible cultivar una forma de vida que prescinda de la policía mientras persista su poder violento. En este sentido, las capacidades constructivas y destructivas de los levantamientos siguen siendo fundamentalmente inseparables: poner fin a la sociedad capitalista debe simultáneamente dar existencia a una vida más allá del capital.

Tras evaluar las diversas formas y tácticas surgidas en —y circulantes entre— múltiples insurrecciones del siglo XXI (bloqueos contralogísticos, incendios, ocupaciones de edificios, sabotajes, zonas autónomas), Bernes aborda la construcción del comunismo en condiciones insurreccionales imaginando especulativamente la formación de comités de abolición:

Los comités de abolición podrían dedicarse no solo al trabajo práctico sino al trabajo especulativo: ¿Cómo sería la abolición? ¿Qué requeriría?… Sus preguntas fundacionales serían: ¿Qué harías si el poder estatal desapareciera hoy? ¿Qué harías si no hubiera más policía, y tras ella, ningún ejército? ¿Qué harías si todas las cárceles ardieran? Una tarea clave para estos comités de investigación sería la indagación técnica sobre las condiciones de la producción capitalista y la vida cotidiana… Un comunista mira una central eléctrica, una fábrica, un supermercado, una flota de autobuses o una granja siempre con la mirada puesta en lo que podría ser en el comunismo, que no es en absoluto lo que es en el capitalismo… La idea es imaginar un atlas de la reproducción comunista, con todo el conocimiento que un movimiento comunista podría necesitar para comenzar a reproducirse, en algún momento insurreccional dado.[v]

No cabe duda de la necesidad de cartografiar, diagramar y reimaginar cómo todos los recursos y tecnologías del mundo capitalista podrían ser reivindicados y reorganizados por los comunistas, o alternativamente cómo deberían ser abandonados o destruidos.[vi] Como Bernes aclara: «cada centímetro de la tierra está ahora tan entremezclado con tantos trabajos humanos, formas de endeudamiento y pertenencia»,[vii] una interconexión histórica de vidas y sistemas planetarios que implica que cualquier revolución debería desplegarse también a esas escalas. Gran parte del pensamiento comunista contemporáneo ha girado explícitamente hacia estas cuestiones, ejemplificado en textos como Forest and Factory de Phil A. Neel y Nick Chavez o Corona, Climate, Chronic Emergency de Andreas Malm. Sin embargo, estas propuestas comunistas siguen estando incompletas mientras privilegien lo positivo y descuiden lo negativo, viendo la capacidad insurreccional de abolir el poder y la dominación como un antecedente de la sociedad comunista, pero no como un rasgo constitutivo de ella. The Future of Revolution sigue siendo una contribución valiosa precisamente porque crea una apertura para vislumbrar cómo lo destructivo y lo constructivo de la insurrección y la revolución están indisolublemente entrelazados. La forma mediante la cual se negará la sociedad capitalista es también la forma mediante la cual se afirmaría cualquier otra sociedad posible, una dinámica que debe permanecer central en la teorización y experimentación militantes.

Para Bernes, la destrucción del capitalismo es sinónimo de la destrucción del valor —la forma abstracta que une los fragmentos dispersos de la sociedad capitalista—: «El concepto de valor no es nada, para los comunistas, si no es un punto de mira que aparece en rojo cuando necesitamos destrozar algo».[viii] Esta idea, entrelazada en todo el libro, viene acompañada de una advertencia: que la destrucción del valor no impide que emerja otra sociedad igualmente basada en la dominación, aunque bajo términos formales diferentes. A lo largo de su proyecto, Bernes deja claro que destruir el capitalismo significa poco sin la construcción paralela del comunismo, pues no son meras posibilidades binarias, sino no-conjuntas: no pueden coexistir como formas de sociedad, pero la ausencia de una no implica necesariamente la existencia de la otra. Como describe Bernes:

La relación entre capitalismo y comunismo es de no-conjunción, no de disyunción. Puede haber capitalismo. Puede haber comunismo. Pero no puede haber capitalismo y comunismo. Su relación es… no-conjunción, no una simple disyunción excluyente. Podríamos formular esto como el axioma de la contradicción… Lo que implica la no-conjunción de capitalismo y comunismo es una elección de negaciones mediante las cuales se revela el contenido positivo del comunismo.[ix]

El desarrollo de sistemas de crédito social, vigilancia automatizada y proyectos expansivos de IA debería bastar para dejar claro que otras formas de organización social siguen siendo posibles, formas que algún día podrían prescindir del valor por completo mientras preservan las formas de dominación propias de la sociedad de clases. En este sentido, el valor debe verse como la forma principal mediante la cual la sociedad de clases se ha organizado históricamente bajo el capitalismo, y por tanto es precisamente lo que debe ser destruido en el presente; sin embargo, la sociedad de clases siempre podría reorganizarse en el futuro bajo diversos términos formales ajenos al valor.

Aquí podemos comenzar a leer dentro de la prueba del comunismo lo que podríamos llamar la prueba de la anarquía. Para Bernes, la sociedad comunista necesariamente contradice a la capitalista, pero no existe como su única alternativa posible. Es porque la clase y la dominación pueden organizarse en términos distintos a la forma valor que la sociedad comunista debe contradecir no solo las formas específicas del capitalismo, sino también toda otra posible sociedad de clases. Discernir la prueba de la anarquía dentro de la prueba del comunismo es así reconocer que si la destrucción del capitalismo se entrelaza con la construcción del comunismo, esta última debe igualmente entrelazarse con la destrucción de toda lógica de dominación posible, además del valor. Si el valor es la differentia specifica del capitalismo, el proyecto de Bernes propone que este puede servir de base para clarificar tanto la positividad como la negatividad del comunismo: «la abolición de la ley del valor deja un resto, y es desde y contra este resto que el comunismo debe realizarse».[x]

La anarquía, sin embargo, carece de tal principio formal donde fundamentarse, pues lo que aspira a negar no es específico del capitalismo. La prueba de la anarquía corre así como un hilo negro a través de la historia del capitalismo pero también de toda historia posible, viendo en cada expresión de dominación el potencial y la necesidad inerradicables de la insurrección. Si el comunismo toma forma como un arma afilada particularmente contra el valor, la anarquía debe surgir más bien como una fragua capaz de producir nuevas armas frente a cualquier dominación que se imponga.

Dado que el comunismo emerge en no-conjunción con el capitalismo al constituirse positivamente como sociedad en la imagen negativa del valor, la prueba de la anarquía surge junto a él como una forma de no-conjunción cuya apertura es por necesidad infinitamente más amplia, opuesta a toda forma posible de sociedad basada en la clase y la dominación. La prisión es, después de todo, una institución profundamente entrelazada con la historia del capitalismo y moldeada por ella, pero las posibilidades carcelarias persistirán incluso sin valor, organizadas bajo cualquier cantidad de términos formales alternativos. Igualmente fácil es imaginar la existencia de regímenes fronterizos en futuras sociedades no capitalistas, especialmente mientras se intensifica la crisis climática y diversas catástrofes y escaseces se vuelven más agudas y frecuentes. Nuevas formas de jerarquía, dominación y exclusión basadas en raza, género, sexualidad, capacidad o cualquier otro criterio seguramente aspirarían a arraigarse tras la destrucción de la sociedad capitalista, tal como la precedieron. Mientras Bernes escribe que pretende «tratar la teoría de la revolución comunista desde la perspectiva de la eternidad», la tarea de la anarquía también permanece eterna, así como su horizonte se expandirá perpetuamente, desplegándose siempre de nuevo en no-conjunción con la dominación.[xi] Así como el nacimiento del capitalismo inauguró una guerra contra la vida que este nunca ha cesado de librar, la llegada del comunismo también marcará el advenimiento de una anarquía perpetua librada contra toda forma emergente de sociedad de clases.

Las corrientes anarquistas de nuestro tiempo han dirigido su atención principalmente hacia la cuestión del poder destituyente, enfocándose no tanto en la necesidad de constituir una nueva sociedad como en la necesidad de destituir y destruir el orden presente. Este enfoque nos ha ofrecido un método para experimentar y teorizar todas aquellas formas y técnicas que exige la insurrección: aprender tácticas y desarrollar repertorios capaces de desmantelar y derrocar el poder en todas las diversas formas en que históricamente se constituye. La anarquía es así el filo destituyente de lo constituido por el comunismo, el proceso persistente de desactualización que acecha en la penumbra de la actualidad comunista. En las primeras páginas de The Future of Revolution, Bernes cita la perspicacia de C.L.R. James: «la tarea hoy es convocar, enseñar, ilustrar, desarrollar la espontaneidad».[xii] Desarrollar la espontaneidad es, por supuesto, una formulación contraintuitiva, pero en el contexto del proyecto de Bernes adquiere un sentido combustivo y explosivo. Hoy nuestra lucha es ver la espontaneidad del comunismo y la anarquía mientras se desarrolla como insurrección y como nuevas formas de vida, ardiendo como estrellas guía en la larga noche de la historia y desvaneciéndose oscuramente en los agujeros negros formados en la geometría negativa de lo que no son.

Traducción por Grupo de Traductoras Comunistas, Fracción mexicana

Notas

[i] Jasper Bernes, The Future of Revolution, Verso Books, 2025, 128 

[ii] Ibid., 160 

[iii] «En 1700, la policía tal como la conocemos hoy no existía; algún alguacil o bedel esporádico vigilaba el mercado. Al mismo tiempo, la mayoría de los bienes de primera necesidad se producían localmente. En resumen: el Estado estaba lejos y la economía cerca. En 2015, el Estado está cerca y la economía lejos. La producción está pulverizada; las mercancías se ensamblan y distribuyen mediante cadenas logísticas globales. Inclusos los alimentos básicos probablemente proceden de otro continente. Mientras tanto, el ejército doméstico permanente del Estado siempre está a mano —progresivamente militarizado bajo el pretexto de librar guerras contra las drogas y el terror.» Joshua Clover, Riot, Strike, Riot, Verso Books, 2019. 

[iv] Jasper Bernes, The Future of Revolution, Verso Books, 2025, 169 

[v] Ibid., 171-172 

[vi] Bernes se toma el tiempo, a lo largo del libro, para esbozar las características positivas que organizarían la economía bajo el comunismo. Al imaginar la forma que tomarán las comunas tras la destrucción del capitalismo, enfatiza dos aspectos de la prueba del comunismo que prescriben que una sociedad comunista debe ser, al mismo tiempo, transparente y controlable. La transparencia se manifiesta en el consejo o la comuna como un libro abierto que permite a todos ver y comprender fácilmente cómo se organiza y se gestiona colectivamente la sociedad, mientras que la controlabilidad se expresa en la capacidad de revocar de inmediato a los representantes de las comunas o los consejos, lo cual garantiza que se mantengan responsables y no puedan concentrar poder. Aunque Bernes evita caer en la trampa de describir en detalle cómo se verían en la práctica la transparencia o la controlabilidad, y en su lugar desarrolla sus principios abstractos, ambos conceptos funcionan como interruptores automáticos, en el sentido de que están diseñados para sofocar de manera preventiva la posible reaparición de la clase y del valor, construyendo el comunismo como imagen negativa del capital.

[vii] Ibid., 126

[viii] Ibid., 88 

[ix] Ibid., 127-128 

[x] Ibid., 99

[xi] Ibid., 82 

[xii] Ibid., 12 

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Crítica de este texto por Nec Plus Ultra (región chilena, 12 de junio de 2025)
 
En todo el texto hay una cuestión problemática con respecto a la espontaneidad que es el resultado necesario del marco teórico/práctico de su autor [el anarquismo]. La experiencia reciente de todas las revueltas contemporáneas muestra que la espontaneidad no es necesariamente un "más allá del capital", como si lo espontáneo fuera lo opuesto al capitalismo. De hecho, el capitalismo subsume continuamente lo espontáneo en las formas de la mercancía y el deseo -el capitalismo no podría persistir sin capturar el deseo-. La espontaneidad de los individuos en revuelta es la espontaneidad de personas que están constituidas por el capital, por lo tanto, es intrínsecamente contradictoria. Podría destituir parcialmente la forma capitalista y luego reforzarla -como en Chile 2019/2020-. 
 
El asunto fundamental de la transformación radical de nuestra época no reside en "desarrollar la espontaneidad" a secas, sino en superar la brecha que existe entre revuelta y revolución a través de la constitución de un movimiento conscientemente orientado a la supresión del sistema. Esa supresión no es pura espontaneidad, aunque también se alimenta de ella, sino que implica organización, una comprensión estratégica de las contradicciones de la sociedad capitalista y de la propia lucha insurreccional, lucha armada, planificación concertada de acciones insurreccionales contra las fuerzas armadas de la reacción, constitución conciente de una nueva forma de producción social, etc.
 
Ian Alan Paul plantea una cuestión fundamental, pero no la responde adecuadamente: "todas las revueltas significativas del siglo XXI se han agotado y consumido en estos términos: desarrollaron inmensas capacidades de insurrección y destrucción que, al final, no pudieron extenderse ni sostenerse suficientemente, y mucho menos dar forma duradera a modos de vida comunistas." Para él, la respuesta estaría en fortalecer el momento destituyente, "dar existencia a una vida más allá del capital" y "desarrollar la espontaneidad". 
 
Lo que Ian Alan Paul no ha captado es que el carácter contradictorio de las revueltas contemporáneas resulta del carácter contradictorio de la sociedad capitalista de la cual estas revueltas emergen. Esto queda claro en su concepto de valor, que es, para él, "la forma abstracta que une los fragmentos dispersos de la sociedad capitalista" y no un modo contradictorio de praxis social [el valor no es una cosa, sino una relación de clase.] De ahí que, en última instancia, responda al problema de la revuelta en términos tautológicos: si las revueltas no van más allá del capital es porque no han perseverado en su momento destituyente y no han creado formas de existencia más allá del capital. 
 
Esta forma de plantear los problemas lleva necesariamente a un voluntarismo práctico y teórico, a un callejón sin salida. Sin una perspectiva radical anclada en un movimiento de masas, sin un entendimiento estratégico de las contradicciones de la sociedad, sin organización y sin medios materiales de propaganda, coordinación y autodefensa, las revueltas jamás superarán los horizontes del capital y su institucionalidad, por muy espontáneas y disruptivas que sean. La forma comunista tiene su condición de posibilidad en las contradicciones de la sociedad, pero no puede existir sin una producción conciente de esa forma a partir de medidas prácticas que solo pueden ser sostenidas a través de medios insurreccionales y enfrentando una cruenta represión por parte de todas las fuerzas de la reacción capitalista. 
 
*** 
 
Nota de PR: En la posdata de nuestro último texto de coyuntura en la región ecuatoriana, también desarrollamos una crítica del culto a la espontaneidad o del espontaneísmo y, en cambio, reivindicamos la necesidad de la autoorganización revolucionaria del proletariado o del Partido Histórico. Por lo cual, consideramos pertinente reproducirla aquí: 

No somos partidarios del espontaneísmo, menos aún si se trata de contribuir a que las luchas reivindicativas den un salto cualitativo y así estalle una nueva revuelta que devenga revolución. Una cosa es la espontaneidad o la forma natural en la que suceden las cosas; en este caso, la lucha del proletariado contra la burguesía, precisamente por la naturaleza contradictoria y dinámica de la sociedad de clases. Y otra cosa muy diferente es el espontaneísmo o el culto a la espontaneidad, el cual no reconoce los límites de la espontaneidad ―como lo demuestran las revueltas de los últimos años― y, así, termina negando la necesidad de organización autónoma y de posiciones revolucionarias. Espontaneidad y autoorganización no son contrarias, sino complementarias, ya que la autoorganización del proletariado brota de la espontaneidad de sus luchas y, entonces, la deja atrás para poder desarrollarse, consolidarse y acertarle golpes contundentes al Estado-Capital y la sociedad de clases.  

Por eso, somos partidarios de la autoorganización revolucionaria del proletariado; es más, somos partidarios de lo que Marx, Bordiga, Camatte, n+1, Endnotes, Amorós y otros camaradas han llamado "Partido Histórico" de la revolución comunista mundial, el cual “brota espontáneamente del suelo de la sociedad burguesa” (Marx) y está muy lejos del vanguardismo ―autoproclamarse “la vanguardia” y pretender hacer del proletariado un objeto dirigible― y del sustitucionismo ―sustituir al proletariado como sujeto revolucionario. Porque el partido histórico propiamente dicho no es más que el conjunto de fuerzas que luchan por la autoorganización del proletariado para la revolución social mundial.

Autoorganización del proletariado, independencia de clase y acción directa son inseparables y significan luchar sin intermediarios ni representantes; lo que quiere decir, luchar por fuera, en contra y más allá de sindicatos, partidos, elecciones, parlamentos, leyes, etc. El “partido independiente de la clase trabajadora” es también “el partido de la subversión” o “el partido de la anarquía” en duelo a muerte con “el partido del orden” (Marx).

Considerando que, cuando el proletariado se levanta y hace temblar al orden capitalista, la derecha y la izquierda del Capital se unen en un solo partido en su contra: “el partido de la democracia” (Engels). Por lo tanto, el partido histórico del proletariado revolucionario es un partido contra la democracia, es decir, contra la dictadura social del Capital y su Estado sobre el proletariado. Esto no quiere decir que el partido revolucionario del proletariado sea una organización de tipo autoritario o vertical. Al contrario: en su interior se practican relaciones sociales de nuevo tipo basadas en la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad y la horizontalidad reales.

De allí que el partido histórico no es un partido formal ni un mini-Estado como los partidos leninistas mal llamados “comunistas”, sino que es un partido que, si bien necesita estructurarse para organizar las tareas revolucionarias, va mucho más allá de estatutos, comités, dirigentes, nombres, siglas y fronteras de todo tipo. Es el proletariado mismo organizándose y actuando de manera orgánica como clase revolucionaria. Es “el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual” (Marx y Engels). Es el partido del comunismo y la anarquía contra el partido de la democracia. Todo esto es la autoorganización revolucionaria del proletariado en acción.

Ahora bien, es importante tener claro que la autoorganización revolucionaria no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio; y, que el objetivo final de la autoorganización revolucionaria no es convertirse en “Estado proletario”, sino abolirse a sí misma junto con la autoabolición revolucionaria del proletariado como clase para, en cambio, devenir comunidad real de individuos libremente asociados que producen y viven sus vidas como tales. En ese sentido, el partido histórico será “la prefiguración de la sociedad comunista” (Camatte) o no será: el partido histórico en este siglo será el Partido-Comunidad o no será. Concebido ya no como una pirámide de piedra, sino como una red viva cuya sustancia sea la solidaridad antagonista y transformadora.

A pesar de la contrarrevolución todavía reinante o de estos malos tiempos para la militancia revolucionaria, las minorías radicales del proletariado internacionalista que hoy existen son el germen del partido histórico. Y si no existen, tarde o temprano habrá que crearlas, fortalecerlas y unirlas para ello; es decir, tendrán que autoorganizarse como partido histórico y mundial al calor de las luchas proletarias en ascenso. 

 
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24 de febrero de 2025

[Folleto] Notas Contra el Dominio de la Mercancía

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Este potente y hermoso material de agitación teórica, que lleva por título Notas Contra el Dominio de la Mercancía (Los Amigos de Van der Lubbe, 2016), parte del hecho de que la sociedad capitalista es la sociedad mercantil generalizada, ya que es un sistema social de producción y reproducción de mercancías cuyo fin es obtener un valor excedente (plusvalor) o ganancia en manos de la burguesía, mediante la explotación de la fuerza de trabajo del proletariado, como si de un vampiro se tratase. Explotación basada en la propiedad privada sobre los medios de producción y de vida, que se oculta bajo la forma de salario, en particular, y bajo la forma de compra-venta de bienes y servicios entre ciudadanos iguales en el mercado y ante la ley, en general.

 Así pues, bajo el Capital todas las actividades y relaciones humanas, y hasta las mismas personas, se cosifican y mercantilizan o parecen ser relaciones entre cosas-mercancías, donde éstas terminan dominando y desvalorizando a aquéllas en aras de la valorización del valor y la acumulación de capital. Más claro: en el capitalismo, las mercancías llegan a tener más valor y poder que los propios seres humanos que las produjeron socialmente. Esto es el fetichismo de la mercancía (Marx, El Capital I) o la reificación del nexo social (Marx, Grundrisse). Y el dinero, es su equivalente universal o “la mercancía de las mercancías”, por lo cual el dinero es el Dios de la sociedad burguesa.

De manera que, empezando por el trabajo asalariado ―la única mercancía que valoriza el valor o que produce plusvalor―, la mercancía unidad inseparable entre el valor de cambio y el valor de uso, donde el primero subsume o absorbe al segundo no es una cosa, sino una relación social que, a su vez, es la célula fundamental de la sociedad capitalista. Más claro: la característica específica y esencial de las relaciones mercantiles capitalistas es tener que trabajar para pagar y pagar para vivir, porque en esta sociedad todo “tiene dueño”, es mercancía y, como tal, tiene un precio. En síntesis: el capitalismo es el dominio o la dictadura social de la mercancía sobre la vida.

Por lo tanto, la clave de la revolución comunista es la abolición de la mercancía y su fetichismo en tanto que relación social y, por implicación, la abolición del valor (de cambio y de uso). La comunización es la desmercantilización de las relaciones sociales, empezando por las relaciones de propiedad, producción y distribución. Lo que quiere decir que, sobre la base material de la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado o, en términos positivos, la posesión común de los medios de producción y la cooperación libre y creativa, en la sociedad comunista la producción y distribución de “cosas” estarán destinadas única y exclusivamente a la satisfacción de las necesidades colectivas sin la intermediación del mercado ni del dinero, porque éstos ya no serán necesarios, al igual que el Estado. Como consecuencia de ello, las relaciones humanas serán directamente tales ―esto es, no cosificadas ni mercantilizadas―, y el tiempo libre para desarrollarlas y disfrutarlas será la mayor riqueza social.

Sí, el comunismo es una sociedad sin clases, sin Estado y, fundamentalmente, sin mercado, sin dinero y sin trabajo asalariado. El comunismo es antimercantil o no es. Por el contrario, los variopintos programas de izquierda ―“gobierno popular”, “Estado socialista”, “socialismo de mercado”, “economía popular y solidaria”, “autogestión y trueque”, etc.reproducen las relaciones mercantiles capitalistas de forma alternativa y, por tanto, son parte clave de la contrarrevolución en el seno del propio proletariado. Son, en suma, lo que se llama reformismo, socialdemocracia o izquierda del Capital ―incluso si se disfraza de “marxista” o de “anarquista”―, a la cual hay que combatirla con la misma fuerza y contundencia que a la burguesía y su Estado.


 
 

Proletarios Hartos de Serlo
Quito, febrero de 2025

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Relacionados:

·       Cuadernos de Negación N° 3: Contra la sociedad mercantil generalizada (abril de 2010, reedición 2020)

·       Cuadernos de Negación N° 11: Contra la valorización de la vida (mayo de 2018)

·       Cuadernos de Negación N° 12: Crítica de la autogestión (noviembre de 2018)

·     La producción de la contrarrevolución en el siglo XXI: la ley del valor y el fetiche de la mercancía ― Comunismo Gótico (noviembre de 2024)

·       Revolución y contrarrevolución: la lucha por la abolición del valor ― Comunismo Gótico (noviembre de 2024)

·       Bordiga y la abolición del valor y el trabajo ― Comunismo Gótico (noviembre de 2024)

26 de abril de 2021

La abolición del valor como base o fundamento del comunismo vs. el capitalismo de Estado llamado "socialismo"

 
El comunismo no sólo radica en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y de la plusvalía, como plantea el marxismo tradicional y como supuestamente lo "logró" esa producción cooperativa de mercancías y capitalismo de Estado llamado "socialismo" (URSS, China, Yugoslavia, Corea del Norte, Cuba, etc.)

El comunismo radica fundamentalmente en la abolición del valor, entendido como relación social enajenada, cosificada, mercantilizada y de clase. En otras palabras, el hecho de que la actividad social humana adopte la forma alienada/alienante de trabajo (abstracto) y de mercancía (cuyo equivalente general es el dinero), y de que estas relaciones entre personas adopten la forma alienada/alienante de relaciones entre cosas, como si estas tuviesen vida y poder propios (lo que Marx denomina fetichismo de la mercancía). La explotación asalariada o la extracción de plusvalía, que la produce sin paga el proletariado y se la apropia gratuitamente la burguesía, en realidad es consecuencia y parte de esta relación histórica y social llamada valor. Relación de clase cuya abolición es la clave del comunismo, entendido como nueva y superior forma de relación social que emerge de las entrañas de la forma social e histórica capitalista, mediante su propio desarrollo contradictorio que es inseparable de la lucha de clases.

Por eso Marx empieza El Capital con el análisis crítico de la mercancía y del valor. Y por eso dijo que tal obra fue un proyectil lanzado directo a la cabeza de la burguesía del cual no podría recuperarse jamás. Por su parte y por el contrario, la mayoría de marxistas -salvo honrosas excepciones desde Rubin hasta Kurz- siempre "olvidaron" e incluso despreciaron olímpicamente el Capítulo I de El Capital

Sin embargo, debido a determinadas condiciones históricas y materiales que hoy en día ya están maduras y hasta en descomposición (desarrollo de las fuerzas productivas, de la socialización capitalista y del mercado mundial; subsunción o dominación total del Capital sobre el trabajo y la vida cotidiana;
crisis del trabajo y crisis ecológica; autoorganización de los trabajadores; rechazo del trabajo, del mercado y del Estado, etc.), las revoluciones proletarias del siglo XIX y del siglo XX no realizaron a cabalidad el comunismo, es decir no abolieron el valor. Por eso sigue en pie la sociedad de clases, la burguesía y su Estado, a pesar de su catástrofe y su putrefacción. El "socialismo realmente existente" y el marxismo-leninismo fueron copartícipes "desde la izquierda" de este desarrollo catastrófico y "modernización reparadora" del capitalismo histórico-mundial, y no de la revolución comunista mundial.

He aquí, por tanto, la principal tarea pendiente de las revoluciones proletarias del siglo XXI: la abolición del valor... y de toda la civilización que se ha edificado sobre tal base.
 
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29 de julio de 2020

[Libro] Capitalismo y Comunismo – Gilles Dauvé

Nuevo Título de Lazo Ediciones. Rosario-Argentina. Junio 2020
Texto fundamental para la formación teórica revolucionaria


«Cualquier definición económica del comunismo permanece dentro del ámbito de la economía, es decir, de la separación del tiempo y el espacio productivo del resto de la vida. El comunismo no se basa en la satisfacción de las necesidades tal como existen ahora o incluso como podríamos imaginarlas en el futuro. Es un mundo en el que las personas establecen relaciones y se involucran en actos que les permiten alimentarse, cuidarse, alojarse y enseñarse… a sí mismos. El comunismo no es una organización social. Es una actividad. Es una comunidad humana.»

«El comunismo no es un programa a realizar o hacer realizar, sino un movimiento social. Los que desarrollan y defienden el comunismo teórico no tienen sobre el resto de la humanidad más que la ventaja de una comprensión y capacidad de expresión más clara y rigurosa; pero, al igual que los demás que no se dedican especialmente a la teoría, tienen la necesidad práctica del comunismo. En este sentido, no tienen ningún privilegio, no aportan el saber que desencadenará la revolución, pero, por otra parte, no tienen ningún miedo de tomar la iniciativa. La revolución comunista, como toda revolución, es producto de condiciones de existencia y deseos reales. Los puntos desarrollados en este texto nacen de contradicciones sociales y luchas prácticas que nos ayudan a discernir las posibilidades de una nueva sociedad en medio y en contra de la monstruosidad y la fascinación por lo viejo.

El comunismo no es un ideal a ser realizado: existe ahora, no como modos de vida alternativos, zonas autónomas o comunidades anti‑sistema que serían gestadas en esta sociedad para finalmente convertirla en otra, sino como como un esfuerzo, como una tarea que preparar(se). Es el movimiento que tiende a abolir las condiciones de existencia determinadas por el trabajo asalariado, y que las abolirá solamente a través de la revolución.

No vamos a refutar aquí a los Partidos Comunistas, ni a las diversas variedades de socialistas, izquierdistas, etc., cuyos programas claman por la modernización y la democratización de todo cuanto existe en el mundo actual. El punto con ellos no es que sus programas no vayan lo suficientemente lejos, sino que se mantienen dentro de los límites de la sociedad actual: son programas capitalistas.»

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La presente edición contiene una nueva traducción de Capitalismo y Comunismo y hemos agregado: En este mundo pero no de este mundo (traducción: Anarquía y Comunismo), Comunización (traducción: Barbaria) y El renegado Kautsky y su discípulo Lenin (traducción: Ediciones Espartaco Internacional)

Contenido:

• EN ESTE MUNDO, PERO NO DE ESTE MUNDO
Para los vencedores, el botín 
Volver a la URSS 
La megamáquina 
Clase y lucha de clases 
Entonces, ¿dónde están esos proletarios? 
Desde Marx hacia el Marxismo 
Capital y trabajo hoy 
No existe un capitalismo ecológicamente reformado 
El proletariado como contradicción 

• CAPITALISMO Y COMUNISMO
El trabajo asalariado como relación social 
El valor como destructor… y promotor de la comunidad 
La mercancía 
El Capital 
Un mundo de empresas 
Capitalismo burocrático (o de “Estado”) 
Crisis 
Proletariado y revolución 
Comunismo como el final de la economía y el trabajo 
Comunización 
Los Estados y cómo eliminarlos 
¿Democracia? 
Ábrete camino (hacia el otro lado) 

• COMUNIZACIÓN
Unas pocas palabras sobre esta palabra 
En síntesis 
¿Es un programa? 
«La auto‑emancipación del proletariado es el colapso del capitalismo» 
¿Una novedad? 
¿Transición? 
Violencia y destrucción del Estado 
¿Quién? 
Revolución de la vida cotidiana 
Futuros distantes y “aquí y ahora” 
¿Los comunes? 
Comunidad 
Sin dinero 
Crítica de sobremesa 
Escasez vs. abundancia: ¿Prometeo desencadenado? 
Igualdad 
Universalidad 
La contradicción ineludible 

• EL RENEGADO KAUTSKY Y SU DISCÍPULO LENIN

10 de junio de 2019

LA COMUNIZACIÓN COMO SALIDA DE LA CRISIS

Bruno Astarian
Francia, Agosto 2009

Traducido por Carlos Lagos P., del artículo “La communisation comme sortie de crise”, publicado en www.mondialisme.org/spip.php?article1438

Este texto, aparecido en Echanges nº 131, es una contribución a un debate sobre la crisis y sus salidas posibles. Se trata de un análisis deliberadamente resumido. No se desarrolla la crítica del programatismo –ya hecha abundantemente– y sólo se evocan aquellos aspectos del reciente movimiento social que confirman la tesis de la comunización.


1. Inmediatez del comunismo

1.1. Definición y origen

No debemos confundir inmediatez con instantaneidad. Cuando decimos inmediatez del comunismo, estamos afirmando que la revolución proletaria ya no tiene como objetivo crear una sociedad de transición, sino instaurar directamente el comunismo. O sea: algo más complicado que la conquista del poder político, que hacer alianza con otras capas sociales, y que llevar a cabo una transición sobre ese terreno (extinción gradual del Estado, etc.).

La noción de inmediatez del comunismo no ha salido de la nada. Apareció con la crisis de los años 1960-1970, a partir de la impotencia política de la izquierda y de la incapacidad de los izquierdistas para comprender el rechazo al trabajo. Hoy, todas las tentativas programáticas parecen irrisorias. En cuanto al anti-trabajo, hoy vuelve a manifestarse con más fuerza que en los años 70 (en China, Bangladesh y hasta en los países industrializados).

1.2. La comunización como proceso

Comunización no significa que el comunismo será insaturado mediante un golpe de varita mágica. Será un proceso de lucha, con avances y retrocesos de la revolución. Lo que esto significa es que las acciones que emprendan los revolucionarios apuntarán a la abolición del trabajo y del valor, y de todo lo demás (familia, patria), aquí y ahora. Cuando la revolución ataque la propiedad capitalista, no lo hará para entregarle al proletariado esa propiedad que antes no poseía, sino para ponerle fin a toda forma de propiedad, en seguida. Es imposible describir ahora tal proceso en detalle. Sin embargo hay que tratar de precisarlo, para tener una idea mejor de hacia dónde vamos y para saber, llegado el momento, distinguir entre revolución y contrarrevolución.

2. Respuesta a la crisis y comunización

Cuando la crisis estalla, el proletariado se subleva porque la no compra de su fuerza de trabajo le excluye de las relaciones sociales y de todo vínculo con la naturaleza. Al sublevarse, los proletarios despliegan una respuesta a la crisis que en sí constituye la matriz de todo lo posible, y que es el único lugar de donde puede surgir el comunismo. Si bien la teoría no siempre definió al comunismo del mismo modo, todas las definiciones y estrategias han partido de lo que el proletariado hace al responder a la crisis. Ahora bien, sólo podemos hablar de respuesta a la crisis en el caso de un levantamiento generalizado del proletariado, y no en el caso de un conflicto aislado en una o algunas empresas, por “ejemplar” que ese conflicto sea.

La respuesta a la crisis descansa en dos elementos esenciales:la individualización/desmasificación del proletariado, y la expropiación de la propiedad capitalista para suplir las necesidades de la lucha –no para volver al trabajo sin patrones. Si la crisis abierta en ese momento se profundiza hasta el punto de provocar una insurrección proletaria de proporciones, reencontraremos una vez más estos dos elementos, marcados por los rasgos históricos de nuestra época. La desmasificación del proletariado será tanto más nítida por cuanto es un proceso que ya ha sido puesto en marcha por el capital post-fordista. Desear un regreso a los buenos días del obrero masa es un sueño contrarrevolucionario. En cuanto a la propiedad capitalista, ésta tiene dos características:

·         Por una parte, nada se le escapa. El capital se ha apoderado de la vida entera al punto de que, haga lo que uno haga, siempre está en sus dominios. Cuando la crisis estalle, el proletariado no podrá hacer nada sin invadir la propiedad capitalista. Hasta una simple manifestación le obliga a ocupar el asfalto municipal. Hoy, se le deja hacer. Mañana eso mismo será ilegal. Toda acción del proletariado en su actividad de respuesta a la crisis le obliga a enfrentarse al capital para tomar posesión de una parte de la propiedad y dar así objetividad a su existencia, que no es sino la de un sujeto puro.[1] Y en la crisis actual el monopolio de la propiedad capitalista es tan total que hoy como nunca antes el proletariado no tiene ninguna posibilidad de repliegue. Está con la espalda contra la pared. El capital ha suprimido, por ejemplo, toda posibilidad de repliegue en el campo;

·         Por otra parte, los bienes de propiedad capitalista están poderosamente marcados, en su valor de uso, por las necesidades de valorización. Por esta razón, la respuesta a la crisis buscará sobre todo destruir y desviar. No hay que descartar que el proletariado se apodere de una cadena de montaje, pero sí que la use para producir automóviles.

2.1. « Producción » sin productividad y abolición del valor

Es a partir de la respuesta a la crisis, y para salir de la crisis, que va tomando forma la comunización. La comunización no responde a un ideal o a una consigna política. Es la solución de las dificultades que el proletariado encuentra para reproducirse en el transcurso de su actividad de crisis. Se trata de una lucha contra el capital para asegurar su propia supervivencia, nada más. 

Cuando las alternativas proletarias contrarrevolucionarias [como la autogestión] demuestren su ineficacia para salvar económicamente  al proletariado, la comunización producirá el salto hacia la no-economía. La paradoja es que cuanto más profunda es la crisis e inmensas son las necesidades de los proletarios, más la solución consiste en dar la espalda al productivismo. La «producción» sin productividad no es una función productiva propiamente tal. Es una forma de socialización comunista de los hombres, donde la producción ocupa por cierto un lugar, pero sin estar sujeta a una medida de tiempo ni de ninguna otra especie (ingresos, número de hombres implicados, resultado productivo). Según la correcta fórmula de Thèorie Communiste, se trata de una “radical no contabilización, sin importar de qué se trate”.

Tratemos de ver las cosas en dos fases:

·         Durante la fase de descenso a los infiernos de la crisis, la reproducción del proletariado queda asegurada principalmente por la recuperación indiscriminada de bienes. Incluso en una economía del tipo “justo a tiempo”, existen stocks en bodega. La respuesta a la crisis consistirá (entre otras cosas) en apoderarse de ellos. Ya en esta fase, podemos imaginar la divergencia entre una vía contrarrevolucionaria que pretenda contabilizar, reagrupar los bienes, coordinar su distribución, hacer respetar criterios de derechos y deberes, etc.; y una vía comunizadora, que rechace a la vez la economía del pillaje y la formación de entidades superiores de distribución, aun si son elegidas democráticamente, etc. Esta segunda vía insistirá en que la profundización local de la crisis, la gratuidad absoluta, valen más que la estabilidad de la nación;

·         En la segunda fase, la de salida de la crisis propiamente tal, la producción proseguirá. El problema consiste entonces en saber cómo puede reanudarse la producción sin trabajo, sin productividad ni intercambios. El principio de « producción » sin productividad supone que la actividad de los hombres y sus relaciones son más importantes que el resultado productivo. La producción puede proseguir sobre esta base porque ya no hay más “otros(as)”. Para poder desarrollar esta producción sin productividad, hay que abolir el valor en sus dos formas:

o   Valor de cambio: si no se contabiliza nada, si la actividad sólo se justifica por el producto que hace aparecer, entonces dicha actividad no tiene ningún contenido abstracto;

o   Valor de uso: el valor de uso se distingue de la utilidad simple porque posee, además, un contenido abstracto. En el caso de la mercancía la utilidad debe ser general, o acorde al promedio, para que pueda satisfacer a un usuario desconocido, cuya necesidad particular se ignora (producción en serie, estandarizada). La producción sin productividad es una actividad particular de individuos particulares, realizada para satisfacer unas necesidades expresadas personalmente. El mismo uso de los objetos producidos lleva en sí la marca de esa particularidad. Es la anti-normalización. El carácter necesariamente local de la comunización contribuye a eso.

En la revolución comunista, el acto de producción no será nunca solamente un acto productivo. Si unos cuantos individuos deciden instalar una panadería, no lo harán para producir un número determinado de panes, sino para socializar, para cultivar sus afinidades produciendo pan.[2]

Además, el pan que produzcan estos proletarios no corresponderá a una categoría general, sino que será el pan particular que se les haya solicitado tal o cual día. Finalmente, puede que el aprovisionamiento de harina para nuestros panaderos corra el riesgo de ser aleatorio, por lo menos en un primer momento, si los proletarios que están en el molino siguen estos mismos principios. Ciertos días no habrá harina porque los que estaban en el molino prefirieron discutir sobre el amor y el sentido de la vida. ¿Qué eso sería el caos? Digamos simplemente que ese día no habrá pan. Hay que asumirlo. Otra alternativa es que alguien fije un plan, con cantidades y plazos, y que otros(as) lo acaten. En tal caso no sólo se restablecería el Valor. De hecho una experiencia proletaria de ese tipo no tiene ningún futuro: si funciona los proletarios perderán rápidamente sus derechos (restauración del trabajo asalariado bajo una forma u otra); si no funciona se verán devueltos al viejo cuadro de desempleo y salarios impagos. Es probable, en todo caso, que la solución comunizadora no se presente sino hasta que hayan sido jugadas una o varias partidas de ajedrez de este género.

De modo general, retengamos que la comunización reemplaza la circulación de bienes entre “productores asociados” por la circulación de individuos entre diversas actividades. Esto implica sobre todo que:

·         Los “lugares de producción” no tendrán personal permanente, y producirán o no producirán según la motivación y el número de donaciones requeridas. La razón es que los “lugares de producción” serán ante todo lugares de encuentro y de vida;

·         Por lo menos en un primer período, la comunización se hará localmente, no porque la lleven a cabo unos “comunautas autárquicos”, sino porque consistirá en iniciativas totalmente controladas por los participantes. La comunización será una nebulosa de iniciativas locales. Es, me parece, a este nivel local donde la comunización puede demostrar que mejora en seguida la vida de los proletarios. Y este aspecto es fundamental: los proletarios harán la revolución para vivir mejor, no por lealtad a un ideal. Ahora bien, al querer entrar demasiado en detalles, acabaríamos por trazar el esquema de una economía tan vinculante como la de una sociedad de transición. Pero al mismo tiempo, cómo no intentarlo (mostrando de paso la pobreza de nuestra imaginación) para hacer palpable que todas las soluciones aportadas por la revolución comunista tienen como principio el poner por delante la actividad y no su resultado; para decir que el “resultado” más importante de la actividad humana es ella misma. Los individuos circularán entre diversas actividades en función de sus afinidades, y cada etapa de esta circulación será un momento de su reproducción. Los productos circularán con estos individuos, pero sin intercambio. Los que hagan salchichas se irán luego a una cantina local sin preocuparse de obtener algo a cambio, ya que esas salchichas no les habrán costado nada, ni siquiera trabajo.

2.2. «Consumo» sin necesidad

El reino de la necesidad no es aquel donde las fuerzas productivas son insuficientes para asegurar una abundancia que no se sabe exactamente dónde comienza. El reino de la necesidad es aquel donde la existencia de la propiedad impone a los que no son propietarios la amenaza continua de dessocialización y de muerte. Esta es la causa de que hoy en día la gratuidad o los bajos precios provoquen reacciones de acaparamiento y de sobre-consumo. En el comunismo, este miedo a la escasez desaparecerá junto con la propiedad. Cada uno estará seguro de poder comer, gratuitamente, lo que otros(as) hayan aportado y lo que otros(as) hayan preparado. En estas condiciones, ¿por qué iba uno a querer sobre-consumir y acaparar alimentos en su despensa bajo el pretexto de que son gratuitos? Todo será gratuito y seguirá siéndolo. Porque todo será producido por personas para quienes, en cierto modo, las salchichas serán sólo el subproducto de unos días de discusión sobre el sentido de la vida.

La gratuidad es una noción difícil de manejar. Me parece que, para hablar del comunismo, es mejor entender la gratuidad en el sentido de los « gestos gratuitos » y no tanto en el sentido de los “productos gratuitos”. Por una parte, es obvio que las iniciativas comunizadoras impondrán la gratuidad dentro de su campo de acción. Pero por otra parte y sobre todo, esta gratuidad significa más que “precio = cero”, y no hay que figurársela como la gratuidad de unas mercancías que se pueden obtener sin dinero. Lo que está en juego aquí es la no-remuneración de la actividad de los comunizadores. Por otra parte, es obvio que los proletarios que se lancen a la comunización lo harán sólo después de haber intentado, en vano, obtener un salario o una retribución por su actividad. La gratuidad, en el comunismo, es la del ser para sí, en una actividad totalizante que rompe las separaciones, por ejemplo, entre «producción» y «consumo».

Producción sin productividad, consumo sin necesidad… son dos expresiones, en el vocabulario limitado de que disponemos, para señalar una misma actividad unificada y libre.

3. Revolución, contrarrevolución, represión

La comunización avanzará ampliando progresivamente el área de las expropiaciones. La propiedad, ciertamente, no se quedará de brazos cruzados. Echará mano a las variadas cuerdas que tensan su arco. La contrarrevolución no es únicamente militar.

3.1 Sutilezas de la contrarrevolución

Una parte de la oposición a la comunización vendrá de las filas del proletariado mismo. En una situación dada, es posible que la opción autogestionaria y la opción comunizadora se vean enfrentadas.

Por ejemplo, el cuidado de los niños durante la actividad de crisis dará lugar seguramente a tentativas de autogestión de las escuelas. Frente a ello, una corriente comunizadora propondrá la abolición pura y simple de las escuelas – mientras que por otra parte, probablemente, los alumnos se encargarán de expresar su opinión directa y violentamente (como en Grecia).

Evidentemente, la abolición de las escuelas plantea de inmediato un montón de preguntas acuciantes: ¿Quién va a ocuparse de los niños? ¿Qué van a aprender? ¿Necesitan de establecimientos dedicados a ellos? ¿No es mejor que se instruyan jugando en las alamedas de la revolución?

Como todo problema de la revolución, éste existirá sólo locamente para los habitantes del barrio (¡nada de ministro de educación!). La solución que se lleve a cabo localmente, más o menos buena, no exigirá proezas de productividad (nada de construir escuelas, nada de formar profesores, nada de redactar programas), y se irá ajustando en función de cómo evolucione la situación. El éxito o el fracaso de tal iniciativa no se juzgará por su precisión teórica, sino por su capacidad o no de mejorar la vida de los proletarios (padres y niños) que la emprendan.

A pesar de nuestra dificultad para imaginarnos una vida sin trabajo ni valor, el análisis (y ciertas experiencias de respuesta a las crisis) nos permite afirmar que una vez que la crisis alcance cierto grado de desarrollo, la solución comunizadora será más apta para mejorar la vida que cualquier fórmula autogestionaria.

Y lo que se ha dicho aquí sobre la escuela, vale para todas las instituciones actuales.

3.2. Rehusar toda militarización

Si tal movimiento local se extiende como una mancha de aceite, si la autogestión no basta para impedirlo, se hará sentir, evidentemente, la más violenta represión. La historia nos muestra que la propiedad no retrocede ante ninguna masacre. Sin embargo creo que sería una grave incomprensión de los triunfos específicos del proletariado predicar la militarización, aunque sea « revolucionaria », del movimiento. No hay un solo ejemplo en la historia donde la militarización, hasta la más flexible y democrática, no haya abierto de par en par las puertas a la contrarrevolución. No es posible entrar aquí en detalles, pero podemos a pesar de todo indicar que, si la crisis alcanza una intensidad tal que haga avanzar la comunización, la propia burguesía se verá afectada y, por más mimado que esté, su personal represivo no será inmune a la crisis. No es que la policía vaya a sucumbir moralmente frente a la fuerza del ideal revolucionario, pero sí se verá empujada a amotinarse por razones muy materiales (como en África del Sur). Desde luego, el rechazo de cualquier atisbo de militarización no implica en absoluto un rechazo de la violencia en general.

Conclusión

La abolición del valor, la destrucción del capital y la auto-supresión del proletariado aparecen como momentos misteriosos o místicos sólo si se los contempla a la luz de un proceso insurreccional como el del antiguo movimiento obrero, que afirmaba la identidad “trabajadora” de la clase obrera y que se fijaba como meta llevar al proletariado (en realidad a sus representantes) al poder político. Hasta ahora los comunistas habían chocado con estos problemas sin poder resolverlos, y no habían encontrado otra solución que esgrimir la “sociedad de transición” con tal de esquivar el bulto. La sociedad de transición es una ilusión, lo mismo que la gradual extinción del Estado.

Desde la crisis de los años 60-70, el proceso mismo que enfrenta a las clases sociales ha empezado a clarificarnos este problema. La reciente evolución de las relaciones entre clases nos ha ayudado a comprender incluso mejor que el propio Marx la naturaleza más profunda de la sociedad capitalista, del valor, del trabajo, y por lo tanto de su abolición. Esto nos permite prever desde un punto de vista más próximo lo que será el comunismo y el proceso revolucionario de comunización que lo creará.

Cuanto más profunda se haga la crisis, más habremos avanzado en esta dirección.



[1] La expropiación tiene lugar como interacción entre individuos del proletariado. Ya no hay más automatismos de las relaciones de clase. Si el proletariado es forzado a sublevarse, harán falta, a pesar de todo, individuos para sacar los primeros ladrillos, para romper los primeros escaparates. Es decir, la actividad de crisis gana un grado de libertad en relación con la prosperidad. Todavía no es el reino de la libertad, pero sí es el grado que le da a los insurrectos el sentimiento de que todo es posible.

[2] Hicimos observar que, en la intensificación del desempleo en Argentina, algunos piqueteros tenían más o menos este discurso. Ver: Bruno Astarian, El Movimiento de los piqueteros, Argentina 1994-2006, en Echanges et Mouvement, mayo de 2007, especialmente las páginas 37 y 52.

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Relacionado:

Grecia: Expropiación de supermercado en Tesalónica [2015/07/20]

Los últimos años experimentamos una cotidianeidad dominada cada vez más por la miseria y la explotación extrema. A través de nuestra impotencia a cubrir nuestras necesidades, se hace obvia una conclusión atemporal: nuestra vida no se determina por nosotrxs mismxs, sino por las reglas del mercado y de la producción de lucro para los patrones griegos e extranjeros. Los últimos años vemos como el sistema ha desatado un ataque frontal para proteger a sus intereses. La policía se ha transformado en el ejército de ocupación de las ciudades, mientras que el miedo y el terror se han transformado en la propaganda principal de los medios de comunicación masivos. Bajo de un régimen de amenaza permanente, los patrones nos llaman a la tregua y la pasividad, sea mediante decisiones predeterminadas, o mediante métodos más sucios que nos ofrecen la ilusión de poder elegir, como por ejemplo el referendum.
  • Superemos la inercia y el miedo, más allá de los dilemas del Poder.
  • No deleguemos la solución de nuestros problemas a aquellos que los están creando.
  • Lxs oprimidxs tenemos que tomar las riendas de nuestras vidas.
  • Frente al dilema del memorando de los acreedores o el memorando de SYRIZA, respondemos con la auto-organización y la ruptura, tanto con los patrones extranjeros, como con los patrones griegos y con sus ejércitos.
  • Frente a la legalidad de los explotadores que nos mantiene esclavxs, respondemos con la ACCIÓN DIRECTA de lxs oprimidxs y la auto-organización de las vidas y la lucha.
  • Negación de obedecer a las órdenes de los patrones.
  • Negación de pagos (billetes, facturas, deudas a los bancos, tasas).
  • Creación de estructuras de cubrimiento colectivo de nuestras necesidades (okupas, cocinas colectivas).
  • Solidaridad entre lxs oprimidxs y creación de comunidades.
  • Recuperemos de los patrones todo aquello que hemos producido con sangre y sudor.
  • Expropiación de las riquezas acumuladas.
  • Armamiento de nuestras comunidades por la organización de nuestra autodefensa y del ataque contra nuestros opresores.
El sábado, 11 de julio, un grupo de compas realizó una expropiación de una tienda de la cadena de supermercados Afroditi en la zona Martiou, al este de Tesalónica. Los productos de necesidades básicas (aceite, pasta, legumbres) expropiados fueron repartidos a continuación al mercado popular del lado. La gente reaccionó de manera positiva, tomando los productos y aplaudiendo a la acción.