Karl Marx. Hamburgo-Alemania, 1867
Edición crítica" preparada y traducida por Pedro Scaron, publicada por
Siglo XXI (Argentina-México-España) en 1975 y reimpresa décadas después
en 2008. Se considera que esta es la traducción más completa y
meticulosa de la gran obra de Marx en español.
Carpeta completa de los III Tomos divididos en 8 Volúmenes
Un día como hoy, el 14 de septiembre de 1867, apareció por primera vez
en Alemania el primer volumen de ‘El Capital’, una de las obras magnas
de Karl Marx. Pasaría a publicarse en los principales idiomas de la
época y a ser ampliamente estudiado por trabajadores de todo el mundo.
Pese a su extensión y complejidad, sin duda merece la pena su estudio en
algún momento de la vida, dados sus inigualados análisis y críticas al
capitalismo.
Mientras exista el capitalismo, la obra de Marx
seguirá siendo vigente y necesaria, no como reliquia académica, sino
como arma teórico-práctica del proletariado que lucha por liberarse del
Capital y de su propia condición de clase explotada y oprimida.
***
EXTRACTO DEL PRÓLOGO A LA PRIMERA EDICIÓN (1867)
«Aquello de que los primeros pasos son siempre difíciles, vale para
todas las ciencias. Por eso el capítulo primero, sobre todo en la par-te
que trata del análisis de la mercancía, será para el lector el de más
difícil comprensión. He procurado exponer con la mayor claridad posible
lo que se refiere al análisis de la sustancia y magnitud del valor.[1]
La forma del valor, que cobra cuerpo definitivo en la forma dinero, no
puede ser más sencilla y llana. Y sin embargo, el espíritu del hombre se
ha pasado más de dos mil años forcejeando en vano por explicársela, a
pesar de haber conseguido, por lo menos de un modo aproximado, analizar
formas mucho más complicadas y preñadas de contenido. ¿Por qué? Porque
es más fácil estudiar el organismo desarrollado que la simple célula. En
el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio ni
los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este
terreno, es la capacidad de abstracción. La forma de mercancía que
adopta el producto del trabajo o la forma de valor que reviste la
mercancía es la célula económica de la sociedad burguesa. Al profano le
parece que su análisis se pierde en un laberinto de sutilezas. Y son en
efecto sutilezas; las mismas que nos depara, por ejemplo, la anatomía
micrológica.
Prescindiendo del capítulo sobre la forma del valor,
no se podrá decir, por tanto, que este libro resulte difícil de
entender. Me refiero, naturalmente, a lectores deseosos de aprender algo
nuevo y, por consiguiente, de pensar por su cuenta.
El físico
observa los procesos naturales allí donde éstos se presentan en la forma
más ostensible y menos velados por influencias perturbadoras, o procura
realizar, en lo posible, sus experimentos en condiciones que garanticen
el desarrollo del proceso investigado en toda su pureza. En la presente
obra nos proponemos investigar el régimen capitalista de producción y
las relaciones de producción y circulación que a él corresponden. El
hogar clásico de este régimen es, hasta ahora, Inglaterra. Por eso
tomamos a este país como principal ejemplo de nuestras investigaciones
teóricas. Pero el lector alemán [y de cualquier otro país] no debe
alzarse farisaicamente de hombros ante la situación de los obreros
industriales y agrícolas ingleses, ni tranquilizarse optimistamente,
pensando que en Alemania las cosas no están tan mal, ni mucho menos. Por
si acaso, bueno será que le advirtamos: de te fabula narratur! [es de
ti de quien trata este texto!]
Lo que de por sí nos interesa,
aquí, no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las
contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la
producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí,
estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad. Los
países industrialmente más desarrollados no hacen más que poner delante
de los países menos progresivos el espejo de su propio porvenir.
Pero dejemos esto a un lado. Allí donde en nuestro país la producción
capitalista se halla ya plenamente aclimatada, por ejemplo en las
verdaderas fábricas, la realidad alemana es mucho peor todavía que la
inglesa, pues falta el contrapeso de las leyes fabriles. En todos los
demás campos, nuestro país, como el resto del occidente de la Europa
continental, no sólo padece los males que entraña el desarrollo de la
producción capitalista, sino también los que supone su falta de
desarrollo. Junto a las miserias modernas, nos agobia toda una serie de
miserias heredadas, fruto de la supervivencia de tipos de producción
antiquísimos y ya caducos, con todo su séquito de relaciones políticas y
sociales anacrónicas. No sólo nos atormentan los vivos, sino también
los muertos. Le mort saisit le vif! [Los muertos se apoderan de los
vivos!] […]
Un par de palabras para evitar posibles equívocos. En
esta obra, las figuras del capitalista y del terrateniente no aparecen
pintadas, ni mucho menos, de color de rosa. Pero adviértase que aquí
sólo nos referimos a las personas en cuanto personificación de
categorías económicas, como representantes de determinados intereses y
relaciones de clase. Quien como yo concibe el desarrollo de la formación
económica de la sociedad como un proceso histórico–natural, no puede
hacer al individuo responsable de la existencia de relaciones de que él
es socialmente criatura, aunque subjetivamente se considere muy por
encima de ellas.»
EXTRACTO DEL POSTFACIO A LA SEGUNDA EDICIÓN (1873)
«La economía política, cuando es burguesa, es decir, cuando ve en el
orden capitalista no una fase históricamente transitoria de desarrollo,
sino la forma absoluta y definitiva de la producción social, sólo puede
mantener su rango de ciencia mientras la lucha de clases permanece
latente o se trasluce simplemente en manifestaciones aisladas. […]
El peculiar desarrollo histórico de la sociedad alemana impedía, pues,
todo florecimiento original de la economía "burguesa", lo que no era
obstáculo para que se desarrollase la crítica de este tipo de economía. Y
esta crítica, en la medida en que una clase es capaz de representarla,
sólo puede estar representada por aquella clase cuya misión histórica es
derrocar el régimen de producción capitalista y abolir definitivamente
las clases: el proletariado. […]
Mi método dialéctico no sólo es
fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es, en todo y
por todo, la antítesis de él. Para Hegel, el proceso del pensamiento, al
que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida
propia, es el demiurgo de lo real, y esto la simple forma externa en que
toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo
material traducido y traspuesto a la cabeza del hombre.
Hace
cerca de treinta años, en una época en que todavía estaba de moda
aquella filosofía, tuve ya ocasión de criticar todo lo que había de
mistificación en la dialéctica hegeliana. Pero, coincidiendo
precisamente con los días en que escribía el primer volumen de El
Capital, esos gruñones, petulantes y mediocres epígonos que hoy ponen
cátedra en la Alemania culta, dieron en arremeter contra Hegel al modo
como el bueno de Moses Mendelssohn arremetía contra Spinoza en tiempo de
Lessing: tratándolo como a "perro muerto". Esto fue lo que me decidió a
declararme abiertamente discípulo de aquel gran pensador, y hasta
llegué a coquetear de vez en cuando, por ejemplo en el capítulo
con-sagrado a la teoría del valor, con su lenguaje peculiar. El hecho de
que la dialéctica sufra en manos de Hegel una mistificación, no obsta
para que este filósofo fuese el primero que supo exponer de un modo
amplio y consciente sus formas generales de movimiento. Lo que ocurre es
que la dialéctica aparece en él invertida, puesta de cabeza. No hay más
que darle la vuelta, mejor dicho ponerla de pie, y enseguida se
descubre bajo la corteza mística la semilla racional.
La
dialéctica mistificada llegó a ponerse de moda en Alemania, porque
parecía transfigurar lo existente. Reducida a su forma racional, provoca
la cólera y es el azote de la burguesía y de sus portavoces
doctrinarios, porque en la inteligencia y explicación positiva de lo que
existe abriga a la par la inteligencia de su negación, de su muerte
forzosa; porque, crítica y revolucionaria por esencia, enfoca todas las
formas actuales en pleno movimiento, sin omitir, por tanto, lo que tiene
de perecedero y sin dejarse intimidar por nada.»