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11 de enero de 2025

EL GRAN TERRORISTA ES EL ESTADO CAPITALISTA. O EL ESTADO COMO MAFIA

Sobre la desaparición forzada de “los 4 de Guayaquil”

La reciente desaparición forzada léase secuestro, tortura y asesinato de los 4 niños y adolescentes afroecuatorianos de un suburbio de Guayaquil, y la inmediata acción legal por parte de las Fuerzas Armadas del Ecuador a favor de la impunidad de los 16 militares culpables de la misma, es un CRIMEN DE ESTADO, porque el Estado capitalista es criminal. Es TERROR DE ESTADO, porque el Estado capitalista es terrorista. ¿Igual de terrorista que los GDO (Grupos de Delincuencia Organizada) o las mafias a las que tanto dice “combatir”? Sí, y peor aún, porque EL ESTADO ES LA MAFIA DE LAS MAFIAS… A continuación, basándonos en un texto clave de Jacques Camatte Sobre la organización (1972), desarrollamos algunas precisiones sobre este ABC conceptual de la crítica radical de la sociedad burguesa, tanto contra la derecha como contra la izquierda del Capital que andan ladrando al respecto.

Imagen tomada de Facebook

 1.  ESTE CRIMEN DE ESTADO NO ES EXCLUSIVO DEL GOBIERNO DE DERECHA DE NOBOA. Los gobiernos de Lasso y de Moreno también aplicaron terrorismo de Estado (para aplastar las revueltas de junio de 2022 y de octubre de 2019, respectivamente). El gobierno progresista de Correa también criminalizó y reprimió (Molleturo, Dayuma, etc.). El gobierno de derecha de Febres Cordero también desapareció gente (hermanos Restrepo, militantes de izquierda, etc.). Las dictaduras progresistas del Gral. Rodríguez Lara y del Triunvirato militar también lo hicieron (masacre obrera de Aztra en octubre de 1977, etc.). Lo mismo los gobiernos de Velasco Ibarra, Ayora, Tamayo (masacre obrera del 15 de noviembre de 1922), Alfaro, García Moreno, etc… En fin, TODOS LOS DIFERENTES GOBIERNOS DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR HAN COMETIDO CRÍMENES DE ESTADO. ¿Por qué? Porque EL GOBIERNO, YA SEA DE DERECHA YA SEA DE IZQUIERDA, SÓLO ES EL BRAZO, MEJOR DICHO, EL “TENTÁCULO” EJECUTIVO Y DE TURNO DEL “PULPO” DEL ESTADO, ENTENDIDO COMO LA RED CENTRALIZADA DE INSTITUCIONES DE DIVERSO TIPO DESDE LA CUAL SE ADMINISTRA DE MANERA PERMANENTE LAS RELACIONES CAPITALISTAS DE PRODUCCIÓN Y REPRODUCCIÓN SOCIAL, INCLUYENDO LA ADMINISTRACIÓN DEL MONOPOLIO DE LA VIOLENCIA DE LA CLASE EXPLOTADORA SOBRE LA CLASE EXPLOTADA PARA MANTENER LA “PAZ SOCIAL”.

 

2.    EL ESTADO NO ES “NEUTRAL” NI “SOMOS TODOS” NI DEBERÍA “PROTEGERNOS” Y “GARANTIZAR DERECHOS”, como lloriquean los socialdemócratas. El Estado es: la junta que administra los negocios comunes de las diferentes fracciones de la burguesía (desde la agroindustria y la banca hasta el narcotráfico) + el monopolio de la violencia de los explotadores sobre los explotados a través de sus aparatos represivos (fuerzas armadas y policía: “chapas y milicos, sicarios de los ricos”) + el monopolio de la decisión de la clase dominante sobre la clase dominada a través de sus aparatos propiamente políticos (gobierno y parlamento) y legales (tribunales y juzgados) + los aparatos ideológicos (instituciones educativas y medios de comunicación) de la dominación de clase + los servicios públicos (algunos ministerios y empresas públicas) para administrar la reproducción de la fuerza de trabajo, del Capital y del orden social burgués. Todo esto es lo que realmente conforma la llamada maquinaria estatal, entendida como la institucionalización central de las relaciones sociales y de poder capitalistas. Por consiguiente, ESTE CRIMEN DE ESTADO NO ES UNA MUESTRA DE LA “DESCOMPOSICIÓN MORAL DE LAS FUERZAS ARMADAS”, SINO DEL TERROR DE ESTADO O DEL EJERCICIO DE SU MONOPOLIO DE LA VIOLENCIA. A su vez, EL TERROR DE ESTADO NO ES “FALTA DE DEMOCRACIA” NI “FASCISMO”, sino un aspecto consustancial de la misma, porque la democracia en realidad es la dictadura social normalizada y legitimada del Capital a través de su Estado. LA DEMOCRACIA ES UNA DICTADURA DE CLASE: LA DICTADURA DEL EMPRESARIADO SOBRE EL PROLETARIADO. EL ESTADO ES INSEPARABLE DEL CAPITAL: ES EL ESTADO DEL CAPITAL, EL ESTADO-CAPITAL, EL ESTADO CAPITALISTA O EL ESTADO BURGUÉS. NO EXISTE NI PUEDE EXISTIR OTRO ESTADO EN LA SOCIEDAD ACTUAL. Por tanto, el Estado también es inseparable del mercado, mejor dicho, de la sociedad mercantil generalizada que es la sociedad capitalista: muy al contrario de lo que rebuznan los neoliberales (mal llamados “libertarios”), “LA MANO INVISIBLE DEL MERCADO” NO FUNCIONA SIN “EL PUÑO DE HIERRO DEL ESTADO” Y VICEVERSA.

 

3.   Este CRIMEN DE ESTADO Y DE LESA HUMANIDAD también responde a la CRIMINALIZACIÓN DE LA POBREZA. ¿Por qué? ¿Porque los ricos odian a los “mugrosos” pobres? Es más profundo que eso: EN EL CONTEXTO ACTUAL DE SU CRISIS CATASTRÓFICA, PARA SEGUIR SOBREVIVIENDO, EL CAPITALISMO DESTRUYE TODO LO QUE YA NO PRODUCE VALOR: tecnologías, edificios, alimentos, ecosistemas… y personas. Más precisamente, EL ESTADO BURGUÉS DESTRUYE AL PROLETARIADO SOBRANTE Y RACIALIZADO DE LOS SUBURBIOS, SIN IMPORTARLE SI DENTRO DE ÉL HAY NIÑOS Y ADOLESCENTES, YA SEAN LOS DE UN SUBURBIO DE GUAYAQUIL O LOS DE ESE GRAN SUBURBIO QUE ES GAZA. El Estado-Capital no tiene piedad ni ética, porque su razón de ser es proteger de manera violenta la dictadura social de la valorización del valor sobre las necesidades y las vidas humanas, violando incluso sus propias “leyes constitucionales” y “derechos humanos”.

 

4.    ¿“NARCO-ESTADO” O ESTADO-MAFIA? ESTADO-MAFIA O EL ESTADO COMO MAFIA DE LAS MAFIAS. No sólo porque, tanto en Ecuador como en otros países de todo el mundo (Colombia, México, El Salvador, EE.UU., Italia, Albania, Rusia, China, Nigeria, etc.), el Estado trafica drogas (dentro de cajas selladas de banano) en puertos y aduanas con la participación de empresarios, banqueros, militares, policías y jueces… No sólo porque a veces hace negocios millonarios con los GDO y otras veces da bala y cárcel a algunos de sus miembros, en una suerte de espectáculo o show mediático llamado “conflicto armado interno”… No sólo por eso, sino fundamentalmente porque, de acuerdo con Jacques Camatte, DESDE SUS ORÍGENES HISTÓRICO-MUNDIALES (LA ÉPOCA DE LAS PRIMERAS EMPRESAS COMERCIALES Y EL ESTADO ABSOLUTISTA) Y MÁS AÚN DESDE LA ÉPOCA DE LA DOMINACIÓN REAL DEL CAPITAL SOBRE EL TRABAJO Y LA SOCIEDAD ENTERA (POST-SEGUNDA GUERRA MUNDIAL), EL ESTADO CAPITALISTA ES UNA MAFIA, UNA BANDA, UN «GANG» O UN «RACKET» QUE, AL IGUAL QUE EL DINERO, CUMPLE LA FUNCIÓN DE «EQUIVALENTE GENERAL» O MEDIADOR ENTRE MAFIAS PARTICULARES. DE MODO QUE LA SOCIEDAD CAPITALISTA SIEMPRE HA SIDO UNA SOCIEDAD GOBERNADA POR MAFIAS EMPRESARIALES QUE COMPITEN ENTRE SÍ Y CUYO MEDIADOR ES EL ESTADO-MAFIA.

 

«No sólo el Estado se alquila a gangs [mafias] empresariales, sino que se convierte él mismo en un gang (racket). No obstante, siempre desempeña un papel de mediador. […]

El Estado como equivalente general apareció, en su forma pura, durante la época de florecimiento de la ley del valor, en el período de la producción mercantil simple. Bajo la dominación formal del capital, éste último aún no domina la ley del valor, por lo que el Estado media entre éste y los restos de los demás modos de producción subsistentes, así como con el propio proletariado. En esta época, además, el sistema de crédito no está lo suficientemente desarrollado, y no ha engendrado al capital ficticio a gran escala. El capital todavía tiene necesidad del rígido patrón-oro. Tras el paso a la dominación real del capital, éste crea su propio equivalente general, que no puede ser rígido, como lo había sido durante el período de la circulación simple. El propio Estado tiene que perder su rigidez, y se convierte en una banda mediadora entre los diferentes gangs, entre la totalidad del capital y los capitales particulares. 

En el ámbito político asistimos a la misma transformación. El comité central de un partido o el núcleo de una agrupación cualquiera desempeñan el mismo papel que el Estado.»

Jacques Camatte & Gianni Collu (1972), Sobre la organización: las mafias (dentro y fuera del Estado) y el Estado como mafia

 

Imagen tomada de Facebook

HOY EN DÍA, EL NARCOTRÁFICO SÓLO ES LA CARA MÁS VISIBLE Y MONSTRUOSA DE LA NATURALEZA MAFIOSA DEL CAPITAL Y, POR TANTO, DEL ESTADO MUNDIAL HISTÓRICO, ya que se ha convertido en una rama muy rentable y poderosa de la economía política global capitalista; lo que quiere decir, que esta rama económica “ilegal” hoy da más ganancia y poder que otras ramas económicas “legales”. Por eso lo “ilegal” no puede funcionar sin lo “legal” y viceversa: la única ley que manda en la sociedad burguesa es la ley del valor, mientras que el dinero es su verdadero dios al que se le ofrendan en sacrificio millones de vidas humanas cada año. Y es que tanto al Estado capitalista ―a través de sus sicarios uniformados: los militares y los policías como a los carteles de la droga verdaderas empresas transnacionales no les importa asesinar de la forma más cruel y sanguinaria a niños y mujeres con tal de lucrar y dominar a la sociedad, sobre todo en estos tiempos de catástrofe generalizada y descomposición del capitalismo. Mientras más cruel y sanguinaria, más poderosa es tal o cual mafia: la realidad actual es peor que cualquier película de terror y de “gore”. En este contexto, EL ESTADO ES, POR ASÍ DECIRLO, MÁS MAFIOSO QUE LAS PROPIAS MAFIAS EMPRESARIALES DEL NARCOTRÁFICO Y SUS GRUPOS DE DELINCUENCIA ORGANIZADA (GDO). SIN EMBARGO, A DIFERENCIA DE ESAS MAFIAS, UNA CLAVE DEL PODER DEL ESTADO RESIDE EN OCULTAR O INVISIBILIZAR QUE ES LA GRAN MAFIA Y QUE, POR ESO MISMO, PUEDE MEDIAR CON LAS OTRAS MAFIAS COMO “JUEZ Y PARTE” USANDO “CUELLO BLANCO”.

 

5.     Por su parte, tanto sin son electoralistas como si no lo son, las organizaciones de izquierda que dicen combatir al sistema también terminan reproduciendo la lógica mafiosa del Estado-Capital a pequeña escala o en la “sociedad civil”: tanto por sus programas o banderas de lucha ―“toma del poder”, “redistribución de la riqueza”, reformas varias, tales o cuales derechos y libertades democráticos, reconocimiento y “reparación de daños”, etc. como por sus relaciones internas y externas ―organizacionismo o la obsesión por “organizar al pueblo”, jerarquías, dominación, pugnas de poder, grupusculismo, competencia con otras izquierdas, calumnias o “funas”, ajustes de cuentas, etc.. De hecho, según Camatte, «toda forma de organización política obrera ha desaparecido. En su lugar, lo que hay son bandas enfrentadas en una competencia obscena, auténticos rackets rivales en su cháchara, pero idénticos en su ser. […] Así pues, el capitalismo es el triunfo de la organización, y ésta adopta la forma de la banda».[1]  De esta manera, LAS ORGANIZACIONES DE IZQUIERDA REPRODUCEN AL ESTADO-MAFIA Y A LA DOMINACIÓN REAL DEL CAPITAL COMO RELACIÓN SOCIAL EN SU CONJUNTO. NO SON LA SOLUCIÓN, SON PARTE DEL PROBLEMA. EL REFORMISMO Y EL ORGANIZACIONISMO DE IZQUIERDA TAMBIÉN SON PARTE DE LA CONTRARREVOLUCIÓN CAPITALISTA.

 

6.     ¿Cuál es, entonces, la solución revolucionaria al problema del Estado? ¿Cambio de gobierno o un “gobierno popular” mediante elecciones? No, porque ya demostramos que todo gobierno, sea de derecha sea de izquierda, sólo administra temporalmente y de forma diferente el Estado burgués y la dictadura social del Capital sobre los explotados y oprimidos. ¿“Más Estado”? No, porque decir “más Estado” es decir más Capital; por tanto, más explotación, dominación y represión de la burguesía sobre el proletariado, compensadas con esas migajas que son las libertades y derechos democráticos, incluyendo la “justicia” y la “reparación” para con los desaparecidos y sus familias. Esto aplica también para “otro Estado” o un “Estado de nuevo tipo”, llámese “obrero”, “socialista”, etc., mediante la “toma del poder”, porque en el “socialismo real” las relaciones capitalistas se mantuvieron intactas y sólo cambiaron sus administradores: capitalismo de Estado o capitalismo “rojo”. En uno u otro caso, el Estado sigue siendo el guardián del desarrollo y la contrarrevolución capitalistas. Muy por el contrario, LA SOLUCIÓN REVOLUCIONARIA ES LA DESTRUCCIÓN DEL ESTADO JUNTO CON LA DESTRUCCIÓN DE SU BASE MATERIAL QUE ES EL CAPITAL (ENTENDIDO COMO RELACIÓN SOCIAL), el valor, el mercado, el trabajo asalariado, el dinero, la propiedad privada, las clases sociales, las fronteras nacionales, las “razas”, etc.

 

7.    Ahora bien, dado que el Capital gobierna al Estado nunca viceversa y que el Estado no es una cosa que se puede tomar y cambiar de dirección como un timón (típica ilusión o mentira socialdemócrata), sino que es la institucionalización central o el “resumen oficial” de la sociedad burguesa, LA DESTRUCCIÓN DEL ESTADO SÓLO ES POSIBLE MEDIANTE LA DESTRUCCIÓN DE TODAS LAS RELACIONES SOCIALES CAPITALISTAS Y, AL MISMO TIEMPO, LA CREACIÓN DE RELACIONES SOCIALES COMUNISTAS Y ANÁRQUICAS. ESTA ES LA CLAVE DE LA DESTRUCCIÓN REVOLUCIONARIA DEL ESTADO. TAMBIÉN ES CLAVE NO REPRODUCIR LAS LÓGICAS DEL ESTADO ENTENDIDO COMO MAFIA Y DE LAS OTRAS MAFIAS O “RACKETS” EN GENERAL A PEQUEÑA ESCALA DURANTE EL PROCESO DE LUCHA DEL PROLETARIADO REVOLUCIONARIO AUTOORGANIZADO EN FORMA DE PARTIDO-COMUNIDAD PARA ABOLIR LA SOCIEDAD DE CLASES, empezando por autoabolirse como clase para autoproducirse como comunidad humana real. Proceso revolucionario en el cual se trata, pues, de CREAR Y UNIFICAR COMUNAS ANTIESTATALES AL CALOR DE LA INSURRECCIÓN HASTA CONSTITUIR LA COMUNA MUNDIAL. ¿Dictadura del proletariado? Al igual que Théorie Communiste, a este proceso revolucionario preferimos llamarle «dictadura del movimiento social de comunización»: dictadura antiestatal e internacional en la cual se desintegrará al Estado, al Capital, a la burguesía y al proletariado, y, en cambio, se integrará o unificará a la humanidad como especie.[2]  Partiendo de la base de APROPIARSE Y TRANSFORMAR TODOS LOS MEDIOS MATERIALES PARA DECIDIR, PRODUCIR Y SATISFACER LAS NECESIDADES COLECTIVAS YA SIN INTERCAMBIO MERCANTIL NI DINERO. Y haciendo del tiempo libre y del desarrollo de todas las potencialidades y relaciones humanas de/entre los individuos la nueva “medida” de la riqueza social. SOBRE TAL BASE, LA COMUNA CUIDARÁ CON RESPONSABILIDAD, AMOR Y LIBERTAD A LAS Y LOS NIÑOS DE TODOS LOS “COLORES” COMO SI FUESEN SUS HIJOS O SUS HERMANOS, NO LOS DESAPARECERÁ A LA FUERZA COMO HOY LO HACE EL ESTADO. 

 

8.     Evidentemente, en el actual período histórico donde todavía predomina la contrarrevolución mundial, hablar de destrucción del Estado y de sociedad sin clases ni Estado parece imposible y hasta utópico, más aún en un país tan subdesarrollado y catastrófico en todo aspecto como lo es Ecuador. Pero, cuando llegue un nuevo período histórico-mundial revolucionario como producto del desarrollo de las propias contradicciones estructurales del capitalismo y del antagonismo de clases, LA DESTRUCCIÓN DEL ESTADO DE TODOS LOS ESTADOS Y SUS GUERRAS ACTUALES QUE PUEDEN ESCALAR HASTA EL EXTERMINIO NUCLEAR―, MEDIANTE LA INSURRECCIÓN COMUNIZADORA INTERNACIONAL Y LA COMUNA MUNDIAL, SERÁ UNA TAREA REVOLUCIONARIA DE PRIMER ORDEN QUE LA MISMA REALIDAD EXIGIRÁ A GRITOS PARA SALVAR DE LA EXTINCIÓN Y REGENERAR A LA ESPECIE HUMANA. Mientras tanto, el Estado seguirá siendo lo que es: una maquinaria mafiosa y tentacular que administra despiadada e impunemente la explotación y el asesinato de la humanidad proletarizada (niños y adolescentes incluidos) en aras del Capital, aquí en Ecuador y en todo el mundo.  

Proletarios Hartos de Serlo
Quito, enero de 2025


[1] El referido texto de Camatte abunda sobre este punto de las organizaciones de izquierda como mafias o rackets. Por lo cual, recomendamos su lectura para ampliar y profundizar en ello.

13 de enero de 2024

[Ecuador] CONTRA LA GUERRA ENTRE PATRONES, REDES DE SOLIDARIDAD PROLETARIA

Análisis y posicionamiento comunista sobre la jornada de terror del 9 de enero de 2024

Se agradece difusión 

 

Ecuador, 9 de enero de 2024: continuación y agudización de la guerra interburguesa o entre patrones, usando como carne de cañón a proletarios sobrantes y a la población civil en general, a fin de aterrorizar, disciplinar y explotar con mayor facilidad y “legitimidad” a la clase trabajadora por parte del Estado capitalista y su gobierno de turno. Para los explotados y oprimidos, la salida de esta situación sólo puede ser colectiva… y combativa:  la solidaridad de clase… contra clase.  


Hoy en día, el contexto histórico y mundial es de crisis, descomposición y guerra; de catástrofe y contrarrevolución. El narcoterrorismo en países capitalistas subdesarrollados como el Ecuador es su rostro más visible y monstruoso. Pero no es una “anomalía”: eso mismo es el capitalismo y el Estado. 


El capitalismo es un modo de producción y reproducción social que se basa en la violencia: la depredación sistemática de la naturaleza y de la humanidad proletarizada para producir mercancías y obtener ganancia. La explotación asalariada es violencia. La acumulación de riqueza en un polo social (ej. Samborondón) y de miseria en otro polo social (ej. El Guasmo) es violencia. La represión de la protesta contra esta desigualdad estructural es violencia. El Estado es el monopolio “legítimo” de toda esa violencia. El Estado no es “neutral”: es el guardián del Capital. 

 

El capitalismo se basa también en la competencia. Con sus empresas y sus Estados, los capitalistas de todo el mundo compiten entre sí de manera permanente por más capital, territorio y poder, tal cual lo hacen las mafias. Y, en ciertas situaciones, dicha competencia adquiere una forma armada llamada guerra. Esto es la guerra intercapitalista, la guerra interburguesa o la guerra entre patrones, donde el Estado es el patrón de patrones y la mafia de las mafias. 


Mientras que las mafias del narcotráfico en realidad son empresas transnacionales (carteles mexicanos, colombianos, albaneses, etc.) con sucursales locales (empresas de lavado de dinero, bandas delictivas, etc.). Esta es la lumpenburguesía. Su fuerza de trabajo (traficantes) y, al mismo tiempo, su fuerza de choque (sicarios) es el lumpenproletariado o el proletariado sobrante ─sin trabajo, sin techo, sin estudios, sin futuro─ que reclutan a la fuerza desde niños y adolescentes en los suburbios. 


¿Por qué ahora estas mafias tienen más poder que antes? Porque son un síntoma de la crisis y descomposición del capitalismo que mencionamos al principio. Teniendo presente que las crisis son momentos de verdad; es decir, el capitalismo es mafioso por naturaleza y desde sus orígenes, sólo que hoy en día aquello es más brutal y escandaloso que antes. Y no se olvide: el Estado es la mafia mayor de cuello blanco. 


Por lo tanto, los hechos violentos del 9 de enero en Ecuador son un episodio más, pero también más fuerte, de la guerra entre la mafia de la burguesía agroexportadora ─personificada por Noboa y su gobierno─ que ahora está de nuevo en el poder estatal y la mafia de la lumpenburguesía ─personificada por “Fito” y su banda─ que ha ganado cada vez más poder en la sociedad. Esto es lo que realmente significa el “conflicto armado interno” del que habla el gobierno ─y la prensa burguesa. También habla de “actores no estatales beligerantes”, “crimen organizado transnacional” y “terroristas”. Pero este refinado e hipócrita discurso liberal no resiste un análisis crítico de clase. 


Por un lado, los narcopolicías, narcomilitares, narcojueces, narcopolíticos y narcoempresarios tanto del caso “Metástasis” como del caso “El gran Padrino”: toda esa “élite” burguesa mafiosa es el Estado capitalista crudo y duro, sin máscaras ni maquillajes, aquí y ahora. Por otro lado, las bandas del narcotráfico en realidad son “la hipertrofia del poder estatal” ─como bien dicen unos compañeros anarquistas─, porque ejercen funciones estatales en los suburbios y las cárceles: administración de negocios, control territorial, represión y asistencialismo al mismo tiempo. 


Por lo tanto, ese lloriqueo socialdemócrata de “el abandono del Estado” o de “el Estado ausente” es falso. Al contrario, eso mismo es el Estado: una gran pandilla de hombres armados que administra la acumulación de capital y de poder en los territorios, ya que las condiciones materiales y las relaciones sociales vigentes lo hacen posible. El Capital-Estado es el verdadero crimen organizado, y es un pulpo con diferentes tentáculos: el tentáculo legal y “bueno” está conformado por todos los empresarios, políticos, jueces, militares y policías (de Ecuador, México, EE.UU. y otros países) con quienes los narcos hacen negocios y pactos bajo la mesa; mientras que el tentáculo ilegal y “malo” está conformado por las bandas ecuatorianas y sus verdaderos jefes, los carteles mexicanos. Ese es el Capital-Estado real aquí y ahora, que explota y somete a la mayoría de la población usando todo su poder (militar, político, legal, económico, social, cultural y mediático). 


En la política ─y en su continuación que es la guerra─ ciertamente existen conspiraciones y espectáculos. De hecho, la jornada de terror del 9 de enero en Ecuador fue la ejecución de un plan orquestado entre el Estado y las bandas. El torpe secuestro de TC Televisión por parte de miembros muy jóvenes de una banda y su fácil rescate por parte de la policía es el más claro ejemplo de ello, y no sólo una televisada demostración de fuerza; así como también, los videos que circularon en redes sociales de los guías penitenciarios secuestrados y supuestamente “ejecutados” dentro de las cárceles. ¿“Política de shock” y de show? Sí, pero esa no es la causa que explica lo sucedido… 


La causa estructural es la necesidad de la clase dominante de gestionar la crisis capitalista (caída de la tasa de ganancia, desvalorización y sobreproducción de drogas y de mercancías en general) y la contrarrevolución preventiva (prevenir una nueva insurrección de los explotados y oprimidos como en octubre de 2019 y junio de 2022) de manera cada vez más violenta o sangrienta. Durante los últimos años en el Ecuador, este ya es un patrón que se repite y se agudiza cada vez más. La causa estructural es, pues, la necesidad del Capital de usar la violencia estatal y paraestatal tanto para deshacerse de proletarios sobrantes o “antisociales” porque ya no producen valor o no son “productivos” como para disciplinar y reproducir la fuerza de trabajo en activo, su única fuente de valor y ganancia. En fin, es una violenta vuelta de tuerca del capitalismo. 


El resultado logrado por la clase dominante es sembrar el miedo en la población y crear un consenso social reaccionario de “más seguridad” y, peor aún, de “darles bala”, para así justificar y legitimar, por un lado, el terrorismo de Estado: toque de queda o estado de excepción; militarización de las calles; impunidad para los militares y policías que humillen, torturen y asesinen a jóvenes empobrecidos y racializados de los suburbios; Decreto 111; “Plan Fénix” (o Noboa imitando a Bukele); y posiblemente, “Plan Ecuador” (nueva versión criolla del “Plan Colombia”, bajo la tutela de EE.UU.). Por otro lado, justificar y legitimar el “paquetazo” de medidas económicas de este gobierno de la burguesía agroexportadora contra el proletariado de todos los sectores (aumento del IVA del 12 al 15%, condonación de deuda tributaria a grandes grupos económicos, privatizaciones, zonas francas, flexibilización laboral, etc.), como si todo el país fuese su hacienda bananera… y su puerto de cocaína. En suma: aterrorizar para disciplinar y explotar con mayor facilidad y “legitimidad” a la heterogénea clase trabajadora que habita la región ecuatoriana. Y, por supuesto, beneficiar a toda la clase de los capitalistas criollos y extranjeros, más allá de sus conflictos internos.   


Por todo ello, el problema no es “el país”, “el gobierno”, “el narcoestado”, “el neoliberalismo” ni “la fascistización social”. El problema es el capitalismo, que es un sistema mundial de explotación y muerte. Y los proletarios no tenemos patria. De manera que rechazamos todos los llamados a la “unidad nacional” y la “defensa de la democracia”, vengan de quien vengan, porque la nación o la patria es una hacienda con shopping y cárcel; y la democracia, la dictadura invisibilizada y normalizada de la burguesía ─legal e ilegal─ con sus sicarios ─uniformados y no uniformados─, en la cual tienen lugar estas guerras entre patrones donde los muertos nunca son ellos, sino los proletarios sobrantes, los nadies. Mismos que, desgraciadamente, en lugar de militar para la guerra de clases y la revolución, hoy militan y sacrifican sus vidas para la guerra interburguesa y la contrarrevolución. Hijos bastardos de estos tiempos. 


Frente a toda esta catástrofe, nuestra propuesta como comunistas no es “más Estado” ─que en este caso sería pedir más ejército y policía en las calles o más violencia y control sobre la población con unas migajas de “gasto social”─ ni más activismo ciudadano y caritativo ─porque fuera de un contexto de lucha de clases, la “solidaridad” termina siendo caridad o asistencialismo, venga de quien venga─. Nuestra propuesta como comunistas es crear, desarrollar y fortalecer comunidades de lucha y de vida o redes de solidaridad, resistencia, apoyo mutuo y cuidado en los territorios. Redes que sean independientes de todas las fracciones (legales e ilegales, estatales y narcos, gubernamentales y no gubernamentales) del Capital y del Estado. En una palabra: practicar la solidaridad de clase, que es autónoma y combativa o no es. Porque en la guerra social, la solidaridad es nuestra mejor arma, proletarios. 


Apoyarnos mutuamente y cuidarnos entre explotados, oprimidos y excluidos contra el terror, el aislamiento y la desesperanza que nos imponen los explotadores y opresores junto con sus sicarios uniformados y no uniformados. Apoyarnos mutuamente y cuidarnos desde el alimento y el techo hasta la salud mental y las adicciones, en los lugares donde habitemos o donde nos movamos y con quienes tengamos diferentes vínculos. Incluso llegar a disputar, controlar y transformar los territorios, con la solidaridad proletaria y la legítima autodefensa como nuestras mejores armas. Tal como ya lo han hecho y/o lo hacen nuestros hermanos de clase en otros países (Chile, Grecia, Argentina, País Vasco, etc.).


En el actual contexto de contrarrevolución preventiva y sangrienta, sin duda está lejos la revuelta… y peor aún la revolución, que sería la única solución radical o de fondo para toda esta catástrofe. A pesar de ello, es necesario mantener encendida la llama de la lucha proletaria con independencia y solidaridad de clase. El desafío es construir una alternativa revolucionaria real codo a codo entre explotados, oprimidos y excluidos, en especial entre el proletariado juvenil, más que como un proyecto histórico y político, como una cuestión de vida o muerte aquí y ahora. Lo uno es inseparable de lo otro. Y es mundial, porque la lucha y la solidaridad de clase no tienen fronteras. 


Proletarios Hartos de Serlo

https://linktr.ee/proletarioshartosdeserlo

Quito, enero de 2024

 

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Agradecemos a los compañeros de Indymedia Ecuador y de La Peste (Chile) por reproducir nuestro comunicado en sus páginas web.

 

Agradecemos a los compañeros de Iene Anarchiste su gesto internacionalista de traducir nuestro comunicado al italiano. 

8 de noviembre de 2023

[Gaza] «Los antagonismos se desarrollan siempre y son actuales»

Entrevista a E. Minassian por Le serpent de mer (30 de octubre de 2023)

Tomado de Mapas y Huellas

Nota de PR: A nuestro criterio, este es, hasta el momento, el mejor análisis sobre lo que está aconteciendo en Gaza, desde la crítica de la economía política y las relaciones de clase en ese territorio. Por eso lo publicamos y alentamos su difusión y discusión para la clarificación al respecto.

Más concretamente, lo publicamos y comentamos porque este texto expone de manera bien informada, con conocimiento de causa, claridad y detalle los intereses materiales específicos que movilizan y enfrentan militarmente al Estado israelí y al aparato proto-estatal de Hamás como lo que en realidad son: diferentes fracciones del Capital internacional en Medio Oriente. De donde se desprende la tesis de que no se trata de una guerra inter-imperialista propiamente dicha, sino de una gestión militar y genocida de la crisis de valorización y, sobre todo, del proletariado supernumerario o excedentario en esa región del planeta. Porque para el modo de producción y reproducción social capitalista todo lo que no produce valor debe ser destruido. Sí, matar proletarios sobrantes para dejar de mantenerlos y que no se conviertan en una clase subversiva. He ahí el quid de "la cuestión palestina", desde la crítica de la economía política y el análisis de las relaciones de clase.
 
Evidentemente, este proletariado es reclutado, ideologizado y usado como carne de cañón de lado y lado, porque cada bando nacional ya lo hace "puertas adentro": mientras la burguesía israelí representada por el partido de Netanyahu que hoy está en el poderexplota, reprime y destruye al proletariado de la región israelí, la burguesía palestina representada por Hamás, Al Fatah, la ANP, la OLP y el FPLPexplota, reprime y destruye al proletariado de la región palestina. Ahora lo están haciendo "puertas afuera". Más que la internacionalización de un conflicto nacional, este es, desde sus orígenes, un conflicto internacional que hoy se vuelve a revelar como tal: un conflicto de intereses entre un polo de gestión de fuerza de trabajo y acumulación de capital dominante (Israel) y un polo de gestión de fuerza de trabajo y acumulación de capital subordinado o, como demuestra Minassian, «subcontratista» (Palestina). El capitalismo y sus contradicciones de clase no tiene patria; pero, usa la patria como fantasía con fuerza material o como comunidad ilusoria para que los proletarios sobrantes de diferentes territorios se maten entre sí y el único ganador sea el Capital y sus representantes. 
 
Contradictoriamente, también hay luchas proletarias que, por múltiples factores, se encuentran subsumidas bajo banderas nacional-populares. De hecho, ese es el caso de las luchas del proletariado de la región palestina bajo el manto de "la resistencia del pueblo palestino". Sí, lo ponemos entre comillas, porque "el pueblo palestino" en realidad incluye y confunde de manera interclasista, frentepopulista, nacionalista y, para colmo, étnica ("árabe") y religiosa ("musulmán") a la burguesía palestina y al proletariado de la región palestina; es decir, a explotadores y explotados, donde los segundos son sacrificados en beneficio de los primeros so pretexto de "Palestina libre", "la liberación nacional", "el antiimperialismo/antisionismo" o "la descolonización"... y el islam. ¿Premodernidad o alternativa a la modernidad capitalista y colonial? Al contrario: postmodernidad capitalista galopante de la mano de la contrarrevolución burguesa internacional. No en vano tanto estalinistas y nacionalbolcheviques como postmodernos de izquierda e islamistas apoyan "la causa palestina".

Por lo pronto, entonces, allí no existe síntomas ni atisbos de una lucha proletaria autónoma, internacionalista y revolucionaria, de acuerdo con Minassian. Mejor dicho, aparte de luchar por mercados y flujos de circulación y acumulación de capital en tiempos de crisis, eso es precisamente lo que busca prevenir el actual conflicto militar entre la burguesía israelí y la burguesía palestina: la emergencia de un proletariado revolucionario e internacionalista en los hechos, como ya ha ocurrido en anteriores guerras en Irak y en Irán; sobre todo, por parte de los proletarios no tanto de la Franja de Gaza cuanto de Cisjordania, dadas las características geoeconómicas y las relaciones de clase específicas de dicho territorio, según Minassian. En cualquier caso, esta es una guerra contra el proletariado.

Y por eso mismo, la posición revolucionaria invariante de internacionalismo proletario y derrotismo revolucionario necesita este tipo de análisis materialista de clase para "aterrizar" o reafirmarse y afinarse de manera realista sobre el terreno como perspectiva comunista en el presente y el futuro. Situada en el actual ciclo histórico-mundial todavía contrarrevolucionario, la posición del internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario ciertamente no es una táctica inmediata pero tampoco un "radicalismo abstracto", sino una perspectiva histórico-materialista de las minorías comunistas 
y anarquistas internacionalistas del proletariado mundial. Porque esta no es nuestra guerra como clase para dejar de serlo, sino una guerra localizada entre fracciones de la burguesía internacional contra nuestra clase que en realidad no tiene patria y está siendo usada como carne de cañón. 
 
En otras palabras: el hecho de que lo que está aconteciendo en Gaza sea una guerra contra el proletariado y de que éste no se encuentre en condiciones de actuar como clase autónoma y antagonista al menos no en Gaza, no invalida, sino que más bien ratifica la posición internacionalista de estar en contra, o a favor de la derrota (derrotismo revolucionario), tanto del Estado burgués llamado Israel como del Proto-Estado burgués llamado Palestina. 
 
Así como también, en contra y más allá del confusionismo reinante en la izquierda mundial bajo la bandera de "antiimperialismo, antifascismo/antisionismo y liberación nacional o autodeterminación de los pueblos". Izquierda que, por enésima vez, se revela como la izquierda del Capital-Estado, sobre todo en este tipo de coyunturas parteaguas entre el terreno de la burguesía y el terreno del proletariado. Ejemplo: "anarquistas" a favor del Estado en gestación llamado Palestina.
 
Frente a tal confusionismo, la clarificación es una praxis revolucionaria, entre otras como, por ejemplo, las acciones directas de solidaridad con "la resistencia del pueblo palestino" en todo el mundo“Resistencia” bajo la cual, en realidad, subyacen luchas del proletariado palestino contra la burguesía palestina, no tanto en Gaza cuanto en Cisjordania. Por lo tanto, los comunistas y anarquistas internacionalistas no nos solidarizamos con ese Estado en gestación llamado Palestina, sino con el proletariado de la región palestina que lucha como y cuando puede contra su propia burguesía, además de luchar contra el Estado burgués y terrorista de Israel tal como "David y Goliat". 
 
Todo esto, sin hacerse ilusiones ni haciendo grandes declaraciones, sino teniendo presente que todavía nos encontramos en un período histórico-mundial contrarrevolucionario y que, en consecuencia, aún no existen las condiciones para “transformar la guerra imperialista en guerra de clases y revolución mundial”, ni siquiera para instaurar una comuna antiestatal y apátrida entre proletarios palestinos e israelíes. Al contrario, es una época y un territorio donde se impone el terror del Estado y del Capital para matar como cucarachas a proletarios sobrantes, porque vale subrayarlo ya no producen valor y para evitar que devengan una clase subversiva, como aconteció en la guerra del Golfo.   

Que quede claro también que no somos indiferentes o indolentes frente al asesinato diario de miles de proletarios en Gaza, niños incluidos, por parte del Estado de Israel. Tampoco nos interesa conformarnos con tener la razón frente a los reformistas y reaccionarios viscerales de ambos bandos nacionales. No es una cuestión ideológica, moral ni mucho menos sentimental. Es una cuestión de método y perspectiva, en el marco del determinismo de la historia mundial de las sociedades de clases, en general, y de los ciclos históricos de la lucha de clases, en particular. Marco dentro del cual tanto el activismo voluntarista como el teoricismo contemplativo son impotentes. Por lo tanto, junto con aportar a la autoclarificación de los proletarios de todas partes, lo que nos interesa es hacer y/o usar un análisis materialista cuyo núcleo-motor es el antagonismo de clases real y su potencia histórica para abolirse/superarse en medio de la actual catástrofe capitalista global. Decimos usar porque, a través de la propaganda, la agitación y la acción colectiva, la teoría revolucionaria es un arma práctica de la lucha proletaria o no es.
 
Si es verdad que el capitalismo produce su propio sepulturero y que la guerra simplifica los conflictos sociales, entonces es posible que la actual guerra interburguesa contra el proletariado tarde o temprano produzca las condiciones objetivas y subjetivas para que éste le haga la guerra al capitalismo y a todos sus Estados y fronteras nacionales, étnicas, religiosas y de todo tipo; en fin, la guerra a la sociedad de clases, hasta abolirla y arrojarla al basurero de la historia. Sustituyéndola por una Comunidad humana real y mundial que sea gestada al calor de esa misma lucha, y organizada de tal modo que la explotación y la opresión sean ya imposibles o cosas del pasado. Decimos que todo aquello es posible porque no se trata de una "fatalidad", sino de una posibilidad histórica entre otras en medio de la actual catástrofe capitalista global. Porque, como bien dice el autor del texto, «los antagonismos se desarrollan siempre y son actuales». Y porque el comunismo, entendido como el movimiento real que subvierte las condiciones existentes, sólo se desarrolla al calor de los antagonismos de clases, en contra y más allá de sus límites nacionales.


«[...] Lo que está ocurriendo no es una guerra inter-imperialista. Es esencialmente un «asunto interno», en el que los campos «nacionales» son una cortina de humo. No hay lucha proletaria en los acontecimientos actuales. La militarización de los antagonismos, producida concertadamente por Hamás y la clase dirigente israelí, produce una “resistencia” que no contiene ninguna lógica de lucha proletaria autónoma ni siquiera incipiente.

No es una guerra, sino una gestión del proletariado supernumerario con medios militares que son los de la guerra total, por parte de un Estado democrático, civilizado y perteneciente al bloque central de la acumulación. Estos miles de muertos me parecen tener un significado particular. Pintan un cuadro aterrador del futuro, de las crisis del capitalismo que se avecinan.

Pero una gestión del proletariado supernumerario por medio de bombardeos en alfombra que, en la forma en que es vista como legítima por todos los Estados centrales del espacio capitalista, hace que lo que está ocurriendo ahora forme parte de una ofensiva global. En Francia, este carácter global es particularmente sobresaliente: hemos entrado en una fase en la que incluso las formulaciones políticas detrás de consignas humanistas son reprimidas -ahí donde podrían producir encuentros con una actividad callejera de las clases peligrosas. No hay una “importación” del conflicto, hay una ofensiva global. En este sentido, para nosotros en Francia, la lucha se está librando realmente aquí, contra Francia. Tenemos que traicionar a nuestra propia nación, siempre que sea posible. [...]
 
La guerra es siempre, creo, un intento de resolver la crisis de valorización capitalista, como una operación de desacumulación. Pero también es la expresión de la ruptura del equilibrio que preside la relación Estado-capital. Es un momento de crisis en el que el control del capital, del capital global, sobre el Estado se afloja en beneficio de la monopolización del Estado por determinados sectores capitalistas particulares, o incluso clanes y políticos. La guerra entre capitalistas no es sólo una guerra entre imperialismos. Enfrenta a múltiples actores que, en ausencia de salvaguardias, harán a veces apuestas arriesgadas, jugándoselo todo a una carta para intentar sacar provecho de una convulsión de las fuerzas presentes. Este es el tipo de espiral al que asistimos desde la guerra de Ucrania. Los frentes congelados están resurgiendo: hemos tenido Karabagh, ahora es Gaza. [...]
 
Hamás es un movimiento interclasista, lo que explica sus movimientos erráticos. A mediados de la década de 2000, la burguesía comercial de Cisjordania llegó a identificarse masivamente con él: el movimiento ganó las elecciones legislativas de 2006 como el partido del orden: prometía poner fin al caos de seguridad, silenciar las armas, luchar contra la corrupción y desarrollar un aparato estatal de probidad, que garantizara el orden social, con una redistribución social basada en la caridad. Paradójicamente, parecía ser el partido anti-Intifada, y la mayoría de las personalidades influyentes de los dos centros económicos de Cisjordania, Naplusa y Hebrón, se pusieron de su lado en aquel momento, mientras seguían vinculados a los intereses económicos jordanos. Hamás ganó las mismas elecciones legislativas en Gaza, pero presentando las consignas de resistencia y reclutamiento militar dirigidas al lumpenproletariado de los campos de refugiados. La lógica no era de levantamiento ni de movimiento social, sino de clientelismo militar. A diferencia de Cisjordania, en Gaza no existe una burguesía mercantil urbana.

Desde entonces, el interclasismo no ha estallado. Hamás sigue utilizando lógicas de movilización opuestas. El jefe de su brazo armado, Mohammad Deif, es una especie de icono mítico, superviviente de numerosos intentos de asesinato selectivo. Se disfraza de James Bond para hablar con los adolescentes de los campos de refugiados, mientras los dirigentes en traje y corbata pasan su tiempo en hoteles de 5 estrellas de Qatar y comen todo tipo de delicatessen con ministros y capitalistas del mundo árabe y turco. Y si es la franja de Mohammad Deif la que lanza una operación como la del 7 de octubre, la franja de traje y corbata lo deja pasar porque tiene esperanzas secretas de cosechar los frutos en los pasillos diplomáticos. [...]

«Supernumerarios», en el sentido de que el trabajo en Gaza no permite casi ninguna acumulación capitalista. El capital que circula en Gaza procede esencialmente de rentas (y aun así, son rentas muy pequeñas): rentas de la ayuda exterior (Irán y Qatar), rentas de situaciones de monopolio (los túneles). Los beneficios generados no son el resultado de la explotación del trabajo por los capitalistas. La reproducción de los proletarios y la valorización son dos procesos distintos, como diría el otro. La inmensa mayoría de los patrones son pequeños y el Estado no regula nada.
 
Gaza es una zona completamente al margen de los circuitos de valorización capitalista, como muchas otras periferias del mundo. No existe una «burguesía nacional», porque no existen capitales gazatíes. Tampoco existe una «burguesía tradicional», como en Cisjordania o Jerusalén: viejas familias basadas en un capital mercantil y propietario retógrado pero todavía eficaz en las relaciones sociales. En Gaza, en cambio, existe una nueva forma de burguesía «compradore», basada en las rentas de circulación. No se trata de una clase en sentido estricto, sino de una formación social que obtiene ingresos masivos de su posición de intermediario en los intercambios con capitalistas extranjeros (en contraposición a una burguesía con intereses en el desarrollo de la economía nacional).

Parte de esta burguesía coincide con el aparato político de Hamás, porque el capital que circula procede en gran medida de una renta de carácter geopolítico, proveniente de Estados como Qatar o Irán. Pero también hay otras rentas, vinculadas al tráfico fronterizo con Egipto, por ejemplo. Se han creado fortunas en torno a los túneles de contrabando, y aquí nos encontramos más bien en el ámbito de lo feudal globalizado, típicamente una relación patrones-trabajadores. En 2007, se produjeron intensos enfrentamientos armados entre formaciones sociales basadas en clanes y el aparato político-militar de Hamás en Rafah, en el sur de la Franja, por la fiscalidad de la circulación de mercancías.

Hamás, a diferencia de la Autoridad Palestina (AP), no se encarga de los servicios públicos, ni paga los salarios: éstos los paga siempre la AP. Además, se trata de un chantaje permanente: la AP recorta o reduce regularmente los salarios de los funcionarios de Gaza para debilitar a Hamás.

También con cierta regularidad, y sin duda en parte como consecuencia de ello, se producen movilizaciones «sociales» en demanda de dignidad: normalmente agua, electricidad y salarios. Hamás las reprime, de forma más o menos violenta, pero con una cierta moderación que sugiere que se cuida de no echar leña al fuego. La actual ofensiva militar está en continuidad con un episodio similar que tuvo lugar este verano. Es fácil imaginar que existe un vínculo, o al menos una lógica, entre estos dos tipos de acontecimientos.

Desafiar a Hamás como gestor y apoyar a Hamás como combatiente no son en absoluto antagónicos. El primero atenta contra tu dignidad, mientras que el segundo la vengará. Sin Hamás-combatiente, Hamás-gerente probablemente tendría que enfrentarse a un desafío mayor en Gaza. [...]

La Franja de Gaza ha sido durante mucho tiempo el «vertedero» de supernumerarios que he mencionado antes. Un territorio minúsculo al que se empujó una avalancha de refugiados en 1947-1948, sumergiendo a la población local, que era esencialmente campesina. Allí no hay recursos. En Cisjordania, la estructura de clases es diferente, con ciudades y notables. Y hay recursos agrícolas e hídricos, que Israel monopoliza. Los salarios son el doble y hay algunas industrias, éstas descansan en una integración relativa entre la clase compradore de la AP y el capital israelí. Al Fatah, que gobierna las ciudades, es un partido que ya no tiene ninguna coherencia social. En 2006 perdió las elecciones frente a Hamás. En 2007, dio un golpe de Estado, apoyado por Israel y Estados Unidos, para conservar los resortes del poder público en las ciudades de Cisjordania, «abandonando» Gaza a Hamás. Desde entonces, carece de legitimidad basada en cualquier forma de procedimiento democrático. Su poder se basa en la cooperación con Israel, oculta tras una retórica nacionalista que suena hueca. Gobierna enclaves separados entre sí, cada vez más cercados por asentamientos, los que son regularmente penetrados por el ejército israelí. En cuanto al proletariado de Cisjordania, está más integrado en el capital israelí que el de Gaza. Muchos trabajadores palestinos de Cisjordania trabajan, legal o ilegalmente, en territorio israelí o en los asentamientos. Tienen vínculos económicos con los palestinos de 1948, aquellos que tienen la ciudadanía israelí; a menudo hablan hebreo.

La Franja de Gaza me parece perdida por el momento desde el punto de vista de una posible actividad proletaria. La situación es diferente en las ciudades de Cisjordania, donde la lucha interpalestina por el control político se desarrolla desde hace años con manifestaciones autónomas de lucha de clases. El control social está garantizado conjuntamente por un aparato de seguridad dirigido por capitalistas compradore dependientes de Israel y baronías urbanas vinculadas a Jordania. La coherencia de esta clase sigue desintegrándose, Al Fatah ya no regula nada y cada cual intenta labrarse su propio feudo a costa de los demás. El acontecimiento esperado que debía aclarar todo esto era la muerte del dinosaurio paranoico Mahmud Abbas, pero las cosas están destinadas a acelerarse. [...]}
 
Pase lo que pase, las cosas van a cambiar. La AP tendrá dificultades para mantener el control de la seguridad. La coherencia del estamento político y de seguridad se verá seriamente puesta a prueba. [...]
 
Sin embargo, siento cierta expectación ante la idea de que el peso nocturno de represión e inmovilidad producido por la AP durante los últimos 15-20 años será barrido, y que el colapso de la policía permitirá la explosión social que tanto se ha esperado. Las relaciones de clase en Cisjordania son excepcionalmente violentas. La burguesía cisjordana se ha beneficiado durante mucho tiempo de esta situación de cooperación con Israel, se ha saciado hasta el hartazgo. Sería bueno que se aprieten un poco las nalgas. [...]
 
La guerra también me parece un síntoma de la pérdida de coherencia de la clase capitalista; y al mismo tiempo la unidad militar oculta esta pérdida de coherencia. El colapso militar israelí del 7 de octubre parece derivarse en gran medida de la lucha que atraviesa a la clase capitalista israelí y que, por primera vez, ha alcanzado a la institución militar. En los últimos meses, la lucha ha sido intensa y se ha extendido a las calles. El viejo Israel, askenazí, burgués, laico y militar, que se acumula verticalmente en Tel Aviv, ha chocado con la extrema derecha en el poder, sefardí, revanchista y que se acumula horizontalmente en las colinas de Cisjordania. Pero nada proletario ha desborado en estas manifestaciones. Peor aún: nada democrático, en el sentido «civil», como tú dices. El proletariado en Israel, que sin embargo sufre un alto nivel de explotación, está amordazado por su integración existencial en el Estado militar. [...] 
 
Nos encontramos en una situación en la que lo que está en juego no es tanto la explotación de una mano de obra autóctona como la gestión de una población proletaria excedente, en proporciones únicas dentro de los centros de acumulación capitalista. Por cada trabajador con un contrato de trabajo en Israel, hay otro mantenido en uno de los grandes suburbios cerrados que constituyen los centros de asentamiento bajo jurisdicción palestina: la Franja de Gaza y las ciudades de Cisjordania. Son casi cinco millones de proletarios aparcados a pocos kilómetros de Tel Aviv, invisibles, viviendo de la venta de su fuerza de trabajo día a día, vigilados por soldados para que no salgan de sus jaulas.

Este gran confinamiento, esta operación de separación entre proletarios útiles y proletarios supernumerarios sobre una base étnico-religiosa, comenzó al mismo tiempo que el proceso de paz, que era en realidad un proceso de externalización del control social de los supernumerarios. Anteriormente, en las décadas de 1970 y 1980, los palestinos eran empleados masivamente por el capital israelí.

En este sentido, el término «colonial» es algo inapropiado para describir la relación social que ha prevalecido desde principios de los años noventa en Israel-Palestina. También tiene el inconveniente de confirmar una oposición entre dos formaciones nacionales, que de hecho se producen y reproducen juntas. Los trabajadores palestinos e israelíes son segmentos de un mismo todo. Lo que está ocurriendo desde el 7 de octubre debe considerarse como una negociación mediante la violencia entre el subcontratista de Gaza y su empleador israelí. En este sentido, debe distinguirse claramente de la lucha de los proletarios palestinos, contra la que los subcontratistas de Hamás y la AP están en primera línea. Una lucha que nunca ha cesado, pero a la que el reclutamiento nacionalista asestará un duro golpe, al menos en Gaza.

Más allá de cualquier consideración moral, el término «resistencia», que remite al imaginario colonial, me parece inadecuado para describir la operación militar del 7 de octubre: los intereses de Hamás no son los de los proletarios, no son los -por utilizar el término actual- del «pueblo palestino». Sea cual sea el resultado de estas negociaciones, los proletarios de Gaza serán los sacrificados: ya lo son. En este momento, si Israel tuviera ganas de deshacerse de su subcontratista, eso significaría que tendría ganas de deshacerse de sus proletarios sobrantes. Una cosa no puede ir sin la otra. [...]
 
 
A partir de los años 1990, cuando Israel quiso deshacerse de la gestión de la mano de obra palestina en los Territorios, la confió a un subcontratista, la Autoridad Palestina. Pero Israel no respeta el contrato que debía conducir a una forma de soberanía simbólica. Maltrata a su subcontratista. Así que el subcontratista se rebela: es la segunda Intifada, en la que se mezclan una lucha de la AP contra su patrón y una lucha proletaria total, contra Israel y contra el subcontratista, pero que resulta sofocada por la triangulación. Al final de esta secuencia histórica, los subcontratistas de la AP se dividen. Un subcontratista maltratado pero dócil en Cisjordania; otro subcontratista maltratado y bullicioso en Gaza. Hamás puede ser tratado como un enemigo, pero el hecho es que Israel no puede prescindir de un subcontratista en este contexto. [...] 
 
La idea del «pueblo palestino» como categoría opuesta a «Israel» es evidentemente eficaz en muchos lugares: en los documentos de identidad, y en la mente de la mayoría, también como medio de legitimación de las luchas proletarias.

Pero la etnización de las relaciones sociales tiene una historia, que es ante todo la de las clases dominantes: es la historia de la formación de una burguesía capitalista judía para erradicar a una burguesía feudal-mercantil árabe; la fusión de esta burguesía con un Estado militar, etcétera. Los proletarios se ven atrapados en esta etnización de los antagonismos en el seno de la clase dominante.

Nunca debemos perder de vista que en la «lucha palestina», incluida la que se libra bajo la bandera de Hamás, hay que leer ante todo una lucha librada por las clases sociales dominantes árabes -o por quienes aspiran a invertirse en ellas- para su integración en el capital israelí. Los intereses de los proletarios, aunque a veces se encuentren bajo la bandera de la lucha nacional, son en última instancia contradictorios con los de su burguesía.

Creo que la solidaridad debe darse no a la «resistencia palestina», sino a las luchas libradas por los proletarios contra las condiciones de su existencia. Pero los proletarios luchan bajo las banderas que tienen a su disposición. No hay que fijarse en la bandera, sino en las propias luchas. Una bandera palestina, e incluso una bandera de Fatah o de Hamás, son potencialmente banderas de lucha que, según el contexto, escapan a los gestores políticos. Por cierto, no es porque sean islamistas por lo que hay que cagarse en Hamás, sino porque es un aparato de regulación del proletariado, un Estado en gestación. [...]»