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30 de abril de 2024

[Boletín] RUPTURA REVOLUCIONARIA N° 1

RUPTURA REVOLUCIONARIA N° 1
 
Boletín comunista | Órgano de difusión de Proletarios Hartos de Serlo
Región ecuatoriana | 1° de Mayo de 2024 | Sale cuando puede | Aporte voluntario



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CONTENIDO

 
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EDITORIAL. ¿POR QUÉ RUPTURA REVOLUCIONARIA? 
 
La revolución es la ruptura radical y total del orden capitalista: desde sus condiciones materiales y sus instituciones más reaccionarias hasta sus ideas dominantes y sus falsas críticas y alternativas. No es la realización de un ideal. Es la producción de una nueva realidad o una nueva vida; mejor dicho, de nuevas relaciones sociales entre nuevos sujetos. Porque la historia es producción, no realización. Y la historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. La revolución comunista es la interrupción abrupta de esta historia: es la abolición de la sociedad de clases, empezando por el propio proletariado como clase explotada y dominada por la burguesía. Abolido el esclavo, abolido el amo. Por lo tanto, lo que nos interesa a los proletarios revolucionarios es la producción de la ruptura revolucionaria para dejar de ser proletarios y devenir comunidad real de individuos libremente asociados que desarrollan y viven todas sus potencialidades; esto es, la producción del comunismo. Sólo en este sentido materialista histórico, la ruptura revolucionaria es el principio y el método de la revolución que reivindicamos y promovemos en este boletín que hoy, 1° de Mayo, sale a las calles. 

¿Por qué boletín comunista? Por un lado, porque el comunismo no es una utopía, una ideología ni mucho menos ese capitalismo de Estado mal llamado «comunismo» que fue la URSS (y todos los países que le siguieron). El comunismo es el movimiento real de los explotados que subvierte las condiciones capitalistas, y que produce nuevas relaciones sociales entre los individuos. En otras palabras, es el movimiento histórico y mundial que posee la potencia de destruir el capitalismo y de crear una sociedad sin clases ni Estado, mercado, trabajo asalariado, fronteras nacionales y ninguna otra forma de explotación y dominación (género, «raza», nacionalidad, etc.). Las condiciones materiales de este movimiento ya han sido producidas por el propio capitalismo y el antagonismo de clases. En cada lucha revolucionaria del proletariado, ahí ha estado, está y estará presente el comunismo.
 
Por otro lado, porque en la lucha revolucionaria se combinan la práctica y la teoría, la acción y la palabra: desde las huelgas salvajes, las okupaciones y las bombas molotov hasta los libros, los boletines y los panfletos subversivos, etc. Todas estas son formas de acción directa o sin intermediarios del proletariado revolucionario. Por lo tanto, este boletín en papel circulando por las calles de mano en mano, agitando mentes y cuerpos, provocando cuestionamientos y rupturas, creando nuevos lazos, también es una forma de acción directa de proletarios en lucha para proletarios en lucha. De hecho, la prensa proletaria siempre ha sido un organizador colectivo de nuestra clase y una herramienta para la producción de la ruptura revolucionaria. Hoy no es la excepción, a pesar del actual contexto contrarrevolucionario. Lo lanzamos, pues, con el objetivo de crear una red de acción, reflexión, comunicación, agitación, autoorganización y solidaridad de clase contra clase, alrededor de este órgano de difusión de la perspectiva comunista —que, para nosotros, comprende específicamente desde Marx y la Izquierda Comunista hasta la Teoría de la Comunización— y de las luchas concretas actuales en la región ecuatoriana. 

¿Por qué sale cuando puede? Básica y honestamente, porque los editores no tenemos los recursos suficientes para publicarlo de manera periódica. Unos no tenemos dinero porque no tenemos trabajo, y otros no tenemos tiempo porque nos la pasamos trabajando. A pesar de esta precariedad propia de la condición proletaria, hacemos el esfuerzo apasionado por sacarlo «contra viento y marea», no como un sacrificio militantista o religioso, sino más bien como un placer subversivo: el placer de robarle tiempo a la esclavitud asalariada y no asalariada para esta acción creativa y de combate por nuestra emancipación total. Lo hacemos porque, para nosotros, la rebeldía es la vida.
 
Sin embargo, esperamos que con el tiempo sí se pueda convertir en una publicación regular o periódica. Para lo cual, invitamos a los lectores a que asuman un papel activo: contactándonos; suscribiéndose; apoyando económicamente; enviando informaciones de situaciones y conflictos laborales, análisis de coyuntura, textos teóricos, o comentarios, críticas compañeras y sugerencias; difundiendo el boletín por todos los medios posibles. 
 
Esperamos también que las secciones y los artículos de este primer número sean lo suficientemente elocuentes como para que puedan hablar por sí mismos y, sobre todo, hacer-pensar y hacer-actuar desde y hacia la ruptura revolucionaria. 

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[ABC Comunista]
 

CONTRADICCIÓN TRABAJO–CAPITAL

«Capital–trabajo es la contradicción fundamental del capitalismo. […] El Capital hace del trabajo una parte de su ser en tanto capital variable, al mismo tiempo que como contraposición lo lanza constantemente al mercado como fuerza de trabajo […] con toda una serie de implicaciones brutales sobre el proletariado.

[…] El marxismo se constituyó bajo la premisa de que la defensa del polo del trabajo constituía el camino hacia el comunismo y, por tanto, otorgaba un carácter revolucionario a la contradicción capital–trabajo. La socialdemocracia en general asumió y asume esa perspectiva sacralizando al trabajo, haciendo de él su premisa fundamental. Nos llaman a defender el trabajo, incluso en nombre de la “revolución”.

Por el contrario, en la contradicción proletariado–Capital [la lucha de clases], o más aún entre el Capital y la vida, podemos hablar de un polo antagónico que contiene una salida revolucionaria.

«La práctica totalidad de los seres humanos alzándose contra la totalidad de la sociedad capitalista, la lucha simultánea contra el capital y el trabajo, dos aspectos de una misma realidad: es decir, el proletariado debe luchar contra su propia dominación para ser capaz de destruirse a sí mismo como clase y destruir el capital y las clases. Una vez que la victoria esté asegurada a escala mundial, la clase universal, que en realidad se constituye (formación del partido, según Marx) a largo de un proceso inmenso que precede a la revolución en la lucha contra el capital, que ha sido psicológicamente transformada y que ha transformado la sociedad, desaparecerá, ya que se convierte en la humanidad. No hay grupos fuera de ella. El comunismo se desarrolla entonces libremente. La fase inferior del comunismo [planteada por Marx y luego por Bordiga] ya no existe, y la fase de la dictadura del proletariado se reduce a la lucha por destruir la sociedad capitalista, el poder del Capital.» —Jacques Camatte (1976). Capital y Gemeinwesen

La perspectiva revolucionaria puede parecer un purismo imposible de asumir cuando hay que sobrevivir y luchar al interior del capitalismo en un contexto como el actual. Sindicalistas y reformistas en general dirán que a las contradicciones hay que asumirlas, que hay que meter los pies en el barro, que el proletariado solo puede luchar por lo inmediato, que no es momento de hablar de la revolución.

Se nos dice a quienes defendemos una perspectiva radical de separarnos del resto de la clase, de pretenciosos iluminados separados de la realidad social, que no entendemos lo contradictorio de la misma. Pero ese es justamente nuestro punto de partida por el cual luchamos por la revolución: superar nuestra realidad contradictoria como clase.» Cuadernos de Negación N° 11: Contra la valorización de la vida (mayo de 2018)

 
COMUNISMO 

«Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente. Por lo demás, la masa de los simples obreros –de la fuerza de trabajo excluida en masa del capital o de cualquier satisfacción, por limitada que ella sea– y, por tanto, la pérdida no puramente temporal de este mismo trabajo como fuente segura de vida, presupone, a través de la competencia, el mercado mundial. Por tanto, el proletariado sólo puede existir en el plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos históricamente vinculada a la historia universal. […] 

Mientras que los siervos fugitivos sólo querían desarrollar libremente y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes, razón por la cual sólo llegaron, en fin de cuentas, al trabajo libre, los proletarios, para hacerse valer personalmente, necesitan acabar con su propia condición de existencia anterior, que es al mismo tiempo la de toda la anterior sociedad: con el trabajo. Se hallan también, por tanto, en contraposición directa con la forma que los individuos han venido considerando, hasta ahora, como sinónimo de la sociedad en su conjunto, con el Estado, y necesitan derrocar al Estado, para imponer su personalidad.» Karl Marx y Friedrich Engels (1845-46). La ideología alemana

«El trabajo ya no será una mercancía. […] En la economía socialista ya no habrá mercado; mejor aún: la economía es socialista cuando ya no existe el mercado. […] ¡Para liberar el trabajo del hombre de la cualidad de mercancía, es necesario destruir todo el sistema del mercado! ¿No era ésta la primera palabra de Marx a Proudhon? […]

Se ha querido hacer pasar otra tesis peregrina muy difundida […]. Es necesario, dice, que todavía aumenten mucho las fuerzas productivas para poder abolir el mercado. Esto es falso: para el marxismo las fuerzas productivas ya están demasiado desarrolladas […]

Ya es más que tiempo de postrar las monstruosas fuerzas productivas capitalistas bajo la dictadura de la producción y del consumo. Y es sólo cuestión de fuerza revolucionaria para la clase que, aun si el bienestar aumenta (y Marx –lo hemos probado más arriba– nunca previó lo contrario), está bajo el peso continuo de la incertidumbre de la existencia que, por otra parte, domina la sociedad entera, y que dentro de algunos decenios tomará la forma de alternativa entre crisis mundial y guerra o revolución comunista internacional.» Amadeo Bordiga (1957). Los fundamentos del comunismo revolucionario marxista

«El comunismo no es un ideal a ser realizado: existe ahora, no como modos de vida alternativos, zonas autónomas o comunidades anti-sistema que serían gestadas en esta sociedad para finalmente convertirla en otra, sino como un esfuerzo, como una tarea que preparar(se). Es el movimiento que tiende a abolir las condiciones de existencia determinadas por el trabajo asalariado, y que las abolirá solamente a través de la revolución. […]

El comunismo no es un conjunto de medidas que se aplicarán después de la toma del poder. Es un movimiento que existe desde ahora, no como un modo de producción (no puede haber un islote comunista en la sociedad capitalista), sino como una tendencia a la comunidad y la solidaridad irrealizables en esta sociedad […]

La revolución comunista es la continuación a la vez que la superación de los movimientos sociales actuales. El comunismo surgirá de las luchas, de intereses y deseos reales que al día de hoy tratan de afirmarse, pero no pueden ser satisfechos porque la situación actual lo impide. Hoy en día, numerosos gestos y actitudes comunistas expresan algo más que el rechazo al mundo actual: expresan la tentativa de crear un mundo nuevo. Cuando logran algún éxito, lo hacen dentro del margen social, siendo tolerados siempre y cuando no se opongan al trabajo asalariado y al Estado: cuando no, son “recuperados”, sofocados o reprimidos. La opinión pública solo ve los límites de estas luchas, solo su tendencia y jamás su posible desarrollo, mientras que el “extremismo” o el “alternativismo” presentan estos límites como los verdaderos objetivos del movimiento. En el rechazo al trabajo en la cadena de montaje, en las luchas de las ocupaciones ilegales, la perspectiva comunista está presente como la energía social usada para crear “otra cosa”, no para huir del mundo moderno, sino para transformarlo. En dichos conflictos, las personas intentan recuperar bienes de forma espontánea, o incluso fabricar e inventar nuevos, en contra de la lógica del intercambio mercantil, y este proceso contribuye a sus participantes a transformarse ellos mismos.» Gilles Dauvé (1972, ed. 2015), Capitalismo y Comunismo

«En el curso de la lucha revolucionaria, la abolición del Estado, del intercambio, de la división del trabajo, de todas las formas de propiedad, la extensión de la gratuidad como unificación de la actividad humana —es decir, la abolición de las clases, de las esferas privadas y públicas, y de las categorías de hombres y mujeres— son «medidas» de abolición del capital impuestas por las necesidades mismas de la lucha contra la clase capitalista en un ciclo de luchas específicamente definido [el ciclo histórico actual]. La revolución es comunización, no tiene por proyecto y resultado el comunismo. El capital no será abolido para instaurar el comunismo, sino que será abolido mediante el comunismo o, mejor dicho, mediante su producción.» Théorie Communiste (2015). De la ultraizquierda a la teoría de la comunización. Más allá del programatismo

 
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SE AGRADECE DIFUSIÓN POR TODOS LOS MEDIOS POSIBLES

30 de abril de 2023

1° de Mayo: sobre la Abolición del Proletariado y del Trabajo

 
¿EL PUNTO NO ES ALABAR AL PROLETARIADO SINO ABOLIRLO?
 
Sí, porque el proletariado —de todos los sexos, «razas», nacionalidades, ocupaciones, edades, identidades, ideologías, etc.— sostiene a toda la sociedad capitalista con su trabajo —formal e informal, manual e intelectual, dependiente o «autónomo», etc.—; mejor dicho, con la explotación de su fuerza de trabajo a cambio de dinero para sobrevivir; en fin, con su esclavitud asalariada que, encima más, es socialmente invisibilizada y normalizada. De esta forma, no sólo se reproduce a sí mismo como clase explotada y dominada, sino que también reproduce a su clase explotadora y dominante, la burguesía. Por lo tanto, para abolir a la burguesía y su Estado hay que abolir al proletariado. Abolido el esclavo, abolido el amo, porque el amo no es nada sin el esclavo. Ahí radica realmente nuestro poder para «virar la tortilla», hermanos proletarios. Siendo además que el esclavo asalariado es el único que puede liberarse a sí mismo, sin mesías ni representantes sindicales y políticos, ya que éstos sólo pugnan por sus intereses creados: migajas de los patrones y puestos en los gobiernos de turno. «La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.» (Marx)

Si los proletarios producimos con nuestras manos y nuestros cerebros todo lo que existe en esta sociedad, entonces todo debería pertenecernos. Empezando por nuestras vidas. Para ser dueños de nuestras vidas y mejorarlas realmente, pues, hay que apropiarnos de los medios de producción y, sobre esa base material, producir colectivamente a fin de satisfacer las necesidades colectivas sin intermediación del mercado ni del Estado. Producir ya no como proletarios o esclavos asalariados, sino como individuos libremente asociados en una red de asambleas y/o consejos en todas partes: la Comuna Mundial. Esto es «producir el comunismo» (Théorie Communiste) o comunizar la sociedad y la vida, cuya base material —subrayamos— es la abolición de la propiedad privada, el trabajo asalariado, las clases sociales, el dinero, el mercado, el Estado, las fronteras nacionales, y la opresión sexual, racial y del hombre sobre la naturaleza.

Ser proletarios no es una identidad ni mucho menos un orgullo, sino una condena histórica y social que precisamos romper y dejar atrás para vivir una vida que merezca tal nombre, al calor de la lucha de clases por la Revolución Social; es decir, por la abolición de la sociedad de clases. El proletariado sólo es revolucionario cuando lucha por dejar de serlo, mediante la autoorganización, la acción directa y la solidaridad como sus principales armas. Para lo cual, primero debe pasar por muchas batallas y derrotas que lo formen y lo curtan.

«El proletariado es revolucionario o no es nada (Marx)... nada más que la clase del Trabajo/Capital y una criatura del mercado y del Estado: una gran masa de hombres y mujeres que se la pasa trabajando de lo que sea para sobrevivir como sea, compitiendo y hasta matándose entre sí, cuya sangre alimenta sólo al Capital… pero que también puede darle muerte autoaboliéndose y deviniendo comunidad real de individuos libremente asociados para producir y reproducir sus vidas, desde y para sí mismos, en un modo radical y totalmente diferente y mejor que el modo capitalista. El proletariado es esta contradicción viviente, y sólo la revolución comunista puede abolirla y superarla como tal.» 
 

¿LOS COMUNISTAS NO QUEREMOS MÁS TRABAJO ASALARIADO SINO SU ABOLICIÓN? 
¿ENTONCES DE QUÉ VAMOS A VIVIR?

«Abolición del trabajo (asalariado) no quiere decir abolición de la actividad humana social productiva, o sea que no hagamos nada, la holgazanería absoluta, etc. No. Esto sería imposible y absurdo, suicida inclusive, porque simplemente nos moriríamos tanto de hambre como de inactividad. Abolir el trabajo significa abolir la relación social e histórica de separación, alienación, explotación y dominio bajo la que se halla enjaulada actualmente la actividad humana productiva, a fin de liberarla, transformarla y reivindicarla como tal; es decir, como actividad o praxis humana total, unitaria, integral y común: que la actividad productiva ya no esté separada de —ni aliene ni domine a— la actividad de decidir, alimentarse, crear, conocer, jugar, divertirse, cuidarse, quererse, etc. (Gilles Dauvé) Para lo cual, por supuesto, hay que abolir de modo revolucionario o comunista las condiciones materiales que hacen posible el trabajo asalariado o la explotación: la propiedad privada, la división social del trabajo, la mercancía, el valor, el dinero, el capital.

Sobre esta base —la «propiedad colectiva de los medios de producción» y la «comunidad de bienes», al decir de los comunistas de antaño—, los individuos libremente asociados en Comunas tendríamos el control colectivo y consciente sobre nuestras condiciones materiales de existencia. Por lo tanto, decidiríamos qué y cómo producir según nuestras necesidades humanas para vivir. Y vivir bien: no en escasez, sino en abundancia. Y no sólo unos pocos —como es ahora—, sino todos: o todos o ninguno. Ya no existiría desempleo, pobreza ni delincuencia. «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades.» (Marx)

El trabajo ya no sería trabajo, al menos no como hoy lo conocemos, su jornada se reduciría al mínimo necesario —3 horas al día, más aún ahora gracias a la tecnología que existe— y, sobre todo, no sería alienado ni explotado ni estaría separado o disociado de las demás formas de actividad y expresión humanas. La actividad creadora, el tiempo libre y las nuevas relaciones humanas serían nuestra mayor riqueza. Así sería una nueva sociedad donde «nuestra actividad real humana —tanto comer, habitar, como crear, disfrutar, sufrir, en definitiva, vivir— jamás vuelva a organizarse como trabajo, como subordinación de la existencia a la ganancia.» (La Oveja Negra)

Todo esto es lo que realmente impulsó la lucha por la reducción de la jornada de trabajo a 8 horas diarias hace más de un siglo atrás. Esta es la verdadera causa del 1° de Mayo por la que lucharon «los mártires de Chicago» y muchos otros compañeros revolucionarios de todos lados. Hoy, la mejor manera de conmemorar esta fecha histórica del proletariado mundial es continuar luchando por ello hasta lograrlo.

¿Utópico? Al contrario: «El comunismo no se trata ni del paraíso en la tierra ni de la construcción de un nuevo ser humano, sino de la superación de las exigencias capitalistas hechas al ser humano, del fin de las catástrofes sociales producidas por el capitalismo. Ni más ni menos. [...] Incluso después del capitalismo, seguirá habiendo enfermedad y muerte, envidia e individuos despreciables. Sólo que no ya no existirá una paradójica pobreza masiva, producida por la producción abstracta de riqueza; ya no existirá un sistema autonomizado de relaciones fetichistas ni formas sociales dogmáticas. El objetivo es grande, justamente porque, medido por la exaltación utópica, se muestra relativamente modesto, y no promete nada más que liberar de sufrimientos completamente innecesarios.» (Robert Kurz) Siendo el trabajo el primero y principal de tales sufrimientos.»
 

PROLETARIOS: 
¡PARA MEJORAR REALMENTE NUESTRAS CONDICIONES DE VIDA, HAY QUE
TOMAR LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN A MANO PROPIA Y DEJAR DE SER ESCLAVOS ASALARIADOS!
¡BASTA DE LUCHAR POR MIGAJAS! ¡VAMOS POR TODO, HASTA QUE TODO SEA DE TODOS!
¡BASTA DE MESÍAS Y REPRESENTANTES! ¡LA AUTOORGANIZACIÓN ES EL PRIMER ACTO DE LA REVOLUCIÓN!

Proletarios Hartos De Serlo
Quito, 1° de Mayo de 2023
 
Se agradece difusión