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21 de julio de 2020

[Folleto] Aportes Críticos a los «Principios Políticos Revolucionarios del Proletariado» del GEC

Publicamos a continuación una discusión de los años 2011-2012 en torno a un texto que produjo el disuelto Grupo de Esclarecimiento Comunista (GEC) de Perú, seguido del respectivo balance crítico que a su vez plasmó el también disuelto grupo Proletarios Salvajes de Ecuador en torno a éste. Consideramos que es un aporte bastante cualitativo que sigue vigente, sobre todo en el actual contexto donde imperan significativas debilidades, vacíos, confusiones y faltas de ruptura con la ideología (dominante y "revolucionaria") en el autodenominado movimiento revolucionario. Si bien sabemos que los problemas del terreno práctico no se resolverán mecánicamente con la lectura de un texto, por otra parte es un error demeritar la importancia de estos materiales pues, nos guste o no, el legado escrito de los compañeros que están o estuvieron– acompaña el proceso de continuidad y profundización de la perspectiva revolucionaria que nos permite romper el aislamiento y luchar en comunidad contra esta sociedad capitalista y de clases hasta poder abolirla y superarla.

Materiales X la Emancipación, México D.F., Julio 2020
(Edición en folleto)

***

Estamos de acuerdo en que la centralización es una necesidad de la lucha proletaria contra el capital y en que no existe unidad revolucionaria sin principios revolucionarios.
Sin embargo, este proceso de centralización revolucionaria y orgánica no ha de darse solo con base en la discusión teórica o de principios, sino con base en las necesidades, las luchas y los avances reales del proletariado internacional militante, el que, no obstante la actual reemergencia internacional y masiva del proletariado, todavía está “en pañales” en cuanto tal. En pocas palabras, hay que discutir teóricamente cuando es una necesidad práctica de la lucha de nuestra clase, a fin de contribuir a clarificarla y potenciarla. Por lo tanto, tal centralización práctica y efectiva también está “en pañales”; es más, la vemos lejana todavía. Creer y hacer lo contrario sería caer en el principismo y, peor aún, en un tertulianismo (o charlatanismo) onanista y estéril. [...]
A pesar de este hecho, no dejamos de considerar que la reapropiación del programa histórico comunista y la discusión/clarificación internacional acerca del mismo también constituyen una práctica de las minorías revolucionarias existentes. En este sentido y con esta intencionalidad, nos hemos tomado el tiempo de elaborar y difundir este documento. Además, creemos que el mismo puede, en algún momento y espacio, y a pesar de sus defectos (redundancias o tautologías, estilo un tanto pesado de redacción y lectura, cabos sueltos, errores), servir como un material introductorio y/o “provocativo” –uno de muchos, claro– para nuevxs compañerxs sinceramente interesadxs en las históricas posiciones proletarias, comunistas e internacionalistas: en las posiciones de su clase para su autoliberación. Tal es el sentido y la intencionalidad (dejarles clavado ese bicho, esa espina que tensa, esa “pica”), insistimos, del presente documento, el que, al igual que el texto del GEC, no es más que un borrador. Tanto sus alcances como sus limitaciones serán juzgadas por sus lectores o, mejor dicho, por el valor de uso práctico y revolucionario que otrxs compañerxs le den –o no– a este material.
[...]
No en vano Marx se refería al proletariado como “el partido destructor” o “el partido de la subversión”, a la vez que como el “portador del comunismo”. Y es que solo mediante esta negatividad radical, subversiva, autoabolicional y creadora es que nuestra clase puede destruir el capitalismo y construir o crear el comunismo.
El proletariado no solo es revolucionario por la posición estructural que ocupa dentro del modo de producción capitalista como único productor de plusvalía, de capital o de “toda la riqueza de este mundo”. Sino fundamentalmente por la posición histórica que ha ocupado y ocupa en la lucha de clases contra el capital como negación, antagonismo, irrupción, ruptura, destrucción y superación absoluta y viviente de la sociedad burguesa del trabajo, el dinero, las clases (empezando por sí mismo), el Estado, las ideologías y los fetiches. El principio de “el proletariado es revolucionario o no es nada” debería entenderse entonces como que “el proletariado es la destrucción de esta sociedad y, por tanto, es también su propia destrucción”.


Proletarios Salvajes, Quito, Enero 2012

1 de abril de 2016

[Audio] Comunismo y anarquía en el movimiento social

Recibimos y difundimos:


ESCUCHAR LA CHARLA-DEBATE: COMUNISMO Y ANARQUÍA EN EL MOVIMIENTO SOCIAL (Biblioteca "Alberto Ghiraldo", Rosario-Argentina, 26.03.2016)

Del análisis crítico de las que históricamente han sido las dos corrientes revolucionarias principales del proletariado -el anarquismo y el marxismo- nos planteamos la superación de lo que hay en ellas de ideológico para asumir así una teoría y una práctica revolucionaria para la destrucción del Estado y el Capital.

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Relacionados:


Cuaderno de Negación nro. 2 (¿Comunismo? ¿Anarquía?)

¿Comunistas o anarquistas? - Grupo Ruptura

Capítulo IV de "La Sociedad del Espectáculo" - Guy Debord

La Primera Internacional y el debate Marx-Bakunin
...

"Anarquía y Comunismo" - Luigi Fabbri, 1922 (Cap. IV, pp. 24-27)

"Anarquía y Comunismo" - Carlo Cafiero, 1880



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Otros audios recientes de interés:

Represión bajo gobiernos parlamentarios. La experiencia chilena (25.03.2016)

Temperamento Radio nro. 17 (24.03.2016) y nro. 18 (04.04.2016)

Escucha también Anábasis y La Linterna de Diógenes

6 de febrero de 2015

Ya salió Ellos no pueden parar la revuelta # 2



ELLOS NO PUEDEN PARAR LA REVUELTA # 2: 
¡Contra la Guerra Imperialista! (Primera Parte)
Invierno 2014-2015


Sumario

- Editorial
- A 100 años de la Primera Guerra Mundial
- Memoria: La catástrofe mundial
- Especial. Ucrania: crisis, lucha de clases, contrarrevolución y guerra imperialista
- Apéndices I, II y III  
- Recomendaciones

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Presentación

La
 lucha, la guerra de clases en la que –lo asumamos o no- estamos inmersos los proletarios en esta sociedad no puede reducirse a un simple enfrentamiento con un abstracto “ellos”: los burgueses. La burguesía, en tanto que clase representante del Capital, es la clase explotadora y dominante en este antagonismo de clases, pero éste no podría existir sin el proletariado: clase explotada y revolucionaria a la vez; en verdad, cualquiera de los dos polos del antagonismo es nada sin el otro.
Nuestra clase está condicionada de principio a fin por esta relación de clases, por este modo de producción, y la revolución no se trata ni más ni menos que de acabar con aquello que somos: proletarios, demoliendo a su vez todo el edificio social: burguesía, Estado, valor, mercancía, Capital, trabajo asalariado, cárceles, patrias, guerras, ideologías, religiones y todo tipo de opresión (sexual, racial, sobre la naturaleza...). Se trata de abolir la propiedad privada sobre las condiciones y medios de existencia, dar fin a toda alienación y separación como seres humanos, destruir lo que nos destruye, y reapropiarnos de nuestras vidas.
El comunismo –o, si se prefiere, la anarquía-, en tanto que movimiento real de negación y destrucción del orden social capitalista, surge de ese antagonismo a la vez que forma parte activa y conciente del mismo, es asumir ese antagonismo y su posible supresión revolucionaria. Es comprender nuestro rol en el sistema capitalista de producción y no resignarse a una realidad estática que solo puede reproducirse a sí misma, es plantear abiertamente –y consecuentemente, en la práctica- la revolución como ruptura total de la reproducción capitalista de la vida cotidiana, y la revuelta como el preludio de dicha ruptura.
Si bien es evidente que la revolución y la revuelta son dos cosas diferentes, no dejan de guardar una estrecha relación entre sí. La revolución abarca dimensiones más profundas y de largo alcance: la totalidad de la sociedad y de la vida, puesto que, pese al caos que conlleva su espiral ascendente y explosiva, ésta ya busca dirigirse en los actos por y hacia un programa histórico claro y concreto –la abolición de todos y cada uno de los fundamentos del sistema capitalista-, contra enemigos muy bien identificados y con un nivel de actividad y organización por parte de los proletarios insurrectos que esté orientado a llevarles a la victoria: la revolución universal, la destrucción del capitalismo, la instauración del comunismo anárquico.
Mientras que la revuelta, pese a la volcánica potencia con la que emerge, se caracteriza por comprender sólo periodos breves de tiempo y espacio, además de no siempre poseer un programa claro y concreto sino más bien uno confuso y disperso, así como por estar limitada por sus propias debilidades, sobre todo programáticas, organizativas y de métodos y formas de lucha.
Y sin embargo todos los periodos revolucionarios de la historia estuvieron precedidos por revueltas: esta constante histórica nos permite afirmar que el periodo que actualmente vivimos, así como el que se avecina, no será la excepción: un periodo de catástrofe capitalista y revuelta proletaria, de guerra imperialista y guerra de clases a nivel global.
En este sentido, también es válido reconocer que, como explotados y oprimidos que somos, saludamos las revueltas y luchas actuales de nuestros hermanos de clase en todas partes y deseamos fervientemente que sean las últimas que existan en la historia para transformarse en revolución proletaria mundial; que día tras día deseamos –y necesitamos- con todo nuestro ser “que ya se acabe toda esta mierda” capitalista que nos anula y mata a diario y cuya única promesa es extinguirnos como especie y como planeta.
Pero al mismo tiempo sabemos bien que la revolución no será un apocalíptico regalo de la historia al cual habremos de esperar sin hacer nada hasta que “estén dadas las condiciones”, ni tampoco que tendremos que autocomplacernos con una ideología y/o un estilo de vida supuesta e ilusamente “revolucionarios”.
Al contrario: dependerá de lo que, al calor y en el seno de las mismas luchas, hagamos -o no- como clase, como proletariado para reapropiarnos de las lecciones de los periodos revolucionarios anteriores y convertirlas en directrices prácticas para las luchas actuales y futuras, y sobre todo para constituirnos en fuerza real, autónoma, revolucionaria y contundente, de magnitud internacional e histórica, a fin de combatir, destruir y superar para siempre esta inhumana sociedad de clases –y sus representantes- y, en cambio, gestar y desarrollar libre, plenamente la comunidad humana mundial... En fin, dependerá de lo que hagamos –o no- para luchar por defender e imponer nuestras necesidades humanas contra las del capital, para emanciparnos totalmente, para la libertad y la vida humana reales, para la revolución hasta el fin, para el comunismo y la anarquía.
Todo esto a contracorriente y con intransigencia, con pasión y coraje, con compromiso y seriedad, metiendo toda nuestra sangre en ello. Porque, hoy más que nunca, con la revolución social los proletarios no tenemos nada que perder más que nuestras cadenas; tenemos, en cambio, una verdadera vida que ganar y que vivir.
Hermanos/as proletarios/as: esta revista es un pequeño esfuerzo teórico-práctico internacional e internacionalista que apunta a la crítica radical de este mundo para subvertirlo, es una expresión y una herramienta –más- de y para la lucha revolucionaria de nuestra clase contra la bestia capitalista. Les alentamos y les agradecemos entonces su discusión, reproducción y difusión por todos los medios y latitudes posibles.

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Ver también las Pegatinas

12 de enero de 2015

Comunismo nro. 64: Comunidad de Lucha y Partido

Recibimos, publicamos y alentamos su lectura, discusión y difusión:

COMUNISMO N° 64 (Diciembre 2014) 
Órgano central en castellano del GCI
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Sumario:

  • Presentación: los viejos borradores
  • Primera parte: Comunidad de lucha y partido comunista
  • Segunda parte: La actividad internacional de nuestro pequeño grupo
  • Anexo: Militancia Clasista Revolucionaria y Emancipación Obrera
  • Postfacio
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«A través de las fracciones comunistas el proletariado condensa sus experiencias y las transforma en directivas del accionar futuro; mejor dicho, el comunismo va gestando su dirección histórica...

Tratamos de expresar aquí con todas las dificultades que presenta el lenguaje lógico formal y burgués, en la forma más precisa posible la cuestión del sujeto de la revolución, y al mismo tiempo nuestro concepto de comunismo, que para nosotros no es ningún ideal a aplicar, sino el movimiento de destrucción de la sociedad del capital y la sociedad que resulta de esa negación práctica. Así, contrariamente a lo que cree el idealista el verdadero sujeto de la revolución no es el individuo genial con su consciencia y su voluntad; no lo es tampoco el grupo de militantes, a pesar de que su acción como dirección histórica sea decisiva, más aún ni siquiera lo es el proletariado entero en tanto que grupo de obreros. Solo lo es el proletariado en tanto que fuerza constituida, en tanto que Partido, en tanto que centralidad orgánica comunista que destruye el orden establecido. No es tampoco la dirección la que hace del proletariado «tradeunionista» una fuerza revolucionaria, como cree el socialdemócrata, sino por el contrario es el proletariado como fuerza revolucionaria (no en el sentido inmediato sino histórico, no en el sentido contingente o local, sino general e internacional) el que determina la creación de una dirección revolucionaria. En fin, y aunque resulte más chocante a la ideología dominante, dado que nos situamos a un nivel de abstracción superior: no son los comunistas o el proletariado quien hace del movimiento social un movimiento comunista, sino por el contrario es el comunismo en tanto que movimiento histórico, que encuentra, por primera vez en la historia, en el proletariado una clase verdaderamente revolucionaria para imponerlo como negación efectiva, es el comunismo quien coopta los elementos históricamente más decididos de la clase, a aquellos que siempre ponen adelante los intereses del conjunto del proletariado ... como dirección del partido y la revolución a venir.»

GCI, Tesis de orientación programática
[Textos de la portada y la contraportada]

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Presentación (extractos)

A pesar de que aún vivimos una fase de reconstitución embrionaria del proletariado (fase sectaria por excelencia), a pesar de las insuficiencias, las debilidades, las experiencias parciales, el desconocimiento de la obra de las fracciones comunistas, etc., y aunque más no sea en forma embrionaria, vuelve a sentirse hoy, en todo el mundo, la necesidad de la centralización internacional, de constituir una sola dirección internacionalista y comunista. 
Tesis de orientación programática, numero 55, del Grupo Comunista Internacionalista

La comunidad de lucha internacional del proletariado puja para su estructuración en fuerza. El proletariado, cuyo certificado de defunción habían expedido todas las ideologías, los partidos y los Estados, reemerge en contraposición a la catástrofe de la sociedad capitalista. Sin embargo, las revueltas todavía no se transforman en revolución, en la misma lucha se siente que falta perspectiva, organización, continuidad, teoría revolucionaria.

Ante la necesidad del proletariado de constituirse en clase y por lo tanto en partido mundial, resulta más indispensable que nunca afirmar y asumir ese proceso. Necesitamos conocer nuestro pasado, fortificar nuestra teoría y dirección en el presente, para afirmar el quehacer revolucionario, hacia la organización de la comunidad de lucha del proletariado y la revolución social internacional.

En este contexto, presentamos aquí un conjunto de materiales sobre la comunidad de lucha del proletariado, que se inscriben en nuestra rúbrica «Borradores y manuscritos» tal como la habíamos presentado en el número 31 de la revista Comunismo («CONTRA EL ESTADO») de 1992 . Para entender las razones por las que publicamos materiales inacabados, en diversas versiones que corresponden a veces a expresiones sucesivas, transcribimos aquí la presentación a dicha rúbrica, tal como la hacíamos entonces (Ver recuadro). Además nos parece que es una de las mejores explicaciones efectuadas sobre porqué las afirmaciones programáticas son procesos, y no tesis acabadas, y las dificultades inherentes a exponer en formas de tesis lo que solo puede apropiarse como proceso de lucha práctico.

Los materiales son productos de diferentes períodos históricos (principalmente la primera década de la existencia del GCI: la década de los 80) y de diferentes polémicas y contradicciones que se desarrollaron en todas las latitudes. Como tales constituyen una especie de rompecabezas.

El texto fundamental que fue redactado entre 1986 y 1988, llevaba como título COMUNIDAD DE LUCHA Y PARTIDO; por lo que decidimos llamar con dicho título a la globalidad y también nombramos así el conjunto de la revista.

Siendo demasiado extenso el material de referencia (los proyectos de publicaciones, los textos internos, las polémicas, los borradores sucesivos, los cambios, las clarificaciones y la lucha para seguir afirmando y afinando las formulaciones) estábamos obligados a elegir lo que considerábamos más importante programáticamente, lo más claro, lo mejor formulado, lo más necesario. Ello nos llevó, a seleccionar pedazos de diferentes borradores o afirmaciones efectuadas a través de los años, constituyendo una especie de rompecabezas de diferentes textos, versiones, lenguas y años.

El lector verá que a veces publicamos hasta dos versiones del mismo texto, en la medida en que constituyen aportes diferentes en el mismo proceso. Así por ejemplo, cuando estaba la cosa bastante preparada para publicar, encontramos una versión primitiva de la introducción al texto «Comunidad de lucha y partido», que era muy anterior, y nos pareció enriquecedor meter un pedazo del mismo casi como introducción. Decidimos ponerlo en un recuadro, porque releyéndolo colectivamente en la actualidad nos pareció que no se podía perder esa piecita del rompecabezas. El lector podrá comparar y armar ese rompecabezas, apropiándose de los diferentes niveles y aportaciones y a la vez captar mejor el proceso complejo y contradictorio por el cual se han ido afirmando las tesis más claras. […] 

Describir a contracorriente el proceso por el cual la clase explotada y oprimida se organiza para dejar de serlo es una batalla contra miles de prejuicios e ideologías que deforman ese proceso para impedirlo. La misma descripción y formulación es difícil, dura, contradictoria... porque es ruptura, lucha, contraposición, pelea, guerra de clases. Porque del otro lado del planeta, las cosas tienen miles de filtros ideológicos culturales.

Solo situándolo en esa batalla por la reapropiación teórica y programática, los materiales que resumen afirmaciones, teorías, adquieren toda su importancia como armas de lucha. Es con ese criterio que hemos preferido pelearnos, también, con las normas de exposición intelectual e insistir en hacer circular el estado actual del rompecabezas real que seguiremos armando. [...]

El lector comprobará [también] que el tema aquí tratado, puede abordarse a diferentes niveles de abstracción. La comunidad de lucha puede referirse a toda la historia del asociacionismo proletario, a la de las fracciones y las Internacionales...., o concretarse en lo que pasa en tal periodo y condiciones sociales...o todavía más concretamente ir a lo cotidiano: la acción del pequeño grupo de militantes revolucionarios que se van asociando en base a aquellas líneas históricas. Y de alguna manera hemos seguido en esta publicación varios de esos niveles, desde la explicación más abstracta de la lucha hasta la actividad práctica de nuestro pequeño grupo, pasando claro está por la lucha contra las falsas alternativas, las socialdemócratas, las unificaciones de organizaciones nacionales y el parlamentarismo y el congresismo.

En esta revista abarcamos al menos esos tres niveles: en la «primera parte» el nivel más abstracto sobre la comunidad de lucha y el partido del proletariado, explicando nuestra concepción global, en la « segunda parte » descendemos al nivel de la actividad internacional de nuestro pequeño grupo, partiendo de sus determinaciones principales y en el anexo ejemplificamos esos dos niveles en base a un ejemplo concreto en la década de los ochenta, en donde exponemos las tentativas y contradicciones concretas que tuvimos con otros compañeros, grupos y espacios militantes. En todos esos niveles se pone en evidencia la lucha revolucionaria contra todas las falsificaciones y concepciones democráticas y sus concepciones: contra la socialdemocracia, contra el dualismo clase-partido, contra el congresismo, contra la organización en secciones nacionales... El programa revolucionario solo puede afirmarse como contraposición al programa de la socialdemocracia para los proletarios.

Desde nuestro punto de vista, lo más importante es no partir nunca de la experiencia inmediata para teorizar sobre «el Partido» (confundiendo el Partido con el puñado de compañeros o la redacción de una o varias publicaciones) para entender la totalidad; sino al revés, comenzar por las determinaciones históricas y globales*, comprender (o mejor dicho asumir) el comunismo como sujeto resurgiendo en contraposición a toda la sociedad burguesa (asumiéndose como parte de un proceso histórico), en sus diferentes afirmaciones, luchas, coordinaciones, internacionales, centralizaciones. Solo así se puede situar, sentir, vivir..., su propia práctica militante en el proceso de constitución proletariado en partido. La ida y vuelta entre esos niveles de abstracción, del que trataremos en todo este número de la revista Comunismo, ha sido en nuestro caso algo eminentemente práctico y como tal un complejo proceso contradictorio.

En todos los contactos y discusiones internacionales este tema estuvo, está y estará en el tapete, se discute a todos los niveles y es verdad que en nuestra revista central no habíamos publicado gran cosa. Nosotros, que desde que existimos «jodemos tanto» con la «comunidad de lucha» como expresión concreta, nunca habíamos hecho ninguna globalización pública de nuestra toma de posiciones al respecto. Si exceptuamos la lucha contra el conferencialismo y el congresismo durante, y contra, las Conferencias que organizaban algunas organizaciones (ver más adelante) que se consideraban de la «izquierda comunista» y a lo que le habíamos contrapuesto una proposición de coordinación basada en criterios prácticos de comunidad de acción y lucha, no habíamos escrito otros materiales.

Si bien durante más de 3 décadas habíamos llevado una lucha práctica en ese sentido y había toneladas de papeles en los que se discutía sobre la organización de la clase en partido, no habíamos hecho pública nuestra explicación global, lo que los compañeros más dinámicos de nuestra comunidad de lucha nos reclamaban. «Hay que tomar posición sobre el tema», «hay que explicar lo más globalmente posible nuestra posición sobre la comunidad de lucha»...etc., lo oíamos y repetíamos durante estas tres décadas sin que supiésemos bien cómo encarar la cosa, es decir cómo transformar esa masa desordenada e inacabada de materiales que estaban en los sótanos, en algo legible, utilizable y sobretodo que respondiera a la necesidad que los sectores más dinámicos del proletariado estaban y están expresando cada vez más.

Como en muchos otros temas de fondo, lo que se publicaba era una ínfima parte. Aunque en el caso de la constitución del proletariado en clase y por lo tanto en partido, puede haber obrado la poca atracción que teníamos por hablar y publicar sobre el «partido». Sin dudas, eso era el producto de nuestra repugnancia con respecto a «los partidistas», para quienes la palabra «partido» equivale a «dios» para un creyente y es usada de la misma manera y la misma cantidad de veces. Cuanto más hablaban de partido menos asumían las tareas elementales de organización de la clase (como sucedió con las sectas bordiguistas), cuanto más se creían el «partido» menos eran capaces de afirmar, en su práctica, el programa revolucionario de destrucción del capital y se escindían en sectas que no tenían [ni tienen] nada de internacionalistas.

Volviendo a nosotros, lo que resulta indiscutible es que las tareas vitales de la lucha y la organización de todos los días nos fueron alejando de las tareas teóricas esenciales en cuanto a continuar explicando el proceso de lucha y organización del proletariado internacional, o si se quiere, el desgaste militante a contracorriente ha sido tan fuerte y doloroso que no fuimos capaces de continuar con los niveles más altos de teorización y globalización de ese mismo problema. E incluso, aquellos materiales fundamentales que habían sido elaborados colectiva e internacionalmente durante décadas lo habíamos dejado pudriéndose en los sótanos.

¿Cómo fue que decidimos desempolvar esos viejos manuscritos? La verdad es que nuestras dificultades prácticas, la inmensidad de nuestras tareas en relación a lo limitadísimo de nuestras fuerzas, siempre hacía que las discusiones se parcializaran o se focalizaran en momentos históricos de las grandes experiencias de la clase o más limitadamente en los problemas organizativos de nuestra propia experiencia inmediata. Otra verdad es que quienes habían producido aquellos materiales ni los sacaban o utilizaban como merecían, tal vez porque como todos los militantes nos dejamos absorber por los problemas prácticos de la organización y la lucha «aquí y ahora», olvidando que la publicación de esos materiales era una necesidad actual, de nuestra clase, de nuestra comunidad de lucha. 

También ahí hubo un proceso contradictorio, y hasta si se quiere desde las necesidades de la clase hacia nuestro grupo. Fueron los «contactos» internacionales los que actuaron como vanguardia, fueron los compañeros más «lejanos» y «nuevos», al principio, que pedían conocer lo que se había producido… En una y mil discusiones lograron remover las estructuras del grupo y exigir que pusiéramos a disposición esos viejos borradores. En la última década volvieron a circular pedazos y/o versiones de esas discusiones centrales [...]

En síntesis, las dificultades para hacer que todo ese esfuerzo colectivo internacional de décadas sirva a las generaciones actuales y futuras, eran tantas que hacer de «eso» algo publicable era visto, por nosotros, como una tarea tan gigantesca y titánica como inasumible. El elemento dinamizador que rompió esa parálisis fue la demanda de discusión sobre temas que la clase volvía a poner sobre el tapete, y poco a poco los compañeros más dinámicos empezaron a leer, comentar, utilizar. De a poco, durante la última década, se buscó hacer más legibles algunos de esos materiales (escaneados, digitalizaciones, traducciones...) y una parte de aquellos viejos borradores fue comenzando a ser comprendida, discutida y utilizada. Ese proceso permitió que, juntos, fuéramos revalorizando los viejos papeles y ficheros. Algunas cosas se empezaron a discutir de nuevo, y luego hubo propuestas de dar a conocer una parte de ellos. Incluso, en esta selección, el proceso fue en el mismo sentido: fueron las necesidades sentidas por compañeros que se iban incorporando a ese proceso de asociación y discusión, que señalaron la importancia de tal o cual material y que consideraron que otros no se podía publicar así, porque no aportaban gran cosa. [...] 

[Así pues,] sobre el tema comunidad de lucha y partido, junto a esos compañeros que se fueron incorporando en la última década a ese proceso, fuimos entendiendo que SÍ, que había elementos importantísimos para llenar ese gran vacío que existe en el mundo sobre como comprender el proceso de constitución del proletariado en fuerza de destrucción de la sociedad burguesa.

Aunque tal vez debiéramos comenzar diciendo (como en otros temas) que se trata de materiales que ponen en evidencia lo que NO es el partido del proletariado o mejor dicho sobre las vías que no hay que seguir, porque en vez de ser aportes a la revolución son trabas a ese proceso. En efecto el material aquí presentado es antes que nada una crítica de las concepciones dominantes sobre la cuestión:


  • crítica de la separación entre clase y partido.
  • crítica de las concepciones educacionistas (portadoras de la consciencia).
  • crítica del democratismo, del congresismo…


* Aquí hacemos referencia a la comprensión teórica y a su exposición. Pero para que no nos entiendan idealistamente, aclaremos que el verdadero punto de partida es siempre la vida, la lucha, la experiencia [, la práctica]. Es a partir de ella que se extraen conclusiones, que se teoriza...; todo lo que a su vez se vuelve a contrastar con otras experiencias...(propias o de otras generaciones)...y se va delimitando la comprensión, la teoría, las directivas, etc.