17 de marzo de 2020

Contagio – n+1

Informe de la tele-reunión de N+1 del 10 de marzo de 2020. Trad: Antiforma.

Mapa mundial del contagio de Coronavirus (Fuente: BBC, 12 de marzo de 2020)

La tele-reunión del martes por la tarde, con 16 camaradas presentes, se inició comentando las nuevas disposiciones que el gobierno italiano ha tomado para evitar la propagación del coronavirus.
A pesar de los llamamientos que la OMS para la responsabilidad y coordinación internacionales (porque el virus no se detiene en las fronteras), los Estados están adoptando medidas contradictorias sin ninguna forma de cooperación. Italia ha pasado de un alarmismo inicial a una minimización general del fenómeno, para a continuación poner en cuarentena a toda la población. Alemania, Francia, Inglaterra y España, donde ya hay miles de casos, actúan de forma dispersa. Paolo Giordano en el artículo La linea temporale che è stata trascurata señala que "el contagio, una vez iniciado en una zona, procede de manera similar a lo que ha sucedido o sucederá en otra parte".
Los países europeos han desarrollado sistemas nacionales de salud que funcionan, pero si miramos a los Estados Unidos el escenario cambia completamente: allí, desde el punto de vista de la protección médica, la estructura es deficiente y está en manos privadas. New Rochelle, un pequeño pueblo en las afueras de Nueva York considerado una zona roja, ha quedado completamente aislado y desde el jueves los soldados de la Guardia Nacional ayudarán en el rescate y manejo de emergencias sobre un área de ocho kilómetros cuadrados.
A menos que se adopten medidas coordinadas entre las naciones, la situación sanitaria y social corre el riesgo de estallar. El mundo está "mal" dividido en cuanto a la distribución de la población: hay ciudades de 30 millones de habitantes y zonas completamente desiertas. Las metrópolis tienen intrínsecamente un problema logístico, incluso sin la presencia de virus letales. Y es obvio que los prisioneros no se sienten cómodos tras las rejas mientras una enfermedad infecciosa hace estragos: la prisión es el clásico eslabón débil de la cadena, el que salta primero. En China han puesto a decenas de millones de personas bajo arresto domiciliario, sacrificando a los enfermos más graves y bloqueando zonas enteras del país. Algo similar está ocurriendo en Italia: si no se cuenta con suficientes camas disponibles en los centros de cuidados intensivos, se dará prioridad a los pacientes con mayores posibilidades de salvarse y se dejará a los demás a su suerte. El sistema de Protección Civil y el Ministerio de Salud también prevén la transformación progresiva de los hospitales en centros dedicados especialmente a los infectados, con el traslado de los demás pacientes a otras instalaciones.
En muchos casos la infección por Covid-19 es asintomática y durante algunos días no muestra signos de estar presente en el portador; la única forma de contrarrestarla es separar a las personas. En pocas semanas China ha pasado de un porcentaje muy elevado de propagación a una clara mejora en el frente de contagio gracias a la subdivisión del territorio en cuadrículas y a la limitación de la movilidad incluso dentro de cada zona individual (en algunos lugares sólo se permitía que un individuo por familia saliera de compras cada tres días). Se ha llegado incluso a rastrear mil millones de teléfonos móviles para cartografiar los movimientos de los ciudadanos.
La acumulación de problemas (situación económica, competencia entre países, colapso de la producción industrial, etc.) encontró en la propagación de la epidemia una solución discontinua. La realidad marcha a su propio ritmo y la gente se ve obligada a perseguirla, especialmente cuando se acelera. Las burguesías están obligadas a hacer algo, no pueden permitirse el lujo de dejar que colapsen países enteros, y por lo tanto tendrán que poner en marcha mecanismos automáticos de salvaguardia. Una vez que hayan logrado ciertos resultados no habrá vuelta atrás y los resultados políticos y sociales se van a apoderar de quienes los pusieron en marcha. El mundo ya no será el mismo que antes, dicen muchos observadores políticos, y es evidente que ciertas medidas de control social continuarán durante mucho tiempo y probablemente se harán permanentes.
Ya antes de la propagación del virus se esperaba una recesión mundial debida a la oleada de bajo crecimiento de China y Alemania, a la que se añadió el Brexit, la situación económica comatosa del Japón y, en general, la muy peligrosa (para el capitalismo) tendencia a cero cero de las principales economías mundiales. Por lo tanto, la salud está entrelazada con los aspectos económico, financiero y social. La solución a esta gran crisis no puede venir ciertamente de un capitalismo moribundo y sin energía, sino únicamente del futuro, de n+1. Para nosotros, el comunismo es el "verdadero movimiento que suprime el estado actual de las cosas", y es imposible que no se manifieste también en aspectos que la burguesía considera internos a su sistema: "Por otra parte, si no pudiéramos ver ya ocultas en esta sociedad -tal como es- las condiciones materiales de producción y las relaciones entre los hombres correspondientes a una sociedad sin clases, cualquier esfuerzo por hacerla estallar sería quijotesco" (Marx, Grundrisse).
Durante la Segunda Guerra Mundial la burguesía estableció un inmenso sistema de organización para la producción de armas. Por lo tanto, sabe cómo organizar la producción (taylorismo y organización científica del trabajo), sabe cómo obtener un resultado de la mejor manera posible, y si duda es porque no puede dar una respuesta unívoca y unitaria, estando dividida en diferentes nacionalidades. La OMS se ha estado preparando durante decenios para escenarios de pandemia, sabe cómo comportarse, y cada día compila un informe detallado sobre la situación país por país en el que sugiere a los diversos ministerios de salud las medidas que deben adoptarse. Tiene una visión clara de cómo intervenir, pero no tiene poderes ejecutivos para hacerlo.
Es esencial estudiar el origen de los virus, que no son organismos vivos pero que sólo pueden reproducirse explotando a otros. Analizar el virus significa observar el nacimiento de la vida: a partir del caldo primigenio las moléculas se han combinado para auto-replicarse y han sido capaces de desarrollarse y evolucionar. Como observó David Quammen (autor del libro Spillover. The Evolution of Pandemics) en una entrevista dada al Huffington Post, "lo que otros ven como una venganza de la naturaleza, yo lo describiría así: los ecosistemas complejos son el hogar de animales, plantas, hongos, bacterias y otros organismos celulares; y todos estos organismos celulares son el hogar de los virus. Si decidimos comprometerlos, lo hacemos a nuestro propio riesgo". El hombre capitalista tiene una práctica depredadora hacia el hábitat terrestre, no debe sorprenderse cuando el medio ambiente lo "ataca" de vuelta y desencadena pandemias.
Luego está el gran problema del aislamiento: esta es la sociedad del movimiento, en la que el hombre se mueve al ritmo de las máquinas, de los medios de producción, y es prácticamente imposible que los virus no los sigan. La actual desaceleración del tráfico de mercancías es mortal para la economía, pero sin "distanciamiento social" no se puede detener el contagio. Las bolsas también están sufriendo: en Europa, tan sólo el lunes 9 de marzo desaparecieron 600 mil millones de euros. La autonomización del Capital avanza rápidamente y en pocos días una gran cantidad de capital ficticio que esperaba una (imposible) valorización futura se ha esfumado.
Tras la propagación de la epidemia de coronavirus, en Italia se produjeron las primeras huelgas en fábricas y almacenes logísticos. En la FCA de Pomigliano los trabajadores se cruzaron de brazos espontáneamente. Los confederales están empezando a cambiar su posición con respecto a lo que decían hace unos diez días (véase el comunicado de los "actores sociales"), y han planteado el problema de la salud de los trabajadores en el lugar de trabajo.
Al final de la tele-reunión hablamos de lo que está sucediendo en Chile en los últimos tiempos. En Santiago, durante meses, cientos de miles de personas han estado tomando las calles ininterrumpidamente. Las tiendas y los bancos están cerrados o han puesto sistemas de protección armados, y la vida comercial del país está casi paralizada. "No se puede vivir así" es uno de los eslóganes que aparecen en las murallas de la ciudad. La feroz represión ha dado lugar a más de 30.000 detenciones y alrededor de 30 muertes, pero las manifestaciones no disminuyen. A pesar de la violencia de la policía, el clima es más bien alegre: a una situación totalmente invivible, con el 60% de la población en la pobreza, se responde con aglomeraciones diarias en las calles y plazas.
La crisis es sistémica y sólo puede producir efectos sistémicos. Cada vez hay menos espacio para la ideología, los desfiles sindicales y las reuniones de jefecillos; las masas chilenas, como las colombianas, se han rebelado contra una "vida sin sentido". El Líbano está técnicamente en bancarrota y el primer ministro ha admitido ante las cámaras que el país ya no puede pagar sus deudas; la desastrosa situación económica ha provocado manifestaciones y enfrentamientos con la policía en Beirut y Trípoli. También en Iraq continúan los enfrentamientos y las muertes: desde el comienzo de la protesta, la policía y los escuadrones de la muerte han matado a cientos de manifestantes.
Como Roberto Vacca escribió en su famoso ensayo Il medioevo prossimo prossimo prossimo, estamos asistiendo a la decadencia de los grandes sistemas. En otras palabras: la sociedad capitalista se está derrumbando debido a sus defectos intrínsecos. La propagación de enfermedades, los motines carcelarios, el colapso de la salud pública, los asaltos a supermercados, la huida lejos de las metrópolis que en momentos de desastre son vistas como trampas, anticipan escenarios catastróficos. La película Contagion (2011) de Steven Soderbergh se ha vuelto viral en la web en los últimos días. La película trata de una gigantesca epidemia que ha estallado en China a causa de un virus nacido del nefasto mestizaje entre un murciélago y un cerdo, enfermedad que se propaga rápidamente a nivel mundial causando un caos social y millones de víctimas. Si la industria cinematográfica produce este tipo de películas es porque hay un determinismo que la lleva a eso. Evidentemente, se está abriendo camino la percepción de un mundo que, si hasta ayer se consideraba seguro, hoy parece ser una fuente de profunda incertidumbre.

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Relacionado y recomendado: Contagio social: guerra de clases microbiológica en China – Chuang (febrero 2020)

16 de marzo de 2020

En el vórtice de la anarquía mercantil – n+1

Informe de la tele-reunión del grupo N+1, realizada el martes 3 de marzo de 2020 (extractos). Trad: Antiforma.

(...) El 27 de febrero pasado el periódico Avvenire publicó un artículo firmado por dos virólogos, profesores del Departamento de Ciencias Veterinarias de Turín (No es la peste, pero tampoco la gripe. Ese es el por qué"), en el que advertían sobre el riesgo de subestimar la epidemia:
«La verdad es que nadie sabe cómo terminará. El principio de prevención, si es bien aplicado, nunca sería lo bastante apreciado si el problema sanitario no se produce. Pero una subestimación del peligro, en presencia de una epidemia fuera de control, desencadenaría una revolución.»
The Economist tituló su última edición, El virus está llegando, ofreciendo la certeza de que la enfermedad se está expandiendo a nivel mundial y avanzando la hipótesis de que "entre el 25 y el 70% de la población de cualquier país infectado podría contraer la enfermedad". Las epidemias de Sars y Mers fueron mucho más virulentas, pero al eliminar a sus huéspedes humanos no tenían cómo propagarse por todo el mundo. El coronavirus es menos mortal y, por lo tanto, tiene una mayor prevalencia. El Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo:
«A nivel mundial, alrededor del 3,4% de los infectados con Covid-19 han muerto. En comparación, la gripe mata a menos del 1% de los infectados.»
Por ahora no hay vacuna y, como dice la OMS, hay que prepararse para una pandemia. Los problemas de salud se ven agravados por problemas económicos y sociales: el sistema de salud de los Estados Unidos, por ejemplo, se encuentra desmantelado y en manos privadas, y no dispone de los instrumentos necesarios para responder a una epidemia: allí los vendajes se pagan y cuestan caro. Ahora bien, si la población no es atendida adecuadamente, es muy probable que se rebele.
En el modelo matemático esbozado por Paolo Giordano en el Corriere della Sera (Coronavirus, la matemática del contagio que nos ayuda a razonar en medio del caos), la fórmula utilizada es simple: hay un número llamado R0 que indica a cuánta gente en promedio contagia cada individuo infectado: si ese número es menor que 1 la enfermedad se detiene por sí sola, si es mayor el contagio crece. El R0 del Sars-CoV-2, el virus que causa el Covid-19, se estima en alrededor de 2,2.
China ha logrado contener la propagación del virus con medidas de aislamiento que afectan a 60 millones de personas, de las cuales 11 millones se concentran en la ciudad de Wuhan. Como señala el Instituto Superior de Salud de Italia, sólo con medidas de "distanciamiento social" se puede aminorar la velocidad de propagación del coronavirus, empujando el pico epidémico hacia adelante en el tiempo y reduciendo su altura, de modo que los casos se multipliquen a lo largo de un período de tiempo más extenso. Lástima que el capitalismo sea un sistema basado en intereses antagónicos, donde la salud de la especie es menos importante que la ganancia. Por un lado, la OMS, un organismo internacional centralizado, pide acciones coordinadas; por otro, los estados nacionales se mueven de forma descoordinada (dicho sea de paso: en 2018 la OMS había informado ya sobre el riesgo de aparición de una "enfermedad X" causada por un virus desconocido).
El capital crea organismos mundiales para responder a los desafíos mundiales, pero se encuentra con burguesías incapaces de unirse y hacer un frente común (contra el virus). El comité científico invocado por el Primer Ministro italiano ha elaborado nuevas normas que se difundirán en las próximas horas: se trata de indicaciones relativas a las distancias que deben observarse entre las personas, el comportamiento que a mantener en lugares públicos y las medidas higiénicas que deben respetarse. Los médicos piamonteses, en un comunicado, invitan a no bajar la guardia sobre el coronavirus, pero las indicaciones científicas no se llevan a la práctica porque hay intereses económicos que proteger: los cines, los museos, las tiendas y las fábricas deben permanecer abiertas y seguir bombeando plusvalía.
(...)
Los actores sociales unidos corporativamente para salvar la economía nacional hacen eclipsar las medidas tomadas para limitar la propagación del virus y, al hacerlo, hacen avanzar el problema empeorándolo. Este sistema no está listo para enfrentar una emergencia de esta naturaleza, porque es absorbido por el vórtice de la anarquía mercantil. Dicho esto, varias empresas están haciendo trabajar a sus empleados de forma inteligente, desde casa, y se están llevando a cabo experimentos para la educación de los estudiantes a través de plataformas de Internet, puestas en práctica en China y ahora también en Italia. Las medidas de contención del Covid-19 han ayudado a reducir las emisiones de dióxido de carbono en China en 100 millones de toneladas: esto demuestra que gran parte de los desplazamientos innecesarios hacia y desde el lugar de trabajo pueden ser eliminados inmediatamente. «Reducir la congestión vial, su velocidad y su volumen prohibiendo el tráfico innecesario» es el punto G de El programa revolucionario inmediato (reunión de Forli, 1952), que desarrollamos en el artículo Evitar el tráfico innecesario.
El largo proceso de disolución del capitalismo experimenta a veces aceleraciones repentinas que en pocas semanas producen saltos adelante que en otras circunstancias habrían tomado años. Lo que falta hoy es un gobierno mundial: el sistema de naciones, de intereses económicos opuestos, impide la realización de un plan de vida para la especie.
La forma social actual se muestra cada vez más disipativa e irracional, y de hecho Marx en sus Manuscritos de 1844 enfatiza que la próxima será una revolución a título humano, porque «Este comunismo es, como completo naturalismo = humanismo, como completo humanismo = naturalismo; es la verdadera solución del conflicto entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la solución definitiva del litigio entre existencia y esencia, entre objetivación y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y género. Es el enigma resuelto de la historia y sabe que es la solución.»
La burguesía no sólo no piensa en un plan para la especie, sino que, aplastada como está por las necesidades conflictivas de valorización de los capitales individuales, encuentra dificultad en realizar siquiera una planificación económica nacional.
Dado que las catástrofes ambientales, sanitarias y humanitarias (como la emergencia de los migrantes en la frontera greco-turca) no hacen más que multiplicarse, de esta sociedad surgirá la necesidad de un partido que no tenga como objetivo reformar lo existente ni hacer política, sino que tenga una perspectiva más amplia. La mayoría de los discursos que proliferan en los círculos tercerainternacionalistas se refieren a cuestiones de detalle como la lucha sindical o qué consignas lanzar al proletariado, temas menores en comparación con lo que está hirviendo en la olla. En relación con la actual epidemia, muchísimos izquierdistas se extravían en imprecisas teorías de la conspiración o minimizan acríticamente el problema, y nadie parece darse cuenta realmente de cuán fuera de control está el sistema.
Retomando lo que escribimos en la revista # 46 (¿Se acabó el futuro?), y traduciendo al lenguaje corriente la suposición de Marx sobre el 48 en Francia, afirmamos que se está preparando un gigantesco reinicio en el computador de la revolución. Quienes no están sintonizados con el futuro están destinados a extinguirse.

15 de febrero de 2020

Epílogo - Endnotes #1

(Sobre la autoabolición del proletariado como clave de la revolución entendida como comunización en esta época)

Endnotes # 1, octubre de 2008: materiales preliminares para un balance del siglo xx


El debate que hemos reproducido aquí entre Théorie Communiste (TC) y Troploin (Dauvé y Nesic) gira en torno a la cuestión fundamental de cómo teorizar la historia y la actualidad de la lucha de clases y de la revolución en la época capitalista. Como subrayamos en la introducción, ambas partes del debate surgieron del mismo medio político en Francia durante el período subsiguiente a los acontecimientos de 1968; ambos grupos comparten, hasta el día de hoy, una concepción del movimiento que suprime las relaciones sociales capitalistas como movimiento de comunización. Según esta visión común, la transición al comunismo no es algo que sucederá después de la revolución. Al contrario, la revolución como comunización es en sí misma la disolución de las relaciones sociales capitalistas a través de medidas comunistas adoptadas por el proletariado que, además de destruir el Estado, supongan la abolición de la forma empresa, la forma mercancía, el intercambio, el dinero, el trabajo asalariado y el valor. La comunización, pues, es la producción inmediata del comunismo: la autoabolición del proletariado a través de la abolición por parte de éste del capital y el Estado.
Lo que distingue claramente la posición de TC de la de Troploin es la forma en que ambos grupos conciben la producción, o la producción histórica, de este movimiento de comunización. Ninguno de los dos fundamenta la posibilidad de éxito de la revolución comunista en una decadencia «objetiva» del capitalismo [como arguye la Corriente "Comunista" Internacional-CCI]; ahora bien, la concepción de la historia de la lucha de clases que tiene Troploin, al igual que gran parte de la ultraizquierda en general, es la de un antagonismo fluctuante entre las clases, un flujo y reflujo de la lucha de clases de acuerdo con las contingencias de cada coyuntura histórica. En esta concepción más amplia, la lucha revolucionaria del proletariado parece sumergirse o se sumerge efectivamente en algunos momentos de la historia, sólo para volver a surgir en otros «picos» (por ejemplo 1848, 1871, 1917-1921, 1936, 1968-1969). Desde este punto de vista, en la actualidad estamos viviendo una recesión prolongada de la lucha de clases (al menos en los países capitalistas avanzados), y es cuestión de esperar a la próxima reaparición del movimiento comunista o a que el proletariado revolucionario lleve a término su labor subversiva: «¡Bien has hozado, viejo topo1
Así pues, para Troploin, el comunismo como comunización es una posibilidad siempre presente (aunque a veces sumergida), y aunque no exista garantía alguna de que se convierta en realidad, es un invariante de la época capitalista. Por el contrario, para TC la comunización es la forma específica que la revolución comunista debe adoptar en el ciclo de lucha actual. A diferencia de Troploin, pues, TC es capaz de basar de forma autorreflexiva su concepción de la comunización en la comprensión de la historia del capitalismo bajo la forma de ciclos de lucha.
CICLOS DE LUCHA Y FASES DE ACUMULACIÓN
TC historiza la relación contradictoria entre capital y proletariado sobre la base de una periodización de la subsunción del trabajo por el capital que distingue entre ciclos de lucha que corresponden a cambios cualitativos en la relación de explotación. Para TC esta historia está compuesta por tres periodos identificables en términos generales: (1) la subsunción formal, que terminó hacia 1900, (2) la primera fase de la subsunción real, que va desde 1900 hasta la década de 1970, y (3) la segunda fase de la subsunción real, que abarca desde 1970 hasta el presente.
Es importante destacar que para TC la subsunción del trabajo bajo el capital no es una mera cuestión de organización técnica del trabajo en el proceso de producción inmediato, en la que la subsunción formal va de la mano de la extracción de plusvalor absoluto (a través de la prolongación de la jornada de trabajo) y la subsunción real va unida a la extracción de plusvalor relativo (mediante el aumento de la productividad mediante la introducción de nuevas técnicas productivas que permitan a los trabajadores reproducir el valor de sus salarios en menos tiempo y producir así más plusvalor en una jornada de trabajo de una magnitud dada). En la concepción de TC, el carácter y magnitud o grado de subsunción del trabajo bajo el capital también están determinados, y quizás de modo fundamental, por la forma en que ambos polos de la relación capital-trabajo, es decir, capital y proletariado, se relacionan entre sí en tanto clases de la sociedad capitalista. Así, para TC, la clave de la historia del capital es el cambio en el modo de reproducción de las relaciones sociales capitalistas como totalidad en función de la evolución dialéctica de la relación entre las clases. Por supuesto, en sí misma esta evolución está intrínsecamente ligada a las exigencias de la extracción de plusvalor. En resumen, para TC la subsunción del trabajo por el capital media y está mediada por el carácter histórico concreto de la relación de clase a nivel de la sociedad en conjunto.
Hay algo problemático tanto en la forma en que TC utiliza el concepto de subsunción para periodizar el capitalismo, como en el hecho de que este uso oculta parcialmente uno de los aspectos más significativos de la evolución de la relación de clase, que por lo demás su teoría sitúa en primer plano. En sentido estricto, la subsunción formal y real del trabajo en el capital sólo conciernen al proceso inmediato de producción. ¿En qué sentido, por ejemplo, podemos decir que todo aquello que está más allá del proceso de trabajo está realmente subsumido por el capital en lugar de meramente dominado o transformado por él2? TC, sin embargo, intenta teorizar bajo la rúbrica de estas categorías de la subsunción el carácter de la relación de clase capitalista per se en vez de limitarlo al modo en que el proceso de trabajo se convierte en proceso de valorización del capital. Sin embargo, a través de su discutible empleo teórico de las categorías de subsunción, TC consigue proponer una nueva concepción de la evolución histórica de la relación de clase. Dentro de esta periodización, el grado de integración de los circuitos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo tiene una importancia decisiva. El fundamento de la periodización histórica de la relación de clase es el grado en que la reproducción de la fuerza de trabajo, y por tanto la del proletariado como clase, está integrada en el circuito de autopresuposición del capital3.
El «período de la subsunción formal» de TC se caracteriza por una relación externa y no mediada entre capital y proletariado: la reproducción de la clase obrera no está plenamente integrada en el ciclo de valorización del capital. Durante este período, el proletariado constituye un polo positivo de la relación, y es capaz de afirmar su autonomía frente al capital al mismo tiempo que el desarrollo capitalista lo refuerza. No obstante, el poder cada vez mayor de la clase en el seno de la sociedad capitalista y su afirmación autónoma se contradicen cada vez más. Con el aplastamiento de la autonomía de los trabajadores durante las revoluciones y contrarrevoluciones posteriores a la Primera Guerra Mundial, esta contradicción se resuelve en un empoderamiento de la clase que resulta no ser otra cosa que el propio desarrollo capitalista. Este cambio cualitativo en la relación de clase marca el final de la transición de la época de la subsunción formal a la primera etapa de la subsunción real. A partir de ese momento la reproducción de la fuerza de trabajo queda plenamente integrada, si bien de forma muy mediada, en la economía capitalista, y el proceso de producción se transforma de acuerdo con los requisitos de la valorización del capital. En esta fase de la subsunción la relación entre capital y proletariado se está volviendo interna, pero mediada por el Estado, la división de la economía mundial en áreas nacionales y las zonas de acumulación orientales u occidentales (cada uno con sus modelos respectivos de desarrollo «tercermundista»), la negociación colectiva en el marco del mercado nacional de trabajo y los pactos fordistas que vinculan los aumentos salariales a los incrementos de la productividad.
Durante la etapa de la subsunción formal y la primera fase de la subsunción real, la positividad del polo proletario de la relación de clase se expresa en lo que TC llama el «programatismo» del movimiento obrero, cuyas organizaciones, partidos y sindicatos (ya sean socialdemócratas o comunistas, anarquistas o sindicalista-revolucionarios) fueron representativas del poder cada vez mayor del proletariado y defendieron el programa de la emancipación del trabajo y la autoafirmación de la clase obrera. En este ciclo de lucha, el carácter de la relación de clase durante la fase del movimiento obrero programático determina la revolución comunista como autoafirmación de uno de los polos de la relación capital-trabajo. Como tal, la revolución comunista no pone fin a la propia relación, sino que simplemente altera sus términos, y por tanto lleva en su seno la contrarrevolución en forma de gestión obrera de la economía y continuación de la acumulación de capital. La gestión descentralizada de la producción a través de consejos de fábrica, por un lado, y la planificación central del Estado obrero por otro, son dos caras de una misma moneda, dos formas que expresan el mismo contenido: el poder de los trabajadores como revolución y como contrarrevolución.
Según TC este ciclo de lucha quedó cerrado por los movimientos de 1968-1973, que señalan la obsolescencia del programa de emancipación del trabajo y de autoafirmación del proletariado; la reestructuración capitalista en el período subsiguiente a estas luchas y la crisis de la relación entre el capital y el proletariado arrastra o vacía de contenido las instituciones del viejo movimiento obrero. Los conflictos de 1968-1973, por tanto, marcan el comienzo de un nuevo ciclo de acumulación y lucha, que TC califica como segunda fase de la subsunción real, y que se caracteriza por la reestructuración capitalista o contrarrevolución entre 1974 y 1995, que altera fundamentalmente el carácter de la relación entre capital y proletariado. Desaparecen a partir de entonces todas las restricciones a la acumulación —todos los obstáculos a la fluidez y la movilidad internacional del capital— representadas por la rigidez de los mercados de trabajo nacionales, el bienestar, la división de la economía mundial en bloques de la Guerra Fría y el desarrollo nacional protegido que estos permitieron en la «periferia» de la economía mundial.
La crisis del pacto social basado en el modelo productivo fordista y el Estado del bienestar keynesiano engendró la financiarización, el desmantelamiento y reubicación de la producción industrial, el desmantelamiento del poder obrero, la desregulación, el fin de la negociación colectiva, las privatizaciones, el desplazamiento hacia el trabajo temporal y flexibilizado y la proliferación de nuevas industrias de servicios. La reestructuración capitalista mundial —la formación de un mercado laboral cada vez más global y unificado, la puesta en práctica de las políticas neoliberales, la liberalización de los mercados y la presión internacional a la baja sobre los salarios y las condiciones de trabajo— supuso una contrarrevolución cuyo resultado es que ahora capital y proletariado se enfrentan directamente entre sí a escala global. Los circuitos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo —circuitos a través de los cuales se reproduce la propia relación de clase— están ahora plenamente integrados: estos circuitos están relacionados internamente de forma inmediata. La contradicción entre el capital y el proletariado se ha desplazado ahora completamente al nivel de su reproducción como clases; a partir de este momento, lo que está en juego es la reproducción de la propia relación de clase.
Con la reestructuración del capital (que es la disolución de todas las mediaciones de la relación de clase) surge para el proletariado la imposibilidad de relacionarse de forma positiva consigo mismo frente al capital: la imposibilidad de la autonomía proletaria. De ser un polo positivo de la relación como interlocutor o antagonista de la clase capitalista, el proletariado se transforma en polo negativo. Su mismo ser en tanto proletariado, cuya reproducción está totalmente integrada en el circuito del capital, se vuelve exterior a sí mismo. Lo que define el ciclo de lucha actual, frente al anterior, es el carácter de la relación del proletariado consigo mismo, que ahora es de forma inmediata su relación con el capital. Como dice TC, en el ciclo actual la propia pertenencia de clase del proletariado se objetiva contra él como restricción exterior, como capital4.
Esta transformación fundamental del carácter de la relación de clase, que produce esta inversión de la relación del proletariado consigo mismo como polo de la relación de explotación, altera el carácter de la lucha de clases, y lleva al proletariado a poner en entredicho su propia existencia como clase del modo de producción capitalista. De ahí que para TC la revolución como comunización sea una producción histórica específica: es el horizonte de este ciclo de lucha5.
UNA SUPERACIÓN PRODUCIDA
Para TC, la relación entre capital y proletariado no es una relación entre dos sujetos distintos, sino una relación de implicación recíproca en la que ambos polos de la relación se constituyen en momentos de una totalidad autodiferenciada. Es esta misma totalidad, esta contradicción en movimiento, la que produce su propia superación mediante la acción revolucionaria del proletariado en contra su propio ser de clase, en contra del capital. Esta concepción inmanente y dialéctica de la evolución histórica de la relación de clase capitalista supera los dualismos emparentados de objetivismo/subjetivismo y espontaneísmo/voluntarismo que caracterizaron a la mayor parte de la teoría marxista del siglo xx y hasta la fecha. El dinamismo y el carácter cambiante de esta relación se captan así como proceso unificado y no simplemente en términos de oleadas de ofensiva proletaria y contraofensiva capitalista.
Según TC, son las transformaciones cualitativas en la relación de clase capitalista las que determinan el horizonte revolucionario del ciclo de lucha actual como comunización. Para nosotros, también es cierto a un nivel más general de abstracción que la relación contradictoria entre capital y proletariado siempre ha apuntado más allá de ella misma, en la medida en que —desde sus orígenes mismos— ha producido su propia superación como horizonte inmanente a las luchas reales. Este horizonte, sin embargo, es inseparable de las formas reales e históricas que adopta la contradicción en movimiento. Por tanto, solo podemos hablar transhistóricamente (es decir, a lo largo de la historia del modo de producción capitalista) de comunismo en este sentido limitado. Tal como lo vemos nosotros, el movimiento comunista, entendido no como una particularización de la totalidad —ni como movimiento de los comunistas ni de la clase— sino más bien como la totalidad misma, es a la vez transhistórico y variable de acuerdo con las configuraciones históricamente específicas de la relación de clase capitalista. Lo que determina el movimiento comunista —la revolución comunista— a adoptar la forma específica de la comunización en el ciclo actual es la dialéctica misma de la integración de los circuitos de reproducción del capital y de la fuerza de trabajo6. Es esto lo que produce la negatividad radical de la auto-relación del proletariado con respecto al capital. En este período, al desprenderse de sus «cadenas radicales» el proletariado no generaliza su condición a toda la sociedad, sino que disuelve inmediatamente su propio ser mediante la abolición de las relaciones sociales capitalistas.
Traducido por: Federico Corriente
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Notas:
1. Marx, The Eighteenth Brumaire de Louis Bonaparte (MECW 11), p. 105. [ed. cast.: El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, trad. Elisa Chuliá Rodrigo, Madrid, Alianza, 2012]
2. Examinaremos más a fondo estas cuestiones en el siguiente número de Endnotes.
3. Por «autopresuposición del capital» TC se refiere al sentido en que el capital se establece como condición y como resultado de su propio proceso. Esto se expresa en el uso que TC (siguiendo la edición francesa de El capital) del término double moulinet, lo que significa dos ciclos que hacen intersección entre sí.
4. TC expresa esta negatividad fundamental en relación del proletariado consigo mismo con respecto al capital mediante el uso del término écart, que puede traducirse como «divergencia», «viraje» o «brecha». Según TC, este concepto expresa la idea de que la acción del proletariado como clase es el límite de este ciclo de lucha, pues sus luchas no tienen otro horizonte que su propia reproducción como clase, y al mismo tiempo es incapaz de afirmar esta reproducción como tal.
5. Para un debate sobre esta problemática en relación con luchas concretas, véase el texto de TC Self-organisation is the first act of the revolution; it then becomes an obstacle which the revolution has to overcome [«La autoorganización es el primer acto de la revolución; después se convierte en un obstáculo que la revolución tiene que superar»].
6. Examinaremos más a fondo estas cuestiones en el siguiente número de Endnotes.

9 de febrero de 2020

Dossier Teoría de la Comunización

Portadas de las páginas de Endnotes, Troploin y Theórie Communiste
o la llamada "Corriente Comunizadora"

A fin de que lo conozca un público un poco más amplio, tanto en Ecuador como en todas partes, y de que algún día use este tipo de arsenal teórico revolucionario en la práctica (revolución en la revolución), aquí comparto un Dossier de Teoría de la Comunización (también incluye textos de la Internacional Situacionista y la Nueva Crítica del Valor) que un compañero de la región mexicana publicó a principios de este año en su muro de Facebook, con la siguiente introducción donde destaca el carácter de nueva síntesis revolucionaria o síntesis superadora que posee la teoría de la comunización con respecto a todas las anteriores teorías revolucionarias (marxistas y anarquistas), y la necesidad de tomar medidas comunistas inmediatas en esta época de subsunción real, crisis y revueltas para poder abolir el valor, la sociedad de clases, el mercado y el Estado:

«A nivel mundial se ha estado aportando reflexiones para superar el estado actual de cosas, la comunidad de lucha internacional ha puesto en cuestión los viejos paradigmas de la "lucha de clases" y ha planteado desde la derrota de las revoluciones proletarias de 1968-1982 UNA NUEVA "SÍNTESIS REVOLUCIONARIA", pues las causas de la derrota fueron varias y no pueden solo reducirse a los "traidores" (sindicatos, partidos comunistas, federaciones anarquistas, servicios secretos del Estado, espionaje, represión, entre otros factores), sino que LA CAUSA MÁS PROFUNDA DE LA DERROTA FUE NO HABER PROFUNDIZADO EN LA CREACIÓN DEL COMUNISMO EN LO INMEDIATO. La contrarrevolución viene de las bases mismas de las relaciones de producción capitalista, pues al no combatir una relación social se culpó a los "líderes", a "la policía", a los "burócratas" y un largo etc. LA REPRESENTACIÓN SOCIAL Y SUS MEDIACIONES TENÍAN QUE SER DESTRUIDAS, ES DECIR EL DINERO, EL CAPITAL, LA MERCANCÍA, LA EXPLOTACIÓN, LA GANANCIA, EL PLUSVALOR, EL VALOR, EL CRÉDITO Y POR SUPUESTO EL TRABAJO. Las ideologías del pasado, tanto reformistas como ultraizquierdistas, llámese "anarquismo", "consejismo", "leninismo", "trotskismo", "marxismo", "autonomismo", no han hecho más que replicar las bases de este viejo mundo, y han resultado ya IDEOLOGÍAS OBSOLETAS Y POR TANTO CONTRARREVOLUCIONARIAS. Por ello es que la síntesis revolucionaria de nuestro tiempo ha hecho obsoletas ya estas ideologías partiendo de la crítica de las relaciones de clase capitalistas en su realidad y su inmediato despliegue. Pues ninguna insurrección, asalto, motín, revuelta, rebelión o protesta podrá revertir el mundo ordenado a imagen y semejanza del capital sino pasa a TOMAR MEDIDAS COMUNISTAS INMEDIATAS.
Acá dejo muchos textos para quienes quieran entender la propuesta que se ha desarrollado a escala global y planetaria»:


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Contenido:

Comunización
1.       Un mundo sin dinero: el comunismo (1) – Les amis de 4 millions de jeunes travailleurs
2.       Un mundo sin dinero: el comunismo (2) – Les amis de 4 millions de jeunes travailleurs
3.       Comunismo. Elementos para la reflexión – L’Insecurité Sociale
4.       Hacia la comunidad humana – La Guerre Sociale
5.       El ocaso de la ideología democrática – Le Brise Glace
6.       Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista – Gilles Dauvé y Francois Martin
7.       Más allá de la democracia – Gilles Dauvé y Karl Nesic (Troploin)
8.       El timón y los remos. Preguntas y respuestas – Troploin
9.       Comunización. Materiales para la Revolución Social – Klinamen
10.   Materiales para una Crítica de la Democracia – Klinamen
11.   Hablamos de la comunización al presente – Théorie Communiste
12.   Historia normativa y esencia comunista del proletariado – Théorie Communiste
13.   Comunización y teoría de la forma-valor – Endnotes
14.   Qué es la comunización – León de Mattis
15.   Crisis y comunización – Peter Åström
16.   El programatismo y su caducidad – Des Nouvelles Du Front
17.   España y la teoría de la comunización – Federico Corriente

Internacional Situacionista
18.   La Sociedad del Espectáculo – Guy Debord
19.   Comentarios sobre La Sociedad del Espectáculo – Guy Debord
20.   De la huelga salvaje a la autogestión generalizada – Raoul Vaneigem
21.   Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones – Raoul Vaneigem

Nueva Crítica del Valor
22.   Las aventuras de la mercancía – Anselm Jappe
23.   Guy Debord – Anselm Jappe

Anarquismo
24.   El Anarquismo y otras trabas para la Anarquía – Bob Black

Crítica humanista de la tecnología y el progreso
25.   El mito de la máquina (1). Técnica y evolución humana – Lewis Munford
26.   El mito de la máquina (2). El pentágono del poder – Lewis Munford

Otros materiales imprescindibles, para PR en este momento, que no están en este Dossier:

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«Algunas teorías han afirmado que el concepto de lucha de clases ya no servía para referirse a la revuelta en el mundo contemporáneo. No obstante, la persistencia de la relación social capitalista y sus determinaciones (empezando por el valor) prueba que las clases no han desaparecido.  La teoría de la comunización no renuncia por tanto a la teoría de las clases, sino que la retoma en la época del derrumbamiento del movimiento obrero. Para resumir, se puede decir que la comunización introduce tres ideas fundamentales: primero, la inmediatez del comunismo, o dicho de otra forma, la negación de cualquier período de transición. Segundo, el comunismo concebido como medio y fin de la lucha. Por último, la supresión de las relaciones de clase, y en consecuencia, del proletariado por su propia acción.
Es importante comprender de qué manera se conecta un elemento actual de la lucha de clases (el fin de la afirmación del proletariado y el declive de la identidad obrera) con una concepción determinada de la revolución (la supresión de las relaciones de clase por el proletariado). Esta perspectiva, un poco paradójica, resulta útil a la hora de buscar en el presente de las luchas aquellos elementos que ya anuncian la supresión de la relación social capitalista. Si la revolución es la supresión de las relaciones de clase y del proletariado mismo, entonces es también la actividad por la cual el proletariado se suprime a sí mismo. En la lucha de clases contemporánea, podemos encontrar situaciones paradójicas en las que un proletariado que pretende defender su propia condición termina por atacarla. Así se manifiesta la ambigüedad fundamental de la lucha de clases, reflejo de una contradicción inserta en las mismas formas sociales capitalistas: la lucha de clases puede conducir tanto a una recomposición de las relaciones de clase como a su destrucción. La teoría de la comunización propone pensar el comunismo desde la vinculación entre estas dos ideas (los aspectos de la lucha de clases actual que llevan al proletariado a atacar su propia condición, y una visión de la revolución como actividad que autodestruye a ese mismo proletariado). […]
Elaborar una teoría de la revolución y el comunismo es por lo tanto una actividad producida desde y para las luchas. El triunfo de tal tarea no está garantizado en absoluto. La extensión de una teoría actual de la revolución (de su existencia más allá de un círculo restringido de teóricos y militantes) se dará únicamente si ésta sirve a los elementos que expresan la caducidad de las relaciones de clase. Esta teoría es necesariamente una apuesta porque constituye una toma de posición. Una apuesta racional ya que trata de producir una explicación de las luchas por sí mismas, pero una apuesta al fin y al cabo. […]
La medida comunista no es el comunismo por sí misma.  El comunismo no se realiza después de una medida ni de una serie de medidas. Pero el comunismo no es otra cosa que el resultado de numerosas medidas comunistas, característica del período de la comunización, que se insertan en una dinámica que termina transformando cualitativamente la organización general del mundo. No habrá una continuidad necesariamente: al contrario, es muy posible que se den avances y retiradas hasta alcanzar un punto de no-retorno en que la ruptura es tan profunda que la sociedad de clases no pueda mantenerse. El comunismo y la sociedad de clases son excluyentes entre sí. Antes del punto de no-retorno las medidas comunistas sólo pueden ser efímeras, existen únicamente vinculadas al espacio de la lucha de clases y se agotan si no se generalizan. Constituyen momentos donde está en juego el desborde pero no por ello está garantizado. La producción del comunismo no surge de golpe. Es perfectamente posible que un día se encadene una dinámica comunizadora que sea la traducción de una serie de medidas comunistas tomadas en el transcurso de luchas radicales y prolongadas, y que tal dinámica acabe siendo vencida. Y que más tarde renazca por doquier terminando con la sociedad de clases. […]
Es sin duda comunista la medida tomada con el objetivo de apropiarse de los medios útiles para la satisfacción de las necesidades inmediatas de la lucha. Es sin duda comunista la medida que no reproduce los esquemas del enemigo durante la insurrección. Es sin duda comunista la medida que evita la reproducción durante la lucha de la segmentación del proletariado heredada de su atomización actual. Es sin duda comunista la medida que pretende acabar con la dominación de género y de raza.  Es sin duda comunista la medida que busca la coordinación sin jerarquización.  Es sin duda comunista la medida que tiende a liberarse de las ideologías que conducirían al restablecimiento de las clases. Es sin duda comunista la medida que anulase toda tentativa de restablecer entre comunidades el sentimiento mutuo de odio y separación.»

- León de Mattis. Las Medidas Comunistas (2015)

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