30 de marzo de 2015

Una crítica al indigenismo y al comunitarismo

Respuesta de “Comunistas Integrales” a un miembro de “El Chasqui Anarquista”, Quito, abril 2010[1]

Creer que “las comunidades indígenas” (así, en abstracto) son una especie de “islotes comunistas” o de “autogestión” dentro del “mar” capitalista,... es algo absurdo e imposible, una burda ilusión socialdemócrata-gestionista[2] y hasta economicista [ver el punto 3 más abajo].

Y... cuando en la carta que nos escribes dices que tales comunidades realizan una “legítima demanda” (?!) de reivindicación de “su cultura” o “su identidad”, etc., estás diciendo implícitamente a) que están exigiendo “reconocimiento” y “respeto” de tal identidad o cultura ¡al estado burgués, a la sociedad burguesa!: típico juego democrático-liberal, ciudadano, interburgués (lo que se critica en nuestra volante[3]); y, b) que siguen entrampadas en la esfera de la ideología (falsa conciencia, representación ficticia de la realidad, pensamiento alienado, [pero que actúa como fuerza material en la sociedad]) y, peor aún, en el mundo mercantil-capitalista que funciona precisamente (en todo campo o esfera social) en torno a la demanda y la oferta.

[Aparte de esto, es hacer gala de no haber superado un eclecticismo entre indigenismo y clasismo, una confusión entre comunitarismo y comunismo (¡porque no son lo mismo!), un culturalismo casi posmoderno, una cierta fascinación y moda intelectual y activista por lo “marginal”, lo “subalterno” y lo “anticolonial” o “antioccidental”, un nacionalismo de ese mismo estilo, y una forma de parcializar –y, por tanto, de confundir y debilitar- al proletariado y sus luchas.]

[...]

Por sus mistificaciones, limitaciones y sobre todo por su participación “alternativa y crítica” como izquierda del capital,[4] es que hay que criticar radical y despiadadamente al comunitarismo y al indigenismo. [He aquí un par de argumentos de fondo.]

1) Desde que existe la Formación Social Capitalista como tal,[5] y más aún en estos tiempos de “globalización” y “multiculturalismo”, las comunidades indígenas –en lo concreto- están subsumidas (alienadas, enajenadas) formal y realmente al Modo de Producción Capitalista, a través del mercado –siempre capitalista- de tierras, de productos [ej: artesanías] y de fuerza de trabajo, ya que por esta vía se introducen en su seno, parcial o totalmente, las relaciones sociales de producción e intercambio capitalistas [, incluido el trabajo asalariado].[6]

[Más aún: ya no se puede hablar en rigor de la existencia de comunidades indígenas porque, como afirmaba Marx, “donde existe el dinero, no existe la comunidad”.[7] Por lo tanto, para recuperar la comunidad humana real hay que abolir el dinero: el comunismo será “un mundo sin dinero”.]

Esto explica porqué (tanto en la Sierra como en la Amazonía ecuatorianas) existen clases sociales y, por consiguiente, lucha de clases al interior del “indigenado” y, por extensión, al interior del “movimiento indígena” –hoy muy venido a menos por [sus contradicciones internas y por] peso muerto propio-.

Esto explica también porqué no existen ni pueden existir “islotes” o “grietas” de “autogestión” [mejor dicho, de comunismo o anarquía] dentro del sistema capitalista o mientras éste siga en pie. [La dictadura social de la mercancía, por tanto del capital, la ganancia y la explotación, siempre terminará imponiéndose mientras el proletariado no suprima por la fuerza la mercancía y el mercado, social e históricamente.]

Por su parte, la diferencia básica o sustancial entre comunitarismo y comunismo[8] es que el primero es alternativo mientras que el segundo es antagonista; el primero puede coexistir con el capitalismo, mientras que el segundo solo puede realizarse plenamente o vivir en contra y más allá del capital, a partir de su negación o abolición práctica y total. [Más claro: para construir y vivir la sociedad comunista, hay que destruir la sociedad capitalista.] Por eso, el comunismo es revolucionario, y el comunitarismo no. Mistificar o romantizar al comunitarismo indígena es entonces idealista y anti-revolucionario.

Ahora bien, si existen gérmenes o tendencias comunistas dentro de tales o cuales “comunidades indígenas”, los mismos solo pueden poner a punto [y realizar] su potencia subversiva, anti-capitalista y post-capitalista, como parte del proletariado revolucionario –de todos los colores, lugares, sexos y edades-, como parte del movimiento comunista histórico y mundial

[Cabe agregar que esto es objetivamente así porque, por un lado, todos aquellos indígenas “campesinos pobres” (que trabajan su pequeña parcela y comercializan sus productos) en realidad son asalariados (a destajo) encubiertos para el capital social global –para la “fábrica social” capitalista entera-, son parte del proletariado; y, por otro lado, todos aquellos indígenas que, tanto en el campo como en la ciudad, tienen que vender su fuerza de trabajo (informal o formal) a cambio de un salario (a destajo, por jornada –o por jornal-) son proletarios indígenas

Pero sobre todo son proletariado cuando luchan contra la explotación y la opresión capitalistas que padecen y, por lo tanto, cuando luchan contra las condiciones que hacen posible su explotación y opresión... cuando luchan contra su condición misma de clase explotada y oprimida. El proletariado –insistimos: de todas las razas, lugares, sexos y edades- se afirma en su negación.

Al contrario, todos aquellos indígenas que son propietarios de medios de producción y circulación (tierras, textiles, comercios) y que explotan trabajo ajeno (de indígenas y de no indígenas), son burguesía indígena, son parte de la clase capitalista y, por lo tanto, de nuestro enemigo de clase... ¡Lucha de clases, compañerxs, lucha de clases!]

2) Por otro lado, las “comunidades indígenas” –en lo concreto- también están subsumidas en lo político. La trayectoria del indigenismo ecuatoriano como movimiento social y político, de hecho, ha transcurrido “de la comunidad al partido” –en palabras de un tal antropólogo-, lo que significa de la subsunción mercantil [a través de mercados y empresas] a la subsunción estatal, pasando por el sindicato (“rojo” o no, eso es secundario), la iglesia (“de la liberación” o no, eso es secundario), la ong (“de izquierda” o no, eso es secundario[9]), las elecciones, los “poderes locales”, los ministerios, las pugnas interburguesas por migajas del poder o de la plusvalía social, etc. Es decir, han sido subsumidas por toda una serie de instituciones y prácticas sociopolíticas capitalistas[, democráticas.]

De allí que no haya porqué sorprenderse de que el “movimiento indígena” de aquí solo pugne por ciertas reformas de la economía, la cultura y el estado capitalistas (p. ej. leyes sobre tierras, aguas, plurinacionalidad, interculturalidad, etc.[10]).

Esto, de por sí, ya explica el reformismo teórico-práctico inherente al indigenismo, a todo indigenismo (aparte del de aquí [representado por la CONAIE y su brazo político-electoral Pachakutik], el evista, katarista, mariateguista, zapatista, “anarquista”, etc.).

Por lo expuesto, el comunitarismo y el indigenismo son ideologías reformistas locales o “andinas”; tan solo son o pueden ser la fracción “nacional-popular” o “plurinacional” (¡!) de la izquierda del capital, de la contrarrevolución burguesa reformista en curso.

Por eso mismo es que no hay cabida para las amalgamas o eclecticismos entre la perspectiva proletaria comunista internacionalista y el comunitarismo-indigenismo (al igual que tampoco con el cotidianismo, el hippismo o el anarco-primitivismo, p. ej.). Para lxs revolucionarixs [comunistas y anarquistas], hoy como siempre, no hay lugar para las medias tintas, siempre socialdemócratas –y, en este caso, posmodernas y académicas, o populistas-, por más “complejidad” y “particularidad” con que se disfracen. Integral o total de cabo a rabo, tanto en los fines como en los medios, la revolución social será proletaria, comunista, anárquica y mundial o no será, duela a quien le duela y “marche” quien tenga que “marchar”.[11]

[Finalmente, lo dicho es inseparable de la actitud y la práctica de los proletarios revolucionarios al respecto: denunciar, criticar, combatir y superar el indigenismo –y el comunitarismo- como una debilidad en contra en el seno de nuestra clase y sus luchas, ya que se trata de una ideología parcializadora, reformista y capitalista: socialdemócrata; en especial, en los países donde exista población “indígena”, movimiento “indígena” e indigenismo. ]

---



[1] Esta carta ha sido editada, mediante incisos puestos dentro de corchetes, puntos suspensivos y notas al pie, para poder ser publicada. Pedimos disculpas anticipadas al lector por las dificultades de lectura que esto pudiera ocasionar. En una próxima ocasión esperamos poder editar mejor este texto. Por el momento, nos parece que publicar una crítica proletaria, comunista e internacionalista a la ideología indigenista puede tener cierto significado e interés en el contexto “ecuatoriano” y “latinoamericano”, nada más. [Nota del 2015.]

[2] Gestionismo es la corriente o ideología que propone gestionar la economía y el poder de un modo supuestamente “revolucionario”: el control obrero, la autogestión, el poder popular, etc. Es decir, que propone no abolir o destruir sino (auto)gestionar la economía mercantil y por lo tanto (auto)gestionar la explotación capitalista o la esclavitud y miseria asalariada, a la vez que seguir (auto)gestionando la división social del trabajo y por lo tanto la división de la sociedad en clases, en lugar de destruirla de cabo a rabo. Por eso el gestionismo es una de las variantes del programa socialdemócrata, reformista, contrarrevolucionario. Ver más abajo la nota al pie 5. [Nota del 2015.]

[3] Se refiere a la volante Proletariado contra “culturas juveniles” o “tribus urbanas” (también de abril del 2010) que se puede leer, con su respectiva Nota Aclaratoria, aquí. [Nota del 2015.]

[4] Por izquierda del capital o socialdemocracia –de cualquier color o bandera, incluidos ciertos sectores “anarquistas”- hay que entender toda organización, práctica, ideología o posición que, pretendiendo representar o guiar a nuestra clase, actúa dentro de las instituciones y lógicas del capitalismo (de allí lo de izquierda del capital), por lo que solo pretende reformarlo y que máximo puede alcanzar un Capitalismo de Estado, haciéndose ilusiones de que eso es “revolución” y “socialismo” [¡e incluso “comunismo”, cuando es todo lo contrario!], adopte el nombre, etiqueta o pretexto que adopte (desde la “toma del poder” y la “socialización” hasta el “poder popular” y la “autogestión”). En otras palabras, la izquierda del capital o la socialdemocracia no es más que el partido histórico del capital (y de la burguesía –grande, mediana o pequeña-) para el proletariado, o sea para encuadrar o encasillar a nuestra clase en la lucha por demandas e ilusiones que nunca cuestionan ni atacan los fundamentos mismos de la sociedad burguesa [, es decir en la lucha intermediada por reformas, para así desviar y anular la lucha directa del proletariado por sus propias reivindicaciones, para desviarnos y anularnos como clase autónoma y antagonista al capital y al estado, como proletariado.] Por eso toda izquierda del capital no solo es reformista per se sino que es contrarrevolucionaria, y por eso no es un “adversario” sino un enemigo.

[5] Tal vez no sea necesario, pero les recordamos que la importante categoría de formación social significa articulación orgánica concreta y compleja de varios y diferentes modos y formas de producción (ej.: la forma de producción comunitaria, en unos casos, y pequeña mercantil simple, en otros, de las comunidades indígenas) bajo la hegemonía y sobredeterminación de uno de ellos, en este caso del modo de producción capitalista. Obviamente que esto ocurre tanto a nivel “estructural” [económico] como a nivel “superestructural” [social, cultural, político, ideológico], conformando así una sociedad o totalidad histórico-social capitalista.

[6] La “acumulación originaria” de capital (separación de los productores de los medios de producción, p. ej. la expropiación de tierras comunales por parte de terratenientes-capitalistas o de grandes empresas agrícolas) no fue un hecho histórico y geográfico único, particular y aislado [Europa central durante los siglos XVI, XVII y XVIII], sino que es una tendencia permanente o constante del capitalismo histórico-mundial [: actualmente en esta región, de hecho, las expropiaciones de tierras comunales campesinas a favor de la agroindustria y de la industria petrolera, minera, maderera, etc., es un claro ejemplo concreto de ello]. En consecuencia, en países como el Ecuador, así no haya proletarización o asalarización directa y total de los “campesinos” indígenas, la subsunción formal y real de las “comunidades indígenas” al capital ha sido y es permanente o constante [tanto porque todos sus productos son mercancías y por tanto valorizan al capital, como por su inclusión al trabajo asalariado –insistimos-, el que en algunas “comunidades indígenas” de la Sierra ha servido para reproducir la pequeña producción campesina mercantil simple, es decir para reproducir la propia condición de clase trabajadora y explotada].
[La llamada “resistencia indígena” desde hace más de 500 años hasta la actualidad debería entenderse en realidad como la resistencia a la acumulación originaria de capital y a la proletarización, a la desposesión y a la explotación capitalistas, en defensa de las necesidades de la vida, humanas y de la Tierra, y por lo tanto como parte de la lucha del proletariado de todas las épocas y todas las partes, del comunismo, del movimiento real histórico-mundial de negación y supresión del orden capitalista.]

[7] Un claro ejemplo local de esta afirmación es la relación clientelar-asistencialista (de la cual forman parte el chantaje y la violencia) que hace décadas llevan las empresas petroleras y muchas de las “comunidades indígenas” amazónicas en este país. [Nota del 2015.]

[8] Al igual que lo han hecho lxs revolucionarixs de siempre, tanto marxistas como anarquistas, nosotros concebimos al comunismo (sin adjetivos) como el movimiento real proletario de lucha que anula y supera el actual orden social y, a la vez, como la futura sociedad sin explotación ni opresión, sin clases y sin estado [, es decir, la anarquía]. No existe separación en esta concepción “doble”, porque el primero (el comunismo como movimiento) prefigura en la lucha a la segunda (el comunismo como sociedad), mientras que la segunda realiza en la historia al primero.

[9] Se dice que es secundario porque izquierda y derecha no son contrarias sino complementarias, ambas son fracciones políticas del capital-estado para administrar a éste bajo uno u otro “modelo”, pero sobre todo y siempre para controlar, dominar y explotar al proletariado. “Izquierda o derecha: la misma mierda”. “Ni izquierda ni derecha: ambas son enemigas del proletariado”. [Nota del 2015.]

[10] O, como en estos precisos momentos, porque el gobierno no le quite su sede o “la casa de la CONAIE”. Y esto, sin embargo de que el gobierno de Correa sea –porque lo es- capitalista y, por lo tanto, racista o colonial. [Nota del 2015.] 

[11] “Las revoluciones son totalitarias o son derrotadas” es una de las lecciones históricas y reales que “La Agrupación de Los Amigos de Durruti” (anarquistas) aprendieron en carne propia y pudieron expresarla –y legárnosla- mediante la palabra escrita, después de la derrota de la revolución proletaria de 1936-37 en España. Dicho en otras palabras: lo que estos compañeros históricos anarquistas revolucionarios están afirmando es la necesidad de la dictadura revolucionaria del proletariado, la dictadura social de las necesidades humanas para abolir la dictadura social del capital y su estado, para suprimir por la fuerza esta sociedad mercantil generalizada y así poder instaurar la comunidad humana real mundial: sin clases ni razas, sin estados ni naciones ni fronteras. [Nota del 2015.]