Presentación
Decidimos publicar este texto
inédito por dos razones. 1) Porque la Semana de Acción en Praga y su
lista de correo, a la cual lo enviamos primero hace dos meses (últimas semanas
de mayo de 2024), ya fueron. Y
2) porque recibió un par de comentarios críticos por parte de compañeros de
otras regiones con su respectiva respuesta por nuestra parte vía
correspondencia; es decir, generó un debate internacionalista (todavía en
curso) sobre el derrotismo revolucionario alrededor de Palestina y Ucrania,
que esperamos contribuya a los proletarios revolucionarios de todas partes hoy
en día y, a su vez, reciba más contribuciones suyas. Cabe agregar que, al ser
un debate en curso, este es todavía un material semielaborado.
Por otro lado, las calumnias que,
so pretexto de estas reflexiones críticas, hicieron contra nosotros otro par de
individuos despreciables que se abanderan de la izquierda comunista no tienen
cabida dentro de este debate, sino que sólo las mencionamos aparte para
diferenciarlas y distanciarlas del mismo. Porque, así como estamos a
favor del debate en tanto que herramienta de clarificación y avance de la
praxis revolucionaria, así mismo estamos en contra de la calumnia en tanto que
práctica contrarrevolucionaria venga de quien venga.
Tanto lo uno como lo otro
tiene lugar en condiciones materiales de existencia y luchas de clases con más
diferencias que continuidades que las de hace un siglo, principalmente debido al alto grado de desarrollo de
las fuerzas productivas/destructivas del capitalismo, la profundización de la subsunción
real del trabajo al capital y la crisis de reproducción de la relación de clase,
más otros factores no económicos que hoy en día son importantes (ecológico, geográfico,
histórico, político, nacional, étnico, de género, etc.); un contexto
histórico-mundial de crisis catastrófica y contrarrevolución capitalistas; una
burguesía mundial en decadencia pero a la ofensiva y cada vez más genocida (y
ecocida); un proletariado mundial cada vez más numeroso, joven y educado pero en
la precariedad y a la defensiva, mejor dicho, derrotado, debilitado, aislado,
desorganizado y confundido como clase antagonista; y, por tanto, una necesidad
de defensa y, al mismo tiempo, de replanteamiento del internacionalismo
proletario y el derrotismo revolucionario contra la guerra y la paz
capitalistas, por parte de sus minorías radicales.
Defensa y replanteamiento revolucionarios
sin nostalgia del pasado, sin ilusiones y sin sectarismos —a diferencia de la izquierda comunista—, a
fin de que no sea un dogma estéril ni un «don quijotismo», sino una posición,
una perspectiva y una práctica con la suficiente potencia de resistir y
superar la relación de fuerzas actualmente desfavorable para el proletariado
mundial. Teniendo claro que esto último será obra de la dinámica y el devenir
histórico de sus propias luchas actuales y de nadie más.
***
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Sin nostalgia del pasado, sin
ilusiones y sin sectarismo,
esperamos que nuestros materiales
sirvan en algo para la reflexión, la discusión y la acción colectiva por el
internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario reales, en el
presente y el futuro.
Sin nostalgia del pasado
Porque, de acuerdo con los
compañeros de Vamos Hacia La Vida (región chilena) en uno de sus últimos
textos sobre Palestina, el
internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario ya no son ni pueden
ser los mismos que los de hace un siglo, por el simple hecho de que las
condiciones materiales del capitalismo y del antagonismo de clases ya no son
las mismas. En ese sentido materialista histórico, no son invariantes.
Después de la «Segunda Guerra
Mundial», y sobre todo después de la crisis y reestructuración de 1975, el
capitalismo mundial transitó a la fase de subsunción real o dominación real del
capital sobre el trabajo y la sociedad toda, la implicación recíproca entre el
capital y el proletariado, y el movimiento obrero propiamente dicho fue
desestructurado por la automatización y la financiarización. Desde entonces, la
relación trabajo/capital está en crisis estructural: la proporción de trabajo
vivo o capital variable —única fuente de valor y plusvalor— es cada vez menor
con respecto a la proporción de trabajo muerto o capital constante
—principalmente, tecnología de punta—. En consecuencia, hay caída de la tasa de
ganancia y desvalorización. Este es el núcleo material de la larga catástrofe
capitalista en la actualidad.
Lo que pasa es que la lógica
del modo de producción capitalista de mercancías —producir por producir valor y
acumular por acumular capital— es catastrófica: sólo puede existir a costa de
depredar la naturaleza y la clase trabajadora sin cesar. La catástrofe no es la
excepción, es la regla. El progreso capitalista es catastrófico. Su mayor éxito
es su mayor fracaso. Más claro: el desarrollo histórico del capitalismo,
inseparable del antagonismo de clases, produce las condiciones materiales de su
propia disolución. En los Grundrisse y El Capital, Marx previó
esta tendencia sistémica o este futuro de la sociedad capitalista. Y el futuro
es hoy.
Por consiguiente, el
capitalismo hoy es como un cadáver que camina con respiradores artificiales:
capital financiero, guerras, narcotráfico, pandemias, etc. Expandiendo y
agravando así su catástrofe. La contrarrevolución capitalista es la
administración estatal —y paraestatal— cada vez más violenta de esta catástrofe,
principalmente para prevenir o, en su defecto, aplacar cualquier atisbo de
revolución proletaria, como lo han sido las revueltas e insurrecciones en lo
que va del siglo XXI. Porque el capitalismo no se terminará de morir ni se
enterrará por sí solo. El proletariado es el sepulturero del capitalismo… y de
sí mismo como clase explotada y dominada para devenir comunidad real de
individuos libremente asociados a fin de desarrollar y vivir todas sus
potencialidades, en equilibrio con la naturaleza.
Por su parte, la mayoría del proletariado
ya no es la clase obrera fabril o el proletariado industrial (que, por cierto,
es «el eterno ausente» en las luchas actuales pero que «lo solucionaría todo»,
según los obreristas nostálgicos, incluidos algunos «comunistas de izquierda»),
sino un proletariado intermitente global en todos los sectores de la economía
—desde la agricultura hasta los servicios—, rodeado por un proletariado
excedentario o sobrante. Esta es, pues, la época del ejército mundial de
reserva. De allí que cuando el proletariado —asalariado y no asalariado— hoy
combate la explotación capitalista en sus diferentes formas, también se pone en
entredicho a sí mismo como clase; y, que las revueltas de este siglo terminen
siendo luchas sin demandas, puesto que ya no hay nada que reivindicar o mejorar
dentro del capitalismo, sino que es necesaria una nueva sociedad mediante la
revolución comunista.
En efecto, desde la
perspectiva de la dialéctica materialista, lejos de hacerle concesiones al
realismo capitalista («más fácil es pensar en el fin del mundo que en el fin
del capitalismo») y a la socialdemocracia, las condiciones materiales, la
catástrofe, la contrarrevolución y las luchas actuales determinan que la
revolución comunista mundial sin transiciones ni mediaciones o, para ser más
precisos, la abolición inmediata del capital, el trabajo, las clases sociales,
el Estado, el mercado, las fronteras nacionales, las guerras, etc. sea más
necesaria y posible que nunca. (Por si acaso, inmediato no significa
instantáneo, sino sin mediaciones. Por eso no hay que confundir la inmediatez
del comunismo con el inmediatismo.)
El período histórico actual es
el período de la revolución concebida como comunización en tanto superación
producida del actual ciclo de luchas —abolición de la sociedad de clases,
empezando por el propio proletariado—, y de la Comuna Mundial entendida como la
red global centralizada de comunas regionales y locales no estatales ni
mercantiles. Comunas que serán el resultado y la condición de un movimiento
insurreccional a escala global. La revolución comunista es insurrección y
comunización al unísono o no es. Todo lo demás es contrarrevolución capitalista,
incluso si se disfraza de «la revolución».
Además, considerando que la
catástrofe ecológica global está devastando el planeta y amenaza seriamente la
supervivencia de la especie humana, la consigna revolucionaria de esta época ya
no es «socialismo o barbarie» —como formularon los revolucionarios de hace un
siglo—, porque el socialismo demostró ser una variante histórica del
capitalismo y porque ya padecemos la barbarie o catástrofe capitalista día tras
día. Es Comunismo o Extinción.
Este es el contexto real
actual en el que se desarrolla el capitalismo, el antagonismo de clases y, por
tanto, las acciones y posiciones revolucionarias del proletariado tales como el
internacionalismo y el derrotismo frente a la guerra en Ucrania y Palestina.
Sin ilusiones
Porque hay que estar
conscientes de que, a causa del carácter contrarrevolucionario del actual
contexto histórico-mundial, transformar la guerra imperialista en guerra de
clases revolucionaria internacional hoy no está a la orden del día, por lo que
defender las posiciones del internacionalismo y el derrotismo revolucionarios
es, en todas partes, una lucha minoritaria, a contracorriente e inefectiva en
términos de cambiar la correlación de fuerzas sociales; que, por eso mismo, es
una lucha que implica mucho valor, fortaleza y templanza de nuestra parte,
mejor dicho, mucha intransigencia proletaria, tanto contra la derecha del
Capital (imperialismo, chovinismo, sionismo, fascismo, belicismo, etc.) como
contra la izquierda del Capital (antiimperialismo, liberación nacional,
antifascismo, liberalismo, pacifismo, etc.); y que, a pesar de ello, no estamos
solos ni equivocados, compañeros: por eso es que existen iniciativas como esta
para construir una comunidad apátrida de derrotistas revolucionarios.
En otras palabras, el
derrotismo revolucionario hoy en día no es una posición ofensiva, sino una
posición defensiva, dado que en la relación de fuerzas global el proletariado
se encuentra a la defensiva con respecto a la ofensiva permanente de la
burguesía mundial.
Sin sectarismo
Porque lo anterior no
significa encerrarse en una secta o gueto ideológico-político. Eso sería
reproducir «desde abajo» la lógica mafiosa del capitalismo, como ya lo han
hecho algunas organizaciones «comunistas de izquierda» y «anarquistas» que no
en vano no han sido invitadas a este encuentro, ya que sólo buscan adoctrinar y
reclutar adeptos —igual que las sectas religiosas de «el fin del mundo» y «la
segunda venida de Jesucristo»—, mas no tejer una comunidad de lucha
internacionalista que sea históricamente operante y relevante.
Como bien dicen ustedes en uno
de sus documentos: «Sabemos que los revolucionarios nunca
podrán crear un movimiento contra la guerra. No pueden (ni quieren) aportar
ninguna conciencia al proletariado, porque ésta sólo puede resultar de las
condiciones materiales en las que se encuentra el proletariado y de la lucha de
nuestra clase contra estas condiciones.»
En ese sentido, nosotros
afirmamos: tarde o temprano, sólo la misma catástrofe capitalista y la lucha de
clases global en curso harán factible transformar la guerra imperialista en
revolución social mundial; sólo ese movimiento dialéctico de la realidad actual
producirá una coyuntura revolucionaria donde las minorías comunistas podamos
incidir realmente en la insurrección y la comunización masivas de todo lo
existente en todo el mundo. La lucha es el camino.
¿Qué hacer? Junto con afilar
nuestras armas teóricas y organizativas, fortalecer nuestras redes de
solidaridad, comunicación y agitación al calor de las luchas concretas actuales
de las masas proletarias —con sus límites y sus potencias—, a fin de contribuir
a producir la ruptura revolucionaria generalizada, es parte vital de ese
camino.
¿Por qué? Porque, como ustedes
mismos afirman en el documento del Congreso Contra la Guerra (marzo de 2024), «las
manifestaciones actuales de resistencia, por contradictorias y fragmentadas que
sean, contienen sin duda el germen de una polarización social que puede
convertir las guerras entre Estados en un enfrentamiento de clase.» Porque el proletariado es sus luchas y es una
contradicción en proceso (ej. la Intifada en Palestina). Porque la acción
masiva es mucho más importante y determinante que la ideología grupuscular para
criticar y superar tal contradicción, así como para enfrentar la guerra y la
paz capitalistas (ej. las redes de desertores en la frontera ruso-ucraniana,
las acciones de bloqueo al comercio internacional de armas por parte de trabajadores
portuarios, las tomas de las Universidades en EE.UU. y otros países por parte
de sus estudiantes y profesores, etc.). Porque el comunismo no es una
ideología, sino el movimiento real que subvierte las condiciones existentes,
incluso si sus protagonistas no mencionan la palabra comunismo —o anarquía—. Y
porque, como bien decía Marx, un paso adelante del movimiento real vale más que
una decena de programas… y de congresos.
Por último, pero no menos
importante: ¿por qué son necesarias estas reflexiones (auto)críticas? Porque la
revolución proletaria se critica y supera a sí misma o se estanca y degenera en
contrarrevolución.
Fraternamente,
Proletarios Hartos de Serlo
Quito, 19 de mayo
de 2024
***
DEBATE
INTERNACIONALISTA (en curso)
Comentario crítico de Un
compañero internacionalista de la región española (junio de 2024)
«Lo
de siempre, toman por derrotismo lo que no es y de ahí que pueda ser variante. Cómo
no va a ser invariante el derrotismo, es decir, la lucha contra tu propia
burguesía, tu propio explotador. Cómo no va a ser en Palestina lo invariante la
lucha contra su propio Estado (Estado de Israel), su propia burguesía
(Combinación burguesía israelí y los subcontratistas palestinos —léase ANP o
Hamás). Cómo no va a desarrollarse así el derrotismo. Se confunde su corolario
(confraternización de ejércitos) como si fuera el todo y además ni se entiende
los momentos de la guerra imperialista (guerra de frente, de gendarmería y de
ocupación) y los momentos que implica recíprocamente en el derrotismo.»
Comentario crítico de Tridni
Valka / Grupo Guerra de Clases de la región checa (julio de 2024)
«Creemos
(a diferencia de ustedes) que el derrotismo revolucionario como práctica
proletaria y como posición programática extraída de ella es y tiene que ser la
misma. Es importante señalar que la esencia de la guerra capitalista sigue
siendo la misma. Independientemente de lo que las diferentes ideologías
intenten persuadirnos, todas las guerras son ante todo guerras contra el
proletariado. Por lo tanto, el proletariado tiene y siempre ha tenido una sola
respuesta a la guerra capitalista: el derrotismo revolucionario.
Podemos,
por supuesto, discutir sobre las diferentes formas, las diferentes expresiones
materiales que el derrotismo revolucionario tomará hoy en comparación con el
pasado. También tenemos que tener en cuenta las condiciones materiales que
determinan al proletariado y su capacidad para responder a las masacres
burguesas —el creciente nivel de alienación y mercantilización de todos los
aspectos de nuestras vidas, el peso de la democracia y su falsa comunidad, las
diferentes expresiones de la fuerza material del espectáculo, etc.
Pero
tenemos que insistir en el hecho de que el derrotismo revolucionario y sus
expresiones esenciales —la lucha contra nuestra propia burguesía, la
confraternización con los proletarios del otro lado del frente, el proceso de
convertir la guerra burguesa en guerra de clases— siguen siendo los mismos.»
Respuesta de Proletarios
Hartos de Serlo de la región ecuatoriana (junio-julio de 2024)
Decidimos publicar aquí una
respuesta conjunta a los dos comentarios críticos porque, a pesar de ser
diferentes en forma y contenido, prácticamente dicen lo mismo o apuntan al
mismo tema: la vigencia del derrotismo revolucionario frente a la guerra
imperialista. Y también, por cuestión de tiempo y espacio o para ser
sintetizadores.
De entrada y para que quede
claro: en general, estamos de acuerdo con Tridni Valka en
mantener el derrotismo revolucionario como posición intransigente o
innegociable del proletariado frente a toda guerra capitalista y frente al
defensismo socialdemócrata de la misma (pro-Palestina y pro-Ucrania), incluso si éste se disfraza de “marxista” o “anarquista”. Lo cual, sin embargo, no impide replantearlo
desde la propia concepción materialista de la historia; es decir, situándose en
las condiciones materiales del capitalismo y la lucha de clases en curso, que
son más que “formas” y “expresiones” actuales de ciertas “esencias”, como dice
Tridni Valka.
A continuación, pues, copiamos
y publicamos aquí nuestra respuesta (editándola un poco) que enviamos a Un
compañero internacionalista y luego a Tridni Valka vía correspondencia:
Sobre las nuevas condiciones
materiales del capitalismo, la lucha de clases y, por tanto, sobre el
replanteamiento del internacionalismo y el derrotismo revolucionario
Al
inicio de nuestro texto mencionamos de pasada que tomamos prestada de Vamos
Hacia la Vida (de la región chilena) la idea de que el
internacionalismo proletario y el derrotismo revolucionario no son invariantes
porque ya no son ni pueden ser exactamente los mismos que los de hace un siglo.
De hecho, lo que estos compañeros de la región chilena proponen es,
literalmente, “replantear el internacionalismo contra el holocausto
democrático”, en vista de los múltiples factores que confluyen para determinar
la situación actual en Palestina e Israel. Así que los citamos para que quede
más claro este punto:
Cuando Marx desarrolló la “ley general de la
acumulación capitalista”, comprendió la dinámica subyacente del capital como
relación social total, sin embargo, a pesar de que nos ofrezca algunas
modalidades teóricas de manifestación de cómo se produce una sobrepoblación
relativa en relación a las necesidades de acumulación del capital, esto sólo
nos sirve de guía para el análisis concreto de situaciones específicas que son
determinadas por la historia del capital como una historia de la producción de
la relación entre clases. La compleja composición de clase en el territorio
dominado por el Estado sionista de Israel y su proyecto etno-nacionalista, nos
plantea dificultades a la hora de pensar en un horizonte de emancipación
comunista en la región, dado que se mezclan conflictos étnicos-religiosos de la
relación colonial con los de la propia dinámica del surgimiento de una
población excedente de origen palestino, como también el fenómeno de la
“importación” de proletari@s desde otros países. […]
La producción del comunismo hoy en día, por otra
parte, creemos que no está ligada a un movimiento proletario formal (movimiento
obrero internacional y su corolario: partido comunista), sino a la
concatenación de luchas que van y vienen, de ensayo y error, de producción
potencial de relaciones comunistas que se materializan en las luchas presentes
y concretas, y que responden a la dinámica de la crisis secular del capital.
Consideramos que más allá de lo que ideológicamente
expresen l@s representantes polític@s, es en el conflicto mismo donde debemos
buscar explicaciones y pensar a partir de ahí en las posibilidades para su
superación en un sentido comunista, sin caer en abstracciones reduccionistas
que impiden analizar la realidad. En este sentido, las posibilidades que abre
una lucha particular dicen más que lo que expresa en su inmediatez, pues su
posibilidad de superación está contenida en su contradicción con el capital.
Para nosotr@s la pregunta no es si la lucha de clases queda imposibilitada por
la lucha de liberación nacional, sino que, si la lucha de clases podría superar
los estrechos márgenes de la liberación nacional, pues lo que dinamiza esta
particular manifestación de lucha es la relación entre colonialismo/capital que
produce una proletarización tardía e incompleta, que moldea las relaciones
dentro del proletariado. En otras palabras, lo que nos preguntamos es si existe
la posibilidad de que confluyan procesos de liberación del colonialismo con la
producción del comunismo, y del rol de la actividad proletaria en estos procesos.
Y
los siguientes dos párrafos son los más sintetizadores y fuertes de su análisis
concreto de la situación concreta y, en consecuencia, de su propuesta de replanteamiento
del internacionalismo y el derrotismo revolucionario:
Por otro lado, no solo el llamado de pequeños grupos
al derrotismo revolucionario que no encontrarán mayor resonancia que dentro de
un limitado espectro de compañer@s, sino que la esperanza en una unidad de la
clase trabajadora bajo concepciones tradicionales del movimiento obrero y sus
organizaciones, incluso aquellas que en algunos periodos rompieron radicalmente
con el reformismo y la socialdemocracia, ya sea en la forma de consejos obreros
u organizaciones unitarias, son en el actual contexto irrealizables, y ni
siquiera son algo deseable. La resistencia del pueblo palestino se ve truncada
si es guiada por bandas burguesas [ej. Hamás y ANP] que obedecen a intereses
geopolíticos de las potencias capitalistas regionales [ej. Irán] y sus
ideologías reaccionarias [ej. el islamismo], y en el caso de conseguir
victorias militares parciales contra la ocupación israelí solo se encargarán de
administrar otras masacres bajo otras excusas. Pero tampoco es posible
construir una unidad basada en la identidad de clase concebida según periodos
pasados de la historia contradictoria del capitalismo. Sin embargo, estas
luchas también generan una dinámica comunitaria que puede autonomizarse de las
lógicas militaristas de las bandas reaccionarias y de l@s hereder@s del estalinismo
[ej. FPLP], que es lo que de hecho se ha expresado en las revueltas contra
Hamás y, más fuertemente, contra Fatah en diversas ciudades de Cisjordania en
los últimos años. También la solidaridad internacional tiene mucho que decir
para sabotear el genocidio en curso, pero debe debatir hacia quién
efectivamente se dirige, sus medios, y sus propias posiciones. Hoy, en plena
crisis del capital y bancarrota de las principales ideologías, una multitud de
posiciones reaccionarias parecen ganar simpatías. La ausencia de una crítica a
los fundamentos del capital conduce a menudo a una sola denuncia de sus efectos
más visibles y, en este mismo sentido, en señalar la responsabilidad final de
estos en estamentos y personas, que abarcan desde el discurso simplemente
antisemita de las versiones tradicionales de fascismo a conspiraciones varias
que no rompen con este molde. El derrotismo revolucionario como principio
siempre será la única política coherente para quienes nos reconocemos
proletari@s, pero consideramos que este principio obedece a una dinámica de
guerra interburguesa, lo que no es exactamente lo que estamos observando en
Gaza. Si bien existen intereses capitalistas en disputa, la ocupación histórica
de Israel moldea una forma específica de conflicto bélico que no responde a una
guerra tal cual las conocemos, sino que más bien a la aceleración del proceso
de militarización de la región, probablemente como única vía para sostener los
intereses de Occidente en el enclave de Medio Oriente, y también contener el
potencial de revuelta que hemos visto desde la Primavera Árabe. ¿Dónde queda el
proletariado palestino y su emancipación en esta situación? Sin duda se ve
obligado a luchar en contra de la ocupación, porque en lo inmediato es la
negación de su propia reproducción. Más allá de todas las contradicciones y la
posibilidad de su realización, tal parece que enfrenta un callejón sin salida.
[…]
Debemos repensar el internacionalismo y su campo de
acción. El internacionalismo debe dejar atrás su posición de solo apoyo o
solidaridad con algún pueblo oprimido y debe entender que es una cuestión de
sobrevivencia mundial, desde una perspectiva que tome en consideración la
deriva contrainsurgente y la militarización mundial a nivel estatal y
paraestatal. El internacionalismo juega un rol crucial sobre todo ante la
crisis del capital y el resurgimiento de las luchas étnicas y los conflictos
mundiales, como única perspectiva ante la catástrofe, pero es necesario
debatirlo y aplicarlo con la complejidad que las luchas reales expresan. No es
el internacionalismo del viejo movimiento obrero, aunque conserve sus
principios, sino uno que sea capaz de proyectar el contenido comunista que
pueda gestarse en las batallas por la supervivencia de una humanidad
proletarizada que se encuentra en una nueva etapa crítica del desarrollo del
capital. (Vamos Hacia la Vida, Genocidio en Gaza: Replantear el internacionalismo
contra el holocausto democrático, diciembre 2023)
Al
igual que todo material de nuestra clase, este texto es discutible, sobre todo en
la parte donde afirma que Israel-Palestina “no es una guerra interburguesa” y
la consecuencia que esto tiene sobre el derrotismo revolucionario, porque sí lo es y además forma parte de la guerra imperialista en esa región del planeta. O en la
parte donde se pregunta sobre la posible “confluencia entre los procesos de
liberación del colonialismo [“la resistencia del pueblo palestino”] y la
producción del comunismo”, porque la revolución comunista mundial es antagónica al antiimperialismo/liberación nacional y no caben medias tintas entre ambos... De hecho, pensamos que sería muy interesante y
fructífero que lo discutamos. Invitando para ello a los autores del texto, si
es que a ustedes también les parece.
En
cualquier caso, uno de sus méritos principales es que deja bien bosquejado el
complejo “mapa” en el que se mueven el internacionalismo proletario y el
derrotismo revolucionario hoy. Un “mapa” que, evidentemente, ya no es ni será
el mismo que el de hace un siglo; es decir, que no es invariante.
Por
nuestra parte, aprovechamos la presente correspondencia para hacer algunas
aclaraciones y precisiones necesarias. Nuestro texto hace esa afirmación —el internacionalismo proletario y el derrotismo
revolucionario ya no son ni pueden ser los mismos que los de hace un siglo, por
el simple hecho de que las condiciones materiales del capitalismo y del
antagonismo de clases ya no son las mismas— sobre todo para criticar
y superar 3 aspectos: la nostalgia de izquierda, las ilusiones y el sectarismo,
alrededor del derrotismo revolucionario. Más concretamente y en resumen:
1) Critica
el obrerismo de algunos sectores de la izquierda comunista, debido a que
proletariado no es lo mismo que clase obrera, más aún en el período histórico
actual del capitalismo y la lucha de clases, caracterizado por la subsunción
real del trabajo y la sociedad al capital, la transición global a la “cuarta
revolución industrial”, la crisis de la relación trabajo/capital y el
agotamiento de la valorización del valor.
Crisis del trabajo/capital o de la reproducción de la
relación de clase que se manifiesta en los altos índices de desempleo,
subempleo, informalidad e intermitencia en todos los sectores de la economía
mundial; mejor dicho, en un ejército de reserva y un proletariado excedentario
o sobrante cada vez más numerosos en todos los países, en general, y en las
periferias del capitalismo mundial, en particular (ej. Palestina y Ecuador).
La crisis de la reproducción de la relación de clase
se ve agravada cuando se yuxtapone con otras condiciones propias de la
totalidad histórico-social capitalista y de la división y dominación del
proletariado por parte de la burguesía y su Estado, como son la “raza” y el
género. Estos últimos factores también juegan un papel importante en la
composición de las luchas actuales y, por tanto, en la superación
revolucionaria de las mismas.
El punto es que, dado que la única fuente de
valorización del valor —o de producción de plusvalor— no es la tecnología
(capital constante) sino el trabajo vivo o humano (capital variable) y que el
proletariado de todos los géneros, “razas”, nacionalidades, generaciones, etc.
está implicado recíprocamente con —o subsumido a— el capital, la crisis actual
no es una crisis cíclica más de sobreproducción y desvalorización por aumento
de la composición orgánica del capital y consecuente caída de la tasa de ganancia,
sino una crisis estructural y de larga duración: una crisis catastrófica del
sistema capitalista como tal. Una crisis, además, no sólo económica sino
civilizatoria.
Paradójicamente, si se comuniza esta tecnología y todo
lo existente —lo que comprende no sólo abolir la propiedad, sino la división
social del trabajo, la producción mercantil, la ley del valor y el salariado—,
el trabajo humano se puede reducir al mínimo para producir todas las “cosas”
que se necesita para vivir; sobre todo, producir y disponer “tiempo libre para
desarrollar todas las potencialidades de los individuos” (Marx,
Grundrisse).
Como diría Bordiga, el capitalismo hoy es como “un
cadáver que todavía camina”. Pero, si no se ha muerto es porque la crisis
actual es una crisis histórica o de larga duración (décadas y hasta siglos).
Porque el capitalismo tiene plasticidad o capacidad para absorber las protestas
en su contra y convertirlas en alternativas inofensivas dentro suyo. Y porque
no se morirá de muerte natural: sólo el proletariado revolucionario —que no es
lo mismo que la clase obrera— lo sepultará junto consigo mismo como tal. Pero…
el pero es que actualmente seguimos en un período contrarrevolucionario donde
el proletariado se encuentra derrotado, debilitado y aislado como sujeto
revolucionario.
Bajo estas condiciones, el movimiento obrero y, por
tanto, su programa y su identidad pertenecen a un ciclo histórico que ya fue
superado por el propio capitalismo y la lucha de clases durante las últimas
décadas. Dialécticamente hablando, a la larga esto resulta favorable para el
movimiento comunista, porque su objetivo no es la afirmación y perpetuación del
proletariado, sino su abolición y devenir en comunidad real y mundial de
individuos libremente asociados para producir y reproducir sus vidas como tales
en condiciones totalmente diferentes y superiores a las del capitalismo. Movimiento
real cuyas condiciones materiales son producidas sin cesar ni más ni menos que
por el propio capitalismo.
Sí, el capitalismo produce su propio sepulturero o las
condiciones “objetivas” y “subjetivas” del comunismo; mejor dicho, el
capitalismo produce al comunismo como fuerza material del futuro que ya niega y
supera el presente. De modo que la sociedad futura ya actúa, “a escondidas” o
subterráneamente como un “topo”, en el seno de la sociedad presente. Si no fuese
así, la lucha revolucionaria sería puro “don quijotismo”. (Marx, Grundrisse).
Es dentro de todo este contexto nuevo y altamente
contradictorio en el plano histórico-mundial que hoy tiene lugar la lucha de
clases, en general, y el derrotismo revolucionario, en particular. Sólo la
revolución comunista mundial puede resolver esta “contradicción en proceso”
(Marx, Grundrisse).
2) Afirma
que la consigna de “transformar la guerra imperialista en guerra de clases
revolucionaria” no está a la orden del día en la práctica y que, por tanto,
puede ser una consigna vacía, una grandilocuencia o una ilusión, debido a que
todavía estamos en un contexto histórico-mundial contrarrevolucionario y, más
precisamente, de derrota, debilidad y aislamiento del proletariado como clase
revolucionaria.
Mas no por ello deja de ser una posición revolucionaria
que resulta muy necesario e innegociable mantener y desarrollar como parte de
la resistencia minoritaria a contracorriente por parte del proletariado
internacionalista en la presente coyuntura. Hoy por hoy el derrotismo
revolucionario es una posición defensiva, no ofensiva.
Entonces, para que quede claro: esto no es negar ni
mucho menos abandonar el derrotismo revolucionario. Es contextualizar de manera
histórico-materialista el derrotismo revolucionario, a fin de que no sea un don
quijotismo ni un dogma estéril, sino una posición, una perspectiva y una
práctica con la suficiente potencia de resistir y superar la relación de
fuerzas actualmente desfavorable para el proletariado mundial.
Considerando que el contexto actual es tanto de crisis
catastrófica como de contrarrevolución, sin duda esto es una contradicción, una
tensión y un desafío que sólo la lucha proletaria real e internacional
resolverá pasando de la defensiva a la ofensiva.
3) Critica
el sectarismo obrerista y purista de la izquierda comunista con respecto a los
sectores no obreros y no “leftcom” del proletariado que, con limitaciones y
contradicciones, hoy tienen prácticas internacionalistas y derrotistas en todo
el mundo: red de desertores en ambos lados de la frontera ruso-ucraniana;
trabajadores portuarios que han boicoteado el comercio de armas hacia Israel;
acampadas solidarias de estudiantes y profesores en EE.UU. y otros países, etc.
Como han afirmado recientemente unos compañeros comunizadores
de la región francesa con respecto a los últimos hechos en esa región: “la
lucha de clases nunca es pura y es mejor que sea así”. ¿Por qué? Porque a los
comunistas no nos interesa que el proletariado se afirme como clase del trabajo/capital
incluso bajo la forma de “autonomía proletaria”, sino que se niegue y se
suprima como tal. En la composición y la dinámica de las luchas actuales,
existe un germen y una tendencia de ello.
¿Contradictorio? Sí, porque se mezcla con el
interclasismo, lo sabemos bien. Y también sabemos bien que el proletariado es
una contradicción en proceso y que es sus luchas. Por lo tanto, sólo en la
propia dinámica de las luchas proletarias actuales se puede producir la
superación de las mismas, no por “obra y gracia” de “la clase obrera” y “la
conciencia de clase” dirigidas por “el partido de vanguardia”. Lo propio aplica
para el derrotismo revolucionario hoy; es decir, depende de la propia dinámica
de las luchas actuales.
El obrerismo —de por sí obsoleto— y el conciencialismo
—de por sí idealista— son contrarios a esta dialéctica materialista y
revolucionaria.
Sobre la “invariancia” y la
intransigencia de los comunistas internacionalistas frente a la guerra
imperialista y sus defensores de derecha e izquierda por igual
¿Lo
de siempre? ¿Con qué o con quiénes se compara nuestro texto para hacer tal
afirmación de entrada?
¿Tomamos
por derrotismo lo que no es? ¿El derrotismo revolucionario no es, en pocas
palabras, la lucha del proletariado de ambos lados de la frontera por la
derrota de ambos Estados nacionales en guerra (ej. Rusia y Ucrania) —o de ambos
bloques regionales de Estados— y por la transformación de la guerra
imperialista en guerra de clases internacional y revolución social mundial, lo
cual implica luchar contra la propia burguesía y el propio Estado de principio
a fin?
¿Esto
es invariante? ¿Por qué? ¿Porque lo dice la izquierda comunista histórica y ya?
¿Acaso las condiciones materiales específicas de hoy en día no son
determinantes para todos los frentes de la lucha de clases, incluido el
derrotismo revolucionario contra la guerra capitalista? ¿Y los múltiples
factores extraeconómicos (geográfico, histórico, político, nacional, étnico,
religioso, etc.) no juegan un papel importante también? ¿O acaso ustedes siguen
creyendo que las condiciones de 1914-1918 son las mismas que las del 2022-2024,
como afirman algunos sectores de la izquierda comunista coqueteando con, y
hasta reivindicando a, Lenin? ¿Cuáles son las
continuidades, cuáles las diferencias, y qué implicaciones tiene todo esto para
las luchas actuales del proletariado mundial?
¿Afirmar
que existen “esencias invariantes” —en este caso, “lo que es el derrotismo
revolucionario y lo hace invariante”—, no es contrario al materialismo
histórico? ¿La historia es realización trascendente de ideales o principios
inmutables que flotan en el mundo de las ideas y no producción inmanente de
condiciones y situaciones o de realidades tanto “objetivas” como “subjetivas”?
¿El comunismo es un programa a realizar por parte de un partido de cuadros y no
una producción histórica de comunidad material —y espiritual— de los individuos
por parte de millones de personas?
Evidentemente,
nuestras preguntas son elocuentes y ya contienen sus respectivas respuestas…
Por
otra parte, es necesario recordar que nosotros, comunistas internacionalistas,
tenemos clarísimo que la lucha derrotista proletaria es la lucha contra la
propia burguesía y contra el propio Estado, sea cual sea su nivel de poder
imperialista (central o periférico, dominante o subordinado, agresor o
agredido, etc.). En la situación concreta y actual, nosotros estamos tanto en
contra de los Estados burgueses ruso e israelí como en contra de los Estados
burgueses ucraniano y palestino.
¿Por
qué? Porque tenemos clarísimo que todo Estado es capitalista e imperialista o,
como diría Flores Magón, una hacienda donde el proletariado es el ganado que
siempre se manda al matadero de la guerra entre patrones de diferentes
haciendas. Y, sobre todo, porque tenemos clarísimo que no somos rusos,
ucranianos, israelíes, palestinos, yemeníes, iraníes, griegos, españoles,
mexicanos, argentinos, chilenos, ecuatorianos, etc.: ¡Somos el proletariado y
estamos hartos de serlo!
Esto
es un ABC para los comunistas internacionalistas. En consecuencia, ¡lo hemos
afirmado y reafirmado, claro y fuerte, en todos y cada uno de nuestros textos,
siempre!
Sin
embargo, buscando un punto de clarificación y equilibrio en este tema clave,
talvez convenga no confundir lo invariante con lo intransigente. Lo invariante
tiene que ver con la no variación, no transformación o no cambio de algo a lo
largo de la historia, siendo que la historia es producción, movimiento y cambio
constantes. Mientras que lo intransigente tiene que ver con no abandonar o con
mantener y desarrollar las posiciones revolucionarias que el proletariado ha
producido y sigue produciendo al calor de sus luchas contra la burguesía y la
socialdemocracia. En este sentido, sí somos intransigentes… proletaria,
comunista e internacionalistamente intransigentes.
Finalmente,
para continuar este debate dejamos abierta la siguiente pregunta: ¿cuáles
son las continuidades y las diferencias que existen entre el período 1914-1918
(período “clásico” del derrotismo revolucionario) y el período actual, y qué
implicaciones tiene este balance histórico para las luchas actuales del
proletariado mundial y sus minorías revolucionarias?
***
Supuesta “crítica” de Aníbal/Inter-Rev
de la región española y Fredo Corvo/Leftdis de la región holandesa (junio
de 2024) y nuestra respuesta contra su calumnia
Decimos supuesta “crítica”,
así, entre comillas, porque lo que en realidad acostumbran hacer estos
individuos cuando se genera una discusión (lo sabemos por nuestra interacción
en el grupo de Facebook “Consejos obreros autónomos para una sociedad sin
clases”) es calumniar a quienes no piensan igual que ellos desde “el marxismo
científico” y una supuesta superioridad intelectual, cuando en realidad lo
hacen desde su osificada ideología consejista que, en el período histórico
actual del capitalismo, la lucha de clases y la teoría comunista, ya no sólo
resulta obsoleta sino también reaccionaria. Además —dicen—, “todos son
sectarios y están equivocados”… menos ellos. Simplemente risible.
En esta ocasión, lo hicieron
contra nuestro texto y, peor aún, contra nosotros, ad hominem: “10
críticas a Proletarios Hartos de Serlo, de Ecuador” (sic.), dentro de la
mencionada lista de correo (22 de mayo de 2024). Mas luego, cuando lo hicieron
público antes de que publiquemos nuestra respuesta (hoy, 30 de julio de
2024), contrario a lo que ellos mismos habían anunciado —“cuando PHS publique
su texto, publicaremos nuestra crítica”—, lo suavizaron titulándolo “10 críticas a un grupo de América Latina,
influenciado por la «comunización»” (11 de junio de 2024).
Este miserable recurso ad hominem,
es decir, vomitar ataques personales (o grupales) mediante adjetivos
descalificativos en lugar de analizar y discutir ideas y argumentos para
contribuir a la clarificación y avance de la praxis de sus participantes —o, en
su defecto, opacar lo segundo mediante lo primero, mejor dicho, “borrar con el
codo lo que se escribe con la mano”—, es una de las razones principales por las
que nosotros decidimos diferenciar y distanciar esta calumnia del debate
internacionalista anteriormente expuesto. Aún así, y para que quede constancia
de que no somos sectarios, a quien le interese puede leerla aquí.
Por eso nuestra respuesta fue
contundente: La calumnia es contrarrevolucionaria y debe ser suprimida
dentro de este espacio (por “este espacio” nos referimos a la lista de
correo de la Semana de Praga). A continuación, compartimos sólo un extracto de
ella, porque no amerita ni más ni menos que eso. A quien le interese, puede leer nuestra respuesta completa aquí:
«[…]
Por tales razones —y porque por experiencia sabemos que no vale la pena
«debatir» con estos sujetos— no vamos a responder a su desafortunado texto
punto por punto, sino a modo de breve análisis de contenido del mismo, pues no
se merece más que esto: 8 páginas, 10 puntos o «críticas» y 88 párrafos que se
resumen en 21 calumnias contra nosotros, lo que equivale aproximadamente a 1 o
más calumnias cada 4 párrafos. ¿Conducta obsesivo-compulsiva o hacer de la
calumnia una profesión? Las dos cosas. CALUMNIAS TODAS QUE RECHAZAMOS EN
BLOQUE POR EL HECHO DE SER TALES, a saber: «simplismo y unilateralidad»,
«teorías falsas», «teorizaciones distorsionadas pero de moda en ambientes
ideologizados maximalistas», «devotos de las ideologías doctrinarias de
izquierda [que] repiten mantras que nada tienen que ver con lo que ha sucedido
y está sucediendo en la actualidad», «ideología del izquierdismo pequeñoburgués
[que] procede de los errores de Hilferding y Lenin», «ecos de la defectuosa y
criticada teoría de Henryk Grossmann», «ideología decadentista de la crisis
permanente», «viejo estribillo trotskista y su imposible desarrollo de las
fuerzas productivas en la decadencia del capitalismo», «esto lo dicen los que
no saben o no quieren saber la verdadera historia del capitalismo, los que han
sustituido su estudio riguroso por creaciones doctrinarias ideologizadas», «el
capitalismo es visto como un mago que genera artificialmente una apariencia de
vida en el capitalismo. Pues bien, esto es una distorsión, una falacia notoria
y comprobable», «Estamos en el terreno de la ilusión», «típico del voluntarismo
activista e inmediatista, necesariamente confuso y lioso», «tonterías
ilusionistas y retórica comunista», «el voluntarismo, ingenua y falazmente como
diseñan los comunizadores y las tendencias voluntaristas», «La contradicción es
manifiesta», «En la ideología de la comunización, como en el anarquismo de base
bakuninista, la revolución es posible inmediatamente», «Todo esto es mera
ilusión», «ideologías pequeñoburguesas que muestran un miedo mal entendido»,
«El maniqueísmo es pernicioso», «el voluntarismo como bandera», «su blablablá
teórico sirve para distraer de la realidad del imperialismo y su único
antídoto, el internacionalismo proletario contra todas las fracciones del capital,
sean pequeñoburguesas entre los estudiantes, o imperialistas más débiles como
los movimientos de liberación nacional»… En fin, puro veneno, puro pus, pura
mierda.
Por
si fuera poco, sus «10 críticas a PHS» también contiene 6 autorreferencias
bibliográficas: 1 y hasta 2 en cada página. Demostrando así su onanismo
intelectual o, al menos, su ombliguismo ideológico-político. Otra
característica de los rackets que pretenden «criticar» y «educar» a los
demás, tratándolos implícitamente de inferiores o de idiotas. Lo mismo que
siempre ha hecho el leninismo, al cual también dicen «criticar» y hasta ser
«contrarios». En fin, pura crítica falsa que va cargada de veneno: calumnia,
práctica contrarrevolucionaria. […]»
En fin, con este tipo de
prácticas e individuos despreciables, no tenemos nada que tratar. Como diría
Marx en el 18 Brumario: ¡dejad que los muertos entierren a sus muertos! La
revolución proletaria se critica y supera a sí misma o no es.
Junto con el
presente, los materiales de nuestra autoría sobre derrotismo revolucionario e
internacionalismo proletario a los que nos referimos, y que ya hemos publicado,
son los siguientes:
Ver Genocidio
en Gaza: replantear el internacionalismo contra el holocausto democrático
(diciembre de 2023). Material que usamos en nuestra
respuesta a los comentarios críticos de compañeros internacionalistas de otras
regiones y del cual también tomamos la imagen de esta publicación.