13 de octubre de 2024

Volante internacionalista contra la guerra entre Irán e Israel

Estas consignas expresan hoy la posición invariante de los comunistas internacionalistas frente a esta y a toda guerra capitalista: el derrotismo revolucionario y el internacionalismo proletario. ¿Por qué?:
 

   Porque la guerra capitalista siempre se hace contra el proletariado: en este caso, si hoy el Estado burgués de Irán está atacando el territorio dominado por el Estado burgués de Israel es, sobre todo, para someter al combativo proletariado de la propia región iraní; más precisamente, para justificar la represión sobre sus luchas contra la explotación (p. ej. en el sector petrolero y de la salud) y llevarlo al matadero de la guerra “en defensa de la patria”. Lo mismo aplica contra el proletariado de la región israelí que se rehúsa a ir a la guerra de sus patrones asesinos y matar a sus hermanos de clase al otro lado de la frontera (los llamados refuseniks); y, contra el proletariado de la región palestina que protesta contra el gobierno burgués, hambreador y represivo de la Autoridad Nacional Palestina y Hamás. En fin, en toda guerra capitalista los únicos ganadores son los burgueses y los únicos perdedores son los proletarios de cualquier país, ya que en realidad este no es un conflicto de naciones, sino un conflicto de clases llevado al plano internacional.

 

   Porque los Estados hacen la guerra para acumular más capital, territorio y poder: en este caso, si hoy el Estado de la burguesía ayatola de Irán (socia de China) y el Estado de la burguesía sionista de Israel (socia de EE.UU.) se están disputando militar y políticamente el territorio dominado por su subordinada, la burguesía islamista de Palestina (y de Líbano), es por el control de la fuerza de trabajo, petróleo y gas, centros industriales, puertos, etc. de toda esa zona geográfica del mercado mundial llamada Medio Oriente. También hacen la guerra como válvula de escape para la crisis capitalista o la caída de la tasa de ganancia y la desvalorización mundial, reactivando la industria y el comercio de armas, repartiendo e invirtiendo el plusvalor extraído a los trabajadores. Tal es el motor económico de toda guerra imperialista. Y esta guerra no es la excepción, con el agravante de que podría convertirse en una guerra nuclear de gran escala.

 

   Porque estar a favor de uno u otro Estado capitalista en guerra es caer en la trampa de los falsos bandos, el nacionalismo, el sentimentalismo, la confusión y el oportunismo. Trampa promovida por los medios de desinformación masiva que, para colmo, han hecho de la guerra algo “normal” y hasta un distractor de otras catástrofes cotidianas. Es caer en el terreno de la burguesía y la socialdemocracia. Es una posición antiproletaria y contrarrevolucionaria que debe ser denunciada y combatida como tal, sobre todo contra las variopintas izquierdas del Capital. El “antiimperialismo” y la “liberación nacional” en realidad siempre han sido apéndices de la guerra imperialista y el capitalismo de Estado (mal llamado “comunismo”). Por el contrario, los proletarios no tenemos patria y los comunistas siempre luchamos por los intereses de nuestra clase mundial en contra y más allá de los intereses de cualquier Estado, nación, “pueblo”, religión, etc.

 

   Porque bajo el capitalismo no existe “guerra justa” ni “guerra santa” entre naciones. La única “guerra justa” que puede existir es la guerra de clases global para abolir el capitalismo, la guerra y la sociedad de clases misma; esto es, transformar la guerra imperialista en revolución comunista internacional. Evidentemente, faltan muchos desastres, guerras, revueltas e insurrecciones para llegar a ese punto de no-retorno. Mas no por ello es menos verdadero ni necesario en esta época de catástrofe económica, social, ecológica y, para colmo, amenaza inminente de guerra nuclear. Por lo tanto, Comunismo o Extinción.

 

   Porque, a pesar de la contrarrevolución mundial que todavía reina, mantener con intransigencia la posición de derrotismo revolucionario e internacionalismo proletario resulta una práctica necesaria, defensiva y clarificadora tanto frente al terrorismo de los Estados capitalistas en guerra como frente al oportunismo confusionista de las izquierdas del Capital que los apoyan. Una práctica defensiva hasta que el proletariado mundial esté en condiciones de pasar a la ofensiva revolucionaria y mandar a todos los Estados, los mercados, las patrias, las guerras y las clases al basurero de la historia. Los proletarios con y sin uniforme de las regiones rusa y ucraniana que hoy vuelven sus armas contra sus jefes militares, que desertan de “sus propios” ejércitos, que protestan contra “sus propios” Estados y que organizan redes internacionalistas de solidaridad con los desertores, son el ejemplo concreto y actual de derrotismo revolucionario. El ejemplo a seguir por los proletarios de Medio Oriente y otras regiones del planeta azotadas por la guerra. 

 

Proletarios Hartos de Serlo

Región ecuatoriana, Octubre de 2024

 

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Agradecemos reproducir, difundir, discutir y traducir esta volante


 

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 Nuestra volante traducida al inglés, al francés, al checo, al alemán, al griego y al árabe,
gracias a compañeros de varios países, especialmente los compañeros 
del Grupo Guerra de Clases / Tridni Valka (región checa) 
 
Imagen elaborada por los compañeros de la League of Internationalist Communists,
a quienes también agradecemos por este esfuerzo y gesto internacionalista

 

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Relacionados:

 

Debate sobre nuestra volante con un compañero comunizador de la región chilena — Proletarios Hartos de Serlo y Nec Plus Ultra (octubre 2024)

 

Precisiones sobre el derrotismo revolucionario  Proletarios Internacionalistas (octubre 2024) 

 

[Audio] Derrotismo revolucionario  Grupo Barbaria (septiembre 2024)


Reflexiones (auto)críticas sobre el derrotismo revolucionario hoy  Proletarios Hartos de Serlo (julio 2024)


Diez tesis sobre las convulsiones en curso en Oriente Medio — Il Lato Cattivo (octubre 2024)

17 de septiembre de 2024

[Libro] Fascismo/Antifascismo — Gilles Dauvé

Lazo Ediciones (Rosario, 2024)


«La comprensión crítica del fascismo implica, necesariamente, la de su contracara antifascista. El análisis de las variaciones de la dominación política burguesa requiere atender a las situaciones históricas concretas y el desenvolvimiento de la lucha de clases. En tiempos de crecimiento de las nuevas derechas, la cuestión ha tomado relevancia nuevamente e invita a una reflexión profunda sobre sus orígenes históricos. Lo que está en juego, finalmente, es la crítica radical de la oposición política más fundamental bajo el capitalismo y su superación. 
 
La presente compilación tiene como disparador al polémico artículo Fascismo/Antifascismo, escrito hace algunas décadas [1979] por Gilles Dauvé. Aquí presentamos algunos de los debates que suscitó [con la revista Aufheben entre 1992 y 1997] y, como texto central, la reelaboración del autor titulada Cuando mueren las insurrecciones [1998]. 
 
[...] Fascismo/Antifascismo puede resultar algo esquemático, en primer lugar debido a su brevedad ya que es un fragmento de un texto más amplio [una antología bordiguista sobre la Revolución y Guerra Civil en España 1936-1939]. A su vez, existen diferencias de enfoque, hallándose más próximo –aunque no exento de críticas– a los postulados de la izquierda comunista italiana de la que formaban parte los editores de la revista Bilan («Balance»). La reelaboración [Cuando mueren las insurrecciones], en cambio, está más estrechamente vinculada a la perspectiva comunizadora de la que Dauvé es una referencia ineludible. Corriente teórica que, justamente, comenzaba a gestarse hacia fines de la década de 1970. Consideramos que la publicación de ambos textos y el debate contribuye a dar a conocer y profundizar en los análisis a contracorriente sobre esta compleja problemática y sus desarrollos. 
 
En el mismo sentido, agregamos un extracto referido al tema en cuestión de una entrevista titulada La Ligne Generale, realizada al autor y a Karl Nesic por Revolution Times (Alemania) a comienzos de 2007. Por último, publicamos Posdata sobre fascismo y antifascismo, que elaboramos desde la revista Cuadernos de Negación [julio de 2024] abordando algunas implicancias actuales.»
 
Contenido:
  • Presentación Lazo Ediciones... p. 7
  • Cuando mueren las insurrecciones Gilles Dauvé... p. 11
  • Fascismo /Antifascismo Gilles Dauvé... p. 71
  • Correspondencia sobre Fascismo/Antifascismo — Gilles Dauvé-Aufheben... p. 123
  • Preguntas y respuestas Gilles Dauvé y Karl Nesic... p. 143
  • Posdata sobre fascismo y antifascismo Cuadernos de Negación... p. 159
 
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Extractos de Posdata sobre fascismo y antifascismo (CdN, 2024)
 
«Los neonazis o las pandillas racistas y antiinmigrantes son un problema de la calle en muchas ciudades, pero, como ayer, eso no exige convertirse en «antifa». Esta misma etiqueta, hoy como ayer, sirve para hermanar a oprimidos y opresores, explotadores y explotados, gobernantes y gobernados. En nombre del antifascismo se nos llama a unirnos a nuestros explotadores, se nos llama a defender a los asesinos de hoy: los gobernantes progresistas o de izquierda de cualquier país, que también tienen las manos manchadas con sangre. O unirnos con los herederos de otros asesinatos masivos como los estalinistas o maoístas, quienes combaten al movimiento comunista en nombre del «comunismo» [el capitalismo de Estado tipo URSS y China].

Es preciso aclarar que tampoco es necesario que tengan las manos manchadas de sangre, aunque cuál gobernante, por acción u omisión, no las tiene... No se trata de luchar simplemente contra los excesos de la democracia, sino contra la democracia como orden de la explotación organizada, de la sociedad de clases. 
 
¿Pero cómo es que aún continuamos hablando de fascismo? Si hoy aún se habla de fascismo es, en gran medida, gracias a la ideología antifascista. [...]

La estrategia antifascista es siempre similar. [...] reunir a una serie de enemigos tras el rótulo de fascistas ya no es para mandarnos a la guerra, sino para mostrar la democracia liberal como el único horizonte posible. Que tendrá sus defectos, nos dicen, pero es mejor que el fascismo. [...]

Que la mayoría de los izquierdistas apoyen la acción rusa contra Ucrania, considerada como «nido de neonazis», no es de extrañar. Que Putin sea a su vez un ultranacionalista autoritario y conservador, muy cercano al posfascismo eurasiático de los defensores actuales del Imperio ruso parece no importarles demasiado, pues más que anticapitalistas integrales estos izquierdistas son simplemente opositores al imperialismo gringo. Muchos de ellos nunca entendieron que el estalinismo era una contrarrevolución, y siguen creyendo que la Madre Rusia actual es la legítima heredera de la Unión Soviética de los años más heroicos.
 
Pero también, cuando los demócratas y progresistas en general llaman «fascismo» a todo un conjunto de políticas e identidades (como pueden ser los denominados neonazis, la alt-right, los seguidores de las teorías de la conspiración, el antifeminismo reaccionario, las pandillas anti-inmigrantes, el anarcocapitalismo en todas sus variantes, el nacional-bolchevismo, y cada nueva identidad «de derechas») confiesan no entender qué está pasando o no querer entenderlo.

Para quienes están en campaña electoral permanente, la mención de la «amenaza fascista» es un recurso discursivo más como pueden ser la urgencia de una transición hacia energías renovables, o la promesa de medidas de seguridad. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado, tal como decía Mussolini. Pero en el medio justo, sin excesos ni extremismos. 

Ese intento desesperado por traer a la vida al fantasma del fascismo no tiene por finalidad despertar una adhesión entusiasta por la democracia en occidente como hace 90 años. Porque ya no es necesario, ya han ganado. Y no dicen «elijan esto que es lo mejor» sino «esto es lo único que hay». Por eso todo lo que no es pro-democracia para el progresismo es basura y delirios, desde las derivas reaccionarias pseudocríticas de la democracia hasta la perspectiva comunista por la emancipación humana. [...]

Gilles Dauvé nos señala respecto del fascismo histórico que no se opuso realmente a la democracia, sino que se trató de una excepcionalidad en defensa del capital. Entonces no se trató de «fascismo o democracia», sino de «fascismo y democracia». Cuando se analizan los vestigios del fascismo en sus nuevas formas se consideran fundamentalmente dos dimensiones: violencia e ideología. Respecto a la primera, las democracias occidentales contemporáneas –con gobiernos de izquierda a derecha– reprimen y emplean «Estados de excepción» cuando es necesario, sin tornarse a formas de Estado abiertamente totalitarias. La democracia incluye y perfecciona la represión «fascista», además de la guerra abierta en nombre de su defensa. Por su parte, expresiones de ultraderecha han cumplido sus mandatos democráticamente y con gran moderación, a pesar de sus discursos de batalla ideológica de tono extremista. Hitler y Mussolini llegaron al poder por vías semi-institucionales de la mano de sus partidos-milicia, para luego hacerse del control total del Estado y dar curso a la gran gesta bélica. Nada parecido está ocurriendo. Por lo pronto, la democracia no es alternada por los «nuevos fascismos» ni por Estados de excepción, sino que los ha integrado. [...]

La crítica al antifascismo tal como se viene desplegando desde hace casi cien años por la izquierda comunista italiana y continuada por diversas expresiones anticapitalistas no es un programa táctico y estratégico a repetir, pero sí una buena lección para no olvidar en nuestra actual situación.
El frentismo antifascista fue, al igual que el fascismo, el resultado y la expresión de la derrota del asalto revolucionario del cuatrienio 1917-21. Su esencia radica en la renuncia sustancial a la lucha revolucionaria contra el capitalismo (que, en el mejor de los casos, se pospuso a tiempos mejores) en nombre de la restauración de la democracia y el «Estado de derecho».
Su horizonte es el interclasismo, es decir, la alianza entre clases o fracciones de clases, sobre la base de la oposición común al fascismo, hecho que impone en primer lugar la renuncia a los métodos de lucha específicamente proletarios.
Hoy estamos a años luz de un contexto social que sea remotamente comparable, en términos de intensidad de la lucha de clases, al de los años 1920-1930. 
Afirmar que un «peligro fascista» se cierne hoy sobre nuestras cabezas es, ni más ni menos, una idiotez. No hay ninguna dictadura fascista a las puertas: la única dictadura existente –hoy como ayer– es la del capital, el valor en proceso, que ahora impregna y domina todos los resquicios de la vida y las relaciones sociales.
Lo que se aplica al antifascismo se aplica a todos los «anti-ismos»: la transformación del enemigo en un enemigo absoluto se alimenta del mito y lo reproduce. [...] El «fascismo» se convierte así en una categoría pasajera, la clave con la que «explicar» y mantener unidos los fenómenos más dispares: desde la normal y democrática represión policial hasta las manifestaciones de racismo en los suburbios y barrios proletarios; desde las políticas antimigratorias de gobiernos de todos los colores y matices hasta la vuelta a escena de una turba neofascista tan agresiva y mediática (gracias también a los «antifascistas») como numéricamente modesta; desde las nuevas etapas del proceso de vaciado progresivo de las funciones de los parlamentos nacionales –transversal a todos los Estados occidentales desde al menos 1914– hasta la violencia de género; pasando por el creciente éxito de los partidos y movimientos «soberanistas» y/o «populistas», que culmina en Italia, en 2018, con la formación del gobierno Lega-M5S. Y en Estados Unidos con la elección de Trump. Todo, en la cabecita del antifascista más o menos militante, concurre para componer la representación distorsionada de una sociedad y un Estado cada vez más «fascistizados». ¡Como si los fenómenos mencionados fueran incompatibles con la tan cacareada democracia (de derecha y de izquierda)! Y como si no encontraran su necesaria base material en las relaciones sociales capitalistas y su evolución histórica. (F.B., «Miseria del antifascismo», 2018)
La crítica del antifascismo, por tanto, no se trata de una cuestión de coherencia lógica ni mucho menos del mantenimiento de un purismo doctrinario. Ha surgido y se profundiza desde y para las luchas. [...]
 
Deseamos con este conjunto de afirmaciones y negaciones aportar a las luchas en curso. Y deseamos superar el trauma. Un trauma tan grande que hoy, siendo testigos directos de una de las masacres más terribles de esta civilización como es la del Estado de Israel en Gaza, hay quienes se empeñan en no llamar a las cosas por su nombre, le llaman a Israel «fascista», como si no fuese suficiente saber que es un Estado capitalista, faro de la democracia y el mercado en Medio Oriente, exportador de máquinas de matar a todo el mundo. Parece sonar menos grave llamarles demócratas y capitalistas, llamarles simplemente asesinos.»
 
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2 de agosto de 2024

Venezuela 2024: pugna interburguesa, democrática y “soberana” donde las masas populares se movilizan como carne de cañón

Imágenes tomadas de Internet

Pugna Interburguesa. Porque, más allá de un fraude electoral, es una lucha por el poder estatal entre dos fracciones burguesas. Por un lado, la fracción de izquierda del Capital: la burguesía burocrática, la burguesía bolivariana o “boliburguesía”, representada por el Partido Socialista Unido de Venezuela–PSUV del presidente Nicolás Maduro (sí, lectores: la Venezuela chavista nunca ha sido “comunista”, siempre ha sido capitalista). Por otro lado, la fracción de derecha del Capital: la burguesía empresarial o tradicional, la burguesía industrial, financiera y agroexportadora, representada por la Plataforma Unitaria Democrática–PUD y su candidato presidencial Edmundo González junto con la líder de la oposición María Corina Machado, quienes se declaran triunfadores de estas últimas elecciones.

Democrática. Porque lo único que realmente está en disputa hoy en Venezuela es cuál de las dos fracciones burguesas gestiona políticamente desde el Estado la dictadura democrática del Capital y su crisis. La fracción burguesa burocrática o de izquierda (Maduro, Cabello y compañía) acusa de “golpista” y “fascista” a la fracción burguesa empresarial o de derecha (González, Machado y compañía); mientras que ésta, acusa de “dictatorial” a aquélla. En suma, ambas fracciones se acusan de “anti-democráticas”. Tales discursos políticos en conflicto son los que se repiten ad náuseam en los medios de comunicación internacionales… Se trata de un falso antagonismo, porque en realidad la democracia es la dictadura social del Capital y, por tanto, de toda la burguesía sobre todo el proletariado, ya que en democracia éste tiene la “libertad” de ser explotado o morirse de hambre y la “libertad” de votar por sus amos políticos cada tantos años. En las protestas actuales no se está cuestionando esta premisa real. Al contrario, aquí la única ganadora es y será la dictadura social capitalista llamada democracia. Lo único que está en disputa es cuál de las dos fracciones burguesas la gestiona políticamente desde el Estado, con el apoyo de movilizaciones populares en las calles.

“Soberana”. Porque también está en juego la “soberanía” de Venezuela dentro de las disputas inter-imperialistas actuales. Sin duda, a EE.UU. en tanto que potencia imperialista occidental le interesa derrocar al gobierno de Maduro a fin de obtener una mejor tajada de petróleo en el mercado mundial. Para lo cual, apoya a la fracción derechista, empresarial y mafiosa de González-Machado y a otras fuerzas reaccionarias emergentes como los carteles narcoterroristas venezolanos (Tren del Llano, Tren de Aragua, etc.), quienes en conjunto llaman a “respetar la soberanía popular expresada en las urnas”. Por su parte, la fracción izquierdista, burocrática y mafiosa de Maduro-Cabello tiene una posición “antiimperialista”, “soberana” y “popular” sólo contra EE.UU., Israel, “la derecha golpista” y las “guarimbas”, pero no contra el imperialismo de China, Rusia e Irán, a quienes considera sus “aliados”, cuando en realidad son sus patrones internacionales que también ambicionan controlar totalmente su petróleo. Así como Palestina hoy es el epicentro de la guerra imperialista en Medio Oriente, así mismo Venezuela mañana podría ser el epicentro de una guerra imperialista en “el patio trasero” de EE.UU…. y de China.

Las masas populares movilizadas como carne de cañón. Porque tanto los trabajadores y los “marginales” como la “clase media” empobrecida y los pequeños propietarios que hoy están protestando y enfrentándose en las calles de Caracas se mezclan y confunden en esa masa interclasista llamada “pueblo”. Donde los trabajadores no están luchando por sus propios intereses materiales con independencia y antagonismo de clase, sino que están luchando por los intereses materiales de sus patrones de izquierda —“el pueblo chavista”, cada vez venido a menos— y de sus patrones de derecha —muchos gritan en las calles “¡Edmundo presidente!”—. Por eso son carne de cañón de esta pugna interburguesa. Obviamente, los trabajadores y el “pueblo” están cansados de tanta miseria económica y represión estatal en Venezuela. Pero no comprenden que la causa real de esa miseria no es “la dictadura comunista de Maduro” ni tampoco “el bloqueo económico de EE.UU.”, sino la crisis catastrófica del capitalismo a escala mundial. Por eso la oposición derechista está capitalizando políticamente este descontento popular generalizado y, gracias a ello, es posible que esta vez sí derrote al desgastado régimen chavista, a diferencia de en las elecciones y las protestas de la década pasada. En ese caso, no habrá fracasado el “comunismo” —inexistente en Venezuela—, sino la gestión estatista o socialdemócrata del capitalismo en crisis llamada “socialismo del siglo XXI”. Pero la explotación y la opresión de la clase capitalista sobre la clase trabajadora continuarán, al igual que la miseria.

Un ejemplo sudamericano de la catástrofe y la contrarrevolución capitalistas a escala mundial. Porque la crisis económica, política y social en Venezuela hoy es sólo un ejemplo particular localizado de la crisis capitalista general en todo el mundo: desde Haití hasta Palestina y Kenia están peor que Venezuela. Por lo tanto, el problema no es tal o cual gobierno de tal o cual país, el problema es el capitalismo mundial y su catástrofe actual. Por otro lado, un período histórico-mundial de carácter contrarrevolucionario como lo es el presente se caracteriza, en términos de lucha de clases, precisamente por pugnas interburguesas como esta, protestas democráticas e incluso revueltas e insurrecciones populares; pero, no por ello deja de ser un período contrarrevolucionario donde la burguesía mundial se encuentra a la ofensiva y sigue teniendo la sartén por el mango. No toda movilización de masas es revolucionaria, también existen movilizaciones reaccionarias de derecha y de izquierda como esta.

Por lo expuesto, la posición de los verdaderos comunistas o proletarios revolucionarios de todas partes frente a Venezuela hoy sólo puede ser: Ni chavismo ni oposición ni intervención imperialista. Acción directa, independiente e internacionalista del proletariado por sus propios intereses materiales hasta destruir y superar el Capital, el Estado, el mercado, la democracia, la nación y la sociedad de clases, mediante la producción de relaciones sociales realmente comunistas entre los individuos de diversos territorios. Ese y sólo ese sería un poder revolucionario para sepultar el capitalismo y la contrarrevolución. Siendo conscientes de que esto no ocurrirá sino hasta que el proletariado de la región venezolana y de todo el mundo aprenda por sí mismo que si sigue luchando por tal o cual fracción de la burguesía está condenado a seguir derrotado y bajo su dictadura democrática y “soberana”. Tarde o temprano, la explotación, la miseria, la opresión y la lucha de clase lo empujarán a ello. 
 
Proletarios Hartos de Serlo
Quito, agosto de 2024