Boletín comunista | Órgano de difusión de Proletarios Hartos de Serlo
Región ecuatoriana | 1° de Mayo de 2024 | Sale cuando puede | Aporte voluntario
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CONTENIDO
- [Editorial] ¿Por qué Ruptura Revolucionaria?... p. 1
- [ABC comunista] Trabajo | Capital | Contradicción Trabajo–Capital | Comunismo… p. 2
- [Tema central] 1° de Mayo: 4 horas para «trabajar», 8 horas para dormir, 12 horas para hacer lo que queramos...p. 4
- [Local] ¡Odio y lucha de clase contra el explotador Noboa! | Trabajo por horas y Consulta Popular: ¡Nada que celebrar! La explotación y la precariedad avanzan | Luchas actuales... p. 6
- [Internacionalista] De Gaza a Tel Aviv y en todo el mundo, ¡Ninguna guerra sino la guerra de clases! | Semana de Acción y Congreso Anti-Guerra... p. 8
¿Por qué sale cuando puede? Básica y honestamente, porque los editores no tenemos los recursos suficientes para publicarlo de manera periódica. Unos no tenemos dinero porque no tenemos trabajo, y otros no tenemos tiempo porque nos la pasamos trabajando. A pesar de esta precariedad propia de la condición proletaria, hacemos el esfuerzo apasionado por sacarlo «contra viento y marea», no como un sacrificio militantista o religioso, sino más bien como un placer subversivo: el placer de robarle tiempo a la esclavitud asalariada y no asalariada para esta acción creativa y de combate por nuestra emancipación total. Lo hacemos porque, para nosotros, la rebeldía es la vida.
CONTRADICCIÓN TRABAJO–CAPITAL
«Capital–trabajo es la contradicción fundamental del capitalismo. […] El Capital hace del trabajo una parte de su ser en tanto capital variable, al mismo tiempo que como contraposición lo lanza constantemente al mercado como fuerza de trabajo […] con toda una serie de implicaciones brutales sobre el proletariado.
[…] El marxismo se constituyó bajo la premisa de que la defensa del polo del trabajo constituía el camino hacia el comunismo y, por tanto, otorgaba un carácter revolucionario a la contradicción capital–trabajo. La socialdemocracia en general asumió y asume esa perspectiva sacralizando al trabajo, haciendo de él su premisa fundamental. Nos llaman a defender el trabajo, incluso en nombre de la “revolución”.
Por el contrario, en la contradicción proletariado–Capital [la lucha de clases], o más aún entre el Capital y la vida, podemos hablar de un polo antagónico que contiene una salida revolucionaria.
«La práctica totalidad de los seres humanos alzándose contra la totalidad de la sociedad capitalista, la lucha simultánea contra el capital y el trabajo, dos aspectos de una misma realidad: es decir, el proletariado debe luchar contra su propia dominación para ser capaz de destruirse a sí mismo como clase y destruir el capital y las clases. Una vez que la victoria esté asegurada a escala mundial, la clase universal, que en realidad se constituye (formación del partido, según Marx) a largo de un proceso inmenso que precede a la revolución en la lucha contra el capital, que ha sido psicológicamente transformada y que ha transformado la sociedad, desaparecerá, ya que se convierte en la humanidad. No hay grupos fuera de ella. El comunismo se desarrolla entonces libremente. La fase inferior del comunismo [planteada por Marx y luego por Bordiga] ya no existe, y la fase de la dictadura del proletariado se reduce a la lucha por destruir la sociedad capitalista, el poder del Capital.» —Jacques Camatte (1976). Capital y Gemeinwesen
La perspectiva revolucionaria puede parecer un purismo imposible de asumir cuando hay que sobrevivir y luchar al interior del capitalismo en un contexto como el actual. Sindicalistas y reformistas en general dirán que a las contradicciones hay que asumirlas, que hay que meter los pies en el barro, que el proletariado solo puede luchar por lo inmediato, que no es momento de hablar de la revolución.
Se nos dice a quienes defendemos una perspectiva radical de separarnos del resto de la clase, de pretenciosos iluminados separados de la realidad social, que no entendemos lo contradictorio de la misma. Pero ese es justamente nuestro punto de partida por el cual luchamos por la revolución: superar nuestra realidad contradictoria como clase.» —Cuadernos de Negación N° 11: Contra la valorización de la vida (mayo de 2018)
«Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente. Por lo demás, la masa de los simples obreros –de la fuerza de trabajo excluida en masa del capital o de cualquier satisfacción, por limitada que ella sea– y, por tanto, la pérdida no puramente temporal de este mismo trabajo como fuente segura de vida, presupone, a través de la competencia, el mercado mundial. Por tanto, el proletariado sólo puede existir en el plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos históricamente vinculada a la historia universal. […]
Mientras que los siervos fugitivos sólo querían desarrollar libremente y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes, razón por la cual sólo llegaron, en fin de cuentas, al trabajo libre, los proletarios, para hacerse valer personalmente, necesitan acabar con su propia condición de existencia anterior, que es al mismo tiempo la de toda la anterior sociedad: con el trabajo. Se hallan también, por tanto, en contraposición directa con la forma que los individuos han venido considerando, hasta ahora, como sinónimo de la sociedad en su conjunto, con el Estado, y necesitan derrocar al Estado, para imponer su personalidad.» —Karl Marx y Friedrich Engels (1845-46). La ideología alemana
«El trabajo ya no será una mercancía. […] En la economía socialista ya no habrá mercado; mejor aún: la economía es socialista cuando ya no existe el mercado. […] ¡Para liberar el trabajo del hombre de la cualidad de mercancía, es necesario destruir todo el sistema del mercado! ¿No era ésta la primera palabra de Marx a Proudhon? […]
Se ha querido hacer pasar otra tesis peregrina muy difundida […]. Es necesario, dice, que todavía aumenten mucho las fuerzas productivas para poder abolir el mercado. Esto es falso: para el marxismo las fuerzas productivas ya están demasiado desarrolladas […]
Ya es más que tiempo de postrar las monstruosas fuerzas productivas capitalistas bajo la dictadura de la producción y del consumo. Y es sólo cuestión de fuerza revolucionaria para la clase que, aun si el bienestar aumenta (y Marx –lo hemos probado más arriba– nunca previó lo contrario), está bajo el peso continuo de la incertidumbre de la existencia que, por otra parte, domina la sociedad entera, y que dentro de algunos decenios tomará la forma de alternativa entre crisis mundial y guerra o revolución comunista internacional.» —Amadeo Bordiga (1957). Los fundamentos del comunismo revolucionario marxista
«El comunismo no es un ideal a ser realizado: existe ahora, no como modos de vida alternativos, zonas autónomas o comunidades anti-sistema que serían gestadas en esta sociedad para finalmente convertirla en otra, sino como un esfuerzo, como una tarea que preparar(se). Es el movimiento que tiende a abolir las condiciones de existencia determinadas por el trabajo asalariado, y que las abolirá solamente a través de la revolución. […]
El comunismo no es un conjunto de medidas que se aplicarán después de la toma del poder. Es un movimiento que existe desde ahora, no como un modo de producción (no puede haber un islote comunista en la sociedad capitalista), sino como una tendencia a la comunidad y la solidaridad irrealizables en esta sociedad […]
La revolución comunista es la continuación a la vez que la superación de los movimientos sociales actuales. El comunismo surgirá de las luchas, de intereses y deseos reales que al día de hoy tratan de afirmarse, pero no pueden ser satisfechos porque la situación actual lo impide. Hoy en día, numerosos gestos y actitudes comunistas expresan algo más que el rechazo al mundo actual: expresan la tentativa de crear un mundo nuevo. Cuando logran algún éxito, lo hacen dentro del margen social, siendo tolerados siempre y cuando no se opongan al trabajo asalariado y al Estado: cuando no, son “recuperados”, sofocados o reprimidos. La opinión pública solo ve los límites de estas luchas, solo su tendencia y jamás su posible desarrollo, mientras que el “extremismo” o el “alternativismo” presentan estos límites como los verdaderos objetivos del movimiento. En el rechazo al trabajo en la cadena de montaje, en las luchas de las ocupaciones ilegales, la perspectiva comunista está presente como la energía social usada para crear “otra cosa”, no para huir del mundo moderno, sino para transformarlo. En dichos conflictos, las personas intentan recuperar bienes de forma espontánea, o incluso fabricar e inventar nuevos, en contra de la lógica del intercambio mercantil, y este proceso contribuye a sus participantes a transformarse ellos mismos.» —Gilles Dauvé (1972, ed. 2015), Capitalismo y Comunismo
«En el curso de la lucha revolucionaria, la abolición del Estado, del intercambio, de la división del trabajo, de todas las formas de propiedad, la extensión de la gratuidad como unificación de la actividad humana —es decir, la abolición de las clases, de las esferas privadas y públicas, y de las categorías de hombres y mujeres— son «medidas» de abolición del capital impuestas por las necesidades mismas de la lucha contra la clase capitalista en un ciclo de luchas específicamente definido [el ciclo histórico actual]. La revolución es comunización, no tiene por proyecto y resultado el comunismo. El capital no será abolido para instaurar el comunismo, sino que será abolido mediante el comunismo o, mejor dicho, mediante su producción.» —Théorie Communiste (2015). De la ultraizquierda a la teoría de la comunización. Más allá del programatismo